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Una multinacional china compra la Bolsa de Chicago

Un grupo financiero chino, Chongqing Casino, ha comprado la Bolsa de Chicago, el Chicago Stock Exchange, lo que ha desatado las alarmas de un grupo de congresistas de Estados Unidos.

Es un símbolo de los tiempos que corren, que se suma a otro que se anunció a comienzos de año: en 2015 las exportaciones netas de capital de China superaron a las de Alemania.

Si la autoridad reguladora lo aprueba, la de Chicago será la primera bolsa de Estados Unidos que pasa a manos de China.

En Estados Unidos mientras algunos alzan la voz, otros minimizan la compra: Chicago no es el Nasdaq, ni Wall Street.

Fundada en 1882, la Bolsa de Chicago emplea a 75 trabajadores y sólo gestiona el 0,46 por ciento de las compraventas de acciones en Estados Unidos, un mercado del orden de los 2.000 millones de dólares.

45 congresistas republicanos están entre los que se oponen a la adquisición. Han firmado una carta dirigido al Departamento del Tesoro sobre las inversiones extranjeras en Estados Unidos pidiendo una investigación previa a la venta.

Hablan de que el gobierno chino tiene “voluntad de dominación” y muy poca transparencia, lo mismo que a Chongqing Casino, la empresa adquirente.

La financiera Chongqing Casino se fundó en 1997 para absorber los activos financieros en poder del gobierno chino, por lo que sus relaciones con el Estado son muy estrechas.

Recientemente, las autoridades reguladores impidieron la venta de la multinacional Philips a un grupo inversor asiático aduciendo motivos de seguridad.

Pero la decadencia del poderío industrial de Estados Unidos es imparable. A mediados de enero la multinacional General Electric vendió 5.400 millones de dólares su filial de electrodomésticos al gigante chino Haier.

La semana pasada le tocó el turno al mayorista de electrodomésticos Ingram Micro, que ha acabado en poder del holding chino HNA Group por 6.000 millones de dólares.

Europa es otro terreno de caza para las empresas chinas, cuya voracidad no conoce límites. Empresas chinas han comprado la empresa alemana de máquina-herramienta KraussMaffei y la italiana de fabricación de neumáticos Pirelli.

La guinda del pastel será la inminente compra de Syngenta, el monopolio agroquímico, por el holding químico ChemChina por 48.000 millones de dólares. Es la mayor compra que haya realizado ninguna empresa china en el exterior.

Para este año se anuncian 102 adquisiciones de empresas chinas en el extranjero por un valor de 81.600 millones de dólares. Sectores claves de la economía de Estados Unidos están bajo el control de empresas chinas: alimentación, petroquímica, banca, inmobiliaria, tecnología, entretenimiento…

También Hollywood está en el punto de mira de las multinacionales chinas. En 2012 Dalian Wanda compró AMV Theater, la segunda cadena de exhibición de cine. Al año siguiente la multinacional china regaló 20 millones de dólares a la Academia de Cine de Los Ángeles, compró el estudio de cine Legendary Entertainment y con 500 millones de dólares ha formado una sociedad estratégica con el gigante de Hollywood Universal Pictures.

El proyecto chino, que costará 6.600 millones de dólares, es crear en Qingdao una ciudad oriental del cine, con estudios y hoteles capaz de rivalizar con Holliwood y toda la farándula de películas y estrellas.

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Estrategia

La lucha por el reparto del Mar de China Meridional

En 1990 China se benefició del vacío estratégico creado en el Mar de China Meridional por el abandono por parte de Rusia de sus bases militares en Vietnam, así como como por el cierre de las bases estadounidenses en Filipinas, que mostraba el desplazamiento momentáneo de sus preocupaciones a Irak y Afganistán. El Mar de China Meridional forma parte del Océano Pacífico, abarcando un área de alrededor de 3,5 millones de kilómetros cuadrados que va del Estrecho de Malaca y Singapur al Estrecho de Taiwan. Tiene más de 250 pequeñas islas, atolones, cayos, arrecifes y bancos de arena, la mayoría de los cuales están deshabitados, incluso se inundan durante la marea alta o están sumergidos permanentemente.

La ley china de 1992 sobre el Mar Territorial aprovechó la Convención aprobada diez años antes por la ONU sobre el Derecho del Mar para concretar las regiones que China reclama como propias, que suponen el 80 por ciento de la superficie total del Mar de China Meridional. Son las nuevas fronteras de la Gran China, el viejo Imperio Central.

Para deslindar sus ambiciones los chinos han procedido como los gatos, marcando en su Mare Nostrum una la “línea de nueve puntos” que parte del norte de Filipinas, bordea la antigua colonia española, desciende hasta la isla de Borneo y vuelve a subir por la costa vietnamita.

Además de unos pedazos de tierra firme, la Convención sobre el Derecho del Mar otorga 200 millas marinas (370,4 kilómetros) a partir de la costa del país que resulte titular del territorio. Por ejemplo, las Islas Spratly, que están a unos 230 kilómetros de Filipinas y a más de 1.200 kilómetros de China, forman un centenar de islotes y arrecifes que apenas suman 5 kilómetros cuadrados pero reconocen derechos soberanos sobre una plataforma marina con una extensión superior a los 400.000 kilómetros cuadrados.

Por la zona transcurre un tercio del tráfico mundial marítimo, tres veces superior al del Canal de Suez y cinco veces al de Panamá. El Ministerio de Recursos Geológicos y Minería de China estima, además, que puede contener 17.700 millones de toneladas de petróleo (superiores a los 13.000 millones de toneladas de Kuwait). Sin embargo, científicos estadounidenses han estimado que la cantidad de crudo en 28.000 millones de barriles. Según la Agencia Internacional de Energía la verdadera riqueza de la zona podrían ser reservas de gas natural. Las estimaciones dicen que el área poseería alrededor de 25.000 billones de metros cúbicos de esta fuente de energía, la misma cantidad que las reservas probadas de Qatar.

Varios países de la región, además de China, reclaman las islas y archipiélagos de la región, lo que ha conducido a negar su histórica condición de Mare Nostrum de China que su nombre indica. Mientras Vietnam lo ha rebautizado como el “Mar Oriental”, Filipinas lo llama el “Mar de Filipinas Occidental”.

La escalada de tensión ha llegado a tal punto que la ASEAN aprobó en 1992 una declaración sobre la solución pacífica de las disputas en el Mar Meridional de China y en 2002 a un código de buena conducta.

China evita desplegar abiertamente sus buques de guerra para realizar incursiones en las aguas en disputa. Utiliza buques de sus líneas marítimas civiles, mostrando de ese modo la persistencia de su reclamación y poniendo a prueba la respuesta de los países afectados, lo que le concede un amplio grado de maniobra para escalar o desactivar la tensión sin mayores consecuencias a corto plazo. Pero en ocasiones también ha utilizado buques de guerra, junto al sobrevuelo de sus aviones en las zonas conflictivas.

Filipinas ha entrado en un callejón sin salida con China en el Arrecife Scarborough, que este país llama Isla Huangyan. Está situado a un poco más de 160 kilometros de Filipinas y a unos 500 kilómetros de China. Violando la soberanía de sus aguas, China ha estacionado varios buques no militares. También Filipinas en 2011 envió un buque de guerra al atolón, tras un enfrentamiento con navíos chinos.

La creciente tensión entre China y Filipinas por las reclamaciones territoriales se puso de manifiesto en 2012. La pugna alcanzó cotas preocupantes cuando China amenazó con represalias económicas, e incluso con menciones a la guerra. Suspendió el turismo hacia Filipinas, recomendando a sus ciudadanos no visitar el país vecino y reforzó la inspección de la fruta procedente de su territorio. China es el mayor comprador individual de plátanos de Filipinas.

Por su parte, en el Pacífico Washington se define a sí misma como una “potencia residente“, un término acuñado en 2008 por el entonces Secretario de Defensa, Robert Gates, en una reunión sobre seguridad celebrada en Singapur. Tres años después, en un foro sobre seguridad celebrado en Hanoi, Hillary Clinton, la secretaria de Estado, declaró que para Estados Unidos los asuntos del mar en cuestión son de “interés nacional”.

En la región la superioridad militar de Estados Unidos se remonta a 1945 y sigue siendo indiscutible hoy: 6 de los portaaviones que dispone se encuentran ya en el Pacífico. Pero además de sus propias fuerzas, la estrategia de Estados Unidos se apoya sobre sus fieles aliados, que empiezan por Corea del sur, siguen con Japón, Taiwan y Filipinas, para acabar en Australia.

El carácter del Mar y del Pacífico, en general, es estratégico para Estados Unidos, por lo que sigue trasladando el grueso de sus fuerza militar, para disponer sobre el terreno del 60 por ciento de su fuerza naval desplegada permanentemente hacia 2020. La VII Flota ha relevado al portaviones Kitty Hawk por el más avanzado George Washington y el grupo de destructores ya está dotado con el sistema Aegis. Con la misma idea de golpear más allá del alcance de sus sistemas aeronavales, planea la entrada en servicio de 260 cazas F-35C (invisibles al radar), la ampliación del radio de acción de los F-18 (con depósitos adicionales) y dotarse de más aviones de guerra electrónica EA-18G, todo ello tras haber probado con éxito el aterrizaje autónomo en un portaviones del dron X-47B.

De esta manera Estados Unidos reconoce la creciente importancia del Extremo Oriente, no solo desde el punto de vista comercial. En la misma medida otras regiones (como Europa) pierden relevancia estratégica.

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Noticias

China envía 5.000 soldados a Siria

El parlamento chino ha autorizado el despliegue en Siria de una unidad de las fuerzas especiales, llamadas “Tigres de Siberia” o “Tigres de la Noche” compuesta por unos 5.000 soldados.

La autorización se produce después de que China aprobara su primera ley antiterrorista, que autoriza a los soldados del Ejército Popular de Liberación a participar en misiones de combate fuera de sus fronteras.

China juzga grave la amenaza que suponen para su seguridad nacional el Califato Islámico y el servicio de inteligencia turco.

La región de Xinjiang es fronteriza con ocho países -Mongolia, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Afganistán, Pakistán e India- y, desde el punto de vista de China, sirve de lugar de paso al terrorismo internacional y a su introducción en China.

Muchos combatientes uigures en Siria son conocidos por ser miembros del Movimiento Islámico del Turkestán Oriental, una organización separatista que quiere instalar un estado independiente uigur en Xinjiang.

El hecho de que hayan sido ayudados por los servicios de inteligencia turcos a pasar de China a Siria atravesando Turquía ha provocado una enorme tensión entre los servicios de inteligencia chino y turco.

China está preocupada por el hecho de que el papel de Turquía en el apoyo a los combatientes uigures en Siria pueda en el futuro extenderse a su acción en el propio Xinjiang, que es otro objetivo de los proyectos expansionistas de Erdogan.

Fuente: http://www.almanar.com.lb/spanish/adetails.php?eid=120833&cid=26&fromval=1
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Estrategia

China depura al ejército para ganar la guerra moderna

Desde que llegó al poder en 2012, el presidente chino Xi Jinping ha purgado a la dirección del Ejército Popular de Liberación (EPL), lanzando una reforma de las estructuras que estaban en vigor desde la creación de la República Popular China en 1949. Se trata de disponer de tropas operativas “capaces de ganar una guerra en la era de las tecnologías de la información”.

En una primera fase, Xi Jinping, quien por sus funciones está también a la cabeza de la potente Comisión Militar Central (CMC), ha atacado la corrupción hasta en los más altos escalones. Numerosos generales han sido detenidos y sustituidos por oficiales considerados cercanos al presidente chino.

A continuación se ha abierto otro frente: el de la transformación del Ejército Popular, acompañada de una reducción de efectivos de unos 300.000 hombres, con un control cada vez más estricto por parte de la Comisión Militar Central, que ha tomado a su cargo, desde el 1 de enero, “la administración general del Ejército Popular, de la Policía Armada Popular de China, de las milicias y de los reservistas”.

Tres nuevas formaciones se han creado en esta etapa, entre ellas un mando general para la sección terrestre del EPL, bajo el control directo de la CMC, una fuerza “de apoyo estratégico”, encargada del espacio, del ciberespacio, de la inteligencia, de la guerra electrónica y de las operaciones psicológicas, así como una “fuerza balística”.

Esta reforma del EPL contiene igualmente una refundición de las regiones militares del país, cuyo número se ha reducido de 7 a 5. La semana pasada, los comandantes de estos nuevos sectores (Norte, Sur, Este, Oeste y Centro) han recibido sus nombramientos de manos del presidente Jinping, a quien rendirán cuentas directamente. Estas regiones militares dispondrán de las capacidades necesarias para hacer frente a misiones particulares.

Por ejemplo, la del Oeste, que abarca principalmente la provincia de Xingjiang, mayoritariamente musulmana y cercana a los núcleos de amenazas de Asia central, teatro habitual de incidentes mortales, se centrará especialmente en el terrorismo, mientras que los sectores Este y Sur se concentrarán sobre los diferentes frentes marítimos de China meridional, en donde Pekín reclama la soberanía sobre varias islas.

“Los oficiales a cargo de los cinco teatros de operaciones se comprometen a establecer centros de mando de combate conjuntos, absolutamente leales, ingeniosos en los combates, eficaces en materia de mando, valerosos y capaces de vencer en la guerra”, informa el Diario del Pueblo, publicación del Partido Comunista de China. Para el Diario, esta reorganización es una “etapa histórica”, que permitirá a las regiones militares superar unos papeles “imprecisos” pasando a una “cadena de mando mas eficaz”. Para Song Zhongping, experto militar citado por el Global Times, esta reforma estructural del EPL está dirigida sobre todo a “reforzar la autoridad de la CMC evitando la formación de ‘capillas’ en el seno del ejército”.

Pronto la CMC contará con una nueva “comisión de disciplina y control”, cuya dirección podría confiarse al general Liu Yuan, amigo de la infancia de Xi Jinping. Su papel será el de inspeccionar los Estados Mayores, las unidades y las nuevas regiones militares.

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Resistencia popular

Se duplica el número de huelgas obreras en China

China es hoy un país proletario por excelencia, el mayor del mundo. El número de obreros se estima en 400 millones. Sus condiciones de vida y trabajo son lamentables, por lo que estallan numerosas huelgas y protestas, como las del año pasado en Longmay, en la provincia de Heilongjiang, una zona minera del norte del país.

Acuciada por las deudas, la empresa pública Longmay, la mayor del carbón de China, anunció en setiembre el despido de 100.000 mineros, el 40 por ciento de su fuerza de trabajo.

Aunque centenares de mineros de avanzada edad fueron jubilados, la empresa tuvo que retrasar sus planes ya que el gobierno provincial destinó 600 millones de dólares para cubrir las deudas de la empresa.

La empresa estuvo durante dos años amagando con los despidos masivos, pero no pudo finalmente llevarlos a cabo por el temor de un levantamiento obrero de grandes proporciones. Las manifestaciones han sido continuas. En Hegang en abril desfilaron miles de trabajadores contra el impago de los salarios. Los organizadores de la protesta fueron detenidos y luego encarcelados. En octubre la empresa impidió otra protesta bloqueando a los obreros en las minas el día de la concentración.

En China el número de huelgas y luchas obreras se ha duplicado en el último año: 2.774 frente a 1.379 el año anterior. La mayor parte de las protestas son consecuencia del impago de los salarios, que se demoran durante un mes, algo que antes era frecuente en la construcción y que ahora se ha extendido a las minas, las fábricas y los servicios.

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Segundo cierre de las bolsas chinas en la misma semana

La historia se repite en las bolsas chinas, pero esta vez mucho más rápido: esta misma mañana han tenido que volver a cerrar a los 30 minutos a abrir, después de que las acciones cayeran más del 7 por ciento y se activase automáticamente el mecanismo de cierre.

Se trata del tiempo de transacciones más corto en la historia del mercado de capitales de China, que no levanta cabeza. El lunes, precisamente durante la primera jornada en vigor de la nueva normativa, una caída similar provocó otro cierre.

El mecanismo de cierre sigue al índice Hushen 300, que refleja la marcha de los grandes valores cotizados en Shanghai y Shenzhen. Cuando sube o cae un cinco por ciento, el interruptor suspende 15 minutos las transacciones. Si baja más del siete por ciento, las cotizaciones se dan por terminadas esa jornada.

A las 9:42 horas, hora local china, se interrumpieron las compraventas durante 15 minutos, después de que el Hushen 300 bajase más de un cinco por ciento.

El índice cayó más de un 2 por ciento sólo dos minutos tras reabrirse a las 9:57 horas, y las transacciones fueron suspendidas. Al final, el índice Hushen 300 se desplomó un 7,21 por ciento, hasta los 3.284,74 puntos.

Para evitar otro desplome, la Comisión Reguladora de Valores de China ha informado esta mañana de las nuevas normas que limitan la venta de títulos a los grandes accionistas. El regulador bursátil chino pidió a los grandes accionistas, que posean más del 5 por ciento de los títulos de una compañía, que no reduzcan en más del 1 por ciento de las acciones de la firma dentro de tres meses.

En China ya no saben qué inventar para seguir manteniendo a las bolsas en funcionamiento, aunque sea con respiración asistida. El capitalismo no tiene remedio.

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Por qué la Tercera Guerra Mundial está en el horizonte

Paul Craig Roberts

El colapso de la Unión Soviética en 1991 dio a luz a una ideología americana peligrosa llamada neoconservadurismo. La Unión Soviética había ejercido como una limitación a la acción unilateral de Estados Unidos. Con la eliminación de esta restricción para Washington, los neoconservadores proclamaron su agenda de hegemonía mundial. EEUU era ahora la “única superpotencia”, el “Unipower”, que podría actuar sin restricciones en cualquier parte del mundo.

El periodista neoconservador del Washington Post, Charles Krauthammer resumió la “nueva realidad” de la siguiente manera:

“Hemos concentrado un abrumador poder global. Somos los custodios designados por la historia del sistema internacional. Cuando la Unión Soviética cayó, algo nuevo nació, algo completamente nuevo, un mundo unipolar dominado por una única superpotencia sin oposición de ningún rival y con un alcance decisivo en todos los rincones del globo. Este es un nuevo y asombroso desarrollo histórico, algo que no se veía desde la caída de Roma. Ni tan solo Roma puede compararse con lo que Estados Unidos es hoy en día”.

Este poder unipolar asombroso que la historia le ha otorgado a Washington tiene que ser protegido a toda costa. En 1992 el alto funcionario del Pentágono, el subsecretario Paul Wolfowitz, escribió la Doctrina Wolfowitz, que se convirtió en la base de la política exterior de Washington.

La Doctrina Wolfowitz afirma que el “primer objetivo” de la política exterior y militar estadounidense es “evitar el resurgimiento de un nuevo rival, ya sea en el territorio de la antigua Unión Soviética o en otro lugar, que represente una amenaza para el poder de acción unilateral de EEUU, como el que planteaba anteriormente la Unión Soviética”. Esta es una consideración dominante que subyace en la nueva estrategia de defensa regional y que requiere que EEUU se esfuerce para evitar que cualquier potencia hostil domine una región cuyos recursos, bajo un control consolidado, sean suficientes para generar un poder global. (Cabe destacar que un “poder hostil” para EEUU, es cualquier país lo suficientemente fuerte como para tener una política exterior independiente de Washington).

La afirmación unilateral del poder estadounidense comenzó durante el régimen de Clinton, con las intervenciones en Yugoslavia, Serbia, Kosovo, así como con la creación de la zona de exclusión aérea impuesta a Irak. En 1997 los neoconservadores escribieron su “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”. En 1998, tres años antes del 9/11, los neoconservadores enviaron una carta al presidente Clinton pidiendo un cambio de régimen en Irak y la eliminación de Saddam Hussein del poder. Los neoconservadores expusieron su programa para eliminar siete gobiernos en cinco años (Irak Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán).

Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, son considerados por la gente informada como “el nuevo Pearl Harbor” que los neoconservadores dijeron que era necesario para comenzar sus guerras de conquista en Oriente Medio.

Paul O’Neil, primer Secretario del Tesoro del presidente George W. Bush, declaró públicamente que la agenda de la primera reunión del presidente Bush con su gabinete, fue la invasión de Irak. Esta invasión fue planeada antes del 9/11. Desde el 9/11, Washington ha destruido total o parcialmente ocho países y ahora se enfrenta a Rusia tanto en Siria como en Ucrania.

Rusia no puede permitir que un califato yihadista se establezca en una zona que comprende Siria e Irak, porque sería una base para la exportación de la desestabilización a las zonas musulmanas de la Federación Rusa. El propio Henry Kissinger ha declarado este hecho, y es algo suficientemente claro para cualquier persona con un mínimo de cerebro. Sin embargo, los neoconservadores fanáticos, que han controlado las administraciones Clinton, Bush, y Obama, están tan absortos en su propia arrogancia que empujaron a su títere de Turquía a derribar un avión ruso y derrocaron al gobierno elegido democráticamente en Ucrania que estaba en buenos relaciones con Rusia, sustituyéndolo por un gobierno títere de Estados Unidos.

Con estos antecedentes, podemos entender que la situación de peligro que enfrenta el mundo es el producto de la política arrogante de los neoconservadores norteamericanos y sus ansias de hegemonía mundial. Los errores de juicio y los peligros generados por los conflictos de Siria y Ucrania son a su vez las consecuencias de esta ideología neoconservadora.

Para perpetuar la hegemonía estadounidense, los neoconservadores traicionaron las garantías que dio Washington a Gorbachov de que la OTAN no se movería una pulgada hacia el Este. Los neoconservadores sacaron a los EE.UU. fuera del Tratado ABM, que especificaba que ni los EEUU ni Rusia desarrollaría ni desplegaría misiles antibalísticos. Los neoconservadores de Estados Unidos re-escribieron la doctrina de guerra y elevaron el rol de las armas nucleares, pasando de ejercer de fuerza de represalia ante un posible ataque, a ejercer de primera fuerza de ataque preventivo. Los neoconservadores comenzaron a situar las bases de Misiles Anti Balísticos ABM en las mismísimas fronteras de Rusia, alegando que las bases tenían el propósito de proteger a Europa de los inexistentes misiles balísticos intercontinentales nucleares iraníes.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, y la propia Rusia, han sido demonizados por los neoconservadores y por sus títeres en el gobierno estadounidense y en los medios de comunicación. Por ejemplo, Hillary Clinton, candidata a la nominación demócrata a la presidencia, declaró que Putin era “el nuevo Hitler”.

Un ex funcionario de la CIA pidió el asesinato de Putin. Los candidatos presidenciales de ambos partidos compiten para ver quién se muestra más agresivo hacia Rusia y más insultante hacia el presidente Putin.

El efecto que ha causado todo esto, ha sido la destrucción de la confianza entre las potencias nucleares. El gobierno ruso ha aprendido que Washington no respeta las propias leyes de Washington, y mucho menos el derecho internacional, y que no se puede confiar en que Washington mantenga ningún tipo de acuerdo.

Esta falta de confianza, junto con la agresión hacia Rusia vomitada desde Washington y desde los medios de comunicación prostituidos a su servicio y haciéndose eco en las capitales europeas más idiotas, ha establecido las bases para una guerra nuclear.

Puesto que la OTAN (esencialmente los EEUU) no tiene ninguna posibilidad de derrotar a Rusia en una guerra convencional, y mucho menos derrotar a una alianza de Rusia y China, la guerra será nuclear.

Para evitar la guerra, Putin trata de comportarse de forma poco provocativa y discreta en sus respuestas a las provocaciones occidentales. El comportamiento responsable de Putin, sin embargo, es mal interpretado por los neoconservadores, que lo ven como un signo de debilidad y miedo. Los neoconservadores dicen que el presidente Obama debe mantener la presión sobre Rusia, y que así, Rusia cederá. Sin embargo, Putin ha dejado claro que Rusia no va a ceder.

Putin ha enviado este mensaje en muchas ocasiones. Por ejemplo, el 28 de septiembre de 2015, en el 70 aniversario de las Naciones Unidas, Putin dijo que Rusia ya no puede tolerar el estado de cosas en el mundo. Dos días más tarde, Putin tomó el mando de la guerra contra el ISIS en Siria.

Los gobiernos europeos, especialmente Alemania y el Reino Unido, son cómplices en el movimiento hacia la guerra nuclear. Estos dos estados vasallos americanos permiten la agresión temeraria de Washington hacia Rusia repitiendo la propaganda de Washington y apoyando las sanciones e intervenciones de Washington en contra de otros países. Mientras Europa siga siendo solo una mera extensión de Washington, la perspectiva de un cataclismo seguirá aumentando.

En estos momentos actuales, la guerra nuclear sólo puede evitarse de dos maneras. Una vía es que Rusia y China se rindan y acepten la hegemonía de Washington. La otra opción es que un líder independiente en Alemania, el Reino Unido o Francia esté a la altura de las circunstancias y saque a su país de la OTAN.

Eso significaría el comienzo de una estampida para salir de la OTAN, que es la herramienta primordial que tiene Washington para generar conflicto con Rusia y, por lo tanto, es la fuerza más peligrosa en la tierra para todos los países europeos y pare el mundo entero.

Si la OTAN continúa existiendo, la OTAN, junto con la ideología neoconservadora obsesionada con la hegemonía estadounidense, harán que una guerra nuclear sea inevitable.

Fuente: http://www.paulcraigroberts.org/2015/12/28/why-wwiii-is-on-the-horizon-paul-craig-roberts/
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Ante el desplome, el gobierno chino cierra las bolsas

Por primera vez en su historia el gobierno chino ha cerrado las bolsas de manera prematura tras la entrada en vigor de leyes que establecen esa medida si un indicador concreto alcanza pérdidas superiores al 7 por ciento.

Se trata del índice CSI 300, selectivo que recoge el rendimiento combinado de tres centenares de empresas que cotizan en las dos bolsas chinas (Shanghai y Shenzhen), que este lunes han registrado un descenso que rozó el 7 por ciento a las 13:28 hora local, una hora y 32 minutos antes de su cierre habitual.

En ese momento, el índice general de Shanghai, el referencial de las bolsas chinas, registraba pérdidas de un 6,85 por ciento (242,52 puntos), hasta los 3.296,66 enteros en que cerró la primera jornada del año.

En Shenzhen el referencial local registró una caída de otro 8,16 por ciento en el último minuto de cotización del día, en 11.630,93 puntos.

Según la nueva regulación, antes de alcanzarse ese 7 por ciento que obligó a cerrar ambos mercados hasta mañana, se había paralizado la cotización en las dos plazas, también por primera vez en la historia, durante 15 minutos, al sobrepasar el CSI 300 unas pérdidas mayores a un 5 por ciento.

Esa pausa no sirvió para enfriar la situación y la caída del 7 por ciento llegó rápidamente después de ese cuarto de hora en que ambos mercados permanecieron cerrados.

Las nuevas normas por las que se ha producido el inédito cierre prematuro de hoy, impulsadas por la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China, entraron en vigor el 1 de enero, por lo que se aplicaron por primera vez, en la práctica, hoy mismo, primer día de cotización desde entonces.

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Turquía se ha convertido en motivo de preocupación también para China

En Oriente Medio el gobierno de Pekín ha venido manteniendo hasta ahora una política de equidistancia, conservando buenos lazos tanto con Arabia saudí, como Qatar, Turquía o Rusia, aunque en la guerra de Siria su posición está claramente alineada con Rusia desde el principio.

Sin embargo, en los últimos meses la preocupación de los medios de comunicación chinos por Turquía ha crecido, lo que indica que algo empieza a cambiar y que China se está viendo entre la espada y la pared por asuntos que le conciernen de una manera más directa.

El idilio chino empezó a estropearse el año pasado, cuando el actual Primer Ministro turco, Ahmet Davutoglu, que entonces era ministro de Asuntos Exteriores, calificó de “ilegal” la detención de 400 uigures chinos en Tailandia.

Los chinos interpretaron aquellas declaraciones de la única manera posible: como un apoyo decidido de Turquía a los yihadistas chinos, que sería más de lo mismo, a saber, consecuencia lógica del apoyo turco al Califato Islámico en Siria.

A lo largo de este año se han sucedido algaradas fascistas en muchas ciudades turcas, organizadas por los “Lobos Grises”. Aunque en ellas los fascistas han atacado -sobre todo- los establecimientos y negocios kurdos, los chinos también han sido víctimas importantes de ellos, y de nuevo ha quedado en evidencia la complicidad del gobierno de Erdogan, que es la misma con los fascistas que con los yihadistas.

Los “Lobos Grises”, una prolongación de los servicios secretos turcos, han agredido a turistas chinos y quemaron una bandera delante de la embajada de China en Ankara. Sus ataques han llegado hasta Bangkok, la capital de Tailandia, donde también atacaron a un grupo de turistas chinos en plena calle.

Desde la redada contra los uigures en Tailandia, la policía china ha estrechado su colaboración con la tailandesa y ha puesto sobre la mesa algunos datos significativos, como la complicidad de la embajada de Turquía en Bangkok con los yihadistas, a los que entregó pasaportes y billetes de avión a Estambul para que combatieran en Siria en las filas del Califato Islámico.

Hasta octubre la policía china ha detenido a 109 yihadistas uigures que regresaban de la guerra de Siria, así como a 20 turcos que reclutaban yihadistas entre los musulmanes chinos.

En las detenciones han intervenido 653 pasaportes en blanco expedidos por Turquía y 200 peticiones de visado de entrada de la embajada de Turquía en Bangkok.

Los chinos no parecen dispuestos a tolerar que Turquía organice en Xinjiang algo parecido a lo que ha organizado en Siria, con la diferencia de que en este caso están por medio los “Lobos Grises” para quienes los uigures son compatriotas.

Fuente: За Турцией теперь «присматривает» и Китай, http://www.vz.ru/opinions/2015/12/22/785345.html

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Memoria Histórica

El incidente de Xian

Con el apodo de “Sverdlov” un lector menosprecia mi artículo sobre los cambios en la política exterior rusa en el que defiendo los derechos de Rusia y Siria, algo que considera opuesto a los del proletariado y de las masas explotadas.Una única frase le sirve al lector para calificar mi artículo de “vomitivo”, de “folclorismo prorruso”, pequeñoburgués e imperialista. Su opinión no merecería mayor atención de no ser porque es típico de determinados grupúsculos empeñados en convertir al marxismo en una caricatura, típica de la moderna cultura de los videojuegos y los comics.

Uno de los rasgos diferenciadores de ese “marxismo” caricaturesco es el repudio de los asuntos nacionales como concernientes a la burguesía y, por lo tanto, ajenos al proletariado, por no decir opuestos. Ante el problema nacional, los amantes de los videojuegos hacen lo que Poncio Pilatos: se lavan las manos.

Su neutralidad es impostada: están con los opresores y su complicidad consiste en ocultar el hecho mismo de la agresión tras el velo de la equiparación entre “los unos y otros”, de que todos son iguales, todos son burgueses, todos son imperialistas, todos hacen lo mismo, se pelean ente ellos mismos, etc.

La esencia del marxismo y, por lo tanto, del proletariado, es el partidismo, y quien no es capaz de tomar partido en una batalla es porque ignora lo que está en juego en la misma. Son como ese tipo de personas reaccionarias que dicen que no son de izquierdas ni de derechas. No cabe duda: ese tipo de gente está con las fuerzas dominantes, sostienen la dominación.

A los amantes de los videojuegos les gustaría que en la lucha de clases los proletarios estuvieran en un lado y los burgueses en el contrario. Serían fácilmente identificables. En la barricada unos vestirían mono azul y otros frac y pajarita.

No obstante, muy pocas veces hemos visto algo tan esquemático a lo largo de la historia. A veces no hay dos contendientes sino tres y la capacidad de dirección de la clase obrera se demuestra precisamente porque agrupa a su alrededor a sectores sociales heterogéneos, incluida la propia burguesía.

Lo expuesto se podría decir al revés: la fuerza de la burguesía también se demuestra por su capacidad para arrastrar tras de sí a una parte, e incluso a la totalidad de la clase obrera, lo cual expone a las claras el nefasto papel que desempeñan las organizaciones que dicen encabezarla.

La opresión nacional es uno de los ejemplos típicos de esas situaciones en las que se dilucida quién dirige a quién y es un asunto muy importante porque, como decía Lenin, la época imperialista conduce a una “intensificación del yugo nacional” (1). Al dejar la opresión nacional en manos de la burguesía, los neutrales le hacen el mejor favor: le ponen al frente de la clase obrera.

Desde la caída del Telón de Acero en 1990 la “intensificación del yugo nacional” ha conducido a esas paradojas que vienen deslumbrando a muchas organizaciones. Por ejemplo, durante la guerra de los Balcanes, algunos equipararon a la OTAN con el gobierno de Belgrado, una ciudad que estaba siendo bombardeada y agredida, como hoy lo está siendo Siria. ¿Había que tomar partido por un gobierno burgués como aquel?

Sólo hacer ese tipo de preguntas es repugnante. Da la impresión de que cabe alguna duda al respecto. Sin embargo, a ciertos paladines de la clase obrera esas situaciones les sacan de su estupor simplista y su esquematismo infantil. La realidad, el mundo, se presenta en todo su esplendor abigarrado y parece que el movimiento obrero nunca hubiera tenido que hacer frente a este tipo de situaciones complejas.

Nada más lejos de la historia, y se podrían poner muchos ejemplos de lo contrario. Uno de ellos es la invasión de China por Japón en 1934, que cambió por completo las coordenadas del país y, por lo tanto, la estrategia de la Internacional Comunista y del Partido Comunista de China.

Desde 1927 los comunistas habían estado en guerra con los nacionalistas de Chiang Kai-chek, el Kuomintang, cuya línea política no cambió, a pesar del ataque japónes. Al Kuomintang le importaba más el exterminio de los comunistas que el de los imperialistas japoneses. En eso se resumía su “nacionalismo”: preferían combatir a los nacionales que a los extranjeros.

Los amantes de los videojuegos quizá entiendan aquella situación nueva como un trío: imperialistas, nacionalistas y comunistas. Quizá piensen que China tampoco tenía (ni tiene) derechos legítimos o que esos derechos eran (son) “burgueses” y que lo procedente era mantener la lucha contra la burguesía “nacionalista” y contra los imperialistas japoneses al mismo tiempo, “contra los perros grandes y los pequeños”, como decía Mao (2). Al fin y al cabo los perros no dejan de ser perros por su tamaño. ¿Se trataba de permanecer neutrales entre unos y otros perros?

La neutralidad podía haberse visto reforzada por la propia actitud del Kuomintang, que cuando el PCCh les ofreció formar un frente unido contra los imperialistas, no se dio por enterado y siguió combatiendo a los comunistas, mientras Japón se apoderaba del país palmo a palmo.

Pero a diferencia de los neutrales, los comunistas saben quién es su enemigo y a partir de la ocupación japonesa no reconocieron más que un único enemigo, por lo que la traición nacionalista no impidió que mantuvieran su propuesta de unidad que, poco a poco, fue calando entre las masas, incluidas las del Kuomintang, hasta el punto de que el 12 de diciembre de 1936 se produjo uno de esos acontecimientos paradójicos que no aparecen en los videojuegos infantiles: con ocasión de una visita de Chiang Kai-chek a las líneas del frente en Xian, le detuvieron los propios generales de su ejército, que estaban de acuerdo con la propuesta de unidad con los comunistas para hacer frente a Japón de manera conjunta.

Aquellos generales hicieron algo más paradógico aún: avisaron a los comunistas de la captura y les invitaron a cruzar las líneas del frente, por lo que Mao y Zhou En-lai se encontraron cara a cara con su mortal enemigo nacionalista Chiang Kai-chek, alguien cuya traición a China merecía la muerte sobradamente.

No fue aquello lo que ocurrió. Delante de su estado mayor Chiang Kai-chek firmó un acuerdo con los comunistas para combatir de manera coordinada al imperialismo japonés, por lo que fue liberado. Naturalmente Chiang Kai-chek no cumplió el acuerdo, como era de suponer. Entre combatir a los comunistas y combatir a los imperialistas, Chiang lo tenía tan claro que también se lo aclaró a las masas.

A diferencia de los neutrales, los chinos conocen muy bien sus derechos, sus intereses y sus necesidades, y no podían admitir la ocupación japonesa, ni asesinatos en masa, como el de Nankín, donde un año después del acuerdo de Xian, los japoneses asesinaron a 300.000 civiles chinos, una de las mayores matanzas que la historia ha conocido.

A los chinos les quedó muy claro para siempre que si querían luchar por sus derechos, incluidos sus derechos nacionales, no podían acudir a los nacionalistas sino a los comunistas, que la lucha nacional estaba indisolublemente ligada a la lucha contra el imperialismo y que sólo los comunistas eran capaces de enfrentarse a un enemigo así.

Entonces la tarea del Partido Comunista de China era la misma que la de ahora: “Desenmascarar a los seudorrevolucionarios y conquistar la hegemonía”, escribió Mao (3). Por consiguiente, lo que se debe discutir no es si Rusia y Siria tienen derechos, ni si son legítimos, algo que a mí me parece obvio, sino la mejor manera de que los comunistas asuman la dirección de la lucha por la defensa de los mismos.

Pero si alguien cree que ahí sólo hay un asunto nacional, propio de Rusia o de Siria, se equivoca. De Putin dicen que es un “nacionalista”, algo que no dijeron de Yeltsin. Pero no se trata sólo de un problema nacional. En el siglo XX las revoluciones respectivas en Rusia (1917) y China (1949) pusieron a ambos países en el centro del mundo y la liquidación del socialismo en ellos no ha cambiado esa situación porque tampoco se trata sólo de un problema de clase.

Tanto Rusia, como China, son países que han pasado del socialismo al nacionalismo y volverán otra vez al punto de partida más rápidamente que ningún otro porque las espadas siguen el alto: en ellos aún no se ha resuelto ni un problema (modo de producción) ni otro (problema nacional). Por el contrario, se han agudizado, como corresponde a la etapa imperialista en la que vivimos, de la que no deberíamos olvidar nunca que -entre otras cosas- supone una “intensificación del yugo nacional”.

(1) Lenin, El imperialismo fase superior del capitalismo, pgs.142 y 156.
(2) Mao, Sobre la táctica de lucha contra el imperialismo japonés, Obras Escogidas, tomo I, pg.171
(3) Mao, ibid, pg.170.