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Casi 100.000 independentistas malgaches fueron masacrados por el colonialismo

Hace 70 años en Moramanga, Madagascar, el ejército colonial francés disparó contra tres vagones de transporte de ganado de un tren en el que viajaban 166 presos del Movimiento Democrático de Renovación Malgache. Los cadáveres fueron cargados en varios camiones y enterrados en una fosa común.

Moramanga es una localidad a unos cien kilómetros de Tananarive, la capital malgache y el crimen sigue vivo en la conciencia de la población porque fue la primera de una serie de carnicerías en las que fueron asesinados decenas de miles de africanos. Literalmente, decenas de miles.

Eran las tres de la madrugada del 5 de mayo de 1947 y los presos llevaban tres días detenidos en mazmoras sombrías después de que el gobierno impusiera el estado de sitio para tratar de sofocar el levantamiento popular contra el colonialismo.

Las tropas habían sido reforzadas hasta completar un contingente de 18.000 soldados, principalmente fusileros senegaleses a las órdenes del general Pellet. Mientras, en París, el gobierno acusa al Partido Comunista de promover la insurrección anticolonial

Madagascar era una colonia francesa desde 1896 pero la población había quedado exluida de cualquier derecho, ya que se les impuso la condición de “indígenas” y se la sometió a trabajos forzosos. Mientras los europeos vivían de manera opulenta, la inmensa mayoría pasaba hambre.

Hasta que en la noche del 29 de marzo de 1947 los pescadores y campesinos más pobres se levantaron armados con machetes, y atacaron el campamento militar de Moramanga, comisarías de policía, edificios públicos y plantaciones agrarias.

El colonialismo impuso el estado de sitio y ordenó la disolución del Movimiento Democrático de Renovación Malgache. Las detenciones fueron masivas, pero el levantamiento tardó 15 años en ser sofocado a sangre y fuego.

Un mes después del levantamiento, las tropas quisieron castigar de manera ejemplar al movimiento en Moramanga, el mismo lugar en el que tuvo su origen. Los criminales actuaron bajo las órdenes del comandante Joubert de manera cobarde e impune, pretextando que la población iba a tratar de liberar a los detenidos.

El fusilamiento se prolongó durante una hora; hasta que nadie quedó vivo. Con las primeras luces de la mañana, las tropas empezaron a abrir las puertas de los vagones. Algunos aún agonizaban entre gemidos, rodeados de sangre por todas partes. Los 71 supervivientes fueron conducidos a la cárcel de Moramanga, donde a los tres días acabaron murieron del hambre y las turturas.

La matanza se conoce al detalle porque sobrevivió uno, Rakotoniaima, al que dieron por muerto y logró escapar. Relató que las tropas esperaron la llegada de más presos para que cavaran fosas comunes en las que enterraron a los presos. Otros detalles se conocen gracias a las narraciones de los soldados senegaleses que participaron en la matanza.

El número de muertos que costó la liberación de Madagascar es objeto de una enconada polémica entre los historiadores. Las cifras oscilan entre 10.000 y 100.000 asesinatos, aunque el gobierno francés ha admitido 89.000 como balance oficial, la mayor parte de ellos tiroteados impunemente en las calles y en los campos.

Pueblos enteros fueron arrasados literalmente y desaparecieron de los mapas para siempre, lo que estuvo acompañado de las lacras de toda guerra colonial, como violaciones, torturas y humillaciones. Era un anticipo de los métodos brutales que Francia iba a poner en práctica en Argelia y los fascistas en Chile desde 1973. Una de ellas consistía en lanzar vivos a los detenidos desde los aviones militares.

A Madagascar la llaman “la isla roja” seguramente porque desde 1947 está bañada por un océano de sangre. Desde entonces las manifestaciones de masas son una constante.

Los malgaches celebran con manifestaciones en la calle el inicio de la lucha anticolonialista

Los monarcas españoles se enriquecieron con el tráfico de esclavos durante siglos

La esclavitud se reintrodujo en España en los años siguientes a la llamada “Reconquista”. Derrotados por la guerra, muchos islamistas fueron reducidos a la esclavitud. El Decreto de 1609 de expulsión de los moriscos incluyó en el Reino de Valencia una excepción: quedaban excluídos los que fueran esclavos, que seguirían perteneciendo a sus dueños.

Como siempre, lo que determinó la expulsión de aquella parte de la población no fue su religión sino su condicón de clase.

La población esclava era mucho más importante de lo que los historiadores han querido hacer creer. En Valencia uno de cada tres habitantes era esclavo, en Barcelona uno de cada diez, una proporción parecida a la de Sevilla y Cádiz.

A partir del siglo XV empezaron a llegar esclavos procedentes de África. Se calcula que aquí los negreros negociaron la compraventa de unos 700.000 esclavos entre los siglos XVI y XX. El mayor propietario de esa “mercancía” era la Corona, que los explotaba en sus minas y galeras. La monarquía española siempre ha vivido del robo y el tráfico ilegal de esclavos, a quienes marcaba salvajemente con hierros candentes con los sellos del rey de turno, como si fuera ganado.

Pero el verdadero negocio del tráfico negrero llegó con la colonización de América. El exterminio de la población autóctona provocó una necesidad de mano de obra barata, que se llevó desde África.

Sobre todo fueron los Borbones quienes comenzaron a participar en el siglo XVIII en el tráfico de esclavos a gran escala. Felipe V, alias “El Guarro”, fue el primero. Firmó un suculento contrato con la Real Compañía de Guinea, también de nacionalidad francesa, por el que percibía el 25 por ciento de los beneficios de la empresa esclavista. Su socio era su primo, otro Borbón, el rey de Francia Luis XV.

La regente María Cristina de Borbón y su segundo esposo, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, Duque de Riansares, consiguieron labrar una fortuna colosal con el comercio de esclavos, que no tenían antes de llegar a España. El coronel gaditano Manuel Pastor Fuentes desempeñó un papel fundamental en el negocio negrero que la monarquía tenía en Cuba. Fue quién implantó el pago de una cuota por cada esclavo importado, que después él mismo se encargaba de trasladar a María Cristina de Borbón. Por eso su hija, la reina Isabel II le nombró senador vitalicio y le otorgó el título de Conde de Bagaes.

Al ser despojada de la Regencia por Espartero, Maria Cristina salió de España en 1840 como la mujer más rica de Europa. Pero la dejaron marchar con el dinero que había robado.

El Presidente del Gobierno Leopoldo O’Donnell dirigió la Capitanía General de Cuba entre 1843 y 1848, donde desató una cruel represión tras una revuelta esclava en la isla, conocida como la “Conspiración de la escalera”. En Cuba O’Donnell controlaba y se lucraba del tráfico de esclavos. Por cada “pieza” desembarcada recibía 51 pesos de los negreros. Amasó una fortuna de 500.000 pesos durante su estancia en la isla, el equivalente a diez millones de reales en la moneda española de la época.

España fue el último país en abolir la esclavitud porque el negocio era una fuente de enriquecimiento personal de los Borbones, la aristocracia y los altos dirigentes del ejército colonial español. Como el tráfico de esclavos era ilegal, las grandes fortunas de este país amasaron sus riquezas con uno de los peores crímenes que la humanidad ha conocido. Pero en este país, ¿a quién le ha importado la legalidad?

En África lo más ‘moderno’ sigue siendo lo más antiguo: el neocolonialismo

La línea aérea congoleña ECair, fundada en 2011, ya está en suspensión de pagos. Luego algún cretino dirá que los africanos no son buenos gestores y, en efecto, la gestión ha consistido en algo muy poco original, llevarse el dinero a Suiza, pero hay que decir que los administradores de la empresa eran… suizos.

Así lo ha confesado la cadena de televisión pública de Suiza. Han sido cinco años de saqueo cotidiano de dinero, incluidos los 400 millones de euros de fondos públicos con los que se inauguró la empresa “africana”, encargada de “modernizar” el país.

En África lo más “moderno” sigue siendo lo más antiguo: el neocolonialismo. La línea aérea se formó en base a dos empresas suizas, una de las cuales, COEM (CO Engineering & Management) se encargaba de la asistencia técnica y la otra lograba que una parte de la flota volara con pabellón helvético.

La primera es una empresa registrada en Lugano, Suiza, en 2012 y su papel fue meterse el dinero congoleño en el bolsillo suizo. Tras su constitución, COEM firmó un contrato con el ministro congoleño de Obras Públicas Jean Jacques Bouya, director de ECair y sobrino del Presidente Denis Sassou Nguesso. La directora general era Fatima Beyina-Moussa, hija de otro ministro del gobierno congoleño, el co-director era italiano, Marco V., y el adjunto era belga, Johan M. Sin embargo, la empresa estaba compuesta de antiguos dirigentes de Lufthansa Consulting.

De 2013 hasta el año pasado, COEM se embolsó 22 millones de euros a costa de Congo, un dinero que fue parar a una cuenta en Emiratos Arabes Unidos y a la Banca Popolare di Sondrio, en Lugano, Suiza.

La segunda empresa es Privat Air, que tiene su sede en el aeropuerto de Ginebra y firmó con la línea aérea congoleña el contrato del siglo, consistente en cobrar mucho por no hacer nada. Sólo en 2014 se embolsaron 60 millones de euros.

A su vez, el 51 por ciento de dicha empresa es propiedad de un fondo especulativo británico, SilverArrow Capital, que ha cambiado la gestión y la contabilidad, encontrándose con importantes sorpresas que han dado lugar a la apertura de un sumario en los juzgados de Lugano. La fiscalía considera que las empresas suizas han incurrido en una malversación de fondos.

Mientras, en Brazzaville, la capital congoleña, no creen que los juzgados europeos puedan hacer nada por ellos y los trabajadores de ECair han empezado a protestar delante de la sede de la empresa. Llevan ocho meses sin cobrar. Sus sueldos oscilan entre 150.000 y 300.000 francos CFA, es decir, entre 230 y 460 euros mensuales.

Pero COEM no sólo administraba ECair sino que era adjudicataria de numerosas obras públicas emprendidas por el gobierno congoleño, tales como carreteras, hoteles y edificios públicos. Un auténtico saqueo de la riqueza del país africano.

http://www.rts.ch/info/suisse/8474630-des-millions-d-argent-public-congolais-siphonnes-via-des-societes-suisses.html

La esclavitud no es una lacra del pasado, sólo ha cambiado de forma

Durante cuatro siglos, más de 15 millones de hombres, mujeres, niñas y niños fueron víctimas del comercio de esclavos, uno de los capítulos más oscuros de la historia que no ha terminado; solo cambió de forma: hoy 21 millones de personas padecen trabajos forzados y explotación extrema.

Algunas formas de esclavitud se abolieron, pero aparecieron otras, como la trata y el tráfico de personas y el trabajo forzado y la servidumbre por deudas. Las víctimas del tráfico de personas se encuentran en 106 de 193 países, indicó el Informe Mundial sobre Tráfico de Personas, publicado en diciembre del año pasado, realizado por encargo de la Asamblea General de la ONU. Muchas de ellas se encuentran en zonas de guerra, donde los responsables permanecen impunes, y las mujeres, las niñas y los niños son mayoría.

Millones de mujeres y niñas se venden para que sirvan de esclavas sexuales, señala el estudio realizado por la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC). El 79 por ciento de las víctimas de tráfico registradas son mujeres y menores de edad. De 2012 a 2014, la UNODC estima que se detectaron más de 500 flujos diferentes de tráfico, y que los países de Europa occidental identificaron víctimas de 137 nacionalidades distintas, lo que muestra que es un problema extendido a escala mundial.

La explotación sexual y el trabajo forzado son las formas más comunes de esclavitud moderna, pero también hay personas obligadas a mendigar, a contraer matrimonios por conveniencia, a defraudar por beneficios sociales, a producir pornografía, a aceptar la extracción de sus órganos vitales, entre otras más.

El valor de ese mercado ascendió a unos 32.000 millones de dólares en 2005, que podrían haberse duplicado o hasta triplicado a juzgar por la ola de personas obligadas a migrar por la creciente pobreza generada por la crisis del capitalismo y las guerras en distintas partes del mundo.

La organización Human Rights First denuncia que el tráfico de seres humano es un “gran negocio”. Deja unos 150.000 millones de dólares de beneficios a los delincuentes, precisó, en base a datos de la OIT. Los beneficios según la forma de esclavitud son las siguientes:

– 99.000 millones de dólares, la explotación sexual comercial
– 34.000 millones de dólares, la construcción, la manufactura, la minería y los servicios
– 9.000 millones de dólares, la agricultura, que incluye silvicultura y pesca
– 8.000 millones de dólares se ahorran al año los particulares que contratan trabajadoras domésticas en condiciones de trabajo forzado

Si bien 22 por ciento de las víctimas de trata y tráfico sufren explotación sexual, esa actividad concentra 66 por ciento de las ganancias globales que genera la esclavitud.

Los 100.000 dólares generados, en promedio, cada año por una mujer en situación de servidumbre sexual, son seis veces más que los 21.800 dólares que en promedio genera cada víctima de tráfico y trata, según datos de la OSCE, cuyos estudios muestran que la explotación sexual puede tener una rentabilidad de entre 100 a 1.000 por ciento, mientras un trabajador esclavo puede producir más de 50 por ciento de ganancia aun en los mercados menos rentables, como el trabajo agrícola en India.

El león del desierto

La película, estrenada en 1981, relata la biografía de Omar El-Mojtar, un anciano combatiente que se levanta en armas contra los colonialistas -y fascistas- italianos. El levantamiento fracasa y el anciano guerrillero, que interpreta con su habitual maestría Anthony Quinn, es capturado y ahorcado públicamente.

Hasta hace apenas 100 años, Libia era una parte del Imperio Otomano de la que se apoderó Italia. Desde el principio las diferentes tribus del norte de África se opusieron ferozmente a los nuevos amos. Los libios estaban organizados en cofradías o hermandades de tipo feudal, donde los religioso, lo político, lo militar y lo social se fundían.

Las guerras de Libia corrían paralelas a las del Rif, donde los colonialistas españoles enviaron a sus peores carniceros, los legionarios, encabezados por generales como Millán Astray o Franco. Los italianos enviaron en 1932 al general Rodolfo Graziani para aplastar el levantamiento armado de Omar El-Mojtar, “El jeque de los militantes” y “El león del desierto”.

Diez años después de llegar los fascistas al gobierno, Graziani logró capturar a El-Mojtar y lo encerró en el Palacio del Gobierno de Bengasi, a donde fue a visitarle. ¿Quién era aquel anciano indomable que durante años había mantenido la guerra de guerrillas contra el poderoso ejército colonial fascista?

El libro de memorias del general italiano, “Cirenaica pacificata”, escrito al año siguiente, rememora el encuentro. Describe al anciano como un viejo modesto, disminuido y con los pies deformados por la enfermdad de gota que padecía. A pesar de ello, los fascistas le mantenían esposado y encadenado. Cuando el general se acerca, el anciano le tiende la mano, que el otro rechaza. Los fascistas no admiten ninguna clase de treguas.

El colonialismo ejerció de juez y parte abriendo un consejo de guerra contra el guerrillero, que fue presidido por Graziani en persona. Fue la típica farsa que duró una hora y media. En el interrogatorio éste le dice que miles y miles de libios han muerto por su culpa. “¿Merecía la pena?”, le pregunta:

El-Mojtar: Han muerto al servicio de una buena causa. Están en el paraíso
Graziani: Eso es fanatismo religioso.
El-Mojtar: No, eso es fe.

En un momento dado del intercambio, el anciano se siente fatigado y le pide un asiento al general italiano, que accede:

Graziani: Siéntate y escucha. Aún puedes salvar tu vida. Con tu autoridad, ¿puedes lograr la sumisión de los rebeldes de Djebel?

El-Mojtar: Estando preso no puedo hacer nada y, por lo demás, jamás haría eso. Todos hemos jurado morir, uno tras otro, pero no someternos. Yo jamás me sometería por mi propia voluntad. Eso es seguro.

Al día siguiente, los italianos ahorcaron al anciano en el campo de concentración de Soluk ante una muchedumbre de 20.000 personas. Subió al cadalso sujetando sus gafas entre las manos, que se le deslizan de ellas tras el último aliento.

En la escena final de la película, un niño corre hacia el cadáver que cuelga de la soga para recuperarlas, una metáfora de la continuidad de la lucha contra el colonialismo -y el fascismo- en los tiempos que corren. Mueren los héroes ancianos, pero su lucha la continúan desde la infancia otros héroes.

La descolonización del Sáhara en tiempos de la transición política

Ernesto Valderrey

El antiguo Sáhara español (Sáhara Occidental) ha sido objeto de numerosos estudios, especialmente su abandono por parte de España a finales de 1975. Destaca la comparecencia en marzo de 1978, ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, de diversas
autoridades con responsabilidades en esa descolonización, ministros incluidos, que informaron de sus actuaciones y respondieron a las preguntas de los grupos parlamentarios. Se quiso conocer cómo ese proceso condicionaba en 1978 las decisiones sobre Canarias, Marruecos,
Argelia o el Sáhara (marco de un enfrentamiento armado entre la nueva potencia ocupante, Marruecos y fuerzas saharauis independentistas, el Frente Polisario, que ya actuó contra la anterior potencia ocupante, España).

Desde 1960, en plena ola descolonizadora, nuestro país se vio obligado a informar a la ONU de que administraba territorios no autónomos, aunque disfrazados de provincias, de los que se fue desembarazando (Guinea, Ifni) quedando el Sáhara, reconocimiento que obligaba a garantizar el derecho a la autodeterminación de su población. La retrocesión en 1967 de Ifni a Marruecos no apaciguó las relaciones con este país que reivindicaba también el Sáhara, amén de Ceuta y Melilla.

Además, la pérdida de influencia de España en Guinea, tras su independencia en 1968 (colonia que contó en su momento con ¡partidos políticos, elecciones y gobierno autónomo!) hizo que vacilara en qué hacer con el Sáhara, más cuando no estaba claro qué población debía participar en el proceso de autodeterminación y qué países debían ser tenidos en cuenta. La “desgracia” del rico subsuelo, no solo los fosfatos de Bu Craa, y la posición estratégica del Sáhara, internacionalizan y complican más la disputa.

España, para ir desbloqueando la situación, prepara en 1974 un Estatuto de Autonomía que la primera enfermedad de Franco y otros acontecimientos paralizan. Por ejemplo, Marruecos desencadena contra España una ofensiva diplomática –y de hostigamiento militar de baja intensidad en el Sáhara– de tal forma que consigue que la ONU, además de hacer suya su propuesta de que el Tribunal Internacional de La Haya dictamine sobre los posibles derechos de Marruecos, paralice el referéndum anunciado por España. A mediados del 75 una misión de la ONU visita el territorio, lo que aprovecha el Polisario para un gran despliegue en las calles, con protestas contra la presencia de España, que impactan negativamente en las autoridades españolas, que habían tolerado su actividad política y la del PUNS, un partido más afín.

En noviembre, con la enfermedad que ya se palpa irreversible de Franco, Marruecos concreta su amenaza de  la “Marcha Verde” en apoyo a su distorsionada versión favorable a sus tesis del reciente dictamen del Tribunal Internacional de La Haya. Una operación que monta su ejército, aunque aparecen decenas de miles de civiles desarmados, mujeres y menores incluidos, que desean ocupar pacíficamente el entonces Sáhara español: el conflicto, esta vez en su plano militar y en esas dimensiones, estaba servido.

El contencioso se fue apartando del marco de la ONU (autodeterminación y tener presente a los tres países limítrofes) y se “bilateraliza” entre España y Marruecos, con contactos directos, algunos secretos, que dan pie a los Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre del 75, que instauran una administración tripartita provisional (con Mauritania), con unos anexos y que el gobierno español, el 19 de noviembre, de alguna manera legaliza, aunque no publica, al aprobarse, con Juan Carlos como Jefe del Estado interino, la Ley 40/1975 de descolonización del Sáhara, cerrando España su presencia el 28 de febrero de 1976.

Las comparecencias de 1978 se aprobaron gracias a la indisciplina de voto de cuatro diputados de UCD, pues este partido y AP (PP) votaron en contra de su realización. Además, no hay Diario de Sesiones de la Comisión del 12 de enero que aprobó esta medida, cuyo objetivo, según sus promotores (PSOE) no era enjuiciar unas actuaciones y menos exigir responsabilidades; sólo obtener información de los comparecientes, cuya asistencia era voluntaria. Se invitó a doce personalidades que (excepto el Jefe del Estado y la cúpula militar) tuvieron un papel destacado en la descolonización: no comparecieron el ex presidente Arias, por decisión propia y el que fuera embajador en Argelia, por problemas graves de salud.

Todos los grupos preguntaron a los comparecientes, excepto AP. El PCE no lo hizo al entonces Director General de Promoción del Sáhara, el general Blanco (quizás por su pasado como Director General de Seguridad). El PCE no “apretó” mucho y se dio por satisfecho de las respuestas. El PSOE preguntó y repreguntó, pero sin querer “hacer sangre”. Los diputados de UCD fueron los más incisivos, tanto que se dio el hecho cómico de que el PSOE les recordó que no se trataba de poner a nadie “contra las cuerdas”.

Abrieron tres militares, aunque solo uno ocupaba un puesto militar: los otros dos cargos eran de carácter político. El ex Secretario General del Gobierno del Sáhara animó el asunto al decir que el Gobierno cambió de planes, que cabía una opción diferente a la decidida, con alusiones a presiones favorables a Marruecos, citando al ministro Solís y al entorno de la familia Franco. Finalizó el entonces Gobernador General del Sáhara, que esquivó las preguntas sobre decisiones del Gobierno, por no poder entrar a valorarlas, y defendió la subordinación de las Fuerzas Armadas al Gobierno, que quizás era lo que tanto PCE como PSOE querían oír, más cuando Gómez de Salazar era, al comparecer, Capitán General de Madrid.

La segunda tanda, para la Diplomacia, la inició el embajador Piniés, representante en la ONU, antes, durante y después de la descolonización. A su juicio, hubo descoordinación en el Gobierno, siendo la relación con su ministerio, Exteriores, no tan fluida como se precisaba, pesando presiones militares en la decisión final. Le siguió Martín Gamero, embajador en Rabat en 1975 y ministro de Información y Turismo en el primer gobierno del Rey. Cerró el ministro de Exteriores de dicho gobierno, Areilza, que explicó que el presidente Arias no quiso debatir en las Cortes el Acuerdo Tripartito de Madrid, ni su publicación en el Boletín Oficial del Estado, aunque al poco de firmarse se protocolizó ante Naciones Unidas.

Las sesiones finales se reservaron para cuatro ministros del último gobierno de Franco. El de Industria, Álvarez Miranda, disertó sobre los fosfatos, materia de la que era una autoridad mundial y a nivel más “casero”, creador de la empresa pública que inició su explotación en la que siguió, desde abril del 76, como vicepresidente, con capital ahora mayoritario de Marruecos. Se mostró satisfecho por el cumplimiento por su ministerio de la parte correspondiente de los Anexos no públicos del Acuerdo de Madrid. El mismo ABC de 25 de abril del 76 que da cuenta de su nombramiento, nos informa de una reunión del ministro de Comercio, Calvo-Sotelo, con su colega marroquí, en la que se trató, entre otras cuestiones de fosfatos e industria química. Temas en los que debió quedar bien el futuro presidente del Gobierno, por su reciente labor al frente de “Unión de Explosivos Río Tinto”, empresa con intereses en estos campos en… ¡el Sáhara!

El de la Presidencia, Carro (responsable político del territorio a través de la Dirección General de Promoción del Sáhara) era, al comparecer, diputado de AP, pero no intervino en las demás sesiones, pauta de su partido, y eso que AP contaba con dos diputados que habían hecho como ministros de Franco, el doblete: López Bravo en Industria (Fosfatos) y López Rodó, en el entorno de Presidencia (que llevaba el Sáhara) ministro del Plan de Desarrollo, y ambos en Exteriores. Procuró no apartarse del guión de una conferencia suya de marzo del 76 y tuvo diversos incidentes, sobre todo con diputados de UCD. Insistió en la coordinación del gobierno y la continuidad de su política. Como ministro de la Presidencia le tocó explicar en las Cortes de entonces, con Franco ya agonizante, el alcance de la Ley de Descolonización, con la habilidad, por no decir algo más fuerte, de eludir citar los todavía frescos Acuerdos de Madrid del 14, más cuando estos supeditaban su entrada en vigor a la publicación de esa la Ley en el BOE.

Le siguió el ex ministro de Exteriores, Cortina, que criticó las posturas de Marruecos, Argelia y del Polisario al tiempo que resaltaba las vacilaciones de Naciones Unidas, más allá de sus limitaciones como organización y lo más importante; fue el único ex ministro que reconoció sin tapujos un giro del Gobierno hacia una solución bilateral con Marruecos. Eso sí, omitió contar que, con su conocimiento, en octubre del 75, Franco envió para hablar con el rey de Marruecos al segundo jefe de su Casa Militar, general Gavilán.

Cerró el turno Solís, que, aunque comparecía más por su condición de enviado especial de Franco, también ante el Rey Hassan II, fue ministro del Movimiento en el último gobierno de Franco, y de Trabajo en el siguiente: el único de los comparecientes que estuvo en el Gobierno desde mediados del 75 hasta que España abandona el Sáhara en febrero del 76. Optó por un tono dicharachero y consiguió que, ante algunas de sus “ocurrencias”, protestaran los diputados: total, que “se les escapó vivo”, pues con habilidad, sabiendo que era el último en intervenir, desviaba balones hacia anteriores comparecientes. No se molestó cuando un diputado del PSOE le preguntó sobre sus posibles negocios entonces con Marruecos.

En conclusión, las comparecencias no aportaron nada relevante; ni se precisó la naturaleza de los Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre del 75 y sus Anexos, ni se pudo concretar en qué momento y cómo se produjo el giro hacia esos Acuerdos. Quedó en el ambiente que un Sáhara independiente, pero progresista y pro argelino, no era la solución deseada por España. Y cuando las preguntas eran incisivas, más de un exministro se negó a contestarlas aduciendo el secreto de las deliberaciones del Consejo de Ministros.

Sirvieron de balón de oxígeno a UCD, que vio –por un tiempo– que al hablar de Marruecos o del Sáhara, no era “el malo”, como le sucedía –en paralelo– en las sesiones del Congreso y del Senado que tenía que sufrir como Gobierno, mucho más duras que estas, más cuando el ministro Oreja fue subsecretario con Areilza.

Estas comparecencias, ya de por sí importantes por su materia, trascienden su objeto, ya que es la primera vez que las nuevas Cortes democráticas, aunque sin “apretar” mucho, consiguen sentar a varias personalidades de la España no democrática, no solo de la de Franco, para dar cuenta de su gestión.

De forma intencionada se dejó fuera de la “causa” a la cúpula de las Fuerzas Armadas, lo que extraña, pues el conflicto político se mezclaba con una casi decisiva perspectiva bélica. No son citados los ministros militares del último gobierno de Franco, ni los del primero del rey Juan Carlos y se procuró eludir esta cuestión en las preguntas, aunque la condición militar de tres de los comparecientes y la naturaleza del conflicto hicieron que saliera el asunto. El ex ministro Carro centró el tema al justificar la retirada, por lo negativo que hubiera sido para la Transición un ejército derrotado o desmoralizado, citando Portugal. De alguna manera defendió la tutela de las Fuerzas Armadas sobre la Transición, sin que nadie le rebatiera.

También resulta curioso, a la vista de las intervenciones, incluidas las de los diputados que preguntaban (con la excepción del ex ministro Carro recordando –en un momento en que se sintió presionado– que había unos órganos responsables “desde las jerarquías más altas”) que parecía que solo el Gobierno decidía, salvando así de responsabilidades políticas de más nivel, a la Jefatura del Estado. Una Jefatura del Estado con unos poderes extraordinarios: con Juan Carlos (tres semanas de interinidad y el resto con plenitud de funciones) y, qué decir de la etapa de Franco, cuando sus indicaciones, aunque no se formalizaran, eran tenidas en cuenta, y ¡cómo! Y más en esta cuestión en la que, por las implicaciones emocionales que tenían para él, nadie se atrevía a actuar con decisión y menos a llevarle la contraria.

http://www.infolibre.es/noticias/foro_milicia_democracia/2017/03/15/el_Sáhara_franco_62527_1861.html

Manifiesto por el reconocimiento de los crímenes del colonialismo

Poblaciones “indígenas” sometidas a trabajos forzados, disposiciones racistas y de excepción, códigos para indígenas, internamiento administrativo, responsabilidad colectiva… impuestos a los colonizados que, en su aplastante mayoría, no eran considerados como ciudadanos sino como “sujetos franceses” hasta la Liberación, deportaciones, ejecuciones sumarias y masacres, son otras tantas prácticas que han formado parte de la construcción y la defensa del imperio colonial francés. Las masacres de Thiaroye en Senegal (diciembre de 1944), las de Setif, Guelma y Jerrata en Argelia, que comienzan en mayo de 1945 y sus decenas de miles de muertos, así lo indican siniestramente.

Hace setenta años, en marzo de 1947, iniciaron la Guerra de Indochina y la insurrección malgache. El 1 de noviembre de 1954 comenzó un conflicto largo y sanguinario en Argelia. Entre 145 y 1962 Francia estuvo comprometida casi constantemente en operaciones militares coloniales que se saldaron con cerca de un millón de muertes. No olvidemos la guerra, ocultada durante tanto tiempo de Camerún (1955-1971) y la represión sangrienta de los militantes guadalupeños y kanaks.

Si la ley Taubira y las iniciativas de la sociedad civil han iniciado un reconocimiento social y político de la esclavitud y de la trata de negros, no ha ocurrido lo mismo con los crímenes cometidos antes o después de la Segunda Guerra Mundial. Esta situación es inaceptable porque a las masacres añade el ultraje a las víctimas, a sus descedientes y a sus allegados.

También exigimos a las más altas autoridades del Estado y a los candidatos a las elecciones presdeinciales que se pronuncien por la creación de un momerial de recuerdo a quienes fueron asesinados, la apertura de todos los archivos relativos a esos acontecimientos y el reconocimiento de los crímenes de guerra y crímenes de Estado.

Así se hará justicia con los herederos de la emigración colonial y poscolonial, y se podrán combatir las discriminaciones memoriales que les afectan. Tales actos permitirán a todos los franceses y francesas conocer mejor esta historia singular.

La fiscal del Tribunal Penal Internacional reconoce actuar a las órdenes del imperialismo francés

Recientemente un testigo admitió haber sido sobornado y presionado por la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatú Bensuda, para que declarara en contra del antiguo presidente marfileño Laurent Gbagbo, de lo que se arrepintió a última hora.

Ahora quien levanta el velo de las vergüenzas es la propia fiscal, quien ha confesado literalmente lo siguiente: “No hay nada serio contra Gbagbo; el juicio no es más que una presión política procedente de Francia contra la que nada puedo hacer” (1).

El que paga manda y el infame séquito de jueces y fiscales del Tribunal no sólo lo ha nombrado Francia, sino que es Francia quien, además, lleva varios años pagando sus emolumentos para que mantengan en pie este montaje de altos vuelos.

Tampoco es de extrañar, por tanto, que la mayor parte de los países africanos tengan intención de abandonar en bloque el tratado que aprobó la creación de dicho Tribunal como otra forma más de que las viejas potencias coloniales se inmiscuyan en los asuntos internos del Tercer Mundo con la manoseada excusa de los derechos humanos. Es un auténtico escándalo internacional que, dentro de unos días, la Unidad Africana vaya a pedir a sus miembros que salgan del Tribunal.

En África el primero de los derechos humanos es que los imperialistas se vayan del Continente, llevándose consigo sus tropas expedicionarias, sus mercenarios, sus ONG, sus misioneros y sus empresas de saqueo.

En Costa de Marfil -según el periódico sudafricano Cape Times- Francia organizó cinco golpes de Estado durante el mandato de Gbagbo, que había ganado las elecciones en 2000. Más que detenido, fue secuestrado por el ejército francés en 2011, y desde entonces permanece recluido en la cárcel (2).

Los mismos que promovieron el golpe, los imperialistas franceses, son los que luego detienen a Gbagbo y a su familia, los torturan (incluidos a los niños pequeños) y los llevan a La Haya para hacer una pantomima de juicio. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen; son los policías, los fiscales, los jueces y los carceleros.

“No se trata sólo de que los africanos sean los únicos sometidos a esta institución -dice el periódico sudafricano- sino también de que las grandes potencias, y Francia en particular, han logrado manipular seriamente al Tribunal y utilizarlo para sus propios intereses estratégicos en el Continente”.

Las restricciones impuestas durante el mandato de Gbagbo a los manejos de las multinacionales francesas en Costa de Marfil, eran un ejemplo que podía extenderse al resto del Continente Negro, poniendo en peligro los intereses imperialistas, añade el Cape Times, que pone un ejemplo paradigmático de lo que está ocurriendo en África.

En lugar de conceder las adjudicaciones directamente a las empresas francesas, al gobierno de Gbagbo se le ocurrió sacarlas a subasta. En la licitación de un puente, mientras los contratistas francesas pusieron un precio de 200.000 milllones de francos CFA, los chinos se comprometieron a construirlo por 60.000 y, naturalmente, el gobierno no dudó ni un minuto.

Lo mismo ocurrió con la banca, los seguros, el transporte, el comercio de cacao y la energía, donde las empresas francesas tuvieron que empezar a competir con las de otros países, como China. En sus antiguas colonias, afirma el periódico de El Cabo, Francia mantiene un “pacto colonial” por el que controla la divisa CFA (franco centroafricano), las reservas de capitales y las políticas comerciales y de inversiones.

El Presdiente Gbagbo quiso sacar a Costa de Marfil de esta “situación de esclavitud” que, para Cape Times es “el más importante desafío que ha conocido la dominación francesa en esta región desde el periodo poscolonial”.

En Costa de Marfil -continúa el periódico- Francia organizó cinco golpes de Estado durante el mandato de Gbagbo, que fracasaron, hasta que el ejército expedicionario bombardeó la residencia presidencial para poner a ella a su hombre de paja, Alassane Ouattara, en donde ha seguido hasta actualidad como leal vasallo de los imperialistas y de… ¡Soros! Ambos, el hombre de paja y el “filántropo” multimillonario, son amigos, dice el periódico sudafricano.

Algunas de las pruebas presentadas en el juicio por la fiscal Bensuda son fabricaciones, asegura el periódico. Uno de los vídeos que demostraría las masacres cometidas por Gbagbo corresponde a un hombre quemado vivo… pero en Kenia.

(1) http://www.ivoirebusiness.net/breves/urgent-urgent-urgentcoup-de-th%C3%A9%C3%A2tre-cpi-fatou-bensouda-avoue-le-complot-contre-gbagboil-ny
(2) http://www.iol.co.za/capetimes/gbagbo-why-iccs-impartiality-is-questioned-1983348

Las tropas imperialistas desplazadas a Mali custodian uno de los mayores tesoros mineros del mundo

Al principio nadie supo nunca que existía un país llamado Mali, hasta que se hizo famoso porque era una base de operaciones de Al-Qaeda en el norte de África y porque desde entonces se ha convertido en la diana del turismo militarizado.

Es posible que ahora tampoco nadie conozca que si todo eso ha sido posible no es porque Mali exporte goma arábiga sino porque tiene una caja fuerte repleta de oro blanco, oro negro, gas, diamantes y… últimamente también de litio. Ya es mala suerte atesorar tanta riqueza, que atrae a los chorizos de todo el mundo.

Birimian, una empresa minera australiana, explota dos yacimientos auríferos en Mali, denominados Massigui y Dankassa. De paso inició exploraciones geológicas dentro de otro proyecto, Bougouni, que ha traído malas noticias: bajo 250 kilómetros cuadrados de arena del desierto hay mucho litio, uno de los mayores yacimientos del mundo.

La expotación de la mina de litio se realizará durante 13 años en dos fases, la primera de ellas a cielo abierto, en la que se podrán extraer un millón de toneladas anuales. La segunda se dedicará al tratamiento del mineral.

El año pasado la empresa minera Kodals firmó un acuerdo con Minefinders para comprar una participación del 90 por ciento en los proyectos Didendio sur, Diossyan sur y Manakoro norte, también de litio.

Hace un par de semanas el Presidente francés Hollande realizó una visita oficial a Mali, donde su país mantiene desde hace años un cuerpo expedicionario para “luchar contra el terrorismo”. Se trata de la Operación Barjan y Hollande anunció que la estancia de sus tropas en Mali va para largo.

El 3 de enero el Financial Times anunciaba la carrera de los imperialistas por apoderarse de los yacimientos de litio de todo el mundo. Las baterías de los coches eléctricos que se van a empezar a comercializar en masa de forma inmediata, necesitan litio, un mercado que empezará a funcionar a pleno rendimiento.

Ya sólo hace falta que vaya también Merkel a visitar a sus propias tropas y repita el discurso de su colega Hollande: que las han enviado para “luchar contra el terrorismo”.

Ya ven que el terrorismo da mucho de sí.

Mario Soares: un lacayo del imperialismo

Darío Herchhoren

La noticia de la muerte de Mario Soares a los 92 años, me pone de actualidad el nombre de un político particularmente odioso. La revolución de los claveles que fue el 25 de abril de 1974, tuvo un eco enorme en América Latina y significó sin duda un cambio de enorme importancia en la política portuguesa.

En ese año de 1974, tuve la ocasión de reunirme en Montevideo con dos de los jefes de dicha revolución, que eran el Almirante Rosa Coutinho, y el Brigadier Otelo Saraiva de Carvalho, que viajaron de incógnito a Uruguay para reunirse con algunos de los apoyos que dicha Revolución tenía en Sudamérica.

Yo concurrí en representación de la organización político militar Montoneros, que por aquellos años ya estaba batallando contra la derecha peronista encarnada por el entonces ministro  de Bienestar Social de Argentina José López Rega fundador de la criminal Triple A.

De esa guisa, recibí junto con los compañeros que me acompañaban una información valiosísima y tuve la oportunidad de valorar personalmente la arrolladora personalidad tanto de Rosa Coutinho como de Otelo Saraiva.

Otelo no era un militar de carrera y provenía de lo que eran las milicias universitarias que el salazarismo había copiado de España, y había sido nombrado por el gobierno de Marcelo Caetano sustituto de Salazar; jefe del COPCON, que era el Comando Operacional del Continente encargado de diseñar y operar la política colonial portuguesa en Africa y tratar de sofocar la rebelión de las colonias africanas en busca de su independencia.

Rosa Coutinho era el almirante Jefe de Operaciones de la Flota de Guerra de la marina portuguesa, y en tal carácter era el que daba las instrucciones operativas a los buques militares portugueses que operaban en puertos africanos.

Ambos fueron los jefes de la conspiración anti salazarista, que estalló el día 25 de abril de 1974 con la transmisión por Radio Renascenza de la canción Grándola Vila Morena del poeta José Zeca Afonso, que era la contraseña que puso en marcha la Revolución de los Claveles.

Dentro del grupo civil de apoyo a la revolución había personas como el inolvidable Alvaro Cunhal en aquel entonces  Secretario General del Partido Comunista Portugués, que había logrado fugar de la prisión de Peniche, próxima a Lisboa, y Mario Soares, Secretario General del Partido Socialista, que estaba exiliado en Francia.

Marcelo Caetano era el fiel reflejo de Antonio de Oliveira Salazar, y quienes los conocían decían que la única diferencia entre ambos, era que Marcelo se había casado a diferencia del misógino y asexuado Salazar, y cuando los militares irrumpieron en su despacho del Palacio de Sao Bento y le tomaron prisionero, lo introdujeron en un coche y lo dejaron en su casa, porque vieron que no era capaz de entender que el salazarismo había caido.

Se nombró entonces un presidente provisional de la República, que en principio iba a ser el mariscal Antonio de Spínola, de innegable autoridad en el ejèrcito portugués, pero de origen aristocrático; pero finalmente se designó al Brigadier Vasco Lourenzo, que pertenecía al Partido Comunista.

El nuevo gobierno, inicia la reforma agraria, y liquida los grandes latifundios de la región del Alentejo, que es la Extremadura portuguesa e inicia una reforma urbana, entregando en propiedad las viviendas alquiladas; legalizan los partidos políticos, se retoman relaciones diplomáticas con la URSS y se reconoce al gobierno de Cuba; y lo más importante; se inician negociaciones con las colonias africanas para su independencia.

Todo esto puso en guardia a la vieja derecha, y también a los servidores del imperio. En nuestras conversaciones en Montevideo me explicaron que el Partido Socialista, y su «lider» Mario Soares era en realidad un informante de la CIA, que estaba en nómina de la CIA; es decir que recibía billetes de banco por su tarea. Todo esto culminó, cuando se produjo el relevo del brigadier Vasco Lourenzo, miembro del Partido Comunista que era el presidente de la República Portuguesa por el general Antonio Ramalho Eanes.

El demócrata Soares, viajó a Lages, la base que la OTAN tenía y tiene en las Azores, para solicitar su apoyo (intervención) para echar a Vasco Lourenzo. Ello precipitó su caída, y el ascenso del general Ramalho Eanes, que tuvo como primer ministro al propio Soares, evidentemente un otanista, y servidor lacayo del imperio.

En los años posteriores seguí mis contactos con Otelo Saraiva de Carvalho, y siempre me manifestaba que el general Ramalho Eanes, último presidente militar representante del movimiento de las fuerzas armadas, sentía un profundo desprecio por Soares, a quien consideraba simplemente un puto soplón, sin relieve alguno.

Este es el hombre que ha muerto, al cual le rinden homenaje otros miserables como Felipe González y el criminal Javier Solana.

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