Dar de comer al hambriento

La nueva alcaldesa de Madrid ha llegado al Ayuntamiento de la capital con un pan bajo el brazo, como debe ser. Con su programa de distribución de raciones de comida entre los niños más pobres de Madrid, ha puesto encima de la mesa algo que hasta la fecha no era noticia y lo que no es noticia no existe. Casi estamos tentados de decir que lo más importante no es que la alcaldesa se proponga dar de comer a los niños famélicos sino que nos hemos enterado de que existen y de que se pueden contar, y no con los dedos de las manos precisamente: en Madrid hay 25.563 niños que padecen hambre.

¿Por qué nadie hasta ahora había hablado de esto? Porque a los políticos ese tipo de situaciones les importa un bledo. Les importan más otro tipo de asuntos, el principal de los cuales es que ellos deben estar bien alimentados y cebados.

Como consecuencia de que a los políticos eso no les importa, ese tipo de problemas no son noticia y si no son noticia nadie habla de ello, ni siquiera esas organizaciones que se llaman “revolucionarias”.

Para un revolucionario el hambre debería estar en el primer plano, sobre todo si se trata de la infancia. ¿Por qué nadie ha convocado una manifestación en Madrid para protestar contra el hambre infantil? Porque a los “revolucionarios” tampoco les interesa el asunto. Prefieren discutir sobre otras cosas. ¿Sobre qué cosas discuten, pues, los “revolucionarios”? Sobre las mismas que los contrarrevolucionarios.

En un país donde hay hambre, donde los niños tienen hambre, sobre todo si no es en el Tercer Mundo, sino en la misma Europa, nadie debería hablar de otra cosa que no fuera esa: por qué los niños no tienen para comer, qué está haciendo el gobierno para que todos y cada uno de los niños coman, qué proponen los partidos políticos para acabar con este drama, etc.

Ahora que nos hemos enterado del grave problema, que afortunadamente sólo ocurre en Madrid, hemos de decir que nos alegra que el Ayuntamiento se disponga a distribuir 100.000 raciones de comida para los niños durante este verano.

Pero, ¿qué ha ocurrido hasta ahora?, ¿nadie va a exigir responsabilidades a quien ha consentido que eso haya estado ocurriendo?, ¿desde cuándo existe este problema?

Corramos un tupido velo y en lugar de mirar al pasado miremos al futuro. Dar de comer al hambriento es un remedio, no una solución. ¿Deberá seguir alimentando el Ayuntamiento de Madrid a los niños hambrientos mientras subsista este grave problema? Si la solución no llega inmediatamente después del verano, ¿hasta qué edad va a alimentar el Ayuntamiento a los niños?, ¿hasta que sean mayores de edad?, ¿qué hará luego con ellos?

Si los niños pasan hambre es muy posible que sus padres también estén hambrientos. Por lo tanto, proponemos que el Ayuntamiento alimente también a los padres de los niños porque, de lo contrario, es posible que tengamos niños bien alimentados pero huérfanos.

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