El confinamiento arruina a los campesinos africanos

Con cara seria, Jean Woulabonn mira sus tomates, deteniéndose para ver la podredumbre que los corroe. Habla de “hecatombe” y nos recuerda que en siete años de gestión del cultivo, nunca ha tenido que enfrentarse a tantas pérdidas.

A su lado, Dorcas Ther Andjick, la esposa del propietario de la plantación de seis hectáreas en Nyokon II, un pueblo del centro de Camerún, pone una cifra al desastre: más de 8 millones de francos CFA (más 12.200 euros) invertidos, más de 7 millones de francos CFA de deuda, salarios atrasados de los diez trabajadores, una cosecha arruinada. “Al principio, estábamos vendiendo con pérdidas. Preferimos dejar que la fruta se pudra en el campo”, dice.

Los confinamientos y el cierre de fronteras han arruinado a muchos campesinos africanos. Desde que el Camerún declarara su primer caso de coronavirus el 6 de marzo, el gobierno cerró las fronteras terrestres, marítimas y aéreas.

En aquel momento, creyendo que la medida era sólo temporal, los cultivadores de tomates, que ya se dedicaban a la siembra, no cambiaron sus planes.

Más de 329.000 pequeños campesinos, principalmente en las regiones occidental, central y noroccidental, se ganan la vida con este cultivo, que proporciona 1,65 millones de puestos de trabajo.

En los últimos años, se ha convertido en lo que Alain Kantar, un joven productor de Nyokon II, ha rebautizado como “oro rojo”.

“Cuando inviertes 1,5 millones de francos CFA, puedes obtener un beneficio anual de casi un millón”, dice. Una docena de otros campesinos confirman que los tomates son “extremadamente rentables”. O más bien lo eran.

El confinamiento ha dificultado el comercio con los países de la región. Gabón y Guinea Ecuatorial, que se encuentran entre los principales clientes, han ralentizado considerablemente las transacciones. Y el cierre de las fronteras con Nigeria interrumpió las compras a ese país, el principal importador.

El tomate que antes se exportaba permanece en Camerún. Este excedente se devuelve al mercado local, lo que hace que la oferta sea mayor que la demanda, provocando una fuerte caída de los precios.

Aunque los tomates se han convertido en la fruta más consumida por los cameruneses, la producción media, estimada en 889.800 toneladas anuales, inunda ahora los mercados, donde las cajas han visto caer sus precios a 1.000 ó 2.000 francos CFA o incluso menos. Este es un precio de dos a diez veces más bajo que en años anteriores.

Las consecuencias son catastróficas para los productores que no han podido recuperar sus inversiones. Al menos tres de ellos se han quitado la vida, “arruinados”, “endeudados”, “acosados por sus acreedores”. Temiendo ser encarcelados por no poder pagar sus deudas, abandonaron sus campos y huyeron de sus pueblos.

https://www.lemonde.fr/afrique/article/2020/08/31/au-cameroun-la-detresse-des-producteurs-de-tomates-face-au-covid-19_6050494_3212.html

comentario

  1. más alla del confinamiento, es la politica de salud, el sistema de trabajo, eso se debe hablar,
    NO SI EL CONFINAMIENTO ES MALO O BUENO.
    frente a eso que debe hacer el Estado, como debe ser una nueva sociedad,

    debemos despertar en la gente la necesidad de cambio.

    que necesidad hay en pelearse con otro ciudadano que si esta de acuerdo con el confinamiento, y con otro que no esta de acuerdo. Lo cierto es que estamos en la misma situacion,

    creemos la necesidad de cambio.

    a ver si me escuchan,

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