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Estrategia

La OTAN activa la fuerza de respuesta rápida en Rumanía

La situación empieza a tomar una nueva dimensión en el este de Europa. El Mando Aliado Conjunto de la OTAN ha anunciado la activación de la Fuerza de Respuesta Rápida y la creación de un nuevo grupo de combate en Rumanía (*).

El 24 de marzo, tras la cumbre de Bruselas, la OTAN acordó reforzar el flanco oriental de la alianza mediante el despliegue de cuatro grupos de combate en Rumanía, Bulgaria, Hungría y Eslovaquia.

El presidente de Rumanía, Klaus Iohannis, informó al Parlamento que había aprobado el despliegue en el país del batallón estadounidense Stryker y de un grupo de cazas estadounidenses F-35 para las necesidades de la OTAN en materia de defensa.

El refuerzo militar de la Alianza en Rumanía coincide con una probable extensión de la Guerra de Ucrania a Transnistria y Moldavia.

Las tropas ucranianas del frente occidental ya se han concentrado cerca de este enclave ruso, mientras que el objetivo de Rusia es unir las fuerzas del Donbas y Crimea con Transnistria, bloqueando el acceso de lo que queda de Ucrania al Mar Negro y al Mar de Azov. Esto sugiere que Odesa está incluida en la operación militar rusa.

La OTAN ha desplegado fuerzas de combate y equipos militares en los países bálticos y Polonia, donde se encuentra el cuartel general operativo de la OTAN en Ucrania, Rumanía y Bulgaria.

La OTAN ha entregado mercenarios y armas a los países de Europa oriental para alimentar una guerra por delegación contra Rusia.

El lunes la Presidenta de Moldavia, Maia Sandu, se reunió con el senador estadounidense Steve Danes en Chisinau, la capital del país. El secretario de Estado de Estados Unidos, Anthony Blinken, también visitó Chisinau el 6 de marzo.

(*) https://www.nato.int/cps/fr/natohq/news_192695.htm

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Estrategia

La entrega masiva de armamento a Ucrania estaba prevista antes de la guerra

Como ya informamos en una entrada anterior, el Congreso de Estados Unidos ha aprobado un proyecto de ley de préstamo y arriendo para entregar armas a Ucrania que debe ser firmado por Biden para su entrada en vigor. El pretexto de dicha ley es la “protección de la democracia” en Ucrania, aunque el acuerdo lo que persigue es facilitar la entrega de equipos y materiales militares al gobierno de Kiev.

Lo mismo que las sanciones económicas, el proyecto de ley estaba redactado y preparado antes del comienzo de la guerra el 24 de febrero. Se presentó al Congreso el 19 de enero, un mes antes.

La paz no entra en los cálculos de Estados Unidos, ni siquiera a medio plazo. A los imperialistas les interesa la militarización de Ucrania y los superbeneficios derivados del aumento de los pedidos de defensa. Si el programa de préstamo y arriendo dura lo suficiente, Ucrania estará pagando por el armamento durante décadas.

La principal característica de las entregas de préstamo y arrendamiento es que Estados Unidos podrá transferir cualquier equipo militar a Ucrania más rápidamente y en mayor cantidad que antes. Por su parte, Kiev no pagará la factura inmediatamente, sino varios años después. La “gama completa de recursos” a la que se refiere el promotor del proyecto de ley, el senador John Cornyn, incluye armas pesadas, tanques y aviones.

Estados Unidos buscaba una excusa para militarizar las fronteras de Rusia. El proyecto de ley es una de las muchas medidas agresivas adoptadas por los países de la OTAN para obligar a Rusia a militarizar el otro costado de la frontera.

Desde 2014, solo Estados Unidos ha enviado miles de millones de dólares para armas, equipos militares y formación especializada. En los últimos meses, las armas occidentales han estado entrando en Ucrania en un flujo constante, de forma ostentosa, para que todo el mundo lo pueda ver.

La ley de préstamo y arriendo fue un programa especial por el que Estados Unidos prestó dinero y alquiló equipo militar, maquinaria e incluso alimentos a los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Desde marzo de 1941 hasta agosto de 1945, Estados Unidos proporcionó a la coalición antihitleriana más de 50.000 millones de dólares en ayuda gracias el programa de préstamo y arriendo.

Al facilitar la venta de armas considerablemente, los arsenales de Estados Unidos se pueden vaciar en muy pocos meses, relanzando la faricación de más y mejores armas.

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Economía

La economía estadounidense no puede sobrevivir sin alguna guerra

Estados Unidos ha presionado a los gobiernos europeos para que aumenten sus gastos militares hasta el dos por ciento de su PIB. La mayor parte de ellos ha procedido como el gobierno de coalición entre PSOE y Podemos, corriendo solícitos a cumplir las exigencias de Estados Unidos, como buenos vasallos.

Al mismo tiempo, los gobiernos vacían de chatarra sus arsenales militares, enviándolos a Ucrania, para justificar más compras de armas. Es una sustitución del óxido militar por algo más moderno, a la altura de los tiempos.

Los aumentos presupuestarios benefician a los traficantes de armas, entre los que destaca el Pentágono. Las remesas a Ucrania también. Sin embargo, en época de bancarrota económica muchos países no pueden gastar ni un céntimo más. Washington ha salido en su ayuda aprobando un programa de préstamos y arriendo similar al establecido durante la Segunda Guerra Mundial.

Entonces el programa se financió con las reservas de oro de los países que se acogieron a él, así como con créditos obtenidos de los bancos estadounidenses.

La historia se repite. El Congreso estadounidense acaba de aprobar un programa de arrendamiento para Ucrania que inundará este país y todos los países de Europa del este amigos de la OTAN con una enorme cantidad de armas.

Es parte integrante del plan de recuperación económica de Estados Unidos y confirma el papel central de la guerra en su sistema económico. La economía estadounidense no puede sobrevivir sin la guerra y la actual ofrece más perspectivas de recuperación que los mecanismos de estímulo que han venido implementado hasta la fecha.

La Guerra de Ucrania y el rearme mundial son un salvavidas para una economía estadounidense en bancarrota. Es un nuevo Plan Marshall, una una oportunidad crucial para dilatar lo inevitable.

También es un buen momento para reafirmar su hegemonía frente a las potencias europeas. Los préstamos de guerra no los va a pagar sólo Ucrania, que es un Estado fallido, sino los aliados de Washington.

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Estrategia

OTAN: una semana de juegos de guerra digital contra Rusia

Esta semana especialistas informáticos que representan a 30 países miembros de la OTAN han llevado a cabo ejercicios de guerra digital en “Berylia”, una nación insular ficticia del Océano Atlántico Norte.

Los juegos de guerra, denominados “Locked Shields” (1) por el Centro de Excelencia para la Ciberdefensa Cooperativa (CCDCOE) de la OTAN, han sido calificados por la Alianza como “el mayor ejercicio cibernético internacional con fuego real”. La OTAN organiza cada año estos ejercicios, que en esta ocación se han celebrado durante una semana en Estonia, siempre muy cerca de Rusia.

Berylia no existe, los juegos son virtuales y las explicaciones de los informáticos son mentira. En plena de Guerra de Ucrania dicen que se preparan para un ataque informático ruso, cuando lo cierto es que, entre otros objetivos, tratan de mejorar el control de la información. “Buscamos replicar problemas del mundo real”, dijo el año pasado Adrian Venables, investigador de la Universidad Tecnológica de Tallin, Estonia. “Sigue siendo muy técnico, pero [incluye] también aspectos de la información, la vertiente de los medios sociales y cómo se manipula a la gente en términos de percepción e influencia” (2).

No se puede ser más claro: quien maneja los medios de comunicación mundiales es la OTAN, que todos los años entrena a sus peones a conciencia, sobre todo cuando la guerra no es un juego sino una realidad.

Pero el masivo lavado de cerebro no es el único aspecto de los juegos de guerra. Los participantes tuvieron que defenderse de más de 4.000 ataques diferentes y mantener 150 complejos sistemas informáticos por equipo. Los atacantes formaron el “equipo rojo” y se les encomendó la tarea de comprometer diversos sistemas de Berylia, como las redes eléctricas, el control de misiones por satélite, las defensas aéreas, las plantas de tratamiento de agua, las radios de uso militar y las comunicaciones móviles.

Los ataques informáticos ficticios habían dejado las telecomunicaciones civiles y militares casi a cero. Con el caos resultante, la opinión pública del país se preocupa y estallan protestas masivas. Los países de la OTAN se enfrenten, pues, a “múltiples eventos hostiles” que tienen como objetivo los sistemas informáticos militares y civiles.

“El ejercicio de este año es significativo para los países participantes porque sus unidades de ciberdefensa han estado en alerta máxima desde el comienzo de la guerra en Ucrania”, dijo un portavoz del CCDCOE, un organismo que “ha demostrado un grado de cooperación con Ucrania en el pasado y seguirá haciéndolo en el futuro”, añadió.

Los juegos de guerra cibernéticos no son especialmente nuevos en el sector de la defensa, aunque se han generalizado entre las empresas privadas en los últimos años. La OTAN tiene previsto basarse en la “situación geopolítica actual” para desarrollar escenarios realistas a los que la ciberguerra debe responder rápidamente.

Los ejercicios de este año incluyen una simulación de los sistemas de gestión de reservas y de mensajería financiera de un banco central. Los participantes también tuvieron que responder a incidentes en los que estaba implicada una plataforma de comunicaciones móviles 5G autónoma considerada como infraestructura crítica, una primicia en los juegos.

El director del Centro de Ciberseguridad de la OTAN, Ian West, dijo que los ejercicios estaban diseñados, en parte, para ayudar a los países a comunicarse entre sí cuando los ataques se dirigen a una pieza de tecnología compartida (3).

Estos juegos de guerra no se juzgan en una escala binaria del tipo “¿Sobrevivió la infraestructura del país a un ciberataque devastador?” Hay una especie de escalafón por puntos, como en la olimpiadas. Suecia salió victoriosa de los ejercicios de los “Locked Shields” del año pasado, mientras que Finlandia y la República Checa se llevaron la plata y el bronce respectivamente.

Si de la ficción pasamos a realidades, como la Guerra de Ucrania, el acceso a internet ha sido prácticamente igual que siempre. Los ucranianos han podido mantenerse en contacto y organizarse, tanto militarmente como entre los civiles. Internet les ha permitido realizar grandes campañas propagandísticas, como la matanza de Bucha, porque Rusia no ha llevado a cabo ninguno de los ciberataques que estaban previstos en los ejercicios de la OTAN.

(1) https://ccdcoe.org/news/2022/locked-shields-2022-exercise-to-be-launched-next-week/
(2) https://www.youtube.com/watch?v=oHmVjwKi1P8
(3) https://www.wsj.com/articles/nato-cyber-game-tests-defenses-amid-war-in-ukraine-11650274203

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Estrategia

La Guerra de Ucrania fomenta la exportación de armas desde Israel

Las exportaciones militares de Israel ascendieron a 9.000 millones de dólares el año pasado, frente a los 8.300 millones de 2020, es decir, el 3 por cien del gasto militar mundial. Se espera que estas exportaciones vuelvan a aumentar este año debido a la Guerra de Ucrania.

Israel es ahora el décimo exportador de armas del mundo. Algunas de las exportaciones de armas de los últimos años se han dirigido a los Estados árabes del Golfo, que han adquirido armas y sistemas de vigilancia sin publicidad, incluso antes de los acuerdos públicos de la llamada “normalización”. A principios de 2020 pagaron a Israel 800 millones de dólares por estas entregas, incluida la informática software de defensa y el ataque electrónico.

La reciente cumbre del Neguev también dará lugar a más ventas de armas al mundo árabe, ya que los regímenes tienen presente el desarrollo nuclear de Irán. Es probable que se ofrezca el infame programa espía Pegasus a cambio de los sobrevuelos israelíes.

La cuota de Europa en las exportaciones de armas de Israel es del 30 por cien; Asia y la región del Pacífico representan el 44 por cien; América del Norte compra el 20 por cien y el resto se reparte entre América Latina y África. La Guerra de Ucrania significa que más armas israelíes se dirigirán a Europa, en competencia con la industria armamentística estadounidense, de la que Europa importa actualmente el 54 por cien del total de sus armas y sistemas de seguridad.

El anuncio de Alemania de aumentar en 100.000 millones de euros anuales su presupuesto de defensa fue seguido con interés por Israel. Se espera que exporte misiles antitanque y blindajes a los alemanes, que a su vez venden submarinos a los israelíes.

Se espera que el mayor presupuesto de defensa de Suecia compre decenas de millones de dólares en proyectiles para tanques a Israel, y Gran Bretaña seguirá su ejemplo, a pesar de que ha recortado drásticamente su presupuesto de defensa en las últimas décadas. Mientras continúan las discusiones sobre su aumento, los británicos han comprado equipo militar por valor de unos 11 millones de libras a fabricantes israelíes.

India es el segundo importador de armas del mundo, por delante de Egipto, Australia y China. India argumenta que no tiene más remedio que armarse contra China, cuyo poderío militar y económico va en aumento. Las exportaciones israelíes a India ascienden a 1.000 millones de dólares al año. Israel permite a los indios fabricar y exportar aviones no tripulados y municiones de diseño israelí a todo el sudeste asiático. Se cree que los sistemas láser que se están desarrollando en Israel también acabarán en India.

Coincidiendo con el estallido de la guerra en Ucrania, Israel celebró su feria anual de armas, con delegaciones de muchos países con un historial de derechos humanos espantoso.

Las armas y la munición israelíes se prueban sobre el terreno contra los palestinos en los territorios ocupados, como reveló Yotam Feldman en su documental de 2013 The Lab. Por eso a Israel le interesa mantener su brutal ocupación militar: beneficia a la industria armamentista.

El Estado ocupante espera que la última guerra en Europa acelere las necesidades de armamento de los gobiernos europeos, en beneficio de Israel, que está a punto de sacar mucho dinero de la crisis de Ucrania, y no sólo de Europa. Mantiene amplias relaciones militares con 130 países que llevan décadas invirtiendo en armas israelíes a través de importaciones, exportaciones, formación y otros tipos de cooperación en materia de seguridad y militar.

No existen restricciones legales relacionadas con los derechos humanos a la hora de autorizar las exportaciones de armas a Israel. Las empresas israelíes pueden exportar armas y tecnología ofensiva a países que cometen graves violaciones de los derechos humanos y crímenes contra la humanidad, como Myanmar y Sudán del Sur. Israel mantuvo estrechos vínculos militares con el régimen del apartheid en Sudáfrica, la junta de Argentina y Ruanda durante el genocidio de 1994.

La economía de Israel depende de la exportación de armas, y aprovecha sus frecuentes ofensivas militares contra los palestinos para comercializar sus armas de combate en todo el mundo. La industria armamentística de Israel se siente perjudicada si no hay operaciones militares a gran escala contra los palestinos.

No es de extrañar que, tras la guerra contra la población civil en la Franja de Gaza el pasado mes de mayo, la industria aeroespacial israelí llegara a un acuerdo con un país asiático para adquirir drones militares por valor de 200 millones de dólares.

En 2020, de toda la inversión mundial en internet, un tercio se dirigió a empresas electrónicas israelíes, muchas de las cuales están dirigidas por graduados de las agencias de inteligencia del Estado de ocupación.

Ya no es un secreto que las industrias militares israelíes operan sin supervisión ni transparencia, lo que permite a Israel seguir haciendo tratos de seguridad, militares y de armas, con el apoyo de Estados Unidos y la Unión Europea, y establecer relaciones casi normales con regímenes fascistas desde Europa del Este y África hasta Brasil.

Esto perjudica a comunidades ya frágiles y perpetúa las divisiones étnicas, sociales y económicas incluso dentro de la sociedad israelí.

La ampliación del alcance de los conflictos armados en todo el mundo, recientemente en Ucrania, está impulsando la industria armamentística de Israel. Y mientras sus intereses militares y económicos dominen su política, le interesa financieramente mantener la ocupación militar de Palestina y fomentar guerras sangrientas en todo el mundo.

—https://www.middleeastmonitor.com/20220406-its-no-surprise-that-israel-has-boosted-its-arms-sales-thanks-to-the-war-in-ukraine/

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Espionaje

Rusia está perdiendo la ciberguerra en Ucrania frente a Starlink

Desde las primeras etapas de la guerra, Rusia está perdiendo la batalla de las comunicaciones via satélite en el este de Ucrania frente a la constelación Starlink, propiedad del Pentágono. El ejército ruso no ha consiguido bloquear internet en Ucrania y todos sus intentos de limitar o interceptar los flujos de datos han fracasado.

El nuevo sistema de satélites que Starlink ha puesto en el espacio para el Pentágono incluye tecnologías clasificadas que permiten a los nazis atrapados en la acería de Mariupol tener acceso a las redes e internet incluso bajo tierra.

Starlink y SpaceX evidencian las limitaciones de Rusia en telecomunicaciones. Que una potencia como Rusia no haya recurrido a la ciberguerra en Ucrania o no haya podido competir con el Pentágono es otra de sus muestras de debilidad y atraso tecnológico en lo que a inteligencia artificial concierne.

Desde las primeras horas de la operación rusa, las estaciones de repetición, las torres de transmisión y toda la infraestructura de telecomunicaciones ucraniana fueron blancos militares de la artillería rusa con sistemas de armas de alta precisión. El sistema de telecomunicaciones ucraniano fue aniquilado en muy pocas horas, hasta que el Pentágono puso en marcha su último y más novedoso recurso: Starlink. En menos de veinte minutos, todo el este de Ucrania estaba conectado a la red más rápida que ha existido desde la aparición de internet. Esta red se expandió gradualmente y coexistió sin ninguna interferencia con la red rusa.

En el oeste de Ucrania, donde Starlink no se ha activado del todo, la conexión a internet deja mucho que desear. En el este, el Pentágono ofrece una nueva red que parece superar en prestaciones a las mejores redes actualmente en funcionamiento.

Starlink proporciona acceso a las telecomunicaciones a los ucranianos y también a los rusos, por una razón obvia: permite detectar, localizar e identificar en tiempo real de todos los soldados, vehículos y equipos rusos conectados a internet, lo que incluye, además de los sistemas dedicados, todos los teléfonos móviles en posesión de personas en el este de Ucrania y el oeste de Rusia.

Starlink ha sustituido así la infraestructura que tenía un país por su propia infraestructura digital en la órbita terrestre baja. Gracias a Starlink, el Batallón Azov ha vencido los potentes sistemas de interferencia electromagnética de Rusia y sigue conectado con los cuarteles generales de la OTAN en Polonia, Rumanía y otros lugares.

Los equipos Starlink ofrecidos a Ucrania forman parte de la ayuda militar de Estados Unidos a ese país. Dado el carácter secreto de la red de satélites militares, resulta extremadamente difícil, si no imposible, neutralizar las telecomunicaciones de la OTAN y de Ucrania. Hasta ahora los rusos no han logrado encontrar las claves y los códigos del protocolo Starlink. Sólo los chinos son capaces de cartografiar la red satelital, lo que explica que el Pentágono considere a China como el rival más formidable para la hegemonía estadounidense, y no a Rusia.

Rusia está pagando el precio de no haberse liberado antes de los gigantescos monopolios de internet (Google, Microsoft, Apple, Facebook) que, como se ve, no son otra cosa que maquinarias de guerra electrónica.

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Estrategia

El Pentágono es una mina de oro para la industria de guerra

La Guerra de Ucrania ha desencadenado una ola de aumentos en los presupuestos militares, tanto en Estados Unidos como en Europa, por lo que la industria armamentista, esencialmente estadounidense, está de fiesta.

Pero antes de que estallaran las hostilidades, los caciques de las principales empresas armamentistas ya se preparaban para aumentar sus ventas. En una conferencia telefónica de enero de este año con los inversores de su empresa, Greg Hayes, director general de Raytheon Technologies, se jactó de que la perspectiva de una guerra en Europa oruental y otros puntos calientes del planeta sería buena para el negocio: “Vemos, yo diría, oportunidades de ventas internacionales… Las tensiones en Europa del este, las tensiones en el Mar de China Meridional, todas esas cosas ejercen presión sobre algunos de los gastos de defensa allí. Así que espero que obtengamos algún beneficio de ello”.

A finales de marzo, en una entrevista concedida a la Harvard Business Review tras el inicio de la guerra en Ucrania, Hayes defendió que su empresa se beneficiaría de la guerra: “Así que no me disculpo por ello. Creo que una vez más reconocemos que estamos ahí para defender la democracia y el hecho es que acabaremos beneficiándonos de ella con el tiempo. Todo lo que se está enviando a Ucrania hoy, por supuesto, proviene de reservas, ya sea del DoD [Pentágono] o de nuestros aliados de la OTAN, y eso es una gran noticia. Con el tiempo tendremos que reponerlos y obtendremos un beneficio para el negocio en los próximos años”.

Ucrania sólo pone los muertos

La guerra en Ucrania será, en efecto, un impulso para empresas como Raytheon y Lockheed Martin. En primer lugar, estarán los contratos de reabastecimiento de armas como el misil antiaéreo Stinger de Raytheon y el misil antitanque Javelin producido por Raytheon/Lockheed Martin que Washington ya ha suministrado a Ucrania por miles. Sin embargo, el mayor flujo de beneficios provendrá de los aumentos asegurados en el gasto de “seguridad nacional” tras la guerra, aquí y en Europa, justificados, al menos en parte, por la invasión rusa de Ucrania y el desastre que siguió.

Las transferencias directas de armas a Ucrania ya reflejan sólo una parte del dinero extra para las empresas militares estadounidenses. Sólo en este año fiscal tienen garantizados importantes beneficios de la Iniciativa de Ayuda a la Seguridad de Ucrania (USAI) del Pentágono y del programa de Financiación Militar Extranjera (FMF) del Departamento de Estado, que financian la adquisición de armas y otros equipos estadounidenses, así como la formación militar. Son los dos principales canales de ayuda militar a Ucrania desde el momento en que los rusos tomaron Crimea en 2014. Desde entonces, Estados Unidos ha comprometido unos 5.000 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania.

Todo estaba previsto antes de la guerra

El 31 de marzo del año pasado, antes del inicio de la guerra, el Mando Europeo de Estados Unidos declaró una “crisis potencial inminente”, dados los cerca de 100.000 efectivos rusos ya presentes a lo largo de la frontera con Ucrania. A finales del año pasado el gobierno de Biden prometió 650 millones de dólares en armas a Ucrania, incluyendo equipos antiaéreos y antiblindaje como el misil antitanque Javelin de Raytheon/Lockheed Martin.

Desde el 24 de febrero Estados Unidos ha prometido unos 2.600 millones de dólares en ayuda militar al país, con lo que el gobierno de Biden ha entregado ya más de 3.200 millones de dólares.

Parte de esa ayuda se incluyó en un paquete de gastos de emergencia para Ucrania en marzo, que exigía la compra directa de armas de la industria de defensa, incluyendo drones, sistemas de cohetes guiados por láser, ametralladoras, munición y otros suministros. Las principales empresas armamentistas buscarán ahora más contratos con el Pentágono para entregar el armamento adicional, incluso mientras se preparan para reponer las existencias del Pentágono ya entregadas a los ucranianos.

En este frente, de hecho, las empresas militares tienen mucho que celebrar. Más de la mitad de los 6.500 millones de dólares asignados al Pentágono como parte del plan de gastos de emergencia para Ucrania están destinados a reponer las reservas del Departamento de Defensa. En total, los legisladores asignaron 3.500 millones de dólares al esfuerzo, 1.750 millones más de lo que había solicitado el Presidente. También aumentaron la financiación del programa FMF del Departamento de Estado para Ucrania en 150 millones de dólares. No hay que olvidar que esas cifras no incluyen la financiación de emergencia para los costes de adquisición y mantenimiento del Pentágono, que están garantizados para proporcionar flujos de ingresos adicionales a los principales fabricantes de armas.

Pero todavía quedan muchos bocados en la manzana de la ayuda militar a Ucrania. Biden ya ha dejado claro que “vamos a dar a Ucrania las armas para luchar y defenderse en los difíciles días que se avecinan”. Es de suponer que se están preparando más acuerdos.

Otro efecto secundario positivo de la guerra para Lockheed, Raytheon y otros traficantes de armas como ellos es la presión ejercida por Adam Smith, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, y Mike Rogers, para acelerar la producción de un misil antiaéreo de nueva generación que sustituya al Stinger. En su audiencia de confirmación en el Congreso, a principios de este mes, William LaPlante argumentó que Estados Unidos también necesitaba más “líneas de producción en caliente” de bombas, misiles y drones.

El Pentágono es una mina de oro

Sin embargo, para los fabricantes de armas estadounidenses, los mayores beneficios de la guerra en Ucrania no serán las ventas inmediatas de armas, por importantes que sean, sino el cambio de la naturaleza del debate actual sobre el gasto del Pentágono en sí mismo. Los portavoces de la industria bélica ya apuntan al desafío a largo plazo que supone China. La Guerra de Ucrania no es más que el último grito de guerra para aumentar el gasto militar. Incluso antes de la guerra, el Pentágono iba a recibir al menos 7.300.000 millones de dólares durante la próxima década, más de cuatro veces el coste del plan nacional de Biden de 1.700.000 millones de dólares (Build Back Better), que ya ha sido bloqueado por los miembros del Congreso, que lo han calificado de “demasiado caro” por un amplio margen. Dado el actual repunte del gasto del Pentágono, esos 7.300.000 millones de dólares pueden resultar una cifra mínima.

Dirigentes del Pentágono, como la subsecretaria de Defensa Kathleen Hicks, han mencionado a Ucrania como una de las razones del proyecto de presupuesto de seguridad nacional récord de 813.000 millones de dólares del gobierno de Biden, calificando la invasión rusa de “amenaza aguda para el orden mundial”. En otras circunstancias, este presupuestó se habría considerado asombroso, ya que es superior al gasto en el momento álgido de las guerras de Corea y Vietnam y más de 100.000 millones de dólares más de lo que el Pentágono recibía anualmente en los momentos estelares de la Guerra Fría.

A pesar de su tamaño, los republicanos del Congreso -a los que se han unido un número importante de sus colegas demócratas- están presionando para conseguir más. Cuarenta miembros republicanos de los Comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y del Senado han firmado una carta dirigida a Biden en la que piden un aumento del 5 por cien en el gasto militar por encima de la inflación, lo que podría añadir hasta 100.000 millones de dólares a la solicitud de presupuesto. La diputada Elaine Luria acusa a Biden de “recortar el presupuesto de la Marina” porque planea retirar algunos barcos viejos para dejar espacio a los nuevos. La queja se presentó a pesar de que el servicio planea gastar 28.000 millones de dólares en nuevos buques en el presupuesto del año que viene.

El gasto militar sólo beneficia a la industria de guerra

El aumento en la financiación de la construcción naval forma parte de un paquete de 276.000 millones de dólares propuesto en el nuevo presupuesto para la adquisición de armas y la investigación y el desarrollo. Es donde los cinco principales contratistas de armas -Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics y Northrop Grumman- ganan más dinero. Estas empresas ya se reparten más de 150.000 millones de dólares en contratos con el Pentágono cada año, una cifra que se disparará si Biden se sale con la suya. Para poner esto en contexto, solo una de estas cinco empresas principales, Lockheed Martin, recibió 75.000 millones de dólares en contratos del Pentágono solo en 2020. Esa cantidad es considerablemente superior a todo el presupuesto del Departamento de Estado, lo que demuestra lo sesgadas que están las prioridades de Washington, a pesar de la promesa de Biden de “dar prioridad a la diplomacia”.

El nuevo submarino de misiles balísticos de clase Columbia, construido por la planta de General Dynamics Electric Boat en el sureste de Connecticut, verá incrementado su presupuesto de 5.000 a 6.200 millones de dólares. El gasto en el nuevo misil balístico intercontinental (ICBM) de Northrop Grumman, el Ground Based Strategic Deterrent, aumentará aproximadamente un tercio al año, hasta los 3.600 millones de dólares. Se espera que la categoría de defensa y neutralización de misiles, una especialidad de Boeing, Raytheon y Lockheed Martin, reciba más de 24.000 millones de dólares. Los sistemas de alerta de misiles basados en el espacio, un componente clave de la Fuerza Espacial creada por Trump, aumentarán de 2.500 millones de dólares a 4.700 millones de dólares en el presupuesto previsto para este año.

F-35: chatarra para el desguace de última generación

Entre todos estos aumentos, sólo hubo una sorpresa: una propuesta de reducción de las compras del avión de combate F-35 de Lockheed Martin de 85 a 61 aviones. El avión tiene más de 800 defectos de diseño identificados y sus problemas de producción y rendimiento son legendarios. Afortunadamente para Lockheed Martin, este recorte no ha ido acompañado de una reducción proporcional de la financiación y que Suiza y Alemania están comprando F-35. Mientras que los aviones de nueva producción pueden reducirse en un tercio, la asignación presupuestaria real para el F-35 se reducirá en menos de un 10 por cien, de 12.000 millones de dólares a 11.000 millones.

Desde que Lockheed Martin obtuvo el contrato del F-35, los costes de desarrollo se han duplicado con creces, mientras que los retrasos en la producción han hecho retroceder el avión casi una década. Sin embargo, se han vendido tantos aviones de este tipo que los fabricantes no pueden satisfacer la demanda de repuestos. La eficacia en combate del F-35 ni siquiera puede probarse adecuadamente, porque los programas informáticos de simulación no sólo no están acabados, sino que ni siquiera hay una fecha de finalización prevista. Por lo tanto, el F-35 está a años luz de producir aviones que realmente funcionen como se pretende, si es que eso es posible.

Una serie de sistemas de armamento que, en el contexto de la guerra de Ucrania, tienen garantizada un derroche de dinero, son tan peligrosos o disfuncionales que, como el F-35, deberían ser eliminados. Por ejemplo, el nuevo ICBM (misil balístico intercontinental). El ex secretario de Defensa William Perry calificó a los misiles balísticos intercontinentales como “una de las armas más peligrosas del mundo”, ya que un presidente dispondría de sólo unos minutos para decidir su lanzamiento en caso de crisis, lo que aumentaría enormemente el riesgo de una guerra nuclear accidental basada en una falsa alarma. Tampoco tiene sentido comprar portaaviones de 13.000 millones de dólares cada uno, sobre todo porque la última versión tiene problemas incluso para lanzar y aterrizar aviones -su función principal- y es cada vez más vulnerable a los ataques de misiles de alta velocidad de última generación.

Los pocos puntos brillantes del nuevo presupuesto, como la decisión de la Armada de retirar el inútil e inviable Buque de Combate Litoral -una especie de “F-35 de los mares” diseñado para múltiples tareas que no realiza bien- deberían ser anulados. La Cámara de Representantes, por ejemplo, cuenta con un poderoso Caucus de Cazas de Ataque Conjunto, que en 2021 hizo que más de un tercio de todos los miembros de la Cámara presionaran para conseguir más F-35 de los que el Pentágono y las Fuerzas Aéreas solicitaron, como probablemente volverán a hacer este año. Un grupo de construcción naval, copresidido por los diputados Joe Courtney y Rob Wittman, luchará contra el plan de la Armada de retirar los barcos viejos y comprar otros nuevos. Preferirían que la Armada mantuviera los barcos viejos y comprara otros nuevos con más dinero de sus impuestos. Asimismo, la “Coalición ICBM”, formada por senadores de estados con bases o centros de producción de ICBM, tiene un historial casi perfecto de lucha contra los recortes en el despliegue o la financiación de estas armas y, en 2022, saldrá a defender su asignación presupuestaria.

La modernización del Pentágono

Desarrollar una política de defensa sensata, realista y asequible tendría que incluir cosas como la reducción del número de contratistas privados en el Pentágono, cientos de miles de personas, muchas de las cuales se dedican a tareas totalmente redundantes que podrían ser realizadas de forma más barata por empleados civiles del gobierno o simplemente eliminadas. Se calcula que una reducción del 15 por cien del gasto en contratistas permitiría ahorrar unos 262.000 millones de dólares en 10 años.

El plan de “modernización” del Pentágono, de tres décadas y casi dos billones de dólares, para construir una nueva generación de bombarderos, misiles y submarinos con armamento nuclear, así como nuevas ojivas, debería, por ejemplo, abandonarse por completo, de acuerdo con la estrategia nuclear de “disuasión estricta” desarrollada por la organización de política nuclear Global Zero. El impacto militar mundial de Estados Unidos -una invitación a nuevos conflictos que incluye más de 750 bases militares en todos los continentes excepto en la Antártida, y operaciones antiterroristas en 85 países- debería, como mínimo, reducirse en gran medida.

Una revisión estratégica relativamente minimalista podría ahorrar al menos un billón de dólares en la próxima década, lo suficiente para hacer un buen desembolso inicial para inversiones en salud pública, o para empezar a reducir los niveles récord de desigualdad de ingresos.

Por supuesto, ninguno de estos cambios puede producirse sin desafiar el poder y la influencia del complejo militar-industrial en el Congreso. Una nueva fiebre del oro del gasto en defensa es un desastre a punto de ocurrir para todos los que no formamos parte de ese complejo.

—https://tomdispatch.com/the-new-gold-rush/

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Estrategia

Elon Musk lanza al espacio los satélites de espionaje militar del Pentágono

El espionaje estadounidense dispondrá pronto de un nuevo dispositivo en el espacio para escudriñar lo que ocurre en todo el mundo. Un nuevo satélite espía despegará el fin de semana del 16 y 17 de abril desde la base aérea de Vandenberg (California).

SpaceX transportará el dispositivo mediante un cohete Falcon 9. La empresa de Elon Musk, no sólo lanza satélites al espacio para conectarse internet, sino que también trabaja secreto para el Pentágono.

Esta misión de espionaje, cuyo nombre en clave es NROL-85 (National Reconnaissance Office Launch), será la cuarta que lleve a cabo la empresa de Musk por cuenta de Estados Unidos. Los otros tres tuvieron lugar en 2017 (NROL-76), 2020 (NROL-108) y a principios de este año (NROL-87). Hasta la fecha, todos los lanzamientos han sido un éxito.

La Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO) es una de las muchas instituciones que pertenecen a la inteligencia estadounidense, junto a estructuras tan conocidas como el FBI, la CIA, la NSA y la DEA. Adscrita al Pentágono, la NRO fabrica y gestiona la flota de satélites espía y proporciona análisis basados en la información recogida por estos aparatos.

El contrato entre SpaceX y la Fuerza Aérea se anunció a principios de 2019: tres misiones (AFSPC-44, NROL-85 y NROL-87) se confían a SpaceX y otras tres (SBIRS GEO-5, SBIRS GEO-6 y Silent Barker) a su competidor, United Launch Alliance (ULA).

Dependiendo de las características del satélite, son posibles usos muy diferentes: puede utilizarse para el reconocimiento óptico, las telecomunicaciones seguras, la vigilancia electromagnética y la escucha o el control por radar. Estas son las misiones más comunes que se pueden asignar a los satélites militares de espionaje.

La misión es secreta para no dar indicaciones sobre la función del satélite. La altitud daría una idea de sus características, al igual que el peso, que también es secreto, ya que puede indicar el número de satélites a bordo.

La hipótesis que subyace a la misión NROL-85 es el envío de dos satélites de reconocimiento e inteligencia espacial en el marco del programa Intruder, nombre que recibe una constelación de satélites que operan en la órbita baja de la Tierra, a una altura de entre 1.000 y 1.100 kilómetros. Este lanzamiento llevaría al Intruder 13A y 13B.

El programa Intruder forma parte del Sistema de Vigilancia Oceánica Naval (NOSS), que se encarga de seguir la actividad de las flotas militares de otras potencias, como China, Rusia e Irán. Este rastreo se realiza mediante la captación de las señales de radio que emiten los buques de guerra cuando se comunican o utilizan sus radares.

La inteligencia electromagnética para la Armada de Estados Unidos se lleva a cabo mediante la triangulación de los buques con satélites que operan en tríos o parejas, por lo que el vuelo NROL-85 sólo cuenta con dos naves. La tercera generación, lanzada en 2001, cuenta ya con 16 satélites.

El próximo lanzamiento de SpaceX para el Pentágono está previsto para el tercer trimestre de 2023. Esta será la misión NROL-69.

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Estrategia

La empresa de mercenarios Blackwater intentó apoderarse de la industria militar ucraniana

Erik Prince, el dueño de la empresa de mercenarios Blackwater, quería contratar a veteranos ucranianos para su industria. También quería apoderarse de una gran parte de la tajada del complejo militar-industrial de Ucrania, incluidas las fábricas de motores para aviones de combate y helicópteros.

Su plan, fechado en junio de 2020, lo publicó la revista Time en julio del año pasado (1). Incluye la creación de un “consorcio de defensa aérea verticalmente integrado” que podría aportar a Ucrania 10.000 millones de dólares en ingresos e inversiones.

Antiguo SEAL de la Marina, Prince fue pionero en la industria militar privada, levantando ejércitos en Oriente Medio y África, entrenando comandos en su base de Carolina del Norte y desplegando fuerzas de seguridad por todo el mundo para el Departamento de Estado y la CIA.

La empresa de matones de Prince

Con el gobierno de Trump, la familia de Prince -un poderoso clan de donantes republicanos de Michigan- vio crecer su influencia. La hermana de Prince, Betsy DeVos, fue nombrada secretaria de Educación, mientras que el propio Prince utilizó sus conexiones con la Casa Blanca para hacer grandes negocios en todo el mundo.

En Ucrania persiguió uno de los objetivos más ambiciosos de su carrera. Pero con Trump fuera de la presidencia, el gobierno de Kiev ralentizó el proceso e invitó a una mayor competencia por los activos que codiciaba Prince. “Si hubiera habido cuatro años más de Trump, Erik probablemente habría firmado el acuerdo”, dice Novikov, uno de sus principales negociadores ucranianos.

Los documentos describen una serie de empresas que darían a Prince un papel central en la industria militar de Ucrania y en la Guerra del Donbas, que se ha cobrado más de 14.000 vidas desde que comenzó en 2014.

Una de las propuestas crearía una nueva empresa militar privada que se nutriría de personal de los veteranos de la guerra en el Donbas. Otro acuerdo permitiría construir una nueva fábrica de municiones en Ucrania, mientras que un tercero reuniría a las principales empresas ucranianas de aviación y aeroespaciales en un consorcio que podría competir con empresas como Boeing y Airbus.

Al menos una de las ofertas de Prince a Ucrania parecía estar en línea con los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

En noviembre de 2019 el Wall Street Journal aseguró (2) que Prince estaba compitiendo con una empresa china para comprar una fábrica ucraniana llamada Motor Sich, que produce motores avanzados para aviones. China buscaba estos motores para ampliar su fuerza aérea. Estados Unidos, preocupado por el rápido crecimiento del ejército chino, lleva tiempo instando a Ucrania a no vender. Prince surgió como la alternativa estadounidense, ofreciéndose a salvar la fábrica de las garras de China.

Los peones de Blackwater estaban demasiado cercanos a Rusia

Pero los ucranianos tenían serias dudas sobre la posibilidad de trabajar con Prince. La elección de los aliados de Prince en Kiev -dos hombres vinculados a Rusia- fue especialmente alarmante. Su socio comercial ucraniano es Andriy Artemenko, que fue noticia en 2017 por proponer al gobierno de Trump un “plan de paz” para la guerra en Ucrania que incluía el levantamiento de las sanciones a Rusia por Estados Unidos.

Otro príncipe aliado en Kiev fue Andriy Derkach, un diputado ucraniano al que Estados Unidos acusó de ser un “agente ruso activo”. Tanto Artemenko como Derkach trabajaron en 2020 para impulsar los negocios de Prince en Ucrania.

“Tuvimos que preguntarnos: ¿es este el mejor tipo de asociación que podemos obtener de los estadounidenses? Este grupo de personajes turbios que trabajan para un aliado cercano de Trump”, dice Novikov, el ex asesor presidencial ucraniano. “Era lo peor que Estados Unidos podía ofrecer”. Estas preocupaciones se intensificaron cuando, en un momento crucial de las negociaciones, uno de los socios de Prince presentó una “oferta de participación” por escrito que Novikov consideró un intento de soborno.

Mientras el gobierno ucraniano se resistía a los acuerdos, los aliados de Prince se enfrentaban a problemas mayores en Nueva York, donde Artemenko y Derkach están ahora bajo investigación penal, que se dice que se centra en la trama del “candidato manchú”, del que hemos hablado en otras entradas.

Según Artemenko, los investigadores le han preguntado sobre su relación con Prince. Tanto él como Derkach describieron la investigación como parte de una caza de brujas política contra los aliados de Trump.

La matanza de Blackwater en Bagdad

Entre los socios de Prince en Ucrania estaba Artemenko, un cabildero ucraniano que trabajó con Prince en el sector de la carga aérea durante al menos seis años, transportando desde armas hasta vacunas por todo el mundo. Nacido y criado en Kiev, ahora reside en Washington. En los mensajes de texto se refiere a Prince como “el jefe”.

Su relación comenzó poco después de la salida de Prince del escándalo de Blackwater en 2007. Ese otoño, un grupo de soldados de Prince disparó en una plaza de Bagdad llena de gente, matando a 17 civiles e hiriendo a otros 20. Varios de los pistoleros fueron condenados a décadas en cárceles estadounidenses por su papel en la masacre. Trump indultó a cuatro de ellos en sus últimas semanas de mandato. El testimonio de Prince ante el Congreso sobre el incidente provocó un debate nacional sobre la privatización de la guerra, convirtiéndolo, a sus 38 años, en el rostro desafiante del mercenario moderno.

Como consecuencia de los asesinatos, Blackwater perdió un contrato de 1.000 millones de dólares para proteger a diplomáticos y funcionarios estadounidenses en Irak. Pero la empresa cambió de nombre y siguió prosperando. El gobierno de Obama le concedió grandes contratos para proporcionar seguridad en zonas de guerra.

Los intereses de Prince iban mucho más allá del ámbito militar. Ha comerciado con petróleo y minerales en África. Reunió un ejército privado para su amigo, el príncipe heredero de Abu Dhabi. Preparó una fuerza en Somalia para luchar contra los piratas en el Golfo de Adén. Ayudó a entrenar a un equipo de asesinos para la CIA. Cuando Trump asumió el cargo en 2017, Prince pidió al nuevo gobierno que privatizara el esfuerzo bélico en Afganistán, esbozando públicamente un plan que permitiría a los contratistas dirigir muchas funciones militares estadounidenses.

A lo largo de los años, una de las líneas de negocio más fiables de Prince ha sido la logística de guerra: el traslado de personas y suministros a zonas de conflicto. A partir de 2006, la rama de aviación de Blackwater lanzó alimentos y armas para las tropas estadounidenses en el frente de Afganistán.

Después de trabajar como agente de carga en la década de 2000, Artemenko había fundado su propia empresa de transporte en 2010, AirTrans LLC, que frecuentemente transportaba carga para las operaciones de Prince. En 2015, dice Artemenko, AirTrans se convirtió oficialmente en parte de la empresa de Prince, Frontier Resource Group.

En ese momento, dice Artemenko, los socios empezaron a discutir una aventura en la industria armamentística ucraniana. Rusia y Ucrania estaban en guerra desde que Moscú se anexionó Crimea en 2014, lo que llevó a los antiguos aliados a dejar de venderse armas mutuamente. El equipo que más necesitaba Rusia eran los motores para sus helicópteros y aviones de combate, muchos de los cuales aún se producen en las fábricas de la época soviética en el este de Ucrania.

Además de la posibilidad de obtener miles de millones de dólares en beneficios, Artemenko dice que vio las fábricas como una forma de negociar el fin de la guerra en Ucrania. “Los rusos necesitan todo el complejo tecnológico aeroespacial, empezando por los motores”, afirma. “Este es un motivo para obligarles a sentarse a la mesa de negociaciones y llegar a un acuerdo de paz. Podemos decir: ‘Vale, ¿necesitas estas piezas de recambio, estos motores y todo lo demás de Ucrania? Vale, pero queremos un acuerdo para [el Donbas], luego queremos un acuerdo sobre Crimea’”.

La idea no tuvo mucho éxito. Las autoridades ucranianas dieron marcha atrás en el levantamiento de su embargo de armas contra Rusia en medio de la guerra. Otro de los planes de paz de Artemenko adquirió notoriedad en 2017, cuando un borrador del mismo aterrizó supuestamente en el escritorio de Michael Flynn, el primer asesor de seguridad nacional de Trump. Este plan, como el primero, quedó en nada.

Una puerta trasera de la Casa Blanca al Kremlin

Por la misma época, Prince mantuvo una reunión en una isla de las Seychelles con Kirill Dmitriev, un funcionario ruso. El Washington Post informó de que su objetivo era crear una “puerta trasero” desde el Kremlin a la Casa Blanca, una acusación que ambos negaron. El informe del abogado especial Robert Mueller publicado en abril de 2019 dedica unas páginas a la reunión de Seychelles. Según el informe, Prince dijo a su interlocutor ruso que “esperaba una nueva era de cooperación y resolución de conflictos”.

Cuando Prince puso sus ojos en la industria militar ucraniana, el conflicto del país con Rusia se había estancado, con bombardeos esporádicos y disparos de francotiradores en el frente. Las conversaciones de paz se han estancado y el gobierno ucraniano está cada vez más desesperado por salir del estancamiento.

La administración Trump hizo poco para ayudar. La prioridad de Trump en Ucrania no era hacer la paz; era promover su propia fortuna política. En plena campaña de reelección, Trump pidió a Ucrania que investigara a su oponente, Joe Biden, y retuvo la ayuda militar a Ucrania como palanca. La campaña de coacción provocó una ruptura en las relaciones entre Estados Unidos y Ucrania.

Algunos de los asesores del Presidente Volodymyr Zelensky vieron en Prince una forma de reparar el daño. Querían que ayudara a organizar una reunión con alguien del círculo íntimo de Trump, idealmente Jared Kushner, el yerno del presidente, dice Novikov, que era el enlace de Ucrania con los estadounidenses en ese momento.

Prince no estaba dispuesto a hacer esa conexión, dijo una persona familiarizada con su pensamiento al respecto. “Erik dejó claro que no tenía las llaves de la Casa Blanca de Trump y que no quería entrar en ese juego”.

Como alternativa, el equipo de Prince propuso que se contratara a un lobista estadounidense para Ucrania llamado Joseph Schmitz. Ex ejecutivo de Blackwater, Schmitz había sido asesor de política exterior de la campaña de Trump en 2016 y tenía contactos dentro de la administración. Estaba dispuesto a representar a Ucrania por 500.000 dólares, más los gastos, según una propuesta de acuerdo de cabildeo obtenida por Time. (Schmitz no respondió a los correos electrónicos en busca de comentarios). Los funcionarios ucranianos recibieron el acuerdo a principios del año pasado de la empresa de lobby de Artemenko, pero no lo firmaron.

Un alumno del KGB en el gobierno ucraniano

El propio Prince había buscado ayuda local. Entre las personas con las que se reunió en Kiev estaba Derkach, el diputado ucraniano al que Estados Unidos acusó posteriormente de ser un agente ruso. Derkach estaba en condiciones de ayudar a Prince a entender el terreno. Había trabajado en el sector de la aviación ucraniana tras graduarse en una universidad de espionaje de élite en Moscú, la Escuela Superior Dzerzhinsky del KGB. A principios de la década de 2010, cuando Derkach era asesor del primer ministro ucraniano, una de sus tareas era desarrollar los sectores de la aviación y la construcción de maquinaria de la economía nacional.

Derkach dice que le intrigaba la visión de Prince sobre estas industrias. Una de las principales ventajas que aportó Prince fue su lista de contactos en el mundo en desarrollo. Había trabajado durante muchos años en Oriente Medio y África, tratando con señores de la guerra y autócratas que podían convertirse en nuevos clientes de armas y aviones ucranianos. Según Derkach, el principal defecto del plan era la cooperación que requería de los jefes de las fábricas locales ucranianas y de los oligarcas, que controlan gran parte del complejo militar-industrial.

“No es realmente un problema con Erik”, dice. “Es un problema de corrupción en Ucrania, donde hay directores de fábricas que no quieren firmar documentos y renunciar al poder”. Derkach recuerda haberle dicho a Prince: “Has trabajado en todas partes. Pero Ucrania es especial. Es muy difícil conseguir tracción aquí. Hay que reunir un equipo serio de personas que hagan avanzar el proceso.

Derkach dice que no se ha unido a ese equipo y declina decir si alguna vez le han pagado por los consejos que le dio a Prince. Pero tras su reunión en Kiev, Derkach empezó a instar a las autoridades ucranianas a que apoyaran el acuerdo que quería Prince. En marzo de 2020, invitó a Novikov, el asesor presidencial, a una reunión para discutir los planes. “Derkach dijo: ‘Ya tenemos a todo el mundo a bordo, y el acuerdo sigue estancado’”, recuerda Novikov. Derkach quería saber quién en la administración presidencial se interponía en el camino de Prince. “Eso era lo único que quería discutir conmigo”, dice Novikov.

A principios del verano de 2020, Ucrania estaba consolidando su asociación con Prince, cuyas intenciones se habían vuelto mucho más detalladas y ambiciosas. En un mensaje dirigido a los funcionarios ucranianos, Artemenko facilitó los datos del pasaporte de Prince y un resumen de su programa para un próximo viaje. En un mensaje de seguimiento, señaló que estaría en Kiev durante varios días en la semana del 15 de junio de 2020 y solicitó reuniones con altos funcionarios de las agencias de defensa e inteligencia, añadiendo crípticamente: “No habrá llamadas oficiales a funcionarios del gobierno, ya que esta visita es estrictamente privada y no política”.

A los chinos les quitan una fábrica de las manos

Al llegar a Kiev en un vuelo desde Minsk, Prince mantuvo una reunión esa semana con el jefe de gabinete de Zelensky, Andriy Yermak. A partir de ahí, las cosas avanzaron rápidamente. La oficina de Zelensky puso a Prince en contacto con un bufete de abogados de Kiev que trabaja frecuentemente para el gobierno ucraniano. El bufete preparó un marco legal para el acuerdo que quería Prince. El trabajo fue complejo, especialmente en lo que respecta a la adquisición de Motor Sich.

La planta había sido privatizada en la década de 1990, durante la caótica transición de Ucrania al capitalismo. En 2016 y 2017, inversores chinos compraron acciones de la planta a sus propietarios privados, pagando unos 700 millones de dólares por el control de Motor Sich. No se esperaba que renunciasen a ella sin luchar en los tribunales. Así que los abogados tuvieron que encontrar motivos legales para que Ucrania tomara el control del activo antes de venderlo a un nuevo inversor. Su plan dependía de un obstáculo normativo: la agencia antimonopolio ucraniana no había dado su aprobación a la inversión china.

En las semanas siguientes a la visita de Prince, sus socios prepararon dos versiones de un plan de negocio detallado y las enviaron a la oficina de Zelensky. El primero, fechado el 23 de junio de 2020, decía que la adquisición de Motor Sich requeriría 50 millones de dólares para comprar una participación minoritaria, y otros 950 millones para comprar el 76% de la planta. El dinero iba a proceder de Windward Capital, un vehículo de inversión que, según se dice, ha utilizado Prince en el pasado.

Otro plan de negocio para la industria militar ucraniana, fechado el 29 de junio de 2020, ofrecía más detalles y propiciaba la participación del gobierno de Kiev. Esbozó un plan para comprar Antonov, el fabricante estatal de aviones, sustituyendo a su director general por un ejecutivo de la empresa de Artemenko. La propuesta también exigía dar un ultimátum a los inversores chinos de Motor Sich, que se verían obligados a vender inmediatamente o enfrentarse a la pérdida de valor. “Si los chinos siguen sin cooperar, el gobierno ucraniano debería hacerse cargo de la planta y transferir el control a nuevos inversores, dice el documento.

Otro elemento del plan de negocios describe una asociación entre el principal servicio de inteligencia de Ucrania y Lancaster 6, una empresa militar privada que ha participado en los negocios de Prince en África y Oriente Medio. La asociación, que requería la aprobación del parlamento ucraniano, construiría un “centro de entrenamiento de última generación” y una “empresa de servicios especializados” -jerga de la industria para una operación militar privada- que participaría en “la planificación estratégica, la logística, la gestión de riesgos, la formación de las fuerzas de seguridad y la consultoría de riesgos de seguridad”, según el plan.

35 millones anuales en sobornos

Las “ofertas de participación” enumeradas en el documento son un eufemismo para referirse a los sobornos y sumaban unos 35 millones de dólares al año si el plan se llevaba a cabo. Los documentos no especifican quién recibiría el dinero. Novikov, que negoció con Prince y estudió el plan de cerca mientras era asesor presidencial, dice que lo entendió como una oferta para sobornar a los miembros del gobierno.

Paul Pelletier, antiguo fiscal federal de Estados Unidos, coincidió en que la referencia a las “ofertas de participación” suena sospechosa. Probablemente haría saltar las alarmas en el Departamento de Justicia. “A primera vista, el lenguaje sugiere algún tipo de soborno a los funcionarios de contratación del gobierno”, dijo.

(1) https://time.com/6076035/erik-prince-ukraine-private-army/
(2) https://www.wsj.com/articles/security-contractor-erik-prince-is-in-talks-to-acquire-ukraines-motor-sich-11572949809

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Un armamento a medio camino entre la chatarra y la alta tecnología

Entre el equipamiento militar que la OTAN ha enviado a Ucrania hay miles de misiles Javelin. La mayor parte de ellos han aparecido abandonados durante el avance de las tropas rusas. Apenas los han llegado a utilizar porque son pesados, difíciles de transpotar y de montar, y nada eficaces. Los ucranianos han tenido que recurrir a los viejos sistemas de artillería de la época soviética.

Lo mismo que otros sistemas de armamento, los misiles Javelin se diseñaron para la venta, no para quebrar el blindaje de un tanque de verdad en una guerra de verdad. En la actualidad los mercado de armas se destinan a eso que llaman “guerras asimétricas”, contra milicias pequeñas, móviles y mal equipadas. Ese tipo de guerras sirven de laboratorio para que los traficantes de armas comprueben la eficacia de las armas que tienen en sus catálogos de venta.

A veces las armas son magníficas pero, como el amor, duran muy poco tiempo. Aparecen antídotos y quedan obsoletas muy rápidamente. Es el caso del caza F-22, la joya de Lockheed y de la Fuerza Aérea de Estados Unidos hasta que Rusia empezó a fabricar los SS-400. El Pentágono ya no quiere más F-22 y el F-35 quedará para las víctimas del tocomocho, como venimos explicando desde hace cinco años en entradas sucesivas.

Lo ha aprendido en Ucrania, cuya fuerza aérea fue aplastada antes de despegar casi en su totalidad; el resto nunca regresó a los aeródromos. Los maestros de West Point deberán empezar a cambiar los manuales de táctica y estrategia. No sirve de nada tener una defensa antiaérea impecable si tus misiles no alcanzan la velocidad de un proyectil ruso Iskander o Kinjal.

Estados Unidos tiene un serio problema con el armamento y, en consecuencia, con la guerra. Es parecido al de las farmacias: quien dicta la medicina moderna son los vendedores de fármacos y quien dicta los principios de la guerra son los vendedores de armas. Las empresas como Lockheed necesitan ganar dinero y lo demás le importa un bledo.