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La bolsa bolivariana triplica las cotizaciones de valores

Para los especuladores internacionales no hay nada como el llamado “socialismo” del siglo XXI: en sólo un mes el índice bursátil de Caracas se ha disparado de los 4.000 a los 12.000 puntos. Ni la bolsa de Hong-Kong, ni la de Singapur, ni Wall Street, ni la City, ni Frankfurt. El paraíso mundial de las finanzas es la revolución bolivariana.

El motivo no es que en Venezuela el capitalismo marche viento en popa, sino todo lo contrario: cuando en un país hay una inflación de tres dígitos, devaluaciones continuas de la moneda y un fuerte corralito de divisas, el dinero huye del papel moneda, las compras se disparan, incluidas las compras de títulos bursátiles.

Lo mismo (o más) que Tsipras en Grecia, los bolivarianos quieren cuadrar algo imposible, el nuevo “capitalismo utópico” que no deja de ser viejo por el hecho de que lo denominen de cualquier manera. Naturalmente que lo mismo les va a ocurrir a los que siguen esa senda llena de trampas: Podemos, Ganemos, Soplemos y demás.

En Venezuela han dado en llamar “socialismo” del siglo XXI a un mercado intervenido, poniendo el acento en lo de “intervenido” y no en lo de “mercado”. Pero un mercado intervenido, como la bolsa, no sólo no deja de ser mercado sino que se convierte en el paraíso de los mercaderes.

No es ninguna casualidad que “Financial Times”, es decir, el capital financiero internacional, venga siendo el más sólido apoyo ideológico de Podemos y Syriza. Cuando ese tipo de organizaciones melifluas son capaces de tomar decisiones de política económica, se convierten en el maná de los grandes especulares internacionales.

Por ejemplo, hace muchos años que en Venezuela Goldman Sachs ha estado invirtiendo en bonos emitidos por el gobierno bolivariano, que le han reportado una ganancia de casi el 15 por ciento anual. Como no hay nada más rentable que esa inversión, las carteras de valores cada vez tienen más títulos bolivarianos. Este éxito ha llevado a que el gobierno bolivariano emita cada vez más títulos, es decir, se endeude cada vez más.

Lo que diferencia a Venezuela de Grecia, es que Maduro paga puntualmente, al menos hasta la fecha. En caso contrario, los buitres como Goldman Sachs embargarían los cargamentos de petróleo.

En El Salvador los monopolistas utilizan a los pandilleros contra los trabajadores

Compañías textiles que confeccionan ropa para marcas transnacionales en El Salvador son acusadas de aliarse con pandilleros para amenazar de muerte a los trabajadores y romper sus sindicatos, según denuncias de personal afectado recabadas por IPS y por agrupaciones internacionales.
Trabajadoras que pidieron reserva de sus identidades señalaron que desde 2012 se intensificaron las amenazas en el sector, aprovechándose del clima de violencia que impera en este país centroamericano. “Me llamaban por teléfono, y me decían que me saliera del sindicato, que dejara de andar de revoltosa”, dijo a IPS una empleada en la empresa LD El Salvador, ubicada en la Zona Franca San Marcos, un complejo de fábricas al sur de esta capital. “Me llamaban por teléfono, y me decían que me saliera del sindicato, que dejara de andar de revoltosa… Me dijeron que eran homeboys (pandilleros) y que si no me salía iba aparecer colgada de uno de los árboles que están afuera de la empresa”: trabajadora en empresa LD El Salvador.
Ella trabaja como operaria de máquinas de coser desde 2004 y está afiliada al Sindicato de la Industria Textil Salvadoreña (SITS). Unas 780 personas laboran en la compañía, de capital coreano, que produce prendas de vestir para las firmas Náutica y Walmart. “Me dijeron que eran homeboys (pandilleros) y que si no me salía iba aparecer colgada de uno de los árboles que están afuera de la empresa”, añadió.
Reveló que los ejecutivos de LD contrataron a pandilleros para que las amenazas se hicieran directamente a los trabajadores afiliados al SIST, dentro de las instalaciones. Las advertencias surtieron efecto, contó, pues de los 155 afiliados al sindicato, solo han aguantado 60, temerosos de ser víctimas de las pandillas, las organizaciones criminales también conocidas como maras que son responsables de buena parte de los asesinatos diarios que ensombrecen el país.
El Salvador, con 6,3 millones de habitantes, es uno de los países más violentos del continente americano. El 2014 cerró con 3.912 muertes violentas, una tasa de 63 homicidios por cada 100.000 personas. “Me llamaban y me decían que en una bolsa negra me iban a encontrar, si no desistía del sindicato… como eran las primeras llamadas que recibíamos, yo me sentí muy nerviosa y preocupada”, confió a IPS otra trabajadora que resiste en el SITS.
Las maquilas textiles, plantas dedicadas a la confección para la exportación con materia prima importada, operan en las 17 zonas francas del país, áreas sin aranceles para materias primas importadas, exenciones tributarias y otros incentivos. Los clientes son marcas como Nike, Puma o Adidas, entre otras.
El sector generó en 2014 más de 74.000 empleos, la gran mayoría de mujeres, que representa 12 por ciento de los 636.000 puestos de trabajo del sector privado. Sus exportaciones sumaron 2.400 millones de dólares, la mitad de las ventas totales salvadoreñas al exterior, según cifras de esa industria.
Desde su proliferación en los años 90, se cuestionó los tratos inhumanos y las violaciones a los derechos laborales de los trabajadores. “Uno de los derechos más violados es el de la libre sindicalización”, dijo a IPS el secretario de organización de la Federación Sindical de El Salvador, Reynaldo Ortiz. “Y ahora recurren a las amenazas de muerte para romper los sindicatos”, acotó.
En enero, el Centro de los Derechos Laborales Globales, de la Penn State University, y el Consorcio de los Derechos de los Trabajadores, ambos de Estados Unidos, publicaron el informe Alianzas Nefastas, en el que describen cómo se sigue minando la organización sindical en las maquilas de la confección en El Salvador.
También destacaron, con evidencias de casos específicos, las intimidaciones de pandilleros a sindicalistas. “Estas amenazas tienen un efecto paralizante sobre la libertad de asociación, tanto por la larga historia del país de asesinatos de activistas sindicales como por el hecho de que la sociedad salvadoreña en general está plagada de la violencia de las maras”, dice el informe, de 46 páginas.
Según el reporte, varios incidentes sucedieron en enero del 2013 a trabajadores de la empresa F&D, de capital taiwanés, también de la Zona Franca San Marcos.
Uno de ellos, el de dos gerentes de la empresa que, acompañados por un pandillero, se acercaron a varios trabajadores que estaban hablando fuera de la fábrica y el ejecutivo procedió a identificar al miembro de la mara quiénes eran los líderes sindicales.
Tan evidente es la participación de las maras, narró una de las trabajadoras de LD, que en noviembre del 2013, durante una reunión de miembros del sindicato con pandilleros, planeada para aclararles las luchas laborales que persiguen, algunos de estos llegaron con personal directivo de la empresa.
En enero del 2014 fue asesinado en circunstancias poco claras Juan Carlos Sánchez, uno de los trabajadores que participó en aquel encuentro, dijo una trabajadora. Añadió que han interpuesto las respectivas denuncias ante la Fiscalía General de la República, pero la investigación nunca prosperó.
IPS no logró obtener comentarios de parte de representantes de F&D y LD sobre esas ilegalidades. Tampoco funcionarios del Ministerio de Trabajo respondieron al pedido de entrevistas sobre el tema.
Otro caso de amenazas es el ocurrido a activistas del Sindicato de Trabajadoras y Trabajadoras, Sastres, Costureras y Similares (Sitrasacosi), que mantienen actividad, entre otras, en la empresa textil Nemtex, localizada al oeste de San Salvador.
Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2015/03/maquilas-salvadorenas-usan-pandilleros-contra-sindicalistas/?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=maquilas-salvadorenas-usan-pandilleros-contra-sindicalistas

Un agente boliviano de la CIA coordina la campaña sicológica contra Venezuela

Andrés Sal.lari
José Miguel Humire nació en Bolivia, pero en la CIA todos lo llaman Joe. Diría que José Miguel remite demasiado a su cuna quechua; Joseph Michael Humire suena mejor, y así lo conocemos mediante los medios de comunicación hegemónicos, donde se lo acepta como especialista en temas de seguridad y operaciones de contrainsurgencia.
El agente Joe ejerce actualmente como integrante de un ejército de analistas-opinólogos que tienen la misión de alimentar la guerra mediática y psicológica en contra de Venezuela y la Revolución Bolivariana.
La estrategia es presionar para lograr el aislamiento político de Nicolás Maduro a nivel regional y global. Este aislamiento mediante la demonización pública del ejecutivo de Maduro, es el mejor caldo de cultivo para justificar un posible derrocamiento. O sea, preparar nuestras mentes y corazones para que todos estemos convencidos de que un golpe de Estado en Venezuela es justo y necesario.
Cabe destacar que el agente Joe no está solo, en su cruzada lo acompañan “prestigiosas” entidades como el Instituto Cato, la Atlas Economic Research Foundation, la Fundación Heritage, el Center for Secure Free Society, la Fundación Panamericana para el Desarrollo, la Fundación Internacional Libertad y el famoso Faes de José María Aznar.
A ellos les gusta denominarse Think Tanks (tanques del pensamiento), su supervivencia garantizada por el financiamiento de la CIA está en casi todos los casos bien documentada (lea “La CIA y la Guerra Fría Cultural” de Frances Stonor Saunders).
Impulsan sus líneas estratégicas mediante seminarios, conferencias, cursos, publicaciones y -la frutilla del postre- apariciones como analistas en los grandes medios de comunicación.
El agente Joe es el exponente que analizaremos en este caso, sus constantes viajes por nuestro continente para denunciar los atropellos del gobierno bolivariano y su obsesión por Irán lo hacen merecedor de estás líneas.
Recuerdo la primera vez que me llamó la atención, era julio de 2013 y el agente Joe fue invitado a exponer nada más y nada menos que ante Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes de Estados Unidos; allí aseguró muy suelto de cuerpo que Irán podría haber financiado total o parcialmente la construcción de una nueva instalación de entrenamiento militar del ALBA en las afueras de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.
Semejante aseveración que olía demasiado a una operación de guerra psicológica en contra de Bolivia y el ALBA, me impulsó a convertirme en uno de sus fans.
No fui el único, la analista Mary O´Grady se sintió igualmente fascinada por la figura del agente Joe y en base a su exposición se animó a arriesgar que la Bolivia del “narcococalero” Evo Morales sería la próxima Afganistán. No lo hizo en su blogg al que acceden sus padres y sus primos, sino en una pomposa columna del -otra vez- “prestigioso” Wall Street Journal.
El agente Joe presenta dos caras: intelectual y hombre de acción. Como intelectual dirige el Centro de Estudios para una Sociedad Libre y Segura. Como hombre de acción integró el cuerpo de Marines de Estados Unidos, con participación militar activa en Liberia e Irak.
Su fachada intelectual le permite participar periódicamente como analista en medios de información como CNN, Fox News o NTN 24 de Colombia. Su línea es indefectiblemente de ultraderecha, contra el ALBA y abiertamente anti iraní. La mejor muestra de ello es su última investigación publicada en un texto titulado “La estrategia de penetración iraní en América Latina” cuyo coautor es el asesor –por no decir agente- de la CIA y el Mossad, Ilan Berman.
Gracias a su membresía a la mayor organización terrorista del globo, la CIA, el agente Joe Humire puede presumir en su curriculum de haber fungido como instructor de inteligencia de la Marina de Estados Unidos. Como se ha visto, su status le ha alcanzado para esparcir sus matrices de opinión extremistas ante el Congreso de Estados Unidos, y también ante el brasileño y el canadiense.
En su faceta de admirador de las aventuras de Rambo y cia, el agente Joe aterrizó en junio de 2006 en Santa Cruz de la Sierra para asistir (formalmente) a un curso de “manejo de crisis y conflictos internos”. Su presencia y la de un grupo que lo acompañaba, fue descubierta y denunciada por el recientemente asumido gobierno de Evo Morales, quien justamente enfrentaba un proceso desestabilizador con epicentro en la mencionada ciudad. Más creíble es que la estadía del agente Joe obedeciera al impulso de esa desestabilización por parte de la CIA.
Cuando en junio de 2013 las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje global de Estados Unidos sacudieron a buena parte del mundo, el agente Joe fue uno de los destacados voceros mediáticos en defensa de las labores de la CIA. De manera tal que si Ud. viera en alguno de los mencionados medios de comunicación hegemónicos –o en cualquier otro) al especialista Joseph Michael Humire denunciando el peligro por la influencia de Irán en América Latina o analizando la necesaria salida del poder de Maduro, le pido por favor tenga en cuenta tres datos fundamentales:
1. Joseph Michael (en realidad José Miguel) –o simplemente el agente Joe- Humire es un asalariado de la CIA.
2. (insisto) Sus jefes le han encomendado formar parte del grupo de especialistas-opinadores que apuntan todos sus cañones en contra de Venezuela, con el propósito de consolidar matrices de opinión contrarias al gobierno bolivariano de Nicolás Maduro, con el objetivo de justificar su derrocamiento ante la opinión pública regional y global.}
3. El objetivo final de toda esta operación psicológica es volver ubicar a un títere en la presidencia de Venezuela, recuperar el control de su petróleo y asestar un durísimo golpe al inédito proceso de emancipación que vive nuestra América.
Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=195775

El ‘caso Nisman’ es un intento de desestabilizar al gobierno argentino

Stella Calloni

Estadunidenses e israelíes manipularon desde un inicio la investigación de un cruento atentado en Argentina en 1998. Durante dos décadas buscaron acusar a Irán, pero ni una sola prueba pudieron ofrecer. El último fiscal del caso reportaba secretamente a la inteligencia estadunidense los avances en la investigación y le consultaba el rumbo que tomarían las pesquisas. Con la muerte de este funcionario argentino, ahora Estados Unidos busca hacer una jugada de tres bandas: además de implicar al siempre incómodo Irán, ahora ha orquestado un golpe de Estado blando contra la presidenta Cristina Fernández. De prosperar, seguiría Venezuela, con lo que se debilitaría el bloque de países suramericanos que han puesto dique a los intereses de Estados Unidos en la región.
El pasado 18 de enero de 2015, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la Unidad Especial que investigaba la causa sobre el cruento atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de junio de 1994, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza, en el baño de su departamento y con todas las puertas de su casa cerradas por dentro. Cuatro días antes había presentado una denuncia, sin prueba alguna, mal redactada y con serias contradicciones, en la que acusaba a la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman, y a otras personas, de intentar encubrir a funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– de ser culpables del atentado. En días se había puesto en marcha un golpe encubierto de mano externa.
El fiscal había sido colocado al frente de la investigación en 2004, después de 10 largos años, cuando se cerró el más escandaloso e irregular juicio de la historia, sin lograr encontrar a los culpables del atentado que dejó 85 muertos y centenares de heridos. Este hecho aparece como un eslabón más de un golpe en desarrollo, en el que participan un sector de la justicia, la oposición, los medios masivos de comunicación y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por su sigla en inglés) y el Mossad, de Estados Unidos e Israel, respectivamente.
Para entender esto hay que entender de qué se trata el caso AMIA y conocer, precisamente, las graves irregularidades cometidas por haber entregado en la década de 1990 la investigación a los servicios de inteligencia estadunidenses e israelíes, que operaron conjuntamente con el grupo de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE).
Investigación bajo control externo
El cruento atentado conmovió al país; el juez que quedó a cargo de la investigación en julio de ese año fue Juan José Galeano, quien comenzó su actuación bajo una presión muy evidente.
La inteligencia israelí –que envió sus hombres a colaborar en las primeras horas del hecho– y la CIA, en sólo 24 horas después del atentado acusaron a la República de Irán y a Hezbolá de Líbano, sin pruebas.
Sin haber iniciado la investigación, ofrecieron un testigo importante a Galeano, quien viajó a Venezuela, para entrevistarlo. Se llamaba Manouchehr Moatamer y se presentó como un exfuncionario iraní, que había huido de su país y acusaba al gobierno de Irán de ser responsable del atentado, sin ninguna prueba. Sus dichos erráticos, al poco tiempo se cayeron. Es decir que habían vendido un testigo falso.
Moatamer se había ido de Irán con su familia en 1993. Falta saber cómo llegó a Venezuela en 1994, y cómo terminó al final en Los Ángeles, Estados Unidos, como “testigo protegido de la CIA”.
La causa de Galeano siguió navegando en un mar de irregularidades; pero aún en 1997 fue a ver nuevamente a Moatamer a Estados Unidos. Nada agregó a su testimonio anterior. En 2008 finalmente éste confesó que había mentido para obtener la visa estadunidense.
En 1998, nuevamente la CIA y el Mossad ofrecieron otro supuesto testigo, en este caso radicado en Alemania, Abolghasem Mesbahi, llamado el “testigo C”. Mesbahi había sido desplazado en 1989 de algunas tareas menores para la inteligencia iraní, sospechoso de ser agente doble. Se dedicó a la actividad privada y realizó una serie de estafas, tras lo cual se fue a Alemania donde se radicó desde 1996.
En ese tiempo acusó a Irán de cada uno de los “atentados terroristas” que no se esclarecían en el mundo –lo que siempre sucede con los atentados de falsa bandera– como el Lockerbie, Escocia, y otros.
El “testigo C”, que ganó fama por el misterio que rodeaba su nombre, vio una nueva oportunidad acusando a Irán, con la anuencia de los servicios alemanes, estadunidenses e israelíes de la voladura de la AMIA.
Sin pruebas contó su versión en Alemania ante un juez del lugar y el argentino Juan José Galeano, que viajó a ese país en 1998. “Mesbahi declaró cinco veces bajo juramento en la causa, y en los puntos esenciales dio cinco versiones distintas y contradictorias de éstos, que no podrían servir nunca como prueba. Sólo dichos y palabras, y por supuesto, conjeturas y deducciones de inteligencia”, resume el abogado Juan Gabriel Labaké en su libro AMIA Embajada, ¿verdad o fraude?
Este abogado, por cierto no oficialista, viajó a Teherán, a Europa y Estados Unidos, reuniendo datos entrevistándose con fuentes importantes, y finalmente llegó a la conclusión de no existían pruebas contra Irán en el juicio de AMIA tanto bajo la dirección de Galeano, como bajo la del fiscal Nisman, quien sólo refritó los expedientes de su predecesor, le dio cierto orden pero acusando, como ordenaron Washington y Tel Aviv, siempre a Irán.
El periodista Gerth Porter, de The Nation, escribió en una nota el 16 de mayo de 2010 que el embajador de Estados Unidos en Argentina en el momento del atentado a la AMIA, James Cheek, le dijo en una entrevista: “Que yo sepa no hay ninguna evidencia real de la participación iraní. Nunca probaron nada”.
Lo extraño es que cuando Nisman acusa a Irán en 2006 ya se sabía que ambos testigos no eran creíbles, y la justicia británica había devuelto, por falta de pruebas, un pedido de extradición del exembajador iraní en Argentina Hadi Soleimanpour. El diplomático iraní estaba haciendo un curso en Londres cuando lo detuvieron en 2003 hasta que llegara el exhorto de extradición. Debieron soltarlo en 2004 y pagar una indemnización de 189 mil libras esterlinas.
También la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) devolvió un primer pedido de alerta roja por falta de pruebas, y el segundo pedido en 2013, y que está hasta estos días, por especial pedido del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Héctor TImerman, tampoco tiene aún el fundamento de las pruebas que el juez Rodolfo Canicoba Corral le pidió a Nisman que investigara. Ahora se sabe que Nisman no había cumplido con reunir pruebas, sino simples deducciones de inteligencia que no sirven a la justicia ni a la verdad.
El juicio primero de la AMIA debió ser cerrado por escándalos e irregularidades graves, una de las cuales consistió en que el juez Galeano, con apoyo del entonces presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas-Argentinas (DAIA), Rubén Berajas, pagó 400.000 dólares a un reducidor de autos robados, Carlos Telledín, para que acusara a diplomáticos iraníes y a policías de la provincia de Buenos Aires.
Estos últimos estuvieron 5 años detenidos y debieron ser liberados por absoluta falta de pruebas, sin vinculaciones con la causa. Así escandalosamente terminó ese juicio.
La enmarañada red de falsedades y mentiras, presiones e intereses que eran los expedientes de la causa del cruento atentado contra la mutual judía AMIA obligó a terminar con el juicio en 2004, y el entonces presidente Néstor Kirchner (2003-2007) exhortó a la justicia a avanzar, profundizando en la causa hacia la verdad.
Se creó entonces la Unidad Especial de la Causa AMIA, que quedaría por decisión de la Procuraduría en manos del fiscal Alberto Nisman, lo que sorprendió, ya que también había sido parte del fracaso del juicio iniciado en julio de 1994 y cerrado 10 años después, sin haber logrado nada.
El caso Nisman
Nisman había comenzado en 1997 su camino hacia la actual Fiscalía, en Morón, provincia de Buenos Aires. En su historia hay un caso que marcó su camino y fue la investigación sobre el destino de Iván Ruiz y José Díaz, dos de los participantes en el fracasado ataque al cuartel de la Tablada en enero de 1989, dirigido por el exjefe guerrillero Enrique Gorriarán Melo, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Ambos detenidos, después del cruento enfrentamiento que dejó varios muertos y heridos, fueron vistos por última vez brutalmente torturados y llevados por militares y policías en un automóvil Ford Falcon.
Hasta ahora están desaparecidos, pero Nisman y un juez que lo puso a cargo de la investigación apoyaron la versión oficial del Ejército de que “habían muerto en combate” a pesar de las evidencias de su desaparición forzada.
En julio de 1997, el entonces procurador general Nicolás Becerra lo convocó para sumarse a los fiscales que investigaban el atentado contra la mutual judía AMIA, José Barbaccia y Eamon Mullen, por pedido expreso de ambos.
De acuerdo con Infojus Noticias de Argentina “el equipo de Nisman, Barbaccia y Mullen trabajó hasta el juicio oral, pero no terminó bien”. Durante ese juicio por la llamada “conexión local”, muchos testigos dijeron que ellos y el juez Juan José Galeano habían cometido una serie de irregularidades que se comprobaron.
Al final del debate, el Tribunal Oral absolvió al delincuente Carlos Telleldín, a quien el propio juez entregó 400.000 dólares para acusar a funcionarios iraníes y a policías, con el visto bueno de Rubén Berajas entonces presidente de la poderosa Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas.
En los fundamentos del fallo se acusó a Galeano –quien terminó destituido y procesado–, a su equipo y a los fiscales Mullen y Barbaccia, también procesados. En el juicio oral quedó demostrado que no se investigó absolutamente nada” en la Causa AMIA , afirmó a Infojus Noticias el abogado Juan Carlos García Dietze, defensor de Ariel Nizcaner, quien fue absuelto de haber participado en la adulteración de la camioneta Traffic, que supuestamente fuera usada en el atentado. “Siempre hubo un tema parádojico: Barbaccia y Mullen quedaron imputados, y Nisman siguió a cargo. Es extraño”, reflexionó García Dietze.
En 2004 Nisman, ya a cargo de Unidad Especial para concentrar todas las investigaciones vinculadas al atentado, se acerca a un hombre clave de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, la antigua SIDE, Antonio Stiusso, alias Jaime. Éste había sido desplazado de la Causa AMIA como parte de las irregularidades del juicio, pero con Nisman recuperó un lugar de importancia. Ambos trabajaban con la CIA y el Mossad.
La Unidad Especial recibía importantes sumas de dinero para investigar, pero Nisman sólo se dedicó a clasificar los expedientes de Galeano y continuó responsabilizando a los iraníes, sin haber producido, en los últimos 10 años ninguna prueba para confirmar la acusación. Su primer pedido de alerta roja contra 12 iraníes, diplomáticos y funcionarios acusados fue devuelto por falta de pruebas. Como sucedió con el pedido de extradición a Londres del exembajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour, cuando la justicia británica devolvió la solicitud por falta de pruebas, indemnizando al diplomático en 2004. Una vergüenza para la justicia argentina.
Nisman y la embajada de Estados Unidos
Durante 10 largos años los expedientes que investigaba Nisman siguieron incorporando “informes basados en deducciones y armados”, sin prueba real, imposibles de comprobar que proveía la CIA y el Mossad, al igual que hicieron al proveer los falsos testigos.
En 2010, cuando se publicaron en Argentina una serie de cables secretos referidos al caso AMIA, del Departamento de Estado de Estados Unidos revelados por WikiLeaks, quedó en evidencia que el fiscal Nisman anticipaba las medidas que iba a tomar en esta causa a diplomáticos de esa Embajada.
Estos descubrimientos no dieron lugar a tomar una medida clave, la de separar al fiscal de esta causa ya que no se puede ser “juez y parte”, como sucedía en su relación de subordinación a Estados Unidos e Israel.
La pista iraní no lograba reunir pruebas concretas, pero sin duda favorecía a los intereses geopolíticos de ambos países que continúan intentando invadir Irán, enlazando esta situación con el anunciado plan imperial de un Oriente Medio ampliado, que significó invasiones y ocupaciones coloniales de varios países en esa región en el siglo XX. Jamás la inteligencia estadunidense o israelí debieron haber participado, monitoreado y armado la Causa AMIA.
En un despacho del 22 de mayo de 2008, desde la sede diplomática estadunidense en Buenos Aires, se especificaba: “Los oficiales de nuestra Oficina Legal le han recomendado al fiscal Alberto Nisman que se concentre en los que perpetraron el atentado y no en quienes desviaron la investigación”.
Eso fue precisamente cuando el entonces juez federal Ariel Lijo ordenó la detención e indagatoria del expresidente Carlos Menem, de su hermano Munir –ya fallecido–, del entonces titular de la SIDE Hugo Anzorreguy, y otros, como el magistrado Juan José Galeano y del excomisario Jorge Palacios, por encubrir el atentado.
Nisman no había informado de esa medida a la Embajada estadunidense como lo hacía normalmente. Otros cables de WikiLeaks demostraron que el fiscal de la Causa AMIA se había disculpado con los oficiales estadunidenses por no haber anticipado los pedidos de detención. Hay varios cables referidos al tema, publicados por el periodista Guillermo O’Donell.
Ya en 2013, Memoria Activa y familiares y amigos de las víctimas del atentado de julio de 1994 se pronunciaban por un alejamiento de Nisman de la Causa AMIA. En noviembre de 2013, en una carta abierta al fiscal, los familiares respaldaron el Memorándum de Entendimiento entre Argentina e Irán y cuestionaron “la falta de compromiso de Nisman y la inacción en la causa”, por considerarlo “funcional a los intereses de los que siempre nos quieren alejar de la verdad”.
El Memorándum de Entendimiento con Irán es un verdadero documento de política exterior que podía sentar precedentes en la resolución de conflictos sin salida, como era el caso AMIA. Se trataba de que los jueces de la Causa AMIA pudieran ir a Teherán a indagar, ante la presencia de una Comisión de personalidades reconocidas y neutrales, a los altos funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– del atentado. Por primera vez se podría saber la verdad, fuera la que fuera.
Al cumplirse 20 años del atentado, el 19 de julio de 2014 los familiares de las víctimas no sólo reclamaron una vez más el esclarecimiento del hecho, sino que solicitaron formalmente que se apartara a Nisman del caso por “haber mostrado su total incapacidad para investigar en esta Causa”, como denunció entonces Diana Malamud de Memoria Activa.
Irán siempre ofreció su cooperación, pero la CIA y el Mossad rechazaban toda posibilidad. Ningún país soberano en el mundo iba a entregar a un grupo de funcionarios acusados sin presentar las pruebas necesarias a la justicia de terceros países. Incluso surgió de Irán una propuesta de crear una Comisión mixta, argentina-iraní, para investigar el tema AMIA.
En Irán no existe extradición y por eso el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner trató de hallar un camino, que fue rechazado incomprensiblemente por el gobierno de Israel.
La DAIA y la AMIA, que habían apoyado en principio el Memorándum debieron plegarse al mandato israelí. La oposición argentina rápidamente se alió a este rechazo y surgieron jueces que declaraban la inconstitucionalidad de la ley, lo que era una aberración jurídica.
Irán quedó a la expectativa frente a esta situación. Lo que nadie sabía es que, con base en falsas denuncias, convertirían este tema en una maniobra golpista contra el gobierno de Fernández de Kirchner, el que más trabajó a favor de la verdad, como se puede constatar en los esfuerzos ante la Organización de las Naciones Unidas y en el propio Memorándum.
El 12 de enero de 2015, en plena Feria Judicial, e interrumpiendo un viaje que lo había llevado a recorrer Europa para festejar el cumpleaños 15 de una de sus hijas, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la investigación sobre el atentado contra la mutual judía AMIA decidió regresar imprevistamente a Argentina, según él mismo comunicó a las amistades más allegadas en un mensaje de WhatsApp.
Sólo 1 día después de llegar a Buenos Aires, anunció que iba a presentar una denuncia contra la presidenta de la nación, el canciller, el diputado Andrés Larroque, dirigente del movimiento juvenil La Cámpora y contra dos dirigentes sociales, Luis D’Elía y Fernando Esteche, por el intento de presunto encubrimiento de los iraníes acusados mediante un pacto secreto con Irán por “intercambios comerciales”, que nunca existió.
Trama de guerra sucia
El 18 de enero fue encontrado muerto, como se conoce, en su departamento. Y la rigurosa investigación fiscal continúa para no dejar ningún espacio de duda en su conclusión final.
La Feria Judicial le permitía elegir el juez, y buscó a Ariel Lijo, quien lleva causas creadas por denuncias basadas en informaciones periodísticas y sin pruebas contra funcionarios gubernamentales. El 14 de enero presentó la denuncia, generando un gran escándalo, sin aportar pruebas a sus incriminaciones, pero tampoco nada sobre el atentado que mató a 85 personas en 1994.
De inmediato la dirigencia opositora salió a respaldarlo, porque esta noticia les permitía montar un ataque brutal contra el gobierno en año electoral.
Prometía Nisman dar a conocer escuchas telefónicas (ilegales hasta ahora) para justificar su acusación, y el 19 de enero iba a hablar de su denuncia ante la Comisión de Legislación Penal de la Cámara de Diputados, citado por la oposición, aunque iba a asistir también el oficialismo, que pedía hacer público este evento, y no cerrado.
Las escuchas trasmitidas ilegalmente por un canal de televisión opositor de conversaciones entre dirigentes sociales y una persona de la comunidad islámica jamás podrían ser pruebas de nada. Pero el 19 su muerte conmocionaba al país y atrajo la atención también fuera de Argentina.
En las declaraciones ante la fiscalía de la exesposa de Nisman, la jueza Sandra Arroyo Salgado, quien estaba en Barcelona, España, con otra de las hijas del matrimonio, señaló que éste la llamó el 12 de enero desde el Aeropuerto de Barajas, en Madrid, para decirle que debía regresar urgente a Buenos Aires porque su madre se iba a operar de un brazo y que luego iba a volver a Europa para continuar su viaje.
Arroyo Salgado dice haber discutido porque se negó a que Nisman regresara con su hija a Buenos Aires y convinieron en que la dejaba en el Aeropuerto para que su madre llegara a recogerla desde Barcelona.
Se agrega a esto que la propia madre de Nisman, Sara Garfunkel, declaró en la causa que ella ya se había operado del brazo antes. Nisman había mentido a su familia en un regreso muy apresurado.
Por eso la pregunta es: quién lo llamó tan urgentemente para presentar una denuncia sólo 2 días después de su regreso, nada menos que contra la presidenta. La fiscal que ahora investiga su muerte, Viviana Fein, a todas luces bajo intensa presión, dijo que el occiso ya había sacado el pasaje de regreso para el día 12 desde el 31 de diciembre. Esto abre entonces una interrogante: ¿Por qué envió un mensaje de WhatsApp a sus amigos más cercanos, según transmitió la propia prensa opositora antes que la fiscal revelara la compra anticipada del boleto, de que tenía que regresar de forma intempestiva? ¿O era una trama ya urdida de antemano?
La incriminación fue la noticia bomba de comienzos de un año electoral, y la diputada derechista Patricia Bullrich, de Unión Por Todos-Propuesta Republicana, organizó rápidamente que Nisman explicara la denuncia a una Comisión del Congreso.
Bullrich, quien habló varias veces con el fiscal antes de su muerte, está ligada a fundaciones estadunidenses en Argentina, y de la misma manera la diputada Laura Alonso, destacadas ambas por apoyar a los sectores más fundamentalistas de Estados Unidos contra Cuba, Venezuela, Argentina o cualquiera de los países claves en la integración latinoamericana.
El domingo 18 de enero por la tarde, el fiscal Nisman fue encontrado sin vida, por su madre, llamada por dos custodios ante la falta de respuesta de éste. El departamento estaba cerrado por dentro, incluyendo la puerta de servicio, que tiene dos cerrojos; el de arriba, que podía abrir la madre, pero el de abajo tenía una llave trabada por dentro y debieron llamar al cerrajero para que la abriera.
El cuerpo de Nisman obstaculizaba abrir la puerta del baño. Tenía un disparo en la cabeza, una pistola y un casquillo de bala calibre 22 estaban en el piso a su lado. Una imagen desoladora. Tenía 51 años. Y los primeros resultados de la autopsia realizada por reconocidos forenses con presencia de expertos peritos determinaron que “no habían intervenido terceros”.
Toda la información, incluyendo lo que se conoció después, mencionaba un disparo sólo a poco más de 1 centímetro de la sien derecha, lo que llevaba a pensar en un suicidio. La muerte se caracterizó como “dudosa” hasta que se terminen las pericias, algunas repetidas para que no queden dudas.
La presidenta Fernández de Kirchner, en su primera carta en Twitter, nunca dijo que fuera un suicidio. Lo puso en duda al escribir la palabra entre signos de interrogación; y en su segunda carta sostuvo con mayor precisión que no creía en un suicidio. En todo caso en un suicidio inducido, y no precisamente por el gobierno, ya que en realidad era el único afectado en este juego de servicios de inteligencia extranjeros y locales y la oposición interna, mayoritariamente dependiente de Washington y sus fundaciones.
Desde Bolivia, el presidente Evo Morales definió certeramente esta situación: le pusieron una emboscada a la presidenta argentina, dijo al denunciar los sucesos.
Es de un simplismo aterrador pensar que a un gobierno a cuya presidenta se acusa sin prueba alguna, con una denuncia tan deficiente que nadie cree fue redactada por el fiscal, podría convenirle la trágica muerte de éste, después de presentar una denuncia en su contra.
La oposición política local, que ya armó varios escenarios golpistas en el país, se tomó el hecho como una bandera para acusar al gobierno. Los medios de comunicación y especialmente el Grupo Clarín, que se niega a cumplir con la Ley de Medios Audiovisuales que debe terminar con los nefastos monopolios mediáticos, comenzaron a especular confundiendo a la población, cautiva de ese enorme poder desinformador.
Es tal la intoxicación informativa, que nadie sabe distinguir entre el informe de la Fiscalía investigadora y los “juicios paralelos” que se escenifican en televisión.
Fue el gobierno el que insistió que la reunión en el Congreso fuera pública, es decir, que todo el mundo pudiera ver lo que se iba a debatir allí, lo que curiosamente la oposición rechazaba. Los legisladores del oficialismo desde el primer momento que Bullrich convocó la audiencia especial, afirmaron que concurrirían para interrogar profundamente al Fiscal con la determinación de llegar al fondo del asunto. La muerte del fiscal se lo impidió.
La muerte de Nisman está siendo utilizada de una manera perversa por los medios de comunicación opositores y por toda la red de desinformación mundial al servicio del poder hegemónico, intentando responsabilizar al gobierno en una de las campañas más duras que se recuerde.
El golpismo encubierto está siendo desarrollado por un sector del Poder Judicial, una estructura decadente que nunca se democratizó, los medios de comunicación masiva, la oposición y la acción de los servicios de inteligencia locales que fueron desplazados por el Ejecutivo y venían desde la pasada dictadura y antes de ésta. Pero, indudablemente, por Estados Unidos y también Israel.
El Estado israelí publicó en Estados Unidos un comunicado breve la mañana del 19 de enero de 2015 sobre “la trágica circunstancia” de la muerte de Nisman, término que se utiliza para describir un suicidio; y el mismo día el secretario general de la DAIA, Jorge Knoblovits, dijo a los medios argentinos –como está registrado– que “creían que era un suicidio” y que esa entidad estaba preocupada por el destino de la Causa. ¿Por qué luego cambiaron de rumbo?
Siguiendo el lineamiento del Estado israelí, exhortaban a continuar con la Causa –como si alguien hubiera mencionado abandonarla– y además a llevar a la justicia a los culpables del hecho y continuar con lo que estaba actuando Nisman. Es decir –y esto no puede perderse de vista– mantener la acusación contra Irán, lo que significa continuar en el cerrado círculo que comenzó en julio de 1994 con pistas y testigos falsos. ¿Qué hay en las sombras de esta Causa?
En la escena del crimen
El colaborador cercano del fiscal fallecido, Diego Lagomarsino, “experto en informática”, contratado por Nisman con un salario inusualmente altísimo, fue a ver al fiscal el sábado 17 de enero. Él mismo se presentó espontáneamente a la justicia para decir que le había llevado un arma vieja, la pistola calibre 22 con la que luego se “suicidó” el fiscal.
Primero dijo que le pidió la pistola para defenderse, pero en realidad concurrió dos veces al edificio donde vivía el fiscal supuestamente seguro y altamente vigilado como se ofrecía a los compradores de departamentos en el lugar. De la última visita en la noche no hay registros de salida. La investigadora Fein dijo que, según lo registrado, Lagomarsino salió el domingo en la mañana, es decir, al día siguiente de la muerte de Nisman.
La denuncia publicada íntegra el día 20 de enero es absolutamente una pieza sin valor jurídico, por su redacción, sus contradicciones y la falta de pruebas. Las escuchas telefónicas ilegales, que un canal de televisión opositor dio a conocer también violando toda norma, no agregan nada, al contrario, resultan hasta pueriles. Reconocidos juristas señalan que aunque todo lo que se dice fuera cierto no constituye delito porque nada de eso se realizó.
El curioso –y desconocido en el medio– periodista colaborador en el sitio de internet del Buenos Aires Herald Damián Pachter, quien en la noche del 18 de enero dio la primicia por Twitter que se había encontrado muerto al fiscal Nisman sin avisar a su medio, decidió irse del país argumentando “miedo”. Primero sacó un boleto de ida y vuelta a Uruguay, pero de pronto apareció en Tel Aviv.
Pero lo extraño es que sale hacia Uruguay y sigue hasta Israel, donde dice que pidió refugio. Luego se sabe que Pachter es argentino-israelí, y viajó con su pasaporte de Israel. ¿Porqué pidió asilo, si era ciudadano israelí y estuvo 3 años en el Ejército de ese país? Lagomarsino también gestionaba la actualización de su pasaporte, para lo cual concurrió a las oficinas pertinentes el propio día 12, cuando Nisman hizo pública su imputación. Inmediatamente tras la muerte del fiscal las autoridades le retuvieron el documento y se le prohibió salir del país.
La sospecha sobre Pachter aumentó cuando dio entrevistas a medios europeos hablando de la persecución de periodistas en Argentina, donde los medios opositores publican notas insultantes contra la presidenta y otros funcionarios sin ningún problema.
Otro dato importante a registrar. El fiscal Nisman utilizaba un automóvil de alta gama, un Audi, de un yerno de uno de los denunciados como encubridor local en el caso AMIA, Hugo Anzorreguy, el exjefe de la SIDE en el momento de la voladura de la AMIA. Y además ligado al exagente de la CIA Frank Holder, de oscura historia en Centroamérica, que como tantos exagentes de otros países manejan agencias de seguridad locales.
En Estados Unidos, los sectores más recalcitrantes como el republicano Marcos Rubio, Bob Menéndez y otros, acusan a la presidenta y al gobierno sin prueba alguna, lo cual es una amenaza y una presión sobre la justicia local, la misma que ejercen los medios masivos de comunicación argentinos, que de diversas formas advierten a fiscales y jueces que esta causa, como la de la AMIA, tienen que tener los “culpables” que ellos determinen. Los llamados de esos legisladores, además, evidencian su conexión con la derecha argentina.
Quieren una destitución aparentemente “institucional” del gobierno, un golpe blando, pero con muertes. No quieren la verdad.
Además de golpear a Argentina en el mismo momento en que se acrecienta el golpismo en Venezuela contra el presidente Nicolás Maduro, intentan debilitar a los organismos de unidad e integración que se consolidan en América Latina.
Si algo faltaba al terminar esta serie, se conoció que el expresidente José Mujica, de Uruguay, desmintió la versión de que un diplomático de la Embajada de Irán en Montevideo fuese expulsado 2 semanas antes por estar vinculado a la colocación de un aparente artefacto explosivo en las inmediaciones de la Embajada israelí en esa ciudad. Esa versión la publicó el diario israelí Haaretz y la retomaron varios medios en el mundo.
Queda entonces la pregunta que puede tener una rápida respuesta: ¿qué están preparando los expertos en atentados de falsa bandera en nuestros países?

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