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Las trampas de las negociaciones de paz sobre Siria

Los lectores de prensa internacional siempre creyeron que Alastair Crooke era un periodista al uso y que, como tal, reunía los atributos que se le suponen, como la neutralidad política.

Nada más lejos de la realidad. Con el tiempo Crooke fue adjunto de Javier Solana al frente de los asuntos exteriores de la Unión Europea, un cargo más discreto que seguía escondiendo el verdadero papel de Crooke como espía del MI6.

Ahora Crooke ha salido del armario y concede una entrevista a la competencia, Rusia Today, presentándose como el espía que siempre fue. Es bastante común entre los espías, sobre todo en Estados Unidos, que tarde o temprano pasan de un bando al enemigo y finalmente siempre acaban sustituyendo la discreción propia del cargo por el “glamour” de los micrófonos de radio y las cámaras de televisión.

Ese cambio va ligado al cambio de chaqueta, en el que uno de los términos de la ecuación siempre es siempre URSS/Rusia. Si en un sitio no te escuchan, acudes al enemigo. Algunos lo llaman deserción.

En Rusia Today el viejo espía británico habla de las negociaciones de paz sobre Siria, sobre las que se muestra pesimista. Algunos lo llamarían realista. Crooke califica el alto el fuego como en el baloncesto, “tiempo muerto”, un breve episodio hasta que se reanuda eso que para algunos es sólo un juego, aunque para los sirios es todo menos eso.

Las partes no quieren la paz, dice Crooke. Estados Unidos va a iniciar una campaña acusando a Rusia e Irán de continuar los ataques contra los “moderados”, aunque se trate de verdaderos yihadistas.

El “tiempo muerto” va a permitir que los yihadistas se agrupen y se rearmen para frenar la ofensiva del ejército regular. Si pierden Raqqa no tendrán nada que poner sobre la mesa de negociaciones, dice Crooke.

Crooke también denuncia al servilismo de la Unión Europea hacia Turquía, no sólo en el capítulo de las agresiones contra los kurdos sino también en el de los refugiados, que Erdogan utiliza como instrumentos de chantaje. La Unión Europea ha pagado 3.000 millones de euros al gobierno de Ankara para que se los quede en su suelo y les evite más problemas.

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Timber Sycamore: la CIA desató la guerra contra Siria

Cuando en 2013 el presidente Obama autorizó a la CIA secretamente a armar a los aguerridos rebeldes [sirios], la agencia de espionaje supo que tendría un socio seguro que ayudaría a pagar la operación encubierta. Era el mismo socio en el que la CIA había encontrado apoyo durante décadas en cuestiones monetarias y de discreción en sus conflictos lejanos: el Reino de Arabia saudí.

Desde entonces, la CIA y sus amigos saudíes han mantenido un acuerdo poco habitual para la misión de entrenar a los rebeldes, operación que los norteamericanos han bautizado con el nombre en clave de Timber Sycamore [Madera de Platanero]. En ese acuerdo, según indicaron funcionarios de la actual y de la anterior administración, los saudíes contribuyen con armas y con amplias sumas de dinero, asumiendo la CIA la labor de entrenar a los rebeldes en el uso de los rifles de asalto AK-47 y misiles antitanque.

El apoyo a los rebeldes sirios es solamente el último capítulo de la larga relación entre los servicios de espionaje de Arabia saudí y Estados Unidos, alianza fortalecida durante el escándalo Irán-contra, el apoyo a los muyaidines contra los rusos en Afganistán, y las luchas en África por medio de fuerzas interpuestas. A veces, como en Siria, los dos países han trabajado de forma conjunta. En otras, Arabia saudí se ha limitado a extender cheques para financiar las actividades encubiertas norteamericanas.

El programa conjunto de armamento y adiestramiento, al que otros Estados de Oriente Medio contribuyen con dinero, sigue adelante, en tanto que las relaciones con Arabia saudí (y el papel del reino en la zona) son fluidas. Los antiguos lazos de petróleo barato y de tipo geopolítico que han unido a los dos países se han debilitado, a medida que la dependencia de Estados Unidos del petróleo extranjero declina, y el gobierno de Obama se desliza hacia un acuerdo diplomático con Irán.

Pero la alianza persiste, aupada en un mar de dinero saudí y en la existencia de intereses recíprocos. Además de las vastas reservas petrolíferas de Arabia saudí y su papel como referencia espiritual del mundo suní, la larga relación entre los servicios de inteligencia ayuda a explicar por qué Estados Unidos se han mostrado reacios a criticar abiertamente las violaciones de derechos humanos, su trato a las mujeres y su apoyo a la vertiente extremista del Islam, la wahabita, inspiradora de muchos de los auténticos grupos terroristas con los que lucha Estados Unidos. El gobierno de Obama no condenó de forma pública la decapitación este mes de un clérigo chiíta disidente, Sheikh Nimr al-Nimr, que había desafiado a la familia real.

Pese a que los saudíes han hecho pública su ayuda armando a los grupos rebeldes en Siria, el alcance de su asociación con la campaña encubierta de la CIA y su apoyo financiero no se ha hecho público. Los detalles fueron extrayéndose de las entrevistas a una media docena de actuales y antiguos funcionarios estadounidenses, y de fuentes de bastantes países del Golfo Pérsico. La mayoría habló de forma anónima, porque no estaban autorizados a discutir sobre el programa.

Desde el momento en que comenzó la operación de la CIA, contó con el dinero saudí. “Comprenden que tienen que tenernos, y nosotros sabemos que les tenemos que tener”, dijo Mike Rogers, antiguo congresista republicano de Michigan que fue secretario del House Intelligence Committee cuando comenzó la operación de la CIA. Rogers declinó discutir detalles del programa secreto.

Los funcionarios norteamericanos no han desvelado la suma de la contribución saudí, que es con diferencia mayor que la de cualquier otro país al programa de armamento de rebeldes contra el ejército del presidente Bashar al-Assad. Pero estiman que el coste total de armamento y entrenamiento asciende a bastantes miles de millones de dólares. La Casa Blanca ha recibido bien la cobertura financiera por parte de Arabia saudí (y de Qatar, Jordania y Turquía) en un momento en que Obama ha presionado a las naciones del golfo a protagonizar un papel mayor en la seguridad de la región. Tanto los portavoces de la CIA como de la embajada saudí declinaron hacer comentarios.

Cuando Obama aprobó el armamento de los rebeldes en la primavera de 2013, se debió en parte al intento de ganar control de la aparente situación de impunidad en la región. Los qataríes y los saudíes habían estado inyectando armas en Siria durante más de un año. Los qataríes incluso estaban introduciendo de contrabando cargamentos de lanzacohetes personales chinos FN-6 desde la frontera con Turquía. Los esfuerzos de los saudíes estaban dirigidos por el extravagante príncipe Bandar bin Sultan, en aquella época jefe de la inteligencia, quien compró miles de AK-47 y millones de municiones en Europa del este para los rebeldes sirios. LA CIA ayudó a organizar algunas de las compras de armas de los saudíes, incluyendo un gran contrato con Croacia en 2012.

Hacia el verano de 2012 existía una sensación de “barra libre” a lo largo de la frontera entre Turquía y Siria, mientras seguían las inyecciones de armas y dinero hacia los grupos rebeldes, incluso hacia algunos de los que los funcionarios norteamericanos sospechaban tener lazos con grupos radicales como Al Qaeda. Durante este período la CIA mantuvo un papel secundario, estando autorizada por la Casa Blanca bajo el programa de entrenamiento Timber Sycamore [Madera de Platanero] para entregar ayuda a los rebeldes excepto armas. A finales de 2012, según dos antiguos funcionarios estadounidenses, David H. Petraeus, a la sazón director de la CIA, aplicó un duro rapapolvos a los oficiales de inteligencia de bastantes países del Golfo, en un encuentro cerca del Mar Rojo en Jordania. Les reprendió por enviar armas a Siria sin previa coordinación con los funcionarios de la CIA en Jordania y Turquía.

Meses más tarde, Obama dio su aprobación a la CIA para dar inicio al armamento y entrenamiento de los rebeldes en una base en Jordania, modificando el programa Timber Sycamore [Madera de Platanero] para introducir ayuda letal. Bajo el nuevo acuerdo, la CIA se puso al frente del entrenamiento, mientras la inteligencia saudí, el Directorio General de Inteligencia, proporcionaba dinero y armas, incluyendo misiles antitanques Tow. Los qataríes también ayudaron financieramente, permitiendo el uso de una base en Qatar como centro complementario de entrenamiento. Pero, según los funcionarios norteamericanos, Arabia saudí era, con diferencia, el mayor contribuyente a la operación.

Mientras el gobierno de Obama consideraba esta coalición un asunto que se vendería excelentemente en el Congreso, algunos, incluyendo al senador Rin Wyden, un demócrata de Oregón, planteó objeciones al respecto, porque la CIA necesitaba el dinero saudí, según la versión de un antiguo funcionario.

Wyden declinó ser entrevistado, pero su oficina emitió una declaración exigiendo más transparencia. “Antiguos funcionarios han declarado públicamente que Estados Unidos está intentando estructurar las capacidades bélicas de la oposición contra Assad, pero no han proporcionado al público los detalles sobre cómo se está realizando esto, qué agencias oficiales están implicadas, o con qué socios extranjeros están trabajando estas agencias”, afirma el comunicado.

Cuando las relaciones entre los países involucrados pasan malos momentos, a menudo le toca a Estados Unidos negociar soluciones. Como anfitrión, Jordania espera pagos regulares de los saudíes y de los norteamericanos.

Cuando los saudíes pagan tarde, según un antiguo funcionario de inteligencia, los jordanos se quejan a los miembros de la CIA. Mientras que en anteriores misiones de la CIA, los saudíes han proporcionado financiación sin condiciones, no ocurre así con el dinero para Siria, según cuentan funcionarios antiguos y actuales. “Quieren un sitio en la mesa, y tener voz y voto respecto a cuales van a ser los planes de la mesa”, declaró Bruce Riedel, antiguo analista de la CIA y ahora socio de la Brookings Institution.

El programa de entrenamiento de la CIA está separado del programa de armamento de los rebeldes sirios, del que el Pentágono afirma su final. Ese programa se diseñó para entrenar a los rebeldes a combatir a los miembros del Califato Islámico en Siria, al contrario que el programa de la CIA, que se centra en los grupos rebeldes que combaten al ejército de Siria.

En tanto que la alianza en cuestiones de inteligencia es central en la lucha en Siria y ha sido importante en la guerra contra Al-Qaeda, una constante irritante en las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita es el nivel de apoyo de los ciudadanos saudíes a grupos terroristas, indican los analistas. “Cuanto más se incide en el argumento ‘les necesitamos como socio antiterrorista’ menos persuasivos se hacen”, comentó Williams McCants, antiguo consejero antiterrorista del Departamento de Estado y autor de un libro sobre el Califato Islámico. “Si esto es una conversación sobre cooperación antiterrorista, y los saudíes son parte principal del problema en la creación del terrorismo, ¿cómo puede resultar convincente un argumento como ese?” Es increíble la cantidad de gente que piensa que el moderno Islam no es el Islam, sino la estricta interpretación que Arabia saudí hace del Islam. Así que…

Pero… ¿por qué no? Así se hizo en Afganistán, en donde Estados Unidos financió, apoyó y entrenó a grupos terroristas como los muyaidines y los talibanes, junto a los saudíes… A corto plazo, la alianza sigue siendo sólida, reforzada por el lazo entre dos jefes del espionaje. El príncipe Mohamed bin Nayef, ministro de Interior saudí que recibió el encargo de armar a los rebeldes sirios del príncipe Bandar, conoció al director de la CIA John O. Brennan en la época en que éste era el jefe de la estación de la CIA en Riad, en los años 90. Antiguos colegas consideran que siguen estando cercanos, y el príncipe Mohamed ha ganado amigos en Washington con su agresividad en el desmantelamiento de grupos terroristas como Al-Qaeda en la Península Arábiga.

La función que Brennan desempeñó en Riad es, más que la del embajador, el auténtico núcleo del poder norteamericano en el reino. Antiguos diplomáticos recuerdan que las discusiones más importantes siempre se canalizaron a través del jefe de estación de la CIA. Los funcionarios de inteligencia dicen que este canal de comunicación tiene una ventaja. Los saudíes son mucho más receptivos a la crítica de los norteamericanos cuando ésta se hace en privado, y este canal secreto ha hecho más para manejar el comportamiento de los saudíes en pro de los intereses norteamericanos que cualquier crítica pública.

Las raíces de la relación son antiguas. A finales de los años 70, los saudíes organizaron lo que se conocía como el “Safari Club”, coalición de naciones que incluía a Marruecos, Egipto y Francia, que realizaban operaciones encubiertas en África en un tiempo en que el Congreso había recortado las alas de la CIA tras años de abusos. “De esta manera, con esos países, el reino ayudó de alguna manera a mantener el mundo seguro en una época en que Estados Unidos no podía hacerlo”, recordaba el príncipe Turki al-Faisal, antiguo dirigente de la inteligencia saudí en una charla en la Universidad de Georgetown en 2002.

En los ochenta los saudíes ayudaron a financiar las operaciones de la CIA en Angola, en donde Estados Unidos respaldaban a los rebeldes contra el gobierno, apoyado por Rusia [Unión Soviética]. Aunque los saudíes eran fervorosamente anticomunistas, el principal incentivo de Riad parecía ser consolidar sus lazos con la CIA.

“Estaban comprando buena voluntad”, recuerda un antiguo funcionario de inteligencia que participó en la operación. Tal vez en lo que fue el episodio con más repercusiones, los saudíes ayudaron a armar a los rebeldes muyaidines para expulsar a Rusia de Afganistán. Estados Unidos comprometió centenares de millones de dólares cada año para la misión, y los saudíes lo igualaron, dólar a dólar. El dinero fluía a través de una cuenta en Suiza propiedad de la CIA. En el libro “Charlie Wilson’s War”, el periodista George Crile III relata que la CIA organizó una cuenta que no rindiera intereses, para mantener la prohibición islámica de la usura.

En 1984, cuando el gobierno de Reagan buscaba ayuda para su plan secreto de vender armas a Irán para financiar a los rebeldes de la contra en Nicaragua, Robert C. McFarlane, consejero nacional de seguridad, se entrevistó con el príncipe Bandar, en aquel tiempo embajador saudí en Washington. La Casa Blanca dejó claro que los saudíes “ganarían una cantidad considerable de consideración” mediante la cooperación, recordó más tarde McFarlane.

El príncipe Bandar prometió un millón de dólares mensuales para financiar a la contra, como reconocimiento del anterior apoyo de la Casa Blanca a los saudíes. Las contribuciones continuaron después de que el Congreso cortara esa financiación. Al final, los saudíes donaron 32 millones de dólares, pagados a través de una cuenta en las Islas Caimán.

Al surgir el escándalo Iran-contra y plantearse cuestiones en torno al papel de los saudíes, el reino mantuvo sus secretos. El príncipe Bandar rechazó cooperar con la investigación dirigida por Lawrence E.R. Walsh, el consejero independiente. En una misiva, el príncipe rechazó testificar, explicando que “los secretos y los compromisos de mi país, así como nuestra amistad, no son coyunturales, sino algo a largo plazo”.

—http://www.nytimes.com/2016/01/24/world/middleeast/us-relies-heavily-on-saudi-money-to-support-syrian-rebels.html

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La batalla del corredor de Azaz

La captura de la bolsa de Azaz por el ejército sirio y las tropas de las YPG, las Unidades kurdas de Protección del Pueblo, progresa. La bolsa se formó después de que el ejército sirio consiguiera abrir un pasillo hasta la frontera turca a través del territorio que mantenían los “rebeldes”, entre la ciudad de Alepo y la frontera turca. El objetivo ahora es rechazar hacia el norte, hacia Turquía, a todas las fuerzas apoyadas por el extranjero que están en esa bolsa, estrechando el control sobre la frontera.

Como el primer ministro turco Davutoglu anunció que su país no podía permitir que Azaz cayera en manos de los kurdos, el mando sirio-ruso concedió a las YPG la tarea de limpiar la bolsa como una clara advertencia a sus vecinos del norte.

Turquía lanza disparos de artillería desde el sur del país sobre las posiciones kurdas en la bolsa. Las fuerzas especiales turcas están probablemente próximas a la línea del frente y controlan el fuego, pero la artillería por sí sola no puede inclinar la balanza. Los kurdos tienen el apoyo aéreo del ejército ruso al que Turquía no se atreve a atacar.  Los rusos no atacarán tampoco la artillería turca, porque eso puede extender la guerra.

Las tropas kurdas aguantan la cortina de fuego artillera, mientras rechazan los contragolpes yihadistas. Algunos mercenarios han llegado de refuerzo a Idleb, procedentes de Turquía, desde donde se han trasladado a la bolsa. La aniquilación de estas fuerzas en la bolsa de Azaz facilitará notablemente los futuros combates del ejército sirio, en Idleb y en sus alrededores.

Mientras para Turquía los kurdos son terroristas, para Estados Unidos son aliados y en el este de Siria lograron expulsar conjuntamente al Califato Islámico de Kobane. En aquella zona hay desplegadas fuerzas especiales estadounidenses sobre el terreno, que desempeñan dos tareas: preparan a los kurdos para nuevos ataques contra el Califato Islámico y guían los bombardeos a tierra de la aviación estadounidense.

Los movimientos de los kurdos que combaten en la bolsa de Azaz son muy precisos y están coordinados con el ejército sirio y con la fuerza aérea rusa. Ya hace algún tiempo que llegaron, verosímilmente, a un acuerdo respecto a la línea de demarcación entre ellos.

La villa de Kafr Naya, por ejemplo, fue capturada en primer lugar por el ejército regular que, a continuación, se retiró, tomando el relevo los kurdos de forma inmediata. Las fuerzas locales de Kafr Naya, antiguos “rebeldes”, se han unido a las Fuerzas Democráticas Sirias, el nombre utilizado por Estados Unidos para denominar a las YPG cada vez que fuerzas árabes se unen a ellos.

En coordinación con el ejército sirio y con los rusos hay fuerzas especiales estadounidenses dirigiendo a las YPG locales en la bolsa de Azaz.

Es algo bastante esquizofrénico. En el norte de Siria el Pentágono juega una partida que no encaja con la de la CIA. El caso es que unos y otros combaten en bandos opuestos y eso explicaría el malestar de ciertos altos oficiales de la inteligencia militar, como el general Michael Flynn, que se han pronunciado contra la Casa Blanca por su apoyo a los yihadistas.

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Fuerzas irakíes ejecutan al ‘ministro de la Guerra’ del Califato Islámico

Según el general irakí Ahmad Al Bilaui, responsable militar de Ramadi, el “ministro de la Guerra” del Califato Islámico ha sido ejecutado en la operación de liberación de la ciudad.

En declaraciones a la cadena de televisión saudí Sky News Arabia, el oficial irakí también ha revelado que han sido eliminados otros 36 dirigentes militares de la misma organización.

Estas pérdidas confirman el retroceso sobre el terreno de los mercenarios del Califato Islámico, que en Irak han perdido el 40 por ciento de los lugares que ocupaban hasta este año.

La última derrota de los yihadistas ha sido una zona situada cerca de la ciudad de Haditah, en la provincia occidental de Al Anbar.

En Siria el Callifato Islámico ha perdido un 20 por ciento de sus territorios, según dijo el martes el coronel de la coalición “internacional” Steve Warren en una conferencia de prensa en Bagdad.

Warren añadió que los yihadistas se han puesto a la defensiva y que no han logrado conquistar ni un palmo de terreno en Irak desde el mes mayo del pasado año.

Como consecuencia de ello, desde hace 48 horas los dirigentes yihadistas se han replegado en la ciudad de Haditha, a casi 200 kilómetros al oeste de Bagdad.

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Inminente ataque del ejército irakí contra el Califato Islámico en Ramadi

Esta mañana las tropas irakíes se han preparado para desalojar al Califato Islámico de las posiciones que ocupan en Ramadi, a unos 100 kilómetros al oeste de Bagdad.

Los yihadistas han colocado explosivos en los lugares estratégicos de la ciudad para impedir el avance del ejército.

En mayo el ejército irakí se apoderó de la provincia de Anbar, una de sus victorias más importantes en la lucha contra los yihadistas, que se apoderaron de un tercio del territorio irakí el pasado año.

Un portavoz del ejército irakí, Sabah al Numani, ha asegurado que en 24 horas esperan expulsar al Califato Islámico de sus posiciones en Ramadi.

Si la ofensiva tiene éxito, sería la segunda victoria después del asalto a Tikrit, que cayó en poder de la fuerzas gubernamentales en abril de este año.

No obstante, Ramadi es sólo una escala en el camino hacia Mosul, que privaría al Califato Islámico de su centro más poblado, tanto en Irak como en Siria, así como su más importante fuente de ingresos.

Ayer un mensaje de audio de Abou Bakr Al-Baghdadi difundido por internet aseguraba que los bombardeos de Rusia y la coalición “internacional” no han debilitado al Califato Islámico.

El dirigente del Califato Islámico también menciona a la coalición formada recientemente en Riad: “Si fuera una coalición islamista, se habría emancipado de sus amos judíos y cruzados y habría transformado la muerte de los judíos y la liberación de Palestina en su objetivo”, dice Al-Baghdadi.

La agencia Reuters no ha podido confirmar la autenticidad del mensaje, que se ha difundido en las cuentas de Twitter que normalmente utiliza el Califato Islámico para difundir sus comunicados.

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La masacre de Deir Yassin

La más importante y más sangrienta de las operaciones sionistas contra los pacíficos habitantes árabes de Palestina ocurrió en una fecha que ahora vive en la memoria de todo árabe: el 9 de abril de 1948. Los árabes tuvieron su propio “Lidice” para llorar sobre él; su propia tragedia tuvo que ser contada una y otra vez. Sobre aquella fecha ocurrió la tragedia que ningún libro sobre Palestina de este período de cualquier nacionalidad o color político. sionista o no sionista, puede ignorar. Es la historia de la matanza de Deir Yassin.

El objetivo sionista de arrojar a los árabes de Palestina fue ampliamente logrado por lo que pasó en Deir Yassin. El horror que produjo en el pacífico pueblo de Palestina. cuando fueron conocidas las noticias sobre Deir Yassin, provocó el más masivo éxodo de pánico imaginable. Los sionistas llaman al episodio “Deir Yassin y después…”

Deir Yassin era una pequeña aldea árabe tres millas al oeste de Jerusalén. No tenía nada de excepcional y ninguna importancia estratégica. A pesar de estar cerca de Jerusalén, quedaba fuera de la carretera entre Jerusalén y Tel Aviv y nadie la tuvo nunca en cuenta. Levin, el locutor de la Haganah, describió la aldea con estas palabras: “Deir Yassin era una de las pocas aldeas árabes pacíficas en los alrededores de Jerusalén. Cuando una banda árabe intentó asentar su base allí el mes pasado [marzo de 1948], los vecinos mismos la rechazaron, al costo de la vida del hijo del muktar” (alcalde).

La gente de Deir Yassin no deseaba tomar partido en la lucha entre árabes y judíos. Aunque eran árabes continuaron siendo neutrales. Estos hechos, que la aldea no tenía ninguna importancia estratégica y que sus habitantes eran pacíficos, son aceptados por casi todos los que han escrito sobre la suerte de la aldea, excepto Begin, que la hizo famosa gracias a lo que sus hombres hicieron en ella.

Una investigación británica del período declara que los habitantes de Deir Yassin “tenían reputación de pacíficos y de llevarse bien con sus vecinos judíos”. Aunque Begin pretende que Deir Yassin “era un importante eslabón en la cadena de posiciones árabes que encerraban Jerusalén desde el Oeste”.

A pesar de esta declaración, en la misma página de sus memorias admite que “el comandante de la Haganah en Jerusalén anunció que su captura no tenia ningún valor militar y era, por supuesto, contraria al plan general para la defensa de Jerusalén”. Esto demuestra que las pretensiones de Begin eran solamente intentos para excusar lo que hicieron sus hombres en aquella aldea. En la medida final, lo que sea de verdad sobre la posición de la aldea, lo que ocurrió allí el 9 de abril nunca puede excusar a los terroristas por cualquier aspiración que pudieran haber tenido referente a la posición “estratégica” de la aldea.

En la mañana de aquel día, “una fuerza del IZL [Irgún] y del Grupo Stern de unos doscientos hombres atacó a la aldea árabe”. Los hombres de la aldea estaban trabajando fuera. Begin describe el principio del incidente. Dice que “uno de los nuestros, que llevaba un altavoz, se colocó a la entrada de la aldea y exhortó en árabe a todas las mujeres, niños y viejos a marcharse de sus casas y refugiarse en las faldas de la colina”. Algunas de las mujeres y niños lo hicieron, pero no todos. Parece que hubo alguna defensa por parte de los árabes, porque hubo lucha. Según Begin, sus hombres “se vieron compelidos a luchar casa por casa [y] para derrotar al enemigo utilizaron un gran número de granadas de mano”, que lanzaron a las viviendas.

En este ataque -dice Begin- sus terroristas “tuvieron cuatro muertos y casi cuarenta heridos”. Sin embargo, según el comandante del Irgún de la fuerza atacante, en un discurso que dirigió a los judíos de Nueva York durante una visita a Estados Unidos más tarde, las víctimas terroristas fueron “8 muertos y 57 heridos”. De los habitantes de Deir Yassin, sin embargo, “unos 250 murieron, alrededor de la mitad de ellos eran mujeres y niños”, según una investigación británica de aquel período. La manera en que estos árabes fueron asesinados causó horror y pánico entre los árabes de Palestina.

Después de acabar con la defensa árabe, los terroristas del Irgún y del Grupo Stern agruparon a los habitantes de Deir Yassin, de los cuales más de la mitad eran mujeres y niños y les dejaron de pie bajo vigilancia en la plaza de la aldea, mientras ellos entraban en las casas y saqueaban todas las cosas de valor que pudieran coger.

La carnicería, que es conocida por todo árabe como “la matanza de Deir Yassin”, empezó en seguida. Los terroristas judíos clavaron sus bayonetas y asesinaron a las mujeres que estaban embarazadas, cortaron a los niños que gritaban en pedazos, delante de los ojos de sus madres. Mutilaron a las mujeres jóvenes y muchachas, cortando sus miembros después de violarlas. Ancianos y hombres jóvenes fueron deliberadamente torturados hasta la muerte, mientras que las mujeres y muchachas que quedaban fueron despojadas de toda su ropa y metidas en camiones y llevadas a Jerusalén para hacer con ellas un desfile en el barrio judío de la ciudad.

Inmediatamente después de la matanza, la Haganah llegó y bloqueó la aldea durante dos días para evitar la entrada mientras quemaban los cadáveres y echaban los restos en los pozos de la aldea en un esfuerzo para borrar toda huella de las atrocidades. Cuando el representante en Palestina de la Cruz Roja Internacional, De Reynier, visitó la aldea dos días más tarde, logró ver alguna de las huellas de lo que había ocurrido.

Quedó horrorizado por lo que vio, la impresión de la acción de la IZL que se formó fue que había sido “una matanza deliberada”. Más tarde escribió un libro sobre su misión en Palestina con la Cruz Roja, en el cual incluye sus impresiones de la matanza. Según el reportero de “Kol Israel”, de la Haganah, Harry Levin, que conoció a De Reynier a su vuelta a Jerusalén después de la visita a Deir Yassin, “no quería hablar, solamente cerró sus labios y dijo: ‘¡Horrible, horrible!’”.

Levin, sin embargo, recibió su informe de la matanza de dos fotógrafos de la Haganah, que habían acompañado a De Reynier en la visita; de hecho sólo uno de los fotógrafos habló, porque el otro “estaba demasiado impresionado para decir cualquier cosa”. El hombre dijo que “él vio un gran montón de cuerpos quemados y medio quemados en una zanja; [también] otro montón de cuerpos de niños, alrededor de dieciséis [y] en la habitación de una de las casas estaban los cadáveres de una mujer y un niño”.

La acción de la Haganah de bloquear la aldea fue llevada a cabo con la intención de evitar la evidencia de la matanza; esto es por lo que a De Reynier se le impidió la entrada durante dos días. Sin embargo, hoy día sabemos casi todo lo que ocurrió aquel día de testigos que han sobrevivido, de lo que admitieron los terroristas que tomaron parte en la matanza, de los informes hechos por la Cruz Roja y otras organizaciones internacionales, tanto como de las fotos de la Haganah, de las que existen todavía reproducciones, de las cuales yo mismo he visto.

Una relación británica de la historia es la siguiente:

“Un mes antes que el Mandato terminara, esto es, a mediados de abril de 1948, dos israelíes borrachos estaban sentados en la terraza de un café en un lugar que se llamaba Deir Yassin, cuando una mujer árabe embarazada pasó.

— ¿Niño o niña? -preguntó uno de los israelitas a su compañero.
— Niño, seguramente.
— Te apuesto a que es una niña.
— Agárrala mientras lo averiguo.

Entonces él cogió una botella de cerveza, rompió el fondo y con lo que quedó de la botella abrió el cuerpo de la mujer, que gritaba, y la dejó tirada para que muriera”.

“Y no hay ninguna duda acerca de que una banda israelita entró realmente en Deir Yassin una mañana cuando los hombres estaban trabajando fuera y mataron a un cierto número de mujeres y niños cuyos cuerpos fueron arrojados a los pozos de la aldea. Existe un testimonio jurado sobre el asunto. Lo que hizo más odioso el crimen es el hecho que Deir Yassin, que es un suburbio al oeste de Jerusalén, es uno de los pocos lugares donde anteriormente árabes y judíos vivían en términos amistosos”.

Las fuentes británicas dicen que las víctimas asesinadas en la matanza de Deir Yassin fueron 250; las fuentes árabes dicen que la cifra exacta fue exactamente 254. Entre ellas había un total de 137 mujeres, de las cuales 52 fueron descritas como “madres que criaban niños, algunos de los cuales tenían pocos meses”. Del resto de las mujeres, 25 estaban embarazadas y las otras eran muchachas y mujeres solteras.

A través de las memorias de Begin sabemos que la Haganah y, en consecuencia, su supervisora la Agencia Judía, conocía de antemano la intención de Irgún de atacar Deir Yassin. Begin manifiesta que recibió una carta de Shaltiel, comandante de la Haganah en Jerusalén, en la cual éste le decía: “He sabido de vuestro plan de atacar Deir Yassin. Deseo señalar que la captura y control de Deir Yassin es una de las etapas de nuestro plan general. No tengo ninguna objeción a la realización de esta operación, con tal de que ustedes puedan controlar el pueblo”. El plan era apoderarse de Deir Yassin y utilizar el campo “para establecer un aeródromo”. Existe una contradicción obvia entre esta declaración y otra del mismo comandante de la Haganah que cita Begin (que ya he reproducido), en la cual aquél declaraba que la captura de Deir Yassin era “por supuesto, contraria al, plan general de defensa de Jerusalén”.

Las noticias de la matanza de Deir Yassin causaron honda impresión en Palestina y el mundo árabe. Los árabes de Tierra Santa quedaron estupefactos. De pronto comprobaron que ser apacibles campesinos no les salvaba del salvajismo judío-sionista. De esta manera, cuando los terroristas sionistas se acercaban a una aldea para atacarla, los habitantes árabes huían aterrorizados. Pronto, pueblos y ciudades fueron evacuados, y cuando los sionistas se enfrentaron con obstinados árabes que rehusaron marcharse, los terroristas con gusto repetían algunos de los actos de la tragedia de Deir Yassin en su beneficio. Los pateaban, los golpeaban y los obligaban a correr a tiros, o torturaban a cuantos tuvieran tiempo para hacerlo. Abundan los relatos del salvajismo judío en Palestina; han sido repetidos de forma ilimitada por Israel en tierras árabes ocupadas como resultado de la guerra de junio de 1967.

Begin insiste en describir los detalles de la matanza con “relatos increíbles de la carnicería Irgún”. También acusa al alto mando árabe y a la Agencia Judía por haber, los dos de acuerdo, fabricado la matanza. Manifiesta que las radios árabes informaron repetidamente a los árabes de Palestina de esos “relatos increíbles”, lo cual inducía a los árabes a huir presos del pánico y del terror. Según la evidencia que se desprende de escuchar los programas de todas las radios árabes en 1948, sin embargo, las declaraciones de Begin son sucias mentiras del principio al fin. Con respecto a la acusación de Begin que la matanza era una fabricación de la Agencia Judía, basta señalar que la Agencia pidió excusas públicamente de la matanza, para ver que la acusación no es cierta. Si la matanza nunca se realizó, como Begin quiere hacernos creer, entonces ¿a qué se debe que la Agencia Judía encontrara la carnicería tan monstruosa que Ben Gurion, su dirigente ejecutivo y más tarde primer ministro de Israel, pidiera excusas públicamente al rey Abdullah de Transjordania por las acciones terroristas? Seguramente esto es una suficiente evidencia. La Agencia Judía declaró que deploraba “la ejecución de semejantes brutalidades como simplemente repugnante”, y además expresó “su horror y repulsión por la bárbara manera en que la acción fue llevada a cabo”.

El novelista y escritor sionista Arthur Koestler, que había conocido a Begin y que fue descrito por el comandante del Irgún como escritor “que se dedicaba a la rama especial de la literatura que se puede llamar psicología política” (en otras palabras, un propagandista sionista), declaró, sin embargo, que “el baño de sangre de Deir Yassin fue la peor atrocidad cometida por los sionistas en toda su carrera”.

Jon Kimche, el judío británico y escritor sionista que estaba en Jerusalén en el momento de las atrocidades de Deir Yassin, describe la matanza como “la mancha oscura en la hoja de servicios judía”. Continúa, para dar a sus lectores una frase que indica la posterior justificación terrorista de lo que ocurrió en Deir Yassin. Dice: “Es históricamente importante porque se convertirá en el principio de una segunda leyenda con que los terroristas intentaban servir a su causa y justificar sus hazañas. De la misma manera que ellos afirmaban que la decisión británica de dejar Palestina era el resultado, de los ataques terroristas sobre las tropas británicas, más tarde justificaron la matanza de Deir Yassin porque desembocó en el pánico que hizo huir a los árabes que quedaban en el ‘Estado Judío’ y disminuyó las pérdidas judías”.

Notas:

— Haganah: organización terrorista sionista, antecedente del Mosad
— Irgún: organización terrorista sionista
— Grupo Stern: organización terrorista sionista que ofreció sus servicios a los nazis
— Menahem Begin: terrorista miembro del Irgún y luego Primer Ministro de Israel

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El Mossad asesinó con plutonio al dirigente palestino Yaser Arafat

El Mossad, el centro israelí de espionaje, asesinó al dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yaser Arafat, envenenando su café, informó el jueves el rotativo libanés Ad-Diyar.

El Mossad supo que el dirigente palestino empezaba el día con una taza de café instantáneo con leche. Infiltró a uno de sus mercenarios entre los guardaespaldas y le encargó mezclar el café original con otro que estaba contaminado con plutonio.

El infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en occidente bajo una nueva identidad.

El plutonio fue administrado en pequeñas dosis para deteriorar la salud del dirigente palestino de manera progresiva, para de este modo no causar alarma y que no se descubriera que el Mossad estaba detrás de su muerte.

El mencionado diario asegura también que el infiltrado accedió a llevar a cabo esta tarea a cambio de una gran suma de dinero y de obtener asilo en Occidente bajo una nueva identidad.

Tras cumplir con sus órdenes y causar la muerte de Arafat, indica el diario libanés, el espionaje israelí ayudaron al infiltrado a someterse a varias operaciones de cirugía plástica para que no se le pudiese reconocer por sus rasgos faciales.

Según Ad-Diyar, el espía israelí viajó primero a Canadá y posteriormente a Estados Unidos, convirtiendo a Obama en encubridor del asesinato.

El pasado 11 de noviembre, la comisión palestina de investigación sobre la muerte de Arafat anunció haber identificado al autor del asesinato del dirigente palestino, y acusó al régimen israelí de estar detrás de su muerte.

“La comisión de investigación ha conseguido identificar al autor del asesinato del difunto dirigente Yaser Arafat”, se limitó a informar el jefe de la comisión, Tawfiq Tirawi, pero se negó a revelar el nombre del sospechoso o a difundir más detalles acerca de la investigación o la acusación.

Arafat murió el 11 de noviembre de 2004 a los 75 años. Para encubrir el asesinato, inicialmente no se efectuó ninguna autopsia, pese a reclamarlo su viuda, Suha Arafat.

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El 22 por ciento de la población israelí es pobre

El miércoles el Instituto Nacional de Seguridad de Israel publicó su informe anual según el cual 1.709.300 habitantes vivían en la pobreza el año pasado, una cifra que supone el 22 por ciento de la población total.

El número de pobres muestra una tendencia al alza en comparación con el año anterior.

Según el informe, un individuo con un ingreso mensual de menos de 3.077 NIS (nuevo shekel israelí) o 796 dólares, se considera pobre, al igual que cualquier pareja que gane menos de 4.923 shekels (1.274 dólares) al mes.

El autor del informe, Daniel Gottlieb, dijo que el aumento de la pobreza era más probable debido a la reducción del régimen de asignaciones por los hijos en 2013.

“Hubo un aumento continuo de los precios de la vivienda y el alquieler y un agravamiento de la pobreza, en parte debido a la reducción de las asignaciones por hijos, que influyó en 2014”.

Las ONG se apresuraron en reaccionar al informe, criticando fuertemente al gobierno de Tel Aviv por sus políticas económicas.

“Las cifras del informe son impactantes, como de costumbre, pero no sorprende. Los pobres en Israel no son de suficiente interés para el régimen”, dijo el presidente de la Fraternidad Internacional de Cristianos y Judíos, el rabino Yechel Eckstein.

“El sufrimiento de cientos de miles de ancianos, niños y familias que se han derrumbado bajo el peso de la pobreza, es una vergüenza y una ‘amenaza real’ a la situación social”, agregó.

Israel tiene la segunda tasa más alta de pobreza dentro de la OCDE. Sólo México tiene una tasa peor que Israel en la lista.

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El portavoz del Califato Islámico también es francés

La voz que reivindicó en nombre del Califato Islámico los atentados terroristas del viernes en París es la de Fabien Clain, un francés nacido en Toulouse. Como dice el diario L’Express, todas las redes yihadistas conducen… a Francia o, lo más lejos, a Bélgica.

Aunque se hacía llamar a sí mismo “Omar”, este francés de pura cepa se convirtió al islam a finales de los años noventa.

Tiene 36 años y fue cofundador del grupo takfirí denominado “célula de Artigat”, relacionado con Mohamed Merah, el terrorista francés que en 2012 mató a siete personas en Toulouse y sus alrededores.

Estaba vigilado por la policía desde 2001 junto con su hermano, Michel. Las esposas de ambos llevaban burka, por lo que en su barrio les conocían como el clan de los Belphégor, en referencia al personaje central de la serie “El fantasma del Louvre”.

En 2004 su célula salafista se fusionó con otro grupo dirigido por Olivier Corel, otro francés al que le llaman “el emir blanco”.

Su nombre también apareció relacionado con el proyecto fallido de atentado contra una iglesia de Villejuif, a las afueras de París, que presuntamente intentaba llevar a cabo Sid Ahmed Ghlam, detenido el pasado mes de abril.

Clain fue condenado en 2009 a cinco años de prisión por su relación con una red que enviaba combatientes a Irak y, tras ser liberado, se instaló en Normandía y luego viajó a Siria, donde se unió a las filas del Califato Islámico.

Actualmente se encuentra en Raqqa, bastión del Califato Islámico, desde donde dirige un equipo que distribuye propaganda en internet.

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Los drones de Estados Unidos no matan a los yihadistas

Desde que Obama asumió la presidencia en 2009, se calcula que Estados Unidos dio muerte a 2.464 personas en ataques con aviones no tripulados enviados fuera de lo que Washington declaró “zonas de guerra”. De ellas en Pakistán el 89 por ciento ni siquiera fueron identificadas como yihadistas.

La cifra fue publicada en febrero 2015 por Jack Serle y el equipo de la Oficina de Periodismo de Investigación, quienes mantienen una base de datos con todos los ataques conocidos, basándose en trabajo de campo, informes de medios y fuga de documentos, que proporcionan una imagen más clara de la escala y el impacto del programa secreto de aviones no tripulados de Estados Unidos en comparación con la información episódica ofrecida por los medios de información.

De acuerdo con datos de la Oficina, los miembros de Al Qaeda representan sólo el 4 por ciento del total de 2.379 personas que murieron por ataques de aviones no tripulados estadounidenses en Pakistán a octubre de 2014, poco más de diez años después de los primeros de ataques ordenados por Bush. Del total de muertes, alrededor del 30 por ciento podría ser identificado y 11 por ciento se definen como militantes. Poco se sabe acerca de las 1.675 víctimas restantes no identificadas. La Oficina de Periodismo de Investigación informó sobre estos números después de un año de recopilar información en varias fuentes a fin de proporcionar una visión general de las bajas en ataques con drones.

Las misiones de ataques mortales selectivos con aviones estadounidenses no tripulados se efectúan principalmente sobre Pakistán, donde la CIA tiene como objetivo debilitar a Al Qaeda y limitar sus movimientos a la vecina Afganistán. El uso de aviones no tripulados se contempla como una forma de esconder la participación de Estados Unidos y eludir el resentimiento en un país que el New Yorker caracteriza como “inestable” y que posee más de un centenar de armas nucleares. Aunque la guerra no oficial con drones para controlar la frontera entre Pakistán y Afganistán terminó a mediados de 2013, la campaña de ataques con aviones no tripulados continuó con cinco bombardeos registrados en enero de 2015, la cifra más alta desde julio de 2014.

En enero se registraron ataques adicionales para matar al menos 45 personas en Somalia y tres en Yemen, donde una de las víctimas fue un niño de doce años.

Las conclusiones de la Oficina de Periodismo de Investigación socavan la validez de la afirmación del secretario de Estado, John Kerry, cuando dijo que “las únicas personas que reciben ataques desde un avión no tripulado están confirmadas como objetivos terroristas al más alto nivel”. Independientemente de si los asesinados eran en efecto peligrosos, la incapacidad para dar cuenta de sus identidades invita al escepticismo hacia estas operaciones militares y plantea preocupaciones morales concernientes al respeto básico de la dignidad humana.

En abril de 2015, Jeremy Scahill informó en Intercept que el “corazón de alta tecnología del programa de aviones no tripulados de Estados Unidos” está en una base militar estadounidense en Ramstein, Alemania. Documentos “top secret” de Estados Unidos obtenidos por Intercept proporcionan “el plan más detallado visto hasta la fecha de la arquitectura técnica utilizada para llevar a cabo ataques con aviones no tripulados Predator y Reaper”. La mayoría de los conductores de los aviones no tripulados operan desde Estados Unidos, pero dependen de Ramstein para controlar sus drones.

La cobertura de noticias de los grandes medios de comunicación sobre estos bombardeos aéreos secretos de Estados Unidos tiende a nutrirse en gran medida de las fuentes oficiales del gobierno. Muchos de estos informantes no están autorizados para conocer cabalmente estos ataques y, mucho menos, para discutirlos públicamente. Incluso “miembros del Congreso han sido amordazados por afirmaciones de funcionarios que invocan el secreto para proteger la seguridad nacional y/o cooptados por los grupos de presión que representan a los fabricantes de aviones no tripulados”, afirmó Andy Lee Roth en Censored 2013.

En ocasiones excepcionales obligan a los funcionarios a revelar más sobre estos programas secretos de exterminio. Por ejemplo, en abril de 2015, el presidente Obama se disculpó públicamente por el ataque de un dron que en enero dio muerte accidental en Pakistán a dos rehenes de Al Qaeda, entre ellos el trabajador humanitario estadounidense Warren Weinstein. La cobertura del New York Times incluyó un análisis de la noticia en primera plana, escrito por Scott Shane, quien criticó el programa de ataques con drones. El artículo citó a Micah Zenko, un experto del Consejo de Relaciones Exteriores que criticó la declaración de Obama porque “arroja poca luz sobre una cuestión no conocida: que la mayoría de los individuos muertos no están en una lista de ejecuciones y que el gobierno no conoce sus nombres”.

El análisis de Shane utilizó la investigación de la Oficina de Periodismo de Investigación para mostrar el alcance de los ataques con aviones no tripulados estadounidenses en las zonas tribales de Pakistán desde 2004.

Los periodistas del New York Times Mark Mazzetti y Matt Apuzzo también merecen reconocimiento por su informe de abril de 2015 “Apoyo profundo en Washington para las misiones de la CIA con drones”, que hizo olas en Washington y entre el establishment de prensa para identificar públicamente a tres funcionarios de alto rango de la CIA con papeles clave en las operaciones secretas de aviones no tripulados. En consonancia con la práctica habitual, la CIA pidió al Times retener los nombres. Entre los tres funcionarios de la CIA develados por Mazzetti y Apuzzo se encuentra Michael D’Andrea, a quien identificaron como “jefe de operaciones durante el nacimiento del programa de detención e interrogatorios de la agencia” y posteriormente, como jefe del Centro de Contraterrorismo de la CIA, “se convirtió en un arquitecto del programa de asesinatos selectivos”. D’Andrea, revelaron los periodistas, “presidió el crecimiento de la CIA en operaciones con aviones no tripulados y cientos de ataques en Pakistán y Yemen durante los nueve años que se mantuvo en el cargo”.

Sin embargo, los informes de Shane, Mazzetti y Apuzzo muestran lo excepcional en la cobertura de noticias de los medios corporativos sobre los programas estadounidenses de aviones no tripulados. Más típico en este sentido es el tratamiento ofrecido por la revista Newsweek en una historia de portada de abril 2015: ¿Puede Estados Unidos ganar una guerra? Esta publicación identifica los ataques con drones como una de las “puntas gemelas de la estrategia de Estados Unidos en el extranjero” que son “a menudo poco fiables, desacreditadas o desagradables”. El artículo se hizo cargo de antiguas críticas de Alexander Cockburn, periodista escocés fallecido en 2012, en las que afirmaba que los ataques de drones contra presuntos objetivos de alto valor aumentarían la violencia contra Estados Unidos y las tropas aliadas, contrarrestándolas con la perspectiva del general retirado de la Fuerza Aérea Michael V. Hayden, ex director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y de la CIA, quien “insiste en que los ataques de drones sobre Al Qaeda fueron cruciales en la prevención de otro gran ataque contra Estados Unidos”. La cobertura de Newsweek citó a Hayden al menos nueve veces por separado, más que a cualquier otra fuente. Y no hizo mención a las conclusiones de la Oficina de Periodismo de Investigación sobre los civiles muertos en los ataques de drones.