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Estrategia

La Marina británica no puede disparar en el Mar Rojo porque no tiene misiles

El único país que acompaña a la Marina de Estados Unidos en el Mar Rojo es Reino Unido, aunque su presencia es simbólica. El portaaviones Queen Elizabeth no pudo zarpar para unirse a los bombardeos contra los huthíes porque se averió horas antes de la salida.

El buque había costado 3.500 millones de libras esterlinas y se botó sólo unas pocas semanas antes.

Las crónicas dicen que se disponía a participar en “el mayor juego de guerra de la OTAN desde la Guerra Fría” (1). También dicen que lo van a sustituir por otro partaviones, el Príncipe de Gales, que no ha vuelto a entrar en servicio desde julio del año pasado, después de someterse a reparaciones que duraron casi un año.

No es un caso aislado. La Marina británica se ha quedado para los actos oficiales y los ejercicios de tiro al plato. No puede disparar contra los huthíes porque no tiene misiles Tomahawk. La situación es tan desastrosa que los arsenales militares los han reconvertido en pabellones de deportes.

Ahora, tras el ridículo en la Guerra de Ucrania, todo son planes y promesas. Para 2026 anuncian una modernización de la flota. El equipamiento deportivo será sustituido por misiles SEA Ceptor de corto alcance.

Pero entonces, ¿qué hace la Marina británica en el Mar Rojo? Nada, salvo una presencia testimonial detrás de sus jefes del Pantágono. Los ataques los lleva a cabo la fuerza aérea.

De hecho, fueron los aviones Typhoon los que les permitieron llegar a Yemen. Sin embargo, a diferencia de la fuerza aérea estadounidense, que cuenta con un portaaviones, los pilotos británicos tuvieron que recorrer 4.000 kilómetros para alcanzar sus objetivos.

La culpa es de uno de sus buques de abastecimiento, que actualmente se encuentra en pleno dique seco. No es la única espina clavada en el costado de la Marina.

Es significativo en un país isleño cuyo imperio dependió de la Marina desde la Batalla de Trafalgar, por lo menos. La flota de submarinos tampoco tiene personal suficiente y están intentando incorporar nuevos reclutas aceleradamente por medio la red social LinkedIn (2).

(1) https://www.dailymail.co.uk/news/article-13042325/UKs-3-5bn-aircraft-carrier-HMS-Queen-Elizabeth-suffers-mechanical-fault-hours-setting-sail-Nato-exercise-latest-embarrassing-blow-Royal-Navy-months-fix.html
(2) https://www.businessinsider.com/britain-royal-navy-forced-recruit-linkedin-rear-admiral-nuclear-2024-1

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informatica

La Guerra de Ucrania prueba los nuevos drones kamikazes dotados con inteligencia artificial

El antiguo director de Google, Eric Schmidt, ha creado su propia empresa, llamada White Stork, para fabricar drones kamikaze de bajo coste. Los aparatos costarían alrededor de 400 dólares y funcionarían con inteligencia artificial.

Antes de ser utilizados por el ejército estadounidense, los nuevos drones se entregarán a Ucrania, que es laboratorio de ensayo de este tipo de artilugios bélicos.

White Stork se creó para competir con los drones chinos, que son -con diferencia- los más vendidos del mundo. La empresa asegura que los drones son capaces de operar incluso cuando hay interferencias del GPS por la guerra electrónica.

El precio reducido de que estos drones es una verdadera oportunidad para Ucrania, que así podrá garantizar un flujo continuo de armas, sin tener que gastar grandes cantidades de dinero. La guerra se prolonga, los arsenales se reducen y la financiación de los socios de la OTAN también.

La Guerra de Ucrania ha puesto a los drones en los campos de batalla. Se han vuelto imprescindibles, lo mismo que la inteligencia artificial.

La “cigüeña blanca” (White Stork) es el ave nacional y símbolo de Ucrania, un país del que Schmidt es asesor y financiero en tecnología de defensa. En Ucrania, Schmidt ha recorrido fábricas y campos de pruebas y se ha puesto en contacto con otras empresas emergentes en el campo de la guerra.

Hasta setiembre del año pasado la empresa operaba anteriormente como una LLC llamada Swift Beat Holdings. En Estados Unidos una LLC es una empresa que protege a sus propietarios de la responsabilidad personal por sus deudas y obligaciones. En otras palabras, se quedan con los beneficios pero no quieren saber nada de las pérdidas.

La empresa se constituyó en Estonia, que es una especie de “paraíso fiscal” para quines quieren trabajar de manera encubierta para sostener la Guerra de Ucrania.

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Estrategia

Israel no mata más porque su ejército se está quedando sin municiones

Israel ha dejado de bombardear masivamente porque se ha quedado sin municiones. En tres meses de guerra, ha padecido una drástica reducción de sus arsenales. Desde que comenzó la guerra en Gaza en octubre del año pasado, ha lanzado al menos 29.000 bombas.

Estados Unidos ha puesto en marcha toda una logística de guerra para ayudar a su aliado israelí en la matanza. Como resultado, ya ha distribuido 25.000 toneladas de armas. Pero los arsenales se vacían a medida que la guerra se prolonga.

Ante el riesgo de escasez, el Ministerio de Defensa israelí confirmó la compra, por varios cientos de millones de dólares, de proyectiles y misiles guiados (sistemas JDAM firmados por Boeing, con GPS integrado) para una mayor precisión.

Tres grandes empresas israelíes fabricantes de armamento, Rafael, Elbit Systems y Aerospace Industries, han tenido que suspender sus ventas de armas a Ucrania y al resto del mercado internacional para centrarse en la producción de armas para su propio ejército.

Se encuentran entre las 34 empresas más grandes del mundo por ventas y son las empresas militares más grandes de Israel. El año pasado Elbit superó a empresas mundialmente famosas como Rolls Royce y se acercó a los ingresos de Dassault, la empresa de aviación francesa. Entre las empresas que Rafael superó el año pasado se encuentra el gigante japonés Mitsubishi.

Israel se había acostumbrado a operaciones de castigo, incursiones rápidas. Su especialidad era matar y correr a esconderse en los cuarteles. Sin embargo, lo mismo que en Ucrania, las guerras prolongadas son otra cosa. Si, además, van estallando guerras en escenarios diferentes, la escasez de municiones puede convertirse en algo preocupante.

El ejército israelí parece enfrentarse a un riesgo de escasez de armamento que ni siquiera sus socios estadounidenses, mediante sus envíos, están en condiciones de cubrir. Sencillamente no alcanzan para abastecer tantos frentes simultáneamente.

Israel se nutre de su maquinaria de guerra

La Guerra de Ucrania fue una gran oportunidad para la industria de armamento israelí, cuando los suministros militares agotaron los arsenales europeos y los presupuestos de defensa se dispararon.

En abril Alemania compró el sistema de defensa aérea Arrow 3 de Israel, Finlandia el sistema de defensa antimisiles David’s Sling y Grecia misiles Spike y drones.

El sistema de protección activa Trophy ha estado funcionando en Israel desde 2011. Los vende Rafael. Estados Unidos y Alemania lo adquirieron para sus tanques Abrams y Leopard, respectivamente, y en Ucrania ha demostrado sus limitaciones. Especialmente el frente de Zaporiya parece un cementerio repleto de tanques Leopard.

Pero no hay otra cosa mejor, de manera que el año pasado Rafael creó una filial europea especializada, EuroTrophy, en asociación con la alemana Krauss-Maffei Wegmann y la española General Dynamics European Land Systems. Incluso ha trasladado la cadena de suministro de EuroTrophy y EuroSpike al Viejo Continente.

También Elbit ha creado una red de sucursales locales en toda Europa, incluidos Reino Unido, Suecia, Suiza y Alemania.

La industria de guerra israelí está cada vez más vinculada con la europea.

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Guerra psicológica

El ‘comité de los engaños’ que ganó la Guerra Fría

El gobierno de Estados Unidos es un organismo burocrático, casi laberíntico, repleto de oficinas y parásitos que acuden cada mañana a desempeñar sus siniestras funciones lo mejor que pueden. No falta de nada, y menos un tinglado que se llama “comité de los engaños”. Su tarea es exactamente esa: contar mentiras, que luego los medios de comunicación del mundo entero reproducen, lo mismo que las universidades y los “expertos”.

Una de esas mentiras es una toda una fábula de la Guerra Fría, en la que tampoco falta de nada, ni siquiera unos sinestros submarinos soviéticos que asediaban a un pobre país, Suecia, que ni siquiera pertenece a la OTAN… o eso ha parecido siempre.

Ocurría en los años ochenta con mucha frecuencia y la fábula alcanzó su climax en octubre de 1981, cuando un submarino soviético de la clase “whiskey” encalló en la base naval de Karlskrona.

Como toda historieta tiene que tener su gracieta para poner en los titulares de la primera portada, el submarino soviético fue llamado “Whiskey on the Rocks” y, a partir de ahí, los “expertos” y periodstas podían dar rienda suelta a su imaginación. O bien los marinos rusos eran unos torpes, incapaces de conducir un submarino, o bien se trataba de un acto de espionaje a un país neutral…

Lo más obvio no interesaba a nadie: Karlskrona es un fiordo estrecho y de poca produndidad en el que resulta difícil (por no decir imposible) entrar y dar la vuelta para salir.

Tampoco interesó a nadie preguntarse por qué los agregados navales estadounidenses llegaron hasta el submarino antes de que los suecos se enteraran siquiera del incidente.

La intoxicación publicitaria fue tan fuerte que Suecia cambió para siempre. Protestó oficialmente ante la embajada soviética y se convirtió en algo que nunca había sido hasta entonces: un país hostil a la URSS. En tres años el porcentaje de suecos que veían a la URSS como un país enemigo y amenazador aumentó del 25-30 por cien al 83 por cien.

Todo era un engaño, cuidadosamente mantenido y cultivado por los medios más sensacionalistas. El único que había dicho la verdad fue Yuri Andropov, el temible secretario general del PCUS: el submarino no era soviético, la marina soviética no estaba enviando a sus submarinos a las cosas suecas, el submarino era estadounidense.

Naturalmente nadie hizo caso. Era propaganda soviética.

El engaño se mantivo hasta el cambio de siglo, cuando el Secretario de Defensa de Estados Unidos de la época, Caspar Weinberger, reconoció ante la televisión sueca que Andropov había dicho la verdad: regularmente los submarinos de Estados Unidos navegaban por aguas suecas para probar sus defensas costeras.

En 2007 el Secretario de Marina de los tiempos de Weinberger, John Lehman, confesó que la decisión de navegar en aguas suecas había sido tomada por un “comité de operaciones de engaño” que presidía por el director de la Inteligencia Central (DCI), William Casey.

Ese tipo de movimientos no tenía ningún objetivo militar, ni de entrenamiento; sólo se trataba de engañar y, desde luego, Suecia colaboró en el engaño, a pesar de que no formaba parte de la OTAN.

También formaban parte del “comité de los engaños” Dick Allen, Asistente Especial del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, así como un representante del Departamento de Estado y otro de Defensa. Entre las fábulas inventadas por aquel puñado de estafadores estaba la “guerra de las galaxias” de Reagan, que en los años ochenta llenó los titulares de los periódicos.

Según Lehman, el “comité de los engaños” jugó un papel tan importante para ganar la Guerra Fría como los 600 buques de la Armada. Sus embustes persuadieron a los dirigente políticos suecos y europeos para que no colaboraran con la URSS.

El ministro de Marina británico, Keith Speed, confirmó las declaraciones de Weinberger y Lehman. La presencia de submarinos occidentales en las costas suecas era muy frecuente. Se trataba de submarinos diésel-eléctricos de clase Oberon y Porpoise, que eran muy silenciosos. “Se suponía que las pruebas estadounidenses y británicas tendrían lugar en aguas profundas de Suecia, lo que haría que los suecos fueran conscientes del enemigo soviético”.

Durante la Guerra Fría en este tipo de operaciones no participaba la OTAN necesariamente. Se trataba de relaciones de Estado a Estado. Sin embargo, dos comités secretos de la OTAN responsables de Gladio también dirigieron operaciones submarinas encubiertas en aguas escandinavas: el Comité de Planes Clandestinos (CPC), presidido por el propio SACEUR (Comandante Supremo Aliado en Europa), y el Comité Clandestino Aliado (ACC), cuya presidencia se turnaba.

Entre estos últimos también se encontraban países neutrales como Suecia, afirmó Wolbert Smidt, antiguo director de inteligencia operativa del BND alemán. Este último es el único comité aliado que tiene un representante sueco, admitió. Sin embargo, las operaciones de provocación con submarinos con periscopios y velas que comenzaron en 1982 no fueron operaciones de Gladio. Las operaciones en las bases navales y puertos suecos en los años ochenta eran demasiado delicadas para llevarlas a cabo en el marco de la OTAN.

Sin embargo, las operaciones de prueba o engaño nacionales estadounidenses y británicas descritas arriba por Caspar Weinberger, John Lehman y Keith Speed ​​​​y por funcionarios de alto nivel de la CIA y la Marina a continuación podrían beneficiarse de las restricciones al uso de la fuerza desarrolladas para los submarinos bajo el mando de ACC-CPC. Se suponía que estos no serían visibles en la superficie.

El “comité de los engaños”, la CIA y la Marina aprovecharon las pruebas con submarinos en Suecia para engañar. Junto con el asesinato de Olof Palme, fue el instrumento ideal para cambiar la política exterior de Suecia.

La reunión con Weinberger obligó al primer ministro sueco, Göran Persson, a nombrar al embajador Rolf Ekeus para encabezar una comisión “de investigación” sobre las intrusiones soviéticas en aguas suecas. Como sabemos ahora, no había nada que investigar. Todo era una pantomima.

Ola Tunander https://olatunander.substack.com/p/the-deception-committee-part-i

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Estrategia

La maquinaria rusa de guerra alcanza su velocidad de crucero

Han quedado atrás aquellos bulos de los medios asegurando que al ejército ruso se les acababan las municiones en Ucrania. Era al revés. Son los arsenales de la OTAN los que han quedado exhaustos. Estados Unidos ha tenido que obligar a más de 40 países a enviar sus equipos miitares a Ucrania. No ha servido para nada…

La sopresa ha sido mayúscula. Las empresas rusas de armamento han pasado a funcionar las 24 horas diarias y no hay ningún país en el mundo capaz de hacerles sombra.

El año pasado Rusia dejó de suministrar armas a los Estados que apoyan las sanciones y prohibió la reexportación de armas a terceros países. También han prohibido la exportación de cartuchos y municiones del país. Resumiendo los resultados del año pasado, el Ministro de Defensa ruso, Serguei Shoigu, dijo que las empresas de la industria de defensa lograron aumentar la producción de los tipos más corrientes de equipo y armas militares.

En un año las empresas rusas que forman parte de la industria de guerra suministraron a la fuerza aérea (VKS) más de 100 aviones nuevos y renovados, 150 helicópteros y 3.5000 drones, anunció el viceministro de Defensa, Alexei Krivoruchko.

“Se han entregado a las Fuerzas Aeroespaciales más de 100 aviones nuevos y reparados. En particular, aviones tácticos operativos, aviones de transporte militar y aviones de entrenamiento de combate, 150 helicópteros”, dijo Krivoruchko.

El año pasado el VKS también recibió naves espaciales militares, lanzadores de las familias Soyuz y Angara y etapas superiores. También suministraron diez conjuntos nuevos y reparados de sistemas de misiles antiaéreos de regimiento y división y más de 400.000 armas de aviación y misiles guiados antiaéreos.

El misil Sarmat entrará en servicio este año. El RS-28 Sarmat es un sistema de misiles estratégicos ruso de quinta generación basado en silos con un misil balístico intercontinental pesado, de múltiples etapas y de combustible líquido. Autonomía de vuelo: 16.000 kilómetros, carga útil: 5 toneladas.

En diciembre el comandante de las Fuerzas de Misiles Estratégicos, el general Serguei Karakaev, dijo que la creación de Sarmat estaba casi completa. Luego añadió que los planes inmediatos incluyen poner en servicio en combate un regimiento equipado con el nuevo sistema de misiles Sarmat en la división Uzh de las Fuerzas de Misiles Estratégicos en el territorio de Krasnoyarsk.

Las principales tareas también incluyen la llegada de los portamisiles Tu-160M ​​​​y del sistema de misiles antiaéreos S-500 a las Fuerzas Aeroespaciales; a la Armada el crucero submarino nuclear “Príncipe Pozharsky”, submarinos y buques de superficie; aumento de la producción de toda la gama de drones; desarrollo prioritario de sistemas de guerra electrónica, sistemas de artillería, sistemas de reconocimiento y contrabatería.

En la actualidad existe confianza en que todas las tareas fijadas para el año en curso “ciertamente se completarán” y el ritmo de entrega de equipos “en el futuro sólo aumentará”, concluyó el viceministro ruso.

—https://www.kommersant.ru/doc/6477356 https://www.kommersant.ru/doc/6477289

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Estrategia

Bruselas crea un nuevo fondo de inversiones militares

La Guerra de Ucrania ha desnudado las carencias militares europeas. Durante décadas los países del continente se han acostumbrado a siestear a la sombra de Estados Unidos y la OTAN. No sólo no hay una política europea de defensa, sino tampoco una industria, por lo que el continente está perdiendo un área muy lucrativa de negocio.

Para tratar de paliar la laguna, ayer la Comisión Europea y el Fondo Europeo de Inversiones anunciaron la creación de un nuevo fondo de inversiones por valor de 175 millones de euros para apoyar la innovación en materia de defensa y seguridad.

Se llamará Defence Equity Facility y se espera que genere una inversión total de unos 500 millones de euros atrayendo inversiones de fondos de capital riesgo y de capital privado.

A través de este fondo, la Unión Europea pretende desempeñar un papel más importante en la política de defensa y estimular la actividad comercial en este sector, que se considera decisivo ante las amenazas a la seguridad europea y los diversos conflictos armados en la vecindad próxima de Europa.

El fondo se centrará en tecnologías con aplicaciones civiles y militares durante los próximos cuatro años, según la Comisión.

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Estrategia

El retorno de las guerras resolutivas

La Guerra de Corea es probablemente la última que Estados Unidos libró con la intención estratégica y la voluntad de ganarla en el campo de batalla. Como sabemos, terminó en empate. A partir de ese momento, Estados Unidos -que es sin duda el país más belicoso de la era moderna- ha hecho de las fuerzas armadas, y por tanto de la guerra, esencialmente un instrumento de disuasión, destinado a contener a los enemigos comunistas, la URSS y la República Popular de China.

Desde finales de los años cincuenta, Estados Unidos nunca ha considerado seriamente la posibilidad de un choque directo con una de las dos potencias socialistas; obviamente se involucraron en una confrontación para tratar de lograr la supremacía nuclear, e igualmente desarrollaron estrategias y tácticas basadas en un choque hipotético de este tipo, pero eran meras hipótesis. A nivel concreto, esa posibilidad nunca se consideró realmente posible, y mucho menos deseable.

Mientras existió la Unión Soviética, Washington nunca intervino directamente contra Moscú, incluso cuando (Berlín 53, Budapest 56, Praga 68) tuvo un pretexto. Cuando ha habido un enfrentamiento militar, ha sido en la periferia, y siempre ha sido indirecto.

Si miramos la historia del expansionismo militar estadounidense, y la infinita serie de pequeñas guerras que ha impulsado, desde la segunda mitad del siglo pasado en adelante, nos damos cuenta de que las victorias militares, las del campo de batalla y las estratégicas, casi nunca se materializaron.

La estrategia hegemónica de Estados Unidos no se ha basado en la victoria sino en la disuasión.

Todos los países que, por una razón u otra, se vieron obligados a enfrentarse militarmente a Estados Unidos, pagaron un precio muy alto, que casi siempre implicó una devastación casi total. Cuanto mayor y más duradero sea el desafío a la hegemonía, más duro fue el precio a pagar.

Además de las citadas Vietnam y Afganistán, recordamos Irak, Siria, Libia… Todas ellas fueron guerras que, desde un punto de vista estratégico, se pueden dar por perdidas. Pero le costaron a esos países un precio tal que, décadas después, no les han permitido recuperarse.

Es el axioma sobre el que se ha construido la estrategia imperialista estadounidense: simplemente, la disuasión del poder de destrucción.

Respecto a las potencias opuestas -Rusia y China- la estrategia preveía la contención. De ahí la enorme red de bases militares a lo largo de las fronteras de estos dos países, en la creencia de que tarde o temprano se produciría su caída por estrangulamiento, o que -en el peor de los casos- permanecieran confinados en sus propios espacios.

Por eso el ejército de Estados Unidos nunca se preparó realmente para chocar con las fuerzas armadas soviéticas o chinas, y mucho menos con ambas.

Desde este punto de vista, la Guerra de Ucrania representa un punto de inflexión. Estados Unidos y su ejército imperial ampliado, la OTAN, nunca se habían involucrado hasta tal punto en un choque directo con una de las potencias antagónicas. Nunca se involucraron en una guerra que no fuera marcadamente asimétrica. Nunca se involucraron en una guerra de desgaste prolongada.

Estados Unidos no estaba preparado estratégicamente (capacidad de producción de guerra industrial, reservas de armas y municiones), no estaba preparado para el combate (sistemas de armas nunca probados en el campo, falta de conocimiento de las capacidades del enemigo), tampoco estaba preparado doctrinalmente (estrategias y tácticas, estructuración de las fuerzas armadas, sustancialmente idénticas a las de conflictos asimétricos anteriores).

La guerra ruso-ucraniano marca, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la transición a una fase en la que la disuasión no disuade, el campo occidental está en crisis y las fuerzas imperialistas son insuficientes.

Ese paso, parcialmente oscurecido por el difícil conflicto político interno del país hegemónico, requiere una reconversión radical internacional de las políticas imperialistas, que necesariamente debe implicar tanto el plan operativo logístico-estructural, como el operativo más específicamente militar. Es un proceso que no puede completarse en poco tiempo y que, por lo tanto, abre un interludio en el que la capacidad del aparato militar ya no puede ejercer su histórica función disuasoria y ya no es capaz de pasar a uno en el que la disuasión sea reemplazada por la capacidad de derrotar al enemigo en el campo.

El cambio en el marco estratégico, del que la crisis militar estadounidense es en parte producto, pero que al mismo tiempo su causa, acaba por tanto determinando una inestabilidad extrema. Lo que está sucediendo en Palestina es la manifestación más evidente. Afectará los tiempos y las formas en que Estados Unidos intentará responder a la crisis. Lo podríamos resumir como el paso de la guerra como disuasión a la guerra como solución. Estados Unidos debe ganar la próxima guerra, debe derrotar a un enemigo que, hasta ahora, se ha mostrado claramente superior en el terreno militar.

Enrico Tomaselli https://giubberosse.news/2023/12/29/il-ritorno-della-guerra-risolutiva/

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Estrategia

El ejército alemán no es capaz de desplegar una brigada blindada en Lituania

El 18 de diciembre el ministro de Defensa lituano, Arvydas Anusauskas, y su homólogo alemán, Boris Pistorius, firmaron un acuerdo para mantener una brigada blindada del ejército de tierra alemán en Lituania de manera permanente. “El flanco oriental se ha desplazado ahora hacia el este y es deber de Alemania protegerlo”, argumentó Pistorius, celebrando un “acuerdo histórico”.

La brigada debía estar formada por dos unidades ya existentes, a saber, el Panzergrenadierbataillon 122 (un batallón blindado de infantería) y el Panzerbataillon 203 (otro batallón blindado. Ambas se complementarían con un batallón rotativo. Sus primeros efectivos deberían enviarse a Lituania, como muy pronto, en 2025, con el objetivo de declararlo en pleno funcionamiento dos años después.

Sin embargo, el general Alfons Mais, comandante del ejército de tierra (Heer), alberga dudas sobre la viabilidad del proyecto y las ha expresado en una carta dirigida al jefe del Estado Mayor del Bundeswehr, el general Carsten Breuer (*).

“La cobertura es simplemente demasiado pequeña”, afirmó el general Mais en su carta. Claramente, el despliegue de la Panzerbrigade 42 en Lituania obligará a desnudar a un santo para vestir a otro… Y nuevamente, no es seguro que tenga un traje completo para eso”.

“Sólo el 60 por cien del ejército está suficientemente equipado. La situación no hará más que empeorar a medida que Alemania implemente su plan de desplegar una brigada de 5.000 efectivos en Lituania de aquí a 2027. Crear una nueva brigada grande sin inversión adicional reduciría esta cifra al 55 por cien”. Mientras tanto al ejército de tierra le falta de todo, “de la A a la Z, de artillería a tiendas de campaña”.

“Desafortunadamente, no puedo dejar de subrayar una vez más que los recursos materiales del ejército […] son ​​actualmente más que marginales y seguirán estando insuficientemente financiados en el futuro, a pesar de todos los esfuerzos positivos”, añade el general Mais.

La carta destaca que, además, no todos los costos generados por el despliegue de la Panzerbrigade 42 se han tenido en cuenta. Así, todavía no se ha previsto ningún presupuesto para financiar las unidades de apoyo necesarias para su correcto funcionamiento.

No es la primera vez que el general Mais hace sonar la alarma. En abril, en una nota interna publicada por el diario Bild, advertía que el ejército de tierra no puede cumplir con sus obligaciones en la OTAN y que, debido a su insuficiente equipamiento, no es capaz de “soportar combates de alta intensidad”.

El jefe del Bundeswehr comparte esa opinión. “Puede que algún día tengamos que librar una guerra defensiva”, pero “el ejército alemán aún no está suficientemente equipado para ello”, escribió el 10 de diciembre en el diario Frankfurter Allgemeine.

En noviembre Pistorius prometió hacer del Bundeswehr la “columna vertebral de la defensa colectiva en Europa”. El canciller alemán, Olaf Scholz, dijo algo parecido un año antes, prefiriendo la expresión “piedra angular”. El fondo especial de 100.000 millones de euros debía ayudar. Sólo que, por el momento, el ejército de tierra no ha visto mucho de ese dinero, que se ha gastado en adquirir cazabombarderos F-35A, helicópteros Chinook CH-47F, aviones de patrulla marítima Poseidon P-8A y el sistema de defensa aérea Arrow 3.

(*) https://www.spiegel.de/politik/deutschland/bundeswehr-brigade-fuer-litauen-top-general-alfons-mais-warnt-vor-ueberlastung-des-heers-a-97e5a631-ca9c-4c15-8efb-ce79cd2f67e5

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El número de cazas rusos interceptados por la OTAN se ha reducido a la mitad

En el momento de la anexión de Crimea en marzo de 2014, la actividad de las fuerzas aeroespaciales rusas cerca de los países miembros de la OTAN se intensificó, particularmente en la región del Báltico. Ese año se llevaron a cabo 400 interceptaciones, en particular como parte de la misión de Policía Aérea del Báltico, lo que representó un aumento del 50 por cien en comparación con 2013.

Posteriormente, la aviación militar rusa mantuvo más o menos su actividad a ese nivel. Pero en 2021 se registró un descenso, ya que los aviones de combate de la OTAN sólo tuvieron que realizar alrededor de 290 despegues en alerta para interceptar aviones que volaban cerca de las fronteras de la Alianza, con el transpondedor apagado y sin haber presentado previamente un plan de vuelo.

Con las tensiones generadas por la guerra en Ucrania y la mayor presencia de la OTAN en su flanco oriental, el número de interceptaciones de aviones rusos aumentó significativamente, con nada menos que 570 intervenciones, principalmente, de nuevo, en el Mar Báltico.

Este año, según las cifras que acaba de publicar el Mando Aéreo Aliado, las fuerzas aéreas de los miembros de la OTAN despegaron 300 veces en respuesta a la presencia de aviones militares rusos. Esto marca una disminución del 47 por cien en comparación con el año pasado.

Este año, en toda Europa, las fuerzas aéreas de la OTAN llevaron a cabo más de 300 incursiones de alerta para interceptar aviones militares rusos que se acercaban al espacio aéreo de la Alianza, la mayoría de ellos aviones que habían sido interceptados sobre el Mar Báltico.

Las violaciones del espacio aéreo de la OTAN por parte de aviones militares rusos han seguido siendo raras y generalmente de corta duración.

La caída en las intercepciones de aviones militares rusos se debe sin duda a un menor tráfico hacia el enclave -fuertemente militarizado- de Kaliningrado.

La OTAN también mantiene una importante actividad aérea alrededor de Rusia, particularmente con fines de inteligencia. En ocasiones, esto puede dar lugar a incidentes, como lo demuestra la colisión entre un dron estadounidense MQ-9 Reaper y un Su-27 Flanker ruso sobre el Mar Negro el pasado mes de marzo.

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El armamento nuclear de Estados Unidos en Europa

Hoy en día se estima que hay alrededor de 200 armas nucleares tácticas estadounidenses desplegadas en Europa. Su presencia se admite oficialmente en los documentos de la OTAN, aunque las cifras, ubicaciones y otros datos que les conciernen son secretos. Se trata de bombas de tipo B61, llamadas “de gravedad”, es decir, diseñadas para ser transportadas en aviones de doble capacidad, es decir, aptas tanto para armas convencionales como nucleares, y lanzadas por encima de su objetivo.

Se encuentran almacenadas en Alemania (en la base aérea de Büchel), en Italia (Aviano y Ghedi Torre), en Bélgica (Kleine Brogel), en Holanda (Volkel) y en Turquía (Inçirlik), bajo el control de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Hasta hace muy poco el número de bombas nucleares estacionadas en Europa ha ido disminuyendo drásticamente desde la década de los setenta. Al mismo tiempo el nivel de alerta de los aviones de doble capacidad también se ha debilitado considerablemente. Ahora se mide en meses, en lugar de semanas, días o minutos.

El papel de las bombas estadounidenses en Europa hoy sirve -sobre todo- para aparentar que el “vínculo atlántico” se mantiene, lo mismo que el “paraguas”, es decir, que Estados Unidos protege a los países europeos con sus armas nucleares. Según el manual estratégico de la OTAN, “las fuerzas nucleares con base en Europa y destinadas a la OTAN constituyen un vínculo político y militar esencial entre los miembros europeos y norteamericanos de la Alianza”.

En realidad tal vínculo no existe. Las bombas nucleares no son un asunto de la OTAN sino de Estados Unidos exclusivamente. Estados Unidos no comparte su armamento nuclear con Europa. Las que tiene almacenadas en el continente son una extensión de Estados Unidos fuera de su territorio. No sólo no añaden nada a la seguridad europea sino que son un imán que convierte a los países del Viejo Continente en un objetivo militar legítimo para terceras potencias, es decir, para Rusia. Europa es rehén de las bombas nucleares que Estados Unidos tiene en el continente.

Un componente esencial del armamento nuclear es la dispersión. Las bombas deben estar repartidas por lugares remotos para obligar al adversario a repartir sus fuerzas. En otras palabras, Estados Unidos instala bombas en Europa para garantizar su propia seguridad. Obviamente, prefiere que las bombas caigan sobre Europa que sobre su propio territorio.

Estados Unidos es el único país del mundo que tiene desplegadas armas nucleares fuera de sus fronteras. Sin embargo, la “no proliferación” es la piedra angular de la arquitectura internacional en materia nuclear. Tanto Estados Unidos como los países europeos infringen el derecho internacional al emplazar armas nucleares en el continente.

La URSS hizo algo parecido cuando en 1962 llevó armamento nuclear a Cuba, con una pequeña gran diferencia: que el Tratado de No Proliferación Nuclear aún no se había firmado. Su aprobación se selló, entre otras cosas, para que las potencias nucleares no pudieran instalar armas nucleares en otros países.

Las bombas de gravedad tácticas en Europa están desfasadas, desde el punto de vista de la técnica militar, incluidas las nucleares. ya no tienen prácticamente ningún uso militar. Los grandes bombarderos estadounidenses B61 tienen muy pocas posibilidades de acercarse a su objetivo, y menos para descar bombas de gravedad encima.

De ahí que este tipo de armamento se haya reducido en los últimos años, sin necesidad de firmar ningún acuerdo sobre desarme. Durante las elecciones presidenciales de 2008, un belicista consumado, John McCain, incluyó una novedad en su programa electoral para “explorar, en consulta con los aliados y en paralelo con Rusia, formas de reducir y, con suerte, eliminar los despliegues de armas nucleares tácticas en Europa”.

Aquel mismo año nombraron a Ivo Daalder como embajador estadounidense ante la OTAN. Escribió un artículo titulado “La lógica del cero. Hacia un mundo sin armas nucleares”, publicado en la revista Foreign Affairs.

También nombraron al general James L. Jones como asesor de seguridad nacional del Presidente de Estados Unidos. Había sido comandante supremo de las fuerzas aliadas en Europa y conocido opositor al estacionamiento de bombardeos B61 en el Viejo Continente.

En la OTAN cada vez se escuchan más claramente este tipo de declaraciones, incluso en nombre del “pacifismo”. En la cumbre de Estrasburgo se oyeron frases como las siguientes: “La disuasión, que se basa en una combinación adecuada de capacidades nucleares y convencionales, sigue siendo un elemento central de nuestra estrategia general. La OTAN seguirá desempeñando su papel en el fortalecimiento del control de armas y la promoción del desarme nuclear y convencional de conformidad con el Tratado sobre la no proliferación de las armas nucleares, así como los esfuerzos de no proliferación”.

El manoseado artículo 5 de los Estatutos de la OTAN, que establece la defensa mutua (“el ataque contra uno es el ataque contra todos”), desempeña el papel de cortina de humo. El arsenal nuclear de Estados Unidos y la OTAN es garantía suficiente para disuadir de un ataque contra cualquiera de los Estados miembros.

Es justamente al revés pero, en cualquier caso, sólo habría defensa mutua si así lo deciden todos los socios por unanimidad. En otras palabras, la OTAN sólo pone en marcha el artículo 5 si Estados Unidos es capaz de persuadir a sus socios para que se sumen a la “causa común”.

Cuando se redactó el artículo 5 la cuestión más polémica fue precisamente lo que, en su momento, se llamó “juramento”. Los europeos querían un compromiso automático de defensa por parte de Estados Unidos, algo que es imposible. Estados Unidos no se compromete nunca a nada y no defiende a nadie que no le interese defender. El artículo 5 lo que dice es que en caso de ataque, las partes “acuerdan que cada una de ellas ayudará a la parte o partes así atacadas tomando inmediatamente, individualmente y de acuerdo con las otras partes, las medidas que considere necesarias”.

Cada país miembro decide por su su cuenta si se une a la “defensa muta” o, lo que es lo mismo, la seguridad no es colectiva, salvo que así se decida por unanimidad. Por si se suscita alguna duda, se pueden reproducir las palabras del director de la MDA (Agencia de Defensa de Misiles) estadounidense durante una audiencia en el Congreso: la defensa antimisiles “fortalece nuestra capacidad de defender nuestros intereses en el extranjero”.