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El fracaso del golpe de Estado en Turquía va a cambiar la situación de Oriente Medio

En lo que sigue nos vamos a centrar en las consecuencias (a muy corto plazo) que va a acarrear el fracasado golpe de Estado en Turquía en las relaciones con la OTAN y Estados Unidos, así como en las relaciones con Rusia.

Ya antes del golpe militar Erdogan se disponía a realinear por completo su política exterior porque la que venía sosteniendo, en particular desde la Primavera Árabe y la guerra de Siria, es decir, desde 2011 le vino impuesta por Estados Unidos y le ha conducido a una situación muy grave.

El realineamiento va a mejorar sustancialmente las deterioradas relaciones de Turquía con Rusia, del que será una muestra el próximo encuentro entre Erdogan y Putin.

Turquía va a exigir a Estados Unidos la extradición de Fetthulah Gülen, a quien ahora mantiene como exiliado político. Gülen, un antiguo colaborador de Erdogan, ya fue condenado el año pasado a 34 años de cárcel por “organizar un poder paralelo para dar un golpe de Estado”.

Se trata de un agente de la CIA (1), un vínculo que ya apareció en el libro de memorias de Sibel Edmonds, la traductora del FBI que destapó numerosos aspectos ocultos de la política exterior de la Casa Blanca de los últimos años.

El hecho de que, desde el principio del golpe, Erdogan le haya puesto en la picota como dirigente del mismo, muestra su grado de enfrentamiento con Estados Unidos y con la OTAN. Ha sido una manera de decir que quien estuvo detrás del golpe fue Estados Unidos.

Al mismo tiempo Gülen es un hombre de paja de Hillary Clinton desde que ésta ocupaba la Secretaría de Estado. La relación de Clinton con Gülen pasa por las manos de Huma Abedin, consejera política de Clinton con inmejorables conexiones con los yihadistas (2).

Cuando los tribunales condenaron a Gülen por organizar un “poder paralelo” se referían a Hizmet, una especie de red tejida bajo la apariencia de una cofradía sufí, que es la versión islámica que predica Gülen y que es la que ha utilizado también para engordar los fondos de campaña de Clinton.

Las relaciones de Turquía con Estados Unidos y la OTAN van a salir muy malparadas tras el fracaso del golpe. Dentro de unos días veremos a Erdogan tensando la cuerda al exigir de nuevo a Estados Unidos su extradición, lo cual va a poner a prueba la solidez de los vínculos entre Clinton y Gülen, es decir, que Estados Unidos va a tener que optar entre Erdogan y Gülen.

El golpe de Estado en Turquía demuestra claramente la velocidad a la que evolucionan los acontecimientos internacionales y la rapidez con la que las alianzas se anudan y se rompen. En los ocho meses transcurridos desde el derribo del avión ruso, Erdogan puede pasar de tensar al máximo sus relaciones con Rusia, a tensarlas con Estados Unidos.

(1) http://www.opendemocracy.net/osman-softic/what-is-fethullah-g%C3%BClen%E2%80%99s-real-mission
(2) http://dailycaller.com/2016/07/13/new-ties-emerge-between-clinton-and-mysterious-islamic-cleric/

La caída del Imperio Otomano

Juan Manuel Olarieta

Suele decir Enrique Martínez Montávez, un sabio en estos asuntos, que cuando se habla de Oriente Medio hay que tener en cuenta el componente local, el regional y el internacional. Es lo que corresponde también al analizar el intento de golpe de Estado en Turquía, un Estado que, no lo olvidemos, apenas tiene un siglo de historia y que no hereda al Imperio Otomano, como se supone, sino que se enfrenta a él.

La guerra del Imperio Otomano contra la Turquía republicana fue una verdadera yihad, declarada por las cofradías sunitas contra Mustafá Kemal, llamado Ataturk, el padre de los turcos.

Los comunistas turcos no sólo no tienen la misma concepción del kemalismo, sino que sus posiciones están radicalmente enfrentadas. Hay quien le considera un revolucionario y quien le considera un reaccionario. Hay quien ve la botella medio llena y quien la ve medio vacía.

Pocos Estados modernos se han construido en una guerra permanente consigo mismos como Turquía, de lo que son buena prueba los cuatro golpes de Estado que se han sucedido entre 1967 y 1997, uno cada diez años, en los que los militares siempre han tenido un protagonismo estelar.

El moderno Estado turco es un ejército gigantesco o, dicho de otra manera, el ejército turco es un Estado dentro del Estado. Su fundador desislamizó el país hasta límites que hoy son difíciles de imaginar. Abolió el sultanato y el califato de Estambul, convirtió a la mezquita de Santa Sofía, una de las mayores del mundo, en un museo, abolió “la sharia”, prohibió el velo y las llamadas en árabe de los almuecines en las mezquitas, sustituyó el alfabeto árabe por el latino…

Desde 2002 Erdogan, el AKP y los islamistas gobiernan un Estado que no es el suyo. Son un caballo de Troya, una de las mejores ilustraciones que se pueden poner encima de la mesa para que los reformistas entiendan que el Estado no es un instrumento, ni una herramienta, y que estar en el gobierno no es estar en el poder, como ellos imaginan.

El golpe ha fracasado porque Erdogan aún cuenta con el apoyo del imperialismo. Es otra de las demostraciones de que el origen del moderno islamismo político, desde Afganistán hasta Siria, es otro producto de importación para el mundo islámico.

Es la OTAN la que ha puesto al ejército turco a la defensiva y desde el gobierno Erdogan lleva implementado, por su parte, una purga sistemática de los kemalistas en el interior de sus filas. En 2005 suprimió los poderes políticos del MGK (Consejo Nacional de Seguridad).

Ahora las purgas se intensificarán como consecuencia del fracaso del golpe y los fieles islamistas de Erdogan entrarán en sustitución de los militares golpistas.

Pero las purgas de Erdogan no se han detenido en las fuerzas armadas, sino que se han extendido a otros sectores, como los medios de comunicación o el aparato judicial. Son muchos los que han ido a parar a la cárcel y sobre el resto pesa una amenaza permanente de represalias y despidos.

Tras el golpe llega el contragolpe de Erdogan, que se ha propuesto acabar con los últimos restos de la República laica kemalista. Al imperialismo la liquidación le ha salido mucho más barata que en otros países.

Turquía se balancea en la cuerda floja

1. La situación interna e internacional de Turquía es tan deplorable que Erdogan se ha visto obligado a disculparse públicamente con Rusia por el derribo del bombardero Su-24 en Siria hace siete meses. La prensa mundial no ha dicho nada, pero Erdogan se ha tenido que comer sus palabras. Ha sido un trago realmente amargo.

2. El atentado de Estambul muestra que el apoyo que ha venido prestando al Califato Islámico se ha vuelto en su contra. Ahora Turquía pasa a ser un objetivo. Recibe un poco de su propia medicina… salvo que las explicaciones que hemos conocido hasta ahora sobre el atentado sean falsas, en cuyo caso se trataría de otro mensaje dirigido hacia Ankara por parte de quien haya movido los hilos.

3. El gobierno de Siria se mantiene en su puesto y en Damasco se vuelven a abrir las embajadas. Todos los esfuerzos de Turquía por mantener la guerra han sido inútiles. Permitió a Turquía soñar con que era un protagonista importante, para acabar dándose cuenta de que no era nadie y de que se ha ganado enemigos de mucho peso.

4. Las relaciones de Turquía con Estados Unidos van de mal en peor. Las tropas de operaciones especiales de Estados Unidos visten el uniforme de peshmergas kurdos. Estados Unidos necesita a los kurdos para sacar adelante sus proyectos para Oriente Medio. Turquía pasa a un segundo plano.

5. Crisis con la OTAN, que después del derribo del Su-24 le ha repetido una y otra vez a Erdogan que no cuente con ellos para sus aventuras contra Rusia, o sea, que cuando la OTAN entre en guerra con Rusia no será para defender a Turquía.

6. Idem con la Unión Europea y, por lo tanto, con Alemania. Las relaciones también siguen empeorando. El gobierno de Ankara desencadenó la crisis de los refugiados en Europa y siguió luego exigiendo visado a los “alemanes” que, en realidad, no son otra cosa que turcos emigrantes. El parlamento alemán condena el genocidio armenio y les señala con el dedo acusador. Turquía nunca podrá entrar en la Unión Europea. Todas las puertas están cerradas para ellos.

7. Con Irán las relaciones son aún peores. Lo que hay es un enfrentamiento abierto entre ambos países.

8. Con Israel han mejorado las relaciones, deterioradas tras el hundimiento de la flotilla humanitaria hace cinco años. Que Erdogan se tenga que apoyar sobre Israel es un síntoma de debilidad. El presidente turco había puesto como condición para la reanudación de relaciones el levantamiento del bloqueo a Gaza y se ha tenido se comer sus propias palabras por enésima vez.

9. Los ataques permanentes a la población kurda pueden desembocar en una guerra civil que Turquía no puede ganar. La derrota sería muy humillante. Los kurdos son más fuertes que nunca porque tienen el apoyo del imperialismo. Se mueven dentro y fuera de las fronteras de Turquía con armamento pesado, por lo que una guerra tendría también un carácter internacional en una situación muy desfavorable.

La participación de los kurdos en el genocidio armenio

La caballería kurdo-otomana
Juan Manuel Olarieta

La historiografía kurda -y los que miran el pasado de Oriente Medio a través de sus ojos- padece un problema serio de memoria sobre el papel desempeñado por su pueblo en el genocidio armenio (y asirio), atribuido a los turcos en 1915-1916, durante la Primera Guerra Mundial.

Casi un millón de personas fueron asesinadas y una cantidad aún mayor expulsadas en masa de sus casas y sus tierras. El primer genocidio de la historia también formó parte del reparto de Oriente Medio por los imperialistas, en el que si los kurdos no tenían sitio, los armenios mucho menos.

Una historia escrita de manera muy sesgada ha dejado a los turcos como genocidas, algo que ha interesado mucho a los kurdos pues las promesas imperialistas de un Kurdistán independiente se hicieron sobre suelo armenio y a costa de los armenios.

Por motivos políticos, tampoco la historiografía armenia ha sido muy explícita al respecto. Lo mismo que para los kurdos, para los armenios el enemigo siempre ha sido Turquía.

A pesar de lo que digan los historiadores, que escriben papeles sobre papeles, cualquier vecino de cualquier pueblo kurdo de Turquía, sabe quién cometió el genocidio y cómo se produjo. Desde hace un siglo se sigue hablando con absoluta crudeza de las matanzas, los desalojos y los saqueos de sus vecinos armenios.

Al conmemorar el centenario, el año pasado el alcalde de Diyarbakir prometió la reconstrucción de las iglesias ortodoxas armenias, que eran más numerosas que las mezquitas.

En 1915 en la capital del Kurdistán turco, los armenios constituían la mayoría de la población. Aunque algunas fuentes hablan de 60.000 vecinos, es casi seguro que eran bastantes más.

En España sabemos mucho de silencio; toda la posguerra está llena por ese vacío amargo, que aún tardará años en ser llenado. Pero es el silencio del perdedor. Por el contrario, en capitales como Diyarbakir quienes quedaron fueron los genocidas, por lo que nunca han tenido empacho en hablar acerca de ello.

Sin embargo, las conversaciones nunca llegan a las bibliotecas, por lo que los historiadores han tardado cien años en llevar grabadoras para registrar los relatos de los ancianos.

El silencio siempre tiene evidentes motivaciones políticas. Casi desde el primer momento de la matanza, los militantes del Tachnak, el partido nacionalista armenio, sostuvieron el mismo relato olvidadizo del nacionalismo kurdo porque en 1927 se produjo un pacto entre las dos organizaciones políticas más importantes, el Tachnak y los kurdos de la Liga Joybun, el embrión del movimiento nacionalista kurdo en Turquía y Siria. Se puede decir que, en cierta forma, la Liga Joybun aprendió de los armenios a “ser uno mismo”, que es la traducción del término “joybun”.

Para el movimiento nacionalista kurdo fue una alianza muy provechosa aunque, desde el punto de vista historiográfico, ayudó oportunamente a pasar página. El plan era organizar un levantamiento militar para crear una federación kurdo-armenia dentro de Turquía, lo que obligó a los militantes de Tachnak a hacer propaganda en favor de la causa kurda.

Hoy los nacionalistas kurdos califican como genocidio las matanzas de los armenios, pero les queda por establecer todas las responsabilidades, no sólo las de los demás. Siguen expresando su simpatía por los armenios y hacen causa común con ellos para denunciar a Turquía. Es algo plenamente justo y siempre lo ha sido. Pero…

Armenios camino de la deportación
Los kurdos vivieron en un territorio fronterizo, una “tierra de nadie”, entre los imperios turco, ruso y persa. La expansión del Imperio Otomano y el crecimiento demográfico presionaron a una población que, en buena parte, era nómada, empujándoles hacia las zonas habitadas por armenios, entre otras etnias no kurdas, que eran sedentarias.

Ese movimiento de la población fue alentado por el Imperio Otomano, un proceso paralelo al que Rusia llevó a cabo con los cosacos. También los otomanos crearon brigadas de caballería kurda, las “Hamidiye Alaylari” como refuerzo fronterizo contra los rusos y los persas.

Los campesinos armenios fueron sometidos al saqueo en forma de pago de cuantiosos impuestos y luego al expolio de tierras. Los armenios tenían que pagar el “hafir” a los kurdos, una especie de tributo a cambio de asegurarles sus vidas y haciendas.

En 2009 el presidente del Consejo Kurdo de Armenia, Knyaz Hasanov, reconoció la intervención de los kurdos en el genocidio, aunque matizó que fue obra de casos aislados, no de la nación kurda como tal. Otros, como el presidente del Parlamento kurdo en el exilio, hablan de que la responsabilidad fue de “algunas tribus kurdas”.

Tampoco les falta razón. Es cierto que la mayor parte de los kurdos que formaban parte de la caballería de la “Organización Especial” eran nómadas. Pero entonces se me suscitan dos preguntas. La primera es: ¿los kurdos son responsables del genocidio sólo en parte y los turcos lo son en bloque? Y la segunda: si no todos los kurdos son responsables del genocidio, ¿por qué ocultar su intervención?

Entre los muchos relatos orales que circulan por Diyarbakir hay uno que refiere el asesinato de un cura ortodoxo, que le dijo al kurdo que le iba a matar: “Nosotros somos el desayuno pero vosotros seréis la comida”.

No se puede explicar mejor la masacre porque, en efecto, ocurrió así exactamente: los turcos llevaron a cabo, por sus propias manos esta vez, una matanza masiva de kurdos seguida de una deportación, también masiva, de manera que quienes hasta entonces habían sido la fuerza de choque del ejército otomano se volvieron en su contra.

Todo ocurrió en muy poco espacio de tiempo: en 1915 la caballería kurda era parte del ejército turco y en 1927 se crea la Liga Joybun para luchar en su contra.

La participación de los kurdos en el genocidio no exime la responsabilidad de los turcos. Los unos eran la carne de cañón de los otros. Hacían el trabajo sucio para que los “padrinos” turcos quedaran con las manos limpias.

No sólo los nacionalistas kurdos no quieren recordar su historia; los turcos, que sí tienen un Estado propio, mucho menos. También ellos son nacionalistas, tanto por lo menos como los kurdos, con la ventaja adicional para la historia de que no se mancharon las manos porque ese tipo de tareas siniestras siempre quedan para los carniceros.

Entonces los kurdos no veían a los turcos como enemigos, sino todo lo contrario, y a la inversa, muchos de los matarifes kurdos que participaron en el genocidio salieron de las cárceles turcas con amnistías e indultos.

Todo por un plato de lentejas. Los kurdos asesinaron por un pedazo de tierra, por una casa, por unas cabezas de ganado…

Como cualquier otro acontecimiento, el genocidio armenio y asirio se puede desmenuzar tanto como sea necesario. Por ejemplo, la “Organización Especial” que dirigió las matanzas tampoco estaba dirigida por turcos sino por cherkeses, una población caucásica.

Como la cabeza de Jano, la historia tanto mira hacia atrás como hacia delante y por eso el refrán dice -con pleno acierto- que quien olvida la historia está condenado a repetirla. Pero la historia es una ciencia que, como se ha demostrado, los nacionalistas no pueden escribir porque ellos son la burguesía.

La historia sólo la puede escribir el proletariado, que es una clase internacionalista. A diferencia de un nacionalista cualquiera, un internacionalista lucha por los derechos de todas las naciones oprimidas, no sólo de una, y mucho menos lucha por los derechos de una contra la otra, o a costa de la otra.

La ‘deportación’ de los tártaros de la Unión Soviética

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1944, los tártaros que vivían en Crimea fueron trasladados por el gobierno soviético a Asia central de forma masiva.La sucia propaganda imperialista califica el traslado como una “deportación”, es decir, como un castigo colectivo y habla de los sufrimientos causados a la población, pero no dice nada acerca de los motivos del mismo, salvo las rituales menciones a la brutalidad de Stalin (¡siempre Stalin!) que son de mención obligatoria y ya aburren.

Los tártaros son los antiguos turcos o turcomanos, una población de origen asiático, que antiguamente ocupaba todas las riveras del Mar Negro. Aunque Turquía no se decidió a participar en la Segunda Guerra Mundial, mantuvo relaciones muy estrechas con el III Reich, por varios motivos, entre ellos la afinidad ideológica entre el pangermanismo y el panturquismo, que pretendían la expansión de la República de Turquía más allá de sus fronteras hacia las poblaciones que tenían el mismo origen étnico.

El III Reich logró penetrar entre la población tártara, una parte de la cual se convirtió en autora y cómplice de las grandes matanzas cometidas por los nazis en Crimea. Una vez que los nazis se retiraron, el resto de la población se aprestó a la venganza y empezaron a producirse importantes represalias contra los tártaros.

Si no llegan a ser traslados, muchos de ellos hubieran perecido a manos de los antifascistas. Aunque fueron varias las poblaciones que colaboraron con los nazis en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético sólo ordenó el traslado de las más pequeñas, como los tártaros, dejando que las más grandes, como los ucranianos del oeste, siguieran en sus lugares de origen, lo cual explica la historia reciente de Ucrania y el resurgimiento allá del nazismo.

El traslado fue muy duro para los tártaros, e incluso se puede calificar de “inhumano”. Algunos murieron durante el mismo, pero entonces la URSS aún estaba en medio de la guerra y la destrucción. Toda la población soviética vivía en condiciones inhumanas.

El blog de Pavel Shipilin (1) comenta que el gobierno soviético era internacionalista y no podía admitir, bajo ninguna excusa, los enfrentamientos de unos pueblos contra otros, como había ocurrido durante el zarismo.

Para proteger a los pueblos autóctonos, como los tártaros o los ucranianos del oeste, los crímenes de guerra cometidos por ellos fueron imputados de manera sistemática a los nazis o a las SS, mientras que los documentos sobre su complicidad se archivaron bajo secreto militar, donde permanecieron siempre.

Los papeles pueden callar, pero las personas no, y a los habitantes de Crimea y Polonia jamás se les olvidó quiénes fueron los que llevaron a cabo las matanzas durante la guerra mundial. Aunque la frontera entre Polonia y Ucrania se podía volver a dibujar sobre un mapa, la de Crimea no existe desde los tiempos de la guerra entre Rusia y Turquía a mediados del siglo XIX, es decir, 100 años antes.

En 1939 apenas el 20 de la población de Crimea eran tártaros. Al comienzo de la guerra, los tártaros fueron llamados a filas para cumplir el servicio militar, como las demás poblaciones soviéticas, produciéndose deserciones masivas, casi en su totalidad. Cuando Crimea fue ocupada, los tártaros no tuvieron ningún escrúpulo en alistarse, tanto en la Wehrmacht como en la Waffen SS.

Shipilin documenta el artículo de su blog con enlaces externos y fotografías de los tártaros que sirvieron en las filas nazis (2). Tras la guerra el mariscal de campo nazi Von Manstein escribió que cuando Crimea fue ocupada por los nazis, el resto de la población formó una poderoso movimiento guerrillero, uno de cuyos objetivos militares, además de los nazis, fueron los colaboracionistas tártaros que, a su vez, formaron contraguerrillas para defender la ocupación nazi.

Uno de los crímenes de guerra cometidos por los tártaros nazis fue la destrucción de la ciudad de Laki, cuyo  origen histórico se remontaba al siglo VI y que desde entonces ni siquiera está ya en los mapas porque fue absolutamente incendiada y arrasada junto con toda su población (3).

Tras la guerra se descubrieron las cenizas de la ciudad y junto a ellas, una gran fosa común con restos de cadáveres carbonizados, que aún tenían un agujero de bala en la nuca.

Se pueden poner más ejemplos de ciudades destruidas, viviendas incendiadas, cadáveres descuartizados, torturados, quemados y asesinados, incluidos niños y ancianos. Pero, ¿para qué? Lo que debe preocuparnos es el terror… stalinista, que es de lo que nos habla la canción que ha ganado Eurovisión.

A pesar del horror de los crímenes tártaros, al final de la guerra el gobierno soviético se preocupó de protegerlos enviándolos a Asia central. Los tártaros que combatieron en el Ejército Rojo fueron condecorados, como cualquier otro combatiente antifascista de cualquier otro pueblo. Pero como tártaros, los héroes de guerra también fueron deportados a Asia central.

Hay algo que la burguesía no entiende: la igualdad. Tras la anexión de Crimea, en 20014 Putin aprobó un decreto por el cual “rehabilitaba” a los tártaros de Crimea para echar tierra encima y cicatrizar viejas heridas. Tuvo que ser duro para los hijos y nietos de los antifascistas masacrados en la guerra.

La vida es así de dura, y la muerte mucho más. En Asia central coincidieron todos los deportados tártaros; los héroes tuvieron que convivir con los criminales de guerra durante muchos años. Eso también tuvo que ser realmente duro.

(1) http://pavel-shipilin.livejournal.com/571128.html
(2) http://www.stena.ee/blog/kak-krymskie-tatary-sluzhili-fashistam
(3) http://palom.info/?page_id=1109

Los oficiales nazis pasan revista a sus tropas tártaras de Crimea

Rumores de golpe de Estado en Turquía

Enrique Montánchez

Obama ha dejado caer a su aliado turco, el autoritario presidente Tayyip Erdogan, tras el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y Rusia para acabar con la guerra en Siria y expulsar al Estado Islámico de la región. Los hechos hablan por sí solos: El mandatario norteamericano se ha negado a entrevistarse con Erdogan en la Cumbre de Seguridad Nuclear celebrada en Washington (sólo hubo un fugaz intercambio de palabras en un pasillo), al tiempo que le acusaba con duras palabras de deteriorar la democracia, separar a Turquía de la modernidad y reprimir la libertad de expresión. Erdogan había acudido a la Cumbre en medio de insistentes rumores de la prensa turca de que el Ejército prepara un golpe de Estado.

Los medios de comunicación próximos al gobernante partido islamista AKP recogen desde hace semanas insistentes rumores de que el Ejército prepara un golpe de Estado para derrocar a Erdogan, que se ha convertido en un político incómodo para Occidente al cambiar las reglas del juego como resultado del acuerdo de Estados Unidos y Rusia para poner fin a la guerra en Siria y expulsar al Estado Islámico de la región. La situación en Turquía es tan delicada que ha obligado al Estado Mayor a asegurar públicamente que “la disciplina, la total obediencia y la cadena única de mando son esenciales para las fuerzas armadas turcas […] no es posible que exista una acción ilegal fuera de la cadena de mando”.

El ejército turco cuenta con un importante historial de golpes de Estado al derrocar gobiernos civiles en 1960, 1971 y 1980. En su intento de acallar la libertad de expresión, el ejército ha iniciado acciones legales contra los medios de comunicación que han publicado informaciones sobre los rumores de golpe militar.

Erdogan se ha convertido en un elemento incómodo para Estados Unidos tras el acuerdo alcanzado por Obama y Putin para rebajar la tensión ruso-estadounidense, cuyo primer fruto es el citado alto el fuego parcial en Siria (siguen los ataques contra el Estado Islámico y el Frente Al-Nusra), condición para que el régimen de Damasco y los grupos de oposición negocien una salida democrática para el país, que incluye el exilio del dictador Al-Asad.

En este contexto se interpreta el viaje de Erdogan a Washington, con la excusa de asistir a la Cumbre de Seguridad Nuclear, pero con el único objetivo de entrevistarse con Obama y saber si sigue contando con el apoyo de Estados Unidos o los militares, apoyados por Washington y la OTAN, están forzando que abandone el poder. La Administración norteamericana no tenía prevista ninguna reunión formal entre ambos mandatarios, lo que demuestra hasta qué punto Washington ha enfriado las relaciones con su hasta ahora aliado Erdogan.

Medios diplomáticos europeos aseguran que las reglas del juego han cambiado tras el acuerdo Obama-Putin: durante los últimos cinco años el autoritario Erdogan ha contado con la complicidad de Washington, que no impidió que el servicio de inteligencia turco (MIT) prestase todas las facilidades logísticas al Estado Islámico, convirtiendo la frontera turco-siria en una concurrida avenida donde los terroristas transitaban entre uno y otro lado sin problema alguno, los yihadistas heridos se reponían en hospitales de campaña turcos y las armas fluían ininterrumpidamente hacía Siria.

A ello se suma que Erdogan y sus hijos se han lucrado del millonario negocio del petróleo robado por el Estado Islámico en los yacimientos sirios e iraquíes y vendido a Occidente a través del territorio turco. Una operación desconocida por la opinión pública hasta que el Kremlin mostró fotografías aéreas y vídeos con las caravanas de miles de camiones cisterna, a modo de oleoductos sobre ruedas.

De cómo ha cambiado la percepción de Washington y Erdogan ha pasado a ser un apestado, dan cuenta las durísimas palabras de Obama al término de la Cumbre de Seguridad Nuclear en relación a las restricciones de la libertad de prensa y las duras condiciones de trabajo de los periodistas turcos: “Creo que el enfoque que han estado tomando hacia la prensa podría llevar a Turquía por un camino que sería muy preocupante […] le he recordado al presidente Erdogan que llegó al poder con la promesa de la democracia y que Turquía ha sido históricamente un país en el que una profunda fe islámica ha vivido unida con la modernidad y con una creciente apertura […] ese es el legado que él [Erdogan] debe perseguir, en vez de una estrategia que implica la represión de la información y el cierre de debate democrático”.

En Washington se ha escenificado el comienzo del tiempo de descuento para un autoritario Erdogan, enfrentado a Estados Unidos y Rusia.


Fuente: http://www.mil21.es/noticia/492/3-GUERRA-MUNDIAL/Obama-deja-caer-a-Erdogan-en-medio-de-rumores-de-golpe-de-Estado.html

Erdogan acusa a Estados Unidos de suministrar armas al Califato Islámico

Turquía sigue enfrascada en una agria disputa con Estados Unidos a causa de la distinta consideración de la lucha del movimiento kurdo de liberación nacional, al que en Ankara consideran “terrorismo”.

El viernes Erdogan dijo que “Estados Unidos ha estado suministrando armas al Califato Islámico. Tres aviones llegaron con cargamentos de armas y la mitad de ellas acabaron en las manos del Califato Islámico”.

Así se lo manifestó el mes pasado al propio Obama durante conversación entre ambos, según dijo Erdogan.

El Departamento de Estado ha rechazado las acusaciones de Erdogan de que las armas estadounidenses hubieran caído en poder del Califato Islámico.

A las acusaciones de Erdogan se han sumado varios parlamentarios irakíes, que también han denunciando que Estados Unidos y el Reino Unido han lanzado cargamentos de armas con destinado al Califato Islámico desde aviones y helicópteros.

Los parlamentarios irakíes lo atribuyen al deseo de Estados Unidos de impedir que las fuerzas iraquíes obtengan una rápida victoria contra el Califato Islámico y tener así una excusa para injerirse en los asuntos internos de Irak.

La guerra de Siria entra en una encrucijada muy peligrosa

El jueves Arabia saudí comunicó su decisión “irreversible” de desplegar fuerzas terrestres en Siria: “El reino está preparado para realizar operaciones aéreas y terrestres […] en el marco de la coalición y bajo el mando de Estados Unidos”, dijo Ahmed Assiri, portavoz del ministro saudí de Defensa.

Tal operación se llevaría a cabo de forma conjunta con Turquía y Bahrein. Ayer Mevlut Cavusoglu, ministro turco de Asuntos Exteriores, confirmó el anuncio: “Si existe una estrategia, entonces Turquía y Arabia saudí podrían participar en una operación terrestre”, afirmó, a su regreso de la conferencia sobre seguridad en Munich, donde evidentemente se ha tratado el asunto.

“Algunos dicen que Turquía es reticente a tomar parte en la lucha contra el Califato Islámico. Pero ha sido Turquía quien ha hecho las propuestas más concretas”, ha destacado Cavusoglu, citado en los diarios Yeni Safak y Haberturk. ¿Cuáles son estas propuestas concretas? El ministro no lo aclara.

Mientras tanto, en una sesión de la Asamblea, el ministro francés de Defensa, Jean-Yves Le Drian habló de un “refuerzo de la cooperación” entre París y Ankara en materia de “investigación contra las redes de los grupos terroristas”. Y ha recordado que Turquía “pone sus bases militares a disposición de la coalición y contribuye al entrenamiento en su territorio de la oposición siria”.

Uno de los puntos negros es la seguridad de la frontera turca con Siria, que el ministro francés quiere reforzar, y que ha sido, por otra parte, “objeto de largas discusiones”, ha dicho a los diputados:

“Soy consciente […] de que la aviación turca interviene contra el Califato Islámico de manera minuciosa, pero también contra los kurdos del YPG, quienes igualmente atacan al Califato Islámico fuertemente y con mucho éxito […] Esta situación nos obliga a intentar hablar con todos los interlocutores. Por ello tenemos relaciones con el YPG y los turcos lo saben”, explicó Le Drian.

El jefe de la diplomacia turca anunció que Arabia saudí, “convertida en uno de los más estrechos aliados de Turquía”, enviará aviones de combate a la base aérea de Incirlik, la misma en donde han estado desplegados los A-10 Thunderbolt II estadounidenses y los Tornados ECR alemanes.

“Los responsables saudíes han llegado y han realizado un reconocimiento de la base. Por el momento, no está claro cuántos aviones serán desplegados”, ha afirmado Cavusoglu.

El sábado de la semana pasada Bahrein anunció que se uniría al despliegue de fuerzas terrestres en Siria, junto a saudíes y turcos.


También es importante consignar unas palabras del Primer Ministro francés, Manuel Valls, a la prensa alemana en respuesta a las de Medvedev sobre la Tercera Guerra Mundial. Después de asegurar que Francia no enviará fuerzas terrestres a Siria, matiza: “Actualmente las operaciones militares en Irak y Siria las lleva a cabo una coalición de varios países que forman tropas locales y las aconsejan. La ofensiva terrestre de esas tropas locales -y también de ciertos países árabes si quieren hacerlo- es decisiva”.

Francia vuelve a dar muestras de incoherencia. Para él la invasión de Siria por parte de Turquía, Arabia saudí y Bahrein no es una agresión militar contra un país extranjero. No sólo no se opone a ello sino que dice que puede resultar “decisiva”. Pero, ¿para quién?

La respuesta la dio el sábado de la semana pasada el ministro sirio de Asuntos Exteriores, Walid Muallem, dijo que cualquier operación terrestre en Siria sin el consentimiento del gobierno de Damasco sería considerado como “un acto de agresión”.

En efecto, a pesar de la retórica que alude al Califato Islámico como si fuera un fetiche, es harto evidente que una ofensiva terrestre en Siria de estos tres países no tiene otro objetivo que el gobierno de Bashar Al-Asad. En el caso de Turquía, su objetivo es, además, la resistencia kurda.

Pero a diferencia de las invocaciones imperialistas, turcas y saudíes acerca del Califato Islámico, los rusos han aclarado que su operación militar en Siria está dirigida contra todas aquellas fuerzas armadas que combaten al gobierno de Damasco, por lo que un ataque terrestre saudí, turco y bahreiní es un declaración de guerra contra Rusia.


No cabe olvidar que la guerra de Siria es un choque dentro de ciertos límites pactados, aunque sea de manera implícita. Sin embargo, nadie puede estar seguro de que esos límites no se van a quebrar. Sobre todo Rusia. Para desplegar su aviación en Siria, Rusia ha advertido a Estados Unidos, Arabia saudí y Turquía de que no va a consentir que entreguen misiles antiaéreos al Califato Islámico, el Frente Al-Nosra ni ninguna otra milicia enfrentada al gobierno.

Por si acaso, al mismo tiempo que negociaba un alto el fuego en Munich, Rusia envió a Siria los nuevos Sujoi-35S, preparados para eludir misiles antiaéreos de cola, demostrando que no se fía de que esos tres países no den un paso adelante, otro más, en el equipamiento de los yihadistas.

Al fin y al cabo hay que hacer caso a lo que dice el portavoz saudí del Ministerio de Defensa: una invasión terrestre de Siria estaría dirigida por Estados Unidos. Ya lo sabíamos, pero es bueno que así se reconozca públicamente. Cuando Medvedev, el Primer Ministro ruso, habló de una guerra mundial derivada de una escalada bélica en Siria, no exageraba ni un ápice.

Es más, en su entrevista a la prensa alemana, además de Turquía y de Arabia saudí, Medvedev hablaba de “los americanos”, y la respuesta de esos “americanos” llegó de la mano de la misma prensa alemana: “La pretensión saudí de enviar tropas terrestres a Siria ha obligado a Estados Unidos a replantearse su apoyo a Riad”, escribió Die Welt.

En otras palabras, Estados Unidos no quiere que las aventuras saudíes les comprometan. Washington se retira de Oriente Medio, dejando a la región llena de huérfanos, incapaces de hacer nada por sí mismos. Países como Turquía o Arabia saudí, e incluso potencias como Francia, quieren pero no pueden. Es un caso de impotencia tanto como de torpeza. Ambicionan objetivos que no pueden alcanzar, y menos por sus propias fuerzas. Sobre todo si tienen frentes abiertos, como Yemen, que son incapaces de cerrar.

‘O yo o los terroristas de Kobane’

La descabellada política exterior del gobierno de Erdogan no sólo ha llevado a Turquía a enfrentarse con Rusia sino también con Estados Unidos, concluye el Wall Street Journal. “O yo o los terroristas de Kobane”, ha dicho Erdogan a los últimos enviados que han llegado de la Casa Blanca. “¿Cómo podemos confiar en Ustedes?, ¿quiénes son sus aliados?”, les ha preguntado.

Erdogan ha puesto a Estados Unidos contra la espada y la pared y la opción que han tomado en Washington no deja lugar a dudas: prefieren a los kurdos, aún a costa de un miembro tan cualificado de la OTAN, como Turquía. Por eso han enviado instructores militares estadounidenses de élite para adiestrar a las milicias kurdas de Rojava.

Hace dos semanas Brett MacGurk, enviado especial de Obama en la “coalición internacional”, estuvo en Kobane visitando al Estado Mayor de las milicias kurdas. El respaldo que reciben de Estados Unidos parece muy sólido, al menos hasta la fecha.

Recientemente también visitó Ankara el vicepresidente estadounidense Joe Biden. Erdogan le dijo que las armas que están enviando a Rojava acaban al otro lado de la frontera y le sirven al PKK, una organización a la que califican de “terrorista”, para defenderse de los ataques del ejército turco.

Turquía no puede admitir esa situación, le dijo Erdogan. Según Biden, ellos no tienen constancia de que eso sea cierto.

A través de altos funcionarios del gobierno, Erdogan pasó a las amenazas abiertas, como acostumbra: si los envíos de armas no cesan, Turquía bombardeará las posiciones kurdas en Rojava.

Turquía no sólo es el mayor obstáculo para lograr la paz en Siria, concluye el Wall Street Journal, sino que también impide la derrota del Califato Islámico. El ejército turco no se va a limitar a asesinar masivamente a los kurdos en su lado de la frontera sino que está dispuesto a ir más allá y desencadenar una escalada en la parte siria.

No cabe descuidar las insinuaciones de Turquía, cuyo ejército ya invadió la zona kurda de Irak recientemente. Tampoco cabe descuidar que las declaraciones de Erdogan se suman a las de Arabia saudí, que también trata de lograr un consenso para invadir Siria e impedir la victoria del ejército regular.

El espionaje turco asesinó a tres dirigentes kurdas en París

Por primera vez en Francia, el aparato judicial acusa oficialmente a un servicio secreto extranjero en un caso criminal: el asesinato de tres militantes kurdas en París el 9 de enero de 2013.

Al cumplirse tres años del crimen, millares de kurdos llegados de toda Europa se manifestaron en la capital francesa para denunciar la impunidad de los crímenes políticos del régimen turco.

Sakine Cansiz

Sakine Cansiz

Las tres militantes kurdas fueron asesinadas en el local que alberga el Centro de Información de Kurdistán (CIK). Se trata de Sakine Cansiz de 54 años, cofundadora del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Fidan Dogan, de 28 años, llegada a Francia con diez años, encargada de los contactos con los medios políticos y organizadora de coloquios en el Senado y en la Asamblea Nacional, y Leyla Söylemez.

Fueron abatidas de numerosos balazos en la cabeza. La Brigada criminal concluyó que había sido un asesinato con una sola arma, que nunca apareció. Una ejecución profesional: dispararon diez cartuchos, el último, en la garganta de Fidan Dogan, sin duda para simbolizar mejor el hecho de que nunca volvería a hablar.

Existe una divergencia de enfoques entre la Brigada Criminal, que detuvo a Omer Güney, de 32 años, Brigada que trabaja sin ideas preconcebidas, y la Subdirección de Antiterrorismo (SDAT), un aparato político, que intentó excluir a sus colegas turcos, con los que mantiene buenas relaciones.

La investigación de la SDAT no hizo más reunir el máximo posible de informaciones sobre los ambientes independentistas kurdos en Francia.

El sumario del juez de instrucción, que procede de la sección antiterrorista, es ridículo. Dice que Güney, el asesino, es de origen kurdo, le presenta como alguien que busca de sus raíces. Es falso. Informes de Alemania revelan que se trata de un militante de extrema derecha turco que militó en un grupo fascista.

Infiltrado en una asociación kurda del extrarradio parisino, Güney se muestra extremadamente servicial y se postula voluntariamente para transportar en su vehículo a cualquier compatriota que lo necesite. Así es como hacía de chófer para Sakine Cansiz y Fidan Dogan.

En Turquía las batallas entre clanes en el seno del poder se agudizan en 2014. Erdogan se enfrenta a los partidarios de Fethullah Gülen, provocando filtraciones asombrosas en la prensa turca. De esa forma en enero de 2014 aparece en YouTube el extracto de una conversación entre el supuesto asesino y tres de sus compinches, sobre la forma de realizar asesinatos de personalidades kurdas en París.La policía alemana confirma que se trata con seguridad de responsables del MIT, Milli İstihbarat Teşkilati, la Organización de Inteligencia Nacional, los servicios turcos de información, y rompe toda relación con ellos.

Entonces en plena campaña electoral, Erdogan acusa a los “gülenistas” infiltrados en los servicios de inteligencia del Estado de ser los responsables de los crímenes de París.

El semanario alemán “Der Spiegel” publica un facsímil de la orden dada a Güney. Sus teléfonos móviles, que fueron recuperados por la Brigada Criminal, más vigilante que la SDAT, indican una docena de números de teléfono en Turquía a los que el pistolero llama con asiduidad.

Las comisiones rogatorias enviadas por el juez de instrucción quedaron sin respuesta. El gobierno turco se niega a colaborar en la investigación.

En la prisión francesa Güney recibe a un turco venido del extranjero, a quien propone un plan de evasión totalmente irreal; le pide numerosos kilos de explosivos y armas automáticas. El plan debe ser comunicado a su “madre”, de la que indica el domicilio; también da el nombre de una persona de contacto. Interrogado en Alemania, el visitante confirma que la “madre” es sin duda el MIT, y que la dirección codificada era la correcta, como demuestra una simple búsqueda en Google Maps.

Francia tiene una larga tradición de crímenes políticos cometidos por servicios extranjeros en su territorio y que han quedado impunes, desde Mehdi Ben Barka a Henri Curiel, pasando por Martín Eizaguirre, Fernández Cario y los refugiados políticos vascos. La impunidad se origina en la ósmosis entre el gobierno francés y los jueces para silenciar los asuntos y no hacer nada que sea susceptible de complicar las relaciones diplomáticas con otros Estados.

Pero esta vez se ha roto la “omertá”. Tanto la fiscalía como el juez de instrucción señalan a los servicios turcos del MIT como autores del asesinato de las tres militantes kurdas. Falta que el Tribunal Penal especial señale la fecha del juicio.

Leyla Söylemez

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