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Airbus: un cadáver de la guerra económica desatada por Estados Unidos contra la Unión Europea

Thomas Enders, la ‘quinta columna’
El “neoliberalismo” y la “globalización” están entre las más perturbadoras nociones introducidas en los últimos años para impedir la comprensión de los fenómenos políticos y económicos de los últimos años. Nunca ha existido nada parecido a lo que dichas expresiones quieren significar. El capitalismo es hoy capitalismo monopolista de Estado, lo cual quiere decir que los grandes monopolios están estrechamente ligados a un Estado y que compiten entre sí en la medida en que tienen el apoyo financiero, político y militar de alguna gran potencia.

El poder de los monopolios es una prolongación del poder del Estado y, en particular, de su poder militar, tanto en el interior de cada país como en la arena internacional. La aviación es un ejemplo de las llamadas “puertas giratorias”, de la confusión de lo público con lo privado y lo civil con lo militar.

En 2000 la Unión Europea creó EADS/Airbus para competir con Estados Unidos, donde Boeing se había fusionado con MacDonnell Douglas. La respuesta fue la fusión en Europa de los monopolios de construcción aeronáutica de Alemania, Francia y España (Casa).

A su vez, los monopolios que integraron Airbus, como el alemán DASA, venían de un proceso previo de monopolización. DASA es heredera de la Messerschmitt de la Segunda Guerra Mundial, que en el camino reagrupa a todo tipo de grandes empresas, como Daimler (Mercedes Benz, Chrysler).

En la posguerra prohibieron a Alemania la construcción de aviones militares, una situación que se rompió con la formación del “mercado común europeo” y una ley alemana de 1968 que autorizó las subvenciones públicas a las empresas aeronáuticas (1).

Todos estos años Estados Unidos ha dejado crecer a la industria aeoronáutica europea, hasta que iniciado una contraofensiva en varios terrenos que pueden acabar con Airbus, si la Unión Europea no lo impide (para lo cual debe romper lazos con Estados Unidos.

La primera ofensiva fue una denuncia a la OMC por las ayudas públicas europeas, además de otros litigios iniciados en Londres y Washington por diversos motivos, más o menos fundamentados. En definitiva, Estados Unidos ha salido a la caza de Airbus como de otros grandes monopolios europeos que corren un serio peligro de ser multados con cantidades astronómicas y la pérdida de importantes contratos.

Lo más interesante de esta ofensiva son los “caballos de Troya”, como el mismo patrón de Airbus, Thomas Enders, que no son otra cosa que sicarios del imperialismo estadounidense en el corazón de los grandes monopolios europeos, de sus instituciones y de cada uno de los países que la forman. Sin una depuración a fondo de esta “quinta columna”, el capitalismo europeo no tiene ningún futuro.

La bancarrota de Airbus es inconcebible sin tener en cuenta la figura del alemán Enders, el hijo de un pastor, que ha tenido una “carrera” económica y política tan meteórica que llama poderosamente la atención. Como es muy probable que Enders dimita el mes que viene de Airbus, nos adelantaremos a publicar lo que los medios van a callar.

Cuando Enders dejó las ovejas, se metió de paracaidista en el ejercito alemán y se introdujo en su Estado Mayor, de donde pasó a la política como experto en investigación estratégica y miembro del CSU de Baviera, de donde pasó al monopolio Daimler y luego a DASA. En 2005 ya estaba entre los cabecillas de la empresa EADS/Airbus (2).

Pero el trepidante ascenso del pastor de ovejas no estuvo en sus contactos alemanes sino en los estadounidenses. Cuando estudió en la Universidad de California se convirtió en un peón de los servicios de inteligencia militar del Pentágono, que fueron quienes le auparon, directamente unas veces y a través de los británicas otras.

En un sector económico dominado por las subvenciones públicas, Enders no ha dejado de hablar contra ellas, lo cual a alguno le puede parecer “neoliberalismo” cuando no es otra que un intento de liquidar Airbus en beneficio de Boeing, es decir, de la competencia más directa.

En el litigio que enfrenta a Airbus con la OMC a causa de las subvenciones (“anticipos reembolsables”), Enders ha nombrado como abogados a Sideley Austin, una empresa estadounidense.

En 2009 Enders puso al frente del departamento de investigación y desarrollo a Valerie Manning, una oficial de la fuerza aérea de Estados Unidos, a quien en 2016 sustituyó Paul Emerenko, un personaje sacado de Darpa, el centro de investigación del Pentágono, a quien le faltó tiempo para clausurar el que tenía Airbus en Suresnes. Al dejar su cargo Eremenko pasó a trabajar para UTC, un monopolio estadounidense de la aeronáutica. Es un caso único de transferencia de los secretos técnicos más avanzados de Airbus a empresas de la competencia.

Enders puso al frente del equipo informático de Airbus a Palantir que, como ya hemos explicado aquí, no es otra cosa que la CIA (3).

En fin, en la Unión Europea proliferan los Enders, pero el caso Airbus no es más que una pequeña ilustración de la penetración de la “quinta columna” de Estados Unidos entre los monopolios europeos, sometidos al dictado de Washington con todo tipo de chantajes, casi al mismo nivel que las empresas chinas y rusas.

(1) http://www.fundinguniverse.com/company-histories/daimler-benz-aerospace-ag-history/
(2) http://prochetmoyen-orient.ch/contre-enquete-comment-les-americains-ont-mis-la-main-sur-airbus/
(3) https://mpr21.info/2018/10/empresas-informaticas-creadas-y.html

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‘Chalecos amarillos’: cambia el discurso de la represión

Zineb Zerari
Hasta ayer en Francia los medios de intoxicación eran unánimes al separar las manifestaciones y exigencias legítimas de los “chalecos amarillos” frente a algo completamente distinto, como los incendios, las barricadas y los enfrentamientos con la policía.

A diferencia de los “chalecos amarillos”, la prensa presentaba a “los violentos” con una serie de características que los diferenciaba netamente de los anteriores: eran una minoría  y no representaban al resto.

Son una serie de frases tan sencillas que no requieren demostración ni argumentación, por más que los “chalecos amarillos” dijeran lo contrario y culparan a la policía del vandalismo.

Ayer Macron dijo algo distinto que es como el “todo es ETA” de por aquí: los que acuden a las manifestaciones de los “chalecos amarillos” son cómplices de “lo peor”. Ya no hay diferencia entre unos y otros.

Naturalmente un cómplice es un término criminal que se utiliza contra alguien que participa en un delito. Por lo tanto, los “chalecos amarillos” son responsables de los incendios, los cortes de carretera y daños que se produzcan, de donde se deduce que todos ellos deben ser llevados a juicio como delincuentes.

En una manifestación “lo peor”, según Macron, no es la protesta, ni su carácter masivo o prolongado en el tiempo, ni tampoco la reivindicación, sino los actos de vandalismo. Un Estado como el francés tiene asimilado lo primero, pero no lo segundo.

No contento con su incriminación, el Presidente francés fue aún más allá al asegurar que es un “milagro” que los disturbios no hayan causado muertes, otra de las falsedades típicas porque se han producido varias muertes y los responsables de las mismas han sido los policías.

Las muertes no han tenido necesariamente relación con los disturbios. Por ejemplo, el sábado 1 de diciembre murió Zineb Zerari, una anciana de 80 años que en Marsella se asomó a la ventana del cuarto piso cuando un policía le lanzó una granada de gases lacrimógenos que le golpeó en la cara (1).

La policía no lanzó la granada para disolver ninguna manifestación, ni mucho menos un altercado, porque su único objetivo es sembrar el terror entre la población. Los que participaron en aquella movilización aseguran que la policía disparaba “en todas las direcciones”(2).

Es la actitud típica de un Estado criminal.

(1) https://www.maghrebemergent.info/gilets-jaunes-algerienne-tuee-marseille-directement-visee-policiers/
(2) https://www.laprovence.com/article/edition-marseille/5271602
/marseille-deces-dune-femme-blessee-par-un-tir-de-lacrymogene.html

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Lucha obrera: la cara oculta de Mayo del 68

Asamblea de fábrica en mayo de 1968
El movimiento de los “chalecos amarillos” ha resucitado -medio siglo después- el de Mayo del 68, al que le ha ocurrido como a las 13 Rosas, que han dejado de ser rojas, o al 8M, que ha dejado de ser el Día de la Mujer Trabajadora. La burguesía ha secuestrado la historia y el papel en ella de las clases sociales, para hacer de Mayo del 68 una lucha estudiantil, escondiendo que -por encima de todo- fue una lucha obrera con características propias.

En los países de Europa occidental, los años sesenta no sólo se caracterizaron por el crecimiento económico sino por una explotación extensiva e intensiva de la fuerza de trabajo. El mundo rural se industrializó, llevando a la clase obrera a legiones de campesinos arruinados y a sus hijos. Se crearon nuevas fábricas que incorporaron a las mujeres a las cadenas de montaje. Una riada de emigrantes llegó del sur: italianos, españoles, portugueses, argelinos…

Las viejas organizaciones políticas y sindicales que habían participado en la liberación de Francia estaban en vías de degeneración, pero los nuevos trabajadores estaban al margen de ellas.

Tanto las nuevas como las viejas fábricas introducen nuevos mecanismos de explotación intensiva de la fuerza de trabajo, expresados por el cronómetro y el control del rendimiento de cada uno de los trabajadores. En enero de 1968, en Caen, en la fábrica de Jaeger, los huelguistas protestan: “Los contadores funcionan pero los trabajadores se paralizan”. La mano de obra más veterana no puede el seguir el ritmo extenuante y repetitivo de la producción en masa.

Los trabajadores reivindican un aumento del descanso semanal, un descenso del ritmo y una menor carga de trabajo, como en la Rhodiaceta de Besançon en febrero-marzo de 1967.

Los salarios cada vez se parecen más al destajo; ya no dependen tanto de la cualificación o de la formación sino del puesto ocupado y del rendimiento en el mismo.

A principios de 1968 aparecen también una serie de movilizaciones obreras contra la desaparición de las viejas industrias y las viejas comarcas industriales, como las zonas mineras de Nord-Pas-de-Calais o Saône-et-Loire, los valles de los Vosgos, etc. Cunde un temor generalizado al paro.

El 13 de mayo de 1968 los sindicatos convocan una huega contra la política económica del gobierno y la represión, es decir, que sus protagonistas son los obreros que se manifiestan por las calles de las principales ciudades francesas.

Al día siguiente, en Bouguenais, un barrio de Nantes, los trabajadores de Sud-Aviation se reúnen en asamblea, votan a favor de la huelga, cierran las puertas de la fábrica, la ocupan y secuestraron al director de la fábricas y a varios directivos.

El movimiento de huelgas se extiende a apartir de ahí y va de las grandes fábricas a las pequeñas. El 20 de mayo el paro alcanza a unos dos millones de trabajadores. La ocupación de las fábricas abre las puertas a otros sectores sociales, como los estudiantes, que participan en las reuniones de los obreros y se familiariazan con sus reivindicaciones. A partir de ahí, los estudiantes llevan a los obreros a las asambleas universitarias y acaban paralizando los centros académicos.

Las huelgas se escapan al control de los sindicatos. La ocupación prolongada de los locales acaba formando centros paralelos a los partidos y sindicatos, lo que da al movimiento un carácter espontáneo y conduce a que algunas fábricas como Perrier en Montigny-le-Bretonneux o MCA en Brest, por ejemplo, sean autogestionadas por los propios trabajadores. En Sochaux los huelguistas de Peugeot crean lo que llaman “un foro” para discutir sus aspiraciones.

Para reconducir la protesta, el gobierno eleva el salario mínimo un 35 por ciento y reúne a los empresarios y los sindicatos en Grenelle a fin de iniciar una negociación. El 27 de mayo los trabajadores de Renault rechazan la propuesta, un acuerdo que siguen muchas otras fábricas.

El gobierno trata de tomar la iniciativa también en el terreno político con lo único que sabe hacer la burguesía: convocar nuevas elecciones. El 30 de mayo De Gaulle disuelve la Asamblea Nacional y los reformistas cumplen con su papel aferrándose a las elecciones.

Los sindicatos empiezan a negociar en algunas empresas y luego en sectores productivos siguiendo las pautas marcadas en Grenelle.

El gobierno saca a la policía a la calle, pero las batallas más importantes no se producen ahí sino en el desalojo de las fábricas ocupadas. El 6 de junio asaltan la fábrica de Renault en Flins y el 11 de junio la de Sochaux. La represión ocasiona cuatro muertos, entre ellos los obreros Pierre Beylot y Henri Blanchet, que mueren en Sochaux. El estudiante de secundaria Gilles Tautin muere cerca de Les Mureaux. Además hay ochenta heridos, algunos muy graves. El gobierno expulsa a unos 250 trabajadores emigrantes, incluidos españoles y portugueses.

A partir de entonces el aliento decae, aunque se mantiene hasta bien entrado el mes de junio en un sector estratégico, como el metal.

Luego le tocó el turno a los falsificadores de la historia, que debían encumbrar a una costra de intelectuales de pacotilla, parásitos de la Sorbona e izquierdistas de salón como Daniel Cohn-Bendit, Serge July, Bernard-Henri Lévy y tantos otros (lo peor de lo peor).

Más información:


– 50 años del mito de Mayo del 68: ¿siempre nos quedará París?
– El rostro de la barbarie siempre es -más bien- inhumano
– Cohn-Bendit, uno de tantos degenerados del parlamento europeo
– La degeneración política del eco-pacifismo
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En Albania los narcotraficantes han llegado al poder con el apoyo de Estados Unidos

Miles de personas se manifestaron ayer en Tirana en un ambiente tenso, exigiendo la dimisión del Primer Ministro “socialista”, Edi Rama, a quien acusan de corrupción y de la organización de elecciones anticipadas.

Durante varias horas hubo enfrentamientos entre los manifestantes y la policía fuera de la sede del gobierno y la policía utilizó gas lacrimógeno y cañones de agua para repeler a la multitud en varias ocasiones.

Una decena de personas, manifestantes y periodistas, tuvieron que ser ingresados en el hospital, la mayoría de los cuales se quejaron de problemas respiratorios.

Los manifestantes exigen la dimisión del “socialista” Edi Rama, que lleva en el poder desde 2013 y a quien acusan de corrupción.

Un grupo de unos 100 manifestantes arrojó piedras, botes humo y otros objetos al interior del edificio del gobierno, que estaba custodiado por una importante despliegue policial, al grito de “Rama, ¡sal de aquí!” Luego forzaron el cordón policial y ocuparon la plaza frente a la sede del gobierno.

Varias ventanas del edificio se rompieron por el lanzamiento de piedras. Los manifestantes también trataron de derribar la puerta principal para entrar en el edificio, pero fueron rechazados por la policía.

Edi Rama, de 54 años, comenzó su segundo mandato como Presidente del gobierno en 2017. Como todos los políticos albaneses, es un sujeto marcado por la corrupción y los vínculos con el crimen organizado que, además, del interior del país, extiende sus redes por los Balcanes y el norte de Europa, protegido por la embajada de Estados Unidos en Tirana.

Con una producción anual de 1.000 toneladas, la comarca de Lazarat en el sur de Albania, fue una “zona franca” para el cannabis en plena Europa, hasta que los cultivos fueron arrasados en 2014 y se trasladaron a la montaña. Es la policía italiana la que vigila desde los aviones los nuevos cultivos porque muchos albaneses viven de la droga o de la lucha contra la droga.

“Desde 2013 los narcotraficantes han llegado al poder en Albania”, asegura Dritan Zagani, un policía que tuvo que pedir asilo político en Suiza (*). Durante una vigilancia Zagani relata que en una ocasión comprobó la matrícula de un coche que transportaba droga: el nombre de su titular, era de Saimir Tahiri, el ministro de Interior. Cuando informó de ello a sus superiores, le encarcelaron durante seis meses.

En 2016 Grecia entregó al gobierno de Tirana un informe de más de 1.000 páginas sobre Klement Balili, propietario de un hotel de lujo en la costa. Hasta hace poco era director de transportes de la región fronteriza de Saranda. Los griegos le acusan de dirigir un gran cártel de la droga y la prensa le llama “el Pablo Escobar de los Balcanes”.

A pesar de la orden de detención emitida por la Interpol, Albania le protege. En Atenas se quejan de las conexiones políticas de Balili. “El dinero de la droga se ha convertido en dinero político”, dice Fabian Zhilla, un experto albanés en crimen organizado. “Los partidos políticos financian sus campañas electorales con dinero de la droga”, asegura.

Las peleas entre los partidos políticos son una continuación de las peleas enre las mafias de narcotraficantes.

Todo el mundo habla de Colombia porque está en América; nadie dice nada de Albania ni de Kosovo porque están aquí al lado. Pero tanto en un país como en el otro, en el mundo no se mueve un gramo de droga sin que aparezcan los imperialistas.

Con 2,8 millones de habitantes, Albania espera iniciar este año las negociaciones de adhesión a la Unión Europea.

(*) https://www.liberation.fr/planete/2018/06/26/en-albanie-l-argent-de-la-drogue-est-devenu-l-argent-de-la-politique_1662137
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El Pentágono incrementa su presencia militar en Polonia significativamente

El Pentágono desplegará cientos de tropas más en Polonia para impulsar su presencia militar en una región donde ya tiene miles de soldados realizando operaciones militares, dijo Georgette Mosbacher, la embajadora estadounidense en Varsovia.

El aumento de tropas será “significativo”, añadió.

Mosbacher no aclaró si la medida implica establecer una base militar permanente en el país, pero sugirió que los futuros despliegues serán de naturaleza rotatoria. El gobierno reaccionario de Varsovia presiona para conseguir una base permanente de Estados Unidos y más tropas terrestres, hasta el punto de ofrecer 2 mil millones de dólares para ayudar a financiar la estancia.

No obstante, el Pentágono quiere un dispositivo “más ágil, más rotativo, en lugar de tener hospitales y hogares físicos y traer a las familias”, dijo Mosbacher. “Pero en términos de una presencia que es innegable y un gran número de tropas estadounidenses aquí, eso es un hecho. Y creo que los polacos obtendrán la mayor parte de lo que quieren”.

Desde 2018 Estados Unidos comenzó el traslado de tropas de Bélgica hacia el este europeo en el marco de la operación Atlantic Resolve. El desplazamiento se considera como maniobras militares a gran escala que apuntan a desdoblar tropas en el territorio europeo, necesario para desencadenar una guerra en el Viejo Continente.

En total, se trasladarán 3.300 efectivos y 650 unidades de equipo militar, incluyendo 87 tanques M-1 Abrams y 18 obuses M-109 Paladin. El equipo se colocará en los países bálticos, así como en Polonia, Rumania, Bulgaria y Hungría para convertir a la frontera con Rusia en un polvorín.

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3.200 manifestantes en el banquillo de los acusados por la lucha de los ‘chalecos amarillos’ en Francia

Un total de 1.796 manifestantes han sido condenados y otras 1.422 esperan ser juzgados por participar en las manifestaciones de los “chalecos amarillos” desde mediados de noviembre pasado, cuando comenzaron las masivas protestas contra el gobierno francés.

El primer ministro francés, Edouard Philippe, dio a conocer ayer las cifras en una intervención en la Asamblea Nacional, donde añadió que se han organizado 1.300 audiencias por el procedimiento de comparecencia inmediata y que 316 personas están en prisión preventiva en espera de juicio.


Esta larga batalla ha cambiado el lenguaje político en Francia. El diario Le Monde compara la situación actual de París con la de Versalles en 1789, cuando estalló la Revolución Francesa, al tiempo que evoca la obra de Marx “La lucha de clases en Francia”.

El gobierno ha fracasado en su intento de calmar los ánimos con migajas y a cada momento enarbola la bandera de la “ley y el orden”. La semana pasada la Asamblea aprobó la “ley mordaza” contra las manifestaciones, que aún debe ser ratificada por el Senado. “No es una ley contra los delincuentes sino contra los manifestantes”, gritaban el sábado los “chalecos amarillos”.

A mediados de noviembre los “chalecos amarillos” iniciaron en París y otras ciudades francesas una ola de protestas masivas contra la política económica del gobierno de Macron, sobre todo el alza en los precios de los combustibles y los impuestos por la llamada “transición ecológica”.

Las reivindicaciones se extendieron a otras demandas sociales y políticas, como la dimisión de Macron y la exigencia de responsabilidades a la policía por las muertes y mutilaciones de los manifestantes.

En Francia la brutal represión ha constituido un verdadero choque sicológico para la población, que tenía otra imagen de su propio país. La policía ha disparado a discreción contra todo lo que se mueve por la calle. En Estrasburgo una adolescente de 15 años, Lilian, fue herida en la cara de un disparo de la policía, a pesar de que no formaba parte de la manifestación.

Si, en efecto, hoy París es como 1789, o quizá unos pocos años después, 1793. Vive bajo el terrorismo de Estado, una herramienta que la burguesía francesa maneja mejor que nadie. El “flashball” ha sustituido a la guillotina. No te cortan la cabeza, sólo te arrancan la mano. No te matan, sólo te dejan tuerto. La pena de muerte sólo ocurre una vez, las mutilaciones duran el resto de tu vida.

Todas estas cosas ocurren en pleno corazón de la vieja Europa, en la “patria de los derechos humanos”.

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Francia aprobará su propia ‘ley mordaza’ contra el derecho de manifestación

La semana que viene la Asamblea francesa discutirá el proyecto de “ley mordaza” que ha presentado Macron, que es mucho peor que la española porque no es una norma administrativa sino una norma penal que no castiga con multas sino con cárcel.

En el país galo la llaman ley “anticasseurs” que se puede traducir como ley contra los alborotadores por lo que ya sabemos: una cosa es quien se manifiesta (pacíficamente, que es lo suyo) y otra muy diferente son los alborotadores. Unos no tienen nada que ver con los otros, por más que la realidad demuestre lo contrario, a saber, que las manifestaciones no son procesiones.

El nombre es interesante porque en Francia ya hubo una ley “anticasseurs” que se promulgó con el adulado “mayo francés” de 1968.

La protesta de los “chalecos amarillos” es mucho más importante que el Mayo del 68 y la represión, en lugar de apagar el movimiento, como dicen los medios, lo ha ido extendiendo y radicalizando. Los manifestantes apenas se acuerdan ya de los motivos por los que empezaron a salir a la calle, pero tienen la más viva imagen de la salvaje represión policial de estas 12 semanas, con sus muertos, sus heridos, sus detenidos y sus juicios.

Este fin de semana los “chalecos amarillos” han salido a la calle, más que nada, a protestar contra el terror policial y, si cometen el error de  aprobar la nueva ley, la lucha no va a parar. El Ministerio del Interior empezó diciendo que este sábado se manifestaron en Francia 17.400 “chalecos amarillos”. Pero como hicieron el ridículo subieron la cifra a 58.600, mientras el sindicato France Police dice que fueron 290.000 (*).

El proyecto de ley impone una pena de hasta un año de cárcel a los manifestantes que escondan sus rostros con pañuelos, máscaras o capuchas. La intención confesada es facilitar el reconocimiento facial, llevar a los “alborotadores” a la cárcel, crear una lista negra de ellos e impedirles el derecho de manifestación.

Todo en nombre de la libertad y de los derechos. En Europa los gobiernos defienden la democracia acabando con ella.

Pero no podemos finalizar esta información sin dejar dos cosas apuntadas. La primera es que -como no podía ser de otra forma- Macron ve la mano negra del Kremlin detrás de los “chalecos amarillos” porque en lugar de leer la prensa francesa, prefieren Russia Today o Sputnik, y eso es intolerable.

La segunda se puede resumir de la siguiente manera: uno de los motivos que dieron inicio al movimiento fue la reducción del límite de velocidad en carretera de 90 a 80 kilómetros por hora, que sólo tiene un afán recaudatorio, según los “chalecos amarillos”: imponer multas.

Como consecuencia de ello, el ministro del Interior, Cristophe Castaner, asegura que los “vándalos” han destrozado el 60 por ciento de los radares que había instalados en las carreteras de Francia.

El hecho es cierto -en parte- pero posiblemente exagera en el porcentaje. Pero sigámosle la corriente como a cualquier otro tonto.

Cuando alguien trata de inutilizar un radar con pintura o tapando el cristal con un cartón, el radar sigue midiendo la velocidad porque funciona por microondas.

No obstante, al tapar el cristal, no puede obtener una foto de la matrícula del infractor, por lo que el Ministerio no puede imponerle una sanción.

Como el castigo no funciona, los conductores han rebasado los límites de velocidad en un 248 por ciento, añadió el ministro, que dejó ahí su argumentación, como si no hubiera más.

Lo que quería decir es que los conductores sólo respetan los límites de velocidad por miedo a las sanciones. Ya saben: la gente sólo respeta la ley con la amenaza del látigo. Al rebasar el límite de velocidad se pone en riesgo la vida de quienes circulan en la carretera y un Ministerio como el de Interior está para velar por nosotros, por nuestra salud, nuestro bienestar, etc.

Si eso fuera cierto, el número de víctimas debería haberse multiplicado desde que la mayor parte de los radares no generan multas. Quizá no deberían haber aumentado hasta un 248 por ciento, pero deberían haber subido bastante.

Pues bien, no es así: el número de víctimas en las carreteras francesas ha descendido un 3,4 por ciento, el número de heridos ha descendido un 27,1 por ciento y el número de muertos permanece igual en comparación con el mismo periodo del año anterior.

Conclusión 1: como muy bien sabe el Ministerio de Interior, los límites de velocidad en carretera no tienen por objeto reducir el número de accidentes sino incrementar la recaudación de dinero a base de multas.

Conclusión 2: los “chalecos amarillos” tienen razón y el Ministerio del Interior miente. ¡Qué sorpresa! La gente se ha hartado de que les saquen hasta el último céntimo de los bolsillos.

(*) https://france-police.org/2019/02/02/estimation-de-la-participation-a-lacte-12-des-gilets-jaunes-a-16-h-290-000-manifestants-a-travers-toute-la-france-selon-le-syndicat-france-police-policiers-en-colere/

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Europa cierra la puerta a los emigrantes pero se las abre a las armas nucleares de Estados Unidos

Manlio Dinucci

La “suspensión” del Tratado INF, anunciada el 1 de febrero por el secretario de Estado Mike Pompeo, lanza la cuenta atrás que, dentro de seis meses, llevará a Estados Unidos a salir permanentemente del Tratado. En todo caso, a partir de ahora, Estados Unidos se consideran libres para ensayar y desplegar armas de la categoría prohibida por el Tratado: misiles nucleares de alcance intermedio (entre 500 y 5.500 kilómetros), con una base terrestre.

A esta categoría pertenecían los misiles nucleares instalados en Europa en la década de 1980: los misiles balísticos Pershing 2, instalados por Estados Unidos en Alemania occidental, y los misiles de crucero lanzados desde tierra, instalados por Estados Unidos en Gran Bretaña, Italia, Alemania Occidental, Bélgica y los Países Bajos, con el pretexto de defender a los aliados europeos de los misiles balísticos SS-20, instalados por la Unión Soviética en su propio territorio.

El Tratado sobre Fuerzas Nucleares Intermedias, firmado en 1987 por los Presidentes Gorbachov y Reagan, eliminó todos esos misiles, incluidos los basados en Comiso (Sicilia).

El Tratado INF fue cuestionado por Washington cuando Estados Unidos perdió su ventaja estratégica sobre Rusia y China. En 2014 el gobierno de Obama acusó a Rusia, sin aportar pruebas, de haber probado un misil de crucero (acrónimo 9M729) perteneciente a la categoría prohibida por el Tratado. Y en 2015 anunció que “ante la violación por parte de Rusia del Tratado INF, Estados Unidos está considerando el despliegue de misiles terrestres en Europa”.

El plan fue confirmado por el gobierno de Trump: en 2018 el Congreso autorizó la financiación de “un programa de investigación y desarrollo para un misil de crucero lanzado desde tierra por una plataforma móvil de carretera”. Por su parte, Moscú negó que su misil de crucero violara el Tratado y, a su vez, acusó a Washington de haber instalado plataformas de lanzamiento de misiles interceptores (los del “escudo”) en Polonia y Rumanía, que pueden utilizarse para lanzar misiles de crucero con armas nucleares.

En este contexto, es necesario recordar el factor geográfico: mientras que un misil nuclear de alcance intermedio estadounidense con base en Europa puede llegar a Moscú, un misil similar con base en Rusia en su propio territorio puede llegar a las capitales europeas, pero no a Washington. Si se invierte el escenario, es como si Rusia instalara sus misiles nucleares de alcance intermedio en México.

El plan de Estados Unidos de desmantelar el Tratado INF contó con el pleno apoyo de los aliados europeos de la OTAN. El Consejo del Atlántico Norte declaró el 4 de diciembre de 2018 que “el Tratado INF está en peligro debido a las acciones de Rusia”, acusada de desplegar “un sistema de misiles desestabilizador”. El Consejo del Atlántico Norte declaró ayer su “pleno apoyo a la acción de Estados Unidos para suspender sus obligaciones en virtud del Tratado CNI” e instó a Rusia a utilizar los seis meses restantes para volver al pleno cumplimiento del Tratado.

El colapso del Tratado INF también se produjo con la contribución de la Unión Europea, que, en la Asamblea General de las Naciones Unidas del 21 de diciembre de 2018, votó en contra de la resolución presentada por Rusia sobre “Preservación y aplicación del Tratado INF”, que fue rechazada por 46 votos contra 43 y 78 abstenciones. La Unión Europea -de la que 21 de los 27 miembros forman parte de la OTAN (al igual que Gran Bretaña que sale de la UE)- se ha vuelto totalmente uniforme con la posición de la OTAN, que a su vez se ha vuelto uniforme con la de los Estados Unidos. En esencia, por tanto, la Unión Europea también ha dado luz verde a una posible instalación de nuevos misiles nucleares estadounidenses en Europa, incluida Italia.

En una cuestión de esta importancia, el gobierno [italiano] de Conte, al igual que sus predecesores, se ha alineado tanto con la OTAN como con la UE. Y en todo el espectro político, nadie ha levantado la voz para pedir al Parlamento que decida cómo votar en la ONU sobre el Tratado INF. Tampoco se ha alzado ninguna voz en el Parlamento para exigir que Italia cumpla el Tratado de No Proliferación y se adhiera al Tratado de Prohibición de Armas Nucleares de las Naciones Unidas, exigiendo a Estados Unidos que retiren las bombas nucleares B61 de nuestro territorio nacional [Italia] y que no instalen las aún más peligrosas B61-12 a partir del primer semestre de 2020.

Al tener en su territorio armas nucleares e instalaciones estratégicas como Estados Unidos, con los Muos y los Jtags en Sicilia, Italia se expone a peligros cada vez mayores como base de avanzada de las fuerzas nucleares de Estados Unidos y, por lo tanto, como objetivo de las fuerzas rusas. Un misil balístico nuclear de alcance medio tarda entre 6 y 11 minutos en alcanzar su objetivo. Un buen ejemplo de defensa de nuestra soberanía, consagrada en la Constitución, y de nuestra seguridad, que el Gobierno garantiza cerrando la puerta a los migrantes pero abriéndola en gran medida a las armas nucleares estadounidenses.

https://ilmanifesto.it/laffossamento-usa-con-la-complicita-delleuropa

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‘Perro ladrador poco mordedor’: hay que preocuparse de los fascistas que muerden más que de los que sólo ladran

Juan Manuel Olarieta
Para que los oportunistas le pongan a alguien la etiqueta de “fascista” tiene que ser uno de esos bocazas típico al que no le gustan las mujeres ni los homosexuales, aunque estos últimos cuando son hombres sobre todo y por el mero hecho de que, en realidad, no son tales sino “afeminados”, es decir, “casi mujeres”.

Por el contrario, cuando un fascista es un poco discreto y disimula, pasa la prueba; entonces sólo es “de derechas”. Así son los oportunistas; toda su doctrina política e ideológica no se sale del recetario de la posmodernidad, ni va más allá del seudoecologismo, el feminismo burgués, la marejada LGTB…

El pragmatismo es la seña de identidad de la política posmoderna. Los políticos se callan la bocaza en función de los sondeos, de las afirmaciones que dan o quitan votos, no en función de que tengan una opinión al respecto. Los demás, los que tienen una opinión propia, son dogmáticos, doctrinarios, como ha repetido Rajoy este fin de semana en una fiesta del PP y no se refería a sí mismo, sino a “la casta”.

Entonces Bolsonaro es un fascista, pero Macron no. En el francés todo es políticamente impecable porque su lenguaje está a la altura de la vara de medir que se utiliza en las grandes metrópolis mundiales. Lo que está ocurriendo con los “chalecos amarillos” no importa nada o, en el caso de que importe, se la califica como una crisis “ecosocial”(*) porque los oportunistas siempre llevan las cuestiones al mismo terreno pantanoso de la posmodernidad.

Sin embargo, la protesta de los “chalecos amarillos” se inicia contra una medida justificada por Macron con propósitos “ecologistas”. El auténtico “verde” es el Presidente francés y quienes protestan no cuidan el medio ambiente o no quieren hacerlo a costa de su bolsillo.

Una movilización que empieza de esa manera tiene un evidente carácter social, a partir del cual Macron ha iniciado una abierta deriva fascista que no tiene nada que ver con la posmodernidad y que, a causa de ello, los oportunistas siguen sin querer destapar por razones que son evidentes.

La primera es que los “chalecos amarillos” han iniciado la movilización más importante en Europa desde hace muchas décadas.

La segunda es que dicha movilización tiene un claro contenido político y social, que es una de las razones por las cuales ha alcanzado una dimensión que los posmodernos nunca fueron capaces de soñar.

La tercera es que, lo mismo que en Catalunya, la represión del movimiento popular no está en manos de ningún partido “ultraderechista” sino del Estado porque el fascismo es algo que concierne fundamentalmente al Estado burgués contemporáneo.

Los oportunistas se callan sobre este aspecto de lo que está ocurriendo en Francia porque intentan ocultar la verdadera naturaleza del Estado con la cortina de humo de la “ultraderecha”. Se trata, pues, de poner de manifiesto lo que el Estado hace, no lo que dicen tales o cuales bocazas fascistas.

Los 4.700 detenidos, las 1.000 condenas a penas de prisión y las 5.600 órdenes de libertad vigilada no las ha dictado ningún “ultraderechista” sino jueces, fiscales y policías, es decir funcionarios del Estado que cumplen leyes y órdenes dictadas desde arriba.

Conclusión: Francia ya tiene un buen puñado de presos políticos. Ayer en Dijon unos 50 “chalecos amarillos” lograron entrar en la cárcel donde algunos cumplen condena para exigir su liberación. Desde el asalto a la Bastilla en 1789, todo movimiento popular empieza siempre de esa manera: por exigir la salida de sus presos políticos.

Desde el inicio de las movilizaciones de los “chalecos amarillos” hay entre 2.000 y 3.000 manifestantes heridos, mutilados y apaleados. Las nuevas armas que lanzan proyectiles de caucho (“flashball”) permiten a la policía disparar a discreción causando lesiones gravísimas. A 4 manifestantes les han arrancado la mano y 14 han perdido un ojo.

De facto Francia ha decretado la ley marcial, ha puesto 80.000 policías en las calles con armamento de guerra, carros blindados, helicópteros y fusiles de asalto HK G36. Los francotiradores de la policía se apostan en los tejados con rifles de mira telescópica para disparar contra la multitud, contra los manifestantes, contra los mirones y contra los periodistas.

Jamás los periodistas habían tenido tantas bajas en sus filas; ni en la peor de las guerras han caído tantos. Los reporteros acuden a cubrir las manifestaciones vestidos al mismo estilo de los antidisturbios: con casco, gafas antigases, la nariz cubierta e incluso algunos de ellos acompañados de guardias de seguridad.

Sin embargo, a pesar de que todos los medios franceses lamentan que sus reporteros hayan sido heridos y apaleados por la policía, de lo único que hablan es de lo mismo de siempre: de la violencia de los “chalecos amarillos”.

Los oportunistas están empeñados en mantener la ficción de un “cuarto poder”, de las cadenas de intoxicación (privadas) como algo distinto del Estado (lo público) y se olvidan de datos como el siguiente: en medio de las movilizaciones de los “chalecos amarillos”, el 27 de noviembre Macron suprimió tres impuestos que pesaban sobre las cadenas de radio y televisión para convertir a los medios en complices de la represión policial.

A un diputado de LREM, el partido de Macron, se le escapó en una entrevista cuando calificó a la cadena BFMTV como “la nuestra”. Todos los medios son “los suyos”.

El moderno Estado burgués está en una guerra abierta con su propia población y se prepara para futuras guerras, siempre con la excusa de la “lucha contra el terrorismo”. Por ejemplo, tras los atentados de 2015, la policía impuso el Protocolo SIVIC que le permite acceder a los informes médicos de los pacientes hospitalizados que, según la ley, deberían ser confidenciales.

Hasta hace muy poco eso sólo era posible en casos de “terrorismo”. Ahora lo están haciendo con los “chalecos amarillos” porque el mantra del “terrorismo” es como todo: primero se justifica “en caliente” para determinados casos excepcionales y luego resulta que los “terroristas” no eran los “lobos solitarios” que creíamos, sino todos nosotros.

“El personal sanitario se está convirtiendo progresivamente en auxiliar de policía”, lamentan los médicos franceses. El moderno Estado burgués es fascista porque funciona exactamente así: todo lo convierte en un auxiliar de la policía, todos se ponen al servicio de la policía.

En un Estado, como Francia, que hace años que mete de cabeza de lleno en el fascismo, es posible escuchar con la mayor naturalidad declaraciones, como las del antiguo ministro Luc Ferry, un catedrático de filosofía de pacotilla, pidiendo a la policía que dispare sus armas de fuego contra quien se está manifestando en la calle. No quiero ni pensar en lo que habría ocurrido si alguien hubiera dicho lo mismo de los “chalecos amarillos”: que hicieran uso de sus armas contra la policía…

La represión de los “chalecos amarillos” está siendo un entrenamiento. Un Estado fascista sabe lo que le espera; es esencialmente preventivo. No sólo reacciona haciendo uso de toda la fuerza de la que se dispone, sino que se prepara para algo mucho peor y no lo oculta.

Va a crear un fichero de “violentos” a los que privará de su derecho constitucional a manifestarse. No es tan difícil de entender que basta con que el listado sea un poco extenso para que nadie pueda protestar en la calle.

Los policias podrán acudir encapuchados a las manifestaciones, pero los manifestantes no. Ni siquiera podrán taparse la nariz para no aspirar los gases lacrimógenos.

Quedan prohibidas las manifestaciones que no se anuncien previamente con la suficiente antelación…

Etcétera.

Si alguien preguntaba por lo que es el fascismo, ahí lo tiene y, como puede ver, no son palabras, ni amenazas, ni proceden de charlatanes “ultraderechistas” sino que son actos de políticos y funcionarios del Estado que cumplen cabalmente con las tareas que tienen encomendadas. “Perro ladrador poco mordedor”. Preocupémonos de quienes, como Macron, ladran poco y muerden mucho.

(*) https://dedona.wordpress.com/2019/01/19/chalecos-amarillos-preambulo-de-una-crisis-ecosocial-global-jose-bautista/

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Mehdi Nemmouche: retrato de un francés que empezó en el lumpen y acabó en la yihad

Mehdi Nemmouche
Para un periodista no hay nada mejor que reflexionar sobre los motivos por los que una noticia no aparece en ningún periódico. En este caso la noticia es que en Bélgica se celebra el juicio contra Mehdi Nemmouche, acusado de cometer en 2014 la matanza del museo judío.

Nemmouche es uno de los poquísimos yihadistas que ha sido capturado vivo y que ha podido ser juzgado, por lo que se están escuchando -para quien quiera oir- afirmaciones muy sorprendentes, que tampoco son noticia.

Su abogada, Virginie Taelman, presentó el martes un informe de 18 folios al tribunal en los cuales imputa el atentado a… al Mosad, la única banda de asesinos que tiene licencia para matar en todo el mundo. Como dos de las víctimas también eran del Mosad, el servicio secreto israelí parece asumir la doble condición de víctima y verdugo. Algo tan rocambolesco tampoco debe ser noticia…

Pero lo más apasionante es la biografía del yihadista, calcada de otras de la misma factura. Es un francés, nacido en 1985 en Roubaix de una familia de origen argelino. Nunca conoció a su padre ni a su madre, que eran lumpen. Lo mismo que sus dos hermanas, desde los tres meses de edad vivió en hospicios, la típica historia de un paria en la Europa de comienzos del siglo XXI que los europeos -en su infinita ignorancia- creen superado.

En 1999 empezó su vida lumpen: agrede a un profesor con un arma y comete robos. En 2004 un juzgado de menores le condena por primera vez y así inicia el círculo intermintente de entradas y salidas de la cárcel. En sí mismo es una bomba de relojería ambulante dispuesta a explotar en cualquier momento.

El islam no lo conoce Nemmouche en una mezquita árabe sino en una cárcel francesa, donde nada pasa desapercibido. Inmediatamente los funcionarios informan a la policía de que los incidentes sanciones se multiplican y que están amamantando a un yihadista.

Sale de la cárcel el 4 de diciembre de 2012, le dan dinero, le dan un pasaporte y le permiten viajar a Turquía inmediatamente, el paso obligado para llegar a Siria, donde pasa un año en las filas del Califato Islámico haciendo lo que mejor sabe hacer, lo que le han enseñado en Francia: de carcelero.

Nemmouche viaja por buena parte de mundo y su rastro aparece en los registros Schengen, en Estambul, en Malasia, en Singapur, en Bangkok, en Frankfurt… En 2014 regresa porque su campo de batalla está en cualquier sitio de Europa, como la propia Bruselas, donde le acusan de cometer un atentado el 24 de mayo en el Museo Judío: un hombre dispara un arma desde la calle hacia el vestíbulo del museo con un Kalashnikov y luego huye.

Cuatro personas mueren: una pareja de turistas israelíes, Emanuel y Miriam Riva, de 54 y 53 años, una francesa, Dominique Sabrier, de 66, que trabaja como voluntaria en el museo y Alexandre Strens, un belga de 25 años que trabaja como recepcionista.

La detención de Nemmouche se produce varios días después muy lejos del escenario del crimen, en la estación internacional de autobuses de Marsella, a donde llega en un autobús procedente de Ámsterdam vía Bruselas. En su equipaje lleva armas idénticas a las que se emplearon en el atentado del Museo Judío y una gorra similar a la que llevaba el carnicero.

Mientras tanto, el acusado sigue sin querer hablar.