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El BBVA cerrará la mayor parte de sus sucursales

El consejero delegado de BBVA, Carlos Torres Vila, ha advertido sobre el cambio de hábitos sin precedentes que en poco más de tres años la tecnología ha provocado entre los clientes bancarios, que prefieren relacionarse con el banco “cada vez más” a través del móvil.

Esta reflexión ha llevado al consejero delegado de la entidad a preguntarse ante una pregunta realizada tras su discurso si “tiene sentido” tener 3.800 sucursales en España. Torres se respondió a sí mismo: “No ¿Podemos reducirlas? Sí”, respondió en el encuentro del Money 20/20 Europe, una cita de referencia del sector fintech (contracción de las palabras inglesas finance y technology) en el mundo que celebró su primera edición europea en Copenhague.

El BBVA ha dicho que por el momento no hay planes concretos para esta operación, y que son planes hacia un horizonte temporal lejano y que responden a un cambio general del negocio. El propio Torres aseguró en su discurso que no hay planes concretos y que su reflexión es “retórica”, pero sí indica una tendencia que va abriéndose en el sector financiero, sobre todo en el actual entorno de tipos bajos. Torres prevé que queden unas 1.000 oficinas, si bien matiza que “se producirá en un largo plazo indeterminado, a muchos años vista”.

Su intervención se produce apenas una semana después de que el Banco Santander anunciase que pretende concentrar 450 oficinas de menor tamaño, un 72 por ciento de las cuales cuentan con entre uno y tres empleados, lo que sugiere que el Banco Santander podría prescindir de un millar de sus 24.216 empleados en España. Actualmente, la entidad cuenta con 3.467 oficinas en el país.

Las “start ups de fintech están eliminando la relación que tenemos con el cliente, que estaba estrictamente asociada a la sucursal”, explicó. “Se la están comiendo, producto a producto, ofreciendo un valor superior a un coste inferior. Tenemos que redefinir la relación con nuestros clientes”.

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El negocio del cannabis ya se cotiza en Wall Street

Gonzalo Garteiz

Estados Unidos, el país que desencadenó la guerra contra las drogas (perdida), ha pasado a ser más tolerante con las blandas, como la marihuana, de tal suerte que a pesar de estar vigente todavía la ilegalidad de su uso y posesión con una ley federal (Federal Controlled Substances Act) y que el Tribunal Supremo apoye el derecho del gobierno a regular y criminalizar la droga, algunos estados se han atrevido a permitir el desarrollo de una industria del cannabis al comprobar que el gobierno de Obama no está por la labor de enviar agentes federales para combatir el negocio, presente ya en 23 estados y el distrito de Columbia para uso médico, y también para los adultos que quieran consumirlo de modo recreativo hay autorización en los estados de Colorado, Washington, Alaska y Oregon, además de en la capital, Washington CD.

A lo largo de este año habrá algunas votaciones en otros estados, lo que ofrece esperanzas de incrementar el negocio, pero también un republicano en la Casa Blanca podría resultar perjudicial para el negocio. Donald Trump estaba a favor de legalizar las drogas en los noventa, pero en junio del año pasado se opuso a la ley permisiva de Colorado y meses después apoyó la legalización pero sólo para uso médico. El otro aspirante republicano, Ted Cruz parece estar a favor de que los estados legislen (es una fuente de ingresos notable), pero no ha dado muestras de querer cambiar la ley federal para ponerla en línea con lo ocurrido en buena parte del territorio. Por el lado de los demócratas no habría problemas para continuar con el floreciente negocio.

La opinión pública mantiene una posición hipócrita. Así, en la última consulta celebrada en Ohio a finales de noviembre del año pasado, un 64% de los ciudadanos votaron en contra de autorizar el consumo de cannabis para recreo y uso médico, pero lo hicieron no por estar en contra de esta droga sino porque en el mismo paquete sometido a consulta se autorizaba la plantación en 10 lugares predeterminados, tierras pertenecientes a inversores que habían financiado la campaña. Lo que  no querían en Ohio era un monopolio, y se espera que este año se lance una nueva consulta que alcance sólo al consumo y tenencia.

Las reservas morales respecto a la marihuana han dejado el negocio en manos de personajes singulares, a los que se toleran ciertas excentricidades, como son la actriz negra, Whoopi Goldberg, que saca al mercado una línea de productos (Whoopi& Maya) para aliviar el dolor menstrual de las mujeres, para lo cual ha unido fuerzas con, Maya Elisabeth, fundadora de Om Edible, una organización gestionada solo por mujeres y que vende productos médicos basados en el cáñamo en California, donde está legalizado el consumo para uso médico.

Snoop Dogg, una leyenda del hip hop, y amante de la hierba es otro de los nombres que ha sacado su propia línea de productos variados, Leafs by Snoop, que abarca desde la flor hasta la chocolatina,y ha promocionado también el fondo Casa Verde Capital, que tiene inversiones en el negocio de la distribución en California. La leyenda del baloncesto, Oscar Robertson, también es un inversor que propaga las bondades del negocio, al igual que alguna celebridad del cine, como Seth Rogen, o el cantante pop Nick Lachey. También la familia de Bob Marley ha vendido el fondo de comercio del legendario apellido del fumador y cantante de reggae, para una línea de productos.

Hablando de un negocio que algunas consultoras cifran en más de 20.000 millones de dólares en 2020 (7.000 millones este año) ha surgido una empresa, más interesada, al menos de momento, en darle un aire tecnológico a esta creciente burbuja. Se trata de MassRoots, que ayer presentó un folleto ante el regulador bursátil estadounidense, SEC, para informar de su intención  de salir a Bolsa y captar 6,5 millones de dólares.  La compañía nació hace tres años en Denver (Colorado) y cuenta con una plataforma con 750.000 usuarios, que permite a l ingresar en un red social para que los consumidores  compartan sus experiencias, accedan a consejos o contacten con proveedores. La red es gratuita y los ingresos procederán de la publicidad, muy personalizada ya que la red ofrece coordenadas muy precisas de los usuarios. Los creadores de MassRoots consideran que los consumidores de cannabis no se encuentra cómodos en redes sociales tradicionales, Facbook, Instagram o Twitter, para hablar de su vicio, y piensan que hay un hueco para su negocio. Además, Google, Facebook y las redes sociales tradicionales prohíben a los dispensarios de cannabis hacer publicidad sobre sus redes, forzándoles a anunciarse bajo otras fórmulas de patrocinio y demás, que son poco eficaces.

Con el dinero que capten en Bolsa, MassRoots desarrollará un interface para móviles, en la que confía que habrá muchas aplicaciones disponibles de utilidad y contenidos específicos para los consumidores. El canal de marketing que han creado sus fundadores, Isaac Dietrich y Tripp Keber, puede convertirse en un gran negocio una vez que la legalización vaya extendiéndose. Canadá, donde se puede consumir con prescripción médica, debate la legalización y a finales del año pasado, el primer ministro Justin Trudeau anunció que el uso recreativo sería legalizado. La empresa Cannavis ha lanzado recientemente una crema de avellanas y cacao, tipo nocilla, mezclada con cannabis, por menos de 20 dólares el bote, que contiene 300 miligramos de la droga. Uruguay también ha estrenado la legalización en América Latina.

En Suiza, donde la industria agroalimentaria y farmacéutica es muy potente, se prevé que este otoño comiencen experiencias piloto en Basilea y otras ciudades para vender el cáñamo para uso medicinal. En España no se quiere coger el toro por los cuernos y hay esbozos de legalización a través de los clubes de cannabis, pero con reveses judiciales, aunque algunas comunidades, como la vasca, van a legislar para darles seguridad jurídica. No quieren perder el  negocio. El cáñamo crece en casi todos los lugares del mundo y con diferentes nombres ha sido consumido desde tiempos remotos. Islandia es el país con mayor consumo per cápita, según Naciones Unidas, y el ranking de MarketWatch de los países con más  consumidores está encabezado por Estados Unidos y España (7,6%), seguidos de Italia, Francia y Holanda.

Fuente: http://www.lacelosia.com/el-negocio-del-cannabis-en-pleno-ascenso-en-estados-unidos-sale-bolsa/
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Los transgénicos conducen al suicidio a 300.000 campesinos en India

Massimo Mazzucco

El gobierno de India ha decidido poner fin a la explotación por Monsanto del cultivo de algodón sobre su suelo, disminuyendo el porcentaje de royaltis pagados, cercanos al 70 por ciento de las semillas.

“Es el momento de poner fin a esta avidez basada en los porcentajes”, ha declarado el ministro indio de Agricultura Sanjeev Kumar Balyan.

Imponiéndose en el mercado de semillas genéticamente modificadas, Monsanto ha llegado a controlar el 90 por ciento de la producción india de algodón y a suministrar sus productos a más de 7 millones de pequeños campesinos independientes.

Pero el coste de los royaltis, sumado al elevado precio del grano y a los costos adicionales ligados a ese tipo de cultivo, han llevado a la quiebra a centenares de miles de pequeños campesinos.

El problema principal de los cultivos genéticamente modificados está en al hecho de que requieren una cantidad de agua para la irrigación bastante superior a la normal y eso engendra, evidentemente, costos adicionales para los pequeños campesinos locales que a menudo viven en regiones pobres en agua.

Alexis Baden-Mewyer, director de Organic Consumers Association, afirma que el costo del cultivo del algodón genéticamente modificado es un 8.000 por ciento más elevado que el del algodón normal. El problema es que los granos de algodón normal ya no se pueden encontrar en India, precisamente porque Mosanto ha tomado el control casi total del mercado.

Tras haber sido obligados a pasarse al cultivo de algodón genéticamente modificado, los pequeños campesinos indios han sido obligados a endeudarse para continuar. Y el suicidio del cultivador indio que pierde sus propias tierras porque es incapaz de devolver sus deudas figura entre los diversos hechos cotidianos.

Según cifras de la Oficina Nacional del Crimen, cerca de 290.000 campesinos indios se han suicidado en el curso de los últimos 20 años. Naturalmente, todos no se han suicidado por haber adoptado cultivos genéticamente modificados, pero es claro que estamos en presencia de cifras exorbitantes.

Hoy el gobierno indio ha decidido intervenir, tratando al menos de calmar la situación desde el punto de vista de los royaltis. Pero Monsanto, en luchar de inclinarse, ha reaccionado denunciando en los tribunales a la comisión gubernamental que la quiere privar de sus beneficios, sosteniendo que “el gobierno no tiene derecho de interferir en las reglas del libre mercado”.

Para quienes quieran degustar lo que podría ocurrir en Europa con el TTIP, gracias al cual las multinacioinale podrían denunciar ante un tribunal a los gobiernos que obstaculicen sus negocios, el caso Monsanto en India puede ser rico en enseñanzas.

Fuente: http://www.luogocomune.net/LC/index.php/18-news-internazionali/4368-suicidio-da-monsanto
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La no proliferación nuclear como instrumento de competencia económica

Jean Baptiste Darphin
Estados Unidos presiona a los Estados en el terreno de la energía nuclear civil mediante la lucha contra la proliferación de materia fisibles y su empleo por terroristas. Desarrollan acuerdos bilaterales y orientan las elecciones estratégicas más allá de aspecto puramente de seguridad. China, que representará el 50% del mercado mundial del átomo en 2030, es un objetivo prioritario.

En 2010 Barack Obama organizó un encuentro sobre seguridad nuclear en Washington. El encuentro se centró en la lucha contra la proliferación de uranio y plutonio de tipo militar, a fin de evitar los riesgos del terrorismo nuclear. Fue la mayor reunión de jefes de Estado desde la Conferencia Naciones Unidas en 1945. En el marco de la cumbre, los políticos chinos y norteamericanos acordaron la necesidad de establecer un centro de seguridad nuclear en Pekín.

Seis años mas tarde, el pasado 19 de marzo, ese centro, el mayor de la región Asia-Pacífico, se ha inaugurado en presencia del viceprimer ministro chino Ma Kai y del secretario de Energía norteamericano Ernest Moniz. Está financiado únicamente por China y por Estados Unidos. Fue concebido  por la China Atomic Energy Authority (CAEA) y el Departamento de Energía (DOE) norteamericano. Según Xu Dazhe, director del CAEA, tiene capacidad para formar en seguridad nuclear a 2.000 personas (tanto chinas como de otras naciones de la región Asia-Pacífico) al año. Como explica Wang Yiren, director adjunto del CAEA: “Este centro es una realización importante en la cooperación chino-americana sobre seguridad nuclear, y va a potenciar la cooperación en la región Asia-Pacífico y en el mundo […] También promoverá el uso de la energía nuclear civil”. Las misiones de este centro irán muy por delante del objetivo inicial, la lucha contra la proliferación y el terrorismo nuclear.

Es un importante acontecimiento que asienta la influencia norteamericana sobre la energía nuclear china, y favorece las normas, los standards y la concepción norteamericana de la protección y la seguridad nuclear.

Grupos de presión organizados en el seno de prestigiosas universidades norteamericanas influyen sobre la estrategia china de retirada del combustible usado de las centrales atómicas. Pekín decidió reciclar sus materias nucleares, lo que permite valorizar mejor el uranio, disminuyendo el almacenamiento de desechos. Esta estrategia china es favorable a Francia, que podría encontrar oportunidades comerciales importantes, principalmente la entrega de una planta de tratamiento de combustible estimada en 20.000 millones de euros. Las conversaciones comerciales están en curso entre AREVA y la China National Nuclear Corporation (CNNC).

Las críticas norteamericanas comienzan a dar sus frutos, alcanzando eco entre ciertos responsables de la industria nuclear china. El argumento principal esgrimido por los grupos de presión norteamericanos es de orden político. Se trata del riesgo de proliferación. Matthew Pennington (Asociated Press Washington) explica: “Los defensores de la no-proliferación advierten que los residuos resultado del tratamiento producirían plutonio de calidad militar, planteando un riesgo de seguridad, y exacerbando las rivalidades nucleares en Asia”.

La Unión de Científicos Comprometidos (UCS), importante grupo de presión fundado por científicos y estudiantes de Massachusetts Institute of Technology (MIT), declaraba que el tratamiento de residuos no reduce la necesidad de un almacenamiento seguro para los desechos. Igualmente, Henry Sokolski, antiguo funcionario del Ministerio de Defensa norteamericano y actual director de Nonproliferation Policy Education Center (NPEC), con sede en Washington, aclara que “los expertos nucleares chinos que se encargan de asegurar que el programa electronuclear chino esté al día y seguro están realmente inquietos por los riesgos financieros, técnicos y diplomáticos que representa el reciclaje de plutonio”.

El informe de enero de 2016 de la Universidad de Harvard (Belfer Center) explica que la estrategia de tratamiento de residuos  no tiene sentido desde un punto de vista económico. El estudio muestra que China podría ahorrar miles de millones de dólares almacenando el combustible usado (sin tratamiento), e invertir más bien en nuevas centrales: “China tiene tiempo porque tiene acceso a cantidades de uranio que le permiten alimentar su crecimiento nuclear durante muchas decenas de años, y el almacenamiento en seco puede proporcionar un medio seguro y económico de gestión de combustible usado para décadas, dejando las demás opciones posibles para el futuro”. Hay que destacar que este estudio ha sido redactado junto con un ingeniero de la China Nuclear Power Engineering (CNPE), director adjunto de la División de Evaluación Económica en la CNNC. Matthew Bunn, otro autor de este informe es un antiguo consejero de la Casa Blanca. El informe ha sido publicado entre dos rondas de las negociaciones comerciales entre AREVA y la CNNC para la venta de la planta de tratamiento mencionada mas arriba.

Las acciones de los políticos, las instituciones y grupos de de presión académicos norteamericanos son coherentes. La Nuclear Regulatory Commission (NRC) y el departamento de Energía (DOE) son grandes exportadores de sus criterios y standards, y utilizan muy satisfechos las vías diplomáticas, como la lucha contra el terrorismo nuclear, para difundirlos.

De la misma forma, Estados Unidos desarrolla su influencia gracias a las redes creadas por los intercambios académicos y al prestigio de universidades como Harvard o el MIT. Estos se benefician de numerosos contactos en el seno de instituciones e industrias mundiales, sobre todo en China. Entre otras cosas, continúan acogiendo y formando  abundantes futuros dirigentes extranjeros, a través del programa “Jóvenes Dirigentes” y de las bolsas de estudio.

Estas acciones, aplicadas durante numerosas décadas, preparan eficazmente el terreno a las industrias norteamericanas, en detrimento de sus competidoras. Podemos preguntarnos cuándo las instituciones francesas y europeas estarán en disposición de aportar un nivel de influencia tan avanzado, coherente y a largo plazo a los empresarios franceses.

Fuente: http://www.knowckers.org/2016/04/le-contre-terrorisme-nucleaire-au-service-des-interets-economiques-americains/
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El fabuloso negocio de las enfermedades y sus cómplices enfermos

El pasado 7 de abril, con motivo del Día Mundial de la Diabetes, la Organización Mundial de la Salud publicó su primer informe mundial sobre esta enfermedad. En el mundo hay 422 millones de personas afectadas por el exceso de glucosa en la sangre. En 1980 el número era de 108 millones, por lo que se ha multiplicado por cuatro el número de enfermos.

En porcentajes, los enfermos han pasado del 4,7 al 8,5 por ciento de la población adulta, siendo superior en España, del orden del 10 por ciento aproximadamente: uno de cada diez.

Las multinacionales farmacéuticas tienen aquí uno de sus negocios más fabulosos: cada vez hay más enfermos y los precios de las medicinas se disparan. El precio de la insulina se ha triplicado entre 2002 y 2013. El coste anual del tratamiento de un diabético ronda los 700 euros.

Si el precio del tabaco se sobrecarga con una tasa debido a las enfermedades que provoca, no hay explicación posible de que no se haga lo mismo en España con los alimentos y las bebidas azucaradas que causan la diabetes, salvo una: que deliberadamente se persiga incrementar el número de enfermos y de beneficios de las multinacionales del medicamento: la danesa Novo Nordisk, con el 47 por ciento del negocio, la francesa Sanofi y la estadounidense Elly Lilly.

El año pasado Nordisk incrementó sus beneficios un 32 por ciento sobre 2014, llegando al récord de 4.670 millones de euros de ganancias. La insulina representa el 85 por ciento del negocio de la multinacional danesa y las previsiones han logrado que sus acciones se revaloricen el 800 por ciento en diez años en plena crisis capitalista.

La diabetes es una de esas enfermedades en las que no es frecuente oír hablar de la necesidad de erradicarla, como se habla de erradicar otras. Tampoco se habla de las causas o, mejor dicho, se ocultan porque afectan a otras multinacionales, como Coca-Cola, que en noviembre del año pasado patrocinó la IV Carrera Popular contra la Diabetes, con la complicidad de la Fundación para la Diabetes y la Asociación de Diabéticos de Madrid.

Unas multinacionales fabrican las enfermedades, otras los medicamentos contra ellas y, en medio, las asociaciones de enfermos lavan la cara a los culpables de su enfermedad y participan de los dos negocios, a cada cual más rentable, todo ello en nombre de una “lucha” contra la enfermedad, que es igual de hipócrita que la “lucha” contra el yihadismo.

Gracias a un intenso lavado de cerebro publicitario, los monopolios causantes de las enfermedades, como Cola-Cola, tienen sus marcas comerciales asociadas a todo lo contrario: a la salud y a una vida sana. Con la ayuda de las ONG y fundaciones de enfermos, sus mentirosas campañas tienen como fin “concienciarnos” sobre el grave problema de esta enfermedad o de aquella otra.

Como venimos advirtiendo, el capitalismo se está convirtiendo en un problema de salud pública cada vez más importante. Hay que llevar esta terapia a las Facultades de Medicina: sin acabar con el capitalismo no se podrá impedir jamás que determinadas enfermedades, como la diabetes, proliferen de manera exponencial.

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La profunda hipocresía tras el ‘escándalo’ de los ‘Papeles de Panamá’

En referencia a los “Papeles de Panamá” el periodista francés Thierry Meyssan habla de la “Doctrina Romer”, el intento de reconducir al capital financiero mundial hacia Estados Unidos y sus aliados más próximos.

Es algo extraordinariamente curioso porque en casi todos los comentarios sobre esos “papeles” lo que más destaca es la animadversión generalizada hacia el capital financiero, los bancos, los paraísos fiscales, las SICAV, las cuentas opacas, etc., a las que se asocia la ilegalidad, el crimen, el dinero negro y la corrupción. Quien oculta algo es porque está manchado por algún tipo de remordimiento.

Desde la Edad Media las religiones cristianas han condenado al capital bancario como usurario. El desprecio por los fondos buitre es ya milenario. Se trata de una teoría económica con un componente religioso que considera el interés del dinero como un pecado, mientras que no opina lo mismo de la plusvalía.

El mundo admite a los “emprendedores” pero no a los especuladores, aunque los usureros y los banqueros nunca han estado de acuerdo con estas teorías religiosas y económicas, por motivos que son más antropológicos que económicos. En un banquero vemos a un judío y en un judío a un banquero avaricioso, con su barba de chivo contando sus monedas en un rincón. Si los banqueros no son judíos, se parecen mucho a ellos.

Los usureros están en minoría y ven peligrar sus capitales. Ya les ocurrió en otras épocas, cuando prestaban dinero al Estado y el Estado no les podía devolver el capital principal ni los intereses. La solución era la expropiación. El Estado pinchaba la burbuja y la hacía desaparecer como por ensalmo, o hacía desaparecer a los prestamistas expulsándolos del país por ser “extranjeros” (judíos). Conducidos al destierro, es casi natural que los banqueros (y los judíos) busquen el cielo, y si no lo encuentran, por lo menos se conforman con un paraíso terrenal (fiscal) que les trate con un poco de consideración.

Es todo mentira. Nadie está contra los paraísos fiscales sino al revés: todos los países querrían ser un paraíso fiscal. Si los 40 billones de dólares que hay en los paraísos fiscales entraran en la bolsa española, nuestros políticos y periodistas hablarían en otro tono, bien diferente. A cada paso les escuchamos implorar la necesidad de preservar la “Marca España” para que los extranjeros (sólo los que tengan dinero, ojo) vengan a sacarnos de la crisis con sus divisas. El Banco de España y la CNMV nunca preguntan por el origen del dinero, que es de color negro si está en Panamá y se convierte en blanco si está en el Ibex-35.

No conviene, pues, generalizar. El dinero puede ser malo, pero también puede ser bueno. Es malo cuando se va y es bueno cuando viene. En el capitalismo el instrumento más preciso para medir la ética y la moral es la balanza de pagos.

Más información:
Acabar con el capitalismo acabando con los tipos de interés:
https://mpr21.info/2016/03/acabar-con-el-capitalismo-acabando-con.html

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Las privatizaciones del gobierno ruso

Yegor Gaidar, ex ministro de Economía de Yeltsin
Karine Bechet- Golovko

Para ajustar el presupuesto, la idea de las privatizaciones se ha apoderado de nuevo del gobierno ruso. Sin gran originalidad, el mismo esquema se empleó en los años 90 por Yeltsin y su entorno, “demócrata”, “liberal” y “pro- europeo”. Fue la época en que las “élites” pusieron a Rusia a hacer la calle, prostituída en nombre de la democracia. No estoy hablando de Ucrania, sino de Rusia. La de los años 90, tan querida por Occidente. Y tan añorada. Y con motivos; veámoslo más en detalle.

La privatización no es un instrumento económico ni presupuestario. Es un instrumento ideológico. Se trata de sacar de la esfera estatal las empresas estratégicas o económicamente interesantes. Porque, por principio, una empresa que no presenta ningún interés, bien en el plan económico bien en el aspecto estratégico, nunca podrá encontrar comprador en el mercado interior o internacional.

Para protegerse, es cierto que es posible poner como condición la inversión interior. Pero, ¿qué impedirá la reventa? ¿Y al cabo de cuanto tiempo, aunque esté condicionada, será autorizada? No puede llevarse a cabo una prohibición eterna. Por consiguiente, la protección es solamente temporal.

La privatización, en tiempos de crisis, se supone que permite al Estado cumplir el presupuesto. Pero vendiendo empresas interesantes, pierde también los ingresos regulares. Y los pone a la venta en un mercado que no está en su mejor momento, lo que limita automáticamente las posibles ganancias inmediatas.

Por tanto, si se descarta la incompetencia, el objetivo es otro. Y en este caso, la privatización es un instrumento en primer término ideológico. Como lo declaraba A. Chubais, en su “juventud política”, las privatizaciones yeltsinianas se hicieron para poner punto final al comunismo. Poco importaba el precio. Poco importaba el comprador. Se trataba de matar el comunismo, y para ello, vaciarlo de su sangre. Matar el tejido económico comunista fundado sobre la producción industrial y la agricultura. Sobre la economía real de un modo real. Llevando  así a la gente al desempleo, gentes cuyas competencias son inútiles en una economía de servicios post moderna. Y, de esa manera, matar la fuerza vital de resistencia en la población.

La economía de rodillas, la población lo mismo. El país también. Todos haciendo cola ante el MacDonald. La democracia tiene un precio. Gaidar, padre espiritual de este “liberalismo”, hablaba de “terapia de choque”. Ni Ucrania ha inventado nada, ni tampoco hemos aprendido nada.

Sobre esta cuestión os aconsejo encarecidamente la excelente emisión de N. Mijalkov, quien se pregunta sobre el período Yeltsin, con ocasión de la apertura del enorme edificio a la gloria del “padrecito de la democracia rusa”. Una reflexión que da escalofríos, con la reescritura de la historia rusa como fondo. Ahí están, por lo que concierne a las privatizaciones, algunos elementos interesantes.

Lo esencial de la producción industrial fue privatizada por Yeltsin; 261 empresas militares. La compañía norteamericana Nick and Co. Corporation, por si sola, tomó el control de 19 de ellas.

No fue difícil adquirirlas, estando literalmente regaladas. Era necesario librarse de ellas, rápidamente y a cualquier precio. El más bajo posible, así el Estado pierde los beneficios de las empresas, no pudiendo compensar sus pérdidas por una entrada de dinero significativa.

De la venta de empresas, cuyo valor mercantil se estimaba en más de un billón de dólares, el Estado ruso percibió 7.200 millones de dólares.

Por ejemplo,

– la fábrica metalúrgica de Samarsky fue vendida por 2,2 millones de dólares
– la fábrica de automóviles Ljatcheva por 4 millones de dólares
– Uralmach, con sus 34.000 empleados por 3,72 millones de dólares
– la fábrica metalúrgica de Cheliabinsk, con 35.000 empleados, por 3,73 millones
– la fábrica mecánica de Kovrovsky (que producía armas para toda la policía, ejército y  servicios especiales) fue vendida por 2,7 millones de dólares
– o la fábrica de tractores de Cheliabinsk, con 54.000 empleados vendida por 2,2 millones

Ingleses, alemanes y norteamericanos, principalmente, obtuvieron minorías decisivas en las mayores empresas estratégicas de los sectores de la construcción de motores y aviones rusos (Tupolev, MIG). La empresa Siemens tomó el control de la fábrica que producía los equipamientos para los submarinos rusos nucleares.

Ni siquiera el Tribunal de Cuentas dejó sin destacar la amplitud del ataque a la seguridad nacional. Subrayaba que la privatización permitió poner bajo control extranjero las mayores empresas rusas militares estratégicas.

Si ese no era tal vez el fin perseguido, fue en cualquier caso el fin alcanzado.

El Estado permanecía presente. Conservaba alrededor del 14 por ciento de la participación, lo que no le permitía ni influir sobre la política de la empresa.

Por ello, cuando los grandes “liberales” del gobierno se ponen a hablar de privatizaciones, necesariamente surgen sospechas.

Debe aparecer una “lista” de empresas a privatizar en 2016, declara el ministro de Economía. En la cual debiera figurar, por ejemplo, las mayores empresas del sector petrolífero, como Rosneft o Bachneft. Esta vez son las materias primas las que están en el punto de mira. Pero, rápidamente, el portavoz del Kremlin calma el juego; no hay lista definitiva, todo se discutirá. Y el Presidente reenviará al Gobierno la tarea para proteger mejor los intereses nacionales.

Porque, efectivamente, ¿es este el momento? Los puntos de vista son compartidos, incluso en el Gobierno, entre el clan, de hecho neoliberal y los liberales. El vice primer ministro, Y. Trutnev cuestiona la bondad del enfoque del ministerio de Finanzas a propósito de la privatización de Alrosa, concretamente. Hay que decir que Alrosa es un grupo ruso muy interesante. Ocupa el primer lugar del mundo en la extracción de diamantes.


En cifras, Alrosa posee el 97 por ciento del mercado interior ruso, y el 27 por ciento de la producción mundial de diamantes. Es tentador. ¿Pero es del interés público? Me refiero al interés del país, el interés defendido por el Estado. Las dudas se formulan de forma expresa:

“Vender es posible. Pero vender ahora, en un mercado en descenso ¿Por qué, con que fin? ¿No puede esperar? ¿No tenemos medios para esperar? Esto no es verdad, podemos esperar”, ha declarado, denominando a esta iniciativa “extraña”. Según la estimación de Trutnev, el Estado puede recibir en dos años de la compañía los beneficios netos que obtendría de la privatización de sus acciones. “Los colegas del ministerio de Finanzas contemplan todas las posibilidades para cuadrar los presupuestos, causa de que esta discusión continúe. Ya veremos que decisión tomará la cabeza del país”.

Ciertamente, la historia es un eterno reinicio. Especialmente porque se olvida demasiado rápido.

Fuente: http://russiepolitics.blogspot.com.es/2016/03/les-privatisations-russes-un-instrument.html
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Panamá lava más blanco

El abogado panameño Ramón Fonseca Mora
En Panamá, los bufetes de abogados, de los que Mossack Fonseca no es más que uno de los varios ejemplos, son un poder fáctico como cualquier otro, una multinacional del chanchullo que emplea a cerca de 500 personas en Panamá y alrededor del mundo.

En su país forman parte del poder político y su actividad está íntimamente ligada a su historia, gangrenada por la corrupción y la dictadura de Noriega, de la que Mossack y Fonseca formaron parte.

En 2006 la aduana panameña interceptó un paquete que contenía 45 diamantes de contrabando procedentes de África del sur. Estaba destinado a una fundación, de esas benefactoras y caritativas, pero sus propietarios reales eran los abogados Mossack y Fonseca, cuyos nombres salieron a relucir ya entonces, aunque a nadie le importó nada.

La sangrienta dictadura de Noriega (1984-1990) demostró hasta qué punto Panamá ha sido y es un puesto avanzado del imperialismo, en el mismo centro de América y a caballo entre dos océanos. Aquello acabó en cuanto Washington movió un dedo de su mano y metió a su peón Noriega en una cárcel en Estados Unidos, donde aún continúa.

Si en algún momento a Putin, que conoce estos detalles mejor que nosotros, se le ocurrió guardar sus ahorros en un sitio como Panamá, no tengan ninguna duda: era rematadamente idiota. Es como poner al zorro a cuidar de las gallinas.

A la privilegiada situación del país no le bastó con el canal. En 1977 quiso crear una nueva Suiza, o un nuevo Singapur, o Hong Kong, o algo parecido, una plaza fuerte financiera basada en el secreto bancario y cero impuestos.

A partir de entonces Panamá no sólo lavó el dinero sucio del capitalismo, sino que lo centrifugó, lo secó, lo planchó y lo tendió al aire tropical. Durante 40 años nunca le importó a nadie lo más mínimo.

Cuando se sabía que las filtraciones estaban a punto de producirse, Bloomberg entrevistó a los abogados del bufete panameño, plenamente conscientes de que su lucrativo negocio había comenzado a desplomarse.

Jürgen Mossack, de 68 años, es un panameño de origen alemán. En la posguerra su padre, un oficial de la Waffen SS, fue uno de los que logró escapar a Latinoamérica.

Ramón Fonseca Mora es un panameño muy cercano al gobierno desde los tiempos de la dictadura de Torrijos. Es vicepresidente del Partido Panamista, un partido nacionalista que llegó al poder en 2014, vinculado al actual Jefe de Estado, Juan Carlos Varela, que le nombró su consejero, por lo que tenía un asiento en el Consejo de Ministros.

Todo fue bien, hasta la crisis económica de 2007 y la intensificación de la rivalidad entre las potencias imperialistas, a lo que Falciani ha denominado con absoluta precisión “guerra económica”, acentuada por la crisis y que, entre otras, se está expresando en las sanciones que impone Estados Unidos como gendarme mundial.

Como buenos abogados, en el bufete panameño se creyeron muy listos y se atrevieron a burlar al imperialismo: en los archivos aparece que ocultaban a 33 empresas que estaban burlando el embargo impuesto por Estados Unidos a determinados países y determinadas empresas.

Realmente intolerable. Fonseca tuvo que dimitir de su cargo de consejero del Jefe del Estado y, además, le salpicó otro ocultamiento en Brasil, donde Estados Unidos está empeñado en dar un golpe de Estado judicial que acabe con el gobierno de Dilma Rousseff.

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Del Canal de Panamá al Canal de Nicaragua

Es imposible desvincular los Papeles de Panamá de la protección del gobierno ruso a Edward Snowden, quien divulgó el espionaje masivo en el mundo de la Agencia de Seguridad Nacional, que es el golpe político más severo que haya recibido el gobierno de Estados Unidos.

¿Qué hay detrás de los Papeles de Panamá? Un trasfondo geopolítico. Dentro de esta línea de pensamiento se puede ubicar a México y Centroamérica. Hay un vaso comunicante en la región con Rusia y China. Los países de América Latina iniciaron hace poco más de un lustro un acercamiento a Rusia y China, enfocado últimamente en la financiación del Canal de Nicaragua, un proyecto de 40.000 millones de dólares que concesionó el gobierno de Daniel Ortega –cercano a Moscú– a China por 50 años, que uniría por mar y tierra a los océanos Pacífico y Atlántico, y tendría ferrocarril, oleoductos y dos aeropuertos, que aplastaría la infraestructura del Canal de Panamá.

El Canal de Nicaragua convertiría en realidad un viejo sueño americano que lo pensó originalmente en el Istmo de Tehuantepec. Estados Unidos acariciaba desde finales del siglo XIX controlar esa ruta y estuvo dispuesto a pagar 15  millones de dólares por la tierra entre los puertos de Salina Cruz y Coatzacoalcos. Casi 80 años después, el presidente José López Portillo impulsó el Proyecto Alfa-Omega que los conectaría, pero nunca se inició la construcción del nuevo canal. En el gobierno de Vicente Fox hubo otro intento, pero varios gobiernos en el sur se opusieron porque, alegaron, de abrirse esa ruta marítima, el país quedaría partido, y los estados más pobres para siempre condenados al abandono.

Nicaragua fue la alternativa a Panamá, pero no bajo control estadounidense sino chino y con capitales rusos, prometidos por Putin a Ortega junto con armas y equipo militar para proteger la obra. Putin fue uno de los principales objetivos de la filtración de evasión fiscal, pero estuvo acompañado. Deng Jiagui, cuñado del presidente de China, Xi Jinping, y varios miembros de su familia fueron señalados de haber establecido empresas en paraísos fiscales vía Panamá, donde se han establecido los apalancamientos financieros para el Canal de Nicaragua, que ha sido visto negativamente por Estados Unidos, que ha venido reaccionando ante la expansión china y la creciente presencia rusa en la región.

Una expresión de su respuesta fue en México. Los únicos tres proyectos multimillonarios que no han podido cuajar en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto por las presiones de Washington, fueron el macrodesarrollo turístico y de infraestructura en Cabo Pulmo, Baja California Sur; el megacentro comercial Dragon Mart en Cancún, y el tren rápido México-Querétaro, donde el dueño de la constructora Higa, Juan Armando Hinojosa, muy cercano al Presidente, armó un grupo con empresas chinas para construirlo. Hinojosa, de los mexicanos mencionados en la investigación, es a quien más atención pusieron.

En un artículo publicado en la edición de invierno en la revista Americas Quarterly, en diciembre de 2015, sobre el declive del poder de Estados Unidos, la experta en la Guerra Fría, Diana Villiers Negroponte, esposa del influyente exembajador John Negroponte, alertó sobre la presencia china y rusa en la región. “Diseñar sanciones estadounidenses sobre la banca rusa hará que las instituciones financieras en Sur y Centroamérica duden de entrar en inversiones conjuntas con bancos rusos por temor de ser sujetas a penalidades del Departamento del Tesoro”, sugirió. En el caso de China y el Canal de Nicaragua, afirmó: “Hacerle sombra al Canal de Panamá que construyó Estados Unidos, desafiaría significativamente la hegemonía estadounidense en Latinoamérica. También le darían a China una base militar de facto muy cerca de Estados Unidos”.

Eso no lo pueden permitir. El escándalo sobre inversiones en paraísos fiscales para evadir impuestos beneficia a Estados Unidos, al ser puestos sus rivales a la defensiva y poner a pensar a sus potenciales aliados. Esto, claro, dentro de una hipótesis de trabajo sobre la guerra por el control regional, que puede no ser bélico, pero sigue siendo muy violento.

Fuente: http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/detras-de-los-panama-papers.html
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‘Calumnia que algo queda’

Ferdinand de Lesseps
Panamá es un Estado artificial creado por el imperialismo y en cuyo nacimiento Estados Unidos tuvo un papel destacado. Se desgajó de Colombia por la típica política imperialista de “divide y vencerás” para crear minifundios internacionales, más manejables que los grandes Estados, como Rusia, o China, o India.

En el caso de Panamá, el troceamiento se produjo como consecuencia de la construcción del Canal, una de las arterias fundamentales del comercio mundial que durante un siglo entero estuvo sustraído a la soberanía panameña.

El canal ha sido pues un trozo desgajado de otro trozo un poco mayor. Lo excavó a finales del siglo XIX una gran empresa internacional formada por Ferdinand de Lesseps, el mismo que también excavó el de Suez.

La gran empresa fue uno de los primeros ejemplos de concentración monopolista de capitales. Quebró en 1888, saliendo a la luz toda la basura escondida bajo las alfombras. Fue como la salida a bolsa de Bankia pero un siglo antes. Los tiburones de la ingeniería financiera engañaron a los pequeños accionistas y les robaron 300 millones de dólares de aquellos tiempos, una cantidad fabulosa.

Durante el juicio, que se celebró en París, salieron a relucir los pormenores del atraco, en el que no sólo estaban los ingenieros, como Lesseps, sino los capitalistas y los políticos, es decir, parlamentarios y ministros.

Fue un manual de capitalismo monopolista de Estado en el que aparecían los tres pilares, el técnico, el económico y el político. Como en las misas católicas, era la Santísima Trinidad del mercado moderno: tres personas distintas y un solo dios verdadero.

No vayan a creer que aquello fue cualquier cosa: en la estafa estaban involucrados 150 miembros del Parlamento francés de la III República, incluso Gustave Eiffel, el de la Torre Eiffel: el emblema mismo de París es la corrupción.

Casi todos los periódicos formaban parte de la trama del fraude. En realidad, la Santísima Trinidad capitalista son cuatro, como los jinetes del Apocalipsis. Nunca se puede olvidar a la prensa.

Como se demostró en el juicio, los periódicos habían sido sobornados espléndidamente por la constructora Lesseps para alimentar la burbuja especulativa de un canal que se había construido a miles de kilómetros de distancia de París y costó miles de vidas humanas de las que nadie se acuerda.

El quinto jinete de la Santísima Trinidad capitalista son los jueces que revisaron la legalidad de aquel saqueo millonario. Finalmente sólo una persona fue condenada y, ¿saben Ustedes quién fue? Reflexionen un poco y acertarán: pues fue el único político semi-honesto.

Si, en efecto. Había un político casi honesto, Charles Baïhaut, antiguo ministro de Obras Públicas, condenado a cinco años de cárcel, que confesó que durante un tiempo no lo había sido tanto. Deduzcan de aquí la oportuna moraleja: la mafia no admite la ruptura de la “omertá”, el pacto de silencio y le condenaron por soltar la lengua.

En Francia los chorizos de los bajos fondos tienen un lema que procede de los viejos tiempos de la Revolución de 1789: si no quieres acabar en la guillotina, no confieses jamás tus pecados ante el juez. Es mucho peor.

En la jerga francesa la palabra “panamá” tiene un segundo significado como pelotazo, bastante cercano al castellano “estraperlo”, que procede de los tiempos de Segunda República.

De los tiempos del fraude del canal de Panamá procede otra frase conocida que pronunció el Primer Ministro francés Georges Clemenceau: “Calumnia que algo queda”, cuyo origen se remonta a los tiempos del Imperio Romano: “Calumniare fortiter aliquid adhaerebit”.

El aluvión desinformativo que nos espera es de tal magnitud que jamás llegaremos a saber la verdad… ni falta que hace, porque sabemos de sobra qué clase de gentuza lleva las riendas de este mundo.

Ningún periodista del mundo había oído hablar nunca hasta ahora del famoso “Consorcio” de periodistas “de investigación”, creado “ex professo” para dar cobertura a este montaje intoxicador. ¿Se han parado a pensar por qué los papeles han ido a parar a grandes medios de comunicación internacionales y no a medios de internet, como Wikileaks?, ¿por qué no los podemos consultar directamente en internet sin pasar por los filtros de esos periodistas “de investigación”?

La calunnia è un venticello,
un’auretta assai gentile
che insensibile, sottile,
leggermente, dolcemente
incomincia a sussurrar

(Gioachino Rossini, de la ópera “El barbero de Sevilla”)