Trump quiere reabrir las prisiones secretas de la CIA

Como la mayor parte de los países fronterizos con Rusia, Polonia y Lituania son Estados peleles de Estados Unidos, lo que no es ninguna casualidad. A lo largo de la fantasmal “guerra contra el terrorismo” desatada tras el 11 de setiembre de 2001, ambos se prestaron para albergar cárceles secretas donde la CIA practicó secuestros y torturas a los detenidos.

Ahora Trump, que ha apoyado públicamente el empleo de la tortura, quiere reabrir aquellas cárceles secretas y, además de Polonia y Lituania, cuenta con viejos países carceleros como Rumanía, Tailandia y Afganistán, donde un limbo judicial permite a los verdugos del imperialistas actuar a sus anchas.

Afortunadamente algunos han recuperado una parte de la dignidad que perdieron en algún lugar del camino y se han negado a que su país se convierta en un campo de concentración, “black sites” en la terminología de los espías, o sea, agujeros negros. El ministro polaco de Asuntos Exteriores ya ha expuesto su negativa: no hay ninguna propuesta y, si la hubiera, la respuesta de Polonia sería de oposición.

El jefe de la diplomacia lituana, Linas Linkevicius, ha afirmado que su país está dispuesto a cooperar con Estados Unidos en el plano estreatégico, pero que también hay que proteger los derechos humanos. Es un alivio.

La CIA utilizó 50 prisiones para secuestrar detenidos en 28 países, además de por lo menos otras 25 prisiones en Afganistán y 20 en Irak. En 2006 Bush anunció que oficialmente la CIA había vaciado las cárceles secretas que había habilitado por todo el mundo, aunque en su lugar aparecieron 17 “cárceles flotantes”, es decir, buques habilitados en alta mar como centros de interrogatorio y tortura.

España fue uno de los países en los que la CIA tuvo centros de detención e interrogatorio. Uno de ellos fue el Hotel Gran Meliá Victoria, donde en enero de 2004 se alojaron los verdugos y la tripulación del vuelo N313P que trasladó a Binyam Mohamed de Marruecos a Afganistán y a Jaled al Masri de Macedonia al mismo país asiático.

Este hotel no fue el único que la CIA habilitó para servir de presidio. También pernoctaron en el Son Antem de Lluchmayor y en el Royal Plaza, de Ibiza capital, según denunció el Diario de Mallorca en 2005.

Como consecuencia de dichas informaciones, el Juzgado de Instrucción 7 de Palma abrió un sumario, pero hubo mala suerte: los papeles cayeron en las zarpas de del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que hizo lo que mejor sabe hacer en estos casos, dar un carpetazo al asunto (*).

La Unión Europea es, pues, cómplice de un grave crimen de guerra cometido por Estados Unidos. Aparte de que en su suelo existieron cárceles clandestinas donde se practicaron torturas, la CIA condujo 1.245 vuelos a través del territorio europeo según un informe aprobado por el Parlamento europeo el 14 de febrero de 2007.

(*) http://www.lamarea.com/2015/01/12/la-audiencia-nacional-archiva-definitivamente-el-caso-de-los-vuelos-de-la-cia/

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