El asesinato de Kennedy 50 años después (7)

El chivo expiatorio: Lee Harvey Oswald

Juan Manuel Olarieta

En 1961 J. Walton Moore, el jefe local de la CIA en Dallas, le habló a De Mohrenschildt de Oswald, un agente de ínfimo rango de la Agencia que entonces residía en Minsk, Bielorrusia, donde De Mohrenschildt había vivido de niño.
Unos años antes, en 1956, Oswald se había alistado en los marines. Su formación inicial fue como operador de radar y su primer destino la estación aérea del Cuerpo de Marines del Toro. Luego fue trasladado a la base de la CIA en Atsugi, Japón, de donde partían los aviones espía U-2 que sobrevolaban el espacio aéreo soviético. Finalmente estuvo en la base de U-2 de la bahía de Subic, Filipinas.
Además del aprendizaje del ruso, las tareas encomendadas a Oswald requerían un permiso especial de seguridad. Resulta imposible que un marine maneje información clasificada y sea enviado a varias bases secretas de la CIA en el Pacífico si previamente no ha sido reclutado como agente de la Oficina de Inteligencia Naval o similar.
Su oficial de instrucción se había graduado en la Escuela de Servicio Exterior, una de las múltiples instituciones del espionaje militar imperalista. Todo apunta, pues, a que Oswald fue entrenado para ejecutar operaciones encubiertas.
A petición propia se licenció del ejército en setiembre de 1959, un año antes del tiempo convenido y con los 1.500 dólares que había ahorrado en su trabajo como marine, en octubre embarcó en Nueva Orleans hasta Finlandia como paso previo para entrar en la URSS, donde al llegar solicitó la nacionalidad soviética.
Resulta poco creíble que el gobierno de Estados Unidos permitiera tan fácilmente su marcha, por los secretos militares que conocía, salvo que Oswald viajara formando parte de alguna operación inteligencia militar.
Una vez en la URSS, Oswald fue interrogado durante un mes por el KGB. Tras el derrumbe del Telón de Acero la parte desclasificada de los archivos del KGB revela que sospechaban de Oswald como agente de la CIA.
Como le denegaron el refugio, cayó en una depresión y el 21 de octubre intentó cortarse las venas en un hotel de Moscú. Le permitieron la estancia en la URSS por un tiempo limitado y trabajó como obrero en una fábrica de material electrónico en Minsk, donde conoció a Marina Prusakova, hija de un coronel del KGB y sobrina de un funcionario del servicio secreto. Ambos se casaron y al año siguiente tuvieron una hija.
Pero el espionaje y los espías van y vienen. En junio de 1962 el antiguo marine pidió a la embajada estadounidense en Moscú la devolución de la ciudadanía y el pasaporte, lo que logró en sólo 48 horas, autorizando a los tres miembros de la familia a viajar a Estados Unidos y anticipándoles los gastos del viaje.
La familia se estableció en Fort Worth, Texas. Ni el FBI ni la CIA se preocuparon de interrogarles. Seguramente no hacía falta porque lo sabían todo al respecto.
En Fort Worth la CIA hizo las presentaciones y Oswald conoció a De Mohrenschildt y a su mujer Jeanne, que le introdujeron en la camarilla zarista de la ciudad. También le presentaron a Ruth Paine, cuyo marido trabajaba en Bell Helicopters, una empresa que se salvó de la quiebra gracias a la guerra de Vietnam. Cuando el fiscal Garrison solicitó estudiar las declaraciones de la renta de la familia Paine, no se lo permitieron, lo cual era ilegal y denota que ambos estaban protegidos por la CIA. Ruth Paine fue la que consiguió el trabajo a Oswald en el almacén de libros pocas semanas antes del atentado.
Gracias a la colonia zarista de Dallas, Oswald entró a trabajar en la empresa Jaggars-Chiles-Stovall. No se trataba de una tarea cualquiera. Allí se dibujaban los planos cartográficos para el Pentágono que no sólo estaban clasificados como secreto militar, sino que era la empresa que el año anterior había obtenido la ubicación de los misiles soviéticos en Cuba.
Luego Oswald trabajó en la empresa cafetera de un famoso anticastrista en Nueva Orleans. Cuando el fiscal Garrison investigó a los compañeros que habían trabajado allí con Oswald descubrió que, años después, todos ellos estaban trabajando para la Nasa. ¡Qué casualidad! ¿Quién intercedió por ellos? ¿Con qué propósito?

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