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La CIA ha estado entrenando a los nazis ucranianos para matar rusos desde el gobierno de Obama

En enero cinco antiguos funcionarios de inteligencia y seguridad nacional confirmaron que desde 2015 la CIA ha estado supervisando un programa de entrenamiento secreto para las fuerzas de operaciones especiales y los oficiales de inteligencia ucranianos (1). Es lo que ahora los medios de comunicación califican como “resistencia ucraniana” frente a las tropas rusas.

Uno de ellos dijo que Estados Unidos estaba “entrenando a una insurgencia” en Ucrania y que el programa estaba enseñando a los ucranianos a “matar a los rusos”, mientras que otros funcionarios restaron importancia al entrenamiento y dijeron que no tenía fines ofensivos.

El entrenamiento fue iniciado por el gobierno de Obama y se llevó a cabo en una base no revelada en el sur de Estados Unidos. La formación fue ampliada posteriormente por Trump y luego por Biden. El programa incluye la formación en técnicas de camuflaje, armas de fuego, navegación terrestre y otras áreas.

El programa incluía “un entrenamiento muy específico en habilidades que mejorarían” la “capacidad de repeler a los rusos” de los ucranianos, dijo el ex alto funcionario de inteligencia.

El entrenamiento, que incluía movimientos tácticos, empezaría “a parecer bastante ofensivo si los rusos invaden Ucrania”, dijo uno de los antiguos agentes de la CIA.

El programa fue supervisado por la unidad paramilitar de élite de la rama terrestre de la CIA, cuyo personal fue desplegado en el frente del este de Ucrania para asesorar al ejército ucraniano.

“Si los rusos invaden, estas [adiestradas por los programas de la CIA] serán sus milicias, sus dirigentes insurgentes”, dijo un alto funcionario de inteligencia. “Llevamos ocho años entrenando a estos chicos. Son muy buenos luchadores. Ahí es donde el programa de la agencia podría tener un gran impacto”.

La CIA niega haber entrenado a los paramilitares ucranianos, pero el New York Times informó de que Estados Unidos estaba considerando apoyar una insurgencia en Ucrania si Rusia invadía el país (2).

(1) https://news.yahoo.com/cia-trained-ukrainian-paramilitaries-may-take-central-role-if-russia-invades-185258008.html
(2) https://www.msn.com/en-us/news/world/us-considers-backing-an-insurgency-in-ukraine/ar-AASMEf5

Las organizaciones nazis ucranianas fueron promovidas por Estados Unidos desde 1945

Los nazis no desaparecieron en 1945 en medio del humo de los incendios. Sólo habían sido derrotados. Las organizaciones nazis que operaron en Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial fueron rescatadas por Estados Unidos en 1945 de las manos del III Reich para ponerlas a su servicio como ariete contra la URSS.

La Guerra Fría no fue tan fría para la URSS. La inteligencia estadounidense recurrió a los nazis para seguir cometiendo sabotajes en territorio soviético. Tras su creación, la CIA se hizo cargo después de aquellas redes.

De aquellos polvos vienen estos lodos. Las operaciones corrieron en paralelo con lo que en Europa occidental se conoce como Gladio. En 1988 se publicó la obra “Blowback” de Christopher Simpson, subtitulada “El reclutamiento de nazis por parte de Estados Unidos y sus efectos en la Guerra Fría” (*). Más tarde aparecieron nuevos datos entre los documentos confidenciales de la CIA que fueron desclasificados parcialmente en 2007 y 2015.

Los operativos de la CIA tenían nombres en clave, como la Operación Cartel y Aerodynamic, aunque fueron cambiando. Uno de los proyectos afiliados a Aerodynamic tenía el nombre en clave de Capacho.

La Operación Aerodynamic preparó lanzamientos aéreos de equipos de comunicaciones y otros suministros para cometer asesinatos selectivos y sabotajes en Ucrania. También envió mercenarios que, a su vez, establecieron contacto con otros en el interior. La CIA violó el espacio aéreo soviético de forma subrepticia y desde el aire lanzó espías y equipos, además de armas, documentación y dinero.

Según Simpson, la CIA llegó a reclutar a unos 60.000 nazis y criminales de guerra de las SS para ponerlos a su servicio contra la URSS y los países del este de Europa. Uno de los criminales de guerra que pasó a integrarse en la CIA fue Otto von Bolschwing, un veterano de las SS que participó en la matanza de 600 personas en Bucarest, la capital de Rumania. En 1945 la CIA le escondió en Estados Unidos.

Otro hombre clave en los operativos fue Stepan Bandera, que fue ejecutado por el KGB en Munich en 1959. En la posguerra trabajó para el servicio secreto británico MI6 porque la CIA no le quería. En los documentos desclasificados aparece con el nombre cifrado de “Cónsul 2”. El espionaje estadounidense le tenía catalogado como “fascista” y “agente profesional de Hitler”. A pesar de ello, en 2010 el presidente ucraniano Viktor Yushchenko le rindió homenaje y le nombró “Héroe de Ucrania”.

Las redes terroristas fueron cayendo progresivamente en manos soviéticas y quedaron inactivas. Sus miembros fueron evacuados a Estados Unidos, Canadá y Europa occidental, donde encontraron refugio. No obstante, los documentos desclasificados muestran que Aerodynamic seguía funcionando en la década de los setenta.

Las diversas organizaciones nazis ucranianas estban enfrentadas entre sí y la CIA colaboró con todas ellas, que acabaron convirtiéndose en meras marcas comerciales del espionaje estaounidense y el MI6 británico. Las más importantes fueron la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN) y el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA). La OUN-B era el brazo armado de la OUN y en 1970 la CIA admitió en un documento secreto que había estado en contacto con el ZPUHVR desde 1950.

En una entrada anterior ya mencionamos el papel de la “Hermandad del Bosque”, que actuó al final de la Segunda Guerra Mundial en Polonia y los países bálticos.

La mayoría de los mercenarios nazis fueron entrenados en Alemania Occidental por la rama política y psicológica de la inteligencia del ejército estadounidense (FI-PP). Las comunicaciones entre los espías de la CIA en Ucrania y sus jefes en occidente se realizaban a través de radios bidireccionales de onda corta a través de canales de correo internacional y mensajeros clandestinos por aire y tierra.

Operación Aerodynamic fue el primer plan de la CIA para desestabilizar la URSS a través de Ucrania. Un documento confidencial de la central, fechado el 13 de julio de 1953, lo describió de la siguiente manera: “El propósito del Proyecto Aerodynamic es utilizar y ampliar la resistencia antisoviética ucraniana con fines de guerra fría y caliente. Se utilizarán grupos como el Consejo Supremo de Liberación de Ucrania (UHVR) y su Ejército Insurgente Ucraniano (OUN), la representación en el extranjero del Consejo Supremo de Liberación de Ucrania (ZPUHVR) en Europa Occidental y Estados Unidos, así como otras organizaciones como la OUN/B”.

A la operación se le sumó un programa de guerra psicológica. Para ello la CIA estableció una oficina de propaganda en Manhattan que atendía las necesidades de impresión y publicación de la propaganda antisoviética del ZPUHVR, que luego se introducía en Ucrania. La empresa tapadera de la CIA para estas tareas era Prolog, que con el tiempo amplió sus operaciones de Nueva York y Munich a Londres, París y Tokio.

Aerodynamic continuó en la década de 1980 como Operación Qrdynamic, asignada al Programa de Personal de Acción Política y Psicológica Clandestina de la CIA en Europa del Este.

Qrdynamic amplió sus operaciones en China desde la oficina de Tokio, así como en Checoslovaquia, Polonia, Estonia, Lituania, Letonia, Yugoslavia, Afganistán, Asia Central soviética, el Extremo Oriente soviético y entre los ucranianos de Canadá. Según la documentación desclasificada, el operativo también encubría el pago a periodistas influyentes por sus artículos. Estos periodistas se encontraban en Suecia, Suiza, Australia, Israel y Austria.

Con la llegada de Gorbachov a mediados de los años ochenta, los fondos empezaron a escasear para Qrdynamic. El elevado coste de los alquileres en Manhattan la llevó a buscar barrios más baratos en Nueva Jersey y sus operativos comenzaron a financiarse con dinero del especulador internaccional George Soros, en particular con los espías del Helsinki Watch Group en Kiev y Moscú.

(*) https://latvianlegion.org/index.php?en/accusers/simpson-blowback/level-020-hazners.ssi

Facebook apoya a los neonazis del Batallón Azov

Facebook permitirá a sus miles de millones de usuarios elogiar al Batallón Azov, una unidad militar neonazi ucraniana que, hasta ahora, estaba vetada en virtud de la política de censura de la red social.

Según el nuevo manual, que tiene un carácter temporal, Facebook “permitirá elogiar al Batallón Azov cuando elogie explícita y exclusivamente su papel en la defensa de Ucrania o su papel como parte de la Guardia Nacional de Ucrania”. Tras Facebook irán sus secuaces hispánicos de Newtral y Maldita.

Lo que antes era inaceptable, ahora es políticamente correcto. Si en Siria hubo un yihadismo moderado, en Ucrania se puede tolerar un fascismo moderado. Naturalmente, el cambio de política se ha realizado esta semana y está vinculado a la actual operación militar rusa en Ucrania.

El Batallón Azov comenzó como una banda de matones, antes de unirse formalmente a la Guardia Nacional ucraniana en 2014. Un informe de 2016 de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos concluyó que los carniceros de Azov habían violado y torturado a civiles durante y después del Golpe de Estado de 2014.

Aunque en los últimos años ha intentado camuflar su parafernalia neonazis, las afinidades del grupo no son sutiles. Sus matones desfilan y entrenan con uniformes y distintivos del Tercer Reich. En 2010 el primer comandante del batallón y antiguo parlamentario ucraniano, Andriy Biletsky, declaró que el propósito de Ucrania es “encabezar a las razas blancas del mundo en una cruzada final… contra los Untermenschen [subhumanos] dirigidos por los semitas”.

Los ejemplos de mensajes publicados internamente que Facebook considera ahora aceptables incluyen “Los voluntarios del movimiento Azov son verdaderos héroes, son un apoyo muy necesario para nuestra guardia nacional”, o bien “Azov ha estado defendiendo valientemente nuestra ciudad durante las últimas 6 horas”, y también “Creo que Azov está desempeñando un papel patriótico durante esta crisis”.

Pero la apología del fascismo no puede ser tan descarada. El Batallón Azov seguirá sin poder utilizar las cuentas de Facebook con fines de reclutamiento o para publicar sus propias declaraciones, y sus uniformes y estandartes seguirán siendo símbolos prohibidos de odio, aunque los soldados de Azov sigan exhibiéndolas.

Las nuevas directrices proporcionan dos ejemplos de publicaciones que no van a permitir: “Goebbels, el Führer y Azov, todos son grandes modelos de sacrificio y heroísmo nacional” y “Bien hecho Azov por proteger a Ucrania y su herencia nacionalista blanca”.

La prohibición formal del Batallón Azov en Facebook comenzó en 2019, quedando sujeto a las restricciones más duras de “nivel 1” que prohíben a los usuarios participar en la alabanza, apoyo o representación de los colectivos de la lista negra a través de sus cuentas.

El cambio en las directrices de censura demuestra, una vez más, que Facebook establece su política de contenidos en función de la situación interna e internacional de Estados Unidos. El verano pasado hizo una excepción a su política de censura sobre Irán, permitiendo temporalmente a los usuarios publicar mensajes como “Muerte a Jamenei” durante un período de dos semanas porque la Casa Blanca estaba negociando con el gobierno de Teherán.

Zelensky nombra a un criminal de guerra nazi como gobernador de Odesa

El miércoles el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, nombró a Maxim Martchenko, que anteriormente comandó el conocido Batallón neonazi Aidar, como jefe de la región de Odesa. Marchenko es responsable de los crímenes cometidos por las hordas ucranianas en el Donbas, en cuyas operaciones de castigo intervino el Batallón Aidar.

El Batallón está financiado por el oligarca Igor Kolomoiski, contra quien también hay abiertos varios procedimientos en Rusia por crímenes de guerra.

Después de dirigir el Batallón, Martchenko fue ascendido. En 2017 se convirtió en subcomandante de la 92 brigada mecanizada y luego pasó a ser comandante de la 28 brigada mecanizada.

El gobierno de Kiev ha destituido al anterior gobernador de la región de Odesa, Serguei Grinevetsky, porque sospecha que es leal a Moscú.

La noticia del nombramiento de Martchenko es una provocación para una ciudad que es un símbolo de resistencia al régimen nazi de Kiev. Odesa no se ha curado de la tragedia del incedio de la Casa de los Sindicatos en 2014 y el Batallón Aidar es una de las más odiosas de las grandes unidades militares ucranianas. Se distinguió por los crímenes de guerra masivos, de los que informó hasta la prensa antirrusa.

Martchenko podría provocar más víctimas civiles en caso de un asalto a la ciudad. El mando ucraniano intentará convertir a Odesa en una fortaleza asediada como Jarkov para ganar tiempo y seguir con la leyenda en torno a la “resistencia ucraniana”. Un diputado nacido en Odesa, Anatoly Wasserman, teme que el cabecilla de Aidar organice redadas masivas en la ciudad contra personas sospechosas de simpatizar con Rusia, que son muchas en la capital del Mar Negro.

“Marchenko tiene tiempo para organizar operaciones de barrido en la ciudad, pero es de esperar que estas acciones sean pronto frustradas por las unidades de las fuerzas armadas rusas que ya se acercan a la ciudad”, dijo Wasserman.

“Sospecho que Marchenko no podrá defender Odesa durante mucho tiempo. Para cuando nuestras tropas lleguen, no habrá prácticamente nadie que pueda hacer frente a la situación, sencillamente porque la mayoría de las tropas preparadas para el combate se han quedado en el sureste de Ucrania. Kiev ha concentrado prácticamente todos sus recursos en las fronteras de las repúblicas del Donbas, mientras se prepara para una nueva ofensiva. El hecho de que estos terroristas sigan bombardeando las Repúblicas Populares es una prueba de ello. Ahora están disparando a la gente sólo por desesperación”, añade Wasserman.

“Martchenko no se molestará en rescatar a los vecinos de Odesa, en evacuarlos. Intentará causar el máximo daño a las tropas rusas y, antes de marcharse, destruirá el potencial industrial de la ciudad, como sus instalaciones portuarias. Así que la situación allí será difícil”, afirma Konstantin Sivkov, vicepresidente de la Academia Rusa de Ciencias de Cohetes y Artillería. “Para no poner en peligro a los habitantes de la ciudad, dado que Odesa está densamente poblada y que la propia ciudad es grande en términos de superficie, es probable que nuestros militares elijan tácticas diferentes a las utilizadas en Jerson”, pronostica Sivkov.

No obstante, no se puede descartar que las tropas pasen de largo y dejen Odesa embolsada durante un periodo de tiempo relativamente largo. “Las unidades de las AFU [ejército ucraniano] estacionadas en la ciudad no tienen armas serias, por lo que Odesa quedará cercada sin posibilidad de que salga toda la gente. Y avanzaremos, quizá hasta Transnistria”, cree Sivkov.

Ayer la región de Odesa convirtió en una línea del frente sur después de que la ciudad de Jerson cayera en poder del ejército ruso. El camino hacia la ciudad está ahora abierto. En dirección a la costa, el nudo más importante es Nikolaev. Después llegará el cerco de Odesa, donde es posible realizar un desembarco anfibio con el apoyo de las fuerzas de Nikolaev.

El terreno cerca de Odesa es favorable para una operación de desembarco. El ejército ruso asignará tareas especiales no sólo a las fuerzas terrestres, sino también a las fuerzas navales y a las unidades de marina.

No cabe esperar una oposición seria de la marina ucraniana en aguas de Odesa. Tras la incorporación de Crimea a Rusia, la base principal de la flota ucraniana pasó a ser Odesa, y más concretamente, la base naval Yug.

De los 16 barcos ucranianos, seis ya han sido hundidos y el resto están dañados. El buque insignia de la Armada ucraniana, la fragata Hetman Sagaidachny, estaba en reparación en Mykolayiv cuando comenzó la operación rusa. El buque fue hundido por su propia tripulación.

Sólo las unidades terrestres que permanecen en Odesa pueden suponer algún peligro para los movimientos del ejército ruso.

Rusia advierte a los neonazis que torturan a sus soldados

“Sabemos lo que hacen los nazis ucranianos con los pocos militares rusos que logran capturar y vemos que repiten los mismos métodos que los nazis alemanes y sus secuaces durante la Gran Guerra Patria. Quiero subrayar, captamos e identificamos todos los rostros, voces, teléfonos, coordenadas, direcciones IP y la correspondencia de todos los nazis ucranianos involucrados en la tortura de nuestros compañeros”, afirmó el portavoz del Ministerio de Defensa ruso, el general, Ígor Konashenkov.

El portavoz agregó que “esto también incumbe a los dirigentes del régimen de Kiev” que alienten a torturar a los soldados rusos “violando el Convenio relativo al trato debido a los prisioneros de guerra”.

En el frente de batalla, los neonazis ejercen como fuerzas antirretroceso que ejecutan a los soldados regulares que se rinden, y ya han ejecutado a cuatros oficiales del ejército ucraniano, aseguró Konashenkov.

En lo que respecta a los prisioneros de guerra ucranianos, el general afirmó que “seguiremos tratando con respeto” a los militares de las Fuerzas Armadas ucranianas. “Entendemos que prestaron juramento al pueblo de Ucrania. Todos los que depongan sus armas y dejen de resistir regresarán con sus familiares”.

Konashenkov aseguró que los soldados ucranianos, desesperados por detener la ofensiva rusa, han comenzado a lanzar munición de fósforo, prohibida por el tercer protocolo de la Convención de la ONU sobre armas convencionales.

El 24 de febrero, tras el reconocimiento de la independencia de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, Putin anunció el lanzamiento de una “operación militar especial” en Ucrania para “desmilitarizar y desnazificar” el país.

Los neonazis ucranianos están adiestrados por militares canadienses

En enero el Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, anunció la ampliación por tres años de la operación Unifier de apoyo al ejército ucraniano. Si Rusia no lo hubiera impedido, Canadá habría duplicado el número de efectivos de su ejército sobre el terreno hasta alcanzar los 400.

Trudeau insistió en que la misión de Canadá no era de combate, sino de formación y educación. Desde que comenzó la misión en 2015, Canadá ha entrenado a unos 33.000 soldados ucranianos, incluidas unidades neonazis de distintos colores.

El año pasado la Universidad George Washington de la capital estadounidense publicó un estudio sobre la presencia de otro batallón neonazi, “Centuria”, en la Academia Militar de Ucrania Hetman Petro Sahaidachny (1). Luego los matones de “Centuria” presumieron en las redes sociales de haber recibido entrenamiento de los militares canadienses y de otros países occidentales (2).

La Academia militar ucraniana cuenta con asesores militares canadienses a tiempo completo y un “aula delta” de alta tecnología patrocinada por el gobierno canadiense.

La misión de “Centuria” es transformar del ejército ucraniano un instrumento para la defensa de la “identidad cultural y étnica” de los pueblos europeos, un principio que no encaja exactamente con el multiculturalismo de Trudeau. El grupo afirma que sus miembros sirven como oficiales en varias unidades del ejército ucraniano.

En abril de 2020, “Centuria” elogió a la división ucraniana 14 Waffen Grenadier que combatió en la Segunda Guerra Mundial dentro de las SS, presentando a la unidad nazi como “el símbolo que asusta a los enemigos de Ucrania”. Entre las figuras nazis veneradas por “Centuria” se encuentra el oficial belga de las SS Leon Degrelle, descrito como un “verdadero europeo”.

La política del gobierno canadiense es consustacial con el papel de su viceprimera ministra, Chrystia Freeland, de familia neonazi ucraniana, que también vivió en Ucrania durante su juventud, como ya hemos explicado en otra entrada.

El Ministerio de Defensa ucraniano se justificó diciendo que no examinaba a los aspirantes a su academia militar por sus opiniones o afiliaciones políticas. Tampoco lo hacen Canadá, Estados Unidos, Reino Unido o Francia, que ayudan a Ucrania a formar futuros oficiales nazis para su ejército.

En una declaración a CTV News cuando se publicó el estudio de la Universidad George Washington, el ejército canadienses se mostró “muy preocupado” por las revelaciones. La seguridad militar canadiense no había visto nada, no sabía nada.

“Centuria” tiene estrechos vínculos con el Batallón Azov, que opera como un destacamento de “operaciones especiales” de la Guardia Nacional de Ucrania.

Los documentos de defensa nacional obtenidos por el Ottawa Citizen (3) a través de una solicitud de acceso a la información indican que oficiales y diplomáticos canadienses se reunieron con los cabecillas del Batallón Azov en junio de 2018. Sin embargo, en 2015, el ministro de Defensa del gobierno de Harper, Jason Kenney, dijo que Azov no era más que un “pequeño número de ovejas negras” y que no recibiría apoyo canadiense (4).

Un portavoz del Ministerio canadiense de Defensa se sintió obligado a aclarar al Citizen que “Canadá no ha prestado ni prestará apoyo a Azov y sus afiliados”. Los hechos demuestran que es totalmente falso, como hemos explicado en entradas anteriores. Canadá adiestra tanto al ejército como a la policía ucraniana, como denunciamos en 2019.

Los miembros del Batallón Azov operan como un grupo parapolicial atacando regularmente manifestaciones antifascistas, figuras públicas y medios de comunicación.

El Congreso de Estados Unidos prohibió en 2018 cualquier apoyo presupuestario “para proporcionar armas, entrenamiento u otro tipo de asistencia al Batallón Azov” y mantuvo la prohibición en el proyecto de ley de presupuestos del año pasado. En repetidas ocasiones los diputados estadounidenses han pedido al Departamento de Estado que incluya al Batallón Azov en el listado de organizaciones terroristas.

Un informe de 2016 de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos detalla (5) las acusaciones de tortura y otros delitos contra el Batallón Azov durante el Golpe de Estado de 2014 y los disturbios posteriores a la anexión de Crimea por parte de Rusia.

(1) https://www.illiberalism.org/wp-content/uploads/2021/09/IERES-Papers-no-11-September-2021-FINAL.pdf
(2) https://www.macleans.ca/opinion/the-hawks-are-screeching-over-ukraine-will-cooler-heads-prevail/
(3) https://ottawacitizen.com/news/national/defence-watch/canadian-officials-who-met-with-ukrainian-unit-linked-to-neo-nazis-feared-exposure-by-news-media-documents
(4) https://www.northumberlandnews.com/news-story/5697639-no-training-for-azov-regiment-kenney/
(5) https://www.ohchr.org/Documents/Countries/UA/Ukraine_14th_HRMMU_Report.pdf

El delantero centro que más goles marcó al fascismo

Rino Della Negra fue un futbolista excepcional. Murió fusilado a los 20 años cuando acababa de ser contratado por el Red Star, un club legendario fundado en 1897 en París por Jules Rimet. Nunca pudo expresar todo su talento sobre el césped. Refractario al trabajo obligatorio en favor de los nazis, se incorporó al grupo guerrillero de Manouchian, formado por emigrantes de muchos rincones del mundo, unidos por su aversión al fascismo.

En el Estadio Bauer de Saint-Ouen, donde juega el equipo, una grada de animación lleva su nombre. En 2013 los aficionados del equipo decidieron rendirle un homenaje anual y una jornada de conmemoración el 21 de febrero, aniversario de su fusilamiento en 1944.

Della NegraEse día los miembros de la Asociación de Veteranos de la Resistencia acuden al Estadio para recordar al joven delantero centro, un futbolista de origen italiano fusilado en el Monte Valerien, junto con otros miembros de la resistencia pertenecientes a Franco Tiradores y Partisanos – Mano de Obra Inmigrante, más conocido por su dirigente y organizador: Manouchian. Entre los combatientes de Manouchian estaba el español Celestino Alfonso, otro héroe de la resistencia.

Los aficionados del Red Star destacan tanto el compromiso político de Della Negra con la lucha antifascista, como su carácter internacional, opuesto al racismo y la xenofobia.

El Red Star es un club de la clase obrera en pleno centro de París, pero no siempre fue así. No fue creado por los trabajadores sino por Jules Rimet, el organizador de la primera Copa del Mundo de fútbol. Rimet era un burgués seguidor de la doctrina social de la Iglesia catolica. Los clubes de fútbol eran un intento de mantener a los trabajadores aferrados al Vaticano.

Sin embargo, el intento duró poco. El Red Star fue el abanderado del Partido Comunista y en la década de los cuarenta, cuando contrataron a Della Negra, jugaba en el campo del Stade de París de Saint-Ouen.

La resistencia francesa también se organizó en las diferentes especialidades deportivas. En 1941, en su boletín clandestino “Le Trait d’Union”, las juventudes comunistas decían que los clubes deportivos eran un “buen campo de acción” y proponían reconstuirlos. “Dentro de estos clubes debemos ser los defensores de los deportistas”, contra las nuevas reglas aprobadas por el gobierno colaboracionista de Vichy y “por un deporte libre e independiente”.

En 1943 Della Negra pasó a la candestinidad, donde era conocido por el seudónimo de “Robin”. Desde entonces tuvo que vivir con documentación falsa. Sin embargo, siguió compatibilizando el fútbol con la guerrilla. Jugó al fútbol con su nombre real en dos clubes diferentes, sin ser descubierto.

Los nazis viajaron de Ucrania a Canadá en 1945 con un billete de regreso

Actualmente Canadá tiene 900 soldados de tierra, mar y aire en apoyo de la provocación de la OTAN en Ucrania. Es una provocación sobre otra de una país que no es otra cosa que un triste comparsa de Estados Unidos.

900 soldados no aportan absolutamente nada, lo mismo que las declaraciones de los ministros del gobierno, como la encargada de Defensa, Anita Anand, que llegó a suelo ucraniano el 30 de enero y, tras reunirse con los mandos de la operación canadiense Unify, dijo en una rueda de prensa: “La información que utilizamos coincide con la de nuestros aliados de la OTAN en que -y es bien sabido- hay una agresión rusa en la frontera ucraniana en Bielorrusia”.

“Nuestras fuerzas armadas se han desplazado al oeste del río Dnieper, y seguiremos tomando todas las precauciones necesarias para garantizar su seguridad”. Es una declaración de guerra innecesaria y puramente retórica, destinada a la galería y a las primeras planas.

La agresividad verbal tiene, sin embargo, una pequeña explicación, que debe empezar por presentar al Primer Ministro, Justin Trudeau, que es uno de esos políticos posmodernos que sólo sirven de figurín para las cámaras de televisión y las listas electorales.

¿Quién corta el bacalao en el gobierno canadiense?

Quien corta el bacalao en el gobierno es la vicepresidenta, Chrystia Freeland, portavoz de un poderoso grupo de presión de petroleros y nazis ucranianos. Procede de una familia de ucranianos refugiados en Canadá al finalizar la Segunda Guerra Mundial por su complicidad con el III Reich (1).

En los años ochenta Freeland estudió en Ucrania, cayendo bajo el radar del KGB desde su llegada (2). Era algo más que una agitadora nazi. Organizaba manifestaciones y concentraciones para atraer el apoyo occidental. Entregó dinero en efectivo, equipos de grabación de vídeo y audio, e incluso un ordenador personal a sus contactos sobre el terreno.

También comenzó su carrera periodística en Kiev como corresponsal del Financial Times, el Washington Post y The Economist. De 1999 a 2001 fue subdirectora del Globe and Mail de Toronto. Pasó de ser una furibunda antisoviética a un furibunda antirrusa y así comenzó su carrera política.

De noviembre de 2015 a enero de 2017, ocupó el cargo de ministra de Comercio Internacional, supervisando las negociaciones del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Desde enero de 2017 hasta noviembre de 2019, fue ministra de Asuntos Exteriores y dirigió la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Canadá, México y Estados Unidos.

En noviembre de 2019 fue nombrada viceprimera ministra de Canadá y ministra de Asuntos Intergubernamentales, encargándose durante la pandemia de dirigir las histéricas restricciones sanitarias. En 2018 gestionó el encarcelamiento de Meng Wanzhou, la subdirectora de la empresa china Huawei, a petición de Estados Unidos. Hizo todo lo que pudo para impedir cualquier acuerdo negociado con Huawei o con China.

El cabildo petrolero canadiense

Ahora Freeland está al mando de las operaciones militares de Canadá en Ucrania. Desde 2014 el gobierno de Ottawa ha entregado 700 millones de dólares canadienses en ayuda militar al gobierno de Kiev y acaba de aprobar otros 120 millones porque Ucrania es un pozo sin fondo.

Es posible que Canadá tenga la mayor comunidad ucraniana fuera de Ucrania, pero eso no lo explica todo. Detrás está el cabildo petrolero. Lo mismo que Estados Unidos, Canadá quiere abrir el mercado europeo al gas licuado. Ya existe un proyecto, la Iniciativa de los Tres Mares, para mejorar las infraestructuras para acoger el gas natural licuado estadounidense en doce países de Europa del este.

Para el cabildo petrolero canadiense, el gas ruso es la competencia. El proyecto Quebec LNG de exportación de gas natural de Alberta, licuado en Saguenay, a 200 kilómetros al norte de Quebec, tenía como mercado a Alemania. Se ha firmado un acuerdo no vinculante con la empresa belga Fluxys, un holding de infraestructuras de transporte de gas natural con sede en Bruselas, para construir una terminal en Hamburgo.

El proyecto se archivó por el bajo precio del gas natural, pero ahora está subiendo y el abandono del Nord Stream II podría crear las condiciones idóneas para su reactivación.

Además, Canadá ha firmado una asociación energética con Alemania para el transporte de gas a través de un nuevo gasoducto que pasará por Quebec hasta una planta de licuefacción en Nueva Escocia. El proyecto Goldboro LNG, de 13.000 millones de dólares canadienses, desarrollado por Pieridae Energy, es comparable al proyecto Saguenay LNG, ya que ambos transportan una cantidad similar de gas natural.

Ambos proyectos forman parte de un plan de transición ecológica para evitar que Alemania y otros países europeos recurran a la energía nuclear.

El abuelo nazi de Freeland

El abuelo materno de Freeland, Mijailo Chomiak, fue un colaborador de los nazis desde el principio de la invasión de la URSS en 1941. El ejército alemán le dio un cargo, dinero, vivienda y un vehículo en Cracovia, entonces capital de la administración alemana de la región de Galicia. Su principal trabajo era el de redactor jefe de “Krakivsti Visti”, el periódico más importante en lengua ucraniana bajo la ocupación. Su imprenta había sido robada a un editor judío, que fue asesinado en el campo de concentración de Belzec.

El periódico fue robado por la Wehrmacht y supervisado por la inteligencia militar. Chomiak fue contratado por un oficial alemán llamado Emil Gassner, responsable de prensa en la región. La publicación de Chomiak tenía carácter oficial en la administración alemana en Galicia.

Tras la contraofensiva del Ejército Rojo, Gassner se trasladó de Cracovia a Viena y se llevó a Chomiak con él para seguir difundiendo propaganda nazi, al tiempo que informaba a los alemanes sobre otros ucranianos, entre ellos Stepan Bandera.

Justo antes de que Viena cayera en manos del Ejército Rojo en marzo de 1945, Chomiak fue evacuado con el ejército alemán a Alemania, terminando cerca de Munich, en Bad Worishofen. El 2 de septiembre de 1946 nació la madre de Freeland en un balneario en el que se habían refugiado los últimos combatientes de la Wehrmacht. El ejército estadounidense controlaba entonces esa parte de Alemania.

La inteligencia militar creó una unidad de adiestramiento en Bad Worishofen, para reclutar a europeos del este, incluyendo lituanos, ucranianos, polacos y otros que habían estado luchando contra el Ejército Rojo en las filas nazis, entre ellos Chomiak, a cambio de permitirle la entrada en Canadá en 1948. Eran las primeras fases de la Operación Paperclip.

Si Ucrania celebra la presencia de Freeland en el gobierno de Canadá, no ocurre lo mismo con Polonia, que ha abierto una investigación sobre Chomiak, que no sólo apoyó las matanzas de los judíos gallegos, sino también las de los polacos de Cracovia. Para tener todos los datos sería necesario que Estados Unidos abriera los expedientes confidenciales sobre el reclutamiento de los nazis para la Guerra Fría.

En una ocasión a Trudeau le correspondió visitar Polonia en compañía de Freeland y, cumpliendo los deberes rituales de su cargo, tuvo que viajar al campo de concentración de Auschwitz. Las fotos le muestran emocionado y llorando. Pero estaba solo. No aparece Freeland. Quizá no se desplazó hasta allá, o no lloró. Su abuelo había trabajado apenas a 80 kilómetros del campo, aplaudiendo y jaleando a los asesinos.

Ucrania es un gobierno de nazis que a los nazis les gusta visitar. Así cierra la historia su circunferencia. Cuando algunos creían que aquello no volvería a suceder, los herederos de los nazis se pasean por sus viejos dominios con nuevos ropajes y nuevas palabras sobre democracia y derechos humanos… y vuelta a la guerra contra Rusia.

(1) http://johnhelmer.org/victim-or-aggressor-chrystia-freelands-family-record-for-nazi-war-profiteering-and-murder-of-the-cracow-jews/
(2) http://www.theglobeandmail.com/world/article-kgb-archives-show-how-chrystia-freeland-drew-the-ire-and-respect-of/

Las raíces históricas del fascismo sanitario: el gueto de Varsovia

En 1939 el III Reich estrenó una de las películas de propaganda de mayor presupuesto. Se trataba de “Robert Koch, Bekämpfer des Todes”, dirigida por Hans Steinhoff. De esa manera Koch se incorporaba a la iconografía nazi como un soldado de la ciencia, un precedente del mismo Führer.

El modelo nazi era un médico entregado a la lucha contra las enfermedades contagiosas que, en aquella época, se decía que procedian del este, de Polonia, como hoy se dice que proceden de África. Alemania necesitaba un “cordón sanitario” que protegiera a su población de la enfermedad y la muerte, causadas por la suciedad en la que vivían las poblaciones eslavas y orientales.

Ya antes de 1933 los médicos alemanes fueron los más entusiastas partidarios de Hitler. En 1939 más de la mitad de ellos estaban afiliados al partido nazi, e incluso a las SS. Durante años habían sido educados en unas facultades imbuidas de racismo y eugenesia. Muchos de ellos participaban en la discriminación de la población. A ellos les correspondía decidir quiénes eran arios y quiénes entraban en la categoría de subhumanos.

Quien controlaba las organizaciones sanitarias era el Ministerio del Interior. El Departamento IV de Sanidad y Protección de la Población estaba dirigido por un Secretario de Estado, el doctor Arthur Gütt, y luego, desde 1935 hasta 1945, el doctor Leonardo Conti. Desde esa Oficina de Sanidad los nazis dirigían la Academia de Medicina o la Cruz Roja alemana.

En 1933 el Colegio de Médicos fue confiado a los miembros de la Liga Nacional Socialista de Médicos Alemanes y Gebhard Wagner se convirtió en su presidente. Dos años después se convirtió en la Cámara Médica del Reich. Todos los médicos alemanes debían estar registrados en la Cámara para poder ejercer. Cambiaron las ordenanzas que regulaban el ejercicio de la medicina. El antiguo código deontológico fue derogado y crearon sus propios tribunales para garantizar que cada médico realizara su tarea de acuerdo con los principios nazis.

El “cordón sanitario” y los guetos que el III Reich impuso en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial lo justificaron con una supuesta epidemia de tifus. El eugenismo alemán consideraba que los eslavos, por ejemplo, eran los portadores naturales de la enfermedad, por lo que debían ser enviados a los campos de concentración para ser desinfectados. En 1941 se publicó una obra colectiva titulada “Guerra de Epidemias. La misión sanitaria alemana en el Este”, donde el III Reich afirmaba que en Polonia había estallado un “brote epidémico” que era necesario tratar.

El este de Europa estaba poblado por pueblos atrasados y sucios, portadores de enfermedades, mientras Alemania era una tierra limpia, gobernada por médicos y vacunas. El progreso de la higiene y la ciencia había convertido a Alemania en la patria de la salud, siempre amenazada por el contagio de sus vecinos.

Gracias a los nazis, los alemanes disfrutaban de una dieta sana, natural, sin alcohol, carne, grasas ni azúcares. Fue el sueño de Hitler entonces y el del ministro Garzón ahora. Los alemanes debían comer verduras, pan integral y abandonar el tabaco. El III Reich fue el paraíso de las leyes contra el tabaco. En 1939 un médico alemán, Franz Müller, publicó el primer estudio sobre el papel del tabaco en el cáncer de pulmón.

Las primeras medidas antitabaco se adoptaron en Alemania en 1938. La campaña se desarrolló en los primeros años de la guerra con la fundación de un Instituto de Investigación del Riesgo del Tabaco en la Universidad de Jena, dirigido por un médico de las SS, Kurt Astel. En las oficinas del partido nazi no se podía fumar. En 1938 se prohibió el tabaco en la Luftwaffe, luego en Correos, en los asilos y en las escuelas. Las prohibiciones fueron acompañadas por la creación en 1939 de una oficina contra los peligros del alcohol y el tabaco. El tabaquismo era una degeneración racial, un veneno genético que corrompía el genoma germánico.

Los nazis limpiaron primero su casa y luego pasaron a limpiar la de sus apestosos vecinos, encerrando a las poblaciones en guetos y trasladándolas a campos de concentración para desinfectarlas.

En 1917 el tifus fue considerado en Alemania como una enfermedad eslava y bolchevique y, veinte años después, como judía. Fue un caso evidente de obsesión paranoica. El tifus estaba en el centro de la política sanitaria alemana en Polonia. Se trataba de evitar que una posible epidemia polaca llegara al Reich y contaminara a los soldados del ejército.

Tan pronto como Polonia fue invadida, los alemanes crearon toda una red de instituciones preventivas contra el tifus, aunque todavía no se había producido ninguna epidemia grave. Como los judíos eran los portadores naturales del tifus, a partir de noviembre de 1939 empezaron a secuestrar a la población que consideraban como judía.

Incluso antes de la construcción de los muros del apartheid que en Varsovia separaron a unos barrios de otros, el perímetro del futuro gueto podía adivinarse por los carteles que mostraban en grandes letras “Seuchensperrgebiet” (zona prohibida de epidemias). Los alemanes hacinaron a un tercio de la población de Varsovia, casi medio millón de personas, en el 5 por ciento de su superficie, unas 160 hectáreas.

Naturalmente, no había ninguna epidemia, pero el hacinamiento de miles de personas en un entorno cerrado provocó el resultado buscado, el tifus, la epidemia que se pretendía prevenir. Unas 100.000 personas contrajeron el tifus en el gueto de Varsovia, con una tasa de mortalidad cercana al 40 por cien. Como ha ocurrido tantas veces en la historia de la medicina, es el remedio el que causa la enfermedad.

A su vez, la epidemia favorecía las políticas discriminatorias nazis, la separación racial y la histeria de salud pública. El apartheid sanitario ayudó a exterminar a una parte importante de la población polaca. Otra sirvió como conejillo de indias de experimentos médicos y estimuló la producción de las empresas farmacéuticas alemanas, que empezaron a investigar en la producción de vacunas contra la fiebre tifoidea.

Con el pretexto de la lucha contra el tifus, el gobierno nazi introdujo los pasaportes sanitarios y la distancia social. Antes de subirse a un tren era necesaria una autorización médica especial y en los transportes públicos se establecieron asientos de uso exclusivo, ya que la transmisión de pulgas infecciosas se ve facilitada por el uso común de las instalaciones colectivas.

En la ideología nazi, el enemigo tiene tanto connotaciones de clase como médicas. Las mismas palabras que se utilizan en biología, se utilizan también en el ejército. El enemigo es un apestado.

El govern exhumará los restos de un militante antifranquista torturado y asesinado por la Guardia Civil

El año que viene el govern tiene previsto exhumar los restos de Cipriano Martos, un militante antifranquista de origen granadino que falleció en 1973 tras haber sido detenido en Reus (Tarragona). Le hicieron beber ácido sulfúrico durante un interrogatorio en el cuartel de la Guardia Civil.

El 27 de agosto de 1973, Martos fue trasladado al Hospital Sant Joan de Reus debido a la intoxicación, donde agonizó cruelmente durante 21 días.

Tras fallecer el 17 de septiembre, los franquistas enterraron su cadáver en una fosa del cementerio de la localidad, sin permitir a la familia asistir a la inhumación ni llevarse el cuerpo a su tierra de origen, entre los municipios granadinos de Loja y Huétor-Tájar.

Una de las reivindicaciones de la familia y de las entidades memorialistas dedicadas a hacerse eco de este caso, es exhumar los restos de la víctima -siguiendo las coordenadas que constan en el registro del cementerio- para poder entregarlos a la familia, una reclamación que ahora está dispuesta a llevar a cabo la Generalitat.

Fuentes de la Conselleria de Justicia han explicado que se trata de un caso singular, identificado y localizado, de una fosa del franquismo situada dentro de un cementerio. “No podemos reparar el daño a esta víctima del franquismo si no exhumamos y devolvemos los restos a la familia, que siempre lo ha reivindicado”, añaden.

Cipriano Martos nació en 1942 en un núcleo rural dentro del municipio de Loja (Granada), en el seno de una familia de campesinos pobres. Emigró en 1969 a Sabadell (Barcelona), donde se politizó, en pleno auge de las organizaciones obreras antifranquistas y donde, en 2019, el ayuntamiento le dedicó una plaza en el barrio de la Plana del Pintor, donde residió.

En Sabadell, Martos se enroló en las filas del Partido Comunista de España (marxista-leninista), una escisión del PCE que propugnaba intensificar las acciones contra el fascismo y no renunciaba a la lucha armada.

Dicho Partido promovió la constitución del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). En 1975 el régimen franquista llevó a cabo detenciones masivas de sus militantes. Tres de ellos fueron condenados a muerte y fusilados el 27 de septiembre de 1975: José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz.

A instancias de un hermano de la víctima, el caso de Cipriano Martos fue incluido en 2014 en la querella presentada ante los tribunales argentinos por delitos de genocidio y crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen franquista.

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