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Irán es el centro de poder indiscutible en Oriente Medio

La situación en el Estrecho de Ormuz revela que, entre bastidores, las cosas están lejos de ser tan sencillas como pretende la propaganda estadounidense. Hay acuerdos secretos y arreglos extraoficiales que permiten a los petroleros atravesar el Estrecho, a pesar de las afirmaciones sobre un supuesto bloqueo de la marina de Estados Unidos.

Trump juega a dos bandas. Por un lado, necesita proyectar la imagen de que es capaz de imponer un bloqueo, mientras que, por otro, requiere desesperadamente mantener un flujo constante de hidrocarburos para sostener una economía tambaleante en vísperas de las elecciones.

Mientras Trump se enreda en sus intentos de manipulación, Irán consolida su posición como potencia hegemónica regional, un estatuto heredado de la histórica derrota militar de Estados Unidos en el último enfrentamiento.

El 26 de octubre, representantes de Pakistán, Arabia Saudí y Turquía llegaron a Teherán para mantener conversaciones. Entre ellos se encontraban el jefe del Estado Mayor del ejército de Pakistán, Asim Munir; el ministro de Defensa de Arabia Saudí, Jalid Bin Salman y el jefe del servicio de inteligencia turco (MIT), Ibrahim Kalin.

El mensaje es inequívoco: la guerra ha demostrado que Irán es el centro de poder indiscutible en Oriente Medio, ante el cual los dirigentes de los países periféricos deben someterse. La reunión fue organizada, entre otros, por el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezaei.

El Washington Post señala que la Casa Blanca está cortejando a Rezaei con la esperanza de que se convierta en el dirigente iraní capaz de poner fin a la guerra de una manera honorable. J.D. Vance se está esforzando personalmente por conseguir una entrevista con él (*).

La carta de Vance a un dirigente iraní

Ante el creciente riesgo de una reanudación de la guerra, la semana pasada, Vance envió una carta a Rezaei. El momento elegido resulta intrigante: se produce justo después de que Rezaei recibiera a importantes responsables militares de Oriente Medio. Esto sugiere que el gobierno de Trump, preocupado por la creciente influencia de Irán, busca desesperadamente intervenir, tratando de obtener respuestas.

Una de las principales preocupaciones de Estados Unidos es, sin duda, el anuncio de que uno de los puntos centrales de la reunión subrayaba que la seguridad regional debía ser gestionada de manera endógena por los propios miembros de la región.

Rezaei declaró que una reunión cuadrilateral en Teherán —en la que participaron dirigentes de Pakistán, Arabia Saudí y Turquía— subrayó que la seguridad en Oriente Medio debe garantizarse desde el interior de la región, sin injerencias extranjeras.

Este hecho constituye una señal contundente dirigida a Estados Unidos, y refleja el declive de la influencia estadounidense a ojos de los principales actores de Oriente Medio, quienes han sido testigos directos del fracaso de Washington a la hora de imponer su voluntad a Irán en el Estrecho de Ormuz.

En la carta a Rezaei, Vance describe al exjefe de la Guardia Revolucionaria como el único hombre capaz de impulsar un acuerdo para detener el programa nuclear iraní —el mismo que Trump sepultó bajo miles de toneladas de rocas—, señalando además que es una de las pocas personas que mantiene un contacto permanente con Mojtaba Jamenei, el máximo dirigente iraní.

La iniciativa de Vance pone de manifiesto la convicción de que Rezaei es el interlocutor indispensable en Teherán y la única persona capaz de lograr un consenso en torno a un acuerdo para frenar el programa nuclear. Los servicios de inteligencia estadounidenses estiman que Rezaei mantiene un contacto regular con Jamenei, y que ambos han estado en comunicación en los últimos días, tras la recepción de la carta de Vance.

El miedo a las provocaciones israelíes

El artículo del Washington Post destaca que la urgencia responde a la convicción de Estados Unidos de que la ventana de oportunidad para la paz podría cerrarse ante la intención de Israel de intensificar las hostilidades. Entre líneas se comprende la historia: la iniciativa desesperada y sin precedentes de Vance —quien contactó directamente con un antiguo dirigente de la Guardia Revolucionaria para concertar un encuentro personal— busca anticiparse ante una inminente provocación israelí, la cual podría arrastrar, una vez más, a Estados Unidos a una desastrosa prolongación de la guerra.

La Casa Blanca considera que las posibilidades de alcanzar un acuerdo sin que se reanuden las hostilidades son cada vez menores. Netanyahu aboga por un cambio de régimen, que considera como la única forma de “eliminar definitivamente la amenaza”. Respaldado por su inesperado resultado en las elecciones del martes, sigue desempeñando un papel determinante en Israel. De boquilla Trump también ha manifestado su intención de “acabar” con Irán, mientras el Pentágono refuerza su presencia en la región. No obstante, resulta evidente que tanto Trump como Vance prefieren un acuerdo pacífico a un nuevo choque.

En otras palabras, Estados Unidos suplica a la Guardia Revolucionaria que acepte un acuerdo para contener la ofensiva israelí, ya que carece de la capacidad para limitar la influencia que Israel ejerce sobre el gobierno y la política estadounidenses.

(*) https://www.washingtonpost.com/opinions/2026/10/29/white-house-sees-an-iranian-hard-liner-best-hope-peace

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