Esta semana Rusia ha llevado a cabo una serie de ataques durante dos días contra Kiev con misiles balísticos, lo cual puede parecer una operación rutinaria. Pero no es así. Lo novedoso es la ausencia de advertencia previa por parte de Estados Unidos.
Zelensky ha expresado su decepción ante la falta de información de inteligencia. Hasta ahora Ucrania ha recibido todas las alertas de Estados Unidos sobre lanzamientos de misiles. El ministro ucraniano de Asuntos Exteriores, Andriy Sybiha, confirmó que los aliados seguirán compartiendo información de inteligencia; aunque señaló que las últimas faltas de advertencia se debieron a un tipo de “armamento especial ruso”.
¿A qué se refieren los ucranianos cuando hablan de “armamento especial”? Según algunas fuentes, Rusia ha reconvertido los lanzadores SS-400 para el ataque, lo que explicaría el uso de munición “especial”. Ucrania afirmó recientemente haber destruido un sistema SS-400 justo al otro lado de la frontera, en la región rusa de Briansk, que servía de plataforma de lanzamiento.
Otras fuentes dudan de que Rusia utilice los SS-400 de esa manera y consideran que se trata de propaganda ucraniana. Sin embargo, la conversión de los SS-400 excedentes en lanzadoras significa que Rusia dispone de un número de ellas superior a sus necesidades, lo que contradice las recurrentes afirmaciones ucranianas de que el país carece de sistemas de defensa antiaérea.
En cualquier caso, independientemente de si Rusia utiliza o no sistemas SS-400 u otro sistema especial, es necesario interpretar de alguna manera la ausencia de una alerta previa por parte de los servicios de inteligencia de Estados Unidos. La primera hipótesis es que los SS-400 rusos, lanzados en modo balístico, no son detectables por los medios espaciales estadounidenses más avanzados.
La segunda es que las baterías Patriot estadounidenses desplegadas en Kiev son incapaces de detectar los misiles con sus radares. La tercera es que Rusia utiliza una nueva arma que no es detectable por ninguno de los sistemas estadounidenses conocidos.
Pero siempre cabe la hipótesis de que Zelensky y Sybiha estén mintiendo, como acostumbran. Simplemente Estados Unidos les oculta la información. Teóricamente los sistemas Patriot estadounidenses son los encargados de proteger a Kiev, pero, ¿los manejan los ucranianos o los estadounidenses? Si son los estadounidenses, quizá detectaron los misiles dirigiéndose hacia Kiev, pero recibieron la orden de no alertar a los ucranianos.
Si los manejan los ucranianos, entonces no han detectado los misiles, lo que significaría que los radares Patriot “avanzados” son incapaces de detectar los misiles que Rusia está disparando.
¿Está presionando Estados Unidos a Ucrania con el silencio?
La hipótesis más interesante es si los operadores etadounidenses de los Patriot detectaron el lanzamiento de los misiles rusos y no avisaron a los ucranianos para presionar al gobierno de Kiev. Trump ya ha amenazado a Zelensky con el despido y le ha trasladado la responsabilidad de la prolongación de la guerra. ¿Ha suspendido Estados Unidos sus operaciones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento desde el espacio para presionar a Ucrania?
El 11 de octubre Trump afirmó haber logrado una “tregua energético” entre ambos países, pero ni la parte rusa ni la ucraniana habían acordado tal alto el fuego y se quedaron perplejos con el anuncio. Rusia sigue atacando las centrales energéticas ucranianas, como la TPP-5 en Trypilska y la número 5 de Járkov. Por su parte, Ucrania también ha atacado la refinería rusa de Novoshakhtinsk, en Rostov.
Por su parte, el presidente ucraniano declaró a Axios: “Fue una sorpresa para mí. Pero si los rusos aceptan un alto el fuego energético, Ucrania también lo hará” (1). Se trata de un claro desafío hacia Trump, a quien sin duda irritará la insubordinación de Zelensky. Paralelamente, Ansarollah ha atacado una gran instalación de Aramco en Jubail, lo que augura la continuación de la crisis energética.
Es obvio que Trump se inventó un alto el fuego de la nada para calmar la inquietud económica ante la subida de los precios de los combustibles. El Washington Post asegura que el dúo de ineptos formado por Kushner y Witkoff está preparando un nuevo “acuerdo de paz”, que es “más de lo mismo” (2). El mensaje dirigido a Putin es el siguiente: no basta con poner fin a la guerra en Ucrania; hay que firmar un acuerdo económico y de seguridad con Europa para restablecer la estabilidad en la región, tras una escalada inexorable de la guerra (3).
La reconstrucción de Ucrania constituiría el primer pilar, dice el periódico. El Banco Mundial y el fondo buitre BlackRock se comprometen a reconstruir las regiones devastadas del país, proporcionar ayuda a las familias de los soldados fallecidos o heridos y recuperar una economía exhausta. Los demás pilares, añade el Washington Post, son conocidos: congelación de la guerra en sus líneas actuales, garantías de seguridad para Ucrania y la integración económica de Ucrania (y de Rusia) en Europa.
Si Trump elabora estos absurdos planes “de paz” es para dar la impresión de que está recuperando la iniciativa. Es una puesta en escena de cara a la galería.
Si algo tiene que cambiar es dentro de Ucrania
La paz necesita que algo cambie dentro de Ucrania, y está cambiando por primera vez desde el inicio de la guerra en 2022. Algunos políticos ucranianos plantean abiertamente la posibilidad de llegar a un compromiso con Moscú, incluidas concesiones que antes se consideraban impensables.
Una de las voces más destacadas es la de Oleksiy Honcharenko, un diputado ucraniano que durante mucho tiempo estuvo vinculado al ala más intransigente de la oligarquía política de Kiev. Hasta hace poco, Honcharenko consideraba como una traición cualquier compromiso con el Kremlin; su postura era, de hecho, que Ucrania debía seguir luchando, sin importar el coste humano.
Sin embargo, el 2 de octubre publicó una especie de manifiesto político en el que reconoce que Ucrania está perdiendo la guerra y propone iniciar negociaciones con Rusia. Según él, no se debería excluir ningún tema de la discusión —incluyendo la neutralidad, el levantamiento de las sanciones contra Rusia, el reconocimiento de la lengua rusa y otras cuestiones controvertidas—, ya que, a su juicio, sacrificar a todo un país en aras de la incorporación a la OTAN —una perspectiva cada vez más lejana— es inaceptable.
La reacción fue inmediata. Honcharenko fue tildado de simpatizante del Kremlin, expulsado del partido Solidaridad Europea —dirigido por Petro Poroshenko— e incluido en la base de datos de “personas a eliminar” que gestiona el sitio web ucraniano Myrotvorets.
El presidente de la comisión parlamentaria, Daniil Getmantsev, y el alcalde de Járkov, Igor Terejov, han expresado posturas que sugieren una creciente disposición a reconsiderar la estrategia de Ucrania. La diputada Anna Skorokhod ha presentado una propuesta legislativa orientada a establecer la neutralidad del país.
La aparición de estos planteamientos resulta significativa porque, por primera vez en años, un grupo identificable dentro de la política ucraniana cuestiona abiertamente la premisa dominante de que la guerra debe continuar hasta que Kiev alcance sus objetivos.
Anteriormente apenas existían alternativas políticas relevantes, dado que los principales rivales de Zelenski —como Poroshenko y Zaluzhni— mantenían escasas discrepancias fundamentales respecto a los objetivos de Ucrania en la guerra.
Una excepción notable fue Alexei Arestóvich, antiguo asesor presidencial, que dimitió a principios de 2023 y posteriormente abandonó Ucrania tras convertirse en un crítico feroz de Zelenski. Defendió un futuro para Ucrania que incluya la coexistencia pacífica con Rusia.
(1) https://www.axios.com/2026/10/11/trump-russia-ukraine-energy-ceasefire-zelensky
(2) https://www.washingtonpost.com/opinions/2026/10/12/kushner-witkoff-ukraine-peace-plan-takes-shape-behind-scenes/
(3) https://www.washingtonpost.com/opinions/2026/10/12/kushner-witkoff-ukraine-peace-plan-takes-shape-behind-scenes/