La agencia de noticias estatal siria SANA ha informado de una importante acumulación de arsenal y armamento pesado por parte de las fuerzas de Estados Unidos en la zona ocupada de Hasakah, a la que han accedido desde territorio iraquí.
La agencia de noticias estatal siria SANA ha informado de una importante acumulación de arsenal y armamento pesado por parte de las fuerzas de Estados Unidos en la zona ocupada de Hasakah, a la que han accedido desde territorio iraquí.
Un palestino herido en el cuello el viernes por disparos del ejército israelí durante los enfrentamientos en la Cisjordania ocupada ha quedado tetrapléjico, según el Ministerio de Sanidad palestino.
“El ciudadano que fue herido hoy por munición real de las fuerzas de ocupación en Massafer Yatta, recibió un disparo en el cuello (nervios y columna vertebral), que le provocó una tetraplejia”, dijo el Ministerio en un comunicado.
El joven de 24 años Harun Rasmi Abu Aram resultó herido en un enfrentamiento con el ejército israelí en la aldea de Al-Tuwanah, al sur de la ciudad de Hebrón.
Según la agencia de noticias palestina Wafa, “los soldados abrieron fuego a quemarropa” e hirieron al palestino mientras trataba de impedir que “le robaran su generador de electricidad”. Un video compartido en las redes sociales muestra a palestinos tratando de recuperar un generador de las manos de soldados israelíes, sobre un fondo de gritos y empujones. Luego se escucha un disparo y un hombre aparece en el suelo.
“En el momento del tiroteo, Abu Aram estaba ayudando a construir la casa de sus vecinos”, dijo la organización israelí de derechos humanos B’Tselem. “Los soldados llegaron con la intención de confiscar el equipo que la familia estaba usando para la construcción”, incluyendo el generador. “Abu Aram recibió un disparo en el cuello a corta distancia mientras él y otros palestinos trataban de quitarle el generador a los soldados”, dijo B’Tselem en una declaración.
El ejército israelí dijo que una operación rutinaria para “confiscar y evacuar un edificio ilegal” se convirtió en un motín durante el cual varios palestinos atacaron a las tropas israelíes. “Los soldados utilizaron varios medios de dispersión de disturbios y dispararon al aire”, añadió.
La Ribera Occidental es un territorio palestino ocupado desde 1967 por el ejército israelí. Alrededor de 2,8 millones de palestinos viven en ella, con más de 450.000 israelíes en asentamientos ilegales.
Otro palestino fue herido el viernes por una bala de goma disparada por el ejército israelí durante una manifestación anticolonial en Deir Jarir, cerca de Ramallah.
En otra concentración en el norte de Cisjordania en Kfar Qaddum, 18 palestinos fueron heridos por fuego del ejército israelí.
Hay una cosa que la ONU y su personal deberían tener clara cuando pontifiquen sobre el supuesto proceso de paz y promuevan la narrativa de seguridad de Israel: los niños palestinos no son accesorios para la explotación. En un momento en que la Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina se enfrenta a una grave crisis debido a la escasez de fondos, así como a las acusaciones de delitos menores relacionadas con su personal. Lo último que la ONU debería hacer es explotar a los niños palestinos para mantener el compromiso obsoleto de dos Estados.
A principios de este mes, el Coordinador Especial de las Naciones Unidas para el Proceso de Paz en Medio Oriente, Nickolay Mladenov, publicó una foto en Twitter de él mismo y de la subsecretaria general de la ONU para Asuntos Políticos y de Construcción de la Paz, Rosemary DiCarlo, junto con un grupo de estudiantes refugiadas que asistieron a una de las escuelas de UNRWA. «Espero que estas jóvenes crezcan para participar en elecciones democráticas donde Palestina e Israel vivan juntas en paz y seguridad», tuiteó.
El hecho de que la narrativa colonial convierta a Israel en sinónimo de paz y seguridad no significa que no haya contradicciones inherentes en la retórica. La ONU, un colaborador desde antes del inicio de Israel, es, por supuesto, consciente de las discrepancias, pero prefiere imponer ciclos históricos de despojo sobre los palestinos, incluidos los estudiantes, enmarcandolos como un proceso de paz deformado en el que la existencia de Israel es primordial, incluso a expensas de la vida palestina.
El deseo de Mladenov para los niños palestinos no es que ejerzan su derecho a vivir libremente en toda la Palestina histórica. Por el contrario, exige una subyugación perpetua y el olvido del derecho al retorno palestino, y ¿qué mejor manera de intentar el adoctrinamiento que con las generaciones más jóvenes, de acuerdo con los estándares delirantes de la ONU?
Pero los palestinos recuerdan, y ese recuerdo es político. ¿Se ha dignado Mladenov a escuchar las narrativas de los niños refugiados palestinos? ¿Mladenov y la ONU esperan que las futuras generaciones palestinas se exploten para los planes coloniales de Israel? ¿Cómo concilian los funcionarios de la ONU la democracia con el colonialismo inherente al paradigma de los dos estados, que es la supuesta solución prevista para los palestinos por la comunidad internacional?
Dando un paso más allá, dado que la ONU sabe que la hipótesis de dos Estados es obsoleta, es lógico que estos niños palestinos, junto con muchos otros, sean testigos de una mayor apropiación colonial por parte de Israel. El legado de Mladenov a este grupo de estudiantes no será más que una foto promocional tomada con fines de propaganda de la ONU, mientras esté en segundo plano. Las familias palestinas están permanentemente rotas y desposeídas por Israel.
Las payasadas de la ONU no son impresionantes; ponen en peligro la vida de los palestinos e intentan empañar a los estudiantes con aquiescencia. Parlotear sobre elecciones democráticas mientras se contempla el colonialismo perpetuo es vil, más aún cuando se involucra a los estudiantes en la propaganda de la ONU. Por lo tanto, detengan la retórica de la esperanza, que es una ilusión cuando existe un apoyo real para la eliminación de los derechos palestinos. Mladenov nunca tuvo la intención de que las voces de los estudiantes palestinos llegaran a la arena internacional. La foto de promoción dice mucho sobre cómo la ONU obliga a los palestinos a guardar silencio. Cuando la atención se centra en los niños palestinos que se enfrentan a la condición de refugiados perpetuos, está claro que la ONU no podría hundirse más.
A los nueve años de edad, la vida de Alí Kinani fue truncada cuando cuatro mercenarios de la empresa Blackwater abrieron fuego sin provocación en la Plaza Nisour de Bagdad, matando a 17 personas.
La empresa Blackwater, ahora rebautizada como Academi, fue fundada y dirigida por Eric Prince, un asociado de Trump que es hermano de la Secretaria de Educación Betsy DeVos.
Alí, a quien le gustaba que le llamaran Alawi, estaba en la parte de atrás del coche de su padre de camino a casa después de recoger a su tía y a sus primos, en lo que parecía un día normal hasta que los mercenarios se liaron a disparar en todas direcciones.
Corría 2007. Decidido a llevar a los asesinos ante los tribunales, el padre de Ali, Mohammed Kinani, se trasladó a Estados Unidos para empujar el procesamiento de los mercenarios.
Transcurrió una década de trámites legales, juicios, apelaciones, retirada de cargos y nuevos juicios antes de que los cuatro criminales fueran condenados, con Nick Slatten, el principal culpable, recibiendo una condena de cadena perpetua por asesinato en primer grado.
El martes Trump indultó a los cuatro condenados. “Nadie está por encima de la ley es lo que aprendimos en América, pero ahora hay alguien por encima de la ley”, dijo Kinani mientras luchaba por encontrar las palabras al enterarse del indulto.
“No sé cómo se permite esto. No creo que América esté construida sobre tales principios”.
Kinani, que se había trasladado a Michigan después de la masacre y que actualmente está visitando a su familia en Irak, dijo que la decisión de Trump es “indescriptible”.
“Es una situación muy mala. Es desafortunada”, dijo, dejando escapar un profundo suspiro. “Pero debe haber una manera. Si no en los tribunales terrenales, entonces con Dios. Dios no los dejará marchar”.
El imán Husham Al-Husainy, un clérigo musulmán de Dearborn, Michigan, dijo que pensó en la foto de Alí que cuelga en el taller de Kinani en Detroit cuando oyó la noticia del perdón. Husainy, que es amigo de Kinani, dijo que el perdón muestra una falta de respeto “inhumana” por las vidas de los árabes y los musulmanes.
“La sangre de iraquíes inocentes que se derramó en la Plaza Nisour es sangre roja que no difiere de la sangre de los americanos. Estos eran humanos”, dijo. El imán añadió que la decisión de la Casa Blanca erosionará el estado de derecho en Estados Unidos, afectará las relaciones entre Irak y Estados Unidos y alterará la percepción de los iraquíes sobre Estados Unidos.
“Queremos que haya paz entre todas las personas, pero Donald Trump cometió un grave error”, dijo Hussainy. “Para complacer a unas pocas personas aquí, enfureció a 40 millones de personas en Irak”.
El Departamento de Justicia había sido inflexible en el procesamiento de los pistoleros de la Plaza Nisour, negándose a abandonar el caso a pesar de los contratiempos en sus esfuerzos legales y las apelaciones exitosas de los acusados.
Los indultos presidenciales son irreversibles, lo que significa que el gobierno de Biden no puede volver a procesar a los mercenarios de Blackwater.
El martes Trump también indultó a tres parlamentarios republicanos que fueron declarados culpables de irregularidades financieras y a dos policías de la Patrulla Fronteriza que habían asesinado a tiros a un inmigrante indocumentado, luego lo encubrieron y finalmente dijeron que era un traficante de drogas.
Trump ha recurrido al indulto alegremente y no es la primera vez que disculpa a los criminales de guerra. El año pasado perdonó a un soldado estadounidense que había matado a un detenido iraquí en 2008, así como a otros dos que habían asesinado a civiles en Afganistán.
El Presidente saliente también presionó para rehabilitar a Edward Gallagher en los Navy Seal, después de haber sido condenado por crímenes de guerra, decisión que llevó a la destitución del entonces Secretario de la Marina Richard V. Spencer, que se opuso a que Trump se ocupara del asunto el año pasado.
El martes, el Instituto Árabe Americano dijo que los indultos muestran que Trump no valora las vidas de los árabes. “Empleados de Blackwater condenados por masacrar a civiles iraquíes”, dijo el Instituto en un tweet.
“Agentes de la Patrulla Fronteriza condenados por disparar a un inmigrante indocumentado y luego encubrirlo”. Todos perdonados por Trump, otro ejemplo de su desprecio por ciertas vidas humanas, incluyendo las árabes. Sin ley, sin orden, sin humanidad”.
El enviado especial de Estados Unidos en Siria, James Jeffreys, se va y ha concedido una larga entrevista de despedida con Al-Monitor (*) en la que ya no necesita recurrir a la diplomacia. La desvergüenza sale al aire.
Jeffrey no oculta la responsabilidad de Obama en la política imperialista hacia Oriente Medio, en general, y Siria, en particular, donde el esfuerzo del Pentágono consistió en impedir que el gobierno de Damasco obtuviera una victoria militar.
Los yihadistas siempre les importaron un pimiento: “Somos indiferentes al hecho de que Idlib esté controlado por un grupo de fanáticos islamistas”, confiesa Jeffrey.
Se trataba de convertir a Siria en un infierno: “No nos importa en absoluto si los sirios están sufriendo mucho, eso es parte del plan. Nos complace prolongar su sufrimiento indefinidamente mientras los rusos, los iraníes y Assad no puedan reclamar la victoria”.
“Hemos aumentado la presión de aislamiento y sanciones sobre Assad, hemos mantenido la línea de no ayuda a la reconstrucción, y el país está desesperado por eso. Ya ves lo que le pasó a la libra siria, ya ves lo que le pasó a toda la economía. Así que es una estrategia muy efectiva”.
El imperialismo tenía un plan A: asegurar que los rusos, Assad y los iraníes no tengan una respuesta feliz sobre el final de todo, y “tal vez un día esto los lleve a aceptar el plan B. Mientras tanto, están atados con nudos. No ven una victoria en Siria”.
El plan B requiere la aplicación de los términos de la Resolución 2254 de la ONU, lo que de hecho equivaldría a un suicidio para Assad, porque permitiría votar a los sirios que han huido fuera del país y así decidir el destino de los que aún están dentro.
Los kurdos desempeñan un papel fundamental en la guerra: “Llegué a conocerlos a ellos y a sus dirigentes muy bien. Son realmente fenomenales para los estándares del Medio Oriente. Son una rama marxista muy disciplinada del PKK”, dice Jeffrey.
Estados Unidos se apoya en los kurdos del noreste de Siria para evitar que Assad consiga el petróleo que tanto necesita el pueblo sirio para emprender la reconstrucción de posguerra. “Nosotros y las FDS seguimos siendo la fuerza dominante en el [noreste] de Siria”, añade el enviado especial.
El Departamento de Estado no dudó en engañar a Trump sobre el número real de tropas que había desplegadas en Siria. “En el Departamento de Estado nunca le dimos al presidente el número de tropas. Ese no es nuestro trabajo. No intentamos engañarle”, pero las cifras que daba Trump en público “eran muy inferiores a las reales”.
Jeffreys se jacta de haber ayudado a Israel a pulverizar a Siria: “También tuvimos la campaña aérea israelí. Estados Unidos sólo empezaron a apoyar eso cuando yo subí a bordo. Fui allí y nosotros visitamos al Primer Ministro Netanyahu y a otros, y pensaron que no estaban suficientemente apoyados por el ejército de Estados Unidos, a diferencia de inteligencia. Y hubo una gran batalla dentro del gobierno de Estados Unidos, y ganamos la batalla”.
(*) https://www.al-monitor.com/pulse/originals/2020/12/trump-syria-envoy-jeffrey-mideast-policy-turkey-erdogan.html
Un dirigente del Mosad de 45 años, Fahmi Hinawi, fue ejecutado el jueves de 15 disparos mientras conducía en su automóvil en Tel Aviv. Los atacantes se esfumaron sin dejar ni rastro.
Durante 48 horas ningún medio israelí se atrevió a hablar de ello por temor a que los colonos sionistas se den cuenta de que el Eje de la Resistencia está mucho más cerca de ellos de lo que confiesan los informes oficiales.
Los noticiarios presentaron el incidente como una riña familiar, pero la presencia de fuerzas del Mossad y los servicios de seguridad incluso antes de que la policía llegara al lugar no dejó lugar a dudas: han perdido a uno de sus cabecillas.
El viernes por la noche las redes sociales difundieron las imágenes de un tiroteo que tenía el aspecto de una represalia. Los atacantes acercaron al vehículo del oficial del Mossad mientras estaba detenido en un semáforo en rojo y descargaron sobre Fahmi Hinawi varias ráfagas de metralleta.
Desde el asesinato del científico iraní hay informes de un terremoto dentro del aparato de inteligencia y las fuerzas armadas israelíes, que acusan a la pareja Netanyahu y al jefe del Mosad, Yossi Cohen de actuar contra Irán sin advertirles.
El jefe de Estado Mayor del ejército israelí repite que Tel Aviv está preparado para todos los escenarios bélicos contra Irán, pero se niega a asumir “militarmente” las consecuencias del “acto de Netanyahu”, ya que Israel se vería “arruinado” con el “primer misil de Irán” o sus “representantes”.
El viernes Netanyahu apareció en las pantallas del American Hudson Institute para acusar a Irán de señalar a Israel en relación a cualquier suceso que ocurra allí. Visiblemente avergonzado por haber sido interrogado sobre el asesinato del 27 de noviembre, dijo: “Los iraníes nos culpan de todo: lo verdadero o lo falso”.
Algunos hablan de un autogolpe para dar a Irán la oportunidad de presentar la muerte de Hinawi como una represalia. Sin embargo, una respuesta iraní iría mucho más allá de Hinawi. Irán ha prometido que su respuesta será “dolorosa y precisa”.
El jueves saltó una alerta general en el reactor nuclear de Dimona, en el desierto de Neguev. El régimen de Tel Aviv ha advertido a sus “antiguos y nuevos empleados” contra el peligro que les espera en la esquina de cada calle, o incluso cuando estén en casa.
La respuesta prometida por Irán viene a unirse a la de Hezbolah por la muerte de su combatiente Kamel Mohsen para ampliar el “círculo de angustia” de los militares israelíes.
Esta mañana Israel ha asesinado cerca de Teherán a Mohsen Fajri Zadeh, uno de los más relevantes científicos nucleares iraníes.
Fajri ha sido blanco de un ataque terrorista múltiple que involucró al menos una explosión y un pequeño incendio por parte de varios asaltantes, en la ciudad de Absard, al este de la provincia de Teherán.
Resultó gravemente herido en el enfrentamiento entre los terroristas y su equipo de seguridad y fue trasladado al hospital, donde falleció.
El científico dirigió el Plan Amad, el programa de armas nucleares anterior a 2004, y sobrevivió a un intento de asesinato del Mossad hace unos años. Actualmente encabezaba la Organización de Investigación e Innovación de Defensa del ejército iraní.
El asesinato no se ha podido llevar a cabo sin que Trump haya dado el visto bueno al operativo terrorista israelí.
En 2018 Trump se retiró del acuerdo multilateral de Viena, firmado entre las grandes potencias, que regulaba el programa nuclear de Irán.
Biden había mostrado su intención de cambiar la postura de Estados Unidos hacia Irán, lo que ahora resulta mucho más difícil.
El asesor militar del dirigente de Irán, el ayatolah Seyed Ali Jamenei, ha prometido una dura venganza contra los autores del asesinato.
El ejército iraní ha advertido a Israel de que nada podrá detener el desarrollo del programa nuclear con fines pacíficos del país.
El canciller iraní, Mohamad Yavad Zarif, ha condenado rotundamente el ataque terrorista y ha afirmado que hay “serios indicios” del papel de Israel en el asesinato de Fajri.
“Los terroristas asesinaron hoy a un eminente científico iraní. Esta cobardía, con serios indicios del papel de Israel, muestra el belicismo desesperado de los autores” del crimen, precisa Zarif en su cuenta de Twitter.
El máximo diplomático iraní ha instado a la comunidad internacional, especialmente a la Unión Europea, a que “ponga fin a su vergonzoso doble rasero y condene este acto de terrorismo de Estado”.
Prescindiendo de la historia antigua de las tribus hebreas y judías y del pueblo palestino, aclaremos, antes que nada, algo obvio como es que no todo judío es sionista al igual que un musulmán puede no ser árabe caso de, por ejemplo, los pakistaníes o los turcos o los iraníes. Ser antisionista no equivale a ser antisemita justamente porque los dos pueblos -el judío y el árabe-son semitas.
En el siglo XIX la diáspora judía es planetaria. Aparecen dos tendencias: una, integradora y universal sin renunciar a la fe judaica en el país que los acoge siendo la Revolución francesa el máximo exponente de integración judía en Occidente y otra, la situación de ghetto, sobre todo en las condiciones de opresión en los países de Europa oriental que propicia el que pudiera llamarse «nacionalismo judío» que mira a Palestina como patria irredenta.
Se considera a Theodoro Herzl (1860-1904) como el fundador del sionismo. Periodista húngaro trasladado a Viena donde se doctoró en leyes, fue vivamente impresionado por el «caso Dreyfuss» estallado en París en 1894, militar judío acusado de colaborar con el enemigo (alemán) aunque cargando las tintas más en el hecho de ser judío que militar. En 1896 Herzl escribió «Der Juden-staat» (El Estado judío). El primer Congreso Sionista se celebró en Basilea en 1897 (curiosamente el lugar de reunión debía ser Munich, pero la comunidad judía bávara se opuso afirmando que eran alemanes y querían seguir siéndolo). En el segundo Congreso de 1898 se acordó la creación de una banca que financiase la organización aunque Rothschild o el barón de Hirsch, por ejemplo, retiraron su apoyo a la vista de la presencia de nuevos judíos comunistas, anarquistas y socialitas -de procedencia rusa y polaca- en los Congresos.
Entre 1905 y 1906 se suceden pogroms en Rusia que originarán una oleada de judíos hacia Palestina. Entre ellos iba un joven llamado David Ben Gurion. En 1905 tuvo lugar el VII Congreso Sionista en el que hubo una escisión: los «territorialistas» que lo mismo les daba como patria cualquier lugar del mundo (Argentina, Angola o Kenia, como pensó Herzl) liderados por el escritor inglés I. Zangrvill y, frente a estos, los «sionistas de Sión» entre los que destacaría el eminente químico Chaim Weizmann.
Estallada la I Guerra Mundial, y en paralelo a ella, se alza el renacimiento del mundo árabe y cobra impulso creciente el movimiento sionista a la par de los afanes independentistas palestinos. Un hecho objetivo les unía a todos: la ocupación turca. Es la época de Lawrence de Arabia tan mitificado en Occidente a través del celuloide. En diciembre de 1917 el general inglés Allenby entra en Jerusalén acabando con cuatro siglos de dominación turca. Un año antes la City inglesa ya pensó en crear un Estado-tapón judío en Palestina. Los magnates sionistas ofrecen todo su peso financiero e influencia política en pos de la creación de un Mandato británico en
Palestina que defendiera el «Hogar Nacional» judío allí (Weizmann, por ejemplo, era jefe de los laboratorios militares británicos y la banca judía apoyó el esfuerzo bélico aliado).
Esto se produjo en la célebre «Declaración Balfour» (Nov. de 1917), ministro británico de Asuntos Exteriores, dirigida a Lord Rothschild y que, puede decirse, abrió la espita de todo el conflicto árabe-israelí que llega hasta nuestros días. Entre tanto, las oleadas («aliyas») de judíos a Palestina no cesan y los árabes comienzan a tomarse en serio el asunto Balfour. Ya en abril de 1921 estallan las primeras manifestaciones y sangrientos enfrentamientos con los judíos. En julio de 1922, la Sociedad de Naciones (antecesora de la ONU) otorga oficialmente a Gran Bretaña el Mandato de Palestina, en cuyo preámbulo se incluía la Declaración Balfour. El imperio británico se debatía en sus contradicciones de contentar a las dos comunidades, judía y árabe: el petróleo comenzaba a surgir en todos los desiertos árabes y los ingleses trataban de no enemistarse con ellos. Comienzan las cortapisas británicas a los judíos y nacen los «Libros Blancos» como el de W. Churchill de 1922 que limitaba la emigración judía.
El Congreso Sionista de 1929 fue particularmente explosivo. Un ala exigía, bajo la la dirección de Jabotinsky, una mayoría judía en Palestina y convertirse en Estado. Otra corriente encabezada por Weizmann y el grupo laborista sostenía que de nada servía apresurarse. En realidad, ambos estaban de acuerdo en el fondo sólo que Weizmann, más hábil, no veía ventaja en gritarlo a los cuatro vientos. La estrategia común era fortalecer las colonias y granjas judías. Entre 1930-35 la inmigación va creciendo y la comunidad judía tendrá 400. 000 miembros en 1939 frente a 950. 000 árabes. A esto ayudó la subida de Hitler al poder en Alemania.
Los británicos siguen -como siempre- con sus dudas. Sometidos a obligaciones dobles para con judíos y palestinos, el asunto les quema las manos. La única salida que proponen es la partición de Palestina. El Congreso Mundial de los países árabes se opuso: si hay partición, se volverán con el petróleo y el Canal de Suez junto a las potencias del Eje, con la Alemania nazi.
En 1939 aparece el tercer «Libro Blanco», pero llega tarde. Los judíos, a pesar de las persecuciones nazis, contaban ya con sus propias fuerzas político-financieras. Los sionistas moderados como Weizmann, partidarios de un crecimiento armonioso, son relegados. Cobra fuerza la creación inmediata de un Estado que permita la inmigración masiva. Entre estos partidarios está Ben Gurion. La guerra mundial y los pogroms contra los judíos dieron oportunidad al sionismo oficial y ortodoxo para promocionar su Estado. Ben Gurion, ya alto cargo, viaja a Estados Unidos con un plan para recabar apoyo: oposición a la política del «Libro Blanco», fomación de un ejército judío y conversión de Palestina en una comuniad judía después de acabar la guerra. Todo lo conseguiría. El líder sionista del «Mapai» (brazo político de la Histadruth -central sindical obrera judía- que daría origen a los laboristas israelíes de Shimon Peres) se separa de Weizmann tomando partido por la solución «estatista» con el apoyo decidido de los EE.UU. La inmigración clandestina, no obstante las restricciones británicas, continuó.
Con el final de la II Guerra Mundial los países árabes accedían a su total independencia. El sionismo también quiere ser independiente. Comienza la actividad armada judía tanto contra árabes como británicos. A principios de 1944 surgen la organización paramilitar «Irgun» (ultraderechista sionista donde militaba el polaco Menahem Begin), «Stern» (de filiación izquierdista con Isaac Shamir), «Palmach» y la famosa «Haganah» tan popularizada por Leon Uris en su novela «Éxodo» llevada al cine protagonizada por un rubio de ojos azules – Paul Newman- (uno no se imagina a un semita así) y donde militaban Ariel Sharon y Haim Herzog, que fuera con el tiempo presidente del Estado de Israel. Coincidiendo también con el final de la conflagración mundial, se crea en 1945 la Liga de Estados Árabes. Por esta época aparece un documento político -el Protocolo de Alejandría- redactado por los países árabes donde se puede leer: «No puede haber mayor injusticia que resolver el problema de los judíos, tan injustamente tratados en Europa, mediante otra injusticia causada a los árabes de Palestina». Los Estados árabes parecen dispuestos a negociar el futuro de Palestina sobre las bases del «Libro Blanco» de 1939. Pero las decisiones ya no están sólo en manos de Inglaterra.
El sionismo se ha hecho fuerte en EE. UU. que también quiere hacer oír su voz en Oriente Medio. Tras algunas vacilaciones, el gobierno británico decide no ceder ante las presiones sionistas. Comienza la actividad terrorista de las organizaciones ya citadas entre 1945-47. Relevante es la voladura del hotel «Rey David» por el «Irgun» en julio de 1946 que causó 91 muertos entre árabes, británicos y mismos judíos. El 9 de abril de 1948 el «Irgun» ataca la aldea de Deir Yassin matando a 254 hombres, mujeres y niños. El terrorismo todavía no era de Estado.
El gobierno inglés decide poner el asunto -cuando está totalmente podrido- en manos de las Naciones Unidas. Antes de que la ONU se pronunciara, la Agencia judía dio a conocer un plan de división de Palestina con el que Truman estaba de acuerdo. La votación de la ONU tuvo lugar en septiembre de 1947. La solución de división se adoptó por 33 votos a favor y 13 en contra más 10 abstenciones (entre ellas Gran Bretaña). La Liga Árabe se manifestó contraria a la partición; la comunidad judía lógicamente a favor y Gran Bretaña anuncia su propósito de que el 15 de mayo de 1948 terminaría su Mandato. La Haganah se prepara militarmente llegando a sumar a 25.000 hombres. Tienen lugar otros «Deir Yassin». Por cada acción árabe los judíos responden al ciento por uno. La lucha estaba centrada sobre todo en el contol de Jerusalén, que quedó en la Resolución 181 de la ONU con un estatuto internacional.
El 15 de mayo de 1948 finalizó el Mandato británico. Ese día, a las cuatro de la tarde, en el Museo Tel Aviv, se realizó la Declaración de Independencia por los allí reunidos: miembros del Consejo Nacional Judío, representantes de la Organización Sionista Mundial, líderes políticos, rabinos, militares, economistas, artistas, literatos y periodistas. En total 200 personas que proclamaban unilateralmente algo cuyo nombre no había sido mencionado hasta entonces: el Estado de Israel. En la Resolución 181 se hablaba de «Estado judío», no de «Israel», y, además, con unos territorios definidos, «fronteras» que Ben Gurion no quiso insertar en la «Declaración de Independencia». Lo que para los «israelíes» era independencia, suponía guerra de liberación para los árabes. Ahora sí comenzó el terrorismo de Estado (israelí). También ese día -el 15 de mayo- empezó la primera guerra árabe-israelí. Fue en el transcurso de esa pequeña guerra -pero de grandes consecuencias- que nació, por decirlo así, una tercera «nación»: la de los refugiados palestinos. La opinión pública internacional, por entonces, simpatiza con los israelíes a quienes ven como un nuevo David luchando contra Goliath.
Los árabes eran superiores en hombres y armamento. Israel no tenía ni un solo avión, barco o tanque. Egipcios y jordanos llevaron el peso de la guerra pero de manera muy descoordinada. Aún así, cuando parecían imponerse las tropas árabes, llega «oportunamente» la primera tregua impuesta por la ONU el 11 de junio. Termina la lucha sin vencedores ni vencidos. No duró mucho (la tregua) puesto que un mes después se reanudan las hostilidades (Israel aprovechó la primera tregua para rearmarse) ocupando los israelíes el oeste de Galilea.
El 18 de julio llega el segundo alto el fuego seguido de un mediador de la ONU: el conde Bernadotte. Folke Bernadotte es asesinado por miembros del grupo «Stern» siendo Israel responsable de su seguridad. Israel viola la tregua sin querer saber nada de negociaciones. Ataca Egipto penetrando en el Sinaí y extendiendo en casi 3. 000 kilómetros cuadrados su territorio respecto al que la ONU le había concedido. El 18 de enero de 1949 se acepta el alto el fuego solicitado por Egipto y el 24 de febrero se firman armisticios entre los Estados árabes (excepto Irak) e Israel. La victoria militar fue para Israel aunque el balance final fue penoso para ambos
contendientes.
Tras la guerra y los armisticios Israel se consolidó rápidamente como Estado. Sin duda, en la guerra de 1948 fue Egipto la más perjudicada. Los militares más jóvenes tenían en 1952 todo dispuesto para derrocar la monarquía del rey Faruk. Faltaba un militar de prestigio y lo encontraron en el general Naguib. El 26 de julio Faruk abandona Egipto. En marzo de 1954 emege la figura de Nasser que terminó con el conservadurismo de Naguib. Con él recobró fuerza el concepto de Nación Árabe. El 26 de julio de 1956 Nasser nacionaliza la Compañía Universal del Canal marítimo de Suez.
La conmoción en País y Londres fue enorme. Se pedía la intervención militar. Israel no podía pasar por el Canal. Esto lo decidió a iniciar la segunda guerra árabe-israelí, pero en este caso de carácter expansionista y no defensivo (como en la primera). La política franco-británica, decididamente intervencionista, concentraba efectivos militares en Chipre conn vistas al desembarco pero necesitaban el consenso norteamericano. El presidente Eisenhower dijo claramente que no apoyaría. Francia parecía la más resuelta a intervenir con el primer ministro «socialista» Guy Mollet a la cabeza. Israel imploraba armamento a EE.UU. para contrarrestar el que Egipto recibía de la URSS y Checoslovaquia. Estados Unidos y Gran Bretaña armaron a Israel pero no más que Francia. Fue Ben Gurion quien invocando la «solidaridad socialista» logró que Mollet equipara al Tzahal (Ejército judío) hasta convetirlo en uno de los mejores de Oriente Medio.
La campaña del Sinaí-Suez acabó con los judíos ocupando Gaza. Habían llegado demasiado lejos. La URSS tronaba en la ONU pero le replicaban con su intervención en Hungría. Sin embargo, el secretario general de la ONU, el sueco Dag Hammarskjöld, propuso la creación de una fuerza pacificadora conocida más tarde como los «cascos azules». El siguiente paso sería la retirada de las tropas israelíes, británicas y francesas del Sinaí y del Canal para ser relevadas por las de la ONU. Golda Meir, primera ministra judía, dijo que nunca abandonarían la zona si la ONU no garantizaba la libertad de paso de los barcos israelíes por el estrecho de Tirán. Se les
permitió el paso. Egipto, pese a la derrota, consolidaba su situación en el Canal y Nasser se convetiría en el «Rais» (Caudillo).
Hacemos aquí una digresión para decir que en julio de 1958 la monarquía iraquí es derribada por el general Karin Kassen (Sadam Hussein arribaría al poder diez años después, en 1968). Surgió un nuevo socialismo árabe arraigado en Siria, Irak y Líbano. Aparece el BAAS (Partido Socialista del Resurgimiento Árabe). El BAAS nació en la Sorbona parisina fundado por un grupo de estudiantes sirios e irakíes. Su lema: «Libertad, Unidad y Socialismo». En líneas generales, coincide con el panarabismo nasserista. Para ellos sólo existe una patria árabe pues no hay verdaderos países, ya que éstos fueron creados por el imperialismo anglo-francés.
Los años que siguieron a la segunda guerra árabe-israelí fueron tiempos de concienciación y politización de los refugiados palestinos. Unos se integran (en Irak, Egipto, Argelia -ya independiente de Francia-, Arabia y Kuwait) y otros son apátridas que esperan el retorno. Después de la guerra del Sinaí-Suez, surge la identidad palestina. En esta posguerra nacen las primeras organizaciones. El primer partido palestino con identidad propia y gran fuerza es Al-Fatah (La Victoria), cuyo fundador, Yasir Arafat, se inspiraba en el nasserismo siendo su propósito el retorno a Palestina. Surgieron muchas otras organizaciones sin apenas relevancia hasta que se vio la necesidad de una dirección conjunta. Así, en abril de 1964, se reunía el I Congreso Nacional de los árabes en la ciudad vieja de Jerusalén. Allí nació y se fundó la Organización de Liberación de Palestina (OLP), financiada por la Liga Árabe. También surgirían los primeros grupos armados organizados.
El 15 de mayo de 1967, Israel celebraba el XIX aniversario de su autoproclamada independencia. . Los judíos realizaron el mayor desfile militar de su historia (¿?) y las soflamas poílticas fueron interpretadas por los árabes como un desafío. El 5 de junio de ese año, a las siete de la mañana, Israel daba comienzo a la que posteriormente sería conocida como «guerra de los seis días» (en realidad duró tres días, incluso tres horas). Fue una guerra expansionista que ganó Israel ocupando la península del Sinaí, los altos del Golán y Cisjordania. Meses después de la guerra, la ONU adoptó la Resolución 242 por la que el Consejo de Seguridad pedía la retirada de Israel de los territorios ocupados. La Resolución ni siquiera mencionaba al pueblo palestino.
La imposibilidad de operar desde el interior de Israel -del Estado de Israel- hizo que los fedayines palestinos actuasen desde el Líbano y Jordania motivando represalias e incursiones israelíes en esos Estados con inusitada violencia. Esto provocó que los gobiernos jordano y sirio controlasen a los palestinos dentro de sus fronteras llegando al tristemente famoso «Septiembre Negro» de 1970 con choques armados entre ellos. A partir de aquí, los palestinos atacarían embajadas, consulados y oficinas comerciales judías en cualquier punto del globo.
Este «terrorismo» es el que no le perdonaron a Arafat, o sea, la internacionalización del conflicto. Hasta después de la «guerra de los seis días» no puede decirse que existiera una resistencia palestina. Los que operaban lo hacían bajo el mandato de los países árabes donde habitaban. Tras la derrota militar árabe, los palestinos quedaron como los únicos resistentes armados. Aparece también un vocablo que unificará y disgregará por igual: revolución. El término suscitaba recelos en algunos países árabes y ocasionará discusiones ideológicas en el seno palestino que harían que surjan desde 1967 hasta los años 80 casi treinta partidos políticos. En 1969, Arafat, representante de la línea nacionalista, fue elegido presidente de la OLP.
El Estado de Israel, después de lo conseguido en 1967, no quería más guerras y estimaba que los árabes no podían emprenderlas aunque quisieran. Pero el 6 de octubre de 1973 explotó la cuarta. Conocida como «guerra del Yom Kippur»(Fiesta del Perdón), no tiene apenas que ver con las anteriores. Era la primera vez que los Estados árabes tomaban la iniciativa con excelente dirección técnica y militar. La guerra se desarrolló en los frentes del Sinaí y en los altos del Golán.
La solidaridad árabe se volcó con Egipto y Siria militar y políticamente empleando el «arma política» de los crudos, es decir, subiendo su precio y amenazando a Occidente con un boicot a la venta si apoyaban a Israel. La guerra de 1973 tenía un objetivo muy concreto y de alcance limitado: dar aplicación a la Resolución 242 de la ONU (nov. de 1967) donde se pedía la retirada judía de los territorios ocupados. La guerra árabe era una guerra para la paz, no expansionista.
Fue una guerra justa. Pero perdieron (ahí andaban Moshe Dayan y «Arik» Sharon). Aunque, por primera vez, la CEE (la Unión Europea de entonces) presionaba a los israelíes para que se retiraran de los territorios ocupados urgidos, sin duda, por la guerra del petróleo. Era la época del «crecimiento cero». No tardó Arabia Saudí en ser el «esquirol» que bajara los precios del crudo dentro de la OPEP. Sadat, «rais» de Egipto, reconocerá el Estado de Israel en Camp David en el verano de 1975. El mundo árabe se divide dejando solos a los palestinos.
La diferencia es que, sobre todo después de las matanzas de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila en Líbano en 1982, la opinión pública internacional se muestra favorable a la causa del pueblo palestino condenando el terrorismo del Estado de Israel. Hasta aquí la pequeña historia de la lucha entre una nación milenaria -Palestina- y un Estado artificial: Israel.
Dos pistoleros israelíes ejecutaron en Irán al número 2 de Al-Qaeda, Abdullah Ahmed Abdullah. El gobierno iraní no lo ha reconocido oficialmente pero, según el New York Times, la ejecución se perpetró el 7 de agosto, aniversario de los ataques a las embajadas de Estados Unidos en Kenya y Tanzanía (*).
La ejecución fue un encargo de Estados Unidos, que acusaba a Abdullah de haber cometido dichos atentados en 1998, motivo por el cual figuraba en la lista de terroristas más buscados por el FBI, que ofrecía 10 millones de dólares de recompensa por una información que condujera a su captura.
Dos personas que circulaban en motocicleta lo mataron a tiros en una calle de Teherán. Los autores se detuvieron junto al vehículo, un Renault L90 de color blanco, y dispararon cinco veces usando una pistola equipada con un silenciador. Cuatro balas entraron en el coche desde el lado del conductor y una quinta golpeó a un coche cercano.
También dispararon a su hija, Miriam, viuda de uno de los hijos de Osama Bin Laden.
El nombre real de Abdullah era Abu Mohammed Al-Masri y el hecho de que un dirigente de Al-Qaeda viviera en Irán es sorprendente, dado que el gobierno de Teherán mantiene una política implacable hacia los yihadistas.
El espionaje estadounidense sostiene que Irán cobija a dirigentes de Al-Qaeda a cambio de que no cometan atentados en el país y vuelquen sus esfuerzos en atacar a Estados Unidos.
Según los espías, Al-Masri se refugió en Irán después de la invasión militar de Afganistán por Estados Unidos. Fue detenido en Irán en 2003 y al menos desde 2015 comenzó a vivir libremente en el barrio de Pasdaran de Teherán, un suburbio acomodado de la capital iraní.
En 1998 los atentados con bomba contra las embajadas de Estados Unidos en Kenya y Tanzanía mataron a 224 personas e hirieron a más de 5.000.
(*) https://www.nytimes.com/2020/11/13/world/middleeast/al-masri-abdullah-qaeda-dead.html
En agosto dos enviados de Estados Unidos visitaron Damasco, la capital siria, para negociar la liberación de los presos estadounidenses.
Varios medios de comunicación de Estados Unidos han informado del viaje a Damasco y la reunión con dirigentes sirios, así como el periódico sirio Al-Watan.
Roger Carstens, enviado especial de Trump para los secuestrados, y Kesh Patel, otro asistente de Trump en materia antiterrorista, visitaron Damasco en agosto y se reunieron en Damasco con el general Ali Mamlouk, que es el jefe de la Oficina de Seguridad Nacional.
Los enviados de Estados Unidos discutieron una amplia gama de temas e hicieron varias ofertas y solicitudes.
Según Al-Watan, “no es la primera visita de altos funcionarios de Estados Unidos, ya que ha estado precedida por tres visitas similares a Damasco en los últimos meses y años”.
Los dos enviados estadounidenses trataron de ganar la cooperación de Damasco con Washington en el caso del “periodista” estadounidense Austin Tice (en la imagen de portada), que desapareció cerca de la capital siria en 2012.
En realidad, Tice no era periodista, sino un marine retirado que los servicios de inteligencia de Estados Unidos contrataron como mercenario para desatar la guerra en Siria. Entró clandestinamente en territorio sirio en 2012. Visitó las zonas que entonces estaban fuera del control del ejército sirio y llegó a la región de Guta oriental con la tarea de preparar a los yihadistas para luchar contra el ejército sirio.
Además de Tice, Estados Unidos se interesa por la suerte de Majd Kamalmaz, que desapareció en 2017 y, según el Wall Street Journal, hay al menos otros cuatro estadounidenses más bajo custodia del gobierno sirio.
Trump quiere llegar a las elecciones con el golpe de efecto que supondría poner delante de las cámaras de televisión a los desaparecidos. En marzo le escribió una carta privada a Bashar Al-Asad proponiendo un diálogo directo sobre Tice. Enviados de Washington han tratado de abrir canales para negociar un acuerdo.
La semana pasada, el jefe de la Seguridad General libanesa, el general Abás Ibrahim, que ejerce de mediador entre Washington y Damasco, se reunió en la Casa Blanca con Robert O’Brien, asesor de Seguridad Nacional de Trump, para hablar sobre los presos estadounidenses en las cárceles de Siria.
El gobierno de Damasco no confía en este tipo de visitas por la influencia de los grupos de presión estadounidenses en el Presidente de Estados Unidos.
La posición siria se basa en el principio de que no habrá ninguna discusión con Washington antes de la retirada de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos del este de Siria y la aparición de signos reales de esta retirada sobre el terreno, y que Damasco se ha negado a discutir las sanciones de Estados Unidos, asegura Al-Watan.