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Rumanía rechaza la candidatura de Georgescu a las elecciones

Con el inestimable apoyo de la Unión Europea, Rumanía sigue el manual del golpe de Estado electoral al pie de la letra. Si ganas unas elecciones, el recuento no vale y si intentas presentar una candidatura, no te la admiten.

Es lo que le está ocurriendo a Calin Georgescu. La Oficina Central Electoral de Rumania ha rechazado su candidatura para las nuevas elecciones presidenciales que se van a celebrar en mayo.

En noviembre ganó los comicios, se los anularon y ahora le cierran las puertas por ser “proruso”.

Georgescu ha calificado la decisión como un “disparo directo al corazón de la democracia”.

El 7 de marzo Georgescu presentó su candidatura a las elecciones presidenciales. Ese mismo día se presentaron ante el Tribunal Constitucional dos denuncias contra la inscripción. Posteriormente, su candidatura ha sido anulada por la Oficina Electoral Central.

Al enterarse del golpe electoral, los partidarios de Georgescu se manifestaron frente a los edificios de la Oficina Central Electoral y rompieron el cordón de seguridad. Para calmar la situación, la policía recurrió al lanzamiento de gases lacrimógenos.

Un pucherazo electoral de la Unión Europea

La primera vuelta de las elecciones presidenciales se celebraron en noviembre del año pasado. Fueron ganadas por Georgescu con el 23 por cien de los votos, gracias a una campaña activa en TikTok. Su victoria fue una sorpresa total. No era el candidato que esperaban en la Unión Europea con los brazos abiertos.

Pero el 6 de diciembre el Tribunal Constitucional rumano anuló los resultados electorales por sospechas de una injerencia de Rusia en la campaña electoral a través de las redes sociales, especialmente en TikTok, a pesar de que no había ninguna prueba de ello.

La decisión se basó en informes de inteligencia desclasificados por orden del presidente Klaus Iohannis, que señalaban un “ataques híbrido de Rusia”, es decir, el mismo pretexto invocado en la anterior victoria electoral de Trump, el Brexit o en el referéndum independentista de Catalunya en 2017.

Esa estupidez iba acompañada de otra, también típica de la posmodernidad: Rusia difunde bulos y mentiras a través de las redes sociales. Naturalmente las estupideces se basaban en informes elaborados por el Servicio Rumano de Inteligencia (SRI), que mencionaba más de 85.000 supuestos ciberataques atribuidos a Rusia y una red de unas 25.000 cuentas de TikTok activadas semanas antes de la votación, junto con una financiación externa no declarada estimada en más de un millón de euros.

Los espías quedaron pronto en evidencia porque los documentos no especificaban a Georgescu como beneficiario de la campaña, ni tampoco los rusos aparecían para nada. TikTok rechazó las acusaciones de manipulación.

A pesar de todo, la campaña siguió con redadas policiales en las que detuvieron a Bogdan Peschir, un empresario que había financiado la campaña digital de Georgescu con 381.000 dólares, pero que no tenía ninguna conexión con el Kremlin.

En fin, estamos en presencia del típico montaje, al que no es ajena la Unión Europea, auténticos especialistas en pucherazos de todo tipo.

 

Comienza la pelea entre Alemania y Francia para administrar los fondos del rearme europeo

Antes de su fracaso, el rearme europeo va a ser el escenario sobre el que exploten las contradicciones internas del Viejo Continente, que ya empiezan a salir a la luz.

Pero no es exactamente el rearme sino los fondos de dinero que lo tienen que financiar. De momento la Comisión Europea acaba de abrir una caja de 150.000 millones de euros en la industria europea de guerra, pero Alemania quiere incluir en el fondo a países fuera de la Unión Europea, mientras Francia se opone a ello.

El baile de los despropósitos no ha hecho más que comenzar porque pronto se va a plantear otro problema: muchas de empresas europeas de armamento son redundantes y habrá peleas para cerrar algunas de ellas, dejando operativas a las demás. Para unos se ampliará el mercado y a los demás les espera una dura reconversión industrial.

En la cumbre europea del 6 de marzo Scholz se mostró partidario de abrir las puertas a los países fuera de la Unión Europea, citando a Gran Bretaña, Noruega, Suiza o Turquía. Pero Macron es partidario de estimular la producción industrial y aumentar la autonomía europea. “No se debe gastar el gasto en nuevos equipos de preparación que, una vez más, no son europeos”, dijo.

La polémica está servida. Bruselas teme que el sustancioso fondo de 150.000 millones de euros se vea obstaculizado por el mismo argumento que retrasó el acuerdo sobre el Programa Europeo de la Industria de Defensa durante más de un año, un fondo de 1.500 millones de euros que proporciona subvenciones para la defensa.

Los esfuerzos para implementarlo se detuvieron este invierno, después de que París exigiera un tope a la parte que podría gastarse en componentes extraeuropeos y una prohibición de productos protegidos por propiedad intelectual de terceros países.

Los caciques de la Comisión Europea tendrán que trabajar en estrecha colaboración con París, Berlín y otras capitales para redactar una propuesta detallada en los próximos diez días.

Europa no acepta las cosas como son sino como les gustaría que fuesen

Europa ha recibido un cruel baño de realismo. No se lo esperaban. Siempre creyeron en la alianza transatlántica. Siempre creyeron que los estadounidenses eran fuertes y les sacarían las castañas del fuego. El paraguas del Viejo Continente estaba al otro lado del Atlántico y cuando los misiles llovieran, sería suficiente con abrirlo.

Durante décadas esas ilusiones fueron adobadas de entelequias, grandes frases y palabras sonoras: la democracia, la libertad, los derechos humanos, las elecciones, la paz mundial, la sostenibilidad…

Los políticos se encargaban de lo primero, mientras la verborrea era tarea de quienes viven de ello: académicos, universitarios, periodistas, analistas, escritores, doctrinarios…

Durante su campaña electoral Trump dijo que acabaría con la Guerra de Ucrania al día siguiente de su investidura y en Europa creyeron que era uno de los suyos, un demagogo que iba de farol y que solo trataba de recaudar votos.

Luego tuvieron ocasión de cerciorarse de que no era así, que detendría la guerra en Ucrania, que no desplegaría sus tropas en aquel país, que suspendería la “ayuda” y que el gobierno de Kiev debía hacer lo mismo que los demás europeos: aceptar las cosas como son y no como les gustaría.

Los fracasos tienen este tipo de secuelas. Ahora una rabia sin precedentes se ha apoderado de ciertos capitostes europeos, particularmente en Francia y Reino Unido. A través de los plumíferos más serviles han desatado la ira mediática contra Trump.

Los dirigente europeos nunca imaginaron este escenario y no están preparados para hacerle frente. Necesitan tiempo y seguir rumiando sus frustraciones.

Tras la reunión de Riad, Macron convocó dos reuniones de emergencia de seis países europeos y algunos dirigentes de Bruselas, como Von der Layen. Pero al terminar el sarao no hubo declaraciones oficiales porque la jaula de grillos no es capaz de ponerse de acuerdo.

El 18 de febrero se celebró otra reunión en Londres, presidida por el primer ministro Starmer, en la que ampliaron el círculo: 18 países europeos, además de Canadá y Turquía, y algunos dirigentes de la Unión Europea.

Como cabía esperar, la situación de malestar interno se reprodujo.

Francia y Reino Unido quieren continuar la Guerra de Guerra. Durante la última visita de Starmer a la Casa Blanca, Trump le preguntó con un aire irónico si Europa era capaz de librar una guerra contra Rusia sin ayuda estadounidense. Era pura retórica. Continuar la guerra en Ucrania sin las tropas estadounidenses es un suicidio. Lo que Francia y Reino Unido quieren es forzar a Estados Unidos a intervenir.

La retórica con la cual los cabecillas europeos justifican su política es pintoresca, como siempre: Europa se está defendiendo a sí misma en Ucrania. “Si no paramos ahora a Putin, deberemos hacerlo dentro de nuestros propìos países”.

Por lo tanto, la Guerra de Ucrania a quien interesa es a los países de Europa occidental. Entonces, ¿por qué exigir a Ucrania la devolución de las “ayudas”? Quien debería cobrar es Ucrania por los servicios prestados a Europa. Debería apoderarse de las minas que haya en los países occidentales para pagar una pensión a los huérfanos de los miles de soldados muertos en la guerra.

Polonia cambia su Constitución para legalizar el rearme masivo

Hay países, como Polonia, que no quieren falsificar su contabilidad para rearmarse y endeudarse hasta límites insospechados. Prefieren cambiar las normas contables, aunque eso suponga cambiar la Constitución.

El presidente polaco, Andrzej Duda, anunció el viernes que ha presentado al Parlamento una reforma de la Constitución, para hacer obligatorio un gasto militar mínimo del 4 por cien del PIB.

Lo podía haber hecho con las pensiones, por ejemplo, pero las armas son más importantes que los derechos sociales en los países que, como Polonia, están sumidos en el delirio militarista.

La reforma no tiene precedentes ni en la historia de Polonia ni en la de la Unión Europea. Un gasto militar del 4 por cien del PIB es el doble de lo que la OTAN ha estado pidiendo hasta ahora.

La enmienda es una garantía de que el dinero ss gastará, tanto si es necesario como si no, dijo Duda a los periodistas en el Parlamento, justo antes del discurso del primer ministro Donald Tusk sobre la situación militar de Polonia.

Para que la enmienda sea aprobada debe ser apoyada por dos tercios de los miembros de la Cámara baja del Parlamento, es decir, se trata de comprometer a todos los partidos políticos en el disparate.

Polonia ya marcha muy por delante de los demás países europeos en términos de gasto militar. El año pasado gastó el 4,1 por cien del PIB en armamento y para este año está previsto un 4,7 por cien.

El ejército profesional polaco cuenta actualmente con más de 200.000 soldados, lo que la convierte en la tercera fuerza más voluminosa de la OTAN, después de Estados Unidos y Turquía.

En los últimos años El gobierno de Varsovia ha firmado una serie de contratos militares, entre ellos con Estados Unidos y Corea del Sur, para comprar helicópteros de ataque Apache y aviones de combate F-35.

Tusk ha llegado a decir que, como en los tiempos de la Guerra Fría, Europa debe iniciar una carrera de armamento con Rusia, algo que es otra estupidez monumental, porque no tiene ninguna posibilidad de prosperar.

Pero en Polonia se ha impuesto el delirio hasta extremos incomprensibles y para ello han tenido que olvidarse de su historia porque fue uno de los países que más padecieron los crímenes de los nazis ucranianos. Ahora es un fiel aliado de los nuevos nazis ucranianos.

Aparte de Polonia, los tres países bálticos también gastan una parte significativa del PIB en sus ejércitos: Estonia (3,4 por cien), Letonia (3,2 por cien) y Lituania (2,9 por cien). En comparación con el PIB, este nivel de gasto es muy superior al de Estados Unidos, que gasta un 3,38 por cien.

El rearme es un remedio para la crisis de superproducción de la industria europea

El grupo holandés Europlasma confirmó el jueves su intención de adquirir la empresa francesa Fundiciones de Bretaña, un subcontratista de Renault en quiebra que fabrica piezas de motor de hierro fundido.

Si mantiene su oferta de adquisición, Europlasma, creada en 1992 en torno a la descontaminación y fabricación de forjados, pretende diversificarse en el campo del armamento para aprovechar la creciente paranoia europea sobre la guerra.

En Europa los subcontratistas ferroviarios y del automóvil que atraviesan dificultades están redirigiendo su producción hacia el armamento.

A la empresa holandesa, además de sus actividades de automoción, el cambio debería permitirle garantizar la conservación de 240 puestos de trabajo, más del 80 por cien de la plantilla actual.

En 2021 Europlasma compró Forjas de Tarbes, el único fabricante francés de cuerpos huecos, la carcasa metálica de los casquillos de 155 milímetros utilizados por los cañones César francesas que se han vendido al ejército ucraniano.

Desde el inicio de la guerra, Francia ha entregado 30.000 proyectiles de este tipo a Kiev, y el objetivo para este año es entregar 80.000 unidades.

Valdunes, el último fabricante francés de ruedas ferroviarias, que entró en suspensión de pagos a finales de 2023, es otra de las empress adquiridas por Europlasma, y parcialmente redirigido en mayo del año pasado a la fabricación de piezas huecas.

Para la industria francesa el dinero movilizado por la guerra de Ucrania ha sido un enorme alivio. Desde 2022 ha triplicado su capacidad para fabricar obuses.

En octubre el fabricante sueco de rodamientos SKF anunció esu intención dirigir parte de sus fábricas hacia la guerra, posicionándose para licitar al futuro tanque MGCS (Main Ground Combat System), un proyecto militar de Alemania, Italia y Francia.

No obstante, la fabricación de obuses nunca podrá reemplazar a los vehículos, que es la columna vertebral de la industria europea, pero para los subcontratistas en apuros es un alivio.

También es un remedio parcial. Una parte de la producción europea de material de guerra, como los obuses, no es competitiva, a diferencia del sector armamentista ligado a la alta tecnología, como las armas nucleares, la guerra electrónica, los satélites, los aviones, los submarinos o los barcos.

La era del rearme ya ha llegado a la Unión Europa

El martes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, envió una carta a los dirigentes de los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Les expuso el plan Rearme Europeo, que tiene como objetivo aumentar los gastos militares.

“La Union Europea planea aumentar su gasto en defensa para recaudar 800.000 millones de euros”, dice en la carta (1). El pretexto es la derrota en Ucrania y la ruptura de los tradicionales vínculos con Estados Unidos.

Sin embargo, Von der Leyen aclara que “seguiremos trabajando estrechamente con nuestros socios de la OTAN” y su fidelidad demuestra la debilidad de la Unión Europea y su falta de confianza en la capacidad de rearmarse.

La cumbre europea del jueves sirvió para diseñar la “nueva arquitectura de seguridad de la Unión Europea”, si todo sale como esperan. El 19 de marzo el Comisario Europeo de Defensa, Andrius Kubilius, y la representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, presentarán la nueva estrategia europea de defensa industrial.

Kubilius pretende que el próximo presupuesto de la Unión Europea apruebe la asignación de 100.000 millones de euros al rearme (2). Pero Bruselas no puede esperar hasta 2028, cuando se apruebe un nuevo presupuesto a largo plazo. Quiere proporcionar cientos de miles de millones de euros adicionales en fondos de defensa como parte de la mayor iniciativa de seguridad europea desde el final de la Guerra Fría.

En declaraciones a los periodistas, Von der Leyen anunció que la Unión Europea estaba entrando en una “era de rearme” y que, como ya hemos explicado, los fondos del programa de la Unión Europea para el desarrollo de regiones atrasadas se desviarán para la guerra.

La presidenta de la Comisión Europea explicó que el cueento de la lechera. Quiere aumentar el gasto en defensa en una media del 1,5 por cien del PIB para recaudar 650.000 millones de euros para la producción de armas. También se propone crear un nuevo servicio de préstamo de 150.000 millones de euros que permita a los Estados miembros aumentar la producción de sistemas de defensa antiaérea, sistemas de artillería, misiles, municiones, drones y sistemas antidrones para las necesidades no sólo de la Unión Europea, sino también de Ucrania.

Como parte de esos préstamos, los países de la Unión Europea tendrán que consolidar sus pedidos y producir armas conjuntamente. Como incentivo adicional para el desarrollo de la industria militar, los Estados miembros pueden utilizar fondos del programa de desarrollo para las regiones de defensa por servicio, para el que se han asignado 78.000 millones de euros en el presupuesto de la Unión Europea para este año.

Además, como ya hemos expuesto, la Comisión Europea está dispuesta a “flexibilizar” la disciplina presupuestaria para permitir que los socios europeos pidan más dinero para gastos militares. Para ello va a activar las excepciones al Pacto de Estabilidad y Crecimiento que prohibían a los países de la Unión Europea superar su deuda pública en un 60 por cien del PIB y su déficit presupuestario de más del 3 por cien del PIB.

Eso les debe permitir aumentar el gasto militar sin temor a ser sancionados por vulnerar la disciplina financiera.

Por último, la Comisión Europea ha prometido desarrollar incentivos y garantías para atraer capital privado a la militarización.

Hace muchos años que en Bruselas hablan de elevar el gasto militar, desde luego antes de comenzar la Guerra de Ucrania. Pero nunca se ha llevado a cabo porque es un derroche absoluto de dinero.

La victoria militar de Rusia en Ucrania les ha sacado de su estupor y el regreso de Trump a la Casa Blanca ha hecho el resto. Ahora Bruselas quiere darle una lección a Trump, pero veremos si los Estados miembros aceptan endeudarse en proyectos militaristas que no conducen a ninguna parte.

(1) https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/en/statement_25_673
(2) https://www.politico.eu/article/kubilius-next-budget-should-have-e100-billion-for-defense/

Crisis sin precedentes del Banco Central Europeo

Como informamos hace unos días, el Bundesbank ha anunciado pérdidas históricas y ahora hay que añadir que el Banco Central Europeo no le va a la zaga. La crisis tampoco tiene precedentes desde la creación del euro. Años de política monetaria expansiva, la subida de los tipos de interés y el despilfarro (“gastos de personal”) han multiplicado el agujero, que alcanzó casi 8.000 millones de euros el año pasado.

Como resultado de las tasas de interés más altas de los bancos centrales, está aumentando el temor a las quiebras financieras. Cuando se agote la confianza, el castillo de naipes se va a derrumbar abruptamente.

Hace poco más de dos años, el Banco Central Europeo emprendió una nueva política de restricciones monetarias. No sólo ha reducido sus compras de activos, sino que ha aumentado drásticamente sus tipos de interés.

El pasado otoño, el tipo de los depósitos subió al 4 por cien, mientras que el de refinanciación fue del 4,5 por cien. Eso obligó al Banco a pagar los depósitos colocados por los bancos a niveles sin precedentes, mientras que había aplicado una política de tipos de remuneración negativas desde 2014.

Los depósitos bancarios no sólo se convirtieron en una partida de gastos, mientras que entre 2014 y 2022 fueron una fuente de beneficios, sino que aumentaron.

Las masivas recompras de bonos, llevadas a cabo desde 2015 para contener la inflación, han permitido a los bancos aumentar sus reservas. Esta política monetaria improductiva, esterilizada lentamente en tiempos de tipos de interés negativos, ha sellado el balance del Banco Central Europeo una vez que el tipo de depósito ha vuelto a ser positivo.

Los gastos son diez veces mayores que los ingresos

El año pasado el Banco anunció 800 millones de euros en ingresos. La suma incluye la diferencia entre el coste de producción de la moneda y su valor nominal a lo largo del año, las transacciones cambiarias positivas, así como los escasos intereses devengados por los bonos del Banco.

Al mismo tiempo, la remuneración de los depósitos alcanzó los 74.000 millones de euros, casi diez veces los recursos recibidos.

En un momento en que los políticos europeos manipulan las cifras reales de gasto y decenas de miles de millones de amenazas fiscales, esta cifra puede parecer insignificante. Pero debe pagarse al capital del Banco , que era de sólo 5.000 millones de euros en su creación antes de ser elevado a lo largo de los años a 11.000 millones de euros, de los cuales sólo se habían liberado 8.900 millones de euros a comienzos de año.

Así que en el último año, el Banco perdió el equivalente al 73 por cien de su capital. Es el segundo año consecutivo que el Banco avisa de que sus cuentas están en números rojos. En 2023 sufrió unas pérdidas de casi 8.000 millones, que compensaron por la utilización de las disposiciones sobre el riesgo. Gracias a una recuperación de 6.600 millones de provisiones, la pérdida final se redujo a 1.260 millones de euros.

Pero este año, después de utilizar todas sus disposiciones, no han podido compensar las pérdidas. Así, en dos años, han tenido que consignar en el balance más de 9.200 millones de euros a la espera de compensarlos con los beneficios futuros.

En los próximos años las pérdidas van a continuar, aunque su ritmo se va a reducir después de los preocupantes niveles alcanzados en 2023 y 2024.

A pesar de las pérdidas, el Banco es muy generoso con el personal que tiene enchufado en las oficinas. Sus cuentas muestran un importante aumento de los “gastos de personal”, que pasaron de 676 millones de euros en 2023 a 844 millones en 2024. El aumento es del 25 por cien, muy por encima de la inflación europea y no relacionado con el aumento de sus funciones.

Macron prepara a Francia para una economía de guerra

Francia nunca había caído tan bajo. Los índices de popularidad de Macron están por los suelos y fuera de sus fronteras sus simpatías no son superiores. El miércoles se dirigió a los franceses en un discurso televisado que atrajo a 15 millones de espectadores.

Macron es especialmente beligerante hacia Rusia desde la humillación que sufrió en su última reunión en el Kremlin con Putin en torno a aquella mesa gigantesca.

En su infinita torpeza, en una situación como la actual, al Presidente francés no se le ocurrió otra cosa que mentar las armas nucleares. Prometió iniciar conversaciones para “proteger a los países europeos con las fuerzas de disuasión nuclear francesas”. En Moscú se han tomado las palabras como lo que son: un chantaje.

Actualmente Francia se opone a un alto el fuego y encabeza el “partido de la guerra”. Pero si alguien cree que eso es consecuencia de la Guerra de Ucrania se equivoca. En 2017 el gobierno de París aprobó dos leyes de programación militar para duplicar el presupuesto de los ejércitos en 2030.

A Macron eso no le parece suficiente. Quiere más armas y más dinero para fabricarlas, a costa de lo que sea. En su discurso Macron anunció una inversión adicional para el rearme y ha llamado al gobierno a ponerse a trabajar “lo antes posible” para buscar financiación.

Puso el ejemplo de Dinamarca que, para rearmar a su ejército, ha elevado la edad de jubilación a los 70 años. Francia necesita aprobar “nuevas opciones presupuestarias” por la “evolución de las amenazas” y Macron ha anunciado “inversiones adicionales […] que se han vuelto indispensables” para el ejército.

No se trata sólo de gastar más dinero. Además de reforzar el ejército, el aumento de los gastos militares debería “acelerar la reindustrialización de todas nuestras regiones”, dijo Macron.

El gobierno francés enfrenta, pues, dos programas paralelos: la reforma de la administración y la eficiencia del dinero gastado. La militarización exige una reforma a fondo de los aparatos del Estado. “Serán nuevas inversiones que requieren financiación privada, pero también pública […] Requieren reformas, opciones, coraje”, añadió.

Macron ha pedido al gobierno que trabaje lo antes posible en unas nuevas fuentes de financiación, con una condición que no tardará en desaparecer: “Sin aumentar los impuestos”. Macron tiene previsto convocar una reunión con los ministerios responsables de la guerra para tratar esta cuestión.

“Desde la toma de posesión de Donald Trump hemos sabido que debemos prepararnos para una economía de guerra”, dicen los asesores del gobierno francés. Eso exige, entre otras medidas, recortes en la administracón pública, en los salarios y en las jubilaciones.

“Uno puede encontrar una mayoría en la Asamblea una vez que todas las misiones de los servicios públicos han sido analizadas”, dicen los asesores.

El gobierno ha hecho un llamamiento a la movilización del ahorro francés, que podría implicar la creación de un nuevo fondo para la guerra. “El hecho de que esto [el aumento de los gastos miitares] no se pueda hacer mediante subidas de impuestos es importante”, señala uno de los consejero del gobierno.

Cumbre del Consejo Europeo para debatir la continuación de la Guerra de Ucrania

Esta mañana el Consejo Europeo ha convocado una cumbre de urgencia para debatir la continuación de la Guerra de Ucrania y el apoyo al ejército de Kiev. A eso lo llaman la “defensa de Europa” y el enemigo es Rusia, como no podía ser de otra forma.

La anterior cumbre de Londres del 2 de marzo demostró que muchos países europeos apoyan la continuación de la guerra y que Ursula von der Leyen y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, secundan los planes militaristas.

Ambos aprovechan su cargo para actuar en nombre propio y en contra de sus respectivas organizaciones, lo cual resulta especialmente insólito.

Como nadie sabe tampoco a quién representan este tipo de cumbres, la agencia de noticias Bloomberg habla de crear una Europa+, que incluiría a estados fuera de Europa, pero dispuestos a enviar tropas para mantener a Ucrania en guerra. Es la “coalición de voluntarios”.

Desde luego que quienes tanto hablan de “Europa” son sólo unos pocos. El húngaro Orban ha pedido que no aprueben ningún acuerdo porque los desacuerdos son insuperables. Por su parte, el eslovaco Robert Fico ha criticado la celebración de una cumbre ya que “no puede tomar decisiones si los dirigentes europeos respetan diferentes puntos de vista”.

Eslovaquia no apoyará a Ucrania financiera ni militarmente para continuar la guerra, ha dicho Fico, que ha amenazado con bloquear la cumbre debido al corte del tránsito de gas por parte de Ucrania a la Unión Europea. Según él, Ucrania ha perjudicado al país al tomar medidas que han llevado a precios más altos del gas. El jefe del gobierno eslovaco critica que los miembros de la Unión Europea estén a favor de la guerra.

Falsificar la contabilidad para financiar el rearme europeo

Atendiendo a la cuantía de los gastos militares, la Unión Europea es una potencia militar mundial. Los presupuestos militares europeos son muy elevados. Sumados, en 2023 los 27 Estados miembros gastaron casi 300.000 millones de dólares. Es el tercer mayor presupuesto militar del mundo después de Estados Unidos (900.000 millones de dólares) y China (algo más de 300.000 millones de dólares). Los tres marchan muy por delante de Rusia, que gasta 126.000 millones de dólares en sus ejércitos.

Los gigantescos gastos militares que consumen los países europeos no sirven para nada y aumentarlos supone aumentar el despilfarro actual. Un ejército necesita un mando militar unificado y una dirección política coherente que Europa no tiene. Hasta ahora los intentos de lograrlo, que datan de los años cincuenta del siglo pasado, siempre han fracasado y nada hace pensar que ahora vayan a tener éxito.

En 1992 el Tratado de Maastricht inició una política común de defensa, reforzada por la Declaración de Saint Malo en 1998 y la creación de la PESD (Política Europea de Seguridad y Defensa) en 1999.

En 2004 el Tratado de Lisboa crea la AED (la Agencia Europea de Defensa) y la PESD se transforma en PCSD (Política Común de Seguridad y Defensa).

En 2017 el discurso de Jean Claude Juncker, durante su presidencia de la Comisión Europea, insistió en la importancia de mejorar la eficacia del gasto en defensa en Europa.

Las iniciativas europeas, como la brújula estratégica, y la Revisión Estratégica de la OTAN de 2021 trataron de delimitar las funciones de la OTAN y de la Unión Europea ante el rearme y la guerra.

Las triquiñuelas contables de Ursula

Ursula von der Layen quiere elevar el gasto militar de la Unión Europea a 800.000 millones de dólares, lo cual es imposible. Ni siquiera puede alcanzar la mitad de esa cifra.

El rearme ha puesto a la Unión Europea ante sus propias contradicciones internas. Como se vio durante la crisis económica de Grecia de 2009, durante décadas Bruselas ha impuesto una montaña de reglas muy estrictas que llaman de “consolidación fiscal”. Su objetivo es aflorar los déficits ocultos de los países miembros para reducirlos.

Ahora todo eso lo quieren tirar por la borda para financiar el rearme con deuda pública y ocultar el déficit. Se trataría de lograr dos cosas a la vez: gastar en armas sin límites de ningún tipo y, a la vez, disimular el despilfarro real y que el déficit no se note demasiado.

Von der Leyen ha propuesto una primera triquiñuela propia de contables poco escrupulosos, que en las oficinas de Bruselas llaman “cláusula general de salvaguardia”. Pero como muy bien sabe la Presidenta de la Comisión Europea, es una solución puramente temporal y ella quiere algo definitivo que les permita gastar en armas sin ningún tipo de cortapisas contables.

Otra triquiñuela es una malversación de fondos apenas disimulada: financiar una parte del gasto militar desviando los fondos Next Generation, aunque el importe es pequeño y se extiende sólo hasta el año que viene.

Tampoco es una solución definitiva, pero serviría para acostumbrar a los europeos al déficit y al despilfarro poco a poco.

La Unión Europea también podría establecer un nuevo programa europeo destinado a la financiación del militarismo y la guerra. Sin embargo, la emisión de deuda de la Unión Europea en el marco de un nuevo programa exige que los Estados miembros aporten más dinero a la hucha de Bruselas para evitar que la deuda europea se degrade.

Es muy complicado y en una campaña electoral cualquier aumento del gasto suena muy mal, sobre todo si está destinado a Bruselas. Además, algunos países indigentes, como España, no están acostumbrados a poner dinero en Europa, sino a llevárselo.

El Bundesbank también quiere falsificar la deuda para impulsar el rearme

En Alemania la “consolidación fiscal” es una norma consagrada en la Constitución para poner freno al endeudamiento público. De ahí pasó luego a la contabilidad europea. La norma limita el déficit presupuestario al 0,35 por cien del Producto Interior Bruto (PIB).

Pues bien, el martes el Bundesbank propuso una reforma de la norma que podría proporcionar al gobierno hasta 220.000 millones de euros en liquidez adicional para la guerra durante la próxima década.

Al igual que otros países de la Unión Europea, Alemania quiere aumentar los gastos militares, sobre todo después de que Estados Unidos haya suspendido la ayuda militar a Ucrania. Para ello el nuevo gobierno tendrá que “relajar las normas fiscales”, un eufemismo que hace referencia al endeudamiento y a la falsificación contable de la misma.

El Bundesbank propone aumentar el margen de maniobra del Estado para endeudarse hasta un máximo del 1,4 por cien del PIB, siempre que la deuda sea inferior al 60 por cien del PIB, con 0,9 puntos porcentuales de la inversión total gastada.

Si la deuda supera el 60 por cien del PIB, la capacidad de endeudamiento se limitaría al 0,9 por cien, que se gastaría íntegramente en inversiones. Si la proporción de deuda es inferior al 60 por cien, la capacidad de deuda aumenta para 2030 en un monto acumulado de 220.000 millones de euros en comparación con las normas actuales.

Si las previsiones de deuda superan el 60 por cien del PIB, la cifra alcanzaría 100.000 millones de euros en 2030.

La deuda bruta de Alemania se sitúa actualmente en torno al 62 por cien del PIB y ahora tiende a bajar. Es un porcentaje relativamente bajo en comparación con las economías más grandes del mundo.

Las cifras del Bundesbank indican que su pronóstico es que la deuda siga cayendo por debajo del 60 por cien, lo cual es un delirio total. En una época de recesión y rearme militar llegarán los grandes déficits, los aumentos de impuestos, las reducciones de salarios, las rebajas de las pensiones, los recortes de plantillas, los aumentos de impuestos… Lo mismo de siempre.

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