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La capital de Sudán en estado de sitio ante un nuevo levantamiento insurreccional

Jartum, la capital de Sudán, se encuentra en estado de sitio. Los puentes que unen el centro de la ciudad con sus barrios están bloqueados con contenedores. Las comunicaciones telefónicas y la conexión a internet están cortadas.

Desde el golpe militar del general Abdel Fattah Al-Burhane, el 25 de octubre, las manifestaciones de protesta se suceden cada semana y, hasta ahora, la feroz represión -que ha dejado 48 muertos y cientos de heridos- no ha conseguido detenerlas.

La policía dispara granadas de gas lacrimógeno para intentar repeler a miles de opositores al poder militar que se acercan al palacio presidencial, desafiando una represión que dura ya dos meses.

El sábado pasado la multitud llegó a sólo cincuenta metros del palacio de Jartum, donde se encuentra el llamado “gobierno de transición”. Tuvieron que evacuar a muchos heridos.

Desde las primeras horas del día, el gobierno trató de bloquear el país. Primero desapareció internet, luego dejaron de funcionar las comunicaciones telefónicas y los manifestantes que tenían previsto acudir desde los distintos barrios al palacio presidencial descubrieron que durante la noche habían llegado grúas para colocar enormes contenedores sobre los puentes del Nilo.

A primera hora de la tarde, como siempre, los manifestantes eran miles, bajo una nube de banderas sudanesas y los gritos ensordecedores contra el ejército, su jefe Al-Burhane y el primer ministro civil, Abdallah Hamdok.

En Madani, una ciudad a 150 kilómetros al sur de la capital, los manifestantes eran varios cientos. Hace menos de una semana, en el tercer aniversario del inicio del levantamiento popular que en 2019 obligó al ejército a poner fin a 30 años de dictadura militar de Omar Al-Bashir, los partidarios de un gobierno civil demostraron que seguían movilizados.

Aquel día la policía disparó munición real, además de lanzar gases lacrimógenos sobre los cientos de miles de personas que salieron a la calle. El sábado, las autoridades utilizaron otra herramienta importante: como hicieron durante casi un mes después del golpe, aislaron a los sudaneses del mundo.

Ante un nuevo estallido insurreccional, el sindicato de médicos prodemocráticos que lleva registrando víctimas de la represión desde 2018 dijo que pide al mundo que observe lo que ocurre, mientras los militantes luchan por difundir imágenes del país a través de la diáspora.

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El gobierno canadiense ha espiado más de 33 millones de móviles durante la pandemia

El gobierno canadiense ha confesado que durante la pandemia ha espiado más de 33 millones de teléfonos móviles con el pretexto de evaluar “la respuesta de la población a las medidas de confinamiento”.

La población total de Canadá es de unos 38 millones de habitantes, lo que significa que por medio de los móviles el gobierno ha estado vigilando a casi toda la población canadiense.

El control de los ciudadanos canadienses se reveló la semana pasada. La Agencia de Salud Pública de Canadá (PHAC) compró a Telus datos sobre la ubicación y los movimientos de los usuarios de teléfonos móviles con el fin de “comprender los posibles vínculos entre los movimientos de la población en Canadá y la propagación del covid-19”, dijo un funcionario de la institución (1).

“Debido a la urgencia de la pandemia”, añadió el portavoz, la PHAC “ha estado recopilando y utilizando datos de movilidad, como los datos de localización de las torres de telefonía, a lo largo de la respuesta al covid-19”.

El espionaje de esos movimientos “ayuda a avanzar en los objetivos de salud pública”, según el funcionario de la PHAC.

La institución afirma que seguirá rastreando la información y los movimientos de la población durante “al menos los próximos cinco años” para controlar “otras enfermedades infecciosas, la prevención de enfermedades crónicas y la salud mental”, según el funcionario.

David Lyon, autor de “Pandemic Surveillance” y antiguo director del Centro de Estudios de Vigilancia de la Universidad de Queen confirma que “la población canadiense descubrirá muchas más iniciativas de vigilancia no autorizadas antes de que termine la pandemia, e incluso después” (2).

“La PHAC utiliza el mismo tipo de lenguaje ‘tranquilizador’ que las agencias de seguridad nacional”, asegura Lyon. “Al no mencionar las posibilidades de reidentificación de los datos que han sido ‘desidentificados’. En principio, por supuesto, los datos de los teléfonos móviles pueden utilizarse para el seguimiento”.

(1) https://nypost.com/2021/12/25/canada-secretly-tracked-33-million-phones-during-lockdown/
(2) https://nationalpost.com/news/canada/canadas-public-health-agency-admits-it-tracked-33-million-mobile-devices-during-lockdown

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‘Multas sin contacto’: otra innovación que la pandemia ha traído a la policía

El término “multas sin contacto” significa que la policía redacta y envía denuncias sin llegar a controlar físicamente a la persona sancionada. También se podrían llamar multas a distancia o multas sin control. En algunos casos se trata de multas sin infracción.

Después del confinamiento comenzaron a llegar sanciones a los domicilios de muchos franceses por haber sido rastreados en la calle o viajando en un transporte público. Las cámaras de videovigilancia los han grabado e identificado. Algunas veces incluso los han confundido, pero eso no importa porque el método ya está en marcha. La “inteligencia artificial” aprende, sobre todo, con los errores, las quejas y los recursos de los propios afectados.

Es un verdadero hostigamiento policial contra poblaciones que están en el punto de mira, como los barrios obreros o las concentraciones de inmigrantes. La prensa se está llenando de quejas porque reciben multas por deambular por lugares en los que no han estado nunca. A veces reciben multas por haber permanecido al mismo tiempo en lugares diferentes.

Las quejas muestran que la población está desesperada porque no pueden demostrar que no han estado en un lugar concreto en un momento determinado.

Hay jóvenes que han recibido diez o incluso quince multas de golpe. Pone de manifiesto la voluntad política y policial de vigilar y seleccionar a determinadas poblaciones para excluirlas de un espacio público cada vez más higienizado y vaciado de sus habitantes naturales.

El origen de las multas es siempre una cámara de videovigilancia instalada en la calle y conectada a un servidor policial dotado con un programa de reconocimiento facial.

En Millau, Aveyron, 50 vecinos recibieron una multa de 135 euros en sus buzones en mayo del año pasado por reunirse sin cumplir con las medidas sanitarias tras salir del confinamiento. La identificación la realizó la inteligencia territorial de la policía por medio de una memoria de datos masiva de la población.

En Foix ocurrió lo mismo tras el fin del primer encierro. En este caso fue un carnaval organizado en mayo del ao pasado. Algunos sancionados afirman no haber estado presentes, pero eso es lo demás. Es otro experimento de la pandemia. El ayuntamiento quiere instalar más cámaras, mientras los vecinos se organizan para luchar contra ellas.

La mayor parte de las multas se impusieron una vez finalizado el confinamiento, pero en otras localidades la estrategia de acoso en los barrios obreros ya estaba en marcha antes de la pandemia. Ahora no ha hecho más que intensificarse. Es la política de “limpieza de las calles” que ha seguido la comisaría del distrito 20 de París.

La pandemia ha aumentado considerablemente el poder coercitivo de la policía, se ha modernizado tecnológicamente, se ha convertido en una política masivas y sistemática. Ya no está limitada, como antes, por los recursos humanos y materiales de la policía.

Las nuevas tecnologías represivas se basan en un trabajo previo de inteligencia policial, que ha formado ficheros con fotos, nombres, apellidos, direcciones, huellas dactilares, grupo sanguíneo, amigos, contactos…

La policía se apoya en la vídeovigilancia. Ya no necesitan desplazarse al lugar. Se limitan a comprobar a posteriori las grabaciones.

Algunos municipios se están asociando con las empresas para incorporar tecnologías de lectura automática de matrículas a sus sistemas. Las multas y las bases de datos financian los costosos programas y equipos de esas empresas.

Es un cambio de escala. Las cámaras de videovigilancia más modernas permiten crear nuevas infracciones y recaudar más multas, o multas más elevadas. Algunas están equipadas con altavoces que ordenan a los residentes que recojan los excrementos de sus perros.

—https://www.bondyblog.fr/societe/police-justice/des-jeunes-surendettes-a-cause-des-amendes-du-couvre-feu-dans-les-quartiers/

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Francia prepara campos de concentración para internar a los apestados de cualquier clase

El gobierno francés ha presentado un proyecto de ley de pandemias ante la Asamblea Nacional que confirma un postulado fundamental de la historia: toda pandemia trae consigo un estado de guerra. A su vez, el estado de guerra trae campos de concentración para encerrar a los disidentes e insumisos.

En esta pandemia los campos de concentración empezaron en Australia, Canadá y Nueva Zelanda. Ahora la experiencia se quiere extender a otros países y se quiere normalizar para evitar el confuso espectáculo de restricciones sanitarias, toques de queda, pasaportes de vacunas, confinamientos…

En Francia el proyecto de ley 3714, presentado el martes, impone un régimen permanente de gestión de las emergencias sanitarias. Se llama “carta blanca” o “patente de corso”. La salud ha acabado siendo un pretexto para liquidar los derechos y libertades fundamentales.

En el cuadro de Delacroix, la libertad guiaba al pueblo. Ahora dicen que la libertad está sobrevalorada, o que es burguesa. Antes los revolucionarios gritaban “¡Libertad o muerte!”. Ahora algunos sólo se cuidan de su salud; tienen miedo a la muerte.

El gobierno quiere que el proyecto se tratamite por la vía rápida, limitando el estorbo de los debates parlamentarios, que a veces atraen la atención de la población hacia cuestiones inconvenientes, como ésta.

El texto se ha estado preparando durante mucho tiempo. El gobierno lleva un año y medio pidiendo poderes excepcionales para afrontar la “crisis” porque, en medio de la histeria creada, el viento es favorable para introducir este tipo de leyes.

Si el gobierno pretende normalizar la ley marcial con pretextos sanitarios es porque la maniobra ha salido perfecta en casi todos los países. La reacción popular ha comenzado muy tarde y aún no tiene la amplitud necesaria para hacer retroceder los planes establecidos y otros peores que tienen en cartera. Por lo tanto, en el futuro seguirá habiendo pandemia y pretextos parecidos para domesticar a amplios sectores de la población y mantenerlos encerrados (en sus casas o en campos de concentración).

Incluso en países, como España, los seudoprogres han aplaudido con las orejas medidas atroces como el internamiento de 300 jóvenes en Mallorca sin ningún tipo de motivo, un crimen que no deberemos olvidar en lo sucesivo, porque indica el grado de complicidad alcanzado.

En Francia el gobierno podrá imponer el “estado de crisis sanitaria” y, por decreto, las libertades quedan en suspenso hasta que el gobierno quiera. El Ministro de Sanidad puede ordenar “la colocación y el mantenimiento en aislamiento de las personas afectadas o contaminadas”, o susceptibles de estarlo.

Pero eso no es todo. El Primer Ministro tiene las siguientes facultades:

  1. Puede prohibir la circulación de personas y vehículos y regular el acceso y las condiciones de uso de los medios de transporte
  2. Puede prohibir que las personas salgan de sus domicilios
  3. Puede ordenar el cierre temporal y regular la apertura, incluidas las condiciones de acceso y presencia, de una o varias categorías de establecimientos abiertos al público, así como de lugares de reunión, garantizando el acceso de las personas a los bienes y servicios esenciales
  4. Puede prohibir las reuniones en la vía pública o en un lugar abierto al público, así como las reuniones de cualquier tipo
  5. Puede adoptar cualquier otra medida que limite la libertad de empresa
  6. Puede supeditar la circulación de las personas, su acceso a los medios de transporte o a determinados lugares, así como el ejercicio de determinadas actividades, a la presentación de los resultados de una prueba de detección que establezca que la persona no está afectada o contaminada, o a la realización de un tratamiento preventivo, incluida la administración de una vacuna, o de un tratamiento curativo.

El artículo L 3131-12 del Código de Salud Pública especifica el régimen de “colocación” de las personas, una medida que puede tener lugar, a elección de los interesados, “en su domicilio o en un alojamiento adecuado”.

El gobierno también se arroga el derecho de confinar a las personas “susceptibles de estar contaminadas” en un alojamiento durante quince días sin que consultar a los jueces. No puede quedar más claro que los parlamentos ya no pintan nada y los jueces tampoco.

En cuanto a la prensa, es bien sabido que publica al dictado de lo que le dicen sus amos de las finanzas.

Sólo nos quedan las calles.

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11 detenidos en Munich durante una manifestación contra el pasaporte de vacunas

Al menos 11 personas han sido detenidas en los fuertes disturbios y enfrentamientos con la policía durante una protesta que ha congregado a cerca de 5.000 personas en las calles de Múnich para protestar contra las medidas restrictivas impuestas en el país.

Así lo ha indicado la policía de Múnich, que ha tenido que usar gas pimienta y porras para dispersar a los manifestantes, que habrían cometido al menos catorce delitos.

Asimismo, se habrían producido varias agresiones a miembros de la policía, aunque de momento no se ha detallado quiénes son los responsables ni de qué manera ocurrieron.

Los manifestantes, que ya habían cancelado una manifestación, se habían puesto en contacto por mensajería instantánea para dar “un paseo espontáneo” por la ciudad, lo que ha derivado, a última hora de la noche, en una gran protesta en el centro de la capital de Baviera.

La policía de la ciudad ha informado que los manifestantes, en un primer momento, han ignorado los llamamientos a dispersarse, aunque finalmente lo han hecho alrededor de las 21.30 horas (hora local), con pequeños grupos que todavía permanecían en la ciudad.

Por otro lado, otra manifestación con cerca de 160 personas, que se oponían a la concentración registrada originalmente, ha transcurrido con normalidad.

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Austria contrata a cazarrecompensas para que persigan a los que se nieguen a vacunarse

La carga de hacer cumplir las multas que los austriacos no vacunados tendrán que pagar como parte de su castigo, recaerá en sus empresas, lo que requerirá un nuevo ejército de cazarrecompensas para garantizar que se cumpla la venganza.

El Ayuntamiento de Linz, una población de 200.000 habitantes, ofrece 2.774 euros al mes durante 14 meses para perseguir y multar a los que no se vacunen lo que supone unos ingresos anuales de 38.863 euros (*).

La ciudad tiene una tasa de vacunación relativamente baja, del 63 por ciento.

El papel de los matones será comprobar que quienes no se vacunen, paguen la multa efectivamente.

El trabajo incluye, entre otras cosas, la creación de órdenes de busca y captura, así como la tramitación de recursos. Los matones deben ser resistentes y estar dispuestos a hacer muchas horas extras.

Estos cargos parapoliciales sólo están abiertos a los ciudadanos austriacos, que deberán estar vacunados contra el covid o haberse recuperado totalmente de él.

En Austria las personas no vacunadas podrían verse encarceladas durante un año en virtud de una nueva ley administrativa que les obliga a pagar los gastos de su propio encarcelamiento.

Los austriacos que no se vacunen antes de febrero se enfrentan a multas de hasta 7.200 euros por desobediencia, y los que se nieguen a pagar también se enfrentan a hasta 12 meses de cárcel.

(*) https://www.heute.at/s/linz-sucht-impfpflicht-sheriff-zahlt-2774-im-monat-100179971

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La criminalización de la pobreza en Colombia, donde el teror policial no tiene límites

Habitamos el país del miedo y los desconciertos, de las inequidades sociales y las masacres, de la corrupción y otras desdichas. El gobierno de Iván Duque, al que poco le falta para extinguirse, puede ser el peor de los últimos tiempos. Ha estigmatizado y criminalizado con saña la protesta social, y, como si fuera poco, permitido en la violenta represión a las expresiones masivas de malestar la presencia asesina de civiles que disparan así no más a la minga indígena y a otros manifestantes.

El 9 y 10 de septiembre de 2020 fue tiempo de masacre policial. Tras el asesinato de Javier Ordóñez, que se erigió en un símbolo de los caídos por la desaforada brutalidad oficial, la protesta en contra de los abusos de la fuerza pública la reprimieron a balazos. Una reciente relatoría independiente organizada por la ONU, investigación solicitada por la Alcaldía de Bogotá, señaló que en aquellas fechas la policía asesinó a 11 jóvenes.

Tras el crimen de Ordóñez, erigido como el George Floyd criollo, el descontento subió de temperatura. La indignación se hizo sentir y entonces la respuesta a los reclamos fue la bala oficial y también la de algunos civiles. El uso desmedido de la fuerza (así lo calificó la comisión) para conjurar el descontento popular derivó en el asesinato de jóvenes en Bogotá y Soacha. Los agentes se “encarnizaron” contra muchachos de sectores populares.

Hubo, según el informe, una “criminalización de la pobreza de parte de la fuerza pública” y una demostración de diferentes formas de violencia. Ante el estallido social, la respuesta fueron los disparos y no hubo autoridad política, ni ninguna potestad de gobierno para impedir el desafuero de la policía. Ardía Bogotá y las redes sociales, en un clamor desesperado, advertían: “Nos están matando, policías disparando”.

Esos días de incendios de CAI, de abusos de autoridad, de rabia colectiva, tuvieron momentos de largas tristezas y dolores, sobre todo para los familiares de los baleados, de los detenidos arbitrariamente, de los heridos. La relatoría, según lo publicado por El Espectador la semana pasada, da cuenta de diversos momentos de alta tensión, como el testimonio de un muchacho, herido en un brazo y una pierna, que presenció la agonía de un amigo de barrio, Jáider Fonseca, acribillado en inmediaciones del parque de Verbenal.

Esta investigación, cuestionada por el mindefensa Molano, que ha dicho que no se trató de una “masacre policial”, y por la vicepresidenta y canciller, Marta Lucía Ramírez, da cuenta de lo sucedido con las víctimas, como el caso de un joven venezolano, Anthony Estrada Espinosa, que “soñaba con su propio servicio como reparador de tecnología y encontró la muerte en Soacha por la bala que disparó un patrullero”.

La relatoría documentó los asesinatos, las heridas de por lo menos 75 personas por arma de fuego, 43 heridos por armas cortopunzantes, 187 por otro tipo de armas y 216 policías heridos. Y se podría inferir que no se trató de un “lunar” o de la intervención de “manzanas podridas”, sino de una acción policial de desprecio por la vida y, como en ciertos casos, crueldad sin límites, como sucedió con el domiciliario de 26 años Cristian Camilo Hernández, muerto el 9 de septiembre y cuya familia se enteró por las noticias de TV.

“Su hermana Lina alcanzó a abrazarlo mientras agonizaba. Duró media hora abrazada a su cuerpo. ‘Deje de chillarle a ese vándalo, usted debe ser igual, unos ñeros’, decían los policías. Otro pasó y lo escupió. Cristian recibió un disparo en la frente y duró dos horas tirado en la calle”, narra El Espectador citando la relatoría.

Los familiares de las víctimas no solo esperan la reparación y que la institución policial pida perdón por los crímenes, sino que haya justicia. Y, ante todo, como lo expresó el padre de uno de los muchachos asesinados (Freddy Mahecha Vásquez), la policía debe reconocer que “las víctimas del 9 de septiembre no eran vándalos, sino jóvenes trabajadores llenos de sueños”.

La relatoría, que ha puesto en evidencia la crueldad y bestialidad de la policía en aquellas jornadas, le pide a la institución que realice un acto de reconocimiento de responsabilidades y pida perdón por los abusos cometidos. “Un gesto que aumentaría su legitimidad si es acompañado por el presidente de la República”, dice.

Esas fechas funestas, en las que las fuerzas oficiales asesinaron manifestantes, son un testimonio más de nuestra historia sangrienta. Un país de masacres en distintos tiempos y circunstancias, como la de las bananeras en 1928 o la de Santa Bárbara en 1963, cuando el ejército asesinó a 13 trabajadores de Cementos El Cairo, que estaban en huelga.

La investigación determinó que la masacre se produjo por “la ausencia de una orden política y operativa de no utilizar las armas de fuego contra los manifestantes”. Nada raro en un país donde sectores retardatarios proclaman: “Plomo es lo que hay y plomo es lo que viene”.

Reinaldo Spitaletta https://www.msn.com/es-co/noticias/nacional/masacre-policial/ar-AAS0AsC

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El Tribunal Superior de Baja Sajonia anula el pasaporte de vacunas

El jueves el Tribunal Administrativo Superior de Baja Sajonia anuló las restricciones sanitarias en los comercios minoristas y establecimietos públicos. Los propietarios de toda Alemania habían presentado demandas judiciales para oponerse a las restricciones sanitarias.

Las restricciones sanitarias restringen gravemente el acceso de las personas sin pasaporte de vacunas, que ya no pueden entrar en muchas tiendas, restaurantes y eventos culturales.

Un tribunal de Baja Sajonia paralizó la aplicación de la normativa sobre el acceso al comercio minorista. El Tribunal argumenta que las restricciones son discriminatorias.

“La sentencia de Baja Sajonia demuestra claramente que la normativa sobre 2G [restricciones sanitarias] no es una garantía legal para gran parte del sector minorista”, afirma Stefan Genth, director general de la Asociación Alemana de Comercio.

Genth espera que otros estados federales en los que se han impugnado las restricciones sanitarias sigan el ejemplo de Baja Sajonia.

“Otros gobiernos estatales deberían ahora también tenerlo en cuenta, evitar imponer cargas injustificadas al comercio minorista y no esperar a que sus ordenanzas vuelvan a ser recogidas por los tribunales”, dice la Asociación en un comunicado.

Desde que se impusieron las restricciones sanitarias al sector minorista a principios de este mes, los comerciantes se han quejado de una fuerte caída de las ventas y del mal momento en que se han impuesto las restricciones, en pleno periodo navideño.

En muchas tiendas, incluidas las de moda y electrónica, sólo se permite la entrada a las personas con el pasaporte de vacunas.

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Corea del Sur rastreará a los apestados con técnicas de ‘inteligencia artificial’

El mes que viene Corea del Sur pondrá en marcha un proyecto piloto para utilizar la “inteligencia artificial”, el reconocimiento facial y miles de cámaras de vídeovigilancia para rastrear a los apestados, es decir, a aquellos que han dado positivo en una prueba coronavirus y a sus contactos.

El proyecto está financiado con fondos públicos y se pondrá en marcha en Bucheon, una de las ciudades más densas del país a las afueras de Seúl.

El sistema utiliza algoritmos de “inteligencia artificial” y técnicas de reconocimiento facial para analizar las imágenes recogidas por más de 10.820 cámaras de vídeovigilancia y rastrear los movimientos de un apestado, cualquier persona con la que haya estado en contacto cercano con ella y si lleva mascarilla.

Corea del Sur ya cuenta con un sistema de rastreo de alta tecnología que obtiene datos de tarjetas de crédito, datos de localización de teléfonos móviles e imágenes de circuito cerrado de televisión, entre otras informaciones personales.

Con menos recursos se impone un control más estrecho. En su solicitud de financiación pública para el proyecto piloto de finales de 2020, el alcalde de Bucheon, Jang Deog-cheon, argumentó que este sistema facilita la vigilancia, el seguimiento y el control social.

La normativa establece que los pacientes deben dar su consentimiento para que se utilice el rastreo por reconocimiento facial, pero incluso si no dan su consentimiento, el sistema puede rastrearlos utilizando la forma de su cuerpo y su ropa, dijo el funcionario.

Las técnicas policiales llegan a los hospitales. En Tailandia, el hospital Siriraj Piyamaharajkarun ha instalado un sistema de reconocimiento facial sin contacto de la empresa NEC Thailand para su proceso de registro. El sistema cubre los mostradores de llegada de pacientes al hospital y otros puntos de contacto para facilitar un registro más rápido y preciso.

Gracias a la pandemia, la vigilancia masiva mediante el reconocimiento facial se está extendiendo. El gobierno de Seúl ha firmado nuevos contratos para ampliar la vigilancia a otros terrenos, más allá de la sanidad, como las guarderías.

Como ya hemos informado en otras entradas, Singapur está probando robots que patrullan las calles y reprenden a los residentes que infringen las medidas sanitarias y tienen un “comportamiento social indeseable”.

Esta herramienta se suma a otras técnicas de vigilancia. Las grandes capitales cuentan con un gran número de cámaras de vigilancia, papeleras y farolas equipadas con equipos de reconocimiento facial.

En Francia, la ley sobre «responsabilidad penal y seguridad interior» prevé autorizar los drones policiales. Las imágenes captadas por esos artefactos serán analizadas por un programa informático de reconocimiento facial.

—https://www.reuters.com/world/asia-pacific/skorea-test-ai-powered-facial-recognition-track-covid-19-cases-2021-12-13/

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Fracasa el intento del gobierno ruso de imponer los pasaportes de vacunas

El Ministerio de Transportes ruso ha decidido retirar de la primera lectura su proyecto de ley sobre pasaportes sanitarios en el transporte y seguir trabajando en él. Como bien señala el presidente de la Duma, Viacheslav V. Volodin, es consecuencia del amplio rechazo popular.

El otro proyecto de ley, relativo al acceso a los comercios y espacios sociales (restaurantes, bares, cines, teatros, etc.) sigue en el orden del día. La lucha continúa, pero la balanza ya ha cambiado.

La introducción por parte del gobierno de dos proyectos de ley de pasaportes sanitarios, uno relativo al acceso al transporte y otro a los espacios colectivos, ha provocado una reacción popular de una magnitud que el gobierno no esperaba. El presidente de la Duma forzó el debate público, tanto enviando los proyectos de ley a las regiones, como pidiendo a la población que se expresara, lo que hicieron criticando ambos proyectos de ley muy claramente.

Putin rompió el silencio para, sin cuestionar el principio de la utilización de los pasaportes sanitarios en la calle, pedir que se elaboren mejor ambos textos, con el fin de encontrar un equilibrio entre la seguridad y los derechos de las personas.

El Ministerio de Transportes ha atendido este pequeño retroceso presidencial, al menos en parte, comprometiéndose a seguir trabajando para mejorar el proyecto de ley:

“Sin esperar a que finalice el procedimiento oficial de preparación para el examen del proyecto en primera lectura, el Ministerio de Transportes mantuvo conversaciones con los diputados del comité competente de la Duma, con expertos, con empresas de transporte y con organizaciones sociales. Al final, se decidió seguir trabajando en el proyecto de ley”.

El Gobierno, se seguirá trabajando en el proyecto de ley sobre los pasaportes sanitarios en el transporte, pero el relativo al acceso al espacio social será examinado por los diputados, según lo previsto, a mediados de diciembre.

Más bien parece una tregua que una victoria, pero algo es algo.

Volodin ha anunciado hoy que los diputados votarán la retirada del proyecto de ley sobre del orden del día y ha recordado que es el resultado de la opinión expresada por los ciudadanos y sus preocupaciones.

Como el rechazo popular va mucho más allá de los pasaportes sanitarios en el transporte, ya que se refiere, en general, al principio de condicionar el acceso a los lugares públicos a la presentación de un pasaporte, sería bueno que el segundo proyecto de ley se retirara también, no sólo del orden del día, sino que se devolviera al gobierno.

De momento eso no se ha logrado.

—https://tass.ru/obschestvo/13181175