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Sobre ‘naciones culturales’

B.

Tratando Pedro Sánchez, recién elegido inopinadamente en las primarias de su Partido, de que no le confundieran con la carpetovetónica y más españolaza que la peineta de Lola Flores (Lola «Flowers», en el extranjero), la sevillana del popular barrio de Triana Susana Díaz, se sacó de la chistera, en referencia a Catalunya, el concepto de «nación cultural» extensible a Euskadi. Patxi López, bizkaino de Portugalete, le preguntó a Sánchez -en un debate a tres, con Díaz- si sabía lo que era una nación, como un maestro de escuela le pregunta a un tímido alumno, y bien pudiera Sánchez haberle respondido a la becqueriana manera algo así como «¿y tú me lo preguntas que eres vasco, anda fuck off! (piérdete)», pero no, habló de «sentimiento» de pertenecer, pues eso, a una nación… cultural.

Después pasó a hablar de «España» como «nación de naciones», lo cual es una antítesis inasumible (si fuera de Estados, sería otra cosa), o un «Estado multinacional», lo cual, ahora sí, es cierto, pero pierde cuerpo en tanto en cuanto se despoja el concepto de lo esencial, de lo primordial dizque formar un Estado soberano, ah, esto no, amigo, esto va a ser que no. O sea, no ir a la raíz del problema e irse, por enésima vez, por las ramas. En España, esa quimera, le dicen «coger el toro por los cuernos». La última en hablar de Catalunya como «nación cultural» -ayer, sábado, la ví por la tele- ha sido Margarita Robles, gente instruida, oiga. La cuestión es no admitir lo evidente: «España» es un Estado políticamente fallido. Hablan de otros países como «Estados fallidos» y lo tienen delante de las narices.

Es más que probable que Sánchez, Robles, y no digamos el zoquete López o la gárrula Díaz, no hayan oído hablar jamás del «austromarxismo», algo no exigible al común de los mortales, pero sí a estos vividores mercachifles a cuenta del Estado.Tienen suerte que aquí estamos nosotros ejerciendo de «petetes». El origen del «austromarxismo», a principios del siglo pasado, fue el Partido Socialdemócrata de Austria con los Karl Renner (que llegó a Presidente), Max Adler, Hilferding (teórico del imperialismo rebatido por Lenin), y, sobre todos, Otto Bauer (1881-1938). Fueron ellos -los austromarxistas vieneses- quienes acuñaron la expresión «autonomía (nacional) cultural» dentro de la estructura de un Estado plurinacional cuyo objetivo era -igual que es el objetivo de Sánchez y cía- detener la trepidante desintegración del vetusto imperio Austro-Húngaro, es decir, preservarlo, evitar su caída, hacerlo durar, tal y como pretende el tetrapartidismo español y a mucha honra en este país llamado España (espero que se note la ironía). Y ello, repito, con tal de no admitir lo evidente, que Catalunya, Euskadi y Galicia son naciones… sin Estado, que son naciones oprimidas políticamente al margen de su renta per cápita, que lo que no existe es la entelequia llamada «España», pero sí su marco con su lucha de clases, es decir, no se lucha contra molinos de viento. Llámese «España» como se quiera, que eso no cambiará el marco, un cuestión «nominalista».

Bauer (no confundir con el contemporáneo de Marx, Bruno Bauer) casi excluía las clases y la lucha de clases en esas «autonomías culturales» que serían una «comunidad de destino» (José Antonio Primo de Rivera, copiándole, añadiría la célebre coletilla de «en lo universal», no quedándose atrás Ortega y Gasset) siempre bajo el capitalismo.

Unamuno (nada amigo de ningún tipo de «autonomía» en su tiempo y fue diputado en las primeras Cortes de la República) lo llamaba «regionalismo cultural» evocando su «patria chica» (sic), su Bilbao (el «Bocho») natal. El franco-falangista Fraga Iribarne hablaría -todavía lo puedo oír- de «peculiaridades regionales con su floklore y sanas costumbres», etc. Claro que Unamuno también dejó escrito (en 1908) que la unión impuesta por la fuerza «desde fuera» no vale.

Justo lo que pretende el fascismo español con respecto a Catalunya, pues, haya o no haya referéndum, lo que se demuestra, por si hacía falta, es el carácter fascista de este podrido Estado.

Arrivederci.

Aviones de reconocimiento de la OTAN multiplican las provocaciones en la frontera de Rusia

La semana pasada los cazas rusos tuvieron que despegar hasta en seis ocasiones para interceptar aviones de reconocimiento de la OTAN muy cerca de las fronteras occidentales del país, según el sitio web del Ministerio ruso de Defensa.

El sitio publica una infografía en la que muestra a 20 aeronaves, a las que califica de “extranjeras”, aunque reconoce que no llegaron a violar el espacio aéreo de Rusia.

En los últimos meses los aviones de la OTAN, incluidos los españoles, han intensificado los vuelos de reconocimiento junto a las fronteras orientales de la OTAN con Rusia, especialmente al norte del Mar Báltico.

La OTAN trata de identificar el reciente despliegue ruso en la región de Kaliningrado de sistema de defensa antiaérea SS-400 de última generación, misiles tácticos Iskander y misiles tierra-mar Bastion y Bal.

Además del norte del Mar Báltico, la OTAN también vigila estrechamente la península de Crimea así como las bases rusas en Siria y las sonas de despliegue de la Marina de Guerra rusa en el Mediterráneo.

El año apasado el servicio de vigilancia electrónica de las Fuerzas Aeroespaciales rusas detectaron a más de 2.000 aviones militares, la mayor parte de ellos pertenecientes a la OTAN, de los que 800 eran de reconocimiento. Todos ellos fueron localizados junto a las fronteras de Rusia.

El ataque turco contra las posiciones kurdas en Afrin coloca a Rusia en medio

Rusia ha pedido a las milicias kurdas del YPG que se retiren del norte de la provincia de Alepo, según Rudaw, una cadena de televisión kurda que emite en el norte de Irak. La petición parece responder a una labor de intermediación con Turquía, que recientemente ha bombardeado las posiciones kurdas en Afrin.

Una delegación rusa se entrevistó en Afrin con los dirigentes de YPG para que sus fuerzas se retiren de cinco localidades del norte de la provincia de Alepo. La delegación les puso al corriente de los planes del gobierno de Erdogan de atacar las poblaciones fronterizas de Afrin, en la frontera occidental de Siria con Turquía.

La retirada de los kurdos del norte de Alepo permitirá la apertura de una vía hacia la periferia oeste de Alepo y la provincia de Idlib.

Además de la retirada de los kurdos de Alepo, Turquía pretende instalar tres bases militares al sur de Afrin, en la zona siria de Rojava donde es mayor la proporción turcomana de la población.

El gobierno turco pretende constituir en Afrin nuevos consejos locales de gobierno en los que la población de origen turco tenga alguna representación política.

Con motivo del encuentro con los rusos, Bahjat Abdo, el comandante al frente de las milicias kurdas en Afrin, concedió una entrevista a la edición kurda de VOA sobre la posibilidad de que se produzca un acuerdo de Rusia con Turquía para atacar a las milicias kurdas en Afrin.

La respuesta del comandante de YPG fue que si las tropas rusas continuaban estacionadas en sus posiciones actuales, les pedirían que se retiraran de Afrin.

“Rusia mete presión a los kurdos para crear un terreno favorable para la entrada del ejército sirio en Afrin”, manifestó Abdo. Afrin es el territorio más occidental del Kurdistán sirio que administrativamente pertenece a Alepo. En 2004 la población era de unos 172.000 habitantes y quedó en poder de YPG al inicio de la guerra de Siria.

La semana pasada el diario turco Daily Sabah anunció que, apoyado por militares turcos, el llamado “ejército libre de Siria” estaba adiestrando a 20.000 soldados para combatir a los kurdos de YPG al noroeste de Siria.

La situación en Afrin es, pues, de guerra inminente, lo que desenmascara el fantasma de las FDS, integrada por dos fuerzas, YPG y “ejército libre de Siria” que, mientras dicen luchar juntos en Raqqa, afilan los cuchillos en Afrin.

Corea del norte refuerza su arsenal de armas nucleares

Nuevas imágenes térmicas obtenidas de Yongbyon, el principal almacén nuclear de Corea del norte, muestran que el gobierno dispone de más plutonio del que se había estimado hasta ahora, según informó el viernes “38 North” un sitio de internet que depende de la Universidad John Hopkins de Washington.

Las imágenes indican que el gobierno de Pyongyang ha retirado barras de combustible al menos dos veces entre setiembre de 2016 y el pasado mes de junio para fabricar una cantidad indeterminada de plutonio que podría incrementar el arsenal de armas nucleares a su disposición.

En 2007 Corea del norte desactivó el reactor de Yongbyon al producirse un acuerdo de desarme, que los imperialistas no cumplieron, por lo que la fabricación de plutonio se reactivó en 2013, al tiempo que comenzó la renovación del reactor.

“38 North” también se ha observa un aumento de la actividad térmica en la fábrica de enriquecimiento de uranio de Yongbyon, aunque no pronostica la causa de ello,

El primer reactor del Centro de Investigaciones Nucleares de Yongbyon se construyó en 1963 con la ayuda de especialistas soviéticos y para fines exclusivamente científicos. A cambio de que Corea del norte firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear.

En los años noventa firmó un acuerdo parecido con Estados Unidos para romper el bloqueo energético del país y asegurar que el reactor nuclear se dedicaría exclusivamente a fines de investigación.

Los imperialistas hicieron lo que acostumbran: no cumplieron su parte y en 2003 Corea del norte se desvinculó del Tratado de No Proliferación, como consecuencia de las continuas agresiones y amenazas por parte de Estados Unidos.

En 2006 el gobierno anunció que había llevado a cabo con éxito su primera explosión nuclear subterránea.

El año pasado el gobierno anunció oficialmente que había logrado poner un satélite en órbita alrededor de la Tierra, por lo que también fue criticado, tanto por Estados Unidos, como Japón, que amenazó con derribarlo.

En abril los satlelites espías de Estados Unidos detectaros un nuevo ensayo nuclear de Corea del Norte que se sospecha que pueda proceder de una bomba de hidrógeno, 1.000 veces más potente que las que los imperialistas lanzaron contra Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Los norcoreanos suelen recordar que en 2003 también Gadafi llegó a un acuerdo con Estados Unidos para interrumpir su programa nuclear a cambio de ciertas concesiones que nunca se cumplieron. Gadafi acabó asesinado a tiros y Libia dejó de ser un país.

La trastienda de las Guerras del Cáucaso

La guerra de Chechenia forma parte de un plan de los imperialistas estadounidenses para reventar la Federación Rusa por intermedio de los yihadistas. A los imperialistas nunca les bastó con erradicar el socialismo de la URSS sino que necesitaban desmembrarla y crear una situación de inestabilidad en sus fronteras, primero en el sur, luego en el Báltico y finalmente en el Donbas. Estados Unidos ya controla Azerbayán y Georgia, país que ha dado su apoyo en numerosas ocasiones a los independentistas chechenos, a pesar de que históricamente las relaciones entre georgianos y chechenos han sido tensas. En respuesta, los rusos apoyan en Georgia a los separatistas de Osetia del sur.

Los anglosajones pretenden expulsar a Rusia de la Transcaucasia y, para ello, precisan desestabilizar la situación en el norte del Cáucaso. La desestabilización de Rusia mediante la manipulación de las tensiones políticas entre las poblaciones del Cáucaso y Asia central está en la pauta de Washington desde la época de la URSS. Una de sus primeras postulantes fue la francesa Helène Carrère d’Encausse, así como Alexander Benningsen, profesor de la Sorbona, y el orientalista británico Bernard Lewis.

Miembro de la Academia francesa, Hélène Carrère d’Encausse nació en París en 1929 con el apellido Zourabichvili. Proviene de una familia zarista que se refugió en Francia tras la Revolución de Octubre. Sus ancestros fueron funcionarios imperiales, llegado uno de ellos a presidente de la Academia de Ciencias en tiempos de Catalina II. Desde hace muchos años está considerada como una de las mayores expertas en asuntos soviéticos. Su obra más conocida, L’Empire éclaté (La explosión del Imperio) se publicó en 1978. En 1992 fue consejera del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, financiando las manipulaciones en el interior de los antiguos países del bloque socialista y de la recién desaparecida Unión Soviética. Dos años después fue diputada del Parlamento Europeo y vicepresidenta de la Comisión Asuntos Exteriores y Defensa. Fue una asesora muy cercana a Chirac en asuntos orientales durante su etapa como Presidente de la República Francesa. Sus escritos sobre la URSS (incluida una biografía de Lenin) gozan de gran reputación entre los círculos imperialistas.

La estrategia imperialista de manipulación de las poblaciones musulmanas de la URSS se concreta a partir de la invasión soviética a Afganistán en 1979. Afganistán fue el campo de entrenamiento de las redes de yihadistas organizadas, financiadas, entrenadas y mantenidas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Arabia saudí y Pakistán, de donde provienen los islamistas que portan la marca de Al Qaeda.

En aquella época, la política de Carter estaba bajo la dirección del consejero de Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, luego autor del libro “El gran tablero de ajedrez mundial: la supremacía estadunidense y sus imperativos geoestratégicos”, donde ya aludía (1997) a los Balcanes euroasiáticos. Brzezinski afirma en su obra que el interés de Estados Unidos como primera potencia verdaderamente mundial es asegurar que ninguna potencia rival llegue a controlar Eurasia o, lo que es lo mismo, que sólo la controlen ellos. El consejero de Carter también fue consejero de la sociedad petrolera BP Amoco, con reconocidos intereses en la zona: “Eurasia es el tablero sobre el que se desarrolla el combate por la primacía global […] La tarea más urgente consiste en velar para que ningún Estado o reagrupamiento de Estados tenga los medios para expulsar a los Estados Unidos de Eurasia o debilitar su papel de árbitro”. Brzezinski es partidario de la partición de Rusia en tres: la Rusia europea, la Rusia de Siberia, y la Rusia del extremo oriental, con vistas a desestabilizarla.

La CIA no ha dejado de provocar a Rusia para que lleve a cabo acciones agresivas contra los chechenos, tanto en el plano militar como diplomático. La injerencia imperialista tiende a prolongar el drama checheno haciendo al Kremlin único responsable del mismo.

El gobierno checheno en el exilio

La Guerra de Chechenia es una cuestión estratégica internacional: por allí pasa una red de oleoductos indispensables para la explotación rusa del petróleo del Mar Caspio. Los rivales de Rusia, especialmente Estados Unidos, están interesados en que el conflicto perdure y que se extienda incluso a todo el Cáucaso. Los esfuerzos que Estados Unidos despliega en la región son visibles. Ha instalado a sus peones en Georgia, cuyo ejército controlan, como controlan el espacio aéreo desde su base de Inçirlik, en Turquía.

La desestabilización de Rusia se juega en varios frentes simultáneamente. Lituania acoge en su territorio el Kavkaz Center (Centro Caucásico), desde donde Basaiev difundió el comunicado en el que reivindicaba la carnicería en la escuela de Beslán, además de los atentados contra los dos aviones civiles rusos perpetrados una semana antes. La masacre fue revindicada en internet por Basaiev pero su sitio no ha sido molestado. No satisfecha, Lituania pidió explicaciones a Rusia por el trágico desenlace de su ataque en Beslán, como si fuera Putin y no Basaiev el responsable de la masacre. Vilnius realiza así un doble juego para desestabilizar a Moscú y perturbar las relaciones euro-rusas.

En Chechenia, además del gobierno de Grozni, hay otro en el exilio en Londres. Un año después de la matanza de la escuela de Beslán, su máximo responsable, el yihadista Basaiev, fue proclamado viceprimer ministro de dicho gobierno checheno en el exilio. Su portavoz, Ahmed Zakaiev, disfruta de asilo político. En Washington su ministro de Relaciones Exteriores, Ilyas Ajmadov, también disfruta del asilo político de los imperialistas.

Una de las sedes de este gobierno está en un local de la la Freedom House que dirige el antiguo director de la CIA James Woolsey, y su financiación corre a cargo del Comité Norteamericano para la paz en Chechenia, copresidido por Zbigniew Brzezinski y por su ejecutor, Alexander Haig hijo. Estados Unidos también ha concedido asilo político a Ilyas Ahmadov, acusado de crímenes de guerra y ayudante del independentista Aslan Masjadov. Ahmadov fue contratado por la organización National Endowment for Democracy, donde participan el sionista Paul Wolfowitz (antiguo ministro de Defensa), Frank Carducci (antiguo director de la CIA) y el general Wesley Clark (antiguo Comandante en Jefe de la OTAN). Por eso, el New York Times no califica a los chechenos de terroristas sino de resistentes y, un año después de la masacre de Beslan, Basaiev, con una orden internacional de busca y captura, concedía una entrevista a una cadena estadounidense de televisión.

Cuando Ahmed Zakaiev fue detenido en Copenhague, Rusia solicitó formalmente su extradición implicándole, entre otros actos, en el secuestro de 1.000 personas en el Teatro Duvrobka de Moscú, que se había producido apenas una semana antes. Pero el embajador de Dinamarca en Moscú advirtió de que las leyes danesas no permitían su extradición a Rusia.

El oligarca ruso Berezovsky, perseguido por evasión fiscal, también está refugiado en Londres, bajo el asilo político del gobierno. Desde allí mueve varios de los hilos del ajedrez geopolítico del Cáucaso en interés de sus jefes. Como en Irak, de nuevo, petróleo y guerra van de la mano también en Chechenia.

Washington habla un doble lenguaje cuando pide al Kremlin que negocie con el gobierno checheno en el exilio: “¿Por qué no se reúnen ustedes con Osama Bin Laden, lo invitan a Bruselas o a la Casa Blanca para iniciar conversaciones, para preguntarle lo que quiere y dárselo, a fin de que los deje en paz?”, respondió Putin.

Nueva York no es Beslán, donde los muertos no importan casi nada a nadie

Las Guerras del Cáucaso (10)
En marzo de 2003 se celebró un referéndum que aprobó un proyecto de constitución elaborado por el gobierno ruso, concediendo a Chechenia el estatuto de república autónoma dentro de la Federación rusa. En septiembre Ajmad Kadirov fue elegido presidente y, al año siguiente fue asesinado por los comandos wahabitas de Basaiev.

El 29 de agosto de 2004 Rusia convocó elecciones en Chechenia. Los estadounidenses y sus aliados wahabitas trataron de sabotear los planes de Moscú por todos los medios posibles. Cinco días antes de las elecciones, el 24 de agosto, dos aviones, un Tupolev 154 de la línea Moscú-Sochi y un Tupolev 134 de la línea Moscú-Volgogrado, explotaron en pleno vuelo provocando la muerte de 90 personas. Las Brigadas Islamistas (Kataib al-Islambuli) se atribuyeron la acción. Una semana después la misma organización hizo estallar una bomba en el metro de Moscú, frente a la estación Rizhskaya, provocando 10 muertos y unos 50 heridos.

Sin embargo, el llamamiento de los imperialistas estadounidenses y sus aliados independentistas a boicotear el escrutinio obtuvo poco éxito, ya que el promedio de participación alcanzó el 79 por ciento. El general Alí Aljanov, candidato favorable a Rusia, ganó las elecciones sin dificultad. Los observadores internacionales atestiguaron unánimemente la limpieza del escrutinio, incluso los de la Liga Árabe, mientras los estadounidenses denunciaron una farsa organizada por el virrey de Putin. Mala perdedora, la prensa imperialista vio en aquel resultado la prueba de una manipulación.

Las rivalidades imperialistas quedaban al descubierto. Dos días después se celebró una cumbre ruso-germano-francesa en Sochi para apoyar a Putin. En ella Chirac y Schröder, que tenían puntos de vista muy diferentes sobre la guerra, le felicitaron por restablecer la democracia en Chechenia.

El respaldo europeo a Putin no frenó a los yihadistas. Tres días después de las elecciones, las sangrientas provocaciones wahabitas continuaron con una de sus operaciones más definitorias: el secuestro de 1.181 rehenes en la escuela de Beslán, en Osetia del norte, una República autónoma de la Federación Rusa.

El doctor Leonid Roshal, que ya había desempeñado el papel de negociador durante el secuestro del Teatro Duvrobka, llegó para negociar con los asaltantes. Sin embargo, sorprendentmente, éstos no plantearon ninguna petición. El macabro juego no consistía en negociar nada sino en crear una crisis, dejar que la situación se deteriorara. Se negaron a dar de comer y beber a los rehenes, que tuvieron que ingerir su propia orina para sobrevivir. Luego mataron a 20 de ellos cuando un miembro del comando fue herido por la policía rusa.

Al día siguiente, el antiguo presidente de Ingushetia, Ruslan Aushev, trató de mediar y obtuvo la liberación de algunos rehenes. El jefe del comando declaró que actuaba siguiendo órdenes de Shamil Basaiev. Al final del segundo día, empezaron a llegar a Beslán los periodistas extranjeros. Fue entonces cuando, inesperadamente, el jefe del comando exigió la presencia de varias personalidades para plantear que no daría de beber a los niños hasta que Putin anunciara por televisión la independencia de Chechenia.

Al tercer día, los secuestradores permitieron a los médicos a evacuar los cadáveres de 21 rehenes que empezaban a descomponerse debido al calor y la humedad. Se oyó entonces una explosión, sin que se sepa si se trató de un disparo hecho por el padre de algún alumno desde el exterior de la escuela o, lo que parece más probable, el estallido accidental de una de las bombas. La explosión desencadenó un tiroteo generalizado en medio del cual las tropas rusas se lanzaron al asalto, que causó 376 muertos, entre ellos 11 soldados rusos, 31 secuestradores y 172 niños.

Sólo un secuestrador sobrevivió y fue juzgado. Las autopsias revelaron que 22 de los 32 secuestradores eran toxicómanos que murieron en estado de abstinencia por falta de droga. La identificación de los atacantes sigue siendo incierta. La prensa imperialista volvió a arremeter con saña contra Putin, acusado de ser responsable de la carnicería por mantener una atroz guerra en Chechenia.

La operación había sido preparada por los servicios secretos británicos para debilitar a Rusia. Sin mencionar expresamente al Reino Unido, el Kremlin denunció que el asalto había sido preparado por una potencia extranjera y planteó la cuestión al Consejo de Seguridad de la ONU, que rehusó debatir un proyecto de resolución, limitándose a emitir un comunicado de condena del secuestro y de los atentados contra los aviones en el que exhortaba al mundo a cooperar con Rusia para detener y juzgar a los culpables. Pero el tratamiento del asunto en los gobiernos y la prensa mundial fue muy diferente al que recibió el 11-S. No se dieron por enterados y siguieron protegiendo a los secuestradores. El atentado había tenido lugar en Beslán, no en Nueva York.

El 8 de marzo de 2005 Masjadov fue abatido en el curso de una refriega con tropas rusas. Su familia había sido secuestrada en febrero al parecer por los hombres de Ramzan, el hijo del asesinado Kadirov.

El 13 de octubre de ese mismo año en la república rusa de Astemirov-Balkaria una unidad de 100 yihadistas chechenos y árabes dirigidos por Anzor Astemirov asesinó al menos a 24 funcionarios de policía y civiles.

Al año siguiente, el 10 de julio de 2006, días previos a la cumbre del G8 en Petersburgo, murió Basaiev en condiciones no esclarecidas. Las fuentes chechenas consideran que sucedió como consecuencia de una explosión accidental, mientras Moscú atribuyó la autoría a sus tropas.

Los imperialistas llevan de nuevo la guerra a Chechenia

El dirigente checheno Masjadov levanta el puño
Las Guerras del Cáucaso (9)

Entonces comenzó otra etapa de la historia de Chechenia, la primera guerra (1994-1996), que empezó como un enfrentamiento interno. En mayo de 1993 los enfrentamientos armados se trasladaron al centro de Grozni. Tres distritos de la capital proclamaron su lealtad a la oposición. Dudaiev envió a sus milicias para recuperar el control de estas zonas y, al mismo tiempo, con el fin de contrarrestar las acusaciones de dictador, anunció la celebración de elecciones legislativas en 1995 y presidenciales en 1996. En un atentado dirigido contra Dudaiev, falleció su ministro del Interior.

Yeltsin envía tropas para atacar Grozni, estabilizar la región, frenar las tendencias independentistas y garantizar la variante rusa de los oleoductos que cruzan el Cáucaso. La guerra se prolongó durante varios meses. La ofensiva acorazada se produce por tres frentes pero choca con una fiera resistencia. Grozni padece un bombardeo intensivo que destruye su centro histórico. La guerra costó más de 50.000 muertos y una importante cantidad de refugiados. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y los rusos consiguen ocupar una gran parte del territorio.

Pero la guerra provocó una fuerte crisis política en el interior de Rusia. Actuó como aglutinante de la oposición a Yeltsin. Parte de las fuerzas armadas, de la cúpula de la Iglesia ortodoxa y de las masas se manifestaron en contra de una política vacilante hacia Chechenia que sólo respondía a los vaivenes de la correlación de fuerzas en el Kremlin. Negociaban cuando la popularidad del Gobierno era mínima (junio de 1995) o cuando estaba en juego su continuidad (elecciones de agosto de 1996) y, por otro lado, desencadenaron acciones militares extremadamente violentas (por ejemplo, la conquista de Samachki), como medio de afianzar su influencia en el país.

La guerra fue encarnizada, en especial para el pueblo checheno, pero también para el ejército ruso, objeto de las represalias de las milicias chechenas. En 1995 Basaiev dirigió durante dos días el secuestro de 2.000 personas en el hospital de Budionnovsk (sur de Rusia) que dejó un saldo de 150 muertos y 400 heridos, en su mayor parte pacientes o personal médico. En abril de 1996 Dudaiev fue ejecutado por el lanzamiento de un misil teledirigido por el ejército ruso. Su cuerpo no apareció.

El final de la primera guerra y el inicio de la segunda
En agosto de aquel año Yeltsin decidió modificar su estategia. Encomendó a Alexander Lebed, un general ruso, secretario del Consejo de Seguridad y opuesto a la intervención militar en el Cáucaso, negociar la paz con Yandarbiev. Son los llamados Acuerdos de Jasaviurt que establecieron el fin de las hostilidades, la retirada de los tanques rusos y una moratoria de cinco años sobre el estatuto político de Chechenia, tras el cual se convocaría un referéndum. El plan supone, de facto, la autonomía total.

Comienza una nueva etapa para Chechenia, que no dudó en utilizar los acuerdos alcanzados para actuar como si de un Estado independiente se tratase. Prueba de ello fue la proclamación, inmediatamente después del acuerdo, de la ley islámica, la declaración por parte del Parlamento checheno del ruso como idioma extranjero e incluso la solicitud de establecimiento de relaciones diplomáticas plenas entre los dos Estados.

En enero de 1997 unas elecciones presidenciales reconocidas tanto por la OSCE como por el Kremlin, otorgaron a Masjadov la presidencia del gobierno. El nuevo presidente tuvo que hacer frente a dos grandes problemas: la situación económica cada vez más precaria y los embates de los sectores wahabitas dirigidos por Basaiev.

En agosto de 1999 Putin fue elegido primer ministro y en diciembre Yeltsin renunció a la presidencia. Pero el acontecimiento más importante de aquel año fue la invasión del Daguestán, vecino de Chechenia, por Basaiev y sus seguidores. Fue un intento de provocar una nueva guerra a una escala aún más vasta con la esperanza de generar un levantamiento islámico en toda la región. Tras los chechenos estaban los wahabitas saudíes y Estados Unidos, interesados en desestabilizar la región e impedir la consolidación de la paz.

Empezó así la segunda guerra en la que el ejército ruso arrasó Grozni, bombardeada masivamente de septiembre a marzo del siguiente año. Cuando los rusos toman Grozni en la primavera de 2000, las operaciones militares de gran envergadura se trasladaron del llano a la montaña, donde continuó la resistencia. Aunque el ejército ejecutó duras operaciones de limpieza, los yihadistas redoblaron sus fulgurantes y demoledores golpes. En septiembre de aquel año Rusia padeció tres atentados que, en una semana de horror, dejaron 230 muertos.

A diferencia de la anterior, esta segunda guerra generó escasa oposición en Rusia. Estaba estratégicamente vinculada a la daguestaní y también complicó las relaciones con Georgia, una república sumida durante años en una profunda crisis. Se abrió así un nuevo frente de guerras chechenas añadido a otros conflictos del Cáucaso con epicentro en el corredor de Pankisi (frontera común checheno-georgiana).

En marzo de 2000 Putin inició su presidencia designando en junio al antiguo jurisconsulto musulmán (muftí) de Chechenia, Ajmad Kadirov, como presidente del gobierno local. Después del 11 de setiembre de 2001, tendrá un buen argumento para justificar la prolongación de la guerra en Chechenia como parte integrante de la guerra contra el terrorismo fundamentalista.

En octubre de 2002 se produjo el secuestro del teatro Dubrovka de Moscú, dirigido por Movsar Barayev, sobrino de Shamil y acusado de varios crímenes sanguinarios. La policía terminó con los 41 secuestradores pero también gaseó mortalmente a 129 de los 700 rehenes. Durante el asalto, las tropas rusas utilizaron un gas somnífero que no quisieron identificar.

Los rusos siempre afirmaron que el comando checheno recibió ayuda de numerosos cómplices en Moscú para preparar la operación. Una fuente gubernamental indicó que los insurgentes fueron informados sobre lo que ocurría fuera del teatro por un centro analítico. Ese centro recogía información de varias fuentes, incluido el cuartel general de la operación de rescate, la procesaba y enviaba instrucciones a los secuestradores. Es muy probable que se tratara de una agencia de espionaje imperialista, posiblemente británica o estadounidense, con el apoyo de algunos miembros de los propios servicios secretos rusos.

La penetración imperialista y wahabita en Chechenia

Shamil Basaiev
Las Guerras del Cáucaso (8)

El norte del Cáucaso constituye una región estratégica para las relaciones de Moscú con Transcaucasia (Georgia, Azerbaián, Armenia) y las antiguas potencias rivales en la zona, Irán y Turquía. Económicamente, Chechenia era la zona de paso del petróleo proveniente del Caspio y de los países de Asia central.

El bloqueo impuesto por Moscú y los problemas derivados del petróleo afectaron drásticamente a la economía chechena, ya extraordinariamente debilitada durante la era Gorbachov, que había llevado hasta las estribaciones del Cáucaso recortes de salarios, escasez de comida y desempleo. Luego, la primera guerra con las tropas federales rusas empobreció aún más a los chechenos. La penuria económica condujo a la aparición de dos fenómenos nuevos en la región:

— la consolidación de redes criminales que se lucraron con la independencia y desestabilizaron la sociedad chechena
— el debilitamiento de las órdenes sufíes, que fueron incapaces de funcionar en estas condiciones, siendo sustituidas por el wahabismo.

Estos nuevos fenómenos, si bien tienen raíces internas en la propia evolución de la sociedad chechena, fueron alentadas por el imperialismo, singularmente por Estados Unidos. El wahabismo en Chechenia comenzó a expandirse en los años ochenta, durante el desmantelamiento de la URSS por Gorbachov y luego tras la guerra de Kosovo. En plena bancarrota económica chechena, los wahabíes llevaron mucho dinero desde algunos países del Golfo y esto incrementó notablemente su popularidad en la región. A través de Arabia saudí, los imperialistas estradounidenses expandieron un nuevo tipo de religión y con ella su influencia política.

El dinero procedente de países tales como Arabia saudí, Pakistán y Afganistán era abonado a los que se convertían al wahabismo y a aquellos que reclutaban a otros para unirse a la secta militante. Directamente como estado o a través de religiosos prominentes y hombres de negocios, Arabia saudí apoyó el independentismo checheno bajo la supervisión de Estado Unidos. Como dijo el antiguo Secretario de Estado norteamericano James Baker: “Solo en la medida de nuestros intereses debemos oponernos al integrismo”.

El wahabismo se originó en Arabia saudí en la segunda mitad del siglo XVIII sosteniendo una interpretación estricta del islam que rechaza las innovaciones introducidas en la religión tras la muerte de Mahoma. Unió a las tribus de la península arábiga y a principios del siglo XX proporcionó los fundamentos sobre los que se construyó el moderno estado de Arabia saudí. Algunas interpretaciones wahabíes están vinculadas estrechamente al régimen saudí y denuncian todas las formas de disidencia que amenazan el orden político actual en el reino. Se opone la veneración de los santos, las peregrinaciones a los mausoleos y otras manifestaciones de religiosidad popular, algo muy habitual en las órdenes sufíes. También niega el papel del maestro, que es muy importante para los sufíes. Por todo ello, los wahabíes consideran al sufismo como una desviación de las enseñanzas islámicas originales.

Entre los musulmanes del Cáucaso, y entre los chechenos en particular, están muy extendidos los ritos funerarios. Cuando alguien fallece, existe un ritual de condolencias que es seguido por los parientes del fallecido y todo el pueblo. Sin embargo, los wahabíes creen que es inútil realizar un ritual de condolencias y que basta con enterrar al fallecido. Con la crisis los chechenos ni siquiera podían sufragar las costosas tradiciones funerarias. Así pues, muchos jóvenes comenzaron a pensar que los wahabíes enseñaban principios que tenían más relevancia para la vida actual en Chechenia y que las tradiciones funerarias se hallaban en oposición a los auténticos principios islámicos.

Tras la guerra de Kosovo, muchos yihadistas árabes se unieron a la lucha de los musulmanes de Chechenia por la independencia de la Federación Rusa. Además de la presencia de numerosos combatientes saudíes en las milicias chechenas, siempre, supuestamente, vinculados a Al-Qaeda, el máximo exponente del apoyo de los wahabitas al independentismo checheno fue el saudí Ibn al-Jattab, cuyo nombre real era Samir Saleh Abdalah Al-Suwailem. Tras la guerra de Kosovo, se trasladó en 1999 a Chechenia y participó con Basaiev en la invasión del Daguestán. Fue asesinado en circunstancias nada claras en 2002.

A través de Arabia saudí, la penetración wahabita fue un instrumento de presión de Estados Unidos dirigido contra Gorbachov y corrió paralela con el rearme de los talibanes en Afganistán. Como Osama Ben Laden, Basaiev, aunque checheno, era de religión wahabita y combatió como muyahidín en Afganistán contra los soviéticos, donde el ISI (los servicios secretos paquistaníes), lo entrenaron en secuestros y otras operaciones terroristas. El ISI servía de puente entre la CIA y los combatientes islámicos afganos. Allí se entrevistó con los ministros pakistaníes Aftab Shahban Miran y Nazerrullah Babar, más el jefe de los servicios secretos, Javed Ashar, todos ellos colaboradores de la CIA. Basaiev reaparece como peón de la CIA en 1991, cuando se unió a Yeltsin en las barricadas durante el intento de golpe del Comité de Emergencia en Moscú.

La influencia wahabí dividió a Chechenia. Los sufíes aún componen probablemente el 95 por ciento de la población. Las órdenes sufíes trataron de mantener la distancia con respecto a la guerra chechena. Muchos dirigentes religiosos optaron por abandonar Chechenia para buscar refugio en la vecina Ingushetia o en otras partes de Rusia, dejando el campo libre a los wahabitas, que aunque representan una minoría, son un grupo muy organizado con ambiciones independentistas, que está tratando de promover sus propios intereses (y los de sus patrocinadores) en Chechenia y en toda la región del Cáucaso. Los wahabitas tuvieron que enfrentarse con las órdenes sufíes locales. La política wahabí en Chechenia ha intensificado el independentismo, atrayendo la brutal represión rusa y extendiendo así su propia influencia frente a los sufitas. Tras ellos, antes y después de la caída de Gorbachov, siempre ha estado la larga mano de los imperialistas estadounidenses.

En agosto de 1994, tres meses antes de la intervención rusa, Dudaiev contaba con menos de 5.000 hombres armados y el gran muftí prohibió a los musulmanes que tomaran las armas. Sin embargo, disponía de un formidable arsenal de armas: un elevado número de aviones (unas 200 unidades, no todas operativas debido al reducido número de pilotos cualificados) y helicópteros, carros de combate, piezas de artillería, gran cantidad de fusiles y lanzagranadas, ametralladoras y fusiles, unas 20.000 granadas de mano y hasta 15 millones de balas. La aviación fue prácticamente destruida en su totalidad en los primeros días de la intervención rusa.

Chechenia en la caída de la URSS: ni independencia ni todo lo contrario

El general checheno Dzhojar Dudaiev
Las Guerras del Cáucaso (7)

Cuando se vislumbra el final de la etapa soviética, los imperialistas comienzan a meter la cuchara en el Cáucaso y se produce entre ellos una dura disputa. La guerra de Chechenia se desarrolla en paralelo a la ampliación de la OTAN hacia el este, lo que genera un clima de extrema tensión entre Rusia, Estados Unidos y sus aliados occidentales.

En 1988 a través de Norilsk Eugenia Gaier, los imperialistas promueven la creación de la Asociación de los Pequeños Pueblos (AsPP), de la que forma parte Chechenia. Por su parte, los chechenos impulsan en 1991 la creación de la Confederación de los Pueblos Montañeses del Cáucaso, una organización pancaucásica originariamente de carácter estrictamente cultural que experimentó una rápida transformación y pasó a convertirse en una formación básicamente política, dotada incluso de milicias armadas. Esta Confederación desempeñó un importante papel en las guerras del Cáucaso norte y la Transcaucasia, desplegando una intensa actividad política.

En la república checheno-ingush se constituyó, también en 1991, el Congreso Nacional del Pueblo Checheno (CNPC), organización de oposición informal al Gobierno central de Moscú, que tenía la independencia como objetivo. Estaba presidido por un militar soviético de origen checheno, el general Dzhojar Dudaiev, un veterano de Afganistán que había dirigido una unidad de bombarderos estratégicos soviéticos en Estonia entre 1987 y 1990.

En aquellos momentos, Doku Zavgaiev, primer secretario del PCUS y presidente del Soviet Supremo de Chechenia-Ingushetia, era el máximo dirigente de la República y respaldó el golpe de Estado del Comité de Emergencia en agosto de 1991. Dudaiev, por el contrario, se opuso. El fracaso del golpe en Moscú actuó como un revulsivo en Chechenia. Provocó otro golpe en Grozni, esta vez triunfante. Yeltsin vió entonces la oportunidad de librarse de la vieja guardia y el 15 de septiembre, con el apoyo del Congreso Nacional del Pueblo Checheno, ordenó la disolución del Parlamento, destituyó a su presidente y creó un Consejo Supremo Provisional con la tarea de asumir el poder hasta la celebración de elecciones el 27 de octubre.

Los ingushes no participaron en ellas. Dudaiev obtuvo el 85 por ciento del respaldo popular. Sin embargo, fueron los jefes de los clanes los que eligieron a Dudaiev como Presidente. La población chechena está dividida en 131 clanes, de los cuales 28 desempeñan un papel principal y esa estructura social arcaica se completa con los jefes religiosos y los ancianos. El 1 de noviembre se proclama la independencia de la República de Ichkeria (nombre autóctono de Chechenia) de la que Ingushetia permanece al margen.

También regresa Aslan Masjadov para participar en la creación de las Fuerzas Armadas, de las que es nombrado comandante en jefe. Masjadov tenía sobre sus espaldas una dilatada carrera militar. Antiguo oficial del ejército soviético, estudió en la Academia de Artillería de Leningrado y estuvo destinado en Hungría entre 1978 y 1981. Equipa al nuevo ejército checheno con el material que dejaron abandonado las tropas soviéticas.

Hasta entonces Yeltsin había defendido las declaraciones de independencia de todos los pueblos, ya que le resultaban útiles para debilitar el poder de su antecesor, Gorbachov. Pero tras el contragolpe de Estado, no reconoció los resultados electorales en Chechenia e impuso el estado de emergencia. Poco después, el Parlamento anuló la orden para evitar un enfrentamiento abierto con los dirigentes chechenos.

Desde el principio Chechenia vivió inmersa en una permanente crisis que afectó a todos los sectores del país y nunca hubo mecanismos institucionales para resolverla. La proclamación de independencia dio lugar al éxodo de los rusos residentes en la región, que se cifra entre 45.000 y 240.000 personas. La presidencia de Dudaiev se caracterizó por su tono personalista y autoritario. Las divisiones internas dentro de los independentistas, paralizaron a la nueva República. En junio de 1993 se produjo un choque entre el Presidente y el Parlamento; los diputados destituyeron a Dudaiev y al primer ministro Mamodaiev, y éstos ordenaron su disolución.

La nueva República articuló su política sobre dos grandes pilares. El primero, de índole religiosa, basado en el islam como elemento cohesionador, no sólo de la sociedad chechena, sino fundamentalmente de todos los pueblos musulmanes del Cáucaso norte, es decir, el panislamismo. El segundo, el reforzamiento de la CoPC para consolidar la unidad política de los pueblos del norte del Cáucaso. Sin embargo, la Confederación fue adoptando paulatinamente una actitud conciliadora en las relaciones con Moscú, en contra de las tesis antirusas propiciadas por los chechenos.

Entre 1991 y 1994 la respuesta rusa a la independencia de Chechenia fue ambigua: no se reconoció pero tampoco se adoptaron acciones en contra. De hecho, Moscú pareció aceptar la independencia. Practicó una política a la vez de conciliación (negociaciones con los dirigentes chechenos) y de desestabilización (bloqueo económico, apoyo a la oposición, ataques armados). En mayo de 1992, la misma Federación Rusa que negaba legitimidad a los dirigentes chechenos, firmaba con ellos un acuerdo por el que se aceptaba la retirada de las tropas rusas estacionadas en la zona y la distribución, a partes iguales, de los arsenales disponibles en su territorio. Para Moscú cualquier intento secesionista era inaceptable. El reconocimiento de la independencia chechena suponía un precedente para otros pueblos de la Federación, que provocaría su desestabilización.

El Ministerio alemán para los ‘emigrantes’ como instrumento de expansión imperialista

Aschenauer, con toga
Las Guerras del Cáucaso (6)

Entre otras funciones, el capitán Theodor Oberländer había sido delegado regional en Prusia oriental de la VDA (Verein für das Deutschtum im Ausland, Asociación para la promoción de la identidad alemana en el extranjero) y en 1955 fue ministro “des Vertriebenen”, que podemos traducir como ministro “para los alemanes emigrados o expatriados”. Desde el final de la guerra había formado el “Bund der Vertriebenen”, la Liga de los Emigrantes, un partido nazi integrado en la vida política de la República Federal de Alemania y hacia aquellas fechas fusionado con la CSU. Oberländer no solamente salvó su vida sino la de muchos nazis impidiendo que cayeran en manos soviéticas. Sabía que en manos de los imperalistas todo iba a ser diferente y que Alemanía sería lo que tenía que ser. Sólo había que intentar lo mismo por otras vías. La República Federal de Alemania tenía que convertirse un III Reich sin cruces gamadas… pero con los mismos nazis de siempre.

La VDA es una asociación privada que desde la unificación alemana en 1871 despliega las posiciones pangermanistas con las que los imperialistas alemanes han justificado siempre su expansionismo. Se trata de crear enclaves alemanes, como ya hicieron en 1920, y germanizar Dinamarca, Yugoeslavia, Polonia y determinadas regiones de la URSS. Para ello crearon un banco en Holanda que blanqueaba dinero procedente de operaciones secretas. Con fondos públicos alemanes compraron empresas y grupos de prensa en el extranjero. Había que formar poderosos consorcios de intereses que reclamaran la autonomía cultural, luego la independencia y, finalmente, la anexión a Alemania.

Bajo el nazismo, la VDA ocupó un lugar central en la estrategia hitleriana, sobre todo en Checoslovaquia. El espionaje sólo era una de sus variadas funciones.

A comienzos de la II Guerra Mundial, las minorías alemanas en el este de Europa prestaron una ayuda logística muy importante para la entrada de la Wehrmacht. Los miembros de la VDA desempeñaban funciones policiales, perseguían a la resistencia y exterminaban a la población local. En la URSS los especialistas de la VDA seguían un programa de germanización y, como en Argentina en 1973, secuestraron a niños que podían formar parte de dichos programas para integarlos en familias alemanas. Los que no podían ser asimilados eran entregados a la SS para su exterminio.

En 1945 los aliados prohibieron la VDA clasificándola entre las organizaciones nazis importantes y confiscando sus propiedades. Pero dos años después los viejos cuadros ya la habían revitalizado de nuevo, a pesar de la prohibición. Su jefe entonces era Hans Steinacher y su lema “raza y hegemonía”. Lo único que cambió fue su rabioso antisemitismo.

A partir de 1952 las biografías se cruzaron. Oberländer es nombrado ministro para los alemanes emigrados y, con su apoyo, la VDA, sin cambiar su nombre, recupera su estatuto oficial y sus sólidos contactos con el Ministerio de Asuntos Exteriores, que recomienza a utilizar a los afiliados de la VDA para “tareas precisas en el extranjero”.

En 1961 Steinacher mantiene una entrevista con el gobierno federal para realizar “trabajos conjuntos” y obtiene financiación secreta para ejecutarlas. Todas las redes de la VDA en el este de Europa coinciden con las antiguas que previamente había tendido Rinhardt Gehlen y forman parte del espionaje previo y posterior a la guerra mundial.

Tras Steinacher, Rudolf Aschenauer dirige la VDA hasta finales de los años setenta. Su biografía es como la de Oberländer y todos los demás: nazi y miembro de la SA, las tropas de asalto, tras la guerra mundial fue abogado de la organización nazi “Stille Hilfe” (Ayuda Silenciosa) que defendía a los criminales de guerra en los procesos judiciales. En los años cincuenta perteneció a diversos movimientos nazis y servía de enlace entre el “Deutsche Reichspartei” (Partido del Imperio Alemán) y el Ministerio del Interior, cuyo titular era Schröder, otro de sus colegas en la SA.

En muchos aspectos, por ejemplo en la diplomacia, la política oficial alemana llega a confundirse con la política nazi de la VDA y destacados miembros de esta asociación ocupan cargos clave no solamente en partidos políticos alemanes sino incluso en la Presidencia de la República y en la Unión Paneuropea. Por supuesto, en nómina también figuran europarlamentarios, de esos que denuncian el genocidio checheno de 1944…

Así que volvemos a hablar de Chechenia.

En enero de 1995 el máximo dirigente de la VDA, Karsten Schlamelcher, apareció muerto en su apartamento, muy cerca de Bonn. Su familia dijo que había sido asesinado, pero el caso está cerrado sin culpables. Schlamelcher era conocido en Alemania como el hombre de la maleta: tras la caída del muro de Berlín era quien llevaba el dinero alemán, millones de marcos, hacia el este y los Balcanes, hasta el punto de que había convertido a la VDA en un poder fáctico en los antiguos países del Pacto de Varsovia. El carácter aparentemente privado de la VDA no le ha impedido percibir fuertes sumas procedentes de fondos reservados que no eran precismente subvenciones. Sólo en 1990 y 1991 recibió de los ministerios alemanes del Interior y de Asuntos Exteriores, cien millones de marcos, teóricamente para repatriar a los alemanes que vivían en el exterior. En realidad se trataba de vincular a esos países al imperialismo alemán, sacándolos de la influencia de Estados Unidos.

Schlamelcher recorrió todo el este de Europa. Curiosamente sólo se denunciaron las actividades de la VDA en países como Dinamarca o Bélgica, es decir, en occidente, pero sabemos que su penetración en el este y en los Balcanes fue mucho más intensa. La división y la guerra de Yugoeslavia son obra directa de esta tarea subterránea porque no era suficiente con liquidar el socialismo: había que dividir aquellos países, repartirse las áreas de influencia, alejar a los competidores y rivales.

Chechenia es un ejemplo de eso.

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