Las 6 manipulaciones imprescindibles para convertir el rap en un delito

Juan Manuel Olarieta

Un rap no puede ser delito porque es una canción, música. A partir de aquí, cualquier otra explicación sobra. Para justificar la represión política los jueces y la prensa encubren ese hecho elemental y hacen una primera mutilación: sólo hablan de las letras. Lo que es delito no es la canción sino la letra, dicen.

Cualquier crítico musical, literario o artístico pondría el grito en el cielo por una manipulación de ese calibre que ni se ha hecho ni se hace jamás con ninguna obra artística. A nadie se le ocurre juzgar la ópera Nabucco de Verdi por su letra, escrita por Temistocle Solera, un llamamiento panfletario a la lucha por la liberación de los esclavos, que reclaman una canción de “crudo lamento que infunda valor a nuestro padecimiento”.

Si la canción de Verdi no fuera “cruda” no expresaría el horror de la esclavitud, del que son víctimas los esclavos, ya que los negreros no tienen ninguna clase de padecimiento por ello, es decir, que se trata de una diferencia de clase.

2 La segunda manipulación es que una canción es un conjunto de sonidos armónicos que entran en nuestra cabeza y en nuestro corazón por el oído, la mayor parte de las veces durante un concierto en directo, donde el sonido se vincula a una imagen en movimiento y a un ambiente en el que participan muchas personas.

El rap no es un artículo periodístico, no es un ensayo, ni una tesis doctoral, ni un libro, ni un mitin, ni una conferencia. No se dirige a la cabeza sino a las tripas. Como cualquier obra de arte, su tarea fundamental no es explicar nada, ni argumentar, ni razonar. Expresa y transmite un estado de ánimo compartido por los explotados y oprimidos: cabreo, rabia, mala hostia…

3 La tercera manipulación es tan grave como las dos anteriores: la letra de un rap se compone de varios versos, no de prosa. Convertir al verso en prosa, romper la rima y el ritmo y lo transforma en un texto plano, como si fuera la lección magistral de una catedrático de obstetricia.

Esta manipulación conduce a una paradoja: todos hablan del derecho a la libertad de expresión, pero nadie cae en la cuenta de que el rap no sólo es eso sino mucho más, una creación artística y, por lo tanto, lo que ahora está en juego es el rap mismo, un estilo musical cuya supervivencia pende de un hilo a causa de la censura y con la complicidad de los músicos domesticados que nunca levantan la voz.

4 La cuarta manipulación deriva de la anterior: cuando un cretino que -lamentablemente- tiene la sartén por el mango convierte un verso en un texto que se lee sobre el papel, vuelven a ocurrir otras dos cosas paradójicas: o bien el cretino hace una interpretación literal del texto, o si eso no le resulta favorable, entonces hace una interpretación indirecta o metafórica.

El caso es que el resultado tiene que ser el esperado: el rap es delito. Para ello podemos interpretar los textos de tal manera que ocurra así siempre.

Una de las grandes virtudes del rap es que ha reverdecido el viejo arte de la retórica, una disciplina apolillada desde hace dos siglos que enseña a exponer un tema tanto como a “leerlo” después.

Pues bien, resulta que lo que los jueces y periodistas juzgan y analizan no es ninguna canción, como ellos creen, sino su propia interpretación de la misma. Se juzgan y analizan a sí mismos porque cualquier otro es capaz de hacer una interpretación diferente.

5 La quinta manipulación es el truco más viejo del mundo que los periodistas practican desde siempre: extractar versos sueltos de un tema, un poema o una canción. Se aíslan unos versos de otros y se sacan de contexto porque de esa manera lo blanco parece negro y lo negro blanco.

La selección no es aleatoria ni inocente: hay que coger los versos más rotundos, más contundentes, más hiperbólicos, como esa amenaza de ponerle a alquien un arma de destrucción masiva en el culo. Hace falta ser un cínico redomado para sostener que ese tipo de versos son capaces de infundir miedo a alguien.

6 La sexta manipulación consiste en recomponer de nuevo las piezas del rompecabezas. Es muy fácil. Basta con poner a unos versos al lado de otros. Así unos versos ayudan a interpretar a los otros, aunque pertenezcan a un tema distinto.

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