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Israel reconoce que su batalla contra Hamas ha fracasado

Netanyahu aseguró que el objetivo militar del ejército israelí en Gaza era acabar con Hamas, pero lo más probable es que sea Hamas quien acabe con Netanyahu y, por lo tanto, que la guerra sea un fracaso sin paliativos.

Según un informe del Canal 12 de Israel, la inteligencia militar ya ha advertido al gobierno y a los dirigentes políticos que Hamas sobrevivirá a la ofensiva. Incluso en el caso de que Hamas fuera desmantelado como fuerza militar, el movimiento sobrevivirá como “grupo terrorista” y guerrillero.

Elaborado por la división de investigación del ejército israelí, el informe reconoce que Hamas “mantiene un apoyo pleno” entre los residentes de Gaza y advierte que “Gaza se convertirá en una zona en profunda crisis”, debido a la falta de un plan para el “día después” de la guerra.

El documento fue presentado la semana pasada a los dirigentes políticos israelíes, después de una semana de discusiones entre altos funcionarios militares y de inteligencia.

La conclusión del documento es que Hamas sobrevivirá inevitablemente a la ofensiva israelí en la Franja de Gaza.

El informe contradice directamente el objetivo declarado de Netanyahu de erradicar a la organización palestina en todos los niveles, algo que muchos países han denunciado como “poco realista”.

En noviembre el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kirby, dijo que Israel nunca podría eliminar a la organización palestina. “Lo que hemos aprendido a través de nuestra propia experiencia es que a través de medios militares y de otro tipo es posible tener un impacto significativo en la capacidad de un grupo terrorista para obtener recursos, entrenar combatientes, reclutar combatientes, planificar y ejecutar ataques”, dijo Kirby durante una conferencia de prensa.

“Eso no significa que la ideología se marchite y muera”, añadió, algo que reiteró en enero.

El informe llega mientras Israel prepara una ofensiva terrestre contra Rafah, la ciudad más meridional de Gaza, donde más de la mitad de los 2,3 millones de residentes de Gaza han buscado refugio.

Netanyahu dijo que es sólo cuestión de tiempo que Israel inicie una invasión terrestre de la ciudad fronteriza.

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Las tropas israelíes han violado y ejecutado a las mujeres de Gaza

Ayer varios grupos de trabajo de la ONU expresaron su preocupación por “acusaciones creíbles de graves violaciones de derechos humanos” contra mujeres y niñas palestinas en la Franja de Gaza y Cisjordania.

La denuncia ha sido realizada por el equipo de trabajo sobre discriminación contra mujeres y niñas, la relatora especial sobre la violencia contra mujeres y niñas, Reem Alsalem, y la relatora especial sobre la situación de los derechos del hombre en los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese.

Las mujeres palestinas son detenidas arbitrariamente, ejecutadas, violadas o amenazadas con agresiones sexual, precisan los denuciantes, quienes añaden que estos actos pueden constituir “violaciones graves de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, y constituir delitos graves según el derecho penal internacional que podrían ser procesados bajo el Estatuto de Roma”.

Los denuciantes expresaron su consternación por los informes de múltiples formas de agresión sexual contra detenidas palestinas, que supuestamente fueron desnudadas y registradas por oficiales israelíes varones.

“Al menos dos detenidos palestinos fueron presuntamente violados y otros fueron amenazados con violación y violencia sexual”, dicen los miembros, añadiendo que fotos de detenidos en “circunstancias degradantes” supuestamente fueron tomadas por soldados israelíes y publicadas en línea.

Los miembros citaron casos en los que mujeres y niñas palestinas fueron ejecutadas arbitrariamente en Gaza, a menudo junto con miembros de su familia, incluidos sus hijos.

“Estamos conmocionados por los informes sobre ataques deliberados y ejecuciones extrajudiciales de mujeres y niños palestinos en lugares donde se han refugiado o mientras huían”, dijeron. “Algunos de ellos aparentemente sostenían trozos de tela blanca cuando fueron asesinados por el ejército israelí o sus fuerzas afiliadas”.

Los denunciantes expresaron preocupación por la detención arbitraria de “cientos de mujeres y niñas palestinas, incluidos defensores de los derechos humanos, periodistas y trabajadores humanitarios, en Gaza y Cisjordania desde el 7 de octubre”.

Los israelíes sometieron a las mujeres palestinas a “tratos inhumanos y degradantes, privados de toallas sanitarias, alimentos y medicinas, y brutalmente golpeados”, afirman los miembros de la ONU, añadiendo que al menos en una ocasión los detenidos fueron colocados en una jaula y dejados sin comida bajo la lluvia y frío.

También expresaron preocupación por la desaparición de “un número desconocido de mujeres y niños palestinos, en particular niñas” tras haber estado en contacto con el ejército israelí en la Franja de Gaza. “Según informes inquietantes, al menos una bebé fue trasladada por la fuerza a Israel por el ejército israelí, y los niños fueron separados de sus padres, cuyo paradero sigue siendo desconocido”, lamentan los denunciantes.

“Recordamos al gobierno de Israel que está obligado a respetar los derechos a la vida, la seguridad, la salud y la dignidad de las mujeres y niñas palestinas y a garantizar que nadie sea sometido a violencia, tortura, malos tratos o tratos degradantes, incluidos violencia sexual”.

Los miembros de la ONU exigieron que se lleve a cabo una investigación independiente, imparcial, rápida, exhaustiva y efectiva sobre estas acusaciones y que Israel coopere. Los israelíes deben rendir cuentas y las familias de las víctimas deben recibir “completa reparación y justicia”.

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Buenos y malos cristianos

El 19 de octubre el ejército israelí bombardeó la iglesia ortodoxa griega de San Porfirio en la ciudad de Gaza, la iglesia más antigua de Gaza, construida en el siglo XII. Quinientos palestinos, de todas las religiones, se habían refugiado en la iglesia. Al menos 18 personas murieron en el ataque. Dos semanas después, Israel bombardeó y destruyó el Centro Cultural Ortodoxo, también en la ciudad de Gaza.

En diciembre el ejército israelí asedió la Iglesia Católica de la Sagrada Familia en la ciudad de Gaza, donde aproximadamente seiscientos cincuenta palestinos buscaban refugio. Francotiradores israelíes mataron a tiros a una madre y a su hija cuando se refugiaban en la iglesia. Las fuerzas israelíes también bombardearon y dañaron la Iglesia Bautista de Gaza, el Consejo de Iglesias del Cercano Oriente, el convento de las Misioneras de la Caridad y el Hospital Anglicano Al-Ahli en Gaza, donde murieron casi 500 palestinos.

En cuatro meses de bombardeos, el tres por ciento de los aproximadamente 1.000 cristianos palestinos que viven en Gaza han muerto, y muchos más han resultado heridos y desplazados, lo que ha llevado a los dirigentes comunitarios a preocuparse por la posible supresión de toda la comunidad cristiana palestina en Gaza y a pedir apoyo a la comunidad cristiana internacional.

La actual guerra israelí contra Gaza es parte de una larga historia de ataques y eliminación de la comunidad cristiana palestina en Gaza, Jerusalén y Cisjordania. Desde 2007 la pequeña pero antigua comunidad cristiana de Gaza se ha reducido de tres mil a alrededor de mil personas que viven hoy en el enclave. En Cisjordania y Jerusalén, la comunidad cristiana palestina más grande, de alrededor de 50.000 personas, ha experimentado una disminución similar en las últimas décadas.

En gran medida, esta disminución de la población se debe a la tensión de la ocupación israelí, el apartheid y el bloqueo de Palestina, y se ha beneficiado de la recepción más favorable brindada por muchos países occidentales a los emigrantes palestinos cristianos, en contraposición a los emigrantes palestinos musulmanes.

Sin embargo, como señala Ramzy Baroud, la eliminación de la comunidad cristiana palestina también conviene a Israel, que “está interesado en presentar el ‘conflicto’ en Palestina como religioso, para poder […] presentarse como un Estado judío bajo asedio de una masa de población musulmana en Oriente Medio”.

“La supervivencia de los cristianos palestinos”, señala Baroud, “no forma parte de la agenda israelí”.

Los dirigentes israelíes combinan regularmente las identidades palestina y musulmana, borrando así a los cristianos palestinos tanto en el discurso como en la práctica. En diciembre del año pasado, por ejemplo, el presidente israelí Isaac Herzog afirmó que la guerra de Israel contra Gaza “tiene como objetivo […] salvar la civilización occidental”, con Israel siendo “atacado por una red yihadista” y “si no estuviéramos allí, seguiría Europa y luego Estados Unidos”.

También en diciembre, Fleur Hassan-Nahoum, teniente de alcalde de Jerusalén, respondió a los informes de ataques de francotiradores israelíes contra la Iglesia de la Sagrada Familia en Gaza diciendo que “no había cristianos” ni “iglesias” en Gaza.

A pesar de sus llamamientos de apoyo, la difícil situación de los cristianos palestinos ha encontrado un notable silencio en Occidente. “¿Por qué el Occidente cristiano ignora el destino de los cristianos palestinos?”, pregunta Daoud Kuttab, quien señala que Biden, “un católico ferviente”, no ha dicho ni hecho nada para proteger a sus compatriotas católicos en Gaza.

El pastor palestino Munther Isaac, pastor luterano en Belén, condenó el silencio de los cristianos en Occidente ante la guerra israelí en Gaza: “Ustedes, nuestros amigos europeos, no quiero volver a oírles sermonearnos sobre derechos humanos o derecho internacional”.

En octubre del año pasado, un grupo de doce organizaciones cristianas palestinas envió una carta colectiva a los dirigentes de la iglesia occidental, afirmando que “vemos con horror cuántos cristianos occidentales ofrecen un apoyo inquebrantable a la guerra de Israel contra el pueblo de Palestina” y “mantenemos a los dirigentes de la iglesia occidental y los teólogos que apoyan las guerras de Israel son responsables de su complicidad teológica y política en los crímenes israelíes contra los palestinos”.

El silencio occidental sobre la difícil situación de los cristianos palestinos contrasta marcadamente con la indignación expresada unos años antes por los ataques a comunidades cristianas minoritarias en Irak y Siria. Entre 2014 y 2015, el Califato Islámico de Irak y Siria lanzó una campaña de acoso, bombardeos, desplazamientos y asesinatos contra comunidades cristianas de la región, incluido el secuestro y asesinato de clérigos cristianos, bombardeó iglesias y monasterios y se apoderó de hogares y propiedades de los cristianos.

Los ataques del Califato Islámico contra los cristianos fueron ampliamente cubiertos en ese momento por los principales medios de comunicación occidentales, y grupos que iban desde Amnistía Internacional y Human Rights Watch hasta el Instituto Cato y los Caballeros de Colón publicaron informes que condenaban los ataques. El Papa Francisco condenó públicamente los ataques del Califato Islámico como genocidio contra cristianos en 2015, y en 2016 la Unión Europea, la Cámara de Representantes de Estados Unidos y el Parlamento británico hicieron lo mismo, condenando todos el genocidio del Califato Islámico cometido contra cristianos en Oriente Medio.

¿Cómo podemos entender este sorprendente doble rasero? Leer el libro de Mahmood Mamdani, “Good Muslim, Bad Muslim”, publicado en 2004, puede resultar útil. En su obra, Mamdani señala la distinción ampliamente establecida en Occidente entre buenos musulmanes, que son “modernos, seculares y occidentalizados”, y malos musulmanes, que son “doctrinarios, antimodernos y virulentos”. Al asociar a los palestinos con la identidad musulmana, y a los musulmanes palestinos con Hamas, los cristianos palestinos quedan parcialmente oscurecidos y tratados como parte de la amenaza terrorista general a la civilización occidental que representan los malos musulmanes. El cristiano palestino se convierte entonces en un mal musulmán (terrorista): “No hay cristianos” en Gaza.

Sin embargo, Mamdani afirma que la principal distinción entre musulmanes buenos y malos no radica en las características culturales o religiosas internas, sino más bien en su postura hacia Estados Unidos y Occidente. Los juicios sobre lo “bueno” y lo “malo” se refieren a identidades políticas, escribe Mamdani, no a identidades culturales o religiosas. “En otras palabras”, como dice sin rodeos Mamdani en otro artículo sobre el tema, “un buen musulmán es un musulmán proestadounidense y un mal musulmán es un musulmán antiestadounidense”.

Para extender el argumento de Mamdani a todas las religiones, los cristianos en Irak y Siria son buenos cristianos que deben ser defendidos, no por ninguna identidad o cultura cristiana inherente, sino porque están siendo atacados por el Califato Islámico (los malos musulmanes), el enemigo de Estados Unidos. Pero los cristianos de Palestina no deben ser defendidos porque tienen la desgracia de ser atacados por Israel, que resulta ser un aliado incondicional de Estados Unidos. De hecho, el cristiano palestino se convierte en un mal cristiano (indescriptible), que se niega a comportarse como si perteneciera a una minoría.

Para ser un buen musulmán o un buen cristiano en Medio Oriente, uno debe asegurarse de que su existencia sea consistente con los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, Occidente e Israel. “Si hay musulmanes buenos y malos”, escribe Mamdani, “entonces se debe tener en cuenta la posibilidad simple pero radical de que también haya occidentales buenos y malos”.

En diciembre del año pasado, el reverendo Munther Isaac, pronunciando su sermón de Navidad en la Iglesia Evangélica Luterana de Belén, hizo la “sugerencia simple pero radical” de revertir la narrativa dominante de cristianos buenos y malos que ha dominado la respuesta occidental a la guerra de Gaza hasta el momento. “La guerra nos confirmó que el mundo no nos reconoce como iguales”, señaló Isaac. “Ni siquiera nuestro parentesco con Cristo nos ha protegido. A sus ojos no somos humanos”.

La Iglesia sudafricana nos enseñó el concepto de “teología de Estado”, definida como la “justificación teológica del status quo basada en el racismo, el capitalismo y el totalitarismo”.

En Estados Unidos, los cristianos americanos “nos envían bombas mientras celebran la Navidad en casa”, señaló Isaac, prueba de que muchos cristianos occidentales han “garantizado que el Imperio tenga la teología necesaria”.

El Sr. Isaac respondió invocando una versión diferente y mejor del cristianismo. “Si Jesús naciera hoy, nacería bajo los escombros de Gaza”, dijo Isaac. “Si nosotros, como cristianos, no estamos indignados por este genocidio”, dijo, “por el uso de la Biblia como arma para justificarlo, entonces hay algo mal en nuestro testimonio cristiano y la credibilidad del Evangelio está amenazada.

Mayssoun Sukarieh https://mondoweiss.net/2024/02/good-christians-bad-christians/

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Hamas amenaza con abandonar la mesa de negociaciones

Anoche Hamas amenazó con abandonar las conversaciones de tregua si no se entregaba rápidamente ayuda adicional a la Franja de Gaza, incluido el norte del enclave, amenazado por una hambruna.

“Las negociaciones no pueden tener lugar mientras el hambre consuma al pueblo palestino. El movimiento pretende suspender las negociaciones hasta que llegue la ayuda al norte de Gaza”, afirmó Hamas en un comunicado difundido por Al Aqsa, el canal del movimiento.

Un dirigente del movimiento palestino confirmó “que los mediadores egipcios y qataríes habían sido informados de la intención de suspender las negociaciones hasta que se proporcionara ayuda en la Franja de Gaza, incluido el norte”.

Las complejas negociaciones sobre una tregua en los combates, la liberación de los rehenes retenidos en Gaza y de los prisioneros palestinos encarcelados por Israel, continúan a través de los países mediadores: Estados Unidos, Egipto, Qatar.

Hamas insiste, entre otras cosas, en un “alto el fuego total” y la retirada de las tropas israelíes de la Franja de Gaza. Netanyahu, cuya guerra pretende “aniquilar” el movimiento palestino de Gaza, rechaza en esta etapa las exigencias de Hamas y habla de una pausa en los combates en lugar de un fin de las hostilidades.

Las declaraciones se producen mientras el ejército israelí se prepara para lanzar una ofensiva sobre la localidad de Rafah, en el extremo sur de la Franja, donde se hacinan 1,4 millones de palestinos, la gran mayoría de personas desplazadas por los combates.

También llegan en un momento en que la población de Gaza está cada día más cerca de la hambruna, especialmente en el norte del territorio, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

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Cometen un crimen de guerra las empresas que realizan sondeos de gas en la costa de Gaza por cuenta de Israel

Las empresas energéticas a las que Israel ha adjudicado licencias para la exploración de gas frente a las costas de Gaza podrían ser condenadas por saqueo de guerra y violación de la soberanía marítima palestina.

El Ministerio de Energía de Israel otorgó derechos de exploración a tres empresas: el gigante energético italiano Eni, la británica Dana Energy y la empresa israelí Ratio Petroleum, tres semanas después del inicio de la guerra de Gaza en octubre.

Tres ONG palestinas (Al Haq, el Centro Palestino de Derechos Humanos y el Centro de Derechos Humanos Al Mezan) han notificado a las empresas que utilizarán “todos los mecanismos legales de manera exhaustiva” si siguen adelante con las perforaciones en las aguas jurisdiccionales palestinas.

Más de la mitad del área para la cual las empresas han obtenido licencias se encuentra en aguas jurisdiccionales palestinas. Las fronteras fueron declaradas en 2015, cuando los palestinos se adhirieron a la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar (UNCLOS), el acuerdo internacional que proporciona el marco legal para todas las actividades marítimas.

En 2019 los palestinos también proporcionaron coordenadas geográficas completas y mapas de la zona para delimitar sus aguas jurisdiccionales.

“Como resultado de la invasión, Israel no puede otorgar válidamente derechos de exploración y usted no puede adquirir válidamente derechos”, afirma la carta dirigida a las tres empresas.

Por su parte, el Centro Legal Adalah, con sede en Haifa, ha pedido al Ministerio de Energía israelí y al Fiscal General que revoquen las licencias otorgadas a dichas empresas.

En una carta enviada también este mes, Adalah afirma que la adjudicación de licencias para las aguas jurisdiccionales, así como otras dos zonas incluidas en la licitación, violan el derecho internacional humanitario y el derecho del mar.

Como es un país sin fronteras, en expansión permanente, Israel no se ha adherido a la UNCLOS y no ha delimitado sus aguas jurisdiccionales. Adalah dice que Israel no puede definir unilateralmente sus fronteras, ni otorgar licencias legalmente para un área sobre la cual no tiene derechos soberanos. “Las medidas tomadas por Israel para establecer los hechos sobre el terreno de esta manera son ilegales y de mala fe”, argumenta Adalah en su carta.

Las cuatro organizaciones que impugnan las adjudicaciones señalan que la licitación promovida por Israel en diciembre de 2022 dejó claro a las empresas que las zonas en cuestión aún no habían sido delimitadas.

Israel trasladó el riesgo de una situación incierta a las empresas. La convocatoria a la licitación establece que las empresas no serán indemnizadas si una parte del área adjudicada se reduce durante el período de validez de la licencia.

La delimitación de las aguas jurisdiccionales

En entradas anteriores ya hemos narrado los descubrimientos de yacimientos de gas en el Mediterráneo oriental que, durante los últimos 15 años han transformado a antiguos importadores de gas, como Egipto e Israel, en exportadores.

Mientras tanto, a los palestinos se les ha impedido perforar en busca de un yacimiento de gas marino descubierto frente a las costas de Gaza en 1999 o llevar a cabo cualquier exploración dentro de sus fronteras marítimas declaradas. Sn embargo, los palestinos pagan 22 millones de dólares al mes a Israel por la electricidad suministrada a Cisjordania y a la Franja de Gaza.

Israel sostiene que las fronteras delimitadas por los palestinos no son válidas y que sólo los Estados soberanos pueden demarcar sus fronteras marítimas. Sin embargo, Palestina es un territorio reconocido por el derecho internacional, en particular como Estado observador en la ONU. Por lo tanto, debería tener derecho a reclamar derechos soberanos y jurisdicción sobre los recursos marítimos igual que cualquier otro Estado. El hecho de que Israel siga ocupando ilegalmente el territorio palestino no debería impedirle ejercer sus derechos.

Dania Akkad https://www.middleeasteye.net/news/gaza-energy-firms-legal-threat-companies-cease-activity-drill-gas-coast

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El Tribunal Internacional de Justicia insta a Israel a implementar ‘inmediatamente’ medidas para prevenir el genocidio de Gaza

Ayer el Tribunal Internacional de Justicia instó a Israel a implementar de manera “inmediata y efectiva” las medidas provisionales que ordenó el mes pasado para prevenir el genocidio de Gaza.

“El Tribunal observa que los acontecimientos más recientes en la Franja de Gaza, y en Rafah en particular, empeoran exponencialmente lo que ya es una pesadilla humanitaria con consecuencias regionales incalculables, como ha indicado el Secretario General de la ONU”, dice un comunicado de prensa del Tribunal en respuesta a la solicitud de medidas adicionales planteada por Sudáfrica.

La “peligrosa situación” en Gaza y Rafah, ciudad en el extremo sur del enclave palestino, “requiere la aplicación inmediata y efectiva de las medidas provisionales indicadas en l resolución de 26 de enero de 2024”, dice el Tribunal, añadiendo que eso “no requiere la indicación de medidas provisionales adicionales”.

“El Estado de Israel sigue obligado a respetar plenamente sus obligaciones bajo la Convención sobre Genocidio y dicho decreto, en particular garantizando la seguridad de los palestinos en la Franja de Gaza”, retiera el principal órgano judicial de la ONU.

Sudáfrica llevó el caso de genocidio contra Israel ante la Tribunal Internacional de Justicia a finales de diciembre de 2023 y pidió que impusiera medidas de emergencia para poner fin al derramamiento de sangre en Gaza, donde han sido asesinados casi 30.000 palestinos desde el 7 de octubre.

Ayer Sudáfrica acogió con satisfacción la decisión del Tribunal Internacional de Justicia. “El Tribunal confirmó nuestra opinión de que la peligrosa situación requiere la aplicación inmediata y efectiva de las medidas provisionales indicadas por el Tribunal en su orden del 26 de enero de 2024, que son aplicables a toda la Franja de Gaza, incluida Rafah”, dijo Clayson Monyela, portavoz sudafricana de Relaciones Internacionales y Cooperación.

En un primer veredicto, emitido el 26 de enero en el caso entre Sudáfrica e Israel por las matanzas de Gaza, el Tribunal Internacional de Justicia ordenó a Israel que tomara medidas para impedir actos de genocidio contra los palestinos.

Según el fallo de la Tribunal Internacional de Justicia, el gobierno Tel Aviv también debe tomar medidas inmediatas y efectivas para permitir la prestación de los servicios básicos y la ayuda humanitaria que el enclave palestino necesita.

No obstante, el Tribunal con sede en La Haya no ordenó un alto el fuego.

Desde el 7 de octubre el ejército israelí ha obligado al 85 por cien de la población de Gaza a desplazarse internamente en un contexto de grave escasez de alimentos, agua, bebida y medicinas, mientras que el 60 por cien de la infraestructura del enclave resultó dañada o destruida, según la ONU.

A pesar de las protestas internacionales, ahora Israel planea una invasión terrestre de Rafah, donde ya hay alrededor de 1,4 millones de refugiados palestinos. Netanyahu prometió “luchar hasta la victoria completa” y eso incluye ejecutar una gran masacre en Rafah.

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Israel está perdiendo esta guerra

Puede parecer absurdo sugerir que un grupo de irregulares armados, de unas pocas decenas de miles, bajo asedio y con acceso limitado a armas avanzadas, pueda ser rival para uno de los ejércitos más poderosos del mundo, apoyado y armado por los Estados Unidos. Sin embargo, un número creciente de analistas estratégicos del establishment advierten que Israel podría perder esta guerra contra los palestinos, a pesar de la violencia catastrófica que ha desatado desde el ataque de Hamas contra Israel el 7 de octubre. Al provocar el ataque israelí, Hamas podría lograr muchos de sus propios objetivos políticos.

Israel y Hamas parecen estar redefiniendo los términos de su competencia política no según el status quo anterior al 7 de octubre, sino según el status quo de 1948. Lo que sucederá después no está claro, pero no habrá vuelta atrás.

Este ataque sorpresa neutralizó las instalaciones militares israelíes, derribó las puertas de la prisión al aire libre más grande del mundo y provocó una matanza atroz en la que murieron unos 1.200 israelíes, entre ellos al menos 845 civiles. La desconcertante facilidad con la que Hamas rompió las líneas israelíes alrededor de la Franja de Gaza recordó a muchos la ofensiva del Tet de 1968. No literalmente: existen enormes diferencias entre una guerra expedicionaria estadounidense en una tierra lejana y una guerra de Israel para defender una ocupación interna, llevada a cabo por un ejército de ciudadanos motivados por una sensación de peligro existencial. Más bien, la utilidad de la analogía radica en la lógica política que subyace a una ofensiva insurreccional.

En 1968 los revolucionarios vietnamitas perdieron la batalla y sacrificaron gran parte de la infraestructura política y militar clandestina que habían construido pacientemente a lo largo de los años. Sin embargo, la ofensiva del Tet fue un momento clave en su derrota ante Estados Unidos, aunque costó un enorme número de vidas vietnamitas. Al organizar simultáneamente ataques espectaculares y de alto perfil contra más de 100 objetivos en todo el país en un solo día, la guerrilla vietnamita armada ligeramente hizo añicos la ilusión de éxito que el gobierno de Johnson ofrecía al público estadounidense. Los estadounidenses comprendieron así que la guerra por la que se les pidió que sacrificaran a decenas de miles de sus hijos era imposible de ganar.

Los dirigentes vietnamitas midieron el impacto de sus acciones militares por sus efectos políticos más que por medidas militares convencionales, como pérdidas de hombres y material o ganancias de territorio. Así se lamentaba Henry Kissinger en 1969: “Hemos librado una guerra militar, nuestros adversarios han librado una guerra política. Hemos buscado el desgaste físico, nuestros adversarios han apuntado al agotamiento psicológico. Al hacerlo, hemos perdido de vista uno de los Máximas cardinales de la guerra de guerrillas: la guerrilla gana si no pierde. El ejército convencional pierde si no gana”.

Siguiendo esta lógica, Jon Alterman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, que no es precisamente dócil, cree que Israel corre un riesgo considerable de perder ante Hamas: “El concepto de victoria militar de Hamas […] apunta a lograr resultados políticos a largo plazo. Para Hamas, la victoria no se logra en uno o cinco años, sino participando en décadas de lucha que fortalezcan la solidaridad palestina y el aislamiento de Israel. En este escenario, Hamas reúne en torno a sí, enojado, a una población asediada en Gaza y contribuye al colapso del gobierno de la Autoridad Palestina al hacer que los palestinos lo vean aún más como un auxiliar ineficaz de la autoridad militar israelí. Mientras tanto, los Estados árabes se alejan marcadamente de la normalización, el Sur Global se alinea fuertemente con la causa palestina, Europa retrocede ante los excesos militares israelíes y estalla un debate en Estados Unidos sobre Israel, destruyendo el apoyo bipartidista del que disfrutó Israel desde principios de los años 1990 hasta el final de la década, a pesar de que no hubo ningún acuerdo entre las dos partes que beneficiara a Israel desde 1970”.

Hamas, escribe Alterman, busca “utilizar la fuerza mucho mayor de Israel para derrotar a Israel”. La fuerza de Israel le permite matar a civiles palestinos, destruir la infraestructura palestina y desafiar los llamamientos mundiales a la moderación. Todo esto promueve los objetivos bélicos de Hamas”.

Las advertencias fueron ignoradas por el gobierno de Biden y los dirigentes occidentales, cuyo apoyo incondicional a la guerra de Israel tiene sus raíces en la ilusión de que Israel era simplemente otro país occidental que se ocupaba pacíficamente de sus asuntos, antes de sufrir un ataque no provocado el 7 de octubre: una fantasía reconfortante para aquellos que prefieren evitar reconocer una realidad en la que fueron cómplices de crear.

Olvídese de los “fallos de inteligencia”. El hecho de que Israel no anticipara el 7 de octubre fue un fracaso político a la hora de comprender las consecuencias de un violento sistema de opresión que las principales organizaciones internacionales e israelíes de derechos humanos han descrito como apartheid.

Hace veinte años, el ex presidente de la Knesset, Avrum Burg, advirtió sobre la inevitabilidad de una reacción violenta. “Resulta que la lucha de 2.000 años por la supervivencia judía se reduce a un estado colonial, dirigido por una camarilla amoral de corruptos que infringen la ley y que son sordos tanto a sus ciudadanos como a sus enemigos. Un estado sin justicia no puede sobrevivir”, escribió en el Herald Tribune internacional.

“Incluso si los árabes inclinan la cabeza y se tragan su vergüenza y su ira para siempre, eso no funcionará. Una estructura construida sobre la insensibilidad humana inevitablemente colapsará sobre sí misma… Israel, que ha dejado de preocuparse por los hijos de los palestinos, no debería sorprenderse al verlos huir llenos de odio y detonar en los centros de escape israelíes”.

Burg advirtió que Israel podría matar a 1.000 hombres de Hamas al día sin resolver nada, porque sus acciones violentas serían la fuente de un cambio en sus filas. Sus advertencias fueron ignoradas, aunque fueron repetidamente justificadas. Esta misma lógica se encuentra hoy en forma de esteroides en la destrucción de Gaza. La abrumadora violencia estructural que Israel esperaba que los palestinos soportaran en silencio significó que la seguridad israelí fuera siempre ilusoria.

Las semanas transcurridas desde el 7 de octubre han confirmado que no puede haber retorno al status quo anterior. Probablemente éste era el objetivo de Hamas cuando organizó sus ataques mortales. Incluso antes de ello, muchos dirigentes israelíes pedían abiertamente que se completara la “nakba”, la limpieza étnica de Palestina; hoy esas voces se han amplificado.

A finales de noviembre, una pausa humanitaria mutuamente acordada permitió a Hamas liberar a rehenes a cambio de palestinos retenidos en prisiones israelíes y aumentar los suministros humanitarios que ingresaban a la Franja de Gaza. Cuando Israel reanudó su asalto militar y Hamas comenzó a lanzar cohetes nuevamente, quedó claro que Hamas no había sido derrotado militarmente. Los asesinatos masivos y la destrucción que Israel ha causado en Gaza sugieren una intención de hacer que el territorio sea inhabitable para los 2,2 millones de palestinos que viven allí y presionar para la expulsión mediante una catástrofe humanitaria. De hecho, el ejército israelí estima que hasta ahora han eliminado menos del 15 por cien de la fuerza de combate de Hamas. Esta campaña ha matado a más de 21.000 palestinos, en su mayoría civiles, incluidos 8.600 niños.

El 7 de octubre y la política palestina

Es casi seguro que el ejército israelí expulsará a Hamas de la dirección de Gaza. Pero analistas como Tareq Baconi, que ha estudiado el movimiento y su pensamiento durante las últimas dos décadas, sostienen que buscó durante un tiempo liberarse de las cadenas de gobernar un territorio separado del resto de Palestina, según las condiciones establecidas por la potencia ocupante.

Hamas ha demostrado durante mucho tiempo su deseo de alejarse de su papel en el gobierno de Gaza, desde las protestas masivas y desarmadas de la Marcha del Retorno en 2018, violentamente reprimidas por el fuego de francotiradores israelíes, hasta los esfuerzos frustrados por Estados Unidos e Israel para transferir el gobierno de Gaza a una Autoridad Palestina reformada, tecnócratas acordados o un gobierno electo, mientras se concentra en reorientar la política palestina en Gaza y Cisjordania en la resistencia al status quo de la ocupación, en lugar de en su custodia. Si una de las consecuencias de su ataque fue la pérdida de la responsabilidad de gobernar Gaza, Hamas podría verlo como una ventaja.

Hamas ha intentado empujar a Fatah por un camino similar, instando al partido gobernante de Cisjordania a poner fin a la colaboración con Israel en materia de seguridad de la Autoridad Palestina (AP) y a enfrentarse directamente contra la ocupación. Por lo tanto, la pérdida del control administrativo de Gaza está lejos de ser una derrota decisiva para el esfuerzo bélico de Hamas: para un movimiento dedicado a la liberación de tierras palestinas, gobernar Gaza comenzaba a parecer un callejón sin salida, al igual que la autonomía limitada permanente en islotes separados lo ha sido para Fatah en Cisjordania.

Baconi dijo que Hamas probablemente se sintió obligado a asumir una apuesta arriesgada para romper un status quo consideraba la muerte lenta para Palestina. “Todo esto no significa que el cambio estratégico de Hamas será considerado un éxito a largo plazo”, escribe en Foreign Policy.

La violenta alteración del statu quo por parte de Hamas bien pudo haber dado a Israel la oportunidad de llevar a cabo una nueva “nakba”. Esto podría conducir a una conflagración regional o asestar a los palestinos un golpe del que tardarían una generación en recuperarse. Lo que es seguro, sin embargo, es que no se volverá a la situación anterior.

Por lo tanto, la apuesta de Hamas fue quizás sacrificar la gestión municipal de una Franja de Gaza asediada para consolidar su estatus como organización de resistencia nacional. Hamas no está tratando de enterrar a Fatah: los diversos acuerdos de unidad entre Hamas y Fatah, particularmente aquellos encabezados por prisioneros de ambas facciones, demuestran que Hamas busca presentar un frente unido. La Autoridad Palestina es incapaz de proteger a los palestinos de Cisjordania de la creciente violencia de los asentamientos israelíes y del control arraigado, y mucho menos responder de manera significativa al derramamiento de sangre en Gaza. Bajo el pretexto del apoyo occidental a Gaza, Israel ha matado a cientos de palestinos, arrestado a miles y desplazado aldeas enteras en Cisjordania, al tiempo que ha intensificado los ataques de colonos respaldados por el Estado. Al hacerlo, Israel debilitó aún más a Fatah entre la población y lo empujó hacia Hamas.

Durante años, los colonos protegidos por el ejército israelí han atacado las aldeas palestinas con el objetivo de obligar a sus residentes a irse y reforzar el control ilegal de Israel sobre el territorio ocupado, pero la expansión de estos ataques desde el 7 de octubre ha hecho palidecer incluso a los cómplices estadounidenses de Israel.

La amenaza de Biden de prohibir las visas a los colonos involucrados en la violencia contra los palestinos de Cisjordania es una evasión: estos colonos están lejos de ser matones individuales; están armados por el Estado y protegidos agresivamente por el ejército israelí y el sistema legal israelí, porque están implementando una política de Estado. Pero incluso la amenaza mal redactada de Biden deja claro que Israel está en desacuerdo con la Casa Blanca.

Hamas tiene una perspectiva panpalestina, no una perspectiva específica de Gaza, y es por eso que quería que el 7 de octubre tuviera efectos transformadores en toda Palestina. Durante la “Intifada de Unidad” de 2021, que tenía como objetivo conectar las luchas de los palestinos en Cisjordania y Gaza con las de los israelíes, Hamas tomó medidas para apoyar ese objetivo. Hoy, el Estado israelí está acelerando esta conexión a través de una campaña de represión paranoica contra cualquier expresión de disidencia de sus ciudadanos palestinos. Cientos de palestinos de Cisjordania han sido detenidos, incluidos militantes y adolescentes que publicaban en Facebook. Israel es muy consciente del riesgo de una escalada en Cisjordania. En este sentido, la respuesta israelí no ha hecho más que acercar a las poblaciones de Cisjordania y Gaza.

Está claro que Israel nunca tuvo la intención de aceptar un Estado palestino soberano al oeste del río Jordán. Por el contrario, está intensificando sus planes de larga data para asegurar su control sobre el territorio. Esta situación y la creciente invasión israelí de la mezquita de Al Aqsa recuerdan que Israel alimenta activamente cualquier levantamiento en Cisjordania, Jerusalén Oriental e incluso dentro de las líneas del 67.

Irónicamente, la insistencia de Estados Unidos en que la Autoridad Palestina tome el control de Gaza después de la devastadora guerra de Israel, así como sus tardías y débiles advertencias sobre la violencia de los colonos, refuerzan la idea de que Cisjordania y Gaza constituyen una sola entidad. La política de 17 años de Israel para separar una Cisjordania flexible, dirigida por una Autoridad Palestina cooptada, de una “Franja de Gaza dirigida por terroristas” ha fracasado.

Israel después del 7 de octubre

La incursión encabezada por Hamas destrozó el mito de la invencibilidad de Israel y las expectativas de tranquilidad de sus ciudadanos, incluso cuando el Estado sofoca las vidas de los palestinos. Unas semanas antes, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu se jactó de que Israel había logrado “gestionar” el conflicto hasta el punto de que Palestina ya no aparecía en su mapa del “nuevo Oriente Medio”. A través de los Acuerdos de Abraham y otras alianzas, algunos dirigentes árabes se han alineado con Israel. Estados Unidos está impulsando el plan, y los presidentes Donald Trump y Joe Biden se centran en la “normalización” con regímenes árabes dispuestos a dejar a los palestinos sujetos a un apartheid israelí cada vez más severo. El 7 de octubre fue un crudo recordatorio de que esta situación era insostenible y que la resistencia palestina constituía una forma de veto sobre los esfuerzos de otros por determinar su destino.

Es demasiado pronto para medir el impacto del 7 de octubre en la política interna israelí. Ha hecho que los israelíes sean más agresivos, pero también más desconfiados de sus dirigentes nacionales después del colosal fracaso de la inteligencia y la respuesta. Fue necesario que las familias de los israelíes detenidos en Gaza se movilizaran masivamente contra el gobierno para obtener una pausa en la acción militar y un acuerdo sobre la liberación de los rehenes. Las divisiones internas dramáticas y de alto perfil sobre los rehenes y lo que se requiere de Israel para asegurar su regreso podrían aumentar la presión para nuevos acuerdos de liberación, o incluso un alto el fuego real, a pesar de la determinación de una gran parte de los dirigentes políticos y militares de continuar con la guerra. La opinión pública israelí sigue confundida, enojada e impredecible.

También está el impacto de la guerra en la economía israelí, cuyo modelo de crecimiento se basa en atraer una alta inversión extranjera directa a su sector tecnológico y otras industrias exportadoras. Las protestas sociales del año pasado y la incertidumbre sobre la crisis constitucional ya han sido citadas como una de las razones de la caída interanual del 68 por cien en la inversión extranjera directa reportada durante el verano. La guerra de Israel, para la que se movilizaron 360.000 reservistas, añade un nuevo nivel de conmoción. El economista Adam Tooze escribe:

“Las empresas tecnológicas de Israel estiman que se ha movilizado una décima parte de su fuerza laboral. La construcción está paralizada por la cuarentena de la mano de obra palestina en Cisjordania. El consumo de servicios se ha desplomado a medida que la gente se aleja de los restaurantes y las reuniones públicas son limitadas. Los registros de tarjetas de crédito indican que el consumo privado en Israel cayó casi un tercio en los días posteriores al estallido de la guerra. El gasto en ocio y entretenimiento cayó un 70 por cien. El turismo, un pilar de la economía israelí, se detuvo repentinamente. Se cancelan vuelos y se desvía carga. En alta mar el gobierno israelí ha ordenado a Chevron detener la producción en el yacimiento de gas natural de Tamar, lo que le cuesta a Israel 200 millones de dólares al mes en ingresos perdidos”.

Israel es un país rico con recursos para capear parte de esta tormenta, pero su riqueza conlleva cierta fragilidad y tiene mucho que perder.

Gaza después del 7 de octubre

Las fuerzas israelíes invadieron Gaza con un plan de batalla, pero sin un plan de guerra claro para Gaza después de su invasión. Algunos dirigentes militares israelíes buscan mantener un “control de seguridad” del tipo que disfrutan en el dominio de la Autoridad Palestina en Cisjordania. En Gaza eso los enfrentaría a una insurgencia mejor preparada y apoyada por la mayoría de la población. En los círculos del gobierno israelí, muchos abogan por el desplazamiento forzado de una gran parte de la población civil de Gaza a Egipto, provocando una crisis humanitaria que haría que Gaza fuera inhabitable. Estados Unidos ha dicho que ha descartado esta posibilidad, pero ningún actor inteligente descartaría la posibilidad de que los israelíes estén buscando perdón en lugar de permiso para llevar a cabo una limpieza étnica a gran escala, en consonancia con los objetivos demográficos a largo plazo de Israel de reducir la población palestina entre el río y el mar.

Los estadounidenses han recurrido a los libros de oraciones de antaño, con la esperanza de que Mahmud Abbas, de 88 años, jefe de la Autoridad Palestina, vuelva a estar a cargo de Gaza con la promesa de una reanudación de la quijotesca “solución de dos Estados”. Pero la Autoridad Palestina no tiene credibilidad, ni siquiera en Cisjordania, debido a su aquiescencia ante la ocupación israelí en constante expansión. Y luego está la realidad: impedir la soberanía palestina genuina en cualquier parte de la Palestina histórica ha sido durante mucho tiempo un punto de consenso entre los dirigentes israelíes, en la mayor parte del espectro político sionista. Y los dirigentes israelíes no necesitan ajustarse a las expectativas de un gobierno estadounidense que bien podría ser destituida el próximo año.

Y han demostrado su capacidad para sacudir al perro incluso si Biden es reelegido. Estados Unidos ha optado por utilizar la maquinaria de guerra de Israel, cuyo destino puede no estar claro, pero ciertamente no es un Estado palestino.

El impacto mundial del 7 de octubre

Puede que Israel y Estados Unidos se hayan convencido de que el mundo ha “pasado página” de la difícil situación de los palestinos, pero las energías liberadas por los acontecimientos ocurridos desde el 7 de octubre sugieren que es todo lo contrario. Los llamamientos a la solidaridad con Palestina han resonado en las calles del mundo árabe y en algunos países han servido como lenguaje codificado de disidencia contra el autoritarismo decrépito. En todo el Sur y en las ciudades de Occidente, Palestina ocupa ahora un lugar simbólico como avatar de la rebelión contra la hipocresía occidental y un orden poscolonial injusto. Desde la invasión ilegal de Irak por parte de Estados Unidos, millones de personas en todo el mundo han salido a las calles en protesta. El movimiento sindical flexionó sus músculos internacionalistas para desafiar los envíos de armas a Israel y recordó su poder para cambiar la historia, y se están utilizando mecanismos legales como el Tribunal Penal Internacional, el Tribunal Internacional de Justicia e incluso los tribunales estadounidenses y europeos para desafiar las políticas gubernamentales que permiten los crímenes de guerra de Israel.

Aterrorizados por un mundo consternado por sus acciones en Gaza, Israel y sus partidarios han vuelto a acusar de antisemitismo a quienes desafiarían la brutalidad de Israel, pero todo, desde marchas masivas hasta la oposición judía abierta y encuestas de opinión sobre el manejo de la crisis por parte de Biden, indica que la solidaridad contra el antisemitismo no sólo es objetivamente falsa; no es convincente.

Varios países de América Latina y África han cortado lazos simbólicamente, y el bombardeo deliberado de una población civil y el acceso a refugio, alimentos, agua y atención médica ha dejado consternados incluso a muchos de los aliados de Israel. La escala de violencia que Occidente está dispuesto a tolerar contra un pueblo cautivo en Gaza ofrece al Sur un crudo recordatorio de las cuentas pendientes con el Occidente imperial. Y cuando el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro canadiense Justin Trudeau imploran públicamente a Israel que deje de “bombardear a bebés”, Israel corre el riesgo de perder incluso el apoyo de partes de Occidente. A corto plazo se ha vuelto difícil para los países árabes y musulmanes mantener, y mucho menos ampliar, los vínculos públicos con Israel.

Ceder ante la respuesta de Israel al 7 de octubre también hizo estallar la burbuja de las fantasías estadounidenses de recuperar la hegemonía en el Sur Global bajo la rúbrica de “somos los buenos”. El contraste entre su respuesta a las crisis ruso-ucraniana e israelí-palestina, respectivamente, ha producido un consenso de que hay hipocresía en el corazón mismo de la política exterior estadounidense, produciendo espectáculos extraordinarios como el de Biden siendo castigado, cara a cara en una reunión de APEC. cumbre, por el Primer Ministro de Malasia, Anwar Ibrahim, por su fracaso a la hora de oponerse a las atrocidades de Israel.

Ibrahim advirtió específicamente que la respuesta de Biden a Gaza había creado un grave déficit de confianza con aquellos a quienes Estados Unidos espera cortejar como aliados en su competencia con Rusia y China. Haber demostrado a los aliados árabes que su jefe en Washington se aliará con Israel, incluso cuando bombardee a civiles árabes, probablemente reforzará la tendencia de los estados del sur a diversificar sus carteras geopolíticas.

La cuestión política

Al romper un status quo que los palestinos consideran intolerable, Hamas ha vuelto a poner la política en la agenda. Israel tiene un poder militar significativo, pero es políticamente débil. Gran parte del establishment estadounidense que apoya la guerra de Israel supone que la violencia que emana de una comunidad oprimida puede erradicarse aplicando una fuerza militar abrumadora contra esa comunidad. Pero incluso el secretario de Defensa, Lloyd Austin, expresó su escepticismo sobre esa premisa, advirtiendo que los ataques de Israel que mataron a miles de civiles corrían el riesgo de empujarlos “a los brazos del enemigo [y reemplazar] una victoria táctica con una derrota estratégica”.

A los políticos y medios de comunicación occidentales les gusta fantasear con que Hamas es una formación nihilista al estilo del Califato Islámico que mantiene como rehén a la sociedad palestina. Pero es un movimiento político multifacético arraigado en el tejido y las aspiraciones nacionales de la sociedad palestina. Encarna una creencia, firmemente afirmada por décadas de experiencia palestina, de que la resistencia armada está en el centro del proyecto de liberación palestino debido a los fracasos del proceso de Oslo y la hostilidad intratable de su adversario. Su influencia y popularidad han crecido a medida que Israel y sus aliados continúan frustrando un proceso de paz y otras estrategias no violentas para lograr la liberación palestina.

La campaña de Israel reducirá la capacidad militar de Hamas. Pero incluso si matara a los principales dirigentes de la organización (como lo ha hecho anteriormente), la respuesta de Israel al 7 de octubre afirma el mensaje de Hamas y su posición entre los palestinos en la región y más allá. Las grandes manifestaciones en Jordania con cánticos a favor de Hamas, por ejemplo, no tienen precedentes. No es necesario aprobar o apoyar las acciones de Hamas el 7 de octubre para reconocer el atractivo duradero de un movimiento que parece capaz de hacer que Israel pague un precio por la violencia que inflige a los palestinos todos los días, todos los años, generación tras generación.

La historia también sugiere una tendencia por la cual representantes de movimientos considerados “terroristas” por sus adversarios (en Sudáfrica, por ejemplo, o Irlanda) aparecen, no obstante, en la mesa de negociaciones cuando llega el momento de buscar soluciones políticas. Sería ahistórico apostar contra Hamas, o al menos una versión de la corriente político-ideológica que representa, haciendo lo mismo siempre y cuando se reconsidere seriamente una solución política entre Israel y los palestinos.

Lo que viene después de la horrible violencia está lejos de estar claro, pero el ataque de Hamas del 7 de octubre obligó a reiniciar una contienda política a la que Israel parece no estar dispuesto a responder más allá de la devastadora fuerza militar contra los civiles palestinos. Y como faltan ocho semanas para la venganza, no podemos decir que Israel esté ganando.

Tony Karon y Daniel Levy https://informationclearinghouse.blog/2024/02/08/israel-is-losing-this-war/13/

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Oriente Medio

Una segunda brigada del ejército israelí se retira de Gaza

El 8410 Batallón de artillería del ejército israelí se retira de Gaza, ha anunciado Daniel Hagari, portavoz de los sionistas. La 55 Brigada paracaidista de reserva del ejército israelí, desplegada en Jan Yunis, también ha abandonado abanado la Franja.

En las últimas 24 horas, 12 soldados israelíes han resultado heridos, elevando a 2.840 el número total de soldados heridos del ejército de ocupación desde el inicio de la guerra, según fuentes israelíes.

Hasta la fecha 1.314 soldados israelíes han resultado heridos durante las operaciones terrestres en la Franja. 347 de ellos son oficiales del ejército israelí y 25 de los cuales se encuentran en estado crítico.

Sin embargo, Hamás sostiene que el número real de soldados israelíes muertos y heridos en Gaza es mucho mayor que las cifras anunciadas por los sionistas.

El portavoz israelí añadió que 545 soldados israelíes resultaron heridos al marge de la guerra, ya sea como resultado de un accidente, fuego amigo o uso indebido de armas.

Durante el último mes, el ejército de ocupación ha retirado gradualmente parte de sus tropas de las zonas de guerra. Desde el 7 de octubre, la resistencia palestina ha asestado fuertes golpes a las unidades israelíes en todos los ejes del campo de batalla.

Además, la 36 División del ejército de ocupación, que incluye la Brigada Golani, brigadas blindadas, artillería e infantería, se retiró recientemente del frente norte y centro de la Franja sin haber logrado ningún objetivo militar ni haber obtenido ninguna victoria.

El 27 de enero, el 7107 Batallón israelí abandonó la Franja de Gaza. También al día siguiente, la Brigada del Comando Kiryat se retiró del norte y este de Jan Yunis, en el sur de Gaza.

El 31 de enero, la radio del ejército israelí informó que la quinta brigada de reserva de la fuerza especial Nahal había abandonado la Franja de Gaza tras la pérdida de efectivos.

El periódico israelí Yediot Aharonot describió entonces la creciente retirada de tropas israelíes de Gaza como un factor importante en la completa derrota de Israel en su guerra.

No obstante, el ejército israelí se dispone a atacar Rafah, la ciudad fronteriza entre Gaza y Egipto donde se agolpan decenas de miles de refugiados palestinos. Netanyahu ha ordenado evacuar la localidad, por lo que se espera un baño de sangre.

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Oriente Medio

Los niños palestinos desaparecen misteriosamente de Gaza

Hind Rajab, una niña palestina de 6 años, estaba en un coche con unos familiares cuando fue alcanzada por el disparo de un tanque en Gaza. Sobrevivió y luego desapareció. Un equipo de la Media Luna Roja Palestina fue a buscarla, pero nadie tiene noticias de ella.

En medio del desastre de la guerra que azota la Franja de Gaza, el misterioso destino de esta pequeña palestina obsesiona a su abuelo. Baha Hamada se acaricia nerviosamente la cabeza. Dice que no ha dormido desde que su nieta desapareció hace una semana.

“Queremos saber qué le pasó, sea lo que sea. No me lo imagino entre los cadáveres, sin comer ni beber y con un frío extremo. Los perros y los gatos se comen los cadáveres”, afirma este hombre de 58 años, ahora desplazado en Rafah, en el extremo sur de la Franja.

“Estaba asustada, aterrorizada y tenía heridas en la espalda, en la mano y en el pie”, añadió sollozando.

La ciudad de Gaza lleva semanas prácticamente aislada del resto del territorio. La ONU denuncia la imposibilidad de entregar ayuda humanitaria a los cientos de miles de personas que permanecen en el norte del territorio palestino, muy afectado desde el inicio de la guerra.

Los combates continúan ahora en el sur. En la ciudad de Gaza, los cadáveres quedaron en las calles, otros quedaron atrapados bajo los escombros de los edificios derrumbados.

En el coche iban la pequeña Hind y Bashar, el hermano de Hamada, su cuñada y muchos otros niños. Intentaban huir de las tropas israelíes en el barrio de Tel Al Hawa, pero se encontraron cara a cara con los tanques israelíes, que abrieron fuego contra el vehículo.

“Llamé a mi hermano y respondió su hija Layan. Dijo que sus padres y sus tres hermanos habían sido asesinados y que ella estaba viva con Hind. Intentamos calmarla, diciéndole que llamaríamos a una ambulancia”, dice el abuelo

Entonces Hind habló con su madre por teléfono. La niña dijo que vio venir la ambulancia. “Su madre escuchó el sonido de la puerta de un auto abriéndose y luego perdió la conexión”. Desde entonces, nada.

Layan, de 15 años, murió como todos los demás en el coche. ¿Pero qué pasa con la niña? El ejército israelí no responde por los disparos contra un coche lleno de civiles. Tampoco sobre el destino de la pequeña y de quienes fueron a buscarla.

La Media Luna Roja Palestina confirma que un operador de la centralita tenía a Layan en la línea y escuchó el sonido de los disparos. Los dos hombres que fueron a buscar a la niña, Youssef Zeino y Ahmed Al Madhoon, enviados al lugar en una ambulancia, nunca más fueron vistos.

“Pedimos a la comunidad internacional que intervenga inmediatamente para presionar a las autoridades de ocupación para que revelen el destino reservado a la pequeña Hind y al equipo de la Media Luna Roja”, ha declarado la organización.

Cinco niños murieron en el coche. Hamada explica que su nieto de tres años y sus padres todavía están vivos, en algún lugar de la ciudad de Gaza. Pero la imagen de la niña lo persigue.

“Hind es mi primera nieta, es parte de mí”, susurra el abuelo. En las fotografías que muestra, la niña aparece sonriente, cuidadosamente peinada y vestida con vestidos coloridos en una casa reluciente. Tiempos que hoy parecen irreales.

Incapaz de contener las lágrimas, Hamada recuerda las últimas palabras que intercambió con ella. “Me dijo que tenía miedo y hambre, y me pidió que fuera a buscarla. Me dijo que los tanques se estaban acercando”.

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Guerra psicológica

El ‘conflicto israelo-palestino’ y otras tergiversaciones de los sionistas

Un grupo de presión prosionista con sede en Washington, Proyecto Israel, contrató a Frank Luntz, un estratega político republicano, para mejorar la imagen de Israel en los medios. La misión de Luntz era lograr que las principales cadenas de comunicación adoptaran el vocabulario israelí como propio.

Sus propuestas fueron publicadas en un informe reservado de 112 páginas titulado “The Israel Project’s 2009 Global Language Dictionary” (*) y desde entonces han contaminado los reportajes y documentales sobre lo que llaman “el conflicto israelo-palestino”. A través de Estados Unidos, la retórica de Luntz es un canon que se ha extendido al resto del mundo.

La retórica del “conflicto” presenta una especie de balanza entre dos poblaciones, palestinos e israelíes, con parecidos recursos políticos y militares. Pero no hay ninguna simetría. Israel es un Estado y los palestinos son una población colonizada.

Luntz recomienda a los propagandistas del sionismo que adapten sus discursos a las diferentes audiencias y busquen las palabras y frases adecuadas que deben usar, así como las que deben evitar.

Lo más importante es hacer frente a las declaraciones palestinas y fingir compasión por ellas. Hay que ir de buenos. En primer plano siempre debe figurar que el deseo de Israel es la paz.

También es importante utilizar el manoseado “ciclo de violencia” que -supuestamente- ha estado azotando a Palestina durante miles de años. Es un “conflicto bíblico” en el que ambas partes tienen alguna parte de culpa.

Los derechos humanos son estupendos, pero el mundo debe tener en cuenta que Israel “necesita seguridad” porque de esa manera los israelíes siempre aparecen como víctimas inocentes, mientras que los palestinos son los “terroristas”.

Para ello es necesario asimilar a los palestinos con Irán, Hezbollah y Hamas, de donde sólo hay paso para llegar a un “fundamentalismo” que siempre da miedo al oyente. Por eso, al hablar de Hezbollah, Hamas o Ansarollah, es necesario repetir que están “vinculados a Irán”, cualquiera que sea lo que eso signifique.

No existe el ejército de ocupación israelí sino IDF o el Tsahal, o sea, fuerzas de autodefensa o de seguridad. Por el contrario, los palestinos “atacan” a los pacíficos pobladores de los asentamientos israelíes.

Lo mismo ocurre con el vocabulario político: a diferencia de sus vecinos árabes, Israel es un Estado democrático, moderno, donde hay elecciones periódicas…

Pero de la misma manera que hay un vocabulario que aparece siempre en los medios, hay otro que no aparece nunca. Por ejemplo, la palabra “ocupación” que convierte al Estado de Israel en lo que es desde el punto de vista histórico: un injerto, un Estado creado por emigrantes en una tierra que no era la suya.

(*) https://www.docdroid.net/fa9h/the-luntz-report-the-israel-projects-2009-global-language-dictionary-pdf