La ONU insta al gobierno británico a erradicar la detención cautelar

En los países europeos la represión va de la mano del militarismo, el rearme y la política de guerra. Por eso no es de extrañar que la ONU se refiera a países, como los europeos, como si formaran parte de una de esas “repúblicas bananeras” que siempre están en los catálogos de los malos informes sobre derechos humanos.

Por ejemplo, en 2005 Reino Unido introdujo en Inglaterra y Gales la detención cautelar (IPP) para personas catalogadas como “peligrosas”. Hay 2.400 personas encarceladas que no han cometido ningún delito, pero alguien cree que pueden hacerlo en el futuro, quizá leyedo un horóscopo.

Es el equivalente en España de las leyes de vagos y maleantes y de peligrosidad social, que fueron derogadas. También el Parlamento británico las abolió hace más de una década, pero ahora las ha recuperado.

El problema más grave de este tipo de encarlamientos sin motivo es que son indefinidas. Las personas “peligrosas” permanecen encerradas sin límite de tiempo hasta que dejen de serlo, para lo cual los inquisidores tienen que estar pendientes siempre del horóscopo.

Si el régimen ya es repugnante por sí mismo, las prácticas represivas son aún peores, ya que hay quien ha cumplido una condena ordinaria y, en lugar de ser puesto en libertad, pasa al régimen preventivo, con el riesgo de no salir nunca del encierro. Es una cadena perpetua camuflada.

Ahora la ONU insta al gobierno británico a redoblar sus esfuerzos para “erradicar la mancha” de las detenciones cautelares y le critica por “perpetuar graves violaciones de los derechos humanos”. Estos castigos pueden constituir otros tantos casos de “tortura sicológica”, asegura la ONU.

La ONU ha transmitido al gobierno de Londres ocho casos de personas atormentadas por este régimen carcelario. Uno de ellos es el de Joseph Brady, quien pasó 18 años en prisión con una condena de cuatro años, siendo liberado y reingresado cuatro veces. Ha sufrido graves problemas de salud mental debido a la incertidumbre de la detención indefinida.

Otra es la de Kerry Parish-McCann, quien cumplió 17 años de una condena de tres años por robo. Entró repetidamente en un ciclo de liberación y reingreso, sufriendo un trauma significativo, inestabilidad y repetidos episodios de autolesiones.

“No son casos aislados”, dice la ONU. “Ilustran fallas sistémicas más amplias que han dejado a muchas personas atrapadas en un ciclo de castigo excesivo, reingreso repetido, deterioro de la salud mental y pérdida de esperanza”.

Desde el primer minuto, el nuevo primer ministro, Andy Burnham, va a teneer que escuchar las denuncias por este régimen carcelario. El subdirector del colectivo Prison Reform Trust, Mark Day, ha declarado que “la intervención de la ONU debería ser una llamada de atención al gobierno para que redoble sus esfuerzos por erradicar la mancha de la detención cautelar”.

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