Un general ruso acusa a Estados Unidos de crear las redes yihadistas internacionales

El general ruso Igor Sergun
En un breve discurso público, el general Igor Sergun, director del servicio de información (GRU) del ejército ruso, ha asegurado que Estados Unidos ha fabricado las redes fundamentalistas que han practicado el terrorismo en todo el mundo.

El discurso lo pronunció el 16 del mes pasado durante la cuarta conferencia de Moscú sobre seguridad internacional. Se titulaba “Los aspectos calientes de la lucha mundial contra el terrorismo”. Es muy llamativo porque el GRU es un organismo muy reservado que en contadas ocasiones aparece en público, y menos emitiendo declaraciones públicas, que suele dejar para otras instancias.


La conclusión de la inteligencia militar rusa es que el terrorismo fundamentalista ni es un fenómeno espontáneo ni tiene tampoco un alcance exclusivamente regional, por lo que su origen hay que buscarlo en una única fuente, el imperialismo, y su objetivo es la desestabilización de aquellos países que se han convertido en un obstáculo a los planes del imperialismo.

El terrorismo internacional, dice Sergun, está adquiriendo rápidamente un carácter político, está en una etapa de expansión y se puede convertir en una fuerza capaz de tomar el poder en ciertos países.

Los terroristas que se reclaman de un islam radical, continúa Sergun, buscan crear zonas de inestabilidad no sólo en el interior de determinados países sino en regiones enteras, entre las cuales menciona expresamente a la Península Ibérica.

Esa expansión takfirista está coordinada, e incluso se ha anunciado la creación de un frente por una yihad mundial que dirigirá la lucha armada contra los principales enemigos del islam, que son Estados Unidos, los países de Europa occidental, Rusia y aquellos países árabes que tienen gobiernos laicos.

Al-Qaeda, dice Sergun, sigue siendo una de las organizaciones terroristas más poderosas y, en su época de auge, fue la bandera de la guerra contra los infieles en torno a la cual se agruparon los demás, aunque actualmente es el Califato Islámico quien está en expansión, sobre todo en Irak y Siria.

Sergun repasa a las distintas organizaciones takfiristas que operan en África, Oriente Medio, Asia central y sudeste asiático, asegurando que sólo en Afganistán, donde siguen existiendo campos de entrenamiento, combaten unos 50.000 islamistas fanáticos.

Uno de los escenarios de la yihad es Europa, en donde el riesgo de atentados terroristas ha aumentado a causa del retorno de quienes fueron a combatir a Siria. Sólo en Alemania en los últimos cuatro años han regresado 600 yihadistas.

Inmediatamente después Sorgún pasa al análisis de las causas que han generado dicha situación: “La actuación secreta de algunos Estado que persiguen sus propios objetivos de política exterior gracias a la financiación secreta de estructuras islámicas, participa en la desestabilización de la situación”.

Entre ellos hay “algunos países occidentales” que mantienen relaciones con los extremistas y creen que su estrategia de “caos controlado” en regiones lejanas no tendrá consecuencias trágicas para ellos, al menos a medio plazo. “Pero yo creo que se equivocan por completo”, añade.

Que esta situación la crearon en los años ochenta “nuestros colegas occidentales” no es un secreto para nadie. Para combatir a las tropas soviéticas en Afganistán asistimos a un armamento masivo, gracias a los fondos americanos “y de otros países de la OTAN”, de grupos dispersos de yihadistas y muyahidines que se aliaron para formar los principales movimientos terroristas.

“Gracias a la ayuda financiera y militar de Washington y de sus aliados y con el fin de eliminar al régimen establecido en Siria, que Occidente no admitía, se crearon el grupo Califato Islámico y Jabhat Al-Nusra. La intervención militar en Libia por la Alianza ha tenido un resultado similar: favorecer a los grupos extremistas”, denuncia Sergun.

La disponibilidad de fuentes seguras de financiación de los extremistas “es un motivo para inquietarse seriamente”. Las fuentes de financiación más fiables son las diferentes ONG y fundaciones. “Sólo en la Península Arábiga hay unas 200 organizaciones de ese tipo”.

Otra fuente de financiación es el control de la producción y el tráfico de drogas. “Sólo esta actividad reporta más de 500 millones de dólares anuales a los islamistas del Oriente Medio y Asia central”.

A menudo las acciones de Washington y de Occidente en diferentes regiones del mundo contribuyen a provocar serios problemas, “como el tráfico de drogas, el extremismo religioso y el terrorismo”, para que Washington movilice “heroicamente” a la comunidad internacional para tratar de solucionar los problemas que ellos mismos han creado.

El general ruso pronostica que bajo la consigna de una batalla por un islam puro, el terrorismo internacional se va a convertir en una actividad criminal internacional. En realidad ya se ha convertido un jugoso negocio de miles de millones, obtenidos de drogas, secuestros, tráfico de armas y de minerales.

En busca de beneficios, los yihadistas buscan incluso mantener relaciones con organizaciones nacionalistas, piratas y separatistas. A corto plazo debemos esperar que el nivel de amenaza terrorista siga siendo elevado. “El refuerzo de los grupos extremistas instigados por Estados Unidos y sus aliados, sobre todo en Oriente Medio y Asia central supone una amenaza real de exportación del terrorismo hacia los países europeos, las repúblicas de Asia central y la región del Pacífico”, concluyó Sergun en su discurso.

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