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La policía chilena asesina a cuatro personas en tres días

La policía chilena ha asesinado a cuatro personas en tres días. La última ha sido un estudiante de 24 años. El joven era hincha del club de fútbol Colo Colo. Fue atropellado por un camión de la policía durante los enfrentamientos con los guardias de seguridad cerca del estadio del equipo de Santiago. Murió de sus heridas dos días después.

Como los Mossos d’Esquadra, la policía chilena tiene el hábito de arremeter contra la multitud a alta velocidad con sus vehículos, dispersando gases lacrimógenos. No es la primera vez que este método tiene consecuencias dramáticas.

Las movilizaciones parecían haberse calmado, pero la muerte de estas personas las ha revitalizado. Hasta ahora las manifestaciones sólo se hacían los viernes en Santiago. Los enfrentamientos con la policía también habían disminuido en intensidad.

No ha sido la primera sangre del movimiento, aunque su proximidad ha conmocionado a muchas personas. La policía es denunciada desde todos los lados, incluso internacionalmente, por el terror desatado. Las acusaciones de violencia, violación y tortura son comunes.

Un total de 42 personas han muerto, 12 mujeres ha sido violadas, hay 121 desaparecidos, más de 26.000 detenidos y miles de torturados, 230 han perdido un ojo (1). Un estudiante de 21 años quedó totalmente ciego por los perdigones disparados por la policía en las protestas (2). No obstante, la fiscalía chilena sólo reconoce que cuatro murieron durante una intervención policial y dos en detención.

Muchas personas han aparecido muertas en condiciones dudosas o tras el paso de la policía, sin que se encontraran pruebas directas de su participación en las muertes.

(1) https://portalinformacion.com/index.php/2019/10/23/chile-42-muertos-12-mujeres-violadas-121-desaparecidos-tras-la-brutal-represion-pinera/
(2) https://www.elmundo.es/internacional/2019/11/26/5dddad07fc6c835b088b464b.html

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La huelga de las ‘señoritas obreras’ cumple cien años

Reinaldo Spitaletta

Ya se había establecido, desde los albores del siglo XX, el llamado modelo empresarial antioqueño, que, dentro de una complejidad de aspectos, estaba aliado con la Iglesia. Se ejercía desde las élites una estricta vigilancia y control de los trabajadores con diversos mecanismos que iban desde catequesis, patronatos, misas campales… y la conservación de la virtud (consistente en obedecer). Había dietas y censuras. El catolicismo —con el beneplácito de los nuevos industriales de Medellín— estableció qué podía leer o ver o pensar un trabajador, en tiempos en que ya el cine era una opción en la que, pese a todo, unos y otros se igualarían en el espectáculo.

Las nuevas factorías de textiles (la primera en establecerse en el Valle de Aburrá fue la Fábrica de Tejidos de Bello, llamada en sus comienzos Compañía Antioqueña de Tejidos) se alimentaron con mano de obra femenina en su mayoría. Había ciertos condicionamientos, como que las trabajadoras no podían ser casadas y mucho menos madres solteras. Los patronatos, entre otros fines de domesticación, se encargaban del cuidado de la virginidad.

A comienzos del XX, cuando el modelo ya tenía raigambre, sucederá un acontecimiento extraordinario que pondrá en evidencia no solo una serie de atropellos patronales, sino la enorme capacidad de lucha de las señoritas obreras. En la Fábrica de Tejidos de Bello (fundada en 1902 y cuyas labores comenzaron dos años después), 400 muchachas se declararon en huelga, un término que se estrenaba en el país. En 1919, debido a otros alzamientos de trabajadores en Colombia, bajo el gobierno de Marco Fidel Suárez se estableció el derecho de huelga (Ley 78 de 1919). Valga anotar que, en ese año, se presentó en la Plaza de Bolívar la masacre de sastres.

Cuatrocientas trabajadoras (la fábrica también tenía unos 100 obreros) se alzaron contra la tiranía del empresario Emilio Restrepo Callejas, alias Paila, del que ya, años antes, se había quejado Carlos E. Restrepo, por su soberbia y autoritarismo. Y no solo contra el gerente-administrador, sino contra varios capataces, que las chantajeaban y acosaban. En el memorial que presentaron, las muchachas (algunas entraban desde muy niñas, a veces para poder ganar plata para el vestido de la primera comunión) exigían, además, que les permitieran trabajar calzadas.

Entonces se laboraba de sol a sol, en una larga jornada en la que, según el régimen interno, se cobraban multas a las trabajadoras por diversos motivos, entre ellos el llegar tarde. Había discriminación salarial. Las señoritas ganaban menos que los obreros. En su memorial (entonces no se hablaba de pliego de peticiones) incluyeron rebaja de la jornada y aumento del pago. En la huelga y sus previos sobresalió, como una suerte de Juana de Arco (así la calificaron varios cronistas de época), la bellanita Betsabé Espinal, de 24 años.

El 12 de febrero de 1920 estalló la primera huelga en Colombia. Y la hicieron 400 señoritas, dirigidas por una “negrita avispada”, que “no se tragaba nada”, como dirían los periodistas que, a montones, cubrieron el acontecimiento singular. El Luchador, El Espectador, El Correo Liberal y otros periódicos dieron cuenta de la altiva batalla de las trabajadoras encabezadas por la valerosa Betsabé y de las que, además, se recuerda a Trina Tamayo, Adelina González, Teresa Piedrahíta, Matilde Montoya, Rosalina Araque, Carmen Agudelo y Rosalina Araque…

“Betsabé era en esos momentos supremos la justicia hecha mujer que surgía del antro pavoroso de todas las injusticias”, decía el reportero Tintorero, del periódico El Luchador. Las “doncellas en rebelión” se erigieron en paradigma de la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores (hombres y mujeres). No se trató de una liza de género, sino de una combativa manifestación que rompió los controles del modelo empresarial y lo desnudó en su condición de explotador. En el Valle de Aburrá, el porcentaje de mano de obra femenina de las fábricas era, en 1920, del 80 por ciento.

La huelga duró 21 días y recibió la solidaridad de la prensa, los trabajadores, parte de la Iglesia y el pueblo en general. Las huestes femeninas ganaron la batalla, que se tornó en hito histórico. Betsabé y sus muchachas lograron que la jornada laboral se redujera a diez horas, que tuvieran tiempo para almorzar y tomar el algo, alza de salarios del 40 por ciento y poder trabajar calzadas; echaron a pique el represivo sistema de multas y, sobre todo, obtuvieron los despidos de los acosadores Jesús Monsalve, Teodulo Velásquez y Manuel J. Velásquez, que, por sus maniobras, habían “arrojado a los abismos pavorosos de la prostitución a varias de las obreras”.

Después de la huelga Betsabé Espinal entró en una suerte de limbo. Poco o nada se supo de sus actividades tras liderar un movimiento excepcional. Murió en 1932, en Medellín, en las afueras de su casa cercana al cementerio de San Lorenzo, electrocutada por “alambres de luz”. Ya había ganado la luz de la historia.

https://www.elespectador.com/opinion/centenario-de-la-huelga-de-senoritas-columna-903885

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‘Nos oponemos a la implementación de tecnologías de vigilancia masiva y reconocimiento facial en el espacio público’

María Paz Canales y Pablo Viollier

Frente a la represión que el Estado chileno ha ejercido sobre la legítima protesta social, nos oponemos a la implementación de tecnologías de vigilancia masiva y reconocimiento facial en el espacio público. Está demostrado que estas tecnologías no nos protegen: su implementación nos vulnera y entrega al Estado capacidades que menoscaban nuestros derechos.

Mientras que en mayo del año pasado la ciudad de San Francisco (cuna de este tipo de tecnologías) prohibió la utilización de tecnología de reconocimiento facial en espacios públicos, la Unión Europea pondera seguir este camino o al menos implementar una moratoria de cinco años a la utilización de estos mecanismos en espacios públicos; en Chile se ha anunciado una licitación para la compra de equipamientos para un  Sistema de Teleprotección Nacional  por más de 14 mil millones de pesos que incluye tecnología de reconocimiento facial. Este sistema forma parte del programa “Calle Segura”, la iniciativa más ambiciosa para aumentar de capacidad de vigilancia del Estado desde la vuelta a la democracia.

En el contexto de protesta social en el que el país se encuentra sumido desde octubre del año pasado y ad portas de un proceso constituyente, donde las necesidades de expresarse públicamente y manifestarse pacíficamente mantendrán movilizada a parte importante de la población: ¿Qué podría salir mal?

Las razones que han llevado a la prohibición o moratoria de uso del reconocimiento facial en espacios públicos son claras y compartidas: este tipo de tecnologías entregan al poder político una capacidad ilimitada, desproporcionada e injustificada para identificar, perfilar y vigilar a sus ciudadanas; aún cuando la ejecución de estas actividades es incompatible con el Estado democrático de Derecho.

Una de las principales críticas a las tecnologías de reconocimiento facial es su tasa de falsos positivos, es decir, el porcentaje de veces que el sistema reconoce de forma equivocada al afectado. La policía londinense reportó que un sistema de estas características identificó erróneamente a los individuos en un 92% de los casos, en Nueva York se obtuvo un 80% de falsos positivos y en nuestro país, el sistema del Mall Plaza resultó en un 90% de casos erróneos ¿Existe alguna otra industria que pueda mantenerse lucrativa con esos resultados?

Más allá de su efectividad -y la cuestionable justificación económica de esa inversión por el Estado, frente a las múltiples demandas sociales que requieren urgente atención- lo que resulta realmente espeluznante del reconocimiento facial, para aquellos que amamos y defendemos la libertad, es que estamos ante una tecnología que entrega una capacidad completamente desproporcionada al Estado y le permite ampliar su poder político para identificar a sus ciudadanas en el espacio público, un verdadero estado policial de control que trata a las personas como permanentes sospechosas. Este es el Estado del que nos habló Orwell en 1984.

Hoy estamos, entonces, ante una paradoja. El reconocimiento facial es una mala inversión para los recursos del Estado porque no sirve -ya se ha demostrado que es incapaz de entregar el resultado que promete- y el precio lo pagarán con sus derechos y libertades aquellos erróneamente identificados por el sistema. Aún si fuese capaz de alcanzar su objetivo, las consecuencias en el ejercicio de los derechos de las personas serían irreversiblemente más graves; es por esto que la implementación de este tipo de tecnologías resulta incompatible con un Estado de Derecho.

El anuncio de este sistema de vigilancia masiva ocurre en un momento particular, a la mitad de la revuelta social y política más importante que ha vivido Chile en los últimos 30 años. En un escenario en donde al menos tres organismos internacionales han constatado la existencia de gravísimas y generalizadas violaciones a los derechos humanos de la población.

La implementación de este sistema de vigilancia masiva se produce, entonces, en un contexto en el que se constata una progresiva criminalización al legítimo derecho de la población a la protesta social. El sistema propuesto entrega una herramienta tecnológica adicional para acrecentar la capacidad de control del Estado sobre la expresión y la manifestación, como un ejercicio de poder sin contrapesos ni obligación de rendición de cuentas en su uso. Si previo al estallido social vivimos situaciones como la Operación Huracán o la vigilancia policial revelada por el Paco Leaks ¿qué garantiza que un sistema de vigilancia masivo con reconocimiento facial no será utilizado para perfilar a dirigentes sociales, perseguir a activistas, medios independientes u hostigar a oponentes políticos?

Las bases de licitación son claras en entregar al sistema la mayor discrecionalidad y arbitrariedad posible, describiendo las cámaras como un mecanismo legítimo incluso para perseguir incivilidades . En otras palabras, se proponen como una solución para perseguir conductas que van desde cometer delitos hasta botar papeles en la calle, contraviniendo uno de los principios básicos de la disciplina jurídica de protección de datos personales: el principio de proporcionalidad.

Las bases de licitación son además ambiciosas, pero poco precisas. Se establece que el sistema de vigilancia tiene que ser capaz de reconocer rasgos faciales, patrones de comportamiento y contar con algoritmos de aprendizaje de máquinas (machine learning); sin embargo, no establece definición alguna de qué parámetros técnicos deberán cumplir ni provee información acerca de los datos que serán usados para su entrenamiento. Tampoco hay mención a cualquier mecanismo de control o resguardo de los derechos de las personas sujetas a este sistema de vigilancia masiva.

La pretensión del gobierno por generar mecanismos de vigilancia masivos en espacios públicos se basa en una premisa errada que nuestros tribunales superiores de justicia han sido claros en descartar: que «no existe» la privacidad en el espacio público. Claro que las personas no gozan del mismo nivel de privacidad en la calle que en la sala de estar de sus casas, pero eso no quiere decir que uno renuncie totalmente a la privacidad al cruzar el umbral de la puerta.

Y es que la privacidad y el anonimato son además condiciones necesarias para el ejercicio de otros derechos fundamentales, como la libertad de expresión, el derecho a reunión, petición, la libertad de culto y la no discriminación. De esta forma la implementación de sistemas de vigilancia masiva genera un efecto inhibidor donde, por miedo a represalias ulteriores, las personas podrían sentirse presionadas a no ejercer sus derechos o ejercerlos de forma limitada.

¿Podrán los chilenos seguir manifestándose con tranquilidad y libertad sabiendo que sus rostros están siendo identificados y que cada uno de sus patrones de comportamiento están siendo analizados por el mismo gobierno que los reprime? La respuesta es obvia.

Desde Derechos Digitales nos oponemos a la implementación de este sistema de vigilancia incompatible con el Estado democrático de Derecho, que vulnera los derechos fundamentales de la población.

La Subsecretaría de Prevención del Delito debe rendir cuenta a las chilenas de su actuar, y es por eso que tal como lo hemos hecho nosotros, invitamos a todos nuestros lectores a utilizar el mecanismo de acceso a la información pública para requerir información de cómo este plan de vigilancia masiva pretende ser implementado y les afecta. Para ello les compartimos un modelo de solicitud que pueden bajar acá. La solicitud se debe ingresar en el portal de transparencia de la Subsecretaría de Prevención del Delito, de forma que exijamos al gobierno transparentar los detalles de este sistema de vigilancia masiva a todas sus ciudadanas interesadas en proteger el respeto de los derechos humanos que les hizo salir a la calle en 2019: para exigir que la dignidad se haga costumbre.

https://www.derechosdigitales.org/14182/contra-la-vigilancia-masiva-hasta-que-la-dignidad-se-haga-costumbre/

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Memoria Histórica

Soldados entrenados por Estados Unidos cometieron la masacre de El Mozote en 1981 en la que mil campesinos salvadoreños fueron asesinados

Por primera vez el general salvadoreño Juan Rafael Bustillo ha reconocido que el batallón Atlácatl, una fuerza de élite entrenada por Estados Unidos, fue el responsable de la masacre de El Mozote, perpetrada en 1981, en la que fueron asesinados 985 campesinos desarmados.

La matanza El Mozote está considerada no solo el mayor acto de violencia contra población civil cometida por funcionarios del Estado durante la Guerra Civil de El Salvador, sino también la peor masacre del Hemisferio Occidental en los tiempos modernos.

La mayoría de las personas torturadas y asesinadas por las fuerzas apoyadas por Estados Unidos eran mujeres y niños.

La admisión tuvo lugar cuando el Departamento de Estado estadounidense impidió el ingreso a Estados Unidos a trece exoficiales del ejército salvadoreño acusados de organizar la ejecución extrajudicial de seis sacerdotes jesuitas, su empleada doméstica y la hija de esta en 1989.

Al igual que la masacre de El Mozote, el asesinato de los sacerdotes jesuitas fue llevado a cabo por soldados entrenados por Estados Unidos.

El batallón Atlácatl fue adiestrado por la CIA en la Escuela de las Américas.

El 10 de diciembre de 1981, unidades del batallón Atlácatl del ejército salvadoreño llegaron a El Mozote en busca de insurgentes del FMLN. El Mozote era una pequeña población rural con cerca de veinticinco casas situadas alrededor de una plaza.

A su llegada, los soldados ordenaron a los vecinos que salieran de sus casas y formaran en la plaza. Allí les pidieron información sobre las actividades de la guerrilla y luego les ordenaron que volvieran a sus casas y permanecieran encerrados hasta el día siguiente, advirtiendo que dispararían contra cualquier persona que saliera. Los soldados permanecieron en el aldea durante toda la noche.

A la madrugada del día siguiente, los soldados volvieron a reunir a la población entera en la plaza. Separaron a los hombres y ancianos de las mujeres y de los niños, y los encerraron en grupos separados: en la iglesia al primer grupo y en una casa al segundo. Durante toda la mañana procedieron a interrogar mediante torturas a los pobladores. Cada hombre, mujer y niño, al terminar la sesión de tortura, era ejecutado.

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La CIA utilizó al espionaje argentino contra los países del ALBA para derrocar a Evo Morales en Bolivia

La estación de la CIA en La Paz instruyó al Jefe de la Agencia Federal de Inteligencia Argentina (AFI) en Bolivia, José Sánchez, para que apoyara la recopilación de información sobre Evo Morales y sus administraciones y a todos los funcionarios cubanos, venezolanos y nicaragüenses que residen en Bolivia, incluidos los diplomáticos.

Para cumplir con el encargo, José Sánchez no solo utilizó sus agentes en el país, sino que también solicitó el apoyo de representantes en Brasil, Colombia y Perú.

La estación de la CIA en Bolivia requirió la siguiente información de la AFI argentina:

1. La elaboración de perfiles psicológicos de los principales líderes del gobierno boliviano, especialmente de los ministros más influyentes. Esto incluye a Juan Ramón Quintana y Diego
Pari.

2. Recopilación de inteligencia que pueda vincular a los funcionarios del gobierno boliviano con el narcotráfico.

3. Recopilación de inteligencia sobre los negocios privados de los funcionarios del gobierno boliviano que pueden ser vinculados a los estafadores de la corrupción.

4. La identificación de ciudadanos cubanos, venezolanos y nicaragüenses que trabajan en Bolivia

5. La identificación de los diplomáticos de dichos países que trabajan en Bolivia.

Esta información sería utilizada por los Servicios Especiales de Estados Unidos para llevar a cabo campañas mediáticas contra Evo Morales, tanto antes como después de las elecciones como parte del esfuerzo para evitar su reelección.

José Sánchez mantuvo estrechos lazos con los funcionarios de la Embajada de Estados Unidos, que iban más allá de sus deberes como diplomático. Esto incluía a Rolf Olson y Annette Dorothy Blakeslee, ambos oficiales de la estación de la CIA en La Paz.

Asimismo, Annette Dorothy Blakeslee estuvo en Nicaragua como oficial médico de la USAID en la embajada de Estados Unidos en Managua. Es una de las tapaderas diplomáticas usadas por la CIA en sus operaciones secretas.


Sánchez tenía una cobertura diplomática, pero en realidad servía de enlace con los servicios secretos de varios países. Estaba a cargo de dos estaciones de la AFI en Bolivia: una en La Paz y la otra en el Consulado de Santa Cruz. Este último fue utilizado para repartir fondos para la oposición en esta ciudad. Los fondos, a su vez, eran proporcionados por la embajada de Estados Unidos.

A pesar de que estaba previsto que terminara su misión el 2 de diciembre, Sánchez fue misteriosamente relevado de su cargo sólo dos meses antes de que se produjera el golpe contra Evo.

https://bbackdoors.wordpress.com/2020/01/30/behind-the-coup-the-argentine-intelligence-agency-afi-in-bolivia/

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Negar la realidad es una costumbre de los gobiernos colombianos cuando la misma realidad les salpica la cara

Renson Said

El director de la Policía [colombiana], Óscar Atehortúa, dice que la Águilas Negras (organización no organizada, la cual envía panfletos amenazando a líderes sociales y reclamantes de tierras), no existen porque “no han sido registradas”. Ya antes, María Fernanda Cabal había dicho que la masacre de las bananeras fue otro de los “mitos históricos de la narrativa comunista”. Y Santos: “El tal paro agrario no existe”.

Negar la realidad ha sido una costumbre extendida entre los distintos gobiernos colombianos cuando la misma realidad les salpica la cara. En un país preocupado por la imagen (no es casual que Colombia sea uno de los países donde más cirugías plásticas se realizan), las verdades incómodas se maquillan: no se habla ya de asesinatos de civiles inocentes, sino de falsos positivos. A los dueños de tierras usurpadas a campesinos se les dice: “compradores de buena fe”. Y así. Mientras tanto, el paro agrario deja muertos y heridos. La masacre de las bananeras ocupa lugar doloroso en la historia de Colombia y las Águilas Negras siguen intimidando a la población.

El método ha ido evolucionando. Antes, bastaba solo con cambiar el nombre de las cosas para que las cosas cambiaran, aunque no cambiaran. Ahora la realidad se niega de tajo: Las Águilas Negras no existen porque “no han sido registradas”.

No sé si las organizaciones criminales deban registrarse ante la Cámara de Comercio o ante el ministerio de Defensa, lo cierto es que constituye una realidad que no se puede ocultar.

Las Águilas Negras nacieron en Norte de Santander. Según un informe de la Defensoría del Pueblo de 2006: “Con la desmovilización del bloque Catatumbo, en diciembre de 2004, aparecen nuevas estructuras paramilitares integrados por combatientes y excombatientes de otros bloques que actuaban en diferentes zonas del país, que desde los primeros meses del 2005 han venido copando los espacios dejados por el bloque Catatumbo y el bloque Norte, luego de su desmovilización”.

Estas estructuras son las Águilas Negras cuyas acciones son similares a las de los bloques Catatumbo y Norte.

Puede ser una organización fantasma, porque no se atribuye ningún crimen. Pero eso no significa que no existan, de la misma manera como el rebusque no está tipificado (o registrado ante notaría) aunque para la mayoría de los colombianos esa sea su única ocupación.

Es curioso que las Águilas solo amenacen a familias reclamantes de tierras, a defensores de derechos humanos y a dirigentes de la oposición. Nunca han amenazado a ningún dirigente de derecha ni a ningún militar ni a ningún obispo. ¿Cómo hacen para que aparezca un panfleto en Chocó y al día siguiente otro en Bogotá? Desmovilizadas las Farc, esa logística solo la tiene el gobierno.

No es que uno sea mal pensado, pero no deja de ser sospechoso que las Águilas Negras, que nunca amenazan a ningún político de partidos tradicionales, hayan amenazado a Roy Barreras luego del debate al ministro de Defensa por el bombardeo al campamento guerrillero donde murieron menores de edad.

O sea, hay indicios, general Atehortúa, y que usted no los vea arroja luz sobre sobre la capacidad de la Policía nacional para investigar los temas de su competencia.

Negar la realidad es una forma de anular las preguntas que incomodan al establecimiento, y es, en esa doble negación, donde las águilas empollan.

https://www.elespectador.com/noticias/nacional/negacionistas-columna-901771

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La guerra sucia como política de Estado en Colombia

Los falsos positivos son una política histórica en Colombia, aseveró Juan Carlos Tanus, director de la Asociación Civil Colombianos en Venezuela.

“Los falsos positivos creados por el Gobierno colombiano no son más que ejecuciones extrajudiciales, las cuales cuentan con un apoyo legal por parte del Estado, quien asume a través de sus servidores una estructura que produce cientos de homicidios”, afirmó.

Durante una entrevista en Venezolana de Televisión, Tanus aseguró que esa política ha ido en aumento y creado un impacto en la sociedad a través de las ejecuciones aplaudidas por el presidente Iván Duque.

Resaltó que esto no es una estrategia reciente esto data de hace por lo menos 20 años.

Sin embargo, puntualizó, no fue hasta este último año que la Comisión Nacional de la Verdad en Colombia comenzó a indagar.

“Esas investigaciones arrojaron que en los dos periodos de Álvaro Uribe fueron ejecutados extrajudicialmente cuatro mil dirigentes colombianos en tan solo ocho años los cuales no son comparados con los 17 años de dictadura de Augusto Pinochet en Chile”, puntualizó Tanus.

Explicó como actualmente existen documentados alrededor de 10.000 casos que confirman las ejecuciones extrajudiciales que cuentan con el aval del Estado.

“Un ejemplo de esta situación lo constituyen los seis generales investigados por su presunta vinculación con los falsos positivos y en el cual recibieron dinero, y mejoras en sus condiciones de vida”, subrayó.

Indicó que “cada vez que presentaban un civil asesinado bajo el pretexto que fue dado de baja en combate recibían a cambio beneficios del gobierno”.

Resaltó que el Gobierno colombiano hace una convocatoria a una Cumbre Antiterrorista, pero lidia con una muerte diaria de dirigentes políticos.

https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=337770&SEO=falsos-positivos-politica-historica-en-colombia

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Los imperialistas amenazan con nuevas acciones desestabilizadoras contra Venezuela

El lunes el secretario de Estado Mike Pompeo pidió a las grandes potencias que sigan apoyando los esfuerzos emprendidos por Estados Unidos para acabar con “la tiranía de Maduro” y amenazó con nuevas acciones desestabilizadoras.

En su visita a Bogotá, primera parada de su gira por América Latina y el Caribe, Pompeo reiteró el apoyo de Washington a los golpistas, entre ellos Guaidó, con quien se entrevistó.

“Espero que Estados Unidos tome medidas continuas para seguir apoyando al Presidente Guaidó y al pueblo venezolano”, dijo. “El mundo debe seguir apoyando los esfuerzos del pueblo venezolano para volver a la democracia y acabar con la tiranía de Maduro, que está teniendo un impacto en Colombia y en toda la región”, añadió.

Pompeo participó en la Tercera Conferencia Ministerial Hemisférica de Lucha contra el Terrorismo, que se inauguró en Bogotá con la presencia de representantes de 25 países de la región.

Haciendo frente a una prohibición de salida del territorio venezolano, Guaidó, reconocido por Estados Unidos, Colombia y unos 50 países más como presidente en funciones de Venezuela, también asistió a la conferencia.

Luego viajó a Europa, donde se reunió en Bruselas con Josep Borrell, el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, antes de dirigirse a Suiza para asistir al Foro Económico Mundial de Davos al día siguiente.

Estados Unidos considera fraudulenta la reelección de Maduro en 2018 y continuará trabajando “para restaurar la democracia en Venezuela”, concluyó Pompeo.

Según el Instituto Datanalisis, la popularidad de  Guaido ha caído del 63 por ciento en enero del año pasado al 38,9 por ciento en diciembre.

Pompeo también hizo un llamamiento a sus compinches para que actúen con más energía contra Hezbollah, que Washington ha incluido en la lista de organizaciones terroristas, y consideró inaceptable que sus miembros hayan encontrado “refugio en Venezuela”.

“Colombia, nuestro amigo y aliado, ha declarado a Hezbollah una organización terrorista. Espero que otros países tomen medidas similares contra este grupo y otros movimientos terroristas”, dijo.

Como en la Guerra Fría, el imperialismo quiere matar dos pájaros de un tiro. Demoniza a las organizaciones antimperialistas tanto como a determinados países para justificar las agresiones contra ellos asegurando que son refugios de los anteriores.

Pero Hezobllah no es suficiente y en el mismo paquete introducen a los guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y a los disidentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Para eso utilizan a sus sicarios, como el gobierno de Duque en Colombia o al propio Guaidó, quien ha recordado otro mito del franquismo: el oro de Moscú en versión caribeña. Según Guaidó la “dictadura venezolana” financia al ELN “con oro venezolano que hoy puede ser descrito como oro de sangre”.

En medio de este diluvio de declaraciones del amo y sus caniches, el Comando Sur de Estados Unidos anunció un ejercicio militar conjunto de tropas estadounidenses y colombianas que empezó ayer y se prolongará hasta el miércoles de la semana que viene.

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Más de 190.000 cadáveres: una de las mayores matanzas de la historia se está produciendo en Colombia

Por primera vez, esta semana los tribunales colombianos han acreditado al Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) y a la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin) como víctimas colectivas del terrorisno de Estado.

Los pueblos del Cauca han cargado con una parte importante de la brutalidad del Estado: 124.785 cadáveres, según los datos oficiales. El número corresponde a miembros de 31 Resguardos y Cabildos Indígenas del Pueblo Nasa que han sido golpeados por el terror.

El caso, que en la Justicia Especial de Paz se conoce como el 005, lo dirigen los magistrados Raúl Eduardo Sánchez Sánchez y Belkis Izquierdo Torreses. Es tan gigantesco que jamás se podrá obtener una resolución individual de cada uno de los crímenes.

Los campesinos han soportado tomas, masacres, asesinatos selectivos y violaciones por parte de la Tercera División del Ejército y el Bloque Calima de las Autodefensas.

El Caso 005 investiga 2.308 crímenes de desplazamiento forzado, conductas que afectan la libertad, violencia sexual, muertes productos del terror, confinamiento y siembra de minas antipersonas, reclutamiento ilícito, desaparición, ataques a la población y amenazas.

Se han acreditado 20.205 víctimas pertenecientes a 47 Consejos Comunitarios Afrodescendientes agrupados en la Asociación de Consejos Comunitarios del Norte del Cauca y otras organizaciones Afro del Sur del Valle.

Los tribunales han reconocido más de 190.000 víctimas del terror, aunque en el listado se incluyen, como no podía ser de otra forma, las acciones guerrilleras, en el mismo plano que las del Estado.

Dentro de los siete casos priorizados por la JEP se han presentado miles de colombianos para ser acreditados como víctimas: 9.264 en el caso 001 (Retención ilegal de personas por parte de las Farc-EP, 48712) en el caso 002 (graves violaciones a los derechos humanos y al DIH en los municipios de Tumaco, Ricaurte y Barbacoas), 885 en el caso 003 (Muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado), 15 en el caso 004 (Urabá), 124.785 en el caso 005 (situación territorial del Norte del Cauca y el Sur del Valle), 6.226 en el caso 006 (genocidio de la Unión Patriótica) y 451 en el caso 007 (Reclutamiento y utilización de niñas y niños en el conflicto armado). En total la JEP ha reconocido más de 190.000 víctimas del conflicto armado que ya están teniendo una participación muy activa en todas las audiencias.

El terrorismo de Estado y de las bandas parapoliciales no ha parado en ningún momento. El 15 de enero el comunero Jaiber Alexander Quitumbo, de 30 años, murió tiroteado.

Cinco días antes hubo un doble asesinato en el corregimiento El Palo, sobre la vía que comunica a los municipios Caloto y Corinto. Ahí fueron atacados con arma de fuego los campesinos Juan Pablo Dicué Guejía, de 18 años, y Amparo Guejía Mestizo, de 41 años.

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Operación Cóndor: el terrorismo de Estado en Latinoamérica se conoce gracias a la participación de Estados Unidos

Más de 7.000 registros secretos de Estados Unidos sobre la guerra gucia en Argentina fueron desclasificados en abril pasado. Por primera vez aparecieron documentos que vinculan directamente a Augusto Pinochet y Manuel Contreras con asesinatos selectivos planificados y ejecutados por la Red Cóndor, creada y dirigida por Contreras para coordinar la represión de los servicios de inteligencia de las dictaduras del Cono Sur. En julio de 1976 un informe de la CIA informó que una de las operaciones de Cóndor era “liquidar individuos seleccionados” y que Chile tenía “muchos objetivos en Europa”. Otro cable secreto de la CIA indicó que Contreras y Pinochet coordinaban las “listas de objetivos”. También incluyen revelaciones sobre los crímenes de Letelier-Moffitt y el general Prats y su esposa, ejecutados por la DINA en Washington y Buenos Aires.

Entre julio y principios de agosto de 1976, pocas semanas después de que el régimen de Pinochet fuera anfitrión de una reunión clave de la Operación Cóndor en Santiago, la CIA obtuvo información que vinculó al general Pinochet directamente con las operaciones de asesinatos que planificó y ejecutó la Red Cóndor. Una fuente de la CIA informó que entre los planes de Cóndor (coordinación de los servicios secretos de las dictaduras del Cono Sur) estaba el “liquidar individuos seleccionados” en el extranjero. “Chile tiene ‘muchos objetivos’ (no son identificados) en Europa”, le informó una fuente a la CIA a fines de julio de 1976.

En otro cable secreto de inteligencia de la CIA, la misma fuente entregó información adicional sobre los complots para ejecutar asesinatos: “Juan Manuel Contreras, el hombre que originó todo el concepto de Cóndor y ha sido el catalizador en su creación, coordinará los detalles y las listas de objetivos con el presidente chileno Augusto Pinochet Ugarte”.

Por esta precisa razón, la CIA estimaba que mientras algunos líderes de los países que integraban la Operación Cóndor “no serían informados de estos planes de operaciones de asesinatos en Europa”, era poco probable que esa situación se repitiera en Chile.

Estos reveladores reportes de inteligencia sobre la Operación Cóndor fueron desclasificados en abril pasado, junto con cerca de 47.000 páginas de archivos secretos de la inteligencia estadounidense sobre la guerra sucia en Argentina. Más de 7.000 registros de la CIA, el FBI, el Pentágono y el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) arrojan nueva y cuantiosa luz sobre el estado de terror que existía en Argentina entre 1976 y 1983, cuando los militares estaban en el poder.

Los detallados documentos, desclasificados por el gobierno de Donald Trump, entregan nueva y extensa evidencia de la infraestructura de la represión, el destino de cientos de desaparecidos que fueron secuestrados, torturados y asesinados. Además, detallan el rol de Argentina en la campaña de terrorismo internacional conocida como Operación Cóndor.

Algunos de esos documentos -hasta ahora desconocidos- revelan también importante información sobre el rol de la dictadura chilena en la coordinación de la represión criminal que se ejecutó a través de la Operación Cóndor.

El “Proyecto de Desclasificación de Argentina”, como es conocido oficialmente en los círculos del gobierno estadounidense, es uno de los raros casos en que el presidente Donald Trump no revirtió una política iniciada por su predecesor (Barack Obama), sino que la completó. Fue durante la preparación de la visita de Estado que realizaría el presidente de Argentina Mauricio Macri a Estados Unidos, en abril de 2017, cuando Fernando Cutz, director senior del Consejo Nacional de Seguridad para Asuntos del Hemisferio Occidental, informó a Donald Trump que Macri le había pedido personalmente a Obama esa desclasificación especial cuando este visitó Buenos Aires un año antes.

Trump tenía antiguos vínculos personales con Macri. Décadas antes, habían salido juntos de bar en bar en Nueva York mientras sus padres hacían negocios inmobiliarios. Años más tarde, la Organización Trump buscó la ayuda de Macri para concretar su plan de construir una Torre Trump en Buenos Aires. Esa relación, “ayudó a poder presentar el proyecto como una solicitud de Macri en lugar de una iniciativa de Obama”, recordó Cutz.

Aunque hay que decir que la verdadera génesis del “Proyecto de Desclasificación de Argentina” comenzó con un error de programación presidencial. En efecto, todo se originó en la primavera de 2016, cuando la administración Obama organizó un viaje histórico de dos días para el presidente a La Habana y luego un viaje de tres días a Argentina. Las fechas de las visitas de Estado de alto perfil fueron determinadas, en parte, por el hecho de que eran las vacaciones de primavera de las dos hijas de Obama y ​​él quería que ellas pudieran disfrutar de unas cortas vacaciones en Cuba y en la Patagonia, en el sur de Argentina.

Pero el anuncio de la Casa Blanca de que el presidente de Estados Unidos estaría en Buenos Aires el 24 de marzo de 2016, coincidiendo con el 40 aniversario de la sangrienta toma de control militar, provocó una protesta de las agrupaciones de derechos humanos en Argentina. Estados Unidos era percibido, en palabras del Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, como “un cómplice de golpes de Estado en esta región”. Las protestas masivas, con pancartas que decían “El Día de la Memoria: Fuera Obama”, fueron vistos como una amenaza.

Fue entonces que, en una reunión con el presidente Mauricio Macri, activistas de derechos humanos, liderados por las famosas Abuelas de Plaza de Mayo, le exigieron que le pidiera a Obama que desclasificara los registros de inteligencia que podrían ayudarlas a localizar a sus hijos e hijas desaparecidos. También a los nietos que habían nacido en centros de detención secretos y luego adoptados por familias militares después de que sus madres fueron ejecutadas.

Para corregir esta grave afrenta a las familias de las víctimas, la Casa Blanca y el gobierno de Macri organizaron una ronda de “diplomacia de la desclasificación”: el uso de documentos secretos de Estados Unidos para avanzar en las relaciones bilaterales. Así, en la mañana del 24 de marzo de 2016, Obama y Macri visitaron el Parque de la Memoria en Buenos Aires para presentar sus respetos a las víctimas de la guerra sucia.

“Hoy, en respuesta a una solicitud del presidente Macri, y para continuar ayudando a las familias de las víctimas a encontrar algo de la verdad y la justicia que merecen, puedo anunciar que el gobierno de los Estados Unidos desclasificará aún más documentos de ese período, incluyendo, por primera vez, registros militares y de inteligencia. Creo que tenemos la responsabilidad de enfrentar el pasado con honestidad y transparencia”, declaró Obama en un discurso conmovedor.

Solo tres meses más tarde, en junio de 2016, la Casa Blanca emitió una “tarea” para todas las agencias de seguridad nacional de Estados Unidos, titulada “Proyecto de Desclasificación de Argentina”: ordenó una búsqueda de archivos durante 18 meses y una revisión de los registros relevantes. “La Administración continúa apoyando los esfuerzos para aclarar los hechos que rodean las violaciones de derechos humanos, los actos de terrorismo y la violencia política en Argentina durante el período de la Guerra Sucia de 1975 a 1984”, se lee en la directiva, en la que, además, se pidió a las agencias “que prioricen el apoyo para este esfuerzo”.

Según John Fitzpatrick, quien dirige la Oficina de Administración de Registros de la NSC, casi 400 archiveros, analistas, oficiales de FOIA (Ley de Libertad de Información) y administradores de registros provenientes de 16 agencias gubernamentales diferentes participaron en la búsqueda y el procesamiento de los documentos, usando aproximadamente 30.000 horas de trabajo para completar el proyecto.

Antes de que Barack Obama dejara la presidencia de su país, su administración publicó las dos primeras partes de los registros. Luego, en abril de 2017, durante su propia reunión cumbre con Mauricio Macri, el presidente Trump le entregó personalmente un pendrive que contenía la tercera parte. Como era de esperar, Donald Trump marcó el lanzamiento final de estos documentos proclamándolo como el más grande de la historia.

“La publicación de los registros constituye la mayor desclasificación en la historia de los registros del gobierno de los Estados Unidos directamente a un gobierno extranjero”, escribió Trump en una carta enviada a Macri el 11 de abril de 2019.

Cuando los documentos de inteligencia se desclasifican, generalmente están repletos de párrafos tachados: franjas de información ocultas en virtud de la seguridad nacional o para proteger “fuentes y métodos” encubiertos. Pero debido al meticuloso control de calidad ejercido por un administrador de registros NSC llamado John Powers, los últimos registros publicados por la CIA, el FBI y la Agencia de Inteligencia de Defensa en Argentina están mucho menos censurados que las desclasificaciones especiales anteriores. Esta transparencia excepcional los ha convertido en documentos mucho más valiosos para los historiadores, así como para los investigadores legales que continúan persiguiendo estos crímenes contra la humanidad.

Como colección, los documentos constituyen un catálogo del sadismo que caracterizó el terrorismo de Estado en Argentina. Por ejemplo, un cable de la CIA informó que varios meses después del golpe de Estado de 1976, la policía federal detuvo y asesinó en masa a 30 militantes y luego dispersó partes de sus cuerpos -utilizando dinamita- en un campo abierto “como una advertencia a los extremistas de izquierda”.

Otro informe del FBI proporcionó detalles sobre cómo las fuerzas de seguridad interceptaron y robaron una carroza fúnebre con los restos de Marcos Osatinsky, líder del grupo guerrillero Montoneros, “para evitar que el cuerpo fuera sometido a una autopsia, la que habría demostrado que había sido torturado”.

Al menos media docena de cables del FBI y la CIA registran una operación del SIDE (Servicio de Inteligencia del Estado que tuvo en Argentina una función similar a la DINA en Chile), para secuestrar, torturar y ejecutar a dos oficiales de la embajada cubana sospechosos de ayudar a militantes de izquierda en Argentina. Después de que los cubanos fueron asesinados, según un informe del FBI marcado como “Secreto / solo para sus ojos”, “sus cuerpos fueron arrojados con cemento en un gran tambor de almacenamiento y arrojado al río Luján”, cerca de Buenos Aires.

Otro cable del Departamento de Estado describió cómo los agentes de seguridad argentinos detuvieron y torturaron a una psicóloga en silla de ruedas para obtener información sobre uno de sus pacientes.

La tortura fue rutina, afirmó Patricia Derian, subsecretaria de Estado para los Derechos Humanos durante la administración del presidente estadounidense James Carter, después de un viaje de investigación a Argentina.

“La picana eléctrica, algo así como una picana de ganado sobrecargada, sigue siendo aparentemente una herramienta favorita de tortura, como lo es el tratamiento del ‘submarino’ (inmersión de la cabeza en una tina de agua, orina, excremento, sangre o una combinación de estos)”, según el resumen de abusos que surgen de los documentos desclasificado que hizo Derian. “Ya no hay ninguna duda de que Argentina tiene el peor historial de derechos humanos en América del Sur”, concluyó.

Muchos de los documentos recientemente desclasificados van más allá de una descripción de las violaciones de los derechos humanos e identifican a los infractores. “Estos documentos entregan nombres. Identifican a los perpetradores y a sus víctimas”, observa mi colega Carlos Osorio, analista senior del Archivo de Seguridad Nacional, quien proporcionó una amplia experiencia y apoyo al “Proyecto de Desclasificación de Argentina”.

Debido a que entregan esos nombres, proporcionan un nivel de verdad y responsabilidad que muchos otros proyectos de desclasificación no han logrado, afirma Osorio.

Por ejemplo, un informe de la CIA sobre una reunión de los participantes de la Operación Cóndor en diciembre de 1976, realizada en Buenos Aires, “para discutir operaciones de guerra psicológica”, proporciona los nombres de los dos oficiales de la DINA que asistieron: el teniente coronel Enrique Cowell Mansilla, quien se desempeñó como subdirector de Operaciones Psicológicas de la DINA; y el teniente Arturo Mejías, del mismo departamento de la DINA chilena.

Además, cientos de cables del agente del FBI Robert Scherrer, quien constantemente proporcionó la información más detallada sobre las operaciones y los abusos de las fuerzas de seguridad argentinas, contienen las identidades no censuradas de sus fuentes confidenciales, proporcionando así una lista maestra de las personas que presenciaron, tuvieron conocimiento o estuvieron directamente involucrados en el aparato de represión. Aunque muchas de sus fuentes han fallecido, los registros sin censura permitirán a los investigadores de derechos humanos determinar quién dentro del Ejército, los Servicios de Inteligencia y la policía argentinos tenían conocimiento en detalle sobre atrocidades específicas. Esa información ayudará ahora a avanzar en una serie de investigaciones en curso sobre derechos humanos.

No obstante tener su sede del FBI con asiento en Buenos Aires, Robert Scherrer se convirtió en el investigador principal del asesinato con un coche bomba del ex embajador chileno Orlando Letelier y su colega en el Instituto de Estudios de Política, Ronni Moffitt, de tan solo 25 años. El atentado terrorista tuvo lugar en Washington el 21 de septiembre de 1976.

El famoso informe de “Chilbom” [bombardeo de Chile] de Scherrer fue el primer –y durante años el único– documento parcialmente desclasificado que mencionaba la participación de la Operación Cóndor, identificándola como una “organización [recientemente establecida] entre los servicios de inteligencia cooperantes en América del Sur”. La inteligencia que Scherrer reunió sugería que el asesinato de Letelier y Moffitt era una posible misión de “fase tres” de Cóndor, encabezada por el general Augusto Pinochet de Chile y su policía secreta, la DINA.

El cable “Chilbom” de Scherrer ahora ha sido desclasificado por completo, y la identidad de su fuente revelada: un agente de Inteligencia del Ejército argentino involucrado en los esfuerzos de los escuadrones de la muerte en Europa. “La fuente es el Dr. Arturo Horacio Poire, quien es miembro del grupo especial argentino que posiblemente participará en la tercera fase de la ‘Operación Cóndor’”, se lee en el informe de Sherrer. La identificación de Poire ha abierto la puerta a una nueva investigación sobre los esfuerzos de Cóndor para extender su represión al exterior.

Pero la versión no editada del cable de Scherrer es solo uno de las docenas de registros excepcionalmente detallados del FBI y la CIA sobre la Operación Cóndor que se encuentran en la colección de Argentina. Proporcionan una historia mucho más completa de la infraestructura y la capacidad operativa de Cóndor de lo que se conocía anteriormente.

Argentina -y no el Chile de Pinochet, país que ideó por primera vez el concepto de colaboración de las policías secretas de las dictaduras del Cono Sur-, fue designado “Cóndor 1”. Los registros desclasificados de la CIA dejan en claro que los “distintivos de llamada” numéricos para los países miembros eran en realidad alfabéticos: Argentina fue Condor-1; Bolivia, Cóndor-2; Chile, Cóndor-3; Paraguay, Cóndor-4; Uruguay, Cóndor-5. Estas designaciones se usaron en comunicaciones encriptadas entre los países miembros de Cóndor.

Luego del asesinato de Orlando Letelier y Ronnie Moffit en Washington, altos oficiales de las Fuerzas Armadas argentinas se preocuparon porque la investigación en Estados Unidos renovara la atención en otro asesinato similar y el rol de militares argentinos en ese hecho: el atentado con un carro bomba que acabó con la vida del general Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert en Argentina, en septiembre de 1974.

La CIA supo que el comandante en jefe de la Armada argentina, almirante Emilio Massera, recibió varios reportes sobre el asesinato de Letelier que discutían “el probable curso de la investigación, cómo esta afectaría al régimen chileno, y la posible aparición de información sobre el asesinato de Prats”. De acuerdo a fuentes de la CIA en Argentina, las Fuerzas Armadas estaban preocupadas de que el gobierno del entonces presidente de EEUU, Jimmy Carter, “va a intentar crear un escándalo por el caso Prats en Argentina” y decidieron que “deben adoptarse medidas para ocultar cualquier responsabilidad de Argentina” en el asesinato del ex comandante en jefe chileno y su señora.

La “oficina central de archivos” de la Operación Cóndor se estableció en Santiago, según fuentes de la CIA. Pero Argentina fue la sede operativa de un programa especial de Cóndor llamado “Teseo” (el mítico rey griego que mató al temible Minotauro y otros enemigos del orden social), cuya misión era “liquidar individuos seleccionados” en el extranjero. Los cables secretos de la CIA describen a “Teseo” como “una unidad establecida por la organización cooperativa Cóndor de servicios de inteligencia sudamericanos para realizar ataques físicos contra objetivos subversivos”, primero en París y luego en otras ciudades europeas.

En septiembre de 1976, las naciones de Cóndor firmaron un acuerdo titulado “Regulación de Teseo, Centro de Operaciones”, para ratificar su cooperación en planificación, financiamiento, logística, comunicaciones y “selección de objetivos”. La CIA obtuvo una copia del acuerdo que describe, con detalles banales, cómo cada servicio de inteligencia contribuiría al programa internacional de asesinatos. El Centro de Operaciones estaría compuesto por “representantes permanentes de cada servicio participante”. Su horario de trabajo sería de 9:30 a.m. a 12:30 p.m. y de 2:30 p.m. a 7:30 p.m. Cada país haría una contribución de US$10.000 para gastos operativos, con cuotas mensuales de US$200 pagadas “antes del 30 de cada mes”.

Los equipos para ejecutar asesinatos enviados a Europa estarían compuestos por cuatro individuos, “eventualmente con una mujer incluida” presumiblemente para ayudar a proporcionar cobertura para la misión. “Los costos operativos en el extranjero se estimaron en US$3.500 por persona durante diez días”, describió el acuerdo, “con US$1.000 adicionales para la primera vez, para asignación de ropa”. En la sección clave titulada “Ejecución del objetivo”, el acuerdo establece que los equipos operativos “a) interceptarán el objetivo, b) llevarán a cabo la operación y c) escaparán”.

Los funcionarios de la CIA vieron estos complots de Cóndor para asesinar en Europa como un posible escándalo para la agencia y se movieron proactivamente para frustrarlos. “Los planes de estos países para emprender acciones ofensivas fuera de sus propias jurisdicciones plantean nuevos problemas a la Agencia”, escribió Ray Warren, entonces jefe de la División de América Latina. A fines de julio de 1976, Warren activó la alarma del subdirector de la CIA: “Se deben tomar todas las precauciones para garantizar que la Agencia no sea acusada injustamente de ser parte de este tipo de actividad”.

Un mes después, Warren volvió a advertir a sus superiores de las “ramificaciones políticas adversas para la Agencia en caso de que Cóndor participe en asesinatos y otras violaciones flagrantes de los derechos humanos”. Pero también informó sobre la “acción” que los agentes de la CIA estaban realizando para “evitar” esas ramificaciones “en caso de que los países de Cóndor procedan con el aspecto europeo de sus planes”.

Si bien esa sección del memorándum de Warren todavía está censurada, otro documento desclasificado basado en el memorándum de Warren y otros registros de la CIA -un informe del Senado sobre Cóndor calificado como de alto secreto-, fue publicado sin modificaciones. “La CIA advirtió a los gobiernos de los países en los que es probable que ocurran los asesinatos, Francia y Portugal, que a su vez advirtió los posibles objetivos”, se lee en el informe sin censura. “La trama fue frustrada”, concluye.

Estos registros revelan la habilidad de la CIA para contrarrestar las misiones asesinas de Cóndor en Europa, y revive las preguntas sobre por qué y cómo fracasó en detectar y disuadir una misión similar en el centro de Washington, DC: el atentado con coche bomba de septiembre de 1976 que cobró la vida de Letelier y Moffitt.

Hasta ahora, “la Operación Cóndor ha sido un misterio mortal”, dice el periodista de investigación John Dinges, que está utilizando los registros desclasificados para reeditar su libro pionero “Los años del cóndor”. “Durante décadas, tanto la CIA como el FBI nos mantuvieron en la oscuridad sobre lo que sabían y cuándo lo supieron”. Pero con los documentos recientemente publicados, “esa pregunta central puede ser respondida, y es vergonzoso para el gobierno de los Estados Unidos”, afirma Dinges.

Hubo un enlace íntimo de la CIA con los funcionarios de Cóndor, y una amplia inteligencia temprana de los planes de Cóndor que pudieron haber evitado el asesinato en Washington, concluyó.

Como muchos registros, en el “Proyecto de Desclasificación de Argentina”, los documentos sobre la Operación Cóndor entregan nombres, fechas, lugares de reunión y descripciones vívidas de los programas clandestinos llevados a cabo por los servicios de inteligencia y seguridad de las dictaduras del Cono Sur.

Este tesoro de nuevas evidencias ayudará a los investigadores de derechos humanos en Chile, Argentina y los otros países de Cóndor que continúan persiguiendo los delitos de terrorismo patrocinados por el Estado en la era de los regímenes militares.

De hecho, desde que se publicaron los documentos en abril de 2019, equipos de funcionarios argentinos los han evaluado por su valor probatorio en los enjuiciamientos de derechos humanos. A mediados de septiembre, según funcionarios de la embajada argentina, el Ministerio de Justicia de ese país transmitió un conjunto de consultas y solicitudes de aclaración a Washington. Los funcionarios estadounidenses que trabajaron en el proyecto de desclasificación están ahora examinando esas preguntas.

Los documentos “ya fueron aportados en causas en curso tanto en etapa de investigación como de juicio”, según un comunicado del Ministerio Público Fiscal en Argentina. Han revelado “nuevos datos sobre el funcionamiento de las instituciones durante la última dictadura“, así como “datos sobre la responsabilidad de funcionarios que participaron en violaciones masivas a los derechos humanos”.

Las organizaciones de derechos humanos, así como las familias de las víctimas, para quienes los documentos pueden proporcionar un cierre triste pero conmovedor, también están revisando este material. Y con mucho interés y expectativa ya que gran parte de los propios archivos de la represión de Argentina también han desaparecido: fueron quemados, enterrados o tal vez arrojados al océano, al igual que muchas víctimas.

Como dijo Carlos Osorio en la audiencia con motivo de la publicación de los registros, el 12 de abril pasado: “En varios casos estos documentos proporcionarán a esas familias la única evidencia que hayan tenido sobre el destino de sus seres queridos”.

https://ciperchile.cl/2020/01/09/operacion-condor-los-asesinatos-selectivos-que-implican-a-pinochet-y-a-manuel-contreras/