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El fin de la ‘Doctrina Monroe’: Rusia, China e Irán han desembarcado en América

Aviones iraníes, rusos y chinos han aterrizado en las pistas del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, a pocos kilómetros de la capital venezolana.
Es un fenómeno que no había ocurrido ni siquiera durante la Guerra Fría, en tiempos de la URSS, cuando Estados Unidos impuso un bloqueo a Cuba.

Esta semana el asesor de seguridad de Estados Unidos, John Bolton, dijo que Rusia, Chia e Irán son otros tantos obstáculos para la influencia de Washington en América Latina.

El presentador de Newsweek, Hugh Hewitt, le preguntó a Bolton por la llegada de aviones rusos, chinos e iraníes para apoyar al gobierno de Maduro: “El presidente Trump está decidido a no ver a Venezuela bajo la influencia de potencias extranjeras”, respondió Bolton.

Bolton se refería a la “Doctrina Monroe”, impuesta por el quinto presidente de Estados Unidos, James Monroe, a principios del siglo XIX.

Originariamente la doctrina era anticolonialista. Se invocó para limitar la influencia europea en América, aunque luego Estados Unidos impuso un colonialismo de estilo propio que ha sido la base de la mayoría de las políticas de Washington en la región.

“Si la Doctrina Monroe fracasa, si China y Rusia, así como Cuba, establecen su dominio sobre Venezuela, creo que los intereses estratégicos estadounidenses se verán perjudicados”, admitió Bolton.

“El pueblo de Venezuela quedará atrapado por esta dictadura. Vemos aquí la prueba palpable de ocho años de errores en la política de la administración Obama”, añadió.

Boltón argumentó que prefiere una transición pacífica de poder en Venezuela, aunque reiteró una vez más que para Estados Unidos “todas las opciones están sobre la mesa”.

“Mira, nuestra meta es una transición pacífica del poder a Juan Guaidó y la oposición”, continuó Bolton. “Pero no olvidemos que tenemos entre 40.000 y 50.000 ciudadanos estadounidenses en Venezuela”.

“Tenemos países, como usted ha mencionado, Colombia y Brasil en la frontera con millones de refugiados venezolanos que han estado allí. Organizaciones terroristas como el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) amenazan a Colombia”, dijo.

“Protegeremos los intereses nacionales estadounidenses, y Maduro debe saber que el presidente Trump es muy serio cuando dice que todas las opciones están sobre la mesa”, amenazó Bolton.

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El Presidente de Ecuador ha vendido a Assange a Estados Unidos a cambio de 4.200 millones de dólares

Lenin Moreno, Presidente ecuatoriano
El Presidente de Ecuador, Lenin Moreno, ha vendido a Julian Assange a Estados Unidos a cambio de un préstamo de 4.200 millones de dólares del FMI (Fondo Monetario Internacional), ha manifestado Rafael Correa, su antecesor en el cargo entre 2007 y 2017.

Tras su elección en 2017, Moreno renovó las relaciones con el FMI, con el que su predecesor, Correa, había roto.

WikiLeaks ha publicado documentos sobre la relación de Moreno con INA Papers, una empresa en quiebra, de la que fue vicepresidente.

Ecuador ha obtenido 10.200 millones de dólares en créditos de organizaciones internacionales, principalmente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial.

Correa dijo que había pruebas del negocio y que Moreno había prometido entregar a Assange en una reunión en 2017 con Paul Manafort, antiguo director de campaña de Trump.

Correa también ha denunciado las visitas del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, a Ecuador.

Ademaś de entregar a Assange, Moreno se ha comprometido con Estados Unidos a aislar a Venezuela y dejar impune a la petrolera Chevron, que había destruido la mitad de la selva amazónica.

El mes pasado, el FMI anunció la aprobación de un préstamo de 4.200 millones de dólares a Ecuador. Ya se ha efectuado el primer pago de 652 millones de dólares.

La venta de Assange, que tiene nacionalidad ecuatoriana, es contraria al derecho internacional, que no admite la extradicción de los nacionales a otro país, sino que deben juzgar los propios tribunales.

Moreno también persigue a Correa, que se encuentra refugiado actualmente en Bélgica.

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Venezuela es víctima de una guerra electromagnética de última generación

Los ataques informáticos no son suficientes para explicar los repetidos sabotajes a la red eléctrica venezolana, sobre todo teniendo en cuenta la llegada de expertos de los ejércitos ruso y chino que los están analizando y, hasta la fecha, no han sido capaces de impedir que se reproduzcan.

La destrucción es consecuencia del empleo del nuevo armamento electromagnético por parte del ejército de Estados Unidos, como ha denunciado Maduro (1).

El ejército de Estados Unidos descubrió las armas electromagnéticas a finales de la década de los cuarenta, cuando explotaron una bomba atómica a gran altura (2). En la URSS las primeras investigaciones sobre este nuevo tipo de armas las llevó a cabo el físico Andrei Sajarov, premiado luego por la Unión Europea por su “pacifismo”.

El fenómeno físico conocido como EMP o “pulso electromagnético” se basa en un principio muy conocido: un campo magnético causa una corriente eléctrica en los cuerpos conductores que atraviesa. Si son importantes, pueden interrumpir o incluso destruir todos los sistemas electrónicos en un radio de varios kilómetros.

Los científicos a sueldo del Pentágono se pusieron a desarrollar un arma destinada a sustituir a las bombas atómicas y por eso al principio se comenzaron a llamar “bombas electrónicas” o bombas HPM (High Power Microwave).

En la jerga militar las llaman “barril de cerveza” (beer cans) y la califican como “un arma limpia de destrucción masiva” porque son inocuas para los seres humanos (o eso dicen, al menos).

Para generar un campo magnético, las nuevas armas no utilizan explosivos sino un generador de microondas de alta potencia, un descubrimiento que se obtuvo al observar que los aparatos electrónicos no funcionan cerca de un radar potente.

Un “barril de cerveza” tiene una potencia de 10.000 megawatios y es capaz de destruir cualquier central eléctrica o nuclear. Los más conspiranoicos aseguran que fue uno de esos barriles el que destruyó en 2001 la fábrica AZF de Toulouse, la mayor catástrofe industrial que ha conocido Francia, con 31 trabajadores muertos y 12.000 heridos.

Si se detienen un momento a reflexionar se darán cuenta de que la explosión coincide en el tiempo con las voladuras, más famosas, de las Torres Gemelas de Nueva York. Ambas tienen común una retahíla de hipótesis y literatura, a cada cual más rocambolesca para los que gustan de ese tipo de acontecimientos.

Los ejército más avanzados del mundo protegen sus equipos e intalaciones con una especie de “jaula de Faraday” para evitar su destrucción, lo que no ocurre con instalaciones civiles, como las saboteadas en Venezuela.

El ejército estadounidense ya utilizó bombas electromagnéticas en 2003 para destruir las instalaciones subterráneas de Saddam Hussein durante la Operación Tormenta del Desierto.

Las bombas electromagnéticas tienen como objetivo cualquier sistema electrónico, de telecomunicaciones, transportes ferroviarios, aviones, tanques…

(1)
http://albaciudad.org/2019/04/maduro-en-venezuela-se-ensayan-nuevas-armas-ciberneticas-y-electromagneticas-para-lograr-un-cambio-de-regimen/

(2) Carlo Koop, The electromagnetic bomb: a weapon of electronic mass destruction, http://ausairpower.net/ASPC-E-Bomb-Mirror.html

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También la matemática se rebela contra Venezuela

Juan Alberto Sánchez Marín

193 países son miembros de la ONU. 54 países reconocieron al golpista Juan Guaidó como presidente interino. Es decir, a 139 estados no les pasó por las cabezas gubernamentales que Nicolás Maduro no fuera el auténtico presidente de Venezuela. O, lo que es lo mismo, 139 países no reconocieron como presidente al invento estadounidense.

Por estos días convulsos Guaidó vuelve a hablar de los muchos que lo reconocen. Que superan los 60, dice; pero nadie los nombra ni se halla el repertorio en parte alguna. Ni siquiera en la Wikipedia, que actualiza cada tanto sus gazapos al respecto. Nuevos estados han de haberse agregado, pero de incógnitos. Otros son vergonzantes, porque reconocen en el fuero interno que no debieron reconocerlo.

Un reconocimiento por convicción ajena, con excepción de los Estados Unidos, que son el fértil criadero de las falacias por indudable conveniencia, y de Colombia, cuyos gobiernos siempre hallan la forma y la normativa para creérselas.

O por ladinos de la minería y los hidrocarburos, mayúsculos y aprovechados, como Canadá, u oportunistas de doble vía, como España, que de instar al presidente Maduro para convocar a elecciones, con grosería y a término fijo, y de poner a Pedro Sánchez a leer las definiciones de diccionario de la democracia que no tienen desde hace exactamente ochenta años (1 de abril de 1939), pasó a trabajar con los países de la Unión Europea “para garantizar que los representantes de Guaidó en la UE no recibieran estatus diplomático o privilegios”.

Lo cierto es que Guaidó está rodeado de embajadores sin credenciales y sin sede, y de emisarios, los más listos, no hay duda, que nunca aparecieron por sus misiones ni se movieron de sus aposentos particulares.

En la fogosidad febrerista (a la venezolana, que no a la paraguaya, pero casi) y con un sentido colombo lefebvrista de la renovación diplomática, Guaidó nombró a Gustavo Tarre Briceño como su representante ante la OEA, otro más en la larga nómina de los embajadores, más extraordinarios que plenipotenciarios, nombrados a dedo.

Eso sí, designado a la medida de Alejandro Ordóñez Maldonado, el exprocurador colombiano que en la misma organización estadounidense representa al país vecino como el cura de las misas a las que asiste: de espaldas a la feligresía.

Viejos figurines de Acción Democrática (AD) resurgen en familiares interpuestas, hijas y sobrinas, y seniles caudillos de Copei que aún actúan de cuerpo presente. Para que no lo despellejen vivo, Guaidó echa mano de vetustos acorazados, vuelve la vieja data de nuevo cuño y remozada la IV República. Ansían que de la V el país vaya (regrese) a la IV, que sí fue de quinta.

La prepotente UE, que le dio ocho días a Maduro para convocar a elecciones bajo la amenaza de reconocer a Guaidó como presidente, mira para otro lado cuando asoman sus nombrados y apenas les da carácter de representantes personales de quien a la hora de hablar en serio no descifran qué representa, sabiendo eso sí de sobra que no es al país.

El inaudito presidente de transición ahora es de nuevo el agitador y lenguaraz en trance que espera derrocar a Maduro esparciendo caos y planillas traducidas del inglés, y teniendo por escuderos a caudillos venidos de la nada a menos: Manuel Rosales, Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Edgar Zambrano, Luis Florido, para citar por citar unos cuantos dummies presentes en el lanzamiento exhibicionista de la Operación Libertad.

Para despejar dudas, los Estados Unidos conminaron a los medios a que en sus coberturas no se les ocurriera llamar líder opositor ni presidente autoproclamado al autodenominado Juan Guaidó, porque, según ellos, ninguno de los dos calificativos sería (¿Es? ¿Era?) correcto, en esa acendrada manía de justipreciar al lacayo y menospreciar al contradictor.

¿Por qué? No existe una razón democrática. No hay ningún fundamento en la jurisprudencia. Los artículos constitucionales citados para avalar la intentona de golpe en Venezuela (233, 333 y 350, y la amenaza eterna del 187, numeral 11) no tienen nada que ver con las motivaciones por las que eran y son traídos por los pelos. No son factibles las excusas de liberación o las salvaciones. No cupo altruismo ni el carácter excepcional de nada ni de nadie.

Los Estados Unidos se han autoproclamado adalides del planeta. Se adjudican las riquezas existentes en las regiones que someten. Su autoridad amenaza a los países que eligen el destino de no ser sus peones o secuaces. Se asignaron a ellos mismos el papel de héroes de tira cómica y buenos de película mala. Eso es lo que sucede.

“Referirse a Juan Guaidó de cualquier otra forma que no sea presidente interino es falso, cae en la narrativa de una dictadura”, afirmó Robert Palladino, portavoz del Departamento de Estado. Lo único tan grotesco como lo que anunció es la manera ridícula en que lo hizo: sin convicción, sin la menor cortesía hacia el tonto que tomaba nota de lo que decía.

En la vida cotidiana, las centenas de horas perdidas aprendiendo cálculos y aritméticas, álgebras y matemáticas, apenas son una hilera de agraciadas esdrújulas y saber descifrar “>” y “<“ (mayor que y menor que), dos signos solitarios e inútiles.

De tal suerte, podemos afirmar sin miedo a error que 54 > 193, o, lo que es lo mismo, 193 < 54. Es de lo que trataron de convencernos en asuntos de números, sumas y restas, los mismos que nos han persuadido de que tienen y tenemos democracia, tienen y tenemos justicia, tienen y tenemos al alcance esa ave arisca que se llama felicidad. La verdad es que cualquier otra lectura de la realidad es amañada y le sigue el juego a “una dictadura”. Las matemáticas maniatadas no mienten.

Las sumas armadas

En las intenciones de los golpistas venezolanos, los militares siempre fueron la joya de la corona, el objetivo principal a cautivar y sobornar. En América Latina, particularmente, un golpe de estado sin militares sería igual a una revolución de colores sin la CIA, la NED, Soros o la USAID.

Hasta el 24 de febrero, a la mañana siguiente de la fecha establecida para el definitivo derrocamiento de Maduro, luego de la gran parafernalia montada, Guaidó, los altos funcionarios gringos, el tunante secretario general de la OEA, el aún más tunante presidente de Colombia, alguno que otro solícito advenedizo y los medios hegemónicos daban partes alegres cuando un militar incauto mordía el anzuelo de los veinte mil dólares ofrecidos por cabeza desertora.

Cada soldado era esperado con una expectación cómica y a los que arribaron primero les tenían lista la gestión de la nueva ciudadanía colombiana (gestión que semanas después sigue en papeleo, es decir, en veremos y empapelada) y un micrófono para decir alguna chorrada antipatriótica de Venezuela y patriotera del vecino.

Como si saltar unas cuantas vallas fuera tan heroico como incendiar un camión sin cruzarlas siquiera. El caballo de Troya ardiendo antes de cruzar el país fortificado con contenedores vacíos.

De uno en uno fueron agregándolos y exhibiéndolos ante las cámaras, hora tras hora, días tras días, hasta que se escabulleron las lentes y se terminaron los tiempos pregonados. La suma total de los evadidos, con la ayuda de la aritmética y de otros malabares en desuso, más abstractos que el álgebra, a duras penas sobrepasó el medio millar.

Aunque, después de abandonado el asunto, el arrinconado Guaidó sostuviera en un pretérito resignado que los tránsfugas llegaron a ser más de mil. Algo es algo, por no decir que fue nada de nada. Pues la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) está integrada por 235.000 militares.

Guaidó, en la última oportunidad en que se refirió al tema con menos distracción, ratificó que más de seiscientos militares le habían “dado la espalda a Maduro”. Lo soltó como si la cifra fuera un éxito. Y se permitió agregar que “un 80% de las Fuerzas Armadas está (yo le quité la “n”) a favor del cambio”, y que se mantenía en “el proceso para buscar más apoyo”.

Por estos días de consternación, el autoproclamado manifiesta que las simpatías giran en torno al 90%, pero que aún le falta un tanto, lo cual permite suponer que esas avenencias castrenses son inversamente proporcionales a la perturbación de sus opciones. ¿Qué ocurrirá cuando franquee el 100% del apoyo militar y el 100% del de la población? ¿Cuánto por ciento falta, en su criterio variable, para que suceda algo, y cuánto sobra para que no pase nada?

¿De qué niveles de apoyo requiere Guaidó? ¿Y eso por qué será? Hasta en los sistemas de las mal llamadas democracias y en la mayoría de las entidades y empresas si alguien cuenta con la mitad (el 50%) más uno de los votos ya ganó. Apenas y si acaso reformas constitucionales o decisiones súper trascendentales se toman con mayorías cualificadas, digamos, el 55%, el 65%, las dos terceras partes de un parlamento o de una junta.

Este es entonces un caso particular donde el que cuenta con el 80 o 90% a favor dispone de las dificultades del que tiene el 10 o el 20%, o menos, y está en la obligación de remontar. Algo que no cuadraría si se tratara de las matemáticas normales, de pensum y currículos, pero sabemos que no es así.

Si no, tampoco sería posible que seiscientos fueran el 80% de 235.000 y, por consiguiente, querría decir que el golpista apenas llegó al 0,25% de las fuerzas militares para dar el golpe. Con razón le fue como le fue.

Además, hay que considerarlo, Maduro obtuvo 6.248.864 votos en las elecciones presidenciales de mayo de 2018. Un guarismo nada despreciable, que representó el 67.84% del total de los votos escrutados (9.387.449).

El único cargo de Guaidó cosechado por elección popular ha sido el de diputado de la Asamblea Nacional por el estado Vargas, en 2015, donde se ubicó de segundo para los dos puestos con que contó el pequeño estado. Allí contabilizó 97.492 del total de los 410.342 votos escrutados (el 26,01%).

Según las matemáticas de la escuela, la simplona cuestión de saber qué porcentaje de votos tiene Guaidó con respecto a Maduro se resuelve con una regla de tres simple. Si tenemos que los votos de Maduro son el 100%, ¿cuál es el porcentaje de los votos de Guaidó? Pues bien, basta con multiplicar la cifra de Guaidó por cien y el resultado dividirlo por la de Maduro, y tendremos que el autoproclamado cuenta con poco menos del 1,56% de los votos de Maduro.

En términos electorales eso de por sí podría tolerarse, al fin y al cabo, alguien puede alegar que es como comparar peras con manzanas, pues una cosa son las elecciones presidenciales y otra las legislativas, en mecanismos, en identificación, en participación. Cierto, aunque en términos estrictamente cuantitativos votos son votos y números son números. Deberían serlo, digo.

El colmo del descaro es basar la legitimidad de Guaidó en el respeto a las reglas de juego de la democracia, a ganar elecciones, y además ir pregonando a los cuatro vientos que él merece la presidencia precisamente por la razón que le da la democracia, que le dan los votos, que le debería dar la gente que no lo conoce como individuo ni lo reconoce como presidente.

Claro, cuenta con grupos de extremistas pagos, e inadaptados y matones de allende la llanura. Y para esos pagos y viáticos el autoproclamado presidente puede hacer autogiros de los recursos que los Estados Unidos le roban a Venezuela, que van a dar a sus arcas y que a la larga fueran un autorrobo si creyéramos que él hace parte del pueblo por el que invoca la lucha.

Habrá que ver cuánta hambre van a aguantar en Cúcuta los soldados y cabos y sargentos renegados esperando los ofrecimientos incumplidos, que iban desde unos cuantos dólares hasta el redimido país de Nuncajamás al que les prometieron que regresarían de la mano de Guaidó varios días después, hace ya semanas que pronto serán hartos meses.

Al fin y al cabo, debieron darse por bien servidos que luego del show no los acusaran de espías en Colombia y los deportan como amenazas a la seguridad nacional de uno de los países a los que menos les importa la inseguridad rampante.

Ojalá que a aquel coronel de Maracaibo, sin nombre como el de García Márquez, a pesar de que fue lo primero y lo único que leyó más o menos bien ante la cámara del texto que le redactó de afán algún enemigo, cuando menos haya tenido quien le escriba y le haya informado que se jodió.

Totalitarismo democrático

De los 49 gobiernos catalogados como dictaduras en el mundo, los Estados Unidos abrazan y suministran ayuda militar a 36 de ellos. Lo que sería igual a decir que el gobierno federal apoya más del 73% de las dictaduras del mundo.

Los datos corresponden a Freedom House, la tendenciosa “organización de vigilancia independiente dedicada a la expansión de la libertad y la democracia alrededor del mundo”, que elabora anualmente el reporte Freedom in the World.

La cosa es tan grave que, a pesar del carácter ultraderechista y pro estadounidense de la institución, hay que tener en cuenta sus estadísticas porque no hay más. Según Rich Whitney, los informes de Freedom House “parecen ser el mejor indicador (si no el único) de derechos políticos y libertades que abarca a todas las naciones del mundo”.

Whitney desarrolla la investigación para responder una inquietud elemental: “¿El gobierno de los Estados Unidos realmente se opone a las dictaduras y es el campeón de la democracia alrededor del mundo, como se nos dice repetidamente?”. La conclusión a la que llega es elemental: No.

El hecho es que, más allá de las feroces dictaduras conocidas, que el gobierno estadounidense exculpa y protege, como la monarquía de Arabia Saudita o la represiva junta militar de Egipto, las relaciones son muy cordiales con un buen cúmulo de gobiernos del mismo corte brutal.

Las matemáticas, otra vez, como las conocemos, no operan en la realidad, porque no son un asunto numérico ni se trata de las operaciones básicas de sumar y restar, sino de cuestiones morales, que son aun más relativas e imprecisas que una ciencia exacta.

Por lo tanto, en la enrevesada escala de valores estadounidense, en la que el contrario es denigrado, el competidor es execrable y el adversario merece la erradicación, deberíamos también aceptar que unos pocos importan más que muchos y que, desde luego, 1 > 39.

Eso aclara por qué la terquedad de los Estados Unidos contra el gobierno de un país como Venezuela y contra unos presidentes que, de Chávez a Maduro, no hicieron otra cosa que tratar de llevársela bien con ellos.

Porque la verdad es que nunca expropiaron una sola empresa gringa, si acaso nacionalizaron algunas y procedieron a indemnizarlas con creces. Nunca dejaron de suministrarle su petróleo a las poderosas refinerías estadounidenses del Golfo de México ni de la costa Oeste. Jamás les cerraron sus locales de tapadera ni les tocaron un pelo a sus funcionarios atrevidos ni a sus espías de medio pelo.

A lo mejor por eso ahora están haciendo lo que desde un principio se sabía que iban a terminar haciendo, pues es lo que siempre han hecho: dándole una patada a las buenas intenciones de la contraparte y tratando de quedarse con todas las apuestas sobre la mesa.

No contaron con que las patas de palo de la silla del oponente estaban puestas sobre un pueblo y unas fuerzas militares sólidas, ambos coherentes con el designio de una patria respetable y con la disposición para soportar el juego sucio de los adversarios.

Así que lo que en un comienzo calificamos como una obsesión de los Estados Unidos es apenas la consecuencia dialéctica de una escala de valores puesta de revés, antes que por los insanos señores de la guerra, por los desnivelados amantes de la intimidatoria paz que pregonan.

34 billones = 20 millones

Los economistas contra Venezuela airean las dificultades del país con regodeo. A la contracción de la economía, la hiperinflación y el desabastecimiento de productos básicos le adicionan el colapso del sistema eléctrico, cuyas pérdidas, estimadas desde antes de ocasionarlas, rondarían los cuatrocientos millones de dólares por día de apagón, es decir, entre dos mil quinientos y tres mil millones de dólares en total. ¿De dónde salen los datos? De ellos mismos buscándose y hallándose en cualesquiera de los buscadores más charlatanes, pero populares.

Y adentro continúan causando apagones y afuera la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro estadounidense no deja de agrandar la lista negra de los sancionados por comerciar con Venezuela. Cifras y más cifras, que son dolor y penurias de una población, para compartir y disfrutar.

¿Son ciertas esas cifras o quizás aproximadas? Nadie lo sabe, y menos aún lo saben quiénes las sueltan con absoluta irresponsabilidad, en el mismo estilo desabrochado con el que dan datos inventados y fechas perversamente precisas para la caída del gobierno, o juegan con las fechas precisas y estipuladas en los propios artículos de la Constitución que aluden.

Las causas de la debacle eléctrica, sostienen estos entendidos, corresponden a la falta de inversión y mantenimiento de la red eléctrica durante dos décadas. La teoría de la conspiración es reemplazada por la casualidad, y se niega cualquier acceso a las manos sigilosas de la causalidad.

Azar de los azares, el sistema sufre un síncope del ciento por ciento a unos días del fiasco humanitario, a dos días del regreso sin pena ni gloria de Guaidó y a unas horas del enojo sin contención en las declaraciones de los altos funcionarios estadounidenses.

Como para recordar, en todo caso, la aseveración de Robert Coveyou, el célebre matemático británico: “La generación de números aleatorios es demasiado importante para ser dejada al azar”.

Como el periodista “mayamero” sin escrúpulos Jaime Baily sabía, y así lo confiesa, del magnicidio dispuesto hace unos meses contra el jefe de estado venezolano, igual estaban avisados del ataque contra la infraestructura eléctrica (ocurrido 16:55 hora local de Caracas [GMT-4]), el senador estadounidense Marco Rubio (trino a las 17:18, hora local de Washington D. C. [GMT-4]) y el autoproclamado en tarima Juan Guaidó (trino a las 18:24, hora local [GMT-4]), y así lo constatan los trinos.

A 89 minutos del atentado eléctrico, Guaidó dejaba claro que el atentado era de grandes proporciones y en su trino, mitad triunfalismo, mitad amenaza, advirtió que la luz demoraría. Y Rubio, el mandamás latino de las maquinaciones, está aún más al tanto de los pormenores y a sólo 23 minutos del ataque confirma que los generadores de respaldo también habían fallado. Y sí, por supuesto, “fallaron”.

O el congresista Rubio tiene un talento en tiempo real para la deducción lógica y las inferencias fatídicas. O es un irresponsable que trina por trinar y alarma a una población angustiada, lo que comportaría un sadismo vistoso. O es alguien presto a servirles a los saboteadores furibundos de caja de resonancia en directo. O Rubio sabía de antemano el delito en el que iban a incurrir sus incondicionales.

De pronto, del mismo modo que invitaron a Bayly los amigos que lo creen periodista y que él trata de hacernos creer que son fuentes para comunicarle entre sorbo y sorbo de café que “el sábado vamos a matar a Maduro con drones”, así le notificaron a Rubio que “el jueves vamos a acabar con el sistema eléctrico venezolano”, y él, qué más iba a decir, al igual que Bayly, respondió: “¡Hágale!”. ¡Háganle pa’ esa! Y lo hicieron.

Como lo hicieron los Estados Unidos en Irak y en Libia: destruyeron las plantas y las torres de energía, cortaron el suministro de agua y envenenaron las fuentes naturales que no pudieron romper ni frenar con bombas.

Los Estados Unidos, a través de la USAID, hablaron de una donación de veinte millones de dólares en una ayuda humanitaria que el gobierno venezolano se negó a recibir, no por capricho, sino con fundamentos.

Porque las ayudas de esta entidad socia de la CIA no sirven, lo cual experimentó Bolivia en carne propia con la ayuda alimentaria suministrada a comienzos de los años dos mil, un maíz transgénico no apto para el consumo humano.

Porque son forzadas. Ningún país con un asomo de dignidad pensaría siquiera en aceptarlas. Tampoco es soberbia, sino la rabia que producen montajes mediocres y dañinos contra una población a la que tratan con desprecio, junto al pueril desafío de que las ayudad entran porque entran. Como dice el refrán mexicano, «ni amor obligado, ni zapato ajustado”.

Lo más grave, porque se utilizan como punta de lanza para la invasión de países; son el complemento de la infiltración y el generador de desestabilización que justifica las intervenciones humanitarias, operaciones tan generosas como criminales, acompañadas de miles de marines que multiplican de modo exponencial la crisis sanitaria y el hambre: Somalia, Libia, Iraq, Haití, en fin. Contraindicadas las medicinas y contraproducentes los alimentos; la exposición peligrosa e innecesaria por una limosna.

A los veinte millones se le sumarían los cien mil dólares del Venezuela Aid Live. Pero nadie da razón del producido en el grotesco concierto: ¿Fue a dar a los bolsillos de unos avispados en Cúcuta? No creo. ¿A las faltriqueras de Bosé y su recua de faranduleros? No sé. ¿O se disipó en bombones para la aeronave VSS Unity de Virgin Galatic? ¡Vaya uno a saberlo!.

El Banco de Inglaterra, de otra parte, se niega a devolverle a Venezuela las reservas de oro valoradas en más de 1.500 millones de dólares. Los estadounidenses presionan para que los activos se desvíen hacia el control de Guaidó y le sirvan de sustento para su actividad golpista, y para que la esposa merodee por Washington y se haga la consabida foto junto a Pence y a Trump. Una Tintori añadida (la esposa del jefe preso de Guaidó), o una María Corina en épocas de George W. Bush, antes del desuso al que la relegarían sus colegas de mala causa.

Los Estados Unidos aducen que asfixian el comercio del oro venezolano y bloquean el acceso del país a sus reservas con el pretexto de evitar su malversación por parte de las autoridades legales en acciones de corrupción y mala gestión, y antes de que estas dañen la infraestructura y afecten la ecología del país.

También, porque con tal oro el gobierno legítimo podría agravar la situación de los Derechos Humanos, agrandar la crisis de los refugiados, y, lo que es peor, mejorar la situación humanitaria a la que el país ha sido conducido por los Estados Unidos y sus cómplices, lo que no se menciona, y hacer aún más inútil de lo que ya fue el ingreso de la ayuda envenenada.

Pero eso no es todo. El gobierno estadounidense intensifica las medidas económicas contra Venezuela en todos los ámbitos. Se toma la refinería CITGO y secuestra sus cuentas, para usar sus fondos en el pago de bonos de deuda privilegiados al antojo.

No cesan las sanciones contra PDVSA, que se volverán un búmeran contra el propio mercado estadounidense, contra las refinerías de Texas y Luisiana, y que pondrán a toda la costa del Golfo a escupir el azufre de los petróleos canadienses de malas calidades. Pero providencias que, con el orgullo herido, la soberbia maltrecha y la invasión sin pudores en los espíritus de John, Mike, Elliott y Marco, se adoptan porque se adoptan.

Se congelan las cuentas del Gobierno de Venezuela y del Banco Central de Venezuela abiertas en bancos en los Estados Unidos, y se procede a amenazar a las instituciones financieras de todo el mundo que efectúen operaciones con el gobierno.

Según las estimaciones reveladas a mediados de febrero por Ricardo Menéndez, ministro del Poder Popular de Planificación de Venezuela, las pérdidas directas en producción de bienes y servicios y en actividad petrolera, producto de los embargos financieros impuestos por Estados Unidos, ascienden a 38.000 millones de dólares.

El presidente Maduro, al inicio del año, en entrevista con el periodista Ignacio Ramonet, señaló que las pérdidas del país, sólo en 2018, fueron cercanas a los veinte mil millones de dólares debido a la persecución criminal de los Estados Unidos.

Así que las cantidades que los Estados Unidos anunciaron una vez como aporte son migajas minúsculas. Veinte millones que, en definitiva, serían para el bolsillo de Guaidó, o de Vecchio, o de los dummies, y no para el país. Una cuantía que no cubre lo perdido por Venezuela en las comisiones de una sola operación cambiara, por ejemplo, la de compra de medicamentos, de paso congelada por los estadounidenses. Monedas ofrecidas con bombos y platillos y en momentos cruciales que, por adición, jamás llegan, tal cual es la costumbre con las dádivas oportunistas.

Los valores nulos que no son cero

Están lejos los tiempos en los que Guaidó pregonaba su disposición para “ofrecer amnistía a Maduro”. Terminó este ofreciéndole impunidad a Guaidó, por la elemental razón de que en la cárcel la baraúnda mediática haría de él un preso político, un inmolado en aras de supuesta libertad.

En tanto que afuera de las rejas el autoproclamado no es sino otro cero a la izquierda en la vasta fila de ceros a la izquierda de la derecha venezolana. La tozudez ideológica que no ceja en el empeño de ser una cifra dividida y un valor vacío en la vida política del país.

Guaidó no sumó una presidencia, pero restó un parlamento. Le hicieron creer que tenía un poder ejecutivo entre las manos y él terminó dejando al descubierto el carácter inservible de la Asamblea Nacional tolerada en el desacato, quizás el único espejismo que habría podido ayudarle a pasar el trago amargo de los seis años por venir de Maduro.

No tenía nada y quedó con menos, porque la desvergüenza quita. Eso sí, se las agenció para que ciertos personajes ignominiosos de la región lo fueran aún más y en un apretón de manos.

Sobre sus costillas queda que el gobierno colombiano sobrepasara los límites más extremos del ridículo en los asuntos de política internacional: el presidente Duque y su canciller Holmes Trujillo no superarán con facilidad los niveles de sandez a los que se condujeron “por enguandiosos y atarantados”, diría en antioqueño simple el verdadero presidente colombiano, Álvaro Uribe.

Pero no lo dijo porque en realidad él fue el artífice del yerro garrafal. Fue Uribe quien le originó a Duque y a Trujillo la picazón de hablar por hablar con la misma caradura que él lo hacía en sus tiempos (de pocas semanas atrás) las cosas gratuitas que el paso del tiempo reveló que eran meras tonterías.

Al haber de Guaidó fue a dar el hecho de que al locuaz excapitán Bolsonaro se le entumeciera el discurso militar. Y que a los europeos, ay, a los europeos, tan cerca del Brexit duro y tan lejos del Reino Unido, no les quedara otra que regurgitar con disparates la bobada que habían engullido.

El imprudente Macron se arriesgó un día a leer los acontecimientos venezolanos con las cenizas de tabaco en que había convertido las calles de París. El injerencista embajador de Alemania, declarado persona non grata, hizo maletas y se esfumó con el apagón. Claro, aun en medio de los gestos de guerra sucia en marcha dio el adiós al entrañable autoproclamado.

A Guaidó le quedará de por vida el excepcional lucimiento de haber engañado a los mismos personajes que lo engañaron. Fue un corpóreo presidente ante los presidentes que sabían que no era nadie. Y volverá pronto a lo que sus dotes a máxima potencia le permiten ser: el faro vaporoso de los saboteadores que lo saben de sus filas y se lo tragan como de en carne y hueso.

No será fácil la corrección de tanta estupidez gubernamental y diplomática para los cincuenta y tantos países que en una vez remota lo reconocieron como presidente interino. Lo mejor que les puede suceder es que borren pronto con los codos el pintarrajo que hicieron con las manos.

Empezando por Estados Unidos, que deshaga ese imposible pronto, junto a la turbulenta boludez de Bolton, la pomposidad esperpéntica de Pompeo. Y ¡ábrase el lesivo Abrams!

Es difícil, claro está, moverse de la fantasía exultante a la desesperanza, sin hacer escalas en los acontecimientos ciertos. Medio verídicos, siquiera. Todos se mintieron entre todos, unos a otros se trampearon y manipulan a las huestes desinformadas por los medios embusteros. Es lo que hicieron y siguen haciendo.

El gobierno estadounidense burla al Congreso. Los partidos se pelean por las cosas que tienen en común para aparentar disimilitudes y se avienen en las diferencias porque los afiliados son políticos por negocio y no por política.

Los demócratas tienen predilección por las invasiones y los republicanos prefieren las intervenciones, y porque quizás de veras lo creen y lo justifican con idearios disparatados que vienen del “Destino Manifiesto” al “Gran Garrote”, de la “Doctrina Monroe” a su “Corolario Roosevelt”, de la “Seguridad Nacional” a los bloqueos, tratan de convencernos de que no son las mismas guerras cruentas que propalan y a las que les dan continuidad desde la conquista del Oeste hasta las dos guerras del Golfo Pérsico (que fueron tres); de las guerras bananeras a Libia, de la ocupación y robo de la mitad del territorio de México a la guerra nunca declarada de Vietnam; de Cuba y Siria a Venezuela e Irán. Contra el comunismo, el terrorismo, las drogas, ¡qué importa el subterfugio!

Lo único que unos y otros, republicanos y demócratas, recuerdan de América Latina es su reputación de despensa atiborrada de riquezas para el usufructo. Un pormenor que no la hace distinta a un montón de esquinas en el resto del mundo, pero a la mano. Para completar el tinglado, desde los tiempos de Bolívar hasta los actuales, unos latinos taimados que se pasan de listillos por las ganas de poder, y que juegan con fuego.

Y todos, de Duque a James Story, el gringo disfrazado de encargado de negocios de la Embajada de los Estado Unidos en Venezuela hasta que lo echaron con su parranda de entrometidos, insisten en el cuento de estar del lado correcto de la historia.

Como si en la historia hubiera orillas y no flujos, y como si en ella tuvieran cabida las valoraciones de correcto o incorrecto, cuando no es más que una sucesión de tergiversaciones según el ritmo y el rumbo al que navegue el que la cuenta. Como si la misma historia para unos no fuera las grandes cifras cuya multiplicación da cero y para otros la serie de naderías que al dividirlas son el todo. Pura minería de relatos y simples matemáticas elementales.

https://www.alainet.org/es/articulo/199201

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Venezuela no descarta la llegada de más tropas rusas

El viceministro de Asuntos Exteriores de Venezuela, Iván Gil, dijo ayer que su país no excluye la llegada de personal militar ruso adicional.

Según Gil, el gobierno venezolano no ha descartado el despliegue de personal militar ruso adicional en virtud de un acuerdo con Moscú.

“El grupo de especialistas militares está [en Venezuela] en el contexto de nuestros acuerdos y contratos de cooperación militar y técnica”, dice la agencia rusa Interfax.

Por su parte, Gil asegura que las fuerzas rusas permanecerán en Venezuela el tiempo que sea necesario, y que no hay un período fijo para su estancia.

Varias decenas de soldados rusos llegaron a Venezuela el mes pasado después de que el ejército estadounidense desplegaran a sus tropas en la frontera entre Colombia y Venezuela a principios del mes marzo.

Aunque algunas informaciones aseguraron que el Ejército Popular de Liberación de China también se ha desplegado en Venezuela, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China ha desmentido la información, calificándola de “simplemente falsa”.

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Las tropas rusas que han arribado a Venezuela son especialistas en ciberguerra

Valentin Vasilescu

Menos de una semana antes de las elecciones parlamentarias israelíes, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu realizó una breve visita sorpresa a Moscú. El Kremlin no ha revelado el orden del día del encuentro entre Netanyahu y Putin, pero parece que hubo discusiones “apasionadas”. La visita tuvo lugar poco después de que dos aviones rusos con 100 soldados a bordo aterrizaran en el aeropuerto de Caracas. Parece que algunos de los rusos son especialistas en ciberseguridad. Su presencia está ligada a una serie de apagones que han afectado a la mayor parte de Venezuela.

Kaspersky Lab, con sede en Moscú, es el detector de ciberataques más avanzado del mundo. Tiene 400 millones de clientes en todo el mundo y proporciona protección cibernética a las instituciones públicas rusas. Recientemente, los ingenieros de Kaspersky Lab probaron nuevos dispositivos de detección de virus y descubrieron actividades inusuales en las redes de la empresa, características de un ataque cibernético masivo. En esta ocasión descubrieron el virus Duqu 2.0, con los mismos algoritmos y códigos que Duqu, pero más sofisticados. No se sabe quién introdujo el virus en los ordenadores de Kaspersky Lab, pero Duqu 2.0 puede prevenir su detección desde unos pocos meses hasta unos pocos años.

Duqu es un derivado del virus Stuxnet. En 2010, un ataque informático con Stuxnet destruyó las plantas de enriquecimiento de uranio de Irán en Natanz. Stuxnet fue creado en una operación conjunta israelo-americana (Operación Juegos Olímpicos) como un medio de ataque informático. Posteriormente, Duqu 2.0 fue identificado en los apagones actuales en Venezuela.

Israel es la segunda potencia cibernética más grande después de Estados Unidos. Es el único país del mundo donde, en las escuelas secundarias, existe una educación basada en exámenes sobre el tema de “ciberseguridad”. Hay seis centros israelíes de ciberseguridad. Para los israelíes, el ejército es obligatorio. Los graduados con los más altos puntajes de ciberseguridad hacen su servicio militar en la Unidad 8200, también conocida como UNSU (Unidad Nacional Sigint de Israel), que cuenta con 5.000 soldados. La estructura J6/C4i (Dirección de Ciberdefensa) está subordinada al Servicio de Inteligencia del Ejército (AMAN).

Fue creado por la NSA y ha participado en las principales operaciones de inteligencia israelíes. La Unidad 8200 forma a expertos en ciberseguridad que desarrollan su carrera profesional en empresas civiles.

La mayoría de las empresas privadas de ciberseguridad en Israel son propiedad de militares. Se han enriquecido con la venta de armas de antiguos países socialistas a milicias africanas (Sierra Leona, Angola, Congo). A cambio, recibieron diamantes o minas de diamantes. Estas empresas cibernéticas privadas se ocupan de la protección, pero también de la recogida de información o del ataque a determinadas redes. Trabajan en beneficio de los países desarrollados de todo el mundo. En 2018 obtuvieron un beneficio de 6.000 millones de dólares.

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P.D. Los especialistas rusos que han inspeccionado los sabotajes a la red eléctrica de Venezuela, han concluido que Estados Unidos las ha destruido con armas electromagnéticas de última generación.

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Tropas rusas desembarcan en Venezuela para combatir a las ‘brigadas de la muerte’

Rusia ha trasladado soldados en dos aviones a Caracas, la capital de Venezuela, para evacuar consultas con sus homólogos venezolanos. Los aviones rusos aterrizaron el sábado en el aeropuerto internacional de Maiquetía.

A su llegada, los rusos se reunieron con la jefa de cooperación internacional para la integración de Venezuela, Marianne Mata, el jefe de policía de la SWATT del país, Edgar Colin Reyes, así como con representantes de la embajada rusa en Caracas.

La llegada de los militares rusos a Venezuela es consecuencia de los informes de que Estados Unidos está a punto de formar “brigadas de la muerte” en territorio venezolano.

Según la agencia France Press, un avión con los colores de Rusia aterrizó, bajo la supervisión de la Guardia Militar Nacional del aeropuerto, en una pista del aeropuerto internacional de la capital, anunciando la llegada de unos 100 soldados rusos acompañados por un oficial superior.

Los medios de comunicación locales informaron que 99 soldados rusos habían llegado a Caracas en dos aviones que también transportaban 35 toneladas de carga.

La agencia rusa Sputnik anunció que los soldados rusos llegaron a Caracas a bordo de dos aviones que aterrizaron en el aeropuerto internacional de Maiquetía. Al frente de la delegación está el general Vasily Tonkoshkurov, Jefe Adjunto de Estado Mayor del Ejército ruso.

Ni las autoridades venezolanas ni la embajada rusa han querido comentar la información. Sin embargo, Sputnik asegura que los militares han llegado para participar en consultas bilaterales con sus colegas sudamericanos.

Entre Rusia y Venezuela hay varios acuerdos firmados y pendientes de implementación, incluyendo acuerdos de cooperación técnico-militar.

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El ejército colombiano mata a un dirigente del ELN y captura a otros tres guerrilleros

En el marco de la Campaña Militar y Policial Esparta, tropas del ejército en una operación conjunta con la Fuerza Aérea y en coordinación con la policía, golpearon contundentemente al grupo guerrillero ELN, al matar a “Nazario”, uno de sus dirigentes durante 15 años y capturar de tres guerrilleros más pertenecientes al Frente de Guerra Oriental.

Después de meses de investigación por parte de las fuerzas represivas y una vez ubicado el objetivo, se realizó la inserción de las tropas que de manera oportuna realizaron la operación que se desarrolló en la vereda La Chona, jurisdicción del municipio Labateca. El dirigente conocido con los alias de Manuel o Nazario, encabezaba la autodenominada comisión Martha Cecilia Pabón Pabón del Frente Efraín Pabón Pabón, con más de 15 años de lucha guerrillera.

La policía acusa a “Nazario” de participar en el atentado cometido contra la Policía Nacional el 3 de julio del año 2014, donde perdieron la vida cuatro policías y dos más resultaron lesionados. También dicen que atacó el oleoducto caño limón Coveñas, dejando derrames de crudo que desembocaron daños ambientales.

El ejército también detuvo a tres personas que componían el anillo de seguridad del dirigente, identificados como José Vicente Ramírez Contreras conocido como Toreto y segundo cabecilla de la comisión Martha Cecilia Pabón; Edna Vanesa Forero alias La Mona y compañera sentimental de Manuel o Nazario, y una tercera capturada de nacionalidad venezolana.

Durante esta operación fueron incautadas dos pistolas y un equipo para comunicaciones, por lo que el material y las personas capturadas fueron dejadas a disposición de la autoridad competente.

En Colombia los intoxicadores de la prensa aseguran que Nazario recibía órdenes “desde Venezuela”(*).

(*) https://www.laopinion.com.co/judicial/nazario-recibia-ordenes-desde-venezuela-ejercito-173724

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¿Qué hacían los mercenarios de Estados Unidos cuando fueron detenidos en el Banco Central de Haití el mes pasado?

En su momento ya relatamos aquí (1) que varios mercenarios estadounidenses habían sido detenidos en Haití durante las protestas del mes de febrero, pero Matthew Cole y Kim Ives han aportado en The Intercept nuevos detalles (2).

La mayoría de los mercenarios llegaron a Puerto Príncipe desde Estados Unidos en avión privado la madrugada del 16 de febrero. Llenaron un avión de ocho pasajeros con un cargamento de rifles semiautomáticos, pistolas, chalecos antibalas de Kevlar y cuchillos. La mayoría ya había sido pagados: 10.000 dólares cada uno por adelantado y otros 20.000 más que les prometieron una vez terminado el “trabajo”.

Un trío de haitianos comprometidos con el gobierno les saludó cuando su avión aterrizó alrededor de las 5 de la madrugada. Un asistente del presidente haitiano Jovenel Moise y otros dos amigos haitianos del régimen los llevaron al aeropuerto más grande del país, evitando a los funcionarios de aduanas e inmigración, que todavía no habían llegado a trabajar.

El equipo de merecenarioos incluía a dos antiguos SEAL de la Marina, un antiguo contratista entrenado por Blackwater y dos mercenarios serbios que vivían en Estados Unidos. Su jefe, un antiguo piloto de C-130 de 52 años de edad, Kent Kroeker, había dicho a sus hombres que la operación secreta había sido solicitada y aprobada por el propio Moise. Los enviados del presidente haitiano dijeron a Kroeker que la misión sería escoltar al asistente presidencial, Fritz Jean-Louis, al banco central haitiano, donde transferiría electrónicamente 80 millones de dólares de un fondo petrolero del gobierno a una segunda cuenta controlada exclusivamente por el Presidente. A través de este proceso, los haitianos dijeron a los estadounidenses que preservarían la democracia en Haití.

Era un acuerdo demasiado bueno para que la banda de veteranos y contratistas de seguridad lo rechazara. Pero un día después de que llegaran a Haití se encontraban en prisión y en el centro de un caos político, con los haitianos preguntando qué hacía un grupo de mercenarios extranjeros en el banco central y para quién trabajaban. En tres días, Kroeker y su equipo fueron liberados y devueltos a Estados Unidos, después de escapar de los cargos criminales en Haití.

Muchos detalles de la operación siguen sin estar claros, pero las entrevistas con funcionarios haitianos, con policías, así como con una persona que conoce directamente el plan, dan una imagen de la torpeza de la operación. Lo que inicialmente parecía un complot cómico de un grupo de eantiguos soldados en busca de un reparto mercenario fácil y rápido, acabó mal ejecutado para el intento de Moise por consolidar su poder político con la fuerza mercenaria.

Ninguno de los mercenarios habló directamente con Moise ni recibió documentos oficiales del gobierno haitiano autorizándolos a llevar a cabo la misión. Sin embargo, Jean-Louis y el otro organizador clave de la trama, Josué Leconte, un haitiano-americano de Brooklyn y amigo cercano de Moise, no parecen haber sido piezas deshonestas.

Los mercenarios llegaron en un momento político y económico turbulento en un país con una historia de disturbios. Desde el pasado mes de julio, cuando Moise trató de subir el precio del combustible un 50 por ciento, las manifestaciones intermitentes paralizaron a Haití. Entre 2008 y 2017, Venezuela proporcionó a Haití petróleo barato por valor de unos 4.300 millones de dólares en el marco del Acuerdo de Petrocaribe, que Venezuela firmó con Haití y otros 16 países del Caribe y América Central. Haití se benefició de un acuerdo particularmente favorable: el 40 por ciento de las sumas adeudadas a Venezuela debían ser devueltas en 25 años a un tipo de interés anual del 1 por ciento. Mientras tanto, Haití era libre de inyectar los ingresos que obtenía de este petróleo en el fondo Petrocaribe. Se suponía que el fondo iba a apoyar hospitales, clínicas, escuelas, carreteras y otros proyectos sociales, y ayudó a apoyar al gobierno haitiano tras el devastador terremoto de 2010 y el huracán Matthew en 2016.

Pero las sanciones de Trump contra Venezuela y la mala gestión financiera del gobierno haitiano llevaron al Banco Central haitiano a suspender los pagos a Venezuela, y el acuerdo de Petrocaribe terminó efectivamente a principios de 2018. Una investigación del Senado haitiano reveló que los casi 2.000 millones de dólares del fondo habían sido malversados y robados, principalmente a las órdenes del presidente haitiano Michel Martelly entre 2011 y 2016.

Moise llegó al poder en 2017, después de que el fiscal de Puerto Príncipe lo acusara de lavado de dinero negro. Las acusaciones de corrupción, combinadas con el fin del petróleo venezolano y el crédito barato, crearon una tormenta perfecta de indignación popular. En los últimos meses, Moise y el primer ministro haitiano Jean-Henry Céant han estado luchando por el poder, y la decisión de Moise de apoyar los esfuerzos de Trump para socavar a Maduro, han desencadenado una nueva serie de manifestaciones callejeras populares en Haití, con manifestantes que exigen la renuncia de Moise. Según la Constitución haitiana, eso habría convertido a Céant en el dirigente del país.

A los mercenarios les dijeron que el fondo Petrocaribe estaba controlado por Moise, Céant y el presidente del Banco Central, Jean Baden Dubois. La creciente división política entre el Presidente y el Primer Ministro, dejó los 80 millones de dólares congelados “de facto”.

Leconte y Jean-Louis dijeron a los mercenarios que al transferir el dinero a una cuenta a la que Céant y Dubois no tenían acceso, Moise podría dirigir el país de manera más eficiente, de ahí la promesa de apoyar la democracia en Haití. El fondo era el único instrumento económico importante del gobierno, y esta medida aseguraría la posición de Moise y paralizaría a su Primer Ministro. No está claro lo que Moise pretendía hacer con el dinero una vez que tomara el control del mismo.

Leconte pagó a los mercenarios por la operación. Junto con su socio, Gesner Champagne, que también se reunió con los mercenarios en el aeropuerto de Puerto Príncipe, se comportó mal, lo que le dio a Moise una negación plausible.

A cambio de su ayuda, el Presidente prometió a Leconte y Champagne que adjudicaría un contrato de telecomunicaciones a Preble-Rish Haití, la empresa de ingeniería y construcción que Leconte y Champagne dirigen juntos. Jean-Louis, Kroeker y sus cinco compañeros de equipo llegaron al Banco de la República de Haití en el centro de Puerto Príncipe alrededor de las 2 del mediodía del domingo 17 de febrero, unas 36 horas después de su llegada al aeropuerto. Además de ser asistente presidencial, Jean-Louis había sido director de la lotería, que ya no pertenece al Banco Central. No está claro si su cargo anterior estaba relacionado con el hecho de que había sido elegido para transferir el dinero.

Los mercenarios se subieron a tres coches y se bajaron. Estaban fuertemente armados y se encontraban en el refugio alrededor de Jean-Louis. El Banco estaba cerrado, pero Jean-Louis le dijo a un guardia de seguridad en la puerta que estaban allí para el negocio del Banco. Sospechando sus intenciones, el guardia de seguridad se negó a dejarlos entrar y alguien alertó a la policía.

Después de que el Departamento de Estado liberara a los mercenarios, todos los involucrados en la operación se dispersaron. Jean-Louis y Leconte huyeron de Haití. Leconte regresó a Estados Unidos desde la República Dominicana. Un día después de llegar a Nueva York, eliminó su perfil de Facebook. El 24 de febrero, Leconte huyó de un periodista que le pidió comentarios fuera de su casa de Brooklyn y se escondió en un aparcamiento.

Chris Osman, uno de los antiguo SEAL de la Marina y el único del equipo que ha discutido públicamente la operación en Haití hasta ahora, escribió en Instagram que estaba en Haití para hacer trabajos de seguridad para “personas que están directamente relacionadas con el actual presidente”. Osman aludió a la trama política de la operación diciendo que él y sus colegas “estaban siendo utilizados como peones en una pugna pública entre [Moise] y el actual Primer Ministro de Haití”. Luego Osman borró su mensaje.

Leconte y Champagne habían discutido un posible contrato de seguimiento con Kroeker si la transferencia de dinero tenía éxito. No está claro cuál podría haber sido su tarea.

(1) https://mpr21.info/2019/02/haiti-detenidos-varios-mercenarios.html
(2) https://theintercept.com/2019/03/20/haiti-president-mercenary-operation/

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Las aguerridas mujeres de Matamoros en rebelión contra las transnacionales en México

El 25 de enero de 2019 pasará como el día en que estalló una de las mayores huelgas de trabajadores de maquiladoras de las que se tiene registro en México. Es un conflicto con un gran significado: los trabajadores organizados se levantaron contra las grandes empresas trasnacionales.

Este movimiento fue bautizado como 20/32, que resume dos de sus principales reclamaciones. Los trabajadores exigen un 20 por ciento de aumento salarial y un bono de 32.000 pesos (unos 1.700 dólares) para cada trabajador, cifra esta última que compense los aumentos no recibidos en los últimos 15 años.

El colectivo recibió una muestra de solidaridad en la Ciudad de México convocada por el Partido Comunista mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores que congregó cientos de personas en el Ángel de la Independencia, un sitio icónico de la capital.

“El apoyo de las organizaciones en otras partes del país es la fuerza, sobre todo para los trabajadores de cinco empresas que no han querido ceder, entre ellas Coca-Cola. Lo que no quieren es sentar el precedente de dar el pago a los trabajadores del 20/32 y llegaron al absurdo de la terminación del contrato colectivo”, dijo la abogada, Susana Prieto Terrazas.

El inicio fue hace casi dos meses en Matamoros, en la frontera norte, una de las zonas maquiladoras más grandes del país. Allí funcionan fábricas deslocalizadas de Estados Unidos o Canadá, que procesan materias primas provenientes de esos países, adonde se vuelven a exportar los productos terminados, procesados por trabajadores mexicanos.

Estas industrias han proliferado en México a partir de 1965 y particularmente a partir de la entrada en vigor del TLCAN en 1994. Además de beneficiarse del arancel cero previsto en los acuerdos comerciales, las maquiladoras reducen costos, pues del lado mexicano los sueldos son comparativamente más bajos que los de un trabajador en el resto de Norteamérica.

Los trabajadores no están dispuestos a dar el brazo a torcer y quieren mejorar su situación de precariedad. Pero desde el estallido del movimiento, sus integrantes han sufrido despidos masivos, represión y también cosechó acuerdos en 25 fábricas. Las empresas que siguen en paro son Fluxmetals de México, Coca-Cola, Grupo Mecalux Mexico, Avances Científicos de México y Agroquímicos y Equipos Industriales.

Hasta ahora, dichas empresas se han negado a negociar con el movimiento, según explicó su asesora jurídica.

Uno de los primeros anuncios del presidente Andrés Manuel López Obrador al asumir el cargo fue sobre la duplicación del salario en 43 municipios de la frontera norte, o que se aumentara la base mínima a 176 pesos mexicanos (9 dólares) por día.

“Los contratos de estos obreros están indexados al aumento del salario mínimo. Con el decreto del presidente López Obrador debió aumentarse a toda la franja de contratos colectivos en Matamoros, Tamaulipas”, explicó Prieto Terrazas.

La respuesta de las empresas, explicó la abogada, fue quitarles los bonos de puntualidad, limpieza, excelencia y asistencia a los trabajadores, para intentar no aumentar el monto pagado.

“Todos los bonos se los eliminaron para anexarlos al salario y cuando fueron a protestar les dijeron que eso derivaba de su ignorancia”, explicó.

El malestar creció hasta que cuajó en la movilización de unos 40.000 trabajadores del sector, que en su momento álgido llegó a involucrar a 45 empresas.

El reclamo del bono surgió ante la deuda histórica que las empresas tienen con sus trabajadores y que, según Prieto, fue fomentada por acuerdos ilegítimos entre sindicatos “charros” —amarillos, esquiroles— que no han velado por los intereses de los trabajadores.

“El bono único surge del aumento que debían darle a cada trabajador y que [las empresas] generaron como una prestación adicional única desde hace 15 años, sin aumentarles el salario”, explicó la fuente.

El mecanismo que usaban las empresas era sacar la diferencia del aumento salarial que debían pagarle por día a cada trabajador, multiplicarlo por 365 y ofrecerles ese pago por única vez, en un bono anual.

Como los aumentos siempre eran bajos, de menos de 10 pesos, nunca había sido un problema para las empresas. Pero como el aumento ahora es de 88 pesos mexicanos, el bono anual para cada trabajador asciende a 32.000 pesos mexicanos (1.700 dólares).

“Hay más mujeres que hombres en la industria maquiladora, pero cada vez se les restringe más el trabajo, si fueron operadas o son mujeres de edad no las quieren, menos si están embarazadas o son madres solteras”, dijo la abogada Susana Pazos durante la movilización en la Ciudad de México.

El problema aumenta si consideramos que hasta ahora el salario de la maquila está condicionado a bonos extra por puntualidad y asistencia, lo que dificulta su cumplimiento cabal para las mujeres jefas de hogar.

Si una trabajadora falta un día laboral es suficiente para que en cualquiera de los 43 municipios de la zona fronteriza les descuenten la mayor parte del salario, porque las bonificaciones están sujetas al complimiento de una condición, explicó la abogada.

Sucede para todos, hombres y mujeres, con los bonos de productividad que acercan el formato laboral a condiciones de “esclavitud moderna”, como han denunciado desde el movimiento.

“Los bonos de complimiento se hicieron para deshacer a los obreros”, sostuvo la abogada. Para graficar lo vivido explicó que en Matamoros, se otorgan según el trabajo de toda la línea de producción.

“Si son 12 personas y uno falta, toda la línea pierde el bono. Si uno llega tarde, toda la línea lo pierde y de castigo te descansan 3 días. Los tienen sujetos a una enemistad y división todo el tiempo”, explicó.

La marcha en solidaridad con la mayor huelga obrera contra la industria nacional que se ha vivido en México concluyó en el Zócalo capitalino, con las palabras de una de las trabajadoras que hizo estallar a la multitud en aplausos:

“Las mujeres somos aguerridas y con buenos dotes para a resistencia, por eso somos la mayoría en la industria maquiladora”, exclamó la trabajadora.

Eliana Gilet https://mundo.sputniknews.com/economia/201903221086230803-maquilas-mexico-matamoros-transnacionales-huelga/