Categorías
Noticias

Huawei: los viejos capitalistas han perdido la partida tecnológica frente a los nuevos

El imperialismo ha desencadenado una furiosa campaña contra la multinacional china de telecomunicaciones Huawei. La hija del fundador de la empresa, Meng Wanzhou, fue detenida en Canadá por dos razones: violar las sanciones contra Irán y participar en actividades clandestinas de espionaje.

Además, un dirigente de la empresa también fue acusado de espionaje en Polonia (1) y el director financiero de la empresa fue detenido en Canadá a petición de Washington.

No hace falta ser un genio para deducir que tanto Canadá como Polonia actúan de marionetas cuyo hilos mueve Estados Unidos y que la diana no es la empresa sino China. Por eso los titulares de la propaganda dicen que la empresa -o su fundador- son cercanos al gobierno de Pekín. De ahí también las acusaciones de espionaje, que no sólo van contra los dirigentes de la empresa sino contra las propias mercancías que vende.

Huawei estaba a punto de comerse el mercado estadounidense de un bocado. Primero lo intentó con una alianza monopolista con ATT y luego en solitario, en medio de toda clase de zancadillas por los partidarios del “libre mercado”.

¿Hay pruebas de que Huawei espía? Naturalmente que tienen pruebas; lo que ocurre es que no nos las pueden mostrar porque son secretas. Pero haberlas haylas.

Lo que nos quieren hacer creer es que, a diferencia de otras marcas comerciales, como Samsung, por ejemplo, los móviles de Huawei espían a los usuarios. Dicho de otra forma: las grandes empresas de telecomunicaciones no son capaces de competir abiertamente con las chinas y tienen que recurrir a la guerra sucia, a los trucos y artimañas que fabrican en Washington y reproducen sus altavoces a lo largo y ancho de todo el mundo, desde la CNN hasta InfoLibre, que convierte las sospechas en certezas: “Huawei nos espía”, asegura (2).

Al imperialismo y sus medios de comunicación les preocupa nuestra intimidad, que no vigilen nuestros movimientos en internet, nuestras cuentas corrientes o nuestros “selfies”. Por eso lo más importante es seguir este buen consejo: “El FBI, la CIA y la NSA recomiendan no utilizar teléfonos Huawei por miedo al espionaje chino”, decía El Mundo el año pasado (3).

Cuando vayamos a comprar un móvil nunca debemos elegir Huawei. Cualquier otra marca preserva nuestra intimidad personal.

Nosotros siempre hacemos caso a las recomendaciones del FBI, la CIA y la NSA porque -puestos a elegir- preferimos a los de casa. Nos gusta que nos espíen los nuestros, los autóctonos, empezando por la policía municipal.

El viejo capitalismo occidental no puede alardear de nada; ha perdido la batalla. La alta tecnología ya es china. Huawei ya vende más teléfonos que Apple y, lo que es más importante, la empresa está avanzando en el desarrollo de la próxima generación de la red 5G, internet de las cosas, coches eléctricos sin conductor, pagos en el supermercado, descarga acelerada de películas guarras y todas las demás cosas que nos entusiasman a los consumidores compulsivos.

El capitalismo es así: tenemos unos teléfonos tan inteligentes que sirven para todo, excepto para hablar por teléfono.

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46853250
(2) https://www.infolibre.es/noticias/opinion/blogs/foro_milicia_democracia/2019/02/01/el_espionaje_huawei_91378_1861.html
(3) https://www.elmundo.es/tecnologia/2018/02/15/5a84880aca4741d6378b45af.html

Categorías
Noticias

En China los marxistas se toman muy en serio la unidad de la teoría y la práctica

La esquizofrenia política de China es aún más acusada que la de Rusia, porque se denomina a sí mismo como un país “socialista” y el Partido Comunista sigue en pie a pesar de los achaques propios, que no son los de su edad precisamente.

A ello hay que añadir la esquizofrenia de quienes dicen que este tipo de países han regresado al capitalismo como si dar la vuelta a la historia fuera lo mismo que dar la vuelta a un calcetín. O no saben lo que es la historia o no saben lo que es un calcetín.

Una larga experiencia muestra que la construcción del socialismo es un fenómeno extraordinariamente complejo, mientras que -por el contrario- su destrucción sería “coser y cantar”, según algunos “expertos”.

Algo está fallando aquí y es lo siguiente: el imperialismo es una época de la historia caracterizada por la transición del capitalismo al socialismo, de tal manera que cuando se da el fenómeno contrario -como se ha dado- hay que hilar muy fino porque entonces aparecen muchas paradojas.

Esas paradojas no sólo conciernen a la arena internacional, donde son muy llamativas, sino también en las cuestiones internas.

Por ejemplo, en China a los estudiantes les enseñan marxismo en las escuelas y universidades. Recientemente el Partido Comunista de China ha estrenado una serie de animación de siete capítulos sobre la biografía de Carlos Marx que se difunde a través de Bilibili, el canal más visitado del mundo en películas de animación.

El problema en China es que los estudiantes no sólo aprenden sino que ponen en práctica el marxismo y cuando salen de las aulas se van a las fábricas y a los tajos a conocer las condiciones laborales y vitales de los obreros, van a sus manifestaciones, asisten a sus reuniones, a sus protestas y a sus luchas.

El verano pasado muchos estudiantes viajaron hasta Guangdong para apoyar a los trabajadores de la empresa Jasic Technology, que fabrica de maquinaria de soldadura y tiene su sede en Shenzhen. Los trabajadores intentaban organizarse y unos y otros han encendido las alarmas dentro del Partido Comunista; una cosa es leer “El Capital” y otra tomárselo en serio.

Los estudiantes van a la cafetería de la fábrica, ayudan a los trabajadores a recoger las bandejas sucias y a limpiar las mesas, proyectan películas para los obreros, arreglan sus móviles, charlan, bailan, imparten cursos, pasan el tiempo con ellos en la cafetería o hacen “taichí” conjuntamente en las plazas públicas.

Los estudiantes se califican a sí mismos como “marxistas” y lo que ven en China es lo mismo que Marx vio en Inglaterra hace 150 años, o muy parecido, o lo que vieron sus abuelos en la vieja China, aquella contra se declararon en guerra.

Se han agrupado en torno a la Asociación para el Desarrollo Popular “Nueva Luz” y a través de una perseverante propaganda están consiguiendo que todos pongan el foco de atención sobre las condiciones laborales de la clase obrera, los despidos, los desahucios de las viviendas o la deficiente atención sanitaria.

En China los marxistas son fuertes en determinados aparatos del Partido Comunista, como la propaganda, y del Estado, y su influencia crece, por lo que se les empiezan a cortar las alas, de tal manera que la teoría no tenga nada que ver con la práctica exponer el marxismo de la misma manera que se expone a Wittgenstein en las aulas.

“Como marxistas, lo más importante es tener un vínculo emocional con los trabajadores, y considerar su sufrimiento como nuestro”, dice un estudiante de la Universidad de Nanjing dando en el clavo de lo que está ocurriendo en China ahora mismo.

En internet las publicaciones de estos estudiantes defienden al Partido Comunista de China al mismo tiempo que lo dejan en evidencia, lo mismo que al Estado, a los gobiernos regionales y a los ayuntamientos.

Cuando se la mira de frente, en una sociedad así todo son paradojas. A los universitarios que viajaron a Shenzhen el verano pasado les obligaron a marcharse y algunos fueron puestos en arresto domiciliario durante varias semanas, e incluso detenidos. La universidad les ha advertido de que no deben participar en las manifestaciones de los trabajadores. La propaganda de los marxistas también empieza a ser censurada por el rectorado de la propia universidad.

Es el duro camino del aprendizaje. “La letra con sangre entra”, decía un viejo refrán reaccionario. Los estudiantes están tan perplejos como el propio país. “Creo que lo que estamos haciendo debe ser apoyado por el gobierno”, dice una estudiante. “Crecimos en un país socialista. La Universidad Popular nos ha enseñado a apoyar a los trabajadores”, añade.

Como dirían los buenos marxistas, China es un país de contradicciones más que de contrastes. En 2015 la Asociación “Nueva Luz” fue muy elogiada por el Diario del Pueblo, el más oficial entre los medios oficiales chinos, por su tarea de apoyo a los trabajadores migrantes. Pero han dado un paso más: tratan de acercarse a esos mismos trabajadores, se reúnen con ellos, los atienden gratuitamente en clínicas, bailan en las plazas conjuntamente…

Ha sido como cruzar otra línea roja. Tanta cercanía con la clase obrera no gusta nada.

Categorías
Economía

Estados Unidos orquesta montajes contra empresas y empresarios chinos uno detrás de otro

La detención de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, en Canadá forma parte de los planes de Estados Unidos para atacar a China, a las empresas chinas y a los empresarios chinos.Meng es hija del fundador de Huawei, Ren Zhengfei y fue detenida con el pretexto de violar las sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos contra Irán.

El subdirector del Instituto de Estudios Americanos de la Academia China de Ciencias Sociales, Ni Feng, sostiene que la detención de Meng forma parte de la campaña de Estados Unidos contra las empresas chinas de alta tecnología.

“Estados Unidos está utilizando su ‘jurisdicción de largo alcance’ para tomar medidas directas contra las empresas chinas”, dijo Ni.

En abril Estados Unidos prohibió a las empresas estadounidenses vender componentes a ZTE durante siete años, alegando que la empresa china había violado un acuerdo con el gobierno de Estados Unidos al vender ilegalmente productos en Irán.

En agosto Liu, fundador y director ejecutivo del gigante chino del comercio electrónico JD.com, fue detenido en Minneapolis por violación, aunque luego fue puesto en libertad y devuelto rápidamente a China.

El caso Liu recuerda a la campaña contra Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, por presunta violación de una camarera de hotel en 2011. Su detención fue ordenada por el gobierno de los Estados Unidos, después de que Kahn descubriera que el depósito de lingotes de oro de Estados Unidos en Fort Knox había desaparecido.

En las redes sociales chinas se ha desatado un clamor contra Estados Unidos y por la liberación de Meng. “Los trucos estadounidenses pueden crear problemas a China, pero no detendrán el ritmo de desarrollo de la tecnología 5G en China”, escribe un usuario de Weibo.

Algunos usuarios se preguntaban si Canadá es un país soberano o simplemente un mercenario de Estados Unidos. “¿Tanto teme Estados Unidos a una China en crecimiento? Lo admiraba como una gran nación. Pero se ha convertido en un gángster”, escribe otro en la misma red social.

Los usuarios de Twitter y Facebook también preguntaron si el gobierno de Estados Unidos podía arrestar a un extranjero por cargos infundados.

“Imagínate que eres tan arrogante que piensas que puedes detener a ciudadanos de otro país por ‘quebrantar’ las sanciones que has impuesto a un tercer país”, escribe otro usuario en Facebook.

Categorías
Noticias

Xinjiang: la puerta abierta a la desestabilización de China

Laurent Schiaparelli

Siguiendo otro guión sacado de los cajones del Pentágono, China desempeña el papel de nuevo “enemigo del día” de Estados Unidos desde hace unas semanas, que acaba de darse cuenta de que su campaña anti-rusa de los últimos dos años, lejos de desestabilizar a Trump, sólo había acercado a Rusia a China. Si en 1972, en plena Guerra Fría, Nixon se acercó a Zhou Enlai para aislar a Rusia, ahora es la misma política que el Estado profundo estadounidense está siguiendo, esta vez al revés, tratando de relajarse con Rusia para aislar a China.

Como Putin y Lavrov resultaron ser estrategas demasiado finos y diplomáticos excepcionales para ser empujados al error, el Estado profundo norteamericano está afinando su maquinaria propagandística contra China, que de nuevo es objeto de críticas occidentales, esta vez sobre su política policial en la provincia de Xinjiang.

Como cada vez que el imperio anglo-sionista intenta desestabilizar un país, se activa el mismo “kit de demonización”:

– el vocabulario estrafalario: “palestinianización” de Xinjiang
– referencias “shoáticas” a un “genocidio cultural”
– “es caro destruir a un pueblo sin matarlo, pero Pekín está dispuesto a pagar el precio”, olvidando señalar que Estados Unidos tiene como aliados en Oriente Medio al menos a dos Estados que han demostrado no gastar ni escatimar en sus esfuerzos militares para destruir pueblos y culturas sin aniquilarlos por completo
– los habituales gemidos de las ONG en nombre de los agitadores

En primer lugar, escuchemos las acusaciones del “fiscal”, de la ONU, y los “hechos” que han provocado la indignación de los medios de comunicación occidentales: supuestamente un millón de personas “están encarceladas” en Xinjiang (uno de cada diez uigures). El comité de la ONU, que tomó esta cifra de la nada, no proporciona ninguna prueba ni fuente, simplemente cita “fuentes fiables”.

China se enfrenta a una amenaza real para su población y su territorio. Esta amenaza se ha hecho pública, con el apoyo de vídeos, por miembros del Califato Islámico y ETIM (Movimiento Islámico del Turquestán Oriental). El Gobierno chino no es ingenuo sobre el origen y el apoyo de estos grupos terroristas, ni sobre la duplicidad de Turquía en este caso; a saber, la presencia de 200.000 turcomanos residentes en el norte de Siria, que reciben protección y formación de Turquía, que podrían ser enviados de vuelta a la frontera entre Turkmenistán y China como una fuerza desestabilizadora para el Turquestán chino, si la relación chino-turca se deteriora, como sucede a menudo cuando se habla de la minoría uigur en China.

China ha estado siguiendo la presencia de yihadistas sunitas uigures del Partido Islámico del Turquestán (TIP, el otro nombre de ETIM, es uno de los grupos fundadores de la nebulosa Al-Nosra que “hace un buen trabajo”, considerada como organización terrorista por la UE y Estados Unidos) que ahora están agrupados principalmente en Idlib.

China, al igual que Rusia, quiere abordar el problema en su origen, y no permitirá que estos yihadistas bien entrenados regresen a China, o incluso a Asia Central, donde se unirían a sus colegas en Afganistán, Kazajstán y Turkmenistán, países fronterizos con China.

China está reeducando a algunos de sus ciudadanos uigures que están tentados a radicalizarse en su tierra, pero no les permitirá regresar a sus hogares, ni tratará inútilmente de des-radicalizar a los que se han ido a Siria para una orgía de violencia con pretextos religiosos. La serie “Les Bisounours” (*) nunca ha sido emitida en China, por lo que no existe en este país ningún proyecto de “centros de des-radicalización” a la francesa.

La participación de China en la resolución del conflicto sirio es un hecho: ha adoptado la forma de apoyo financiero y material, y parece que el aspecto humano, si no se despliega ya discretamente, pronto se desplegará, aunque sólo sea en forma de asesores y personal de inteligencia.

A diferencia de los países occidentales, China no duda en abordar su problema de forma preventiva: reeducación en Xinjiang de los radicalizados, aumento de la vigilancia física en las ciudades de Xinjiang, control de las redes sociales, pedir a los uigures que juren fidelidad al Partido, enseñanza obligatoria del mandarín en la provincia de Xinjiang, etc.

ONG extranjeras como Reporteros sin Fronteras y Human Rights Watch, sin posibilidad de investigar seriamente sobre el terreno, intentan pintar un cuadro de “holocausto” con la situación de los uigures en Xinjiang e instruir al “régimen totalitario” chino sobre la condición de los periodistas, sin conseguir desviar al gobierno de su objetivo: sellar su territorio de cualquier intento externo de incitar al separatismo uigur, y garantizar la seguridad de su población, para asegurar la sostenibilidad de su proyecto de desarrollo económico para toda la región a lo largo de las Nuevas Rutas de la Seda.

A diferencia de publicaciones como Foreign Policy (fundada en 1970 por Samuel Huntington, Clash of Civilizations, y Warren Demian Manshel, miembro del Consejo de Relaciones Exteriores junto a personalidades como el Dalai Lama, Francis Fukuyama Fin de la Historia, Madeleine Albright, Colin Powell, Condolezza Rice, Paul Wolfowitz, Henry Kissinger, Joe Biden, Bush padre, Brzezinski, la pareja Clinton, John McCain, George Soros, toda la familia Rockefeller, etc., digamos que con motivos ocultos), esta política china no es anti-musulmana. Sólo afecta a la provincia de Xinjiang, donde la amenaza terrorista existe y amenaza con extenderse al resto del país, como ha ocurrido varias veces en los últimos años, con terroristas uigures atacando lejos de su base, en Pekín, Chengdu, Jinan y Guangzhou, por ejemplo.

Esta campaña de paz en Xinjiang no está dirigida contra los musulmanes en China, como escriben, con la malevolencia que les caracteriza, los medios de comunicación occidentales, sino contra ciertos elementos de la provincia de Xinjiang que el gobierno chino tiene motivos para sospechar, según la información que obra en su poder. Los demás grupos étnicos musulmanes de China, que superan con creces a los uigures, no se quejan de discriminación alguna.

La campaña contra el radicalismo religioso llamada “Campaña de huelga contra el extremismo violento” comenzó en Xinjiang en 2014. El responsable de esta campaña en Xinjiang es Chen Quanguo, antiguo dirigente del Partido de la Provincia del Tíbet, donde dirigió con éxito la misma campaña para desactivar los intentos separatistas contra un telón de fondo de prácticas religiosas, budistas, pero orquestadas y apoyadas por las mismas personas en Washington. Observamos de paso la asombrosa presencia del Dalai Lama en el Consejo de Relaciones Exteriores, antes mencionado, un verdadero nido de “neoconservadores”, en el origen de todas las desestabilizaciones geopolíticas de los últimos 40 años.

Lo que los chinos, todos los grupos étnicos y las provincias combinadas, están sufriendo con diferentes grados de resignación es una campaña nacional de pacificación y seguridad, una mayor vigilancia del territorio y de la población, incluido el uso de las redes sociales y el acceso a los medios de comunicación extranjeros.

Dado el delicado contexto geopolítico en el que se encuentra China, en el centro del objetivo perseguido por Estados Unidos en todos sus intentos de desestabilización indirecta (Corea del Sur, Taiwán, Japón, Hong Kong), ¿podemos culpar al gobierno chino por garantizar que la ofensiva no provenga en primer lugar de agentes manipulados o simpatizantes de los extranjeros en la provincia de Xinjiang, en forma de otra “revolución de colores” más?

Sólo en Occidente, en el siglo XXI, nos indigna que un gobierno se tome en serio la protección de su población, el mantenimiento de la paz social entre las comunidades religiosas, el respeto de su integridad territorial y la neutralización de la influencia de agentes extranjeros.

(*) La serie de dibujos animados “Les Bisounours” (Los osos amorosos) ha llevado al idioma francés moderno una expresión equivalente al ingenuo. Literalmente, “un osito de peluche”.

Categorías
Noticias

¿Por qué invierte China en los países más pobres del mundo?

Entre 2000 y 2014 China emprendió más de 4.400 proyectos de desarrollo en 138 países, lo que le convierte en una de las principales fuentes de financiación de la infraestructura económica en varios continentes, pero especialmente en algunos de los países más pobres.

Los nuevos proyectos de la Ruta de la Seda indican claramente que el objetivo crucial de China es contrarrestar la hegemonía mundial de Estados Unidos.

Pekín invierte en países del primer mundo, con prioridad en la adquisición de tecnologías a través de la compra de acciones en las empresas en cuestión, así como en adquisiciones para aumentar los vínculos comerciales en general.

El país adopta diferentes estrategias cuando invierte en países en desarrollo o desarrollados, pero el principal objetivo de las inversiones chinas son países muy poblados que pronto se convertirán en consumidores de productos chinos. Las inversiones abren nuevos mercados al consumo.

China también compra instalaciones existentes o las construye nuevas para generar crecimiento en las economías de los países más pobres para transformarlos en socios comerciales.

En el futuro esos socios pueden desempeñar un papel cada vez más importante como mercado para los productos chinos y punto de apoyo de la introducción del yuan en el sistema financiero internacional.

La nueva Ruta de la Seda trata de crear un espacio financiero único en un territorio que abarca toda Eurasia, así como parte de África y Oceanía.

La influencia económica de China en varias regiones en desarrollo ya está al mismo nivel que la de los países occidentales, o incluso por delante, como en el caso de África.

Categorías
Economía

La Nueva Ruta de la Seda cumple 5 años en medio de buenas expectativas, sospechas y desconfianza

Han transcurrido cinco años desde octubre de 2013, cuando China dio a conocer su vasto proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, que prometía muchos beneficios a sus numerosos participantes en términos de lazos comerciales y económicos mutuos, centros financieros, infraestructuras (construcción de puertos, autopistas y trenes de alta velocidad, gasoductos), centros turísticos, etc. Ahora parece posible resumir al menos los resultados intermedios: ¿qué se ha logrado con éxito y qué obstáculos han surgido durante su aplicación?  Por último, ¿cuál ha sido la reacción de los participantes ante los costes que, naturalmente, son el fardo de unos proyectos tan grandes, sin precedentes, y que, naturalmente, generan (por no decir otra cosa) insatisfacción por parte de algunos?No nos detendremos en los éxitos; en Pekín son aclamados alto y claro por parte de los organismos oficiales, los medios de comunicación, los expertos y otros.

Como resultado, se han acumulado una serie de críticas y peticiones para reevaluar el estado de algunos proyectos a lo largo de las rutas terrestres y marítimas de esta Ruta de la Seda. Quedó claro que, además de los aspectos positivos, durante la ejecución del proyecto en varios países surgieron toneladas de riesgos y consecuencias negativas. Esto incluye un análisis insuficiente de la rentabilidad futura de las inversiones, así como la incertidumbre y la falta de transparencia de muchos aspectos políticos, económicos y reglamentarios de los proyectos. Los créditos chinos baratos a menudo se convierten en pozos de deuda, por ejemplo para Sri Lanka, Pakistán, Maldivas, etc. Por un lado, los créditos causan millones de dólares en pérdidas de los ahorros debido a tasas de interés depredadoras. Por otro lado, existe el riesgo de que Pekín se niegue a reevaluarlas, como se ha hecho anteriormente, especialmente en África, a pesar de que China tiene 3 billones de dólares en reservas financieras. La generosidad no es infinita. Los chinos saben contar, tanto en yuan como en dólares.

La gran cantidad de equipos y materiales utilizados (acero, hormigón y madera, necesarios para el suministro de los proyectos) ofrece muchas oportunidades de expolio y otros abusos. El débil entorno regulatorio y legal en algunos de los países que participan en este proyecto crea un terreno fértil para la corrupción entre las empresas chinas, que pagan sobornos como medio para apoyar sus actividades. Sabemos que durante mucho tiempo, y no siempre con éxito, la propia China ha estado luchando contra este flagelo.

Se ha criticado el incumplimiento de las normas de seguridad en la construcción de una obra, la utilización de materiales y equipos reciclados o de baja calidad y la construcción de proyectos peligrosos para el medio ambiente (presas o centrales hidroeléctricas, centrales térmicas de carbón, etc.). Las autoridades de Laos, Camboya y varios otros países han informado de daños en el medio ambiente y del inicio de la sequía debido a los proyectos hidroeléctricos chinos a lo largo del río Mekong. Indonesia expresó su preocupación por el exceso de gastos de una central eléctrica de carbón y por las deficiencias de un proyecto ferroviario de alta velocidad. Las autoridades de Myanmar han expresado su preocupación por la deforestación total de algunas zonas y están tratando de cambiar las condiciones del proyecto portuario de 10.000 millones de dólares.

En noviembre del año pasado, Nepal suspendió los proyectos financiados por China para construir dos presas para una central hidroeléctrica. En agosto de 2018 el primer ministro malasio Mahathir bin Mohamad, reelegido, anunció que rechazaba la construcción de enlaces ferroviarios y dos oleoductos en el país, financiados con 22.000 millones de dólares por China, a menos que se reevaluaran los términos del acuerdo. Pakistán debe a China más de 16.000 millones de dólares y ha intentado iniciar negociaciones para modificar una serie de condiciones para la aplicación del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC). Sri Lanka ha transferido casi todo el control del puerto de Hambantota a empresas chinas debido a la enorme deuda que había contraído con Pekín en el marco de otros proyectos, incluida la Ruta 21 del Mar de la Seda (SSM-21).

No es de extrañar que se esté desarrollando un movimiento de protesta como resultado de estas circunstancias negativas. Por ejemplo, en Pakistán, los ataques en Baluchistán contra los obreros chinos de la construcción se han hecho más frecuentes, al igual que las manifestaciones de los estibadores en Sri Lanka, el puerto de Hambantota, etc.

Por supuesto, estos gastos y los justificados temores de un aspecto militar y estratégico contenido en este proyecto, así como otros factores, llevaron a India, el único país importante, a boicotearlo abiertamente, ya que Delhi había intentado repetidamente encontrar explicaciones razonables para la prolongada negativa de Pekín a responder a las peticiones de consultas para aclarar ciertas cuestiones.

Pero la India no está sola en su aversión a la falta de transparencia y al engaño de los métodos chinos y al lado visible de los objetivos militares y estratégicos subyacentes al proyecto, en particular en el Océano Índico y en la zona del Mar de China.

A finales de octubre de 2017, Japón propuso a India, Estados Unidos y Australia construir conjuntamente puertos y una red de carreteras de alta velocidad en Asia y África. Este proyecto podría convertirse no sólo en una alternativa al proyecto chino, sino también en un fuerte refuerzo de los planes promovidos por India y Japón para la creación de un Corredor de Crecimiento Asia-África 2016.

El Ministerio de Relaciones Exteriores del Japón ha proporcionado información sobre su plan a los Ministros de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña y Francia con la esperanza de atraer también a sus países a su aplicación. Esta prometedora oferta es similar a la idea que expresó el Secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, a principios de octubre de 2017 durante su visita a Delhi. Como alternativa a las iniciativas chinas, se debatió la posibilidad de construir conjuntamente carreteras y puertos en el sur de Asia hasta la región de Asia y el Pacífico (APR).

Mientras tanto, en interés de la Ruta de la Seda, China sigue fortaleciendo a los pequeños países vecinos. Los primeros préstamos BRI (Basic Rate Interface) se lanzaron en enero de 2018, financiados por Pekín, y proporcionan dos canales digitales a los usuarios nepalíes. Se propuso un proyecto similar a India, al igual que otros proyectos anteriores, pero fue rechazado de nuevo. En abril de 2018 los chinos reflejaron las alternativas mencionadas proponiendo a Nepal la creación de un corredor como parte de la Ruta de la Seda que conectaría a ese país sin litoral con China e India, si este último país estuviera de acuerdo. Este proyecto sería extremadamente beneficioso para Katmandú, que hasta 2015 estaba más en el área de influencia de India, pero que intentaba mantener un equilibrio entre los dos gigantes. En los últimos dos años, China ha superado con creces a la India, con la intención de construir un enlace ferroviario entre Katmandú y Lhasa, en la Región Autónoma del Tíbet, mediante la perforación del Everest. Así, el péndulo de los intereses de Nepal se ha desplazado significativamente hacia China.

Con respecto a este corredor, Pekín cree que a Delhi le interesaría volver a considerar este proyecto. La participación de India podría, de una forma u otra, apoyar sus intereses en Nepal. El corredor no atravesará territorios que atenten contra la soberanía de India, como es el caso del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC). Esto significa que no hay politización y sería más aceptable.

Las autoridades chinas no se han limitado a estos escasos signos de atención al “cortejo” de India para este propósito específico: atraerla como participante en la Ruta de la Seda. A este respecto, Pekín es consciente de los planes de India de construir más de 100 aeropuertos modernos en los próximos 10 a 15 años, habiendo asignado casi 60.000 millones de dólares para duplicar su número actual (120) y crear varios millones de puestos de trabajo. Los principales expertos y analistas de las principales universidades de China, al evaluar los planes de India, exageraron abiertamente las dificultades de India para encontrar los fondos adicionales necesarios para un proyecto tan formidable, principalmente a través de fuentes externas. Su veredicto llamó la atención de las estructuras de poder en Pekín. Luego emitieron un mensaje inequívoco a India: China puede convertirse en una fuente de financiación para resolver los problemas del creciente flujo de tráfico aéreo en India: hasta 520 millones de pasajeros en la década de 2030, o el tercer lugar en el mundo (como parte de la Ruta de la Seda, China ya ha construido aeropuertos modernos en Togo y Pokhara en Nepal).

El mensaje de China a India parece simple, pero directo: ¡si te unes a la Ruta de la Seda tendrás 100 aeropuertos!

Pero mientras las capitales de los países que han desarrollado iniciativas para nuevos proyectos de infraestructura alternativa, como contrapeso a la Ruta de la Seda, evalúan los riesgos y beneficios y debaten perezosamente con más retórica que detalles reales, la caravana china, cargada de “paquetes de éxitos, gastos y problemas”, continúa su avance en la Ruta de la Seda.

Nina Lebedeva https://journal-neo.org/2018/11/07/one-belt-one-road-obor-five-years-later-some-results-and-new-alternatives/

Categorías
Noticias

¿Mantendrá Bolsonaro a Brasil dentro del grupo de países Brics?

Con la elección de Bolsonaro en Brasil hay que ver lo que ocurre con los Brics, la alianza de Brasil con Rusia, India, China y Sudáfrica.

Si Bolsonaro fuera como Trump trataría de dejar a China fuera de juego. Al menos así lo había prometido, pero ya conocen la diferencia entre una campaña electoral y lo que se aprueba en los consejos de ministros.

La economía está por encima de todo, como no podía ser de otra manera. Por eso las últimas declaraciones de Bolsonaro, que datan de ayer, van en dirección contraria: para él la cooperación con China es ahora “prioritaria”. Faltaba más.

El Brics es cosa de China, cuyo PIB constituye el 45 por ciento del PIB total del grupo. En 2014 la cumbre de Fortaleza, en Brasil, creó sus propias instituciones financieras: el banco y fondo de reserva de Shangai como alternativa al FMI.

En las reuniones del grupo, China rechaza las solicitudes de los países miembros relativas a la cotización del yuan, lo mismo que las solicitudes de ingreso de países candidatos como México, Argentina, Indonesia y Corea del sur.

La llegada de Bolsonaro coincide con un plan chino para poner a África en donde nunca ha estado: en el primer plano de los intereses del grupo Brics. En Benin, por ejemplo, esperaban impacientes la llegada de los Brics porque tenían importantes proyectos aprobados en el sector aéreo, sanitario y transportes.

Pero en África no sólo es la financiación. En pocos lugares del mundo hay menos cabida para el fascismo y el racismo que en el Continente Negro, donde la elección del capitán brasileño no ha gustado nada.

Ayer el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, advirtió de que si Bolsonaro se aleja de los Brics y de su defensa irrevocable del multilateralismo, irá en detrimento de los intereses de Brasil.

Categorías
Noticias

¿Abandonará China la causa del pueblo palestino por un puñado de dólares?

La visita el lunes del vicepresidente chino Wang Qishan a Israel encabezando el cuarto Comité de Innovación entre ambos países, ha causado mala sensación entre los palestinos y los árabes en general.

Es el más alto dirigente chino que ha visitado Israel en casi 20 años. En abril de 2000 el anterior presidente chino Jiang Zemin fue el primero en visitar Israel.

El vínculo entre Pekín y Tel Aviv es ahora mucho más extenso que hace 20 años, como muestran las cifras de negocios. Poco después del intercambio de misiones diplomáticas entre los dos países en 1992, el comercio comenzó a aumentar. La campaña BDS de boicot a Israel no va con China. La inversión china en Israel ha aumentado exponencialmente, de 50 millones de dólares a principios de los noventa a 16.500 millones de dólares en 2016.

Durante esta visita, a Qishan se unió Jack Ma, fundador de Alibaba, la primera empresa de comercio electrónico de China. Jack Ma también estuvo en Israel en mayo para preparar el terreno para la cumbre actual, que debería conducir a nuevas inversiones masivas. Una gran parte de las inversiones estarán orientadas a la tecnología, lo que hará que la naturaleza de la relación chino-israelí sea diferente de la que existe entre Pekín y los países árabes durante décadas.

El comercio total de China con los países árabes, estimado en 171.000 millones de dólares, también es significativo. Sin embargo, su naturaleza es diferente en comparación con el comercio entre China e Israel. China es uno de los principales clientes de la industria informática israelí, mientras que su comercio con los países árabes se centra principalmente en la venta de bienes de consumo baratos y, más recientemente, en la venta de equipo militar.

Israel aspira a entrar en la Ruta de la Seda, que puede convertir al puerto de Haifa en una de las terminales más importantes en el Mediterráneo, un proyecto que, sin embargo, ha sacado a la luz los importantes enfrentamientos internos entre la cúpula sionista del Tel Aviv, que no acaba de verlo claro, así como la oposición de Estados Unidos.

Washington tampoco acepta que Tel Aviv comercie con tecnología militar estadounidense con China y ha obligado a cancelar la venta del sistema de alerta temprana aerotransportado Phalcon.

Los palestinos tampoco lo ven con buenos ojos pero, naturalmente, por razones bien distintas. Durante años China ha mantenido constantemente su posición a favor del pueblo palestino, pidiendo el fin de la ocupación israelí y la creación de un Estado palestino independiente. Sin embargo, eso no le ha impedido intensificar sus relaciones con Israel.

Los chinos son pro-palestinos pero quieren ser pro-israelíes. Critican la ocupación a la vez que ayudan a mantenerla. Llaman a Israel a respetar el derecho internacional, al tiempo que alientan al sionismo contra Palestina.

Categorías
Noticias

En China no hay ningún campo de concentración para recluir a los musulmanes

La agencia Reuters, el New York Times, el Washington Post, la BBC y todas cadenas de intoxicación del mundo han afirmado falsamente que la ONU había condenado a China por retener a un millón de musulmanes (uigures) en campos de concentración. Vemos algunas perlas de los mequetrefes hispanoparlantes:

“China y la discriminación de la minoría musulmana uigur” (El Diario.es)

“Los gulags para musulmanes en los que China ha internado a millones de personas” (El Confidencial)

Alguien más torpe aún añadía que el propio gobierno de Pekín había admitido la existencia de estos campos, cuando era todo lo contrario. Otro ponía a China como ejemplo de lo que había que hacer con los emigrantes, como si también en China los musulmanes fueran emigrantes, es decir, como si no hubiera chinos musulmanes, lo que demuestra hasta dónde puede llegar la mala baba.

El bulo exhibe el cinismo de que hacemos gala en occidente: nos repugnan profundamente los musulmanes y queremos lo peor para todos ellos, pero si sus desgracias proceden de un país como China (u otro parecido) podemos hacer una excepción y utilizarla como moneda de cambio para hacer valer nuestras más podridas intenciones y vestirlas con el ropaje de los derechos humanos.

¿No buscaban noticias falsas? Pues aquí tienen una bien gorda, de la que
-como siempre- es interesante analizar el recorrido de “radio macuto”
donde la desinformación empeora a medida que pasa de mano en mano.

Este tipo de noticias van rodando desde la falsedad hasta caer en la pura imbecilidad. Cuando remontamos a las fuentes, encontramos siempre que todas tienen el mismo origen, que es doble. Por un lado está el motor, el imperialismo estadounidense, y por el otro la coartada, que es uno de esos grupos “opositores” que operan dentro de un pais incómodo, en este caso China. En tiempos de la Guerra Fría, a esos mismos “opositores” se les llamaba “disidentes” y, aunque eran soviéticos, operaban como la quinta columna: los tentáculos internos de una potencia exterior.

Cualquier bufonada que alguien lance contra los países del “eje del mal” (que son siempre los mismos) tiene una acogida entusiasta entre las páginas de los vendidos gacetilleros y sus secuaces en las redes sociales y agregadores de noticias, personajes que siempre hacen gala de sus escasas exigencias intelectuales.

Como suele ocurrir, los desmentidos no los publica nadie. En este caso, un portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos desmintió que el organismo internacional hubiera hecho ese tipo de insinuaciones.

¿Cómo la agencia Reuters fabrica un bulo?

Periódicamente el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial lleva a cabo un examen del cumplimiento por parte de los firmantes de la Convención Internacional (1), es decir, de 179 países, entre ellos China.

En su sitio web oficial, dicho Comité
deja claro que se trata de “un organismo de expertos independientes”,
no de funcionarios ni portavoces que hablan en nombre de la ONU.

A pesar de ello, el 10 de agosto Reuters publica (2) un informe con un titular explosivo: “La ONU dice que tiene informes creíbles de que China tiene a millones de uigures en campos secretos”, que fue reproducido por toda la prensa mundial.

El titular de Reuters atribuía la denuncia a la ONU, a pesar de que el artículo se refería sólo al Comité.

Una vistazo al comunicado oficial de prensa del Comité muestra que la única mención a supuestos campos de concentración, de internamiento o de reeducación en China la hizo Gay McDougall, la única miembro de nacionalidad estadounidense de dicho Comité que, por supuesto, no habla en nombre del Comité (y mucho menos de la ONU).

Después, otro miembro mauritano del mismo Comité, Yemhelhe Mint Mohamed, se hizo eco de esa misma expresión.

McDougall comentó que estaba muy preocupada por ciertos informes que aludían a detenciones masivas de musulmanes uigures en “campos de internamiento”. La Associated Press aclaró que McDougall no se apoyaba en ninguna fuente para proferir sus comentarios o, en otras palabras, que era una bocazas. De ahí que Associated Press titule la noticia de una manera muy diferente a Reuters: “Un panel de la ONU se muestra preocupado por la supuesta detención china de uigures”(3).

Pero a los medios de desinformación de todo el mundo no les interesan ese tipo de titulares, sino el de Reuters, que luego rellenan el bulo con vaciedades, como los informes realizados por una autodenominada Red de Defensores Chinos de los Derechos Humanos.

La noticia no aclaraba que dicha Red tiene su sede en Washington, en las mismas oficinas de Human Rights Watch, ni tampoco que recibe cientos de miles de dólares de un “gobierno extranjero”, y aunque aún no hay pruebas de que sea la Casa Blanca, no les quepa duda: apuesten por ello con los ojos cerrados.

La Red utiliza esos fondos para financiar a grupos de provocadores en el interior de China, donde ha realizado campañas a favor de opositores de ideología
fascista, como Liu Xiaobo.

Lo mismo que el Califato Islámico, Al-Qaeda y los Cascos Blancos, la Red es el típico movimiento “moderado” al servicio de los
intereses del imperialismo.

(1) https://www.ohchr.org/EN/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=23452&LangID=E
(2) https://www.reuters.com/article/us-china-rights-un/u-n-says-it-has-credible-reports-that-china-holds-million-uighurs-in-secret-camps-idUSKBN1KV1SU
(3) https://apnews.com/35ab4fdc95a64a849e8d9a960bab50df

Categorías
Noticias

Nuevos ejércitos de mercenarios chinos protegen las inversiones de la Ruta de la Seda

A partir de 2009 se está desarrollando en China, como los demás países capitalistas, el floreciente negocio de seguridad privada, los subcontratistas militares y lo que siempre se calificó como ejércitos mercenarios.

Las empresas de seguridad se han impulsado por las inversiones ligadas a la Ruta de la Seda. En 2013 había 4.000 empresas de ese tipo que empleaban a más de cuatro millones de mercenarios. El año pasado la cifra aumentó a 5.000, con un número de mercenarios en torno a los cinco millones.

Como en los demás países, la mayor parte de los mercenarios son veteranos del Ejército Popular de Liberación, reclutados por las multinacionales chinas con negocios repartidos por los cinco continentes. Al menos 20 subcontratistas prestan servicios internacionales, empleando a 3.200 mercenarios en países como Irak, Sudán y Pakistán.

Una de esas empresas es COSG (Chinese Overseas Security Group), un consorcio que desde 2016 opera en Pakistán, Turquía, Mozambique, Camboya, Camboya, Malasia y Tailandia, pero con pretensiones de desplegarse en 50 ó 60 países.

Aunque la legislación china y muchos de los países en los que operan prohíbe oficialmente a los mercenarios llevar o usar armas, la realidad es bien distinta porque operan en zonas de guerra, más o menos encubiertas. En 2012 mercenarios chinos armados tuvieron que prestar asistencia al personal de rescate del ejército sudanés en Al-Abbasiya.

Dos años después 1.000 empresarios chinos se vieron obligados a huir de Samarra a Irak, tras los choques del gobierno de Bagdad con el Califato Islámico y en 2016 evacuaron a más de 300 trabajadores del sur de Sudán.

En el CPEC, un corredor económico entre Pakistán y China, han invertido 62.000 millones de dólares. Es una red de carreteras, ferrocarriles y oleoductos de 3.000 kilómetros para que China pueda salir directamente al Mar Arábigo por el puerto de Gwadar. En total unos 30.000 trabajadores chinos están empleados en diversos proyectos en Pakistán.

Los chinos han sido blanco de agresiones en Quetta y Karachi. En diciembre del año pasado el gobierno de Pekín advirtió a los ciudadanos que trabajan en Pakistán de ataques inminentes.

http://www.atimes.com/article/chinas-private-army-prowls-the-new-silk-road/