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Trump está al borde un golpe de Estado

‘¿Trump está con nosotros o está con los rusos?’, pregunta Eric Swalwell, congresista por California y miembro de la Comisión de Inteligencia. Es la duda que recorre a los portavoces de las camarillas de Washington. También es exactamente la misma duda que recorre el mundo, porque no sabemos si se habrán dado cuenta de que el mundo no es más que una prolongación de Washington. Si tienen dudas, lean el absurdo artículo con el que nos obsequia Daniel Iriarte redactor jefe de internacional en El Confidencial, titulado “El Kremlin contra nosotros. Bienvenidos a la segunda guerra fría” (*).

Ya ven que todos hablan de “nosotros”. ¿Quién está con “nosotros” y quién está con el Kremlin?, ¿quiénes somos “nosotros”? Como siempre, la duda procede de que el Kremlin tiene tentáculos por todas partes que todo lo manipulan y, por si no lo sabían, deben tener en cuenta a partir de ahora que el enemigo del Kremlin son… sí, en efecto, queridos lectores: Ustedes mismos, sin ir más lejos.

Volvemos a la Guerra Fría, aquellos tiempos en los que el mundo estaba lleno de gente ingenua, tontos útiles y compañeros de viaje que no se habían dado cuenta del peligro que suponía el Kremlin, los rojos y la expansión comunista. Ahora el peligro es aún mayor porque con Trump los rojos se han apoderado de la Casa Blanca y, posiblemente, también tengan infiltrados en el Pentágono. Del estilo del general Flynn.

En su largo artículo el farsante de Iriarte está entre los muchos que aseguran que Flynn ha dimitido por sus contactos con los rusos; no por haber mentido acerca de sus contactos sino por los contactos mismos.

A diferencia de Iriarte, hay que decirlo sin tapujos: no cabe duda que Trump es un producto de los rusos, que manipularon las elecciones para poner a su candidato en la Casa Blanca, a diferencia de Clinton, que era la candidata políticamente correcta.

Toda esta marejada mediática va acompaña de movilizaciones en las calles como pocas veces se han visto en Estados Unidos, e incluso en el resto del mundo que quiere protestar porque los votantes hayan elegido a Trump en lugar de Clinton.

Lo que está pasando sigue el guión de un golpe de Estado, al estilo del asesinato de Kennedy o del Watergate, cuando a Nixon le sacaron a relucir sus trapos sucios por lo mismo que a Trump: por mantener “relaciones inapropiadas con Rusia”. Pero lean bien: a Trump no le acusan de mantener relaciones con Rusia, como escribe Iriarte, sino de que las mismas son “inapropiadas”.

Las únicas relaciones apropiadas de Estados Unidos con Rusia son las que se miden en términos bélicos, de fuerza y de guerra. Eso es lo que quiere una parte muy importante de las camarilla que rodea al partido demócrata, a la CIA, al Pentágono, a una parte muy importante de los grandes monopolios y a los medios de intoxicación, que no quieren saber absolutamente del “deshielo” (por seguir utilizando la terminología de la Guerra Fría).

La enormes presiones de esas camarillas ya han obligado a recular a Trump, salvo que pensemos que sus promesas electorales eran, como tantas veces, “letra muerta”. Después de la dimisión de Flynn, las opciones de Trump no son más que dos: o bien se pliega por completo a los partidarios de la guerra, o bien se va a ver sometido, como Nixon, a un “impeachment”.

La prensa de Estados Unidos ya ser empieza a hablar de ello: quien mantiene “relaciones inadecuadas” con Rusia no es sólo Flynn sino también Trump, que era su jefe. A ambos se les acusa de traición, de trabajar para el enemigo, exigiendo una investigación por parte del Congreso, algo que es imposible sin una acción coordinada de los “poderes fácticos”, los poderes de verdad, que son los mismos de siempre, los que Eisenhower calificó como “el complejo militar-industrial”: monopolistas, espías, Pentágono, prensa…

En apoyo de los partidarios del rearme y de la guerra han salido las ONG, los seudoprogres y transversales que se amparan en las fantasmadas de Trump para presentar las agresiones del imperialismo como “luchas” aceptables, lo mismo que en la época de las revoluciones de colorines o la Primavera Árabe.

Como decía Lenin, no es posible la lucha contra el imperialismo sin luchar, simultáneamente, contra el socialimperialismo, es decir, contra toda esa coalición transversal y sus órganos de prensa, que quieren mantener la cuerda tensa en el mundo, cuando más tensa mejor.

Nos lo ponen muy fácil Iriarte y demás golpistas cuando sitúan la disyuntiva entre el Kremlin y “nosotros”: estamos contra el imperialismo en todas sus formas; luego estamos por la paz y con todos aquellos que la defienden y la promueven. Por lo tanto, no nos van a arrastrar a apoyar un golpe de Estado que quite a Trump, como en Ucrania, para poner a un remedo de Poroshenko.

(*) http://www.elconfidencial.com/mundo/2017-02-16/kremlin-putin-trump-guerra-hibrida_1332652/
Más información sobre el golpe de Estado en Estados Unidos:

– El asesor de seguridad de Trump dimite por mentir sobre sus contactos con Moscú
– La revuelta de los generales
– Trump dará un giro completo a la estrategia de Estados Unidos en Siria
– Obama es el fundador del Califato Islámico del-califato.html

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El asesor de seguridad de Trump dimite por mentir sobre sus contactos con Moscú

El general dimisionario Michael Flynn
Anoche el general Michael Flynn, asesor de seguridad nacional de Trump, dimitió. La explicación oficial es que mintió al informar sobre el contenido de su conversación con el embajador ruso en Washington, de la que no informó al Vicepresidente Mike Pence.

La dimisión pone de manifiesto, una vez más, las graves contradicciones internas en las que se ven envueltas los círculos gobernantes de Estados Unidos.

“Desafortunadamente, por el ritmo de los acontecimientos, informé inadvertidamente con información incompleta al vicepresidente [Mike Pence] y a otros sobre mis llamadas con el embajador ruso” en Washington, Serguei Kislyak, reconoció Flynn en su carta de dimisión.

En esa conversación, que el FBI interceptó y que tuvo lugar antes de que el 20 de enero Trump accediera a la Casa Blanca, Flynn habló de las sanciones impuestas por Obama contra el Kremlin por la supuesta injerencia de Rusia en las elecciones presidenciales de noviembre.

Flynn habría mentido a Pence y a otros funcionarios sobre el contenido de la llamada, al asegurarles que no había hablado con Kislyak sobre las sanciones, una mentira que llevó al Vicepresidente a negar tales contactos en los medios.

Pero la explicación oficial no es verosímil, como asegura Red Voltaire (1). Si la causa real de la dimisión de Flynn fuera su conversación con el
embajador de Rusia, se trataría de un delito de espionaje y el general
Flynn debería ser detenido inmediatamente.

La dimisión de Flynn podría tener su origen en la prohibición, impuesta
por la CIA, para que su ayudante, Robin Townley, participara en las
reuniones del Consejo de Seguridad Nacional (2).

A su vez, dicha prohibición sería una represalia por el Memorándum del presidente Trump que pone fin al estatus del director de la CIA como miembro permanente de Consejo de Seguridad Nacional.

Washington vive una verdadera guerra interna entre camarillas. Lo que está claro es que las relaciones con Rusia son “la patata caliente” entre ellas. Ni siquiera es posible suponer que se trata sólo del levantamiento de las sanciones. Es mucho más. Como bien ha dicho el senador ruso Alexei Pushkov, lo que está en juego “no es Flynn sino las relaciones con Rusia”.

(1) http://www.voltairenet.org/article195259.html
(2) https://www.nytimes.com/2017/02/12/us/politics/national-security-council-turmoil.html

Más información sobre el general Michael Flynn:

– La revuelta de los generales
– Trump dará un giro completo a la estrategia de Estados Unidos en Siria
– Obama es el fundador del Califato Islámico
 

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Estados Unidos sigue respaldando a los yihadistas hasta en la ONU

Haley posa junto a la bandera esclavista
La embajadora de Estados Unidos en la ONU ha bloqueado, junto con los de Ucrania y Gran Bretaña, una resolución del Consejo de Seguridad condenando el ataque perpetrado hace unos días contra la sede diplomática de Rusia en Damasco. Nada ha cambiado, por lo tanto. Todo sigue exactamente igual.

En la ONU, cuando se viola la integridad de una sede diplomática, cualquiera que sea, no hay debate posible y las resoluciones de condena son una rutina. Ahora ya no; hay excepciones que, por lo demás, suponen un apoyo a las acciones de los grupos yihadistas en Siria. Sigue habiendo terroristas y terroristas.

La embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, acaba de tomar posesión de su cargo, en sustitución de la infame Samantha Power. Pero su sustituta es exactamente igual de infame y la veda de caza sigue abierta: lo mismo que durante la Guerra de los Balcanes, las embajadas de Rusia (y China) en el mundo pueden ser objeto de bombardeos.

No obstante, la retórica del nuevo gobierno de la Casa Blanca no ha cambiado. El Vicepresidente Mike Pence sigue con el mantra de la campaña electoral: no admitiremos -ha afirmado- que los argumentos del pasado obstaculicen la cooperación de Estados Unidos con Rusia.

Si así fuera, Trump podría ordenar el levantamiento de las sanciones contra Rusia y no chantajear al Kremlin, como ha insinuado, con una reducción del armamento nuclear porque dichas sanciones no se impusieron por ese motivo, sino como consecuencia de la anexión de Crimea.

Trump podría poner en funcionamiento su ventana en Twitter para condenar la ruptura del alto el fuego por parte del gobierno de Ucrania en el Donbas.

También podría hacer algo tan apaciguador como sacar a sus tanques de los límites fronterizos de Rusia.

Pero hablemos un poco de la embajadora Nikki Haley: hasta llegar a la ONU, era la gobernadora del Estado de Carolina del sur. Es la primera descendiente de los pueblos amerindios originarios que alcanza esos cargos en Estados Unidos.

Su nombre completo es Nikki Randhawa Haley y, como buena sudista, en la foto la vemos junto a la bandera de los partidarios de la esclavitud en la guerra civil, que es la que siempre ha ondeado en los edificios oficiales de su Estado.

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¿De qué habló Trump con el primer ministro australiano?

Darío Herchhoren
Hace pocos días; y dentro de los primeros contactos con dirigentes afines, Donald Trump mantuvo una conversación telefónica con el primer ministro australiano, que en principio estaba previsto que durara una hora, y que terminó abruptamente cuando al parecer; Trump cortó la conversación. Todo indica, que la charla iba a girar en torno a la política sobre inmigración y refugiados que iba a aplicar Trump y de los consejos que le iba a dar el australiano.

Al efecto es necesario conocer algo sobre Austalia y su historia para entender que es lo que pasó para que Herr Trump cortara el teléfono.

Australia es una isla continente, de aproximadamente cinco millones de kilómetros cuadrados, y habitada por unos 15 millones de habitantes. Desde su incorporación a la corona británica  en el siglo XVIII, ese enorme territorio sirvió como lugar de expiación donde eran enviados los delincuentes británicos que fueron los primeros europeos que habitaron el mismo. Australia estaba ya habitada por los maoríes que son una etnia que  habita todo el sur de Oceanía conocido como papuasia.

En un principio los recién llegados que ejercieron el gobierno en nombre de su «graciosa» majestad convivieron en forma mas o menos pacífica con los aborígenes. Una de las primeras medidas que toma la metrópoli inglesa es separar los blancos europeos de los maoríes y encerrar a estos últimos en campos de trabajo para «protegerlos», en lo que fue uno de los mayores crímenes que cometió el imperio británico y que se oculta en forma sistemática.

Los hijos de los maoríes eran separados de sus familias y dados a instituciones de «beneficencia» que los «educaban» en los valores de la religión anglicana, en lo que fué un auténtico genocidio donde murieron aproximadamente cinco millones de individuos.

Al día de hoy los maoríes son menos de 2 millones y gracias a las denuncias que se han hecho por parte de organizaciones humanitarias, se consiguió que finalmente los gobiernos del Reino Unido y Australia pidieran disculpas por los crímenes cometidos sin que haya constancia de alguna medida de reparación.

A pesar de todo lo pasado, Australia no admite refugiados que no sean blancos indoeuropeos ya que desea preservar la supremacía blanca de la población. Si no fuera así, la población blanca sería reemplazada rápidamente por malayos, papuenses, indonesios y filipinos (uf, ¡qué asco!). Y todo ello, a pesar de que la isla continente solo está poblada cerca de las costas.

Hay todo un «hinterland», absolutamente desierto, que podría albergar a millones de seres humanos que lo pasan muy mal. Los supremacistas australianos se parecen como dos gotas de agua a los blancos sudafricanos y yanquis, que cuidan celosamente la «raza». Esto es claramente una ideología fascista, y revela hasta donde llega la insensibilidad humana de estas clases. En Australia, gobiernen los laboristas, que son tan de izquierda como sus conmilitones ingleses, como los conservadores, esta es una política de estado, y la mantienen a rajatabla.

Como anécdota cabe mencionar, que cada tres o cuatro años, aparecen en la prensa argentina unos anuncios, donde se informa a la población que un grupo de «caballeros» australianos viajará a Buenos Aires en busca de mujeres de «buena familia» para casarse con ellas. A esos anuncios suelen responder mujeres arruinadas de la viaja oligarquía terrateniente, que aceptan el convite. De esa manera se mantiene la pureza de clase.

Según informaciones que me han llegado la conversación que estaba prevista para una hora, terminó abruptamente cuando el primer ministro australiano intentó aconsejar a Herr Trump sobre la política a seguir en materia de refugiados, y ello provocó la ira del magnate, que no aceptó esos consejos, por considerar que eran demasiado duros. Aquí el muerto se asustó del degollado. Pero dios los cría y ellos se juntan.
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Trump lleva el capitalismo a una competencia salvaje que afectará al Tercer Mundo

Como consecuencia del desplome económico de 2007, Obama aprobó tres años después la ley Dodd-Franck porque también en Estados Unidos hay quien cree que las crisis del capitalismo son consecuencia de los errores, las malas decisiones o la voracidad de los especuladores. La mano invisible del hombre, la intervención externa sobre los mercados (que nunca fallan), tiene consecuencias desastrosas. Si esos errores se suprimen, todo va bien; aprobemos una ley para que no haya más crisis económicas y bajo el capitalismo toda irá sobre ruedas.

Ese es el significado de la ley Dodd-Franck que ahora Trump ha derogado, por lo que ya no sabemos quién tiene razón, si Obama al aprobar la ley o Trump al derogarla.

Dicho en términos periodísticos, la ley es el típico intento de contener la especulación financiera, los excesos, en defensa de los consumidores, o sea, de los propios especuladores, de los ingenuos a los que atracan con todo tipo de chucherías bursátiles, tales como bonos, obligaciones, derivados, acciones, seguros, calificaciones, etc.

Sin embargo, la ley tenía un componente singular que afectaba especialmente al Tercer Mundo y a los países mineros y petroleros, en general, ya que obligaba a las empresas cotizadas en las bolsa de Estados Unidos a publicar el dinero (léase sobornos y mordidas) pagados a los gobiernos de los países productores en concepto de impuestos, concesiones, adjudicaciones o cualquier otro.

El gobierno de Obama lo presentó como parte integrante de su lucha contra la corrupción en el Tercer Mundo, en defensa de la transparencia y de los derechos de los accionistas, de los inversores, etc.

Ahora Trump acaba con todas esas bobadas y se presenta ante los mercados tal cual es: un capitalista sin tapujos ni adornos de ninguna clase. En palabras de uno de sus consejeros económicos, Gary Cohn, que antes lo fue de Goldman Sachs, “se trata de ser un actor en el mercado mundial, en el que debemos, podemos y lograremos una posición dominante si nos mantenemos al margen de cualquier reglamentación”.

La competencia, afirma Cohn, no se ata las manos con ningún tipo de regulaciones, por lo que las multinacionales de Estados Unidos también deben abandonar sus escrúpulos. A eso le llaman libre mercado: es necesario recurrir al dinero negro, a los sobresueldos y a los maletines a los políticos y funcionarios de los países del Tercer Mundo (y para Estados Unidos el Tercer Mundo son todos los países del mundo, excepto ellos mismos).

El artículo 1504 de la ley obligaba a las empresas cotizadas en las bolsas de Estados Unidos que negociaban con minerales extraídos de la República Democrática del Congo y países vecinos a notificar a la SEC, el organismo que controla las bolsas, todas sus adquisiciones, una medida que afectaba a las multinacionales de electrónica que intervienen en el proceso de transformación del coltán, que han organizado todo tipo de crímenes y corruptelas en el centro de África.

Es necesario insistir en que la ley no afecta sólo a los monopolios de Estados Unidos sino a todos los que se cotizan en sus bolsas, que son muchos, por lo que las (des)regulaciones que impone Estados Unidos son (des)regulaciones mundiales. La ley nunca tuvo ningún impacto real sobre ningún país del Tercer Mundo, como es obvio. Se aprobó para tranquilizar las conciencias de todos esos en los que la conciencia de ONG ha calado, que quieren luchar no contra el capitalismo, sino contra sus excesos, porque el capitalismo no les parece excesivo por sí mismo (“otro capitalismo es posible”).

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¿Trump y Hitler son lo mismo?

Bianchi

Es evidente que no, pero para la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, sí, algo que ha puesto de acuerdo a tirios y troyanos, zegríes y abencerrajes, merengues y culés, en elevar la nota y poner la antífona argumentando (?) que cómo se puede decir tamaña barbaridad. Desde luego, Trump está más cerca de Hitler que de Martin Luther King, por ejemplo. Pero no, no son lo mismo, a pesar de la Ley (o enunciado) de Godwin que viene a decir que en una discusión (sobre todo en Internet) que se alarga «la posibilidad de que alguien mencione a Hitler o a los nazis crece». Carmena sabe perfectamente que no son lo mismo -o lo suponemos-; lo dijo para señalar el silencio cómplice del Gobierno de Rajoy con respecto a las medidas parafascistas del Presidente Trump comparándolo con el hacerse el loco de la comunidad internacional cuando Hitler se encaramó en el poder mediante las urnas. No es cierto del todo, pues ya ha habido gobiernos europeos que han criticado a Trump, pero Carmena dirigía los dardos al Gobierno de Mariano.

Seremos breves y haremos sólo dos comentarios que se nos ocurren a este tenor: 1) El automatismo que conlleva poner a parir al burro Trump a convertirte en un «demócrata» de toda la vida y de pro, sobre todo en el «género tertuliano». No hay nada como poner a caer de un burro al asno Trump para, ya digo, metamorfosearte en un «liberal» o un «demócrata» con pedigrí y, a continuación, y como exige el guión, insultar a los catalanes que están por celebrar un referéndum en Catalunya, medida que dice mucho del nivel democrático de esta gentuza de paniaguados e intelectualillos áulicos de pitiminí que, por cierto, no tienen media hostia dialécticamente hablando. Y 2) Señalar el fallo garrafal de M. Carmena de comparar a Trump con Hitler, a quién se le ocurre, y no con lo que procedía en estos casos y es lo «políticamente correcto» desde la «Cool War» (Guerra Fría), esto es, comparar a Hitler con… Stalin, o sea, nazis y comunistas y, por supuesto, ambos dictadores, insaculados, la vieja cantinela de la que todavía echan mano -a falta de argumentario- para decir que ellos son los «demócratas», como Espe Aguirre, por ejemplo. Nos han salido todos «aristotélicos» o el «término medio» como virtud.

Si Carmena hubiera establecido esta comparación, entre Hitler y Stalin, indudablemente izas, rabizas y colipoterras se hubieran puesto de acuerdo y la hubieran aplaudido a rabiar como perros sarnosos que son. ¡Vaya fallo Carmena! Para mí que fue un «lapsus linguae».

Pasen un buen día.

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¿Donald Trump, el revolucionario?

Darío Herchhoren
La presidencia de Donald Trump, promete mucho; sobre todo por su capacidad de sorprender. Desde el día 20 de enero de 2017; fecha en la cual asumió el cargo de emperador por cuatro años no ha dejado de modificar cosas que se seguían haciendo desde el años 1989, en que un tal Sharp comenzó a asesorar a los distintos emperadores en la fabricación y puesta en marcha de las llamadas «revoluciones de colores».

El mismo 20 de enero, el propio Trump dijo claramente que los USA no iban a continuar con esa política y que no intentaría cambiar gobiernos que no le gustan.

Pero hay algo fundamental en la política de Trump, que se trata de soslayar; y es que ha quitado poderes y facultades a la CIA, que era el brazo ejecutor (realmente ejecutor porque asesinaba) de buena parte de la política exterior del país. Trump ha rediseñado el Consejo de Seguridad Nacional de los USA en el cual tenía asiento la CIA por derecho propio, y la ha marginado a servir información a la presidencia de la nación, y solo participará en las reuniones a las cuales sea expresamente invitada por razón de la índole de lo que se tratará en dicha reunión.

Con esto, los USA vuelven a la política anterior de los tiempos de Roosvelt, Truman y Eisenhower que eran tan imperialistas como los demás, pero que se cuidaron muy mucho de tener sentados en su misma mesa a los servicios de espionaje, que con el tiempo se convirtieron en incontrolables, y que podían chantajear al propio presidente. En sus comparecencias anteriores al 20 de enero, ya anunció que iba a recortar los poderes de la CIA; y la calificó de inútil y obsoleta, al igual que la OTAN.

Estamos asistiendo a un espectáculo que no sospechábamos. Todo lo que dice o hace Trump se convierte en la comidilla de la prensa «seria», y nuestros maravillosos tertulianos de la radio y la televisión diseccionan cada día las tripas de Trump, para ver que hay dentro.

Pero Trump, en realidad no hace cosas muy distintas de las que han hecho sus predecesores. Por ejemplo, la construcción del famoso muro en la frontera de Méjico. Ese muro se comenzó a construir en tiempo de Clinton, siguió BUSH junior, y ahora Trump lo remata. El premio Nobel de la Paz, Barack Obama, fué el presidente que más expulsiones efectuó aunque lo hizo en forma discreta y sin alharaca.

Su política con la UE, es lo que en realidad se teme más. Ya dijo el embajador de los USA ante la UE, que su prioridad sería ver desaparecer a la UE, y parece que Trump empezará su tarea de demolición quitando financiación a la OTAN. Ya dijo que si los europeos quieren tener OTAN deberán pagar más por ella; hasta un 2 % de su PIB, y parece que tratándose de la pasta, todos escurren el bulto.

La sola llamada telefónica de Trump a Putin hizo sonar las alarmas de los miembros de la UE, y ya Inglaterra por las dudas ha mandado buques de guerra al mar Negro para efectuar «maniobras» por cuenta de la OTAN en un claro intento por torcerle la mano a Trump para que mantenga la financiación de la OTAN.

Es notorio como la derecha mundial trata de imponerle a Trump una política continuista con respecto a Rusia. ¿Qué pasa; acaso no es Trump uno de los suyos? Lo que en realidad está pasando es que Trump es de una derecha nacionalista y barre para adentro de los USA, y ha dado el grito de sálvese quien pueda; y la derecha europea que ha impuesto el liberalismo económico a todo evento no quiere una derecha proteccionsita como la de Trump. Ello demuestra a las claras que la derecha mundial, no tiene ideología, solo tiene intereses. Al efecto es conveniente recordar las palabras de Churchill cuando dijo que Gran Bretaña no tenía ni amigos ni enemigos. Solo tenía intereses.

Con Trump está pasando lo mismo. Se ha planteado que los USA están primero, y que cada uno se las arregle como pueda. Es igual de capitalista, es igual de imperialista, pero coyunturalmente es el imperialista «bueno».

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Perro fiel busca nuevo amo

Darío Herchhoren

El 20 de enero pasado asumió el gobierno el nuevo emperador de los USA. Previo a ello, hubo toda clase de conjeturas sobre si cumpliría sus promesas preelectorales, y toda la jauría mediática se abalanzó en su contra, acusándolo de todo tipo de cosas; desde sus devaneos sexuales, su falta de pago de impuestos, su machismo, su homofobia, y en fin de todas las superficialidades de que son capaces los llamados medios de comunicación y manipulación.

Muy pocos comentarios se hicieron que valiera la pena escuchar, y en la prensa española, y en las «sesudas tertulias», ignorantes «tertulianos», lo calificaron de patán, de simple, etc. Pero, lo cierto es que el día 20 Donald Trump, asumió el gobierno de un imperio muy devaluado y que él es consciente de esa situación.

Uno de los primeros actos de gobierno del nuevo emperador, fue sacar a los USA del tratado de libre comercio del Pacífico, de enorme importancia geopolítica. Veamos por qué.

En ese tratado, firmado por un grupo de países como Australia, Nueva Zelanda, Chile, Perú, Colombia, Brunei; indudablemente los USA eran la potencia hegemónica, y ello llevaba implícito que esa hegemonía no era sólo económica, sino fundamentalmente militar, y que necesariamente llevaba a un enfrentamiento con China, que ha adquirido la condición de gran potencia económica y militar.

Con esa retirada, los USA están mostrando al mundo entero su gran debilidad. Eso significa una retirada estratégica de primer orden, y el abandono de toda la cuenca del Pacífico a China; cuyo gobierno tardó apenas minutos en emitir un comunicado donde se ofrece a los demás paises del tratado de libre comercio del Pacífico a ocupar el lugar vacío dejado por los USA. Como dijimos ya, ello lleva a ocupar el lugar militar dejado por su contrincante.

La cuenca del Pacífico es la mayor área económica del mundo, y China le vende a USA productos industriales por un valor de 550 mil millones de dólares anuales, y le compra a los USA bienes y servicios de solo 150 mil millones de dólares anuales. Esto inclina la balanza de pagos a favor de China de una manera que es muy difícil enderezar. La industria USA no puede revertir la situación.

Para mayor humillación de los USA, la conferencia de paz de Astaná que se ha reunido para lograr el fin de la guerra en Siria, ha designado a Rusia, Irán y Turquía garantes del cumplimiento del alto el fuego en esa guerra; y esto es importante; sin la participación del gobierno USA, que ha quedado marginado para tomar decisiones en ese teatro de operaciones.

Otro elemento más que marca el evidente declive de los USA, es que la primera ministra británica Teresa May, ha viajado a los USA, a entrevistarse con Trump, con el objeto de buscar una alianza; y ha sido desautorizada por el Tribunal Supremo británico privándole del derecho de administrar el «brexit» a su antojo, y obligándole a consultar para ello al parlamento.

Eso significa atarle las manos, e impedirle formalizar cualquier alianza con los USA. Pero en la Unión Europea, los fieles lacayos del imperio, están viendo inanes como se hunde el barco imperial, y no atinan a bajarse de él, y remar en otra dirección. Ya han aparecido voces en Alemania y en Francia, que llaman a un entendimiento con Rusia y China; en Libia parece configurarse un nueva gobierno con el apoyo de Rusia; y es posible que Rusia obtenga permiso del gobierno de Argelia para la instalación de bases aeronavales en su territorio.

La Unión Europea tradicionalmente ha hecho la puta y ha pagado la cama, y habría que recordarle lo que al respecto decía Emilio Zola: «Hacer la puta; pero en carroza». Estos perros fieles y serviles, que lamen la mano de quien los castiga, deberán buscar un nuevo amo. Ayer, el inefable Rajoy, salió a protestar, diciendo más o menos “como nos hacen esto, si siempre fuimos leales”. A veces esas lealtades se pagan muy caras. Veremos muy próximamente el derrumbe de la Unión Europea y el de la OTAN. Harán un enorme estrépito al caer pero será un espectáculo grandioso, de dimensiones bíblicas. Os lo aseguro.

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En Estados Unidos cada vez más trabajadores ya ni buscan trabajo

A finales del año pasado la prensa de todo el mundo volvió a lanzar las campanas al vuelo cuando las cifras de paro en Estados Unidos se pusieron en índices por debajo del cinco por ciento.

Pero la sociología burguesa es engañosa también en este punto: disminuye el porcentaje de trabajadores en paro que buscan trabajo, pero es que cada vez menos obreros buscan ya trabajo. Están fuera del mercado del trabajo. En Estados Unidos 7,5 millones de trabajadores han tirado la toalla en los últimos seis años.

El truco es parecido al de las elecciones y la abstención. Normalmente las cifras oficiales calculan el porcentaje de los que quieren trabajar respecto a los que trabajan, pero nadie habla de los que quieren trabajar y los que no.

Las cifras de reducción del paro coexisten, pues, con altas cifras de trabajadores que ni siquiera están apuntados al paro y una de las explicaciones del fenómeno son las pésimas condiciones de trabajo, la prolongación de la jornada de trabajo y los salarios de miseria que sólo son aceptados por emigrantes y población procedente de regiones deprimidas del mundo.

En sus cuentas los sociólogos suman los que trabajan con los que quieren trabajar y no tienen empleo, pero si lo hacemos al revés, si sumamos los que quieren trabajar con los que han arrojado la toalla, obtenemos cifras fabulosas, por encima de los 100 millones de personas que se desglosan de la siguiente forma: 95 no buscan trabajo y 7,5 lo buscan y no lo tienen.

Para quienes sostenemos que las sociedades se basan en el trabajo, no deja de ser otra forma de derroche de la capacidad creativa de un país. Lenin calificó esta situación como “capitalismo parasitario”, que es uno de los rasgos característicos en la etapa actual imperialista.

Estados Unidos es un país que se convirtió en una potencia mundial gracias al crecimiento del volumen de la fuerza de trabajo, que procedió de la emigración. Sin ese crecimiento está abocado al hundimiento.

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La policía mató a tiros a más 1.000 personas en Estados Unidos el año pasado

Licencia para matar
A ojo de buen cubero, fueron 957 los crímenes cometidos por la más infausta banda organizada de que ha asolado las ciudades y calles de Estados Unidos, la policía, aunque este año no ha logrado batir el registro del año anterior, en el que mató a tiros a 991 personas.

Las cifras proceden del no menos infausto periodicucho llamado Washington Post. Es seguro que son bastantes más porque en un país donde todo se mide y se contabiliza el gobierno no mantiene una estadística oficial. Poco antes de dejar el cargo en abril del 2015, el fiscal general Eric Holder calificó de “inaceptable” la pretensión de llevar un recuento público de las muertes causadas por la policía.

A pesar de ello, el fenómeno de los crímenes cometidos por los servidores de la ley y el orden ha alcanzado tales cotas que existen varias páginas web que se dedican exclusivamente a informar de ellos, como “Asesinados por la policía” (1) y “Encuentros fatales” (2). Desde 2014 el diario británico The Guardian también mantiene una estadística llamada The Counted (3), según la cual el año pasado el número total de asesinatos policiales fue de 1.090.

Los crímenes no sólo se producen por disparos a quemarropa sino también por pistolas eléctricas o atropellados por los coches patrullas. Pero lo más significativo es que unos 15 de los asesinados lo fueron después de haber sido detenidos.

En un país en el que, a pesar de Obama, el racismo está profundamente enraizado, sobra argumentar que la mayor parte de los muertos pertenecen a las minorías, especialmente negros e hispanos, pero también nativos indoamericanos, cuyo exterminio aún no ha acabado.

Las organizaciones afroamericanas afirman que ahora están muriendo más negros que en los tiempos de la segregación. El año pasado la policia mató a más negros que los linchamientos de hace un siglo.

El racismo de la policía se entiende mejor teniendo en cuenta que en 2015, la mayoría de los 581 blancos asesinados por la policía estaban armados (306), mientras que solo 139 de los 306 negros muertos tenían armas.

No vamos a entrar ahora en la habilidad de la policía para dejar un arma junto a sus víctimas para justificar el asesinato, una práctica que es harto conocida en Estados Unidos. Pero conviene recordar un truquito del infausto Washington Post para lavar la cara a la policía, considerando que también van “armados” aquellos que portan armas falsas o de juguete, como el caso del niño Tamir Rice, de 12 años, muerto por disparos de la policía cuando jugaba en una calle en Cleveland (Ohio), en noviembre de 2014.

(1) http://killedbypolice.net/
(2) http://www.fatalencounters.org/
(3) http://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2015/jun/01/the-counted-police-killings-us-database