Categorías
Noticias

Caso Almería: el terrorismo de Estado cumple 35 años

La justicia y la memoria tienen asuntos pendientes con la llamada Transición española. Uno de los más significativos –y sombríos– es el que tiene que ver con Luis Cobo Mier, Luis Montero García y Juan Mañas Morales. En la madrugada que transcurre entre los días 9 y 10 de mayo de 1981 se gesta el conocido como Caso Almería. Esa noche son arrestados por la Guardia Civil en la localidad de Roquetas de Mar estos jóvenes trabajadores residentes en la provincia de Santander […]

“Mi querida familia, ante el respeto que merecen me dirijo a Vds. para contarles el hecho siguiente respecto a las extrañas circunstancias de la desgracia de buestro (sic) hijo y compañeros que fallecieron en manos de los asesinos de la Comandancia [de la Guardia Civil] de esta localidad”. Así comenzaba una carta anónima escrita por un agente del cuerpo policial militarizado que fue remitida a la familia de Mañas Morales tres años después del asesinato de los tres jóvenes y en la que daba cuenta de las torturas y la forma en la que once guardias civiles acabaron con los trabajadores.

Los motivos y las circunstancias del viaje

Juan Mañas tenía 24 años, era almeriense de Pechina, pero llevaba varios años trabajando en la FEVE, destinado en Santander. Luis Montero –33 años, trabajador de FYESA y miembro del PCE y CCOO– y Luis Cobo –28 años y trabajador de ACERIASA – eran buenos amigos de Juan, quien los invitó a la primera comunión de su hermano menor, Francisco Javier, que se iba a celebrar en su localidad natal el domingo 10 de mayo.

Las “extrañas circunstancias” de las que escribía el agente sin nombre comenzaron el 7 de mayo cuando, después de salir de sus respectivos trabajos, los jóvenes emprendieron su viaje, en un SEAT 127, matrícula de Santander, con la intención de hacer noche en Madrid, en un piso que le había prestado un amigo a Luis Cobo. Ese mismo día por la mañana se produjo en la capital un atentado de ETA sobre el vehículo en el que viajaba el general Joaquín de Valenzuela, Jefe del Cuarto Militar del Rey, dejándolo malherido y matando a los tres militares que iban con él […]

Al día siguiente, 8 de mayo, tras ojear el periódico y observar las fotografías de los etarras a los que se atribuye el atentado contra el general Valenzuela, creyó reconocer en los jóvenes de Santander a dichos militantes vascos. Buscó la anuencia y corroboración de otros y decidieron denunciar a la Policía y a la Guardia Civil sus conjeturas.

La caza

Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas durmieron esa noche en la casa de los padres de este último y pasaron el día siguiente visitando distintos lugares de la provincia de Almería dado que para los dos santanderinos era la primera ocasión por aquellas tierras.

Mientras, la denuncia que se originaba en Alcázar de San Juan había puesto en marcha una maquinaria de búsqueda y captura que solamente parará con la detención por parte de la Guardia Civil de los tres amigos en el interior de una tienda de recuerdos de Roquetas de Mar. Son las nueve de la noche del día 9 de mayo de 1981.

Años después, el teniente coronel Victoriano Guillén, quien se opuso con contundencia al golpe de Estado del 23F y fue castigado por ello, explicó ante las cámaras del programa de televisión Crónica de una generación: “La Dirección General de la Guardia Civil mandó un radio [nombre que se daba en la Guardia Civil a los fax o télex] diciendo que eran etarras y que habían atentado contra el general Valenzuela. [El teniente coronel al frente del operativo] Castillo Quero, que era un enfermo mental, un imbécil poseído y que, además, presumía de su amistad con el rey, vio allí la ocasión de hacer un servicio y hacer méritos, colgarse medallas”.

Desde el momento en que se produjo la denuncia, la familia de Luis Cobo comenzó a recibir llamadas y visitas de agentes de la Comandancia de Santander preguntando por las señas personales y la documentación con que éste contaba (dado que era Luis Cobo Mier quien había alquilado el vehículo). La familia informó que Luis no tenía el documento nacional de identidad porque lo había perdido, pero que viajaba con el carné de conducir y con el pasaporte. Aportaron todo tipo de datos: características físicas, situación laboral, la ropa que llevaba… Todo indica que desde Santander se consiguió aclarar su identidad y que, por tanto, su adscripción a ETA debía quedar descartada.

Sin embargo, en Almería se montó un gran dispositivo por parte de la Guardia Civil para su localización, advirtiéndose a los subordinados de la extrema peligrosidad de los militantes de ETA a los que se pretendía detener.

Montero, Cobo y Mañas fueron apresados a última hora de la tarde del sábado 9 de mayo sin que ninguno de ellos ofreciera la más mínima resistencia. A partir de ese momento, y hasta que fueron encontrados sus cadáveres calcinados en el interior del Ford Fiesta en un barranco de la carretera de Gérgal, la Guardia Civil y otros funcionarios del Estado trataron de ocultar la verdad con una versión oficial tan delirante que, si se sigue al pie de la letra, plantea tantos interrogantes que, a fuerza de dudas, crea demasiadas certezas.

El 12 de mayo, los diarios dudan. El entonces bisoño periódico El País le dedica 114 palabras en los que tímidamente reproduce la versión oficial. El Diario Montañés, en Santander, sí indica que “la nota de la Guardia Civil que relata los hechos no parece muy clara y por eso la propia Dirección General ha abierto una investigación”.

Versión oficial

En la comparecencia que posteriormente realizó el ministro de Interior de UCD, Juan José Rosón, ante el Congreso de los Diputados, manifestó que tras la detención, y según informes de la Guardia Civil, los detenidos entraron en contradicción en algunas de sus declaraciones y que en ningún momento Juan Mañas se había identificado como natural de Almería (de hecho, en todo momento la Guardia Civil indicó, contradiciendo a los familiares que manifiestan que salió de casa con su DNI y su carné de FEVE, que Juan Mañas no llevaba ninguna identificación, al contrario que Cobo o Montero). También informó de que en el reconocimiento del automóvil en el que viajaban los detenidos se han encontrado dos pistolas marca Astra.

La versión oficial mantiene que existía un convencimiento de que los detenidos eran, efectivamente, activistas de ETA y se ordenó su traslado a Madrid en una caravana compuesta de cuatro vehículos que incluía el propio Ford Fiesta de los santanderinos (en total once guardias civiles vestidos de paisano y los tres detenidos), conducido por un guardia civil, al cual acompañaba otro como copiloto, mientras que los detenidos iban esposados en el asiento de atrás.

Cerca de la localidad de Gérgal, desde los coches que viajan detrás observaron como el Ford Fiesta realizaba un giro extraño y cómo el conductor salía despedido por la puerta lateral y, a continuación, el otro guardia civil por la puerta contraria. Todo esto se entiende como un intento de agresión y fuga por parte de los detenidos y el teniente coronel al mando de la operación (Castillo Quero) ordenó disparar a las ruedas con el objeto de detener el vehículo. Sin embargo éste, lejos de pararse, cayó por un pequeño barranco y se incendió, siendo imposible el rescate de los detenidos por la magnitud de las llamas y el riesgo de explosión.

El ministro, tal y como recuerda Antonio Ramos Espejo en el libro El Caso Almería: Abierto para la historia, también señaló que la identificación de las víctimas no fue posible hasta horas más tarde al enterarse del suceso sus familiares por la prensa.

El ministro Rosón concluyó asegurando que todo se debió a un “trágico error”. Los diputados de la oposición presentes en la comparecencia, indignados, no dudaron en calificar la exposición de pantomima y de encubrimiento por parte del Gobierno de un crimen perpetrado por miembros de la Guardia Civil. Aunque, una vez derrotada la UCD, olvidaron el caso, la justicia e, incluso, la memoria de lo sucedido.


“A mi madre le dieron una bolsa con los restos de mi tío. Ahí había un colgante, una prenda de ropa… y luego ya le dieron los restos de mi tío -explica Lola Liquete Cobo, la sobrina de Luis Cobo Mier- … un brazo, una mandíbula, unos dientes… Claro, mi madre dijo: ¿Dónde está el resto de mi hermano?”. Las familias denunciaron desde el primer minuto las inconsistencias de la versión oficial y, con la ayuda del tenaz abogado Darío Fernández, lograron llevar a juicio a parte de los implicados.

El juicio se inició el 14 de junio de 1982, trece meses después, y finalizó el 27 de julio. Solamente fueron procesados tres de los once guardias: el teniente coronel Castillo Quero, que en el momento de los hechos estaba al frente de la Comandancia de Almería y era el mando de la operación, el teniente Gómez Torres y el guardia Fernández Llamas.

El abogado de la acusación particular, Darío Fernández, en todo momento intentó que fueran condenados por asesinato, en contra de la opinión del fiscal, que calificaba los hechos de homicidio. Le fue denegada una prueba fundamental en cualquier proceso judicial sin ninguna razón de peso, como es la reconstrucción de los hechos, y siempre dudó de las garantías técnicas y científicas de las autopsias realizadas por los forenses. Fue constantemente acuciado y los intentos de intimidación por parte de miembros de la Benemérita fueron variados, “incluida una bomba bajo su coche: Darío tuvo que esconderse en una cueva”, recuerda Lola Liquete Cobo.

No fue Darío Fernández el único intimidado. José Criado, Pepe el barbero, un militante de la izquierda almeriense, rememora esos días en el libro aún inédito La Chanca. Una Revolución (1940-2000): “Cuando la farsa del juicio, que yo le llamo farsa de juicio porque eso fue, la represión que tuvimos fue peor porque denunciamos la farsa que estaban haciendo. Eso nos supuso… A mí me asaltaron mi negocio, mi peluquería. El local donde teníamos la sede de la Plataforma de Lucha Obrera fue asaltao, literalmente asaltao. Fue violentao y yo me tuve que tirar en aquellos entonces quince días fuera de Almería, había orden de arresto contra mí y me tuve que ir a Murcia”.

Los abogados de la defensa calificaron en todo momento de terroristas a los fallecidos, incluso con posterioridad a la correcta identificación de los mismos. De hecho, en el periodo que transcurrió desde el crimen hasta la finalización del juicio desde diversas instancias se continuó poniendo en duda su identidad, pasando de terroristas a delincuentes comunes o bien, homosexuales. Además, se intentó crear un clima según el cual Almería estaba infestado de terroristas y pisos francos.

Lo cierto es que no se encontró ningún impacto de bala en las ruedas del Ford Fiesta, pero sí alrededor del depósito de gasolina y en los cuerpos y en las cabezas de los  fallecidos. Algunos de los impactos habían sido realizados de arriba abajo,contradiciendo la versión de los guardias de que los disparos se hicieron antes de que el coche cayera a la hondonada y se incendiara.

En el lugar de los hechos se encontró una lata de gasolina. Las pistolas que presuntamente se habían descubierto horas después de la detención en el coche de los detenidos estaban llenas de herrumbre y estaban datadas en 1921. En el juicio a instancias del abogado de la acusación se declaró por parte de miembros de la Guardia Civil que perfectamente podían ser armas confiscadas y depositadas en cuarteles.

Por si fuera poco, cinco pescadores que pasaban por la carretera de Gérgal cuando el coche estaba incendiándose con los tres jóvenes dentro ratificaron en el juicio que pararon para ofrecer su ayuda y un extintor que portaban en su automóvil, y que un guardia civil les dijo que no era necesario ya que los heridos habían sido evacuados (lo cual, evidentemente, no era así).

En las conclusiones finales los abogados defensores reconocieron por fin que había existido un delito de homicidio, cuando previamente afirmaban que no había existido delito, pero alegaron “cumplimiento del deber” de los tres enjuiciados y “obediencia debida” en los casos del teniente y del guardia. El fiscal, sospechosamente coordinado con los defensores, no cambió sus alegaciones y siguió manteniendo en todo momento que se trataba de un homicidio.

Al teniente coronel Castillo Quero, que en ningún momento ha mostrado sombra de arrepentimiento, se le sentenció a una pena de 24 años de prisión. Al teniente Gómez Torres a 15 años de prisión, y al guardia Fernández Llamas a 12 años de prisión. Todas las penas citadas implicaban además la baja en el cuerpo de la Guardia Civil.

En todos los casos los acusados salieron de la cárcel con bastante antelación al final de sus penas por un teórico buen comportamiento (Castillo Quero logró el tercer grado a los tres años). Además cumplieron en unas condiciones que para sí quisieran muchos de los internos que siguen penando por las cárceles de España. Durante parte de la pena residieron en centros militares en lugar de hacerlo en cárceles ordinarias y, tal y como se denunció años después, recibieron un ‘salario’ procedente de los fondos reservados del Ministerio del Interior.

Con posterioridad a la sentencia, tal como mostró el diario El País en su edición del día 15 de octubre de 1985, la esposa del ex-teniente coronel Castillo Quero solicitó para su marido un indulto por “sus largos servicios a la patria”.

El 22 de abril de 2015, el Diario de Almería dio cuenta de cómo la formación política Amaiur había formulado varias preguntas relacionadas con el Caso Almería en el Congreso de los Diputados. Quería saber si los agentes de la Guardia Civil condenados por asesinar a los tres jóvenes cobraron esas ayudas de fondos reservados, las cantidades y si, finalmente, el Gobierno contemplaba considerar a los fallecidos como víctimas del terrorismo, tal y como reclaman las familias. Jon Iñarritu, diputado de Amaiur, recibió la siguiente respuesta a sus numerosas preguntas: “El Gobierno carece de información que pueda aportar a una respuesta parlamentaria, dada la antigüedad de los hechos referidos en la pregunta”.

Unas conclusiones que se extienden en el tiempo

Tanto las familias de los jóvenes fallecidos como su abogado, numerosos periodistas y políticos que siguieron el caso, tienen hasta el día de hoy, 35 años después, otra versión de los hechos que se sigue manteniendo en la oscuridad por parte de las sucesivas autoridades gubernativas y de la Guardia Civil.

Caben pocas dudas respecto a que a Juan Mañas, a Luis Cobo y a Luis Montero los mataron miembros de la Guardia Civil en un estado de confusión rayano en la demencia o la obsesión. Pudiendo realizarse las comprobaciones de identidad oportunas no se hicieron, pese a que la Guardia Civil tenía medios para ello, tal y como se comprobó en el juicio. Las pistolas que dijeron haber encontrado en el coche, con toda probabilidad fueron colocadas allí para justificar la inculpación como militantes de ETA.

Es muy probable que a uno de ellos o a todos se les trasladara a una antigua fortaleza cerca de la costa y se les torturara intentando arrancarles una confesión. También es posible que alguno de ellos o todos fallecieran bajo tortura y que el Ford Fiesta en el convoy de traslado solamente transportara en la parte de atrás personas muertas o… sus restos. Si fuera así, estaríamos ante un concepto aún más perverso de la “ley de fugas”.

Es posible que se prendiera el coche utilizando la propia gasolina del depósito y también la del bidón que se encontró en los alrededores, con el objeto de ocultar las lesiones producidas con antelación.

Este 10 de mayo se cumplen 35 años de los hechos que se relatan. Las familias continúan en completo desacuerdo con el desenlace. Por ello, siguen pidiendo que se aclaren las circunstancias reales de la muerte de sus familiares y que recaiga la ley con justicia en los causantes. Los guardias civiles eran once y solamente fueron juzgados tres. El resto, además de participar en la acción, cometieron el delito de ocultación de pruebas.

Las familias siguen solicitando dignidad para los jóvenes asesinados y que se les considere víctimas del terrorismo. En ningún momento ha sido aceptada esta cuestión, alegando que solamente pueden ser consideradas así las víctimas de ETA […]

El año pasado, en la plaza de Pechina, localidad de nacimiento de Juan Mañas, se le levantó una placa en homenaje y en recuerdo de los hechos acaecidos. En Cantabria, tierra de nacimiento o de adopción de todos ellos, jamás se ha realizado un acto de homenaje oficial ante sus asesinatos.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/cantabria/sociedad/Caso-Almeria-verguenzas-Transicion_0_513049551.html
Categorías
Noticias

En Ucrania los vecinos impiden que los fascistas derriben un monumento a Lenin

La semana pasada los habitantes de Limanskoe, en Odesa, se enfrentaron a los soldados del batallón fascista Azov que pretendían derribar un monumento a Lenin.

Los fascistas llegaron a la localidad en un autobús para cumplir la legislación aprobada por la Rada en abril del pasado año que ordena destruir todos los símbolos de la época soviética.

Cuando ya habían destruido su parte superior, un grupo de vecinos se acercó para increparles, produciéndose un altercado, por lo que más vecinos se fueron agrupando en los alrededores.

Ante una situación tensa, los fascistas volvieron a subir precipitadamente al autobús y abandonaron el lugar, mientras los vecinos les lanzaban gritos de ¡fascistas! e ¡hijos de puta!

Algunos de los presentes grabaron el incidente, que se puede ver en internet (*).

En Ucrania la destrucción de obras monumentales soviéticas comenzó en diciembre de 2013, pero hasta el año pasado la Rada no aprobó una ley que prohibía el uso de los emblemas de la época soviética. Su objetivo es la reescritura de la historia de Ucrania.

Desde entonces la destrucción de monumentos y obras escultóricas creadas por prestigiosos artistas soviéticos ha sido vertiginosa, a pesar de la oposición de los ucranianos.

Otros han convertido la destrucción en un negocio. Su valor artístico e histórico es tan importante que algunos avispados se han apoderado de numerosos símbolos soviéticos para venderlos. A pesar de que los precios no detienen su ascenso, cada vez hay más compradores, tanto dentro como fuera de Ucrania.

Recientemente en Kiev se ha vendido una estatua de bronce de Lenin pintada con los colores nacionales ucranianos, azules y amarillos, por 15.000 dólares. No quieren a Lenin pero no les importa quedarse  con el dinero que su recuerdo genera.

(*) Одесситы подрались с ‘Азовом’ из-за Ленина
http://www.youtube.com/watch?v=tlGmHhQvbCA
Categorías
Noticias

50 años de la Conferencia Tricontinental

Mensaje a la Tricontinental
Ernesto ‘Che’ Gevara
Ya se han cumplido veintiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.

Veintiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.

No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer el recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz. Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.

En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada a bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes.

En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad y el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreana enrolada.

En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Vietnam se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera en aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda.

Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aún cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después.

Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos.

Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momento, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar.

En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.

En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividía al país en dos zonas y estipulaba la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quiénes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao-Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo-Din-Diem, cuyo trágico fin -el de la naranja exprimida por el imperialismo- es conocido de todos.

En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podría ocurrir, aún utilizando todos los métodos de fraude de ellos conocidos.

Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.

Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio, los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del Norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por las unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada.

Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1.700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.

Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo.

La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.

Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y, ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha. Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo –para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente–. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.

El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor de su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba.

Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los “cuatro puntos” del Norte y “los cinco” del Sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible, e inaceptable, dado por los norteamericanos.

Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos.

Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esta ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.

El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.

América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden oponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya; cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantener lo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación, de cualquier tipo que sean.

Bajo el eslogan, “no permitiremos otra Cuba”, se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo, o anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.

Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución.

Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones pro-imperialistas.

Desde el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.

Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.

Esa doble situación; un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.

Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta donde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

El África, ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere.

Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano, su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.

No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas.

Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo.

Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre los sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los que han “pacificado” en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente.

En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente artificial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática –también llamada hipocresía en buen romance– presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del África Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés.

En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizan los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos los problemas se ventilan en organismos tan inocuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.

Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucionaria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundización de sus revoluciones.

Cuando las masas negras de Sudáfrica o Rodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África. O, cuando las masas empobrecidas de un país se lancen a rescatar su derecho a una vida digna, de las manos de las oligarquías gobernantes.

Hasta ahora se suceden los golpes cuartelarios en que un grupo de oficiales reemplaza a otro o a un gobernante que ya no sirva sus intereses de casta y a los de la potencias que los manejan solapadamente pero no hay convulsiones populares. En el Congo se dieron fugazmente estas características impulsadas por el recuerdo de Lumumba, pero han ido perdiendo fuerzas en los últimos meses.

En Asia, como vimos, la situación es explosiva, y no son sólo Vietnam y Laos, donde se lucha, los puntos de fricción. También lo es Camboya, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresión directa norteamericana, Tailandia, Malasia y, por supuesto, Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la última palabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese país, al ocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

En América Latina se lucha con las armas en la mano en Guatemala, Colombia, Venezuela y Bolivia y despuntan ya los primeros brotes en Brasil. Hay otros focos de resistencia que aparecen y se extinguen. Pero casi todos los países de este continente están maduros para una lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no puede conformarse con menos que la instauración de un gobierno de corte socialista.

En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo “internacional americano”, mucho más completa que en otros continentes. Lengua, costumbres, religión, amo común, los unen. El grado y las formas de explotación son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de los países de nuestra América. Y la rebelión está madurando aceleradamente en ella.

Podemos preguntarnos: esta rebelión, ¿cómo fructificará?; ¿de qué tipo será? Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberación.

En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios, pero ya han dado los mártires que figurarán en la historia americana como entregando su cuota de sangre necesaria en esta última etapa de la lucha por la libertad plena del hombre. Allí figurarán los nombres del Comandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del Comandante Fabricio Ojeda, de los Comandantes Lobatón y Luis de la Puente Uceda, figuras principalísimas en los movimientos revolucionarios de Guatemala, Colombia, Venezuela y Perú.

Pero la movilización activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes; César Montes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala, Fabio Vázquez y Marulanda lo hacen en Colombia, Douglas Bravo en el occidente del país y Américo Martín en El Bachiller, dirigen sus respectivos frentes en Venezuela.

Nuevos brotes de guerra surgirán en estos y otros países americanos, como ya ha ocurrido en Bolivia, e irán creciendo, con todas las vicisitudes que entraña este peligroso oficio de revolucionario moderno. Muchos morirán víctimas de sus errores, otros caerán en el duro combate que se avecina; nuevos luchadores y nuevos dirigentes surgirán al calor de la lucha revolucionaria. El pueblo irá formando sus combatientes y sus conductores en el marco selectivo de la guerra misma, y los agentes yanquis de represión aumentarán. Hoy hay asesores en todos los países donde la lucha armada se mantiene y el ejército peruano realizó, al parecer, una exitosa batida contra los revolucionarios de ese país, también asesorado y entrenado por los yanquis. Pero si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de los yanquis. En el propio Perú, con tenacidad y firmeza, nuevas figuras aún no completamente conocidas, reorganizan la lucha guerrillera. Poco a poco, las armas absolutas que bastan para la represión de las pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino de Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como Juntas de Coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa.

América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación, que empieza a hacerse sentir a través de la Tricontinental en la voz de la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolución Cubana, tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del Segundo o Tercer Vietnam del mundo.

En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales -instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta.

El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una Revolución Socialista.

Al enfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad táctica sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario: el soldado norteamericano tiene capacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente la motivación ideológica que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar contra ese ejército en la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se mina infligiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos.

Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que deben exigirse desde hoy, a la luz del día y que quizá sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego.

Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrará a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún. No podemos predecir el futuros pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en forma pacífica. Para nosotros está clara la solución de esta interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello, de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes -donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares- en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.

Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla.

Los comienzos no serán fáciles: serán sumamente difíciles. Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestra misión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos. La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos. La galvanización del espíritu nacional, la preparación para tareas más duras, para resistir represiones mas violentas. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma.

Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asiático, un africano y, aún, un europeo.

Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado.

Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha.

Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carácter y una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, el diálogo y la conciliación también lo sabemos. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen es una tarea inútil. Pero el enemigo está allí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria tendrán el reconocimiento de los pueblos.

Dadas las virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa, nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aún cuando coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad: pero en el estado en que se encuentran, querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia las irá borrando o dándoles su verdadera explicación.

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.

Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno: liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes.

Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.

No podemos eludir el llamado de la hora. Nos lo enseña Vietnam con su permanente lección de heroísmo, su trágica y cotidiana lección de lucha y de muerte para lograr la victoria final.

Allí, los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien, acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nación norteamericana, tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quien no puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte a los que avanzan mas allá de sus reductos fortificados; la hostilidad permanente de toda la población. Todo eso va provocando la repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aún dentro de su propio territorio.

¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para éste de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!

Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército del proletariado, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución Cubana y de su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actitud en esta parte del mundo: “Qué importan los peligros o los sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad”.

Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.

[La Conferencia Tricontinental, en la que participaron 500 delegados procedentes de los países del Tercer Mundo, se celebró entre el 3 y el 15 de enero de 1966 en La Habana]
Categorías
Noticias

Clooney encabeza la manifestación contra el genocidio armenio

El domingo pasado el actor norteamericano George Clooney encabezó la manifestación de millares de armenios en Eravan, la capital del país, que conmemoraba el 101 aniversario del genocidio cometido por Turquía.

Los manifestantes marcharon hasta la cumbre de la colina en la que se encuentra el memorial del genocidio, depositando flores ante la llama eterna.

De origen irlandés por parte de padre y alemán por su madre, el actor lucha desde hace tiempo para que la masacre de un millón y medio de armenios a manos de Turquía durante la Primera Guerra Mundial se reconozca como un genocidio.

Clooney llegó el día anterior a Eravan. En una rueda de presa declaró que el genocidio “forma parte de la historia de Armenia y también de la historia mundial, no es el dolor de una única nación”.

Por su parte el presidente armenio, Sarkissian, lamentó que “la política de negación de Turquía no ha cambiado”.

Armenia es en la actualidad un país sin acceso al mar, situado en el Pequeño Cáucaso, constituido en su mayoría por países musulmanes. Tiene fronteras terrestres con Turquía al oeste, Georgia al norte, Azerbaián al este e Irán al sur. Se ve apoyada por su alianza con Rusia, con la cual tiene importantes acuerdos de cooperación y defensa.

El pasado año, centenario del genocidio, Putin estuvo presente en Erevan al mismo tiempo que François Hollande, mientras que la mayoría de los jefes de Estado del planeta prefirieron celebrar la batalla de Gallipoli en Turquía.

Categorías
Memoria Histórica

La guerra civil rusa (1918-1921): La Campaña Meridional

Mientras Yudenitch atacaba por el norte a Petrogrado, Denikin, ex militar zarista, dirigía su ataque desde el sur. Su ejército que se decía el salvador de Rusia, era conocido como el sádico, por sus métodos de hacer la guerra.

Ucrania era un punto estratégico al igual que el Don en cuanto a recursos se refiere; al establecerse la república soviética ucraniana en diciembre de 1917, el general Simón Petliura, antisoviético, instó a los alemanas a derrocar junto a él el régimen soviético.

Nikolai N. Yudenitch

Las tropas alemanas inundaron Ucrania, las fuerzas soviéticas fueron desalojadas de Kiev y Kharkov, quedando un estado títere, a la cabeza contaba con Petliura, pero dominado por las tropas alemanas de ocupación. Se iniciaron unas medidas punitivas para acabar con obreros y campesinos revolucionarios.A pesar de esto, el movimiento revolucionario seguía en ascenso. Se sustituyó al gobierno de Petliura por una dictadura militar, al mando, Skoropadski. Pero este, a finales de 1918 huyó de Ucrania junto con el ejército alemán de ocupación, que había sido diezmado por el ejército rojo y por los guerrilleros ucranianos.

Pero esto no supuso el fin de los problemas, los aliados también habían apoyado a los antisoviéticos en la Rusia meridional. Un ejército de voluntarios de cosacos del Don al mando de Kaledin, Kornilov y Denikin y otros ex generales zaristas. Al principio, la campaña emprendida por este ejército sufrió fuertes contratiempos, Kaledin y Kornilov no aguantaron, y Denikin tuvo que tomar el ejército, que se batía en retirada, hostigado por los soviéticos.

En este momento oscuro para los blancos, aparecieron los aliados, franceses e ingleses, con armamento y provisiones en su ayuda. Se le repuso su ejército y se armó para iniciar una nueva ofensiva. En las últimas semanas de 1918 Odesa y Sebastopool fueron tomadas por ingleses y franceses. Denikin emprendió una ofensiva contra Moscú. Su más cercano compañero era Wrangel, un despiadado asesino y de repugnantes métodos bélicos. Marchando hacia el norte tomaron Tsaritsyn, la futura Stalingrado.

A unas 120 millas de Moscú, se inició una magnífica contraofensiva trazada por el miembro del Comité Militar Revolucionario, Stalin, el Ejército Rojo respondía. El ejército blanco, sorprendido, iniciaba la retirada hacia el Mar Negro, el ejército terminó por desintegrarse. Los restos de este llegaron a Novorossisk; a su llegada a esta ciudad del Ejército Rojo fue recibido por bombardeos de ingleses y franceses, Denikin huyó en un buque, y la ciudad fue tomada por los soviéticos.

La campaña oriental

Al mismo tiempo que se trazaba el plan de Denikin, el almirante Kolchak debía sitiar la ciudad desde el este. Los periódicos occidentales aclamaban las grandiosas victorias del Almirante, pero a mediados de 1919 emprendió la huida, en vanguardia tenía al Ejército Rojo, en retaguardia a las guerrillas. En noviembre evacuó la capital que había establecido, Omsk. En su retirada llegó a Irkurtsk, cuyo pueblo se le rebeló, estableció un soviet y lo arrestó; en el juicio se justificó con la falta de ayuda extranjera. Fue condenado a morir fusilado.

La cuestión polaca y Wrangel

Piotr Wrangel

Los aliados, ingleses y franceses, lanzaron dos ofensivas más contra Rusia. Los polacos invadieron Ucrania, gracias a la generosa financiación de Estados Unidos, llegando a ocupar Kiev. Allí fueron detenidos y rechazados por el ejército rojo. Este aprovecha y consigue llegar a las puertas de Varsovia. Con motivo del fuerte avance soviético, los aliados fortalecieron las ayudas a los polacos, pero debido a la mala organización militar de Trotsky y Tujachevisky, los soviéticos se vieron obligados a firmar la Paz de Riga, Polonia se quedó con una parte de Bielorrusia y Ucrania.

Esta paz había posibilitado la concentración de las fuerzas soviéticas hacia el barón Wrangel, que reemplazó a Deniki, quien junto con el apoyo francés había marchado hacia el norte desde Crimea hasta Ucrania. Pero en 1920 se le rechazó hasta Crimea, y se vio embotellado por las fuerzas rojas, que asaltaron el Perekop, se extendieron por toda Crimea y lazaron al ejército de Wrangel hacia el mar.

La última resistencia

El último ejército en suelo ruso era el del Japón imperial, en Siberia para ser exactos. Los japoneses, junto con los blancos, iniciaron una última campaña desde Vladivostok contra los soviets. Uno de los barones a cargo de fuerzas blancas y japoneses se creyó la reencarnación de Gengis Khan, sentía la necesidad de recuperar los antiguos territorios del Imperio Mongol.

Pronto emprendió su campaña contra el ejército rojo desde Siberia. Su táctica era más bien el de razias, pasaba a cuchillo a todo aquel judío, comunista o simpatizantes de la democracia. En julio de 1921, el Ejército Rojo emprendió una contraofensiva destinada a terminar con este ejército. Tras varios encontronazos, se alcanzó la victoria soviética con la ayuda de guerrillas. Las tropas del reencarnado huyeron, su guardia personal se le amotinó y lo entregaron a las fuerzas soviéticas.

Fue juzgado y sentenciado a ser fusilado, acto que ocurrió en el mes de septiembre de ese mismo año (1921). Al año siguiente el Ejército Rojo cercó Vladivostok, los japoneses que estaban allí se rindieron, fueron expulsados y la bandera roja ondeó sobre la ciudad. Poniendo fin así al último ejército extranjero en suelo soviético.

Situación posterior a la Guerra Civil

Durante los dos años y medio que duró la sangrienta y cruel guerra civil, unos siete millones de rusos, niños, hombres y mujeres, murieron. Las pérdidas materiales, calculadas por el futuro gobierno soviético, ascendieron a sesenta mil millones de dólares; añadir que ningún invasor pagó reparaciones.

Los gastos aliados ascendieron por parte de Gran Bretaña a casi cien millones de libras esterlinas; Francia entre 30 y 40 millones de la misma moneda, estos dos gastos en tan solo ayudar a Denikin. La campaña inglesa del norte costó otros 18 millones de libras, y los japoneses se gastaron 900 millones de yenes en la manutención de sus tropas en Siberia.Y el porqué de gastar tanto en una guerra no declarada, tan inútil como costosa. Principalmente los aliados querían los recursos que Rusia ofrecía, y vieron la oportunidad de restaurar el sistema anterior a la Revolución si ayudaban a los blancos. Grandes intereses imperialistas por parte de los imperios, como por ejemplo del Británico, que quería cerrar el paso de Rusia hacia la India.Recordar que las primeras medidas que se tomaron en el gobierno soviético fue la nacionalización de los grandes trusts económicos del imperio zarista.

En palabras del propio Lenin: “Al combatir con amplitud en todos los frentes a la contrarrevolución patria, hemos aprovechado un momento difícil para la burguesía internacional y asestado a tiempo un poderoso golpe al cuerpo de la contrarrevolución, hoy aplastada. Puede afirmarse con toda seguridad que la guerra civil se ha acabado en lo fundamental”.

La creación del Ejército Rojo

Hubo una transición entre un ejército imperialista hacia uno revolucionario, la construcción de este último ha de ser desarrollada bajo los principios básicos de los planteamientos de la Revolución de Octubre de 1917. El ejército ha de ser uno de los principales instrumentos en político; el Ejército Rojo es el instrumento de la Revolución Bolchevique, como afirmaba Lenin.

Acerca de cuáles han de ser las condiciones para la creación de una fuerza que defienda al proletariado escribió Lenin: “Tal como han insistido frecuentemente Marx y Engels, el primer precepto para los que quieran llevar a cabo una revolución exitosa es lograr la destrucción y desintegración del viejo ejército y su reemplazo por uno nuevo. Una nueva clase, que por primera vez toma las riendas del gobierno, jamás podrá conquistar el poder y consolidarlo, sin la desintegración (o, como lo llaman los reaccionarios y los cobardes filisteos, la ‘desorganización’) del viejo ejército; sin soportar necesariamente un difícil y doloroso período de transición sin ningún ejército y sin construir, gradualmente, en el curso de una dura guerra civil, una nueva organización militar como fuerza de defensa de la nueva clase”.

Ya antes de la Revolución de Febrero de 1917 el ejército ruso había comenzado un proceso de desintegración. Durante la Gran Guerra fueron 19 millones los hombres llamados a combatir, pero no había el armamento ni el material suficiente ni necesario para cubrir sus necesidades. Los procesos y lo sucedido en el período revolucionario entre febrero y octubre sirvieron para acelerar este proceso de desintegración ya iniciado.

No hubo formación antes de la revolución para la construcción de un futuro ejército. El Partido Bolchevique contaba con sus propias organizaciones militares, clandestinas evidentemente, dentro del ejército zarista, cuyo destino era la extensión de la propaganda y la preparación de la insurrección armada. Pero tras la revolución y su triunfo, su función cambiaría, ahora serían los defensores del país y de la patria socialista, como afirmaba Lenin. Pasaron de ser desorganizadores de un ejército, a tener que configurar uno nuevo. Ahora tenían que evitar la formación de ejércitos contrarrevolucionarios. Petrogrado sería el centro de trabajo militar bolchevique.

Para desintegrar por completo el ejército zarista, cada soldado debía volver a su ocupación civil, y a partir de ahí, de los trabajadores, campesinos y soldados construir un nuevo ejército, popular y revolucionario. Las células bolcheviques serían las cumplidoras de un importantísimo papel a la hora de organizar este nuevo ejército.

El 12 de enero de 1918 el Consejo de Comisarios del Pueblo estableció un decreto concerniente a la “formación del Ejército Socialista” que debía construirse “desde abajo en base a los principios de elección de los oficiales y del mutuo respeto y disciplina entre camaradas”. No fue hasta febrero de 1918 cuando se crearon las primeas formaciones del Ejército Rojo, cuando las fuerzas imperialistas alemanas marcharon sobre Petrogrado.

Entonces sería un ejército de voluntarios, que en mayo sumaba unos 300.000 hombres, a los que se les incorporaron la mayor arte de los guardias rojos. La carestía de armas aún era evidente y marcaba la tendencia; no todos los voluntarios pudieron ser armados debidamente. Esto era debido a la parálisis que sufría la industria armamentística del país debido a la guerra civil, sumada a las consecuencias de la Gran Guerra.

Como consecuencia de la Guerra Civil y los motivos anteriormente recogidos la creación fehaciente de un verdadero ejército pleno y funcional, bien equipado y con una instrucción no fue hasta 1924. Se construiría a partir de los principios generales definidos por el programa militar del 9 Congreso del Partido Bolchevique.

Primera parte | La intervención de las potencias imperialistas en la guerra civil rusa

Categorías
Memoria Histórica

La guerra civil rusa (1918-1921)

Primeramente hay que mencionar el miedo, el terror, que tenían los países capitalistas al poder incipiente de la Revolución Bolchevique y de los ideales que en ella habitaban. Como por ejemplo se tiene constancia de la creación de soviets en países capitalistas como Alemania, en Berlín, Hamburgo y en toda Baviera. También presente en Hungría, y por toda Europa recorre un fantasma que pedía el fin de la guerra con aires revolucionarios.

A pesar del triunfo de la revolución en Rusia, todavía sigue existiendo una serie de generales, la Remanente Zarista, que tienen a su cargo, sus ejércitos correspondientes, liderados por los almirantes Alexandr Kolchak y Denikin. Se configuraban como un estado paralelo al estado soviético.La victoria de los soviéticos liderados por Lenin en la Revolución de Octubre es la principal razón de los acontecimientos que transcurren a posteriori, debido a sus acciones políticas revolucionarias, que iniciaron la nacionalización de los servicios vitales del antiguo estado zarista, para hacerlos del estado.

A la llegada del verano de 1919, ya las fuerzas armadas de catorce estados habían penetrado en territorio ruso, sin previa declaración de guerra. Eran los ejércitos de los siguientes países: Francia, Japón, Alemania, Italia, Estados Unidos, Checoslovaquia, Gran Bretaña, Serbia, China, Finlandia, Grecia, Polonia, Rumanía y Turquía.

La posición de los ejércitos blancos es la siguiente: al norte y al noroeste, en Arkángel, Murmansk y en los estados del Báltico están los británicos y las tropas blancas del general Yudenitch; al sur, en el Cáucaso y en el Mar Negro está el general Denikin con los franceses; al este, está Kolchak acampado a lo largo de los montes Urales, junto con los ingleses; al oeste, están los franceses y los polacos, bajo la dirección del general Pilsudski.

La justificación que plantearon los invasores fue la siguiente: evitar que las provisiones de guerra cayeran en manos de los alemanes, ayudar a los checoslovacos a retirarse de Rusia y ayudar a los rusos a restaurar el poder en agitado país.

El joven gobierno soviético se enfrentaba a una defensa en una situación muy complicada. El país a consecuencia de la I Guerra Mundial había quedado estéril y exhausto, había hambrunas por las que millones morían, fábricas paradas, tierras sin labrar, transportes parados. Daba la impresión que un país en estas condiciones no podía ser capaz de resistir las embestidas imperialistas, de un enemigo dotado de granes y bien equipados ejércitos, de amplios recursos económicos, reservas de alimentos y provisiones.

Sitiado en todas direcciones por los invasores extranjeros, amenazado por las incesantes conspiraciones internas, el Ejército Rojo se retiró lentamente a través del país, pero luchando valientemente a medida que se retiraba. El territorio controlado por Moscú quedó reducido a un dieciseisavo del área total de Rusia.

La evolución de la Guerra Civil

La guerra civil ya estaba presente antes de la Revolución de Octubre en las manifestaciones de Lenin. Cuando la burguesía atropellaba los derechos de los proletarios, de los obreros, estos lo tomaban como una guerra civil. Tras 1917 los términos guerra civil y lucha de clases cobraron un mismo significado, y lo utilizaron dentro del proceso de expropiación de fábricas y fincas agrícolas.

La guerra civil es la forma más enconada de la lucha de clases. Una lucha entre la burguesía y el proletariado. La sublevación de Kornilov, apoyada por los terratenientes y los capitalistas, junto con los kadetes (partido demócrata constitucionalista), condujo al comienzo de la guerra civil. Lenin sostuvo que en abril de 1917 se llegó al acercamiento de la guerra civil.

El partido bolchevique habló alto y claro de la finalidad de la guerra civil proletaria: la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres, la paz y la propuesta inmediata de paz y la confiscación de las tierras de los latifundistas.El enemigo exterior de la Rusia Soviética es el imperialismo anglo-francés y el norteamericano-nipón. Atacan, saquean y penetran en suelo ruso, también derriban el poder establecido. Como veremos más adelante con la sustitución de los poderes locales por los imperialistas. Lenin siguió exponiendo: “los capitalistas anglo-nipones quieren restaurar el poder de los terratenientes y los capitalistas en Rusia, para repartirse el botín de guerra, para someter a los obreros y campesinos rusos al capital anglo-francés”. Siguiendo la división que establecieron M. Sayers y A. E. Kahn la Guerra Civil Rusa se compuso de cuatro campañas.

La campaña septentrional

A comienzo de 1918 unos agentes del servicio secreto inglés planeaban un levantamiento armado contra el gobierno soviético local en Arkángel. Trabajando bajo la dirección de G. Ermolaevich Chaplin, ex oficial zarista, a quien los ingleses le habían dado trabajo.

El levantamiento estalló un 2 de agosto. El general Frederick C. Poole, inglés, desembarcó en Arkángel con el apoyo de buques ingleses y franceses. Al mismo tiempo, tropas serbias y rusos blancos al mando del coronel Thornill iniciaron una marcha para atacar a la retaguardia de los bolcheviques en retirada.Tras derrocar al soviet, Poole organizó un gobierno títere encabezado por Nikolai Tchaikovsky. Pero no fue muy duradero este gobierno antisoviético hasta que fue demasiado liberal para las pretensiones del general Poole y de sus aliados zaristas. Decidieron disolver el gobierno y establecer una dictadura militar.Este golpe de estado se hubo perpetrado tal que así: el presidente Tchaikosvky había sido secuestrado junto con todos los miembros de la Administración, y llevados a un apartado monasterio, custodiado por guardias armados.

Estados Unidos no apoyó este golpe de estado, y al día siguiente fueron reinstaurados en sus puestos los miembros del gobierno y el presidente, quedando restablecida la democracia a ojos de Estados Unidos.

En los primeros meses de 1919 las fuerzas británicas en Arkángel y Murmansk eran de 18400 hombres. Que junto a ellos estaban 5100 americanos, 1800 franceses, 1200 italianos, 1000 serbios y unos 20000 rusos blancos.

Los norteamericanos se comenzaron a preguntar por qué combatían contra Rusia, si ya la guerra había acabo. Los oficiales intentaron darles respuestas, pero no llenaron el vacío de sus preguntas. Comenzaron riñas entre soldados franceses, ingleses y rusos blancos, que provocaron motines. Pero amenazados con la ley marcial, se apaciguaron, pero no contuvieron sus preguntas acercas de su misión allí.

En Estados Unidos, a pesar de la propaganda antibolchevique, las madres, padres y familiares de los soldados desplegados en Rusia no paraban de preguntarse qué hacían allí si la guerra ya había concluido. A pesar también de la oposición del pueblo de Francia y Gran Bretaña, la guerra, sin ser declarada, prosiguió.

La campaña en el noroeste

En la firma del armisticio en noviembre de 1918 entre los aliados y las potencias centrales, se estableció que las tropas alemanas que estuvieran en territorio ruso ocupado, permanecerían por todo el tiempo que los aliados vieran necesario. Entendiéndose que estas tropas actuarían contra los bolcheviques. En las provincias del Báltico el ejército del Kaiser se desintegró rápidamente, soldados cansados ya del enfrentamiento, desertaron.

Ante la gran presencia del movimiento soviético en Lituania, Letonia y Estonia, el alto mando inglés concentró su actividad en esta zona, apoyando a los guardias blancos, al mando del general conde Rüdiger von der Goltz. Este emprendió una campaña contra la república finlandesa tras conseguir esta su independencia.

Como jefe de las fuerzas el general conde Rüdiger von der Goltz lanzó una campaña de terror para acabar con el movimiento soviético en Letonia y Lituania. Pueblo de estas dos naciones que no pudo resistir el embiste, el general se estableció como dictador virtual de las dos naciones.

Los aliados vieron que a pesar de que el control de la zona del Báltico había sito controlada, estaba en mano de un general alemán, por lo que veían peligro de que Alemania predominase estos estados. En 1919 los ingleses lo sustituyeron por otro general más cercano a sus directrices.

Yudenitch fue nombrado comandante de las fuerzas blancas reorganizadas; los británicos le facilitaron material bélico para su campaña contra Petrogrado. Los estadounidenses calcularon la cantidad necesaria de alimentos para que los “blancos” tomasen la ciudad de Petrogrado.

Bajo el mando de Yudenitch se lanzó una ofensiva contra Petrogrado, a mediados de octubre de 1919 su caballería se encontraba en los suburbios de la ciudad; los aliados pensaban que en cuestión de días o semanas se conseguiría la victoria. Pero gloriosamente fue detenido en las puertas de la ciudad; contra todo pronóstico, la revolucionaria ciudad asestó un importante golpe e hizo tambalear las tropas de Yudenitch.

Por su parte, Yudenitch huyó con 100 millones de marcos, abandonando a su ejército, el cual pereció, en medio de las hambrunas y enfermedades.

Segunda parte | La intervención de las potencias imperialistas en la guerra civil rusa

Categorías
Memoria Histórica

Aniversario

Hoy, 25 de abril, se cumplen 42 años del glorioso 25 de abril de 1974 en que la llamada «revolución de los claveles» acabó con la dictadura en el vecino país y desconocido Portugal. Fue una asonada protagonizada por militares hartos de una dictadura salazarista sin salida y putrefacta con su testaferro Marcelo Caetano en su última etapa, y de las onerosas y engorrosas colonias africanas (Angola y Mozambique, sobre todo). No hubo sangre ni tiros y sí una alegría desbordante en el pueblo. La señal fue el compás radiofónico de una canción «Grandola Vila Morena» (terra da fraternidade) interpretada por el revolucionario bardo Jose “Zeca” Afonso cuyo eco y sonido todavía nos pone la carne de gallina a quienes vivimos aquellas inolvidables fechas.

Se habló de una «Cuba comunista» en Europa, algo que, al margen de la evidente exageración, no se podía consentir, y a ello se puso, desde el primer minuto, la embajada norteamericana en Lisboa y la CIA. Primero ensayaron con golpes de mano de militares nativos cuasi fascistas como el vetusto general Spinola y, fallando este espadón, echaron mano de un político en el exilio con vitola de socialdemócrata y líder del Partido Socialista portugués, Mario Soares, el Felipe González luso que no tardó mucho en enfriar los ánimos hasta finalmente traicionar las expectativas populares, como no se cansara de denunciar el gran dirigente del Partido Comunista portugués, Alvaro Cunhal, y otros militares de corte revolucionario como Vasco Gonçalves, Rosa Coutinho u Otelo Saraiva de Carvalho, por ejemplo.

Mucho tiempo ha pasado, es cierto. Más tiempo ha pasado desde los idus de marzo, y nos seguimos acordando tanto de estos como de aquella efeméride. Hay quien cree que el tiempo, su paso, lo cura todo y que todo se olvida; pues bien, el tiempo, su paso, cura y no cura nada, y se olvida y no se olvida nada, eso es todo y como todo. En nuestra mano está y de ello depende todo.

Desde este modesto blog sólo queríamos recordar -no vemos su evocación en ninguna parte- aquella fecha donde, al menos, en cierto modo, hubo una ruptura democrática que hizo temblar y temer con un posible efecto contagio a la vecina España con Franco agonizante mientras ya estaban diseñando desde los cuarteles de la CIA y militares españoles la milagrosa «Transición democrática» lampedusiana, es decir, cambiar algo para que todo, o casi todo, siga igual.

Allí, ruptura; aquí, ni eso. Por lo menos, una diferencia cualitativa.

Buenas tardes.

Categorías
Memoria Histórica

Política y estrategia

No cabe duda de que el general nazi Reinhardt Gehlen es uno de los personajes más fascinantes, no sólo de la Segunda Guerra Mundial sino, sobre todo, de la posguerra. Estuvo a las órdenes del III Reich, luego de Estados Unidos y, finalmente, de la República Federal de Alemania, lo cual, expuesto de esa manera, parece aludir a tres cosas muy distintas…

Es inevitable que un personaje así escribiera sus memorias tras jubilarse en 1968 como director del servicio secreto alemán (*), bastante decepcionantes por cierto porque no cuenta ni la décima parte de lo que sabía.

Cuando las escribió hacia 1970, el nazi quiso dejar bien claro que, antes que nada, era un anticomunista furibundo. Habría que haberle escuchado en 1940, en plena etapa de esplendor del hitlerismo.

Pero con la derrota nazi y el paso del tiempo, el general se presentaba como un “nacionalista alemán”, quizá escorado hacia eso que llaman “extrema derecha” los que nunca llaman a las cosas por su nombre.

Veamos. Durante toda la guerra Gehlen luchó en el frente oriental contra el Ejército Rojo al mando de algo impropio de un “nacionalista alemán”: las unidades “extranjeras” incorporadas a la Wehrmacht.

En cuanto acabó la guerra se puso, con todos sus hombres y sus medios, al servicio de su anterior “enemigo” (pg.125), una potencia también “extranjera”, Estados Unidos, que ocupaba militarmente el suelo alemán, del que nunca se ha marchado. ¿Dónde está el nacionalismo de los fascistas?

Es ocioso insistir en la naturaleza ideológica de Gehlen. Su “nacionalismo” era como el de todos los fascistas, pura retórica, la misma que le impide referirse a su enemigo en el frente como “soviético”. Lo que él vio en las trincheras eran “rusos”.

Como buen oficial de Estado Mayor, Gehlen entendió a la perfección las causas de la victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial: “Los rusos tenían una inteligencia estratégica y política de formidable calibre y gran astucia”, escribe (pg.81).

Si Gehlen no hubiera estado tan absorbido por su mentalidad chovinista podía haber añadido que en 1941-1945 los verdaderos “alemanes” fueron “los rusos”.

No es, pues, como lo pintan los documentales de la tele. La guerra no la perdieron “los alemanes”, a los que siempre presentan, por su propia naturaleza, como superiores a “los rusos” antes y ahora. Si, como explica Gehlen, la Segunda Guerra Mundial, como cualquier otra guerra, no es más que política (pg.93), la victoria soviética significa que políticamente la URSS estaba por encima del III Reich -faltaba más- y, consiguientemente, por encima de cualquier otro país de aquella época.

Cuenta Gehlen que el proyecto de Hitler era la “destrucción del estado ruso”, la “liberación” del comunismo, lo cual sólo era posible “con la ayuda del propio pueblo ruso” porque las guerras modernas no se entablan entre ejércitos sino entre pueblos (pg.92). “En la política y la guerra modernas no se puede prescindir del factor psico-político”, concluye el general nazi (pg.110) en un capítulo de sus memorias sugerentemente titulado “Cortejando a los rusos”.

Las alusiones de Gehlen ayudan a entender el verdadero proyecto político que los nazis tenían para la URSS tras su rápida victoria militar: ¿a quién cortejar?, ¿a quién poner al frente del nuevo Estado ruso?, ¿quiénes eran sus sicarios en Moscú?, ¿quiénes formaban parte de las redes de Gehlen en la URSS? El general reconoce que en la posguerra uno de sus espías llegó a ministro de la República Democrática Alemania. Pero no dice nada de la etapa anterior a la guerra, ni de sus infiltrados dentro de la URSS.

A la inversa, las redes de Gehlen explican las depuraciones políticas y militares inmediatamente anteriores a la guerra que se llevaron a cabo en el Partido, el Estado, el Ejército Rojo y todas y cada de las instituciones públicas y privadas de la URSS. Los depurados eran esos cómplices rusos que el III Reich pretendía “cortejar” para imponer sus planes de destrucción de la URSS. La conclusión es obvia: en la victoria soviética de 1945 tan importante como los disparos de la artillería fueron las previas depuraciones políticas de finales de los años treinta.

Lo que Gehlen recuerda en sus memorias no sólo es el abecedario de cualquier guerra sino, naturalmente, de cualquier desafío político moderno. Las batallas políticas no sólo las pierden quienes sostienen una estrategia equivocada, sino -sobre todo- quienes no tienen ninguna, quienes la reducen a seguir una táctica tras otra, a eso que ahora llaman “gestión”, a interpretar sondeos electorales y contar votos.

Si en las batallas políticas y militares no sólo triunfan los ejércitos sino las masas, quien se pone incondicionalmente, de verdad, a su servicio tendrá ganada la primera pelea y la más importante.

(*) Servicio secreto. Memorias del jefe del servicio de inteligencia alemán, Barcelona, 1972.

Categorías
Noticias

La población de San Francisco convertida en conejillos de Indias (4)

El fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo, como era de esperar, la prohibición de realizar experimentos en seres humanos sin su consentimiento (los cuales, desgraciadamente, hizo de forma recurrente Hitler durante la contienda). Este compromiso quedó sellado en el “Código de Nuremberg” de 1947, el cual firmaron una buena cantidad de naciones como Estados Unidos.

Sin embargo, tan solo tres años después, el gobierno norteamericano se lo saltó para llevar a cabo una serie de experimentos con armas bacteriológicas en su propia población. El más famoso (y peligroso) de ellos se viviría en San Francisco, donde el ejército liberó una nube de gas tóxico desde el mar para averiguar si la ciudad era sensible a un ataque selectivo realizado mediante este tipo de armas.

Así lo afirma, al menos, la versión digital de la revista “Discover”, donde se han hecho eco de este experimento y han determinado que el experimento se llevó a cabo sin el consentimiento de los estadounidenses.

Concretamente, el microbio fue liberado en forma de nube tóxica para averiguar también cuánto tardaría en extenderse a otras regiones de Estados Unidos y determinar cuál era la forma más idónea de detenerlo. De confirmarse este hecho, el gobierno norteamericano habría realizado uno de los experimentos humanos más grandes de la Historia.

En palabras de “Discover”, el microbio liberado fue el “Serratia marcescens”, una bacteria que suele formarse en ambientes húmedos y que, a pesar de que en un principio se creía inocua, puede provocar enfermedades urinarias graves y resistentes a los antibióticos.

El experimento se realizó en la década de 1950 (no se detalla una fecha concreta) por parte del Ejército de los Estados Unidos. Concretamente, el cuerpo de ejército responsable fue la Marina, que se dedicó a rociar durante seis días San Francisco con bombonas y bombonas de un gas con esta bacteria mediante varios dragaminas a lo largo de la costa.

La operación (llamada “Mar-Spray”) fue un éxito, pues el ejército llegó a la conclusión de que San Francisco era un lugar idóneo para ser asaltado con armas bacteriológicas. A su vez, y tal y como quedó explicado en un informe de 1951, los militares señalaron que, si se sufría un ataque en esta zona, la nube tóxica se podría extender hasta las comunidades adyacentes de Albany, Berkeley, Daly City, Colma, Oakland, San Leandro, y Sausalito. De hecho, se estimó que unos 800.000 habitantes recibieron una fuerte dosis de este gas.

Las consecuencias no se hicieron esperar y -a pesar de que los expertos habían señalado que “el Serratia marcescens rara vez causaba una enfermedad”– a los pocos días once pacientes fueron ingresados en el Hospital de Stanford (en San Francisco) aquejados de infecciones urinarias severas. A su vez, varios sujetos que estaban recuperándose de una cirugía de próstata desarrollaron complicaciones relacionadas con el corazón.

Fuente: http://www.abc.es/cultura/20150715/abci-eeuu-armas-quimicas-guerra-201507151443.html
Nota: Como es típico del diario ABC, no se priva de calificar como “éxito” el experimento. Se refiere a que para la Marina fue un “éxito” tener a su disposición a millones de personas para sus experimentos. Si hubiera tenido ocasión de pronunciarse, la población de San Francisco opinaría de una manera bien diferente.
Categorías
Noticias

Los neonazis atacan el cementerio republicano de Logroño

El cementerio de La Barranca de Logroño, donde yacen 400 republicanos asesinados por el franquismo, ha amanecido profanado con numerosas pintadas nazis. Este jueves, se conmemora el 85º aniversario de la II República y el cementerio civil de La Barranca ha sido atacado, mancillando la memoria de las víctimas enterradas allí.

Esvásticas pintadas en blanco han cubierto diversas lápidas y también el mapa de los presos republicanos, instalado en el cementerio el pasado domingo. El ataque neonazi ha arremetido contra el monumento a las damas de negro, erigido en conmemoración a las viudas de los asesinados.

Los asaltantes han escrito sobre las lápidas y esculturas diversos mensajes ensalzando el franquismo. Se pueden leer mensajes como «Pasamos y pasaremos», en réplica al lema republicano durante la Guerra Civil «¡No pasarán!»

La Asociación La Barranca ha publicado un comunicado condenando el ataque y denunciando los «hechos ante la justicia». Instan a todas las autoridades competentes a tomar medidas para «perseguir el atentado» y a los responsables. Alegan que se trata de un «doble ataque contra el patrimonio y contra la memoria de las víctimas, así como enaltecimiento del terrorismo».

Además, desde la asociación piden a las instituciones públicas que investiguen la posible vinculación de las pintadas con algún partido político o asociación en vista de las iniciales aparecidas «A.E» (Arriba España) en el mapa de los presos.

La redes sociales se han inundado de mensajes en repulsa del atentado contra la memoria de los fallecidos en el cementerio civil erigido sobre la fosa común donde se enterró a los republicanos, también desde los partidos políticos.

Fuente: http://www.eldiario.es/sociedad/Ataque-memoria-republicanos-enterrados-Barranca_0_505350417.html