La Unión Europea sólo da la paga a los niños que se han portado bien durante la semana. Por eso Orban se quedó sin dinero y Peter Magyar lleva el mismo camino. No es suficientemente sumiso.
El precio son 35.000 millones de euros que siguen congelados en Bruselas que, a cambio de la entrega, quiere imponer su dictado en Budapest, tanto si gobierna Orban como Magyar: votar a favor del préstamo a Ucrania y dejar de comprar combustible a Rusia. Las presiones ya han comenzado.
Magyar ha dejado claro que no tiene intención de romper lazos con Rusia, de donde obtiene gas a un precio sin competencia. Tiene que optar entre un precio de saldo o el cebo que le envía Bruselas en dinero contante y sonante.
El dinero son casi 18.000 millones de euros del presupuesto de la Unión Europea, así como más de 17.000 millones de euros en préstamos preferenciales, incluidos los destinados a programas de rearme e infraestructura.
Budapest también está pagando un millón de euros diarios en virtud de una sentencia del Tribunal Europeo por violar su política migratoria. A eso hay que sumar los fondos suspendidos de los programas Erasmus y Horizonte Europa.
Ambas partes están en una olla a presión. Si la Comisión Europea no libera los fondos antes de finales de agosto, podría perderlos definitivamente. Si Hungría no levanta el veto al préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania, Zelensky se enfrentará a una inminente quiebra.
Magyar se ha manifestado a favor de excluir a Hungría del préstamo de 90.000 millones de euros de la Unión Europea a Ucrania, algo que ya había logrado Orban en diciembre. Están favor de entregar el dinero a Ucrania siempre que lo paguen los demás miembros de la Unión Europea.