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Antifascismo

Hasta el New York Times se cae ahora del guindo: quizá Ucrania sea nazi

Al New York Times le ha costado más de un año darse cuenta de que Ucrania es un Estado nazi al más puro y rancio estilo (*). Antes decían que eso era propaganda rusa para justificar la invasión militar de Ucrania.

Como si no tuvieran corresponsales para que lo vieran sobre el terreno, o como si no miraran las fotos. Los soldados ucranianos nunca han escondido los parches de sus uniformes con los símbolos que el III Reich hizo mundialmente famosos.

La iconografía nazi en Ucrania resplandeció en 1941 tras el ataque hitleriano a la URSS. En aquel momento, mientras unos resisten al fascismo, otros se someten a él para crear un Estado “independiente” bajo el paraguas nazi.

La caída de la URSS y el Golpe de Estado de 2014 auparon de nuevo a los nazis a lo más alto, bendecidos por la OTAN y la Unión Europea. Nunca estuvimos más cerca de Hitler que ahora. Desde 1945 nunca los fascistas de todos los colores habían sido proclamados como “héroes nacionales”.

Mientras, en España algunos mendigan votos para poner coto a la “extrema derecha”. El fascismo es bueno para Ucrania, pero malo para los demás países de Europa. Hace falta ser idiotas de remate para aguantar los discursos de los reformistas hispánicos.

La “extrema derecha” es Vox (y sólo Vox), pero no los que en Ucrania portan los emblemas de los guardias de los campos de concentración. Hay que desnazificar España, pero a Ucrania hay que dejarla tal cual está, no sea que le hagamos el caldo gordo a Putin.

(*) https://www.nytimes.com/2023/06/05/world/europe/nazi-symbols-ukraine.html

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‘Ese territorio conocido como Ucrania…’

El análisis de los discursos oficiales del Kremlin muestra un cambio significativo en los objetivos de la guerra con Ucrania. Apenas se habla ya de desmilitarización y desnazificación.

El cambio se ha producido como consecuencia de los ataques con drones y las pequeñas incursiones en el interior del territorio ruso, especialmente en la región fronteriza de Belgorod, que el Kremlin no considera como parte de la guerra sino como “terrorismo”.

El primero en hablar claramente ha sido Medvedev, Vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso. El 29 de abril dijo: “Hay que desmantelar por completo el régimen nazi de Kiev. De lo contrario, nunca se calmarán y el nihilismo de su adicción a las drogas duras se hará realidad y la guerra seguirá aquí durante mucho tiempo. Nuestro país [Rusia] no necesita eso”.

Por si acaso alguien no había entendido bien, el 26 de mayo repitió: “Es necesario destruir la naturaleza profunda de este régimen nazi en Kiev, de lo contrario el conflicto continuará indefinidamente, con fases alternas, tres años de paz seguidos de tres años de guerra, y así sucesivamente, y todo esto repetido y repetido”.

Tras los últimos ataques contra Belgorod, Medvedev avanzó un paso más: “Se trata de un acto de terrorismo, y no hay otra forma de describirlo. Si es un acto de terrorismo, sólo hay una manera de responder a él. Ningún país puede permitirse negociar con terroristas, los terroristas deben ser destruidos”.

Además, publicó un vídeo en el que muestra su discurso a un grupo de militares en el campo de entrenamiento de Prudboy, en la región de Volgogrado. “Está claro para todos que esto es un ataque absolutamente terrorista, no una batalla militar, no una acción militar. Ni siquiera se corresponde con las reglas de la guerra”, afirmó Medvédev.

“El objetivo era causar daños a la población civil, y sólo eso, porque los medios de destrucción, los drones que se utilizaron, no pueden dañar instalaciones militares ni edificios de la administración pública”, añadió. “El objetivo era simple: causar daños, perjudicar a la población civil de un modo u otro”, subrayó Medvedev.

“El hecho de que nuestro enemigo se comporte ya como un terrorista es una característica muy específica del régimen ucraniano y de quienes lo apoyan, en primer lugar los estadounidenses y los europeos, que de hecho han entrado en pie de guerra con nosotros”, subrayó Medvédev. “Los actos terroristas deben ser objeto de las represalias más severas posibles”.

Luego le tocó el turno al propio Putin, a quien le preguntaron por los ataques en el interior de Rusia, y se refirió a Ucrania como un “territorio”, no como un Estado soberano e independiente.

Si nuestra interpretación es correcta, entonces la guerra no acabará con un acuerdo entre Rusia y Ucrania, ni con la OTAN, sino con el fin de Ucrania como Estado, algo que puede ocurrir de varias maneras diferentes.

Una de ellas es que los vecinos (Polonia, Hungría, Rumanía) se queden con girones del territorio ucraniano que llevan reivindicando desde la caída de la URSS en 1991. Esta solución podría atraer a los países beneficiarios a las filas de Rusia y, de rebote, dividiría a la OTAN y a la Unión Europea.

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Rusia despliega lanzaderas termobáricas para contrarrestar los ataques de la OTAN

El viernes el Ministerio de Defensa británico anunció que Rusia había desplegado al menos un lanzador de misiles termobáricos en su propio territorio para contrarrestar los ataques sobre Belgorod, una región fronteriza con Ucrania que ha sido objeto de ataques aéreos en los últimos días.

El Ministerio de Defensa ruso ha confirmado la información en un comunicado de prensa, afirmando que había desplegado helicópteros de ataque y el lanzacohetes termobárico pesado TOS-1A para repeler los ataques de la OTAN.

Rusia “ha desplegado toda la gama de potencia de fuego militar en su propio territorio” en respuesta a los recientes ataques de la OTAN contra Belgorod, reconocen los militares británicos (*).

El ejército ruso desplegó lanzacohetes termobáricos en Ucrania desde las primeras semanas de la guerra, aunque el sistema TOS-1 data de la época soviética y fue utilizado por primera vez por el ejército ruso en Chechenia. El ejército ruso los califica como “lanzallamas”, aunque las tropas lo laman “Buratino”, que es el equivalente ruso de ”Pinocho”.

También conocidas como bombas de vacío, las armas termobáricas pueden causar daños devastadores en regiones muy amplias, con potentes ondas de choque.

El lanzacohetes termobárico pesado TOS-1A va montado en el chasis de los tanques T-72 modificados y es capaz de disparar cohetes hasta seis kilómetros de distancia.

Este tipo de armas utiliza el oxígeno del aire circundante para generar una explosión a alta temperatura y una onda expansiva mucho más potente y de mayor duración que un explosivo condensado convencional.

Se usaron en Afganistán y Siria contra fortificaciones, túneles y cuevas, ya que la presión y las partículas explosivas se adentran durante un largo tiempo en los espacios reducidos, provocando efectos devastadores en su interior.

(*) https://twitter.com/DefenceHQ/status/1664510885249908736

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Juicios en Donetsk contra los nazis del Batallón Azov

Los tribunales de Donetsk han iniciado los juicios contra los nazis del Batallón Azov por los crímenes cometidos contra la población civil, especialmente en Mariupol.

El último es el de Maxim Kondrachev, alias “Rush”, que ha sido condenado por el Tribunal Supremo de Donetsk. La Fiscalía Militar le acusó de disparar contra un grupo de civiles que escapaban de Mariupol (1).

Kondrachev, que aparece en la foto de portada, se unió al Batallón Azov bajo contrato en noviembre de 2020 y sirvió allí hasta que fue hecho prisionero por el ejército ruso en Mariupol el 18 de mayo. En aquel momento, era sargento primero y comandante de la división de misiles antiaéreos del ejército ucraniano y estaba destinado en Mariupol (2).

El 2 de marzo del año pasado, junto con otros criminales, dispararon contra un minibús lleno de civiles desarmados que intentaban huir de la zona de combate, según declaró un testigo que formaba parte de la unidad.

Fue Kondrachev quien disparó personalmente contra el minibús, empezando por las ventanillas del asiento del conductor y terminando por la parte trasera. Tras los disparos, el vehículo recorrió unos diez metros y se detuvo al borde de la carretera. En el vehículo se encontraron los cadáveres de tres hombres y una mujer. Eran vecinos de Mariupol que intentaban huir.

El asesino ha sido condenado a cadena perpetua. En marzo otro miembro del Batallón Azov fue condenado a 20 años de prisión por matar a una mujer en Mariupol en la primavera del año pasado.

Alexander Pedak y Evgeny Vysotsky, miembros también del mismo Batallón nazi, fueron condenados a 25 años por el asesinato de dos civiles en Marioupol.

No es una lista completa. Se han celebrado otros juicios contra los que masacraron a la población de Marioupol durante varios meses y luego se rindieron vergonzosamente, saliendo como conejos de los sótanos de la acería Azovstal.

(1) https://gvp.gov.ru/gvp/news/view/4956
(2) https://www.kommersant.ru/doc/6014489

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Tras el ataque al NordStream, la OTAN intenta destruir también el Turkstream

El 24 de mayo un dron marítimo cargado de explosivos enfiló hacia el buque de la inteligencia rusa Ivan Khurs. El buque vigilaba el gasoducto Turkstream y disparó contra el dron, que explotó. Los rusos afirman que, además, destruyeron otros dos drones.

A partir de ahí las fuentes divergen y no hay información solvente para asegurar que el buque ruso padeciera daños, como aseguran los altavoces oficiosos de la OTAN.

Pero no es eso lo más interesante del ataque. El objetivo era eliminar la protección rusa para que la OTAN pudiera volar el gasoducto sin obstáculos.

El Turkstream transporta gas a Turquía y Hungría con una capacidad anual de 31.500 millones de metros cúbicos y consta de dos líneas marítimas de 930 kilómetros de longitud y dos líneas terrestres separadas de 142 y 70 kilómetros.

Tanto Turquía como Hungría son países pertenecientes a la OTAN, a pesar de lo cual los imperialistas los consideran a ambos como prorrusos. La OTAN se creó para proteger a los países miembros, pero ¿quién les protege de las agresiones de la propia OTAN?

En consecuencia, estamos ante un caso similar a la voladura del NordStream el 26 de setiembre del año pasado.

El nuevo intento de sabotaje se produjo sólo unos días antes de las elecciones presidenciales en Turquía.

Desde luego la destrucción del gasoducto también hubiera supuesto un duro golpe para el gobierno de Viktor Orban en Hungría, un país que este invierno se libró de la crisis energética que padecieron los demás países de la Unión Europea.

La OTAN llevó a cabo la operación en el Bósforo, a unos 130 kilómetros de la costa turca. La distancia entre el buque ruso y la costa ucraniana indica que se necesitaba información en tiempo real para localizar y apuntar contra el Ivan Khurs.

Ucrania carece de medios de vigilancia de largo alcance y depende de los de la inteligencia estadounidense. Al parecer la fuente de dicha información fue un dron aéreo estadounidense RQ-4 que se encontraba en las inmediaciones y transmitió al dron marítimo.

El ejército ruso no ha dudado en derribar drones estadounidenses, pero sólo sobre el Mar Negro, cuando amenazaban la seguridad de Crimea u otras zonas críticas donde se encuentran sus tropas.

Si el RQ-4 participó en el ataque contra el Ivan Khurs, los rusos podrían cambiar de actitud y empezar a amenazar a los buques de la OTAN en el Mar Negro y el Bósforo, e incluso más allá.

La destrucción del NordStream envalentonó a los imperialistas, que siguen dando pasos hacia el abismo. A diferencia de los alemanes, que se vieron intimidados por Estados Unidos y callan sobre los responsables de la agresión, el caso de Turquía y Hungría podría ser diferente.

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Washington lleva seis meses planificando la contraofensiva ucraniana

El jueves de la semana pasada la subsecretaria de Estado estadounidense para Asuntos Políticos, Victoria Nuland, declaró que Washington lleva casi seis meses ayudando a planificar la contraofensiva ucraniana contra Rusia.

“Incluso cuando estaban planeando la contraofensiva, en la que hemos estado trabajando con ustedes durante 4 ó 5 meses, ya estábamos empezando nuestras conversaciones con el gobierno ucraniano y con amigos en Kiev -tanto en el lado civil como en el militar- sobre el futuro a largo plazo de Ucrania”, dijo Nuland ante el Foro de Seguridad de Kiev a través de una videoconferencia del Departamento de Estado.

Probablemente el ataque “comenzará y tendrá lugar al mismo tiempo” que acontecimientos como la cumbre de la OTAN en Lituania, prevista para el 11 de julio.

Nuland pintó un futuro halagüeño en el que Ucrania sería el “motor de la revitalización europea” y “un ejemplo democrático […] para todo el mundo”.

El foro fue organizado por la Fundación Ucrania Abierta, creada por el antiguo primer ministro ucraniano Arseny Yatseniuk, moderador de la conferencia en la que intervino Nuland.

Una de las charlas estuvo patrocinada por el Atlantic Council, cuyos responsables argumentaron que “la unidad transatlántica y un fuerte apoyo pueden ayudar a Ucrania a derrotar a Rusia y renovar la seguridad europea”.

El gobierno de Kiev lleva meses anunciando su contraofensiva. Ayer el Secretario del Consejo Nacional de Seguridad y Defensa de Ucrania, Oleksiy Danilov, dijo a la BBC que la contraofensiva comenzará “mañana, pasado mañana o dentro de una semana”.

El ejército ucraniano está listo para lanzar su largamente esperada contraofensiva, declaró Danilov, quien no dio una fecha fija, como es natural.

“Ucrania no tiene derecho a equivocarse porque se trata de una oportunidad histórica que no hay que desaprovechar”, añadidó.

La entrevista con la BBC fue interrumpida abruptamente por una llamada telefónica de Zelensky, que le convocó a una reunión precisamente para hablar de la contraofensiva.

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Cambio de tercio: los portavoces de la OTAN sacan la bandera blanca

Llega el reflujo de la marea. Cada vez son más las voces que en occidente sugieren el inicio de conversaciones de paz en Ucrania, lo que indica que los campos de batalla ayudan a poner las cosas en su sitio… a costa de muchos fracasos, cada uno de los cuales ha costado muchas vidas.

Algunos creían Rusia se arrugaría con las sanciones y recularía rápidamente. Otros que bastaba con enviar armas y dinero al gobierno de Kiev. Todos ellos coincidían en menospreciar a Rusia.

La semana pasada el New York Times publicó un titular a toda página que ilustra el reflujo. Incluye una crítica a la expansión de la OTAN hacia el este. El periódico recuerda que, en 1997, 50 expertos estadounidenses en política exterior advirtieron a Clinton de que la ampliación de la OTAN era un “error político de proporciones históricas”. Lamentablemente, Clinton optó por ignorar la advertencia.

Al New York Times le falta recordar otros incumplimientos: el de los Acuerdos de Minsk, los ocho años de guerra en el Donbas o el incumplimiento del pacto sobre las exportaciones de cereales. No obstante, el periódico califica ahora la guerra como un “desastre sin paliativos” e insta a Biden a “poner fin rápidamente a la guerra mediante la diplomacia, sobre todo teniendo en cuenta los peligros de una escalada militar que podría descontrolarse”.

Por su parte, el candidato presidencial estadounidense, Ron DeSantis, se apuntó ayer al cambio de tercio y habló de lo que quiere y de lo que no quiere. Quiere una solución a la Guerra de Ucrania y no quiere ni una escalada ni que sus tropas participen en una guerra contra Rusia.

Hay que entender, pues, que en una escalada militar Estados Unidos no tendría nada que ganar, pues de lo contrario lo que pedirían es exactamente lo contrario: la escalada. En otras palabras, Rusia siempre ganaría una guerra a la OTAN, con escalada o sin ella.

El llamamiento a la negociación hubiera sido bienvenido durante cualquiera de los 450 días anteriores de guerra, sobre todo en abril del año pasado. Sin embargo, ha sido necesario el descalabro de la OTAN para que alcance los titulares de un periódico como el New York Times. Tambien ha sido necesario comprobar que Ucrania no ha sido capaz, al menos hasta la fecha, de iniciar su “ofensiva de primavera”.

En abril del año pasado Ucrania y Rusia negociaban la paz bajo los auspicios de Turquía y hubieran podido evitar el derramamiento de sangre que luego se ha producido. En nombre de la OTAN, Boris Johnson sabotéo aquellas negociaciones. Le prometió a Zelensky personalmente que las potencias occidentales estaban por la guerra a largo plazo y que le apoyarían en la recuperación de todo el antiguo territorio ucraniano, con una única condición: que no negociara con Rusia. Por eso Ucrania se lanzó a una aventura imposible que ha pagado con mucha sangre y mucho esfuerzo.

Como es característico, Johnson no cumplió su promesa y, una vez que dimitió de su cargo de Primer Ministro, cambió el discurso y se pronunció a favor de que Rusia se retire sólo de los territorios invadidos desde febrero del año pasado. Por lo tanto, incluso para las potencias occidentales, no puede haber retorno a las fronteras anteriores a 2014, o sea, que están resignados a que Rusia se apodere de Crimea de manera defintiva.

Desde abril del año pasado Zelensky intenta que los países occidentales cumplan las promesas de Johnson. Pero no es posible porque ningún arma occidental puede impedir la derrota. Las guerras no dependen sólo de armas y ahora el New York Times pide que se detengan los envíos. Los suministros ya no tienen ningún sentido militar ni político.

La OTAN ha entregado a Ucrania 600 sistemas de armas diferentes, lo cual -más que una ayuda- es una fuente de continuos problemas. Por ejemplo, los diferentes cañones de 105 milímetros enviados por Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos utilizan proyectiles diferentes. Cada vez que las pérdidas obligan a Ucrania a reestructurar sus unidades militares, las tropas tienen que aprender a manejar armas y equipos que nunca antes habían utilizado.

A pesar de la entrega por parte de Estados Unidos de al menos seis tipos de misiles antiaéreos -Stinger, NASAMS, Hawk, Rim-7, Avenger y al menos una batería de misiles Patriot-, un documento del Pentágono ha revelado que los sistemas antiaéreos SS-300 y Buk de fabricación rusa siguen constituyendo casi el 90 por cien de las defensas aéreas de Ucrania.

Los países de la OTAN han buscado en sus arsenales de armas todos los misiles que pueden proporcionar para estos sistemas, pero Ucrania casi ha agotado estas reservas, dejando a sus fuerzas a merced de los ataques aéreos rusos.

Si quieres la paz, preparáte para la guerra

Son muchos los que han reconocido públicamente, incluido Biden, que la guerra debe terminar con un acuerdo negociado. Pero esa no es la cuestión, sino algo mucho más concreto: en qué condiciones se va a sentar en la mesa de negociaciones cada uno de los bandos. La Casa blanca ha insistido en que envían armas a Ucrania para ponerla en la posición más fuerte posible, que es el único lenguaje que entienden: negociar la derrota del adversario. El pasado otoño el general Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, sugirió públicamente que había llegado el momento de negociar desde una posición de fuerza. “Cuando se presente la oportunidad de negociar, cuando se pueda alcanzar la paz, aprovechémosla”, dijo.

Cada nuevo sistema de armas suministrado debería, pues, reforzar la posición de Ucrania en la mesa de negociaciones. Pero no es así, como reconocen los documentos filtrados del Pentágono. La ofensiva de primavera prevista por Ucrania, ya aplazada hasta el verano, se topará con defensas rusas cada vez más poderosas.

Uno de los documentos del Pentágono reconoce que “es probable que las persistentes deficiencias de Ucrania en materia de entrenamiento y suministro de municiones ralenticen el progreso y agraven las pérdidas durante la ofensiva”. Si finalmente se produce, lo que la ofensiva va a poner de manifiesto no es la fuerza sino la debilidad de Ucrania.

¿Cómo puede una ofensiva ucraniana con importantes pérdidas reforzar la posición de Ucrania en una mesa de negociaciones? Si la ofensiva revela que ni siquiera las enormes cantidades de ayuda militar occidental han logrado dar a Ucrania superioridad militar o reducir sus pérdidas a un nivel sostenible, podría dejar a Ucrania en una posición negociadora mucho más débil.

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También Suiza enviará armas a Ucrania

Suiza ha aceptado la petición de Ucrania de retransmitir por vídeo una comparecencia de Zelenski en el Parlamento confederal durante la sesión de verano. Es una flagrante violación de la neutralidad, sobre todo teniendo en cuenta que en esta sesión está prevista otra decisión sobre la reexportación de armas suizas al campo de batalla ucraniano.

Es lógico que Rusia haya dejado de considerar a Suiza como un país neutral.

La OTAN debe encontrarse muy apurada para comprometer la neutralidad suiza y sus demás repajes tradicionales: secreto bancario, buenos oficios, derechos humanos, ayuda y Cruz Roja Internacional.

En Suiza ya practican uno de sus deportes favoritos: recoger firmas. El consejero Thomas Aeschi, que preside el grupo parlamentario de la UDC, ha protestado contra esta acción. “Me niego a que el Presidente ucraniano pronuncie un discurso por vídeo en la sala del Consejo Nacional (he presentado esta petición a la Mesa). Ucrania intenta influir directamente en la decisión parlamentaria sobre el suministro de armas. ¡Se está violando nuestra neutralidad!”, ha escrito en las redes sociales.

El 6 de mayo la agencia Tass informó de la decisión del Parlamento y de la oposición a ella del consejero Aeschi bajo el titular “El discurso de Zelensky en el Parlamento suizo burla la neutralidad del país”.

Aeschi es miembro de una Comisión de Iniciativas que ha iniciado las protestas contra la decisión del gobierno. También forma parte de ella el periodista y escritor Stefan Millius. La intervención de Zelensky en el parlamenyto, escribe, “contradice todo lo que debería ser sagrado para Suiza. Una videollamada del presidente ucraniano Zelensky directamente a la cámara del Consejo Nacional es una absoluta aberración. Y los parlamentarios que la autorizan o asisten a ella se olvidan de dónde están”.

“A todos nos parece espantosa la guerra. Todos queremos que cese […] Pero no se trata de Rusia o Ucrania. Se trata de Suiza, sus valores y su posición. Si retransmitimos el discurso de un Presidente de un país beligerante -independientemente de las condiciones- en el Palacio Federal ante nuestros parlamentarios, también nosotros nos convertimos en un partido beligerante. Perdemos los últimos y frágiles vestigios de nuestra ya violada neutralidad. Así de sencillo. Es infantilmente sencillo de entender” (*).

La Comisión de Política de Seguridad del Consejo de Estado (CPS-E) prepara el terreno para el abandono definitivo de la neutralidad. En su reunión del 11 de mayo aprobó las enmiendas legislativas. La Comisión propone, mediante una serie de intervenciones, que el Consejo apruebe durante la próxima sesión de verano, es decir, a partir del martes próximo, la transferencia por los Estados miembros de la OTAN de armas compradas en Suiza.

Algunas de las propuestas violan algunos de los principios constitucionales más arraigados, como la prohibición de la retroactividad, pero ¿a quien le importan ya esas pequeñeces? Hace tiempo que pasaron al olvido, incluso de los diccionarios de jurisprudencia. Vivimos nuevos tiempos que no hacen ascos a nada.

En Suiza se han propuesto reescribir la Carta fundacional de la ONU. Según el CPS-E, una mayoría de dos tercios de la Asamblea General de la ONU debe permitir anular un veto en el Consejo de Seguridad. Resulta especialmente chocante que la Comisión ignore sin más la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU de 3 de abril de este año. Esta resolución exige, por 33 votos a favor, 13 en contra y una abstención, el levantamiento de las medidas coercitivas unilaterales contrarias al derecho internacional, es decir, todas las sanciones impuestas sin el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. Incluidas las que se dirigen contra Rusia o, mejor dicho, especialmente las que se dirigen contra Rusia.

(*) https://stefanmillius.ch/warum-selenskyj-in-unserem-parlament-nichts-verloren-hat/

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La batalla de Bajmut es la más importante y sangrienta en lo que va de siglo XXI

Aunque la caída de Bajmut no va a determinar por sí sola el resultado de la guerra, es una victoria importante para Rusia. Es tan importante que la OTAN y Ucrania tardaron demasiado en reconocer la evidencia y, cuando lo hicieron, tratan de minimizarla, tender cortinas de humo, como la incursión en Belgorod, e incluso silenciarla.

La derrota concierne a la OTAN, que armó al ejército ucraniano con lo mejor que podía ofrecerle, no sólo en términos de material de guerra, sino también de inteligencia, incluyendo sus numerosos satélites y dispositivos electrónicos.

Eso demuestra que la estrategia de la OTAN es equivocada y que su error deriva de la experiencia en guerras asimétricas contra enemigos pequeños. Pero Bajmut ha sido la primera batalla convencional entre adversarios afines que utilizan sistemas de armas y equipamiento modernos.

Una tecnología avanzada es insuficiente para ganar una batalla cuando el rival también está bien equipado.

La batalla ha sido de desgaste y ha durado nueve meses, en los que Rusia ha agotado los arsenales de los 30 países de la OTAN, que no han sido capaces de superar al ejército ruso prácticamente en ningún terreno.

En Bajmut el ejército ucraniano se ha roto la espina dorsal. Le llevará tiempo reagruparse, y es más que dudoso que pueda organizar una última línea de defensa en otra ciudad. Si lo intenta, probablemente será el choque que los doblegue de manera definitiva.

Bajmut ha sido una “picadora de carne” porque el objetivo del ejército ruso no era capturar la ciudad, sino destruir las fuerzas ucranianas y, muy especialmente, el equipo militar de la OTAN.

El 80 por cien de esa tarea no ha sido obra de Wagner, sino de la artillería y el apoyo aéreo de cercanía, es decir, de las unidades regulares del ejército ruso.

No había forma de que los ucranianos ganaran en Bajmut, al igual que no hay forma de que ganen la guerra y, lo que es peor, ni siquiera podrán recuperar lo que llevan perdido desde 2014.

La participación de la OTAN en la Guerra de Ucrania está siendo contraproducente en un sentido capital: el ejército ruso conoce ahora de primera mano cómo funciona el nuevo armamento occidental. Esta información vale su peso en oro.

La batalla se ha caracterizado por una guerra posicional urbana en la que los rusos siempre llevaron la iniciativa. Lucharon casa por casa.

No hay cifras exactas del número de víctimas. Las imágenes de vídeo de los cementerios y las operaciones de combate geolocalizadas indican que los ucranianos sufrieron mucho más que los rusos en número.

Sean cuales sean las cifras, Bajmut se ha ganado a pulso el sobrenombre de “la picadora de carne”, en referencia a los numerosos soldados ucranianos muertos, heridos y desaparecidos.

El ejército ucraniano se obstinó en introducir en la zona numerosas unidades militares, equipadas con avanzados sistemas de armamento suministrados por la OTAN, y siguió haciéndolo hasta el final.

En Bajmut el ejército ucraniano ha perdido el equivalente a 3 ó 4 divisiones, todo un cuerpo de ejército. Supone un tercio de sus fuerzas militares. La mayoría de las unidades fueron destruidas o han quedado incapacitadas para realizar operaciones militares.

Más de una docena de brigadas ucranianas de infantería mecanizada participaron en la batalla en algún momento. En cambio, los ataques rusos fueron llevados a cabo principalmente por los miembros de la misma unidad, Wagner, apoyados por artillería, blindados y ataques aéreos rusos regulares.

El uso de este tipo de tropas como punta de lanza es novedosa. Ha servido para proteger al ejército regular ruso, minimizar las pérdidas y mantener grandes fuerzas en reserva.

Los rusos han llevado a cabo descargas de artillería masivas y continuas, que han tenido un efecto devastador. Tanto en términos de piezas de artillería como de proyectiles disparados, la OTAN no ha sido capaz de igualar la cadencia de fuego, ni siquiera acercarse a ella.

El ejército ruso ha demostrado que es posible llevar a cabo con éxito operaciones de infantería urbana durante largos periodos de forma sostenida y abastecerlas de suministros.

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Rusia neutraliza cada vez más drones ucranianos

Hace unos meses los drones ucranianos eran un dolor de cabeza para el ejército ruso, pero la situación ha cambiado, asegura el Royal United Services Institute.

Actualmente los militares rusos inutilizan unos 10.000 drones ucranianos al mes, lo que equivale a más de 300 drones al día. Esto marca una transformación significativa en la guerra entre Rusia y Ucrania, descrito como “una de las primeras guerras de drones contra drones del mundo”.

Rusia ha desplegado una sofisticada gama de sistemas de guerra electrónica para contrarrestar los ataques de drones de Ucrania. Entre estos sistemas, la estación de interferencia Shipovnik-Aero destaca por su capacidad para imitar otras señales, lo que la hace especialmente difícil de detectar, según el Instituto británico.

“Los sistemas rusos han demostrado su capacidad para neutralizar eficazmente drones, transformando el panorama de esta guerra híbrida”, señala el Intituto. “El despliegue de sistemas como el Shipovnik-Aero ha alterado el equilibrio de fuerzas sobre el terreno, demostrando una vez más la importancia estratégica de la guerra electrónica en los conflictos contemporáneos”.

Los drones ucranianos se utilizan en una variedad de funciones que van desde el reconocimiento hasta el ataque directo. Abarcan desde pequeños drones comerciales, a menudo utilizados para reconocimiento o como munición itinerante, hasta el multimillonario Bayraktar TB2.

Aunque los drones han desempeñado un papel clave en las operaciones ucranianas, su eficacia se está viendo mermada por los sistemas rusos de guerra electrónica. Esto pone de manifiesto la naturaleza cambiante del campo de batalla moderno, donde el control del espacio aéreo depende cada vez más de la tecnología digital y la guerra electrónica.