Categorías
Oriente Medio

Las bases estadounidenses en Oriente Medio son los blancos más fáciles

La campaña electoral de Trump se basó en la promesa de poner fin a todas las guerras provocadas por sus predecesores en el cargo, pero ha terminado involucrando a Estados Unidos en una, para la cual ha movilizado armamento pesado: bombarderos estratégicos, submarinos, portaviones…

Trump lanzó un ultimátum de 15 días a Irán y no agotó el plazo porque Israel estaba a punto de perder la guerra que ella misma había provocado, sin que el gobierno de Netanyahu hubiera previsto las desastrosas consecuencias que los ataques israelíes causarían en Tel Aviv y Haifa, sometidas a una lluvia de misiles, en una contraofensiva que, sin embargo, apenas había comenzado.

Netanyahu instó a Trump a intervenir tras las cuantiosas pérdidas sufridas en los ataques con misiles y drones iraníes.

La guerra ha sembrado el pánico en los países del Golfo Pérsico, pero también en Israel. Los cuatro países (Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Israel) están en alerta máxima, y ​​ya han tomado medidas drásticas en previsión de una descarga de misiles iraníes mucho más devastadora que se espera que caiga sobre estos países en las próximas horas.

Todas las opciones están ahora abiertas y Pakistán ha anunciado que pone su arsenal a disposición de Irán para defenderse de sus enemigos. El ejército iraní estudia una respuesta contundente a la flagrante agresión.

La atención se ha centrado en las bases militares estadounidenses en la región, muchas de las cuales podrían ser blancos potenciales de represalias. Si bien algunos informes sugieren que Washington ya ha evacuado algunas bases, varias permanecen operativas y son extremadamente vulnerables.

A diferencia de Israel, las bases militares estadounidenses en la región están totalmente expuestas a los misiles balísticos iraníes, un detalle que han destacado altos oficiales militares iraníes.

Las bases estadounidenses en el punto de mira

Estados Unidos cuenta con cientos de bases militares repartidas por Oriente Medio, desde Barein hasta Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Arabia Saudí, Irak, Jordania y otros países.

Irán ya ha demostrado su fuerza militar, en particular destruyendo los sistemas de defensa antiaérea israelíes y reduciendo a escombros muchos de los centros militares y de inteligencia de Tel Aviv.

Los estadounidenses también lo comprobaron cuando la base de Ain Al Assad, en el oeste de Irak, fue atacada con precisión quirúrgica tras el asesinato del general Qassem Soleimani, el principal comandante de la Guardia Revolucionaria, en un ataque aéreo ordenado por el mismo presidente estadounidense.

Estados Unidos mantiene una importante presencia militar en Oriente Medio, con numerosas bases e instalaciones repartidas en varios países, entre ellos Barein, Chipre, Irak, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí, Siria y los Emiratos Árabes Unidos.

Estas bases cumplen diversos objetivos estratégicos, como controlar los flujos petroleros mundiales, mantener la influencia sobre cuellos de botella críticos, garantizar la supervivencia de Israel, cercar a Irán y contener al Eje de la Resistencia.

Aproximadamente unos 40.000 militares están estacionados en la región, incluso a bordo de buques como portaaviones y destructores en aguas regionales como el Mar Rojo y el Golfo de Adén.

Además de bases consolidadas en Barein, Egipto, Irak, Jordania, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, Siria y Emiratos Árabes Unidos, también existen importantes bases en Yibuti y Turquía, utilizadas para las operaciones militares en Oriente Medio.

Según diversas estimaciones, existen más de 60 bases, guarniciones o instalaciones militares estadounidenses en Oriente Medio, utilizadas desde hace tiempo para la desestabilización política y social.

Qatar:

La Base Aérea Al Udeid (AUAB), ubicada al suroeste de Doha, Qatar, es la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio y un centro clave para las operaciones aéreas en la región, especialmente en Irak y Siria.

Se observó el regreso de aviones de guerra estadounidenses a esta base tras el reciente ataque aéreo contra Yemen, que se cobró la vida de decenas de civiles, entre ellos mujeres y niños.

Durante más de 30 años de operaciones, se han invertido miles de millones de dólares en la base. Abarca 50 kilómetros cuadrados e incluye dos pistas y decenas de instalaciones de apoyo.

La base, considerada la piedra angular de la estrategia militar estadounidense en Oriente Medio, alberga a más de 10.000 militares estadounidenses y una amplia gama de aeronaves, incluyendo bombarderos, cazas y drones, como parte del 379 Ala Expedicionaria Aérea de la Fuerza Aérea de Estados Unidos

Además de la Fuerza Aérea de Estados Unidos como operador principal, también alberga a la Fuerza Aérea de Qatar, la Real Fuerza Aérea Británica y, ocasionalmente, a otras fuerzas extranjeras.

Más importante aún, también alberga el cuartel general avanzado del Comando Central de Estados Unidos (Centcom), uno de los once comandos combatientes unificados del Departamento de Defensa de Estados Unidos

Desde 2019 Irán ha designado al Centcom como organización terrorista, en respuesta a la inclusión en la lista negra estadounidense de la Guardia Revolucionaria iraní.

En los últimos años, durante las misiones activas y el aumento de las tensiones regionales, Washington ha enviado regularmente bombarderos B-52 Stratofortress y B-1 Lancer a esta base Qatarí.

La base se encuentra a 275 kilómetros del territorio continental de Irán y puede ser blanco de todos los misiles balísticos iraníes operativos, incluso los sistemas de cohetes de largo alcance, y la mayoría de los drones disponibles.

Los hangares y otras instalaciones de la base están construidos principalmente con materiales prefabricados, vulnerables a ataques con misiles. Por lo tanto, la AUAB depende de sistemas de defensa aérea, principalmente misiles Patriot.

A finales del año pasado, ante las amenazas estadounidenses tras el ataque de represalia de Irán contra Israel, los dirigentes qataríes anunciaron que no autorizarían el uso de la base para agredir a los países vecinos.

Emiratos Árabes Unidos:

El ejército estadounidense mantiene una presencia significativa en Emiratos Árabes Unidos, con numerosas bases conocidas y desconocidas. Una de ellas, ampliamente reconocida y documentada, es la Base Aérea Al Dhafra (ADAB).

Los generales estadounidenses han apodado a Emiratos Árabes Unidos la “Pequeña Esparta” debido al valor que aportan a Estados Unidos. La Base Aérea Al Dhafra, ubicada al sur de Abu Dabi, es una importante base de la Fuerza Aérea estadounidense que alberga aviones de combate avanzados, aeronaves de inteligencia, drones de vigilancia y aviones cisterna.

Edificada en los noventa, apoya las operaciones militares estadounidenses en el Golfo Pérsico y otras regiones, proporcionando apoyo aéreo y fuentes de inteligencia. La base también es utilizada por la Fuerza Aérea de Emiratos Árabes Unidos y la Fuerza Aérea Francesa.

La ADAB alberga a la 380 Ala Expedicionaria Aérea de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, con aproximadamente 5.000 efectivos en servicio activo. Su misión principal es el reabastecimiento de combustible aéreo y la inteligencia, vigilancia y reconocimiento a gran altitud y en cualquier condición meteorológica.

La base ha desempeñado un papel importante en la agresión estadounidense en Afganistán, Irak y Siria durante años, y ahora se utiliza en el espionaje contra Irán y sus aliados.

Además de los cazas F-22 Raptor, también alberga aviones de reconocimiento de gran altitud Lockheed U-2, aviones Boeing E-3 Sentry AWACS y drones de vigilancia RQ-4 Global Hawk, que operan regularmente en el Golfo Pérsico.

También alberga cazas F-35A Lightning II (desplegados por primera vez en abril de 2019), F-15C Eagles, F-15E Strike Eagles, KC-10 Extenders y drones MQ-9 Reaper, cada uno con dos pistas de 3.640 metros de longitud.

Uno de los drones despegó de la Base de Apoyo Naval en 2019 para penetrar en el espacio aéreo iraní sobre el Estrecho de Ormuz. Fue derribado por el sistema de defensa aérea Jordad 3.

Barein:

Al igual que la Base Aérea de (AUAB) de Qatar, la ADAB se encuentra a 250 kilómetros de territorio iraní y está expuesta a un vasto arsenal de misiles y drones, capaces de evadir fácilmente los sistemas de defensa aérea Patriot y THAAD.

El puerto de Jebel Ali en Dubai es otra base militar estadounidense en Emiratos Árabes Unidos. Es el puerto artificial más grande del mundo y un centro logístico vital para la Armada de Estados Unidos. Alberga más buques estadounidenses que cualquier otro puerto fuera de Estados Unidos, apoyando a la Quinta Flota en Barein.

El puerto y aeródromo de Fujairah, en la costa este, cerca del Estrecho de Ormuz, también es una base importante. Fujairah sirve como centro logístico para los buques de la Armada estadounidense y cuenta con instalaciones para aeronaves de reconocimiento estratégico (por ejemplo, los Lockheed U-2) y aviones cisterna.

El aeródromo de Ras Al Jaimah es otra base militar estadounidense en Emiratos Árabes Unidos, utilizada frecuentemente para operaciones de aviación táctica y reconocimiento.

Jordania:

Estados Unidos también mantiene una presencia militar activa en Jordania. Si bien se desconoce el número exacto de bases, algunas han sido ampliamente documentadas y utilizadas para actividades estadounidenses en la región.

Una de ellas es la base aérea Muwaffaq Salti, ubicada cerca de Azraq y un lugar clave para las operaciones de la Real Fuerza Aérea Jordana y las fuerzas militares estadounidenses en la región. Estados Unidos ha invertido considerablemente en la modernización de la base militar, destinando 143 millones de dólares en 2018 a mejoras y 265 millones adicionales a proyectos de infraestructura, incluyendo la reparación de pistas y la construcción de nuevos dormitorios.

Si bien se desconoce el número exacto de militares estadounidenses estacionados en la base, hay aproximadamente 4.000 soldados estadounidenses estacionados en diversas bases militares estadounidenses en Jordania.

Kuwait:

Estados Unidos mantiene una importante presencia militar en Kuwait en virtud del Acuerdo de Cooperación de Defensa (DCA) de 1991 y el Acuerdo de Adquisición y Servicios Cruzados (ACSA) de 2013.

En enero de este año, unos 14.000 militares estadounidenses estaban estacionados en diversos centros militares en Kuwait, principalmente en el Campamento Arifjan, ubicado al sur. Es una enorme base militar estadounidense que abarca aproximadamente 100 kilómetros cuadrados y un objetivo potencial de represalias.

El campamento sirve como base logística avanzada para el ejército estadounidense, apoyando las operaciones en la región. Cuenta con barracones de hormigón prefabricado, comedores e instalaciones recreativas, así como el helipuerto militar Patton, que apoya las operaciones aéreas.

Otras instalaciones estadounidenses en Kuwait incluyen la Base Aérea Ali Al Salem, ubicada a 37 kilómetros de la frontera iraquí y operada por la Fuerza Aérea Kuwaití con el apoyo de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

Es el principal centro de operaciones aéreas en la región. La Base Aérea Ahmad Al Jaber es otra base con pistas de aproximadamente 3.000 metros de longitud.

Irak:

Aunque la presencia militar estadounidense en Irak ha disminuido con los años, el país sigue siendo un eje central para las operaciones militares estadounidenses en la región del Golfo Pérsico. El ejército estadounidense aún mantiene varias bases allí.

Una de las principales, blanco de misiles iraníes en enero de 2020, es Ain Al Assad, ubicada en la gobernación de Al Anbar, que está operativa desde 2013. Es un centro clave para el ejército estadounidense en Irak y se utiliza para misiones militares, no solo en el país árabe, sino también en otros lugares.

La base de Al Haris, en la provincia de Erbil, ha estado operativa desde 2013 y sirve como base militar estratégica para las operaciones del ejército de ocupación en la región. Otras bases estadounidenses en el país incluyen Camp Teji, al norte de Bagdad, la Estación Conjunta de Seguridad Falcon, en el distrito bagdadí de Al Rashid, y la Base de Operaciones Avanzada Abu Ghraib, en la provincia de Anbar.

Isla Diego García:

La Instalación de Apoyo Naval Diego García (NSF) es una base militar británica y estadounidense operada conjuntamente en el atolón de Diego García, administrada por los británicos, en el Océano Índico.

Esta base fue construida en la década de los setenta por los británicos tras una limpieza étnica que afectó a más de 2.000 nativos y posteriormente fue modernizada significativamente por la Armada y la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

La principal motivación de la intervención estadounidense fue la Revolución de 1979, que frustró sus planes de dominio total del Golfo Pérsico y las exportaciones mundiales de petróleo. Washington ha invertido cientos de millones de dólares en una base aérea, pistas de aterrizaje para bombarderos pesados, hangares, edificios de mantenimiento, un muelle de aguas profundas, fondeaderos e instalaciones portuarias.

La base insular alberga a aproximadamente 4.000 militares y contratistas, la gran mayoría estadounidenses.

La base Diego García de la NSF, sede de los bombarderos B-1 Lancer, B-2 Spirit y B-52 Stratofortress, es una importante base de bombardeo que cubre vastas áreas de África, Asia y Oceanía desde una distancia relativamente segura.

El B-2 Spirit, un bombardero de largo alcance, gran carga útil y avanzadas capacidades de sigilo, se considera a menudo la plataforma ideal para lanzar bombas pesadas sobre las instalaciones subterráneas iraníes.

El bombardero probablemente despegaría de la base de Diego García, ubicada a 3.800 kilómetros de distancia, lo que la convertiría en un objetivo para una operación de represalia iraní.

Irán cuenta con armas suficientes para llevar a cabo un ataque de este tipo desde su territorio, incluyendo versiones más recientes del misil Jorramshahr de alcance intermedio y el dron suicida Shahed-136B, con un alcance de 4.000 kilómetros.

Irán también puede disparar otros drones y misiles, con alcances ligeramente menores a los mencionados, desde diversos buques.

Categorías
Oriente Medio

El Parlamento iraní ordena cerrar el Estrecho de Ormuz

El Parlamento iraní ha ordenado cerrar el Estrecho de Ormuz, un punto de estrangulamiento crucial para el comercio petrolero mundial, dejando la aprobación final al Consejo de Seguridad Nacional del país. La decisión se produce cuando las tensiones en la región han alcanzado su punto álgido la madrugada pasada, tras el bombardeo de la aviación estadounidense.

El Estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo, es un corredor vital para las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak.

Desde los ataques estadounidenses, 17 petroleros han abandonado el Golfo Pérsico y solo tres buques se han atrevido a entrar en la región. Según el sitio web Marine Traffic, los barcos que salían del Golfo se movían en grupos organizados por temor a ser interceptados, mientras que 37 buques permanecieron fuera del Estrecho de Ormuz, evaluando la seguridad de la travesía. Entre ellos, el petrolero británico Mountains of Maru cambió de rumbo hacia el sur, una señal de creciente inestabilidad.

La guerra se intensificado después de que Estados Unidos apoyara a Israel en el ataque a objetivos iraníes con misiles antibúnker y misiles de crucero. Irán respondió disparando cohetes contra ciudades israelíes y también atacó la base de Ghadir, una base de misiles de la Guardia Revolucionaria en Yazd, así como el aeropuerto internacional de Bushehr.

Los huthíes también han intensificado sus actividades, a pesar de haber llegado a un acuerdo con Estado Unidos el pasado mes de mayo. El portavoz del ejército yemení, Yahya Saree, confirmó su intención de atacar buques estadounidenses en el Mar Rojo, instando a Washington a retirar sus buques de las aguas territoriales del país. Mohammed Al Buheiti, miembro de la oficina política huthí, declaró que el alto el fuego acordado con Estados Unidos ya no es válido debido a las acciones estadounidenses.

Los huthíes han desplegado lanzadores de drones adicionales en la región de Hodeidah, lo que aumenta su potencia de fuego. Las tensiones también se han extendido a Irak. La embajada estadounidense en Bagdad ha sido parcialmente evacuada. Algunos miembros del personal han abandonado el país debido a los crecientes riesgos en la región, lo que refleja el temor a una escalada. En Irán el ejército ha reforzado la seguridad en lugares estratégicos, incluidas las terminales petroleras de Bandar Abbas, en previsión de posibles represalias.

El Estrecho de Ormuz se cerrará ‘en cuestión de horas’

Ayer el comandante de la Guardia Revolucionaria iraní (CGRI), Alireza Tangsiri, ha declarado que el Estrecho de Ormuz se cerrará “en cuestión de horas” en respuesta a los continuos ataques de Estados Unidos e Israel.

Tangsiri enfatizó que Irán utilizaría sus fuerzas, incluyendo lanchas rápidas y misiles antibuque, para hacer cumplir el plan de bloqueo. Según la agencia de noticias iraní Mehr, el CGRI realizó recientemente ejercicios cerca del Estrecho, practicando el minado de las aguas y el ataque de grandes buques con drones. Teherán también podría usar misiles Khalij Fars, capaces de alcanzar objetivos a una distancia de hasta 300 kilómetros.

También podría dificultar el desplazamiento de los barcos que atraviesan la zona, interfiriendo las señales de navegación, lo que obliga a los capitanes a navegar más lentamente para evitar colisiones.

Irán considera el cierre del Estrecho como una herramienta para obligar a Estados Unidos y sus aliados a negociar. Según fuentes occidentales, Teherán ya ha desplegado fuerzas de defensa aérea adicionales en las zonas costeras, en particular en la isla de Abu Musa, para proteger la operación.

Las tensiones militares están aumentando en la región. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, cuyas terminales petroleras dependen del Estrecho, han puesto a sus fuerzas armadas en alerta máxima. La flota estadounidense en el Golfo, incluido el destructor USS Cole, ha intensificado sus patrullas en previsión de una posible escalada. Incluso un bloqueo a corto plazo podría causar interrupciones significativas en el suministro de petróleo, lo que genera una enorme preocupación entre los mercados mundiales, incluidos los financieros.

Irán ha comenzado a prepararse para una posible respuesta estadounidense. Ha reforzado la seguridad portuaria en ciudades costeras como Bandar Abbas, y algunos civiles han sido evacuados. Mientras tanto, ingenieros iraníes han estado modernizando los lanzadores de misiles cerca del estrecho. Estas acciones demuestran que Teherán pretende consolidar su control sobre la zona.

La decisión de cerrar el Estrecho demuestra el coraje de Irán, a pesar de las dificultades económicas causadas por las sanciones.

Categorías
Oriente Medio

El bloqueo el Estrecho de Ormuz: cuando la economía es un arma de guerra

Desde el inicio de la guerra con Israel, los dirigentes iraníes han amenazado con cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del petróleo mundial. Esta carta en manos de Teherán preocupa a la economía mundial.

El Estrecho de Ormuz bordea la costa iraní. Tiene 212 kilómetros de longitud y en su punto más angosto tiene tan solo unos 40 kilómetros de ancho. La poca profundidad de las aguas obliga a los buques de mayor tamaño a utilizar rutas marítimas de apenas unos kilómetros de ancho, que Irán puede controlar o interrumpir fácilmente.

Por el cuello de botella transitan anualmente no menos de 600.000 millones de dólares en comercio energético. Su cierre obviamente representaría un problema económico considerable, dado el efecto que tendría en el precio del petróleo.

La acción militar en este estrecho se considera el método más probable para interrumpir el tráfico marítimo. Esto ocurrió durante la guerra entre Irán e Irak, de 1980 a 1988, cuando ambos beligerantes utilizaron misiles y minas navales en el Golfo Pérsico, lo que interrumpió significativamente el tráfico marítimo, sin lograr cerrarlo completamente.

En el contexto actual esta amenaza la han planteado varios dirigentes iraníes. “Irán tiene muchas opciones para responder a sus enemigos», y el cierre del Estrecho de Ormuz es una de ellas”, declaró recientemente Behnam Saeedi, miembro del Comité de Seguridad Nacional del parlamento iraní.

Otro parlamentario, Ali Yazdikhah, aseguró que Irán continuará permitiendo la libre circulación a través del estrecho mientras no se vean amenazados sus intereses nacionales vitales. Sin embargo, continuó, interrumpir el comercio petrolero occidental a través de este paso marítimo es un “derecho legítimo” de Irán si “Estados Unidos entra en la guerra oficial y operativamente” en apoyo a Israel.

Irán dispone de varios medios militares concretos que podrían interrumpir el tránsito. Estos incluyen el ataque directo a buques o la colocación de minas navales en las rutas marítimas

¿Un tiro en el pie?

Las declaraciones de los dirigentes iraníes sobre el cierre del Estrecho nunca se han cumplido, pero son una forma de disuasión comparable a la de un arma nuclear. Hay un factor fundamental que limita la presión que Irán puede ejercer sobre este paso marítimo: que es muy dependiente del Estrecho porque es la arteria que conecta la economía iraní con los mercados mundiales.

Entre el 80 por cien y el 90 por cien del petróleo iraní es adquirido por China y transita principalmente por el Estrecho. Al frustrar a su principal cliente, Teherán se privaría de un socio económico vital, dadas las sanciones internacionales impuestas por Washington.

No obstante, como ya informamos hace unos días, se ha inaugurado un nuevo corredor ferroviario que une a China con Irán.

Interrumpir el tránsito por el Estrecho de Ormuz supondría un revés para el otro gestor del estrecho: el Sultanato de Omán, que mantiene desde hace tiempo excelentes relaciones con su vecino iraní. Al optar por la ruta militar en este tramo de agua, Irán llevaría la guerra a las costas omaníes, amenazando directamente la estabilidad y la seguridad del sultanato.

Categorías
Oriente Medio

Esta noche Estados Unidos ha bombardeado las instalaciones nucleares iraníes

El plazo de dos semanas anunciado por Trump el jueves era un engaño. Esta noche bombarderos estadounidenses lanzaron un ataque contra Irán. Estados Unidos se unió así a Israel en la guerra, que ha estado atacando a Irán desde el 13 de junio, pero estaba perdiendo el pulso claramente.

“Hemos completado nuestro exitoso ataque contra las tres instalaciones nucleares de Irán, incluyendo Fordow, Natanz e Isfahán. Todas las aeronaves están ahora fuera del espacio aéreo iraní. Se ha lanzado un camión lleno de bombas sobre la instalación principal, Fordo”, anunció Trump poco antes de las 8 de la tarde, hora de Washington. “Ningún otro ejército del mundo podría haber hecho esto”, enfatizó. “¡Ahora es la hora de la paz!”, añadió.

“Fordow está acabado“, en referencia a la instalación enterrada en una montaña. “Este es un momento histórico para Estados Unidos, Israel y el mundo. Irán debe ahora aceptar poner fin a esta guerra”, concluyó.

A las 22:00 horas de Washington se dirigió al país en un breve discurso, acompañado por el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth. “Esta noche puedo anunciar al mundo que los ataques fueron un éxito militar espectacular. Las instalaciones clave de enriquecimiento de uranio han sido total y completamente destruidas”, aseguró Trump, felicitando a Netanyahu. “Trabajamos en equipo, probablemente como ningún otro en el pasado”.

Trump instó a Irán a “hacer la paz”, que lleva años financiando ataques terroristas con el lema de “¡Muerte a Estados Unidos, muerte a Israel!”. Advirtió que Estados Unidos no toleraría las represalias iraníes: “Esto no puede continuar. O habrá paz, o será una tragedia para Irán, mucho peor que lo que hemos visto en los últimos ocho días”.

“Si la paz no llega pronto, atacaremos otros objetivos con precisión, rapidez y habilidad”, amenazó.

Además, la aviación de Estados Unidos podría atacar otros objetivos. El gobierno israelí desea un cambio de régimen en Teherán, lo que podría implicar el asesinato de dirigentes iraníes clave. Pero la coartada de Estados Unidos es acabar con una supuesta “amenaza nuclear iraní”.

‘La paz se logra con la fuerza’

Quince minutos antes del discurso de Trump, Netanyahu grabó un vídeo elogiando que Trump hubiera salido en su rescate. “El presidente Trump y yo solemos decir: La paz se logra con la fuerza. Primero viene la fuerza, luego la paz. Y esta noche, @realDonaldTrump y Estados Unidos actuaron con gran fuerza”, dijo.

Antes del ataque estadounidense, el primer ministro iraní Masoud Pezeshkian se declaró “dispuesto a dialogar y cooperar para generar confianza en el ámbito de las actividades nucleares pacíficas”, pero descartó, “bajo ninguna circunstancia”, “reducir a cero” las actividades nucleares iraníes. “Los derechos que el derecho internacional otorga a los países y naciones”, argumentó, “no pueden ser arrebatados ni por amenazas ni por la guerra”.

Ahora Teherán amenaza con atacar los envíos de ayuda militar a Israel, “de cualquier país”. Irán también podría minar el Estrecho de Ormuz, por donde pasa una cuarta parte del comercio mundial de petróleo, lo que dispararía el precio del barril.

Por su parte, los rebeldes huthíes han prometido atacar buques y buques de guerra estadounidenses en el Mar Rojo en caso de un ataque estadounidense contra Irán, a pesar de un reciente acuerdo de alto el fuego con Estados Unidos.

Los estadounidenses en Oriente Medio tienen motivos para estar preocupados por las represalias. Ayer Washington comenzó a evacuar a los estadounidenses que viven en Israel. Más de 40.000 soldados estadounidenses están estacionados en la región. Tras el ataque, la televisión pública iraní difundió un mapa de sus bases estadounidenses con la leyenda: “Dentro del alcance de tiro de Irán”.

El Ministerio de Salud iraní ha estimado la cifra provisional de muertos en nueve días de guerra en más de 400 y más de 3.000 heridos, en su mayoría civiles. Según el gobierno de Tel Aviv, los ataques con misiles y drones iraníes han causado 25 muertes en Israel.

Categorías
Oriente Medio

Los bombardeos contra Yemen causaron tantas muertes de civiles como en 23 años anteriores de ataques estadounidenses

La campaña de bombardeos de Estados Unidos en Yemen causó la muerte de casi la misma cantidad de civiles en dos meses que en los 23 años anteriores de ataques estadounidenses contra el país.

Un análisis de la Operación Rough Rider realizado por el grupo de monitoreo Airwars concluyó que 224 civiles murieron entre marzo y el final de la campaña en mayo, en comparación con 258 entre 2002 y 2024.

La mayor tasa de mortalidad tras 33 ataques indica un cambio de política por parte de Estados Unidos y es una posible señal de lo que podría suceder en Irán si Trump decide unirse a la campaña de bombardeos israelí contra el país.

“Esta campaña marca la pauta para Trump en la guerra y para lo que pueden hacer sus aliados. Con Estados Unidos a punto de una escalada, debemos comprender la campaña en Yemen para comprender qué nos depara el futuro”, declaró Emily Tripp, directora de Airwars.

Atacar deliberadamente a civiles de una manera que no se considera proporcional a la ventaja militar obtenida se considera un crimen de guerra según las Convenciones de Ginebra, aunque se ha convertido en una práctica corriente en las últimas guerras, en particular el ataque israelí a Gaza, donde se han producido incidentes individuales con más de 100 civiles muertos.

En el pasado el presidente de Estados Unidos estableció un límite para el número máximo de víctimas civiles que se toleraría sin una aprobación especial.

La Operación Rough Rider, una campaña de bombardeos contra los huthíes, comenzó en marzo en un esfuerzo por detener los ataques a buques mercantes en el Mar Rojo, tras los ataques llevados a cabo en tiempos de Biden. Costó aproximadamente 1.000 millones de dólares en su primer mes de funcionamiento.

Trump describió la campaña de Biden como “patéticamente débil”.

Los dos ataques más mortíferos registrados por Airwars ocurrieron en abril. Al menos 84 civiles murieron el 17 de abril cuando Estados Unidos bombardeó el puerto de Ras Isa, cerca de Hodeidah, por la noche, afirmando que el objetivo eran instalaciones petroleras.

Dos jóvenes, Fadel Fawwaz Ali Al Musq y Mohammad Ali Saleh Asaad Al Musq, murieron juntos después de que un familiar, conductor, los llevara al puerto mientras trabajaba.

La familia de Nabil Yahya, un conductor de 48 años, informó de que falleció cuando el camión cisterna que conducía se incendió tras el ataque aéreo. “Ese camión era todo lo que tenía”, declaró su hermano menor, Sultan Yahya.

Un día después del incidente, la filial local de la Media Luna Roja publicó que los ataques aéreos se produjeron en dos oleadas. Tras la primera, el avión permaneció sobrevolando y volvió a impactar tras la llegada de los servicios de emergencia.

En ese momento, el Centcom del ejército estadounidense declaró que las fuerzas estadounidenses habían tomado medidas “para eliminar esta fuente de combustible para los terroristas huthíes respaldados por Irán” y que el ataque “no pretendía perjudicar al pueblo de Yemen”.

El segundo ataque más mortífero registrado por Airwars ocurrió el 28 de abril, cuando 68 civiles alojados en un centro de detención preventiva en Saada murieron y al menos 47 resultaron heridos por los ataques aéreos estadounidenses.

El centro albergaba principalmente a emigrantes procedentes de países africanos y se creía que albergaba a 115 personas en el momento del ataque. Se vieron cadáveres en televisión y se difundieron fotografías explícitas después del ataque.

En respuesta a las investigaciones sobre el incidente, el Centcom declaró a principios de mayo que estaba al tanto de las denuncias de víctimas civiles y las estaba evaluando, pero desde entonces no ha habido ninguna actualización del ejército estadounidense.

Estados Unidos ha estado atacando objetivos en Yemen desde 2002, cuando un ataque con drones dirigido mató a seis miembros de Al Qaeda. La primera vez que se registraron muertes de civiles fue en 2009, cuando se registraron 49 muertos tras un ataque con misiles de crucero dirigido contra un campamento. La Operación Rough Rider finalizó en mayo, cuando Estados Unidos y los huthíes llegaron a un acuerdo. Estados Unidos afirmó haber realizado 1.000 ataques contra objetivos huthíes. Los rebeldes yemeníes afirmaron que dejarían de atacar a buques mercantes a cambio del cese de los bombardeos estadounidenses.

A principios de esta semana, los huthíes dispararon varios misiles balísticos contra Israel en apoyo a Irán. Uno impactó en Cisjordania e hirió a cinco palestinos.

—https://www.theguardian.com/world/2025/jun/18/trump-yemen-bombings-killed-civilians-us-attacks-analysis

Categorías
Oriente Medio

Irán carece de un ‘programa de armas nucleares’ según la OIEA

La guerra entre Israel e Irán ha colocado a la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) entre la espada y la pared porque Israel se ha inventado un supuesto “programa de armas nucleares” contando con la complicidad del organismo y su director, Rafael Grossi.

Pero Grossi no ha podido confirmar el pretexto bélico israelí y hza salido por la tangente: ha asegurado a la agencia Bloomberg que Irán carece de un “programa de armas nucleares” pero, al mismo tiempo, no se atreve a desmentir a Israel abiertamente.

Si pero no. No hay armas “pero la situación es preocupante”, ha declarado Grossi. Es la cuadratura del círculo: si no hay tales armas nucleares, ni siquiera planes para construirlas, ¿que es lo que le preocupa a Grossi?

Da igual, porque las declaraciones de Grossi no van a parar la guerra, ni tampoco podrían estimularla.

La chulería de Estados Unidos e Israel lo que pretende es una humillación insólita: que Irán abandone la idea misma de tener armas nucleares. “Israel pretende continuar sus operaciones hasta que su adversario renuncie a la idea de desarrollar un arma nuclear”, ha dicho Simona Halperin, la embajadora de Israel en Moscú.

¿Cómo demostrará Irán que no concibe una idea tal? El uranio deja rastros or donde pasa, pero ¿qué rastros dejan las ideas?

Grossi es un cobarde, un mercenario de altos vueltos, que se excusa alegando que todo esto es… política. Necesita que le entreguen pruebas de la inexistencia de un programa de producción de armas nucleares, que nadie ha podido observar.

Los clásicos de la lógica escolástica lo llamaban “prueba diabólica” y lo mismo dice el artículo 217 del Código Civil español. Si alguien asegura que Irán ha puesto en marcha un programa de armas nucleares es quien debe demostrarlo. Por lo tanto Irán no está obligado a demostrar nada. La carga de la prueba recae sobre Israel, sobre Estados Unidos, sobre la OIEA o sobre los medios de comunicación que cada día aseguran lo contrario.

Categorías
Oriente Medio

Irán derriba un cuarto avión de combate F-35 israelí

El martes el gobierno iraní informó del derribo de un caza F-35 de la Fuerza Aérea israelí sobre la ciudad de Tabriz, gracias a sistemas de defensa aérea terrestres. Anteriormente, se informó del derribo de dos F-35 los días 13 y 14 de junio, y la captura de una piloto. Un tercer F-35, derribado el 14 de junio, también tuvo como piloto superviviente aprehendido por comandos del ejército iraní.

El derribo pone, una vez más, en cuestión la “superioridad aérea” de Israel en la guerra, repetidamente aireada por los medios de comunicación occidentales. Los F-35 arriesgan mucho cuando penetran profundamente en un espacio aéreo fuertemente defendido.

Aún no está claro qué defensa antiaérea derribó el cuarto caza israelí, aunque las fuentes del gobierno iraní indican que fueron los responsables de los tres derribos fueron los sistemas de defensa aérea Bavar 373. La última variante del Bavar 373, presentada en abril del año pasado, cuenta con un alcance de ataque extendido de 300 kilómetros y, según algunas fuentes iraníes, utiliza múltiples radares en red que operan en bandas de frecuencia complementarias para lograr un mayor alcance de seguimiento contra aeronaves furtivas, similar al sistema ruso SS-400.

La ubicación de la ciudad de Tabriz, a más de 150 kilómetros dentro del territorio iraní, indica que los F-35 israelíes continúan utilizándose para misiones de penetración profunda, mientras que los F-15 y F-16 israelíes, en gran medida obsoletos, se emplean para disparar misiles de crucero y balísticos contra Irán desde distancias seguras.

Si bien estos vuelos de penetración exponen a los cazas a un riesgo considerable, permiten el lanzamiento de bombas de gran diámetro con ojivas penetrantes. Esto permite destruir posiciones fuertemente fortificadas que los misiles lanzados desde el aire difícilmente pueden destruir.

El F-35, su potente conjunto de sistemas de guerra electrónica y su considerable capacidad para recopilar inteligencia electrónica lo hacen especialmente adecuado para vuelos en espacios aéreos fuertemente defendidos. El uso extensivo de los F-35 por parte de la Fuerza Aérea Israelí para tales misiones hace que la pérdida de tan solo cuatro cazas sea relativamente modesta en comparación con las avanzadas capacidades de las defensas aéreas iraníes.

Si bien la Fuerza Aérea estadounidense cuenta con un segundo tipo de caza furtivo de quinta generación junto con el F-35, el F-22, su radar mucho más antiguo, la falta de capacidades comparables de guerra electrónica o inteligencia de señales, y su incapacidad para transportar bombas de gran calibre, junto con su menor alcance, le impiden representar una amenaza similar durante las misiones de penetración.

Israel encargó los F-35 en cuatro lotes separados. El primer pedido se realizó en octubre de 2010, seguido de las primeras entregas en 2016. Si bien a Tel Aviv no le permitieron realizar modificaciones significativas en el equipamiento del avión, se le permitió integrar subsistemas autóctonos, incluidos sistemas de guerra electrónica.

Los principales desafíos para derribar el F-35 incluyen no solo la dificultad de establecer y mantener un bloqueo de objetivo en su fuselaje furtivo y de huella muy baja, sino también contrarrestar sus capacidades de guerra electrónica, que continúan modernizándose.

Irán ha encargado varios medios optimizados para detectar aviones furtivos, incluido el sistema de radar Rezonans-NE adquirido en 2019 y el caza Su-35, aún por entregar, equipado con radares AESA de banda L en la raíz del ala y un radar primario Irbis-E particularmente grande.

—https://militarywatchmagazine.com/article/iran-claims-shootdown-fourth-israeli-f35-deep

Categorías
Oriente Medio

Israel quiere destruir Irán y a Irán no le queda más remedio que destruir a Israel

No deja de resultar extraño que las negociaciones nucleares con Irán no las lleve a cabo la OIEA sino Estados Unidos.

También es extraño que sólo se negocie con Irán cuando quien tiene armas nucleares es Israel.

Por fin, es aún más estrafalario que haya negociaciones cuando ya había un acuerdo, firmado en Viena en 2018.

Israel se opuso a aquel acuerdo y quien se retiró unilateralmente del mismo fue quien estaba obligado a cumplirlo, o sea, Estados Unidos.

El motivo es que en 2018 Trump cambió la política que Estados Unidos había mantenido hasta entonces. El Tratado de No Proliferación Nuclear establece que cualquier país tiene derecho a utilizar la energía nuclear con fines pacíficos y, en consecuencia, a enriquecer uranio.

A partir de 2018, por presiones israelíes, Trump pretendió humillar a Irán, al exigir que renunciara por completo a su industria nuclear civil, algo que jamás se ha exigido a ningún otro país del mundo.

Por lo tanto, quien vulnera el Tratado de No Proliferación es Estados Unidos, y no Irán.

No obstante, el gobierno de Teherán ha seguido negociando un segundo acuerdo con Estados Unidos, que ha sido saboteado por dos agresiones, una militar que estalló el 13 de junio procedente de Israel, y otra paralela de la OIEA, que firmó y difundió un documento infame para apoyar a Israel.

Dicho documento no fue redactado por la OIEA sino por las potencias occidentales; la OIEA se limitó a firmarlo y difundirlo, como fieles lacayos que son.

Los ataques israelíes del 13 de junio no son consecuencia de la falta de un acuerdo sino un sabotaje contra el acuerdo. Justo en el momento en el que Irán y Estados Unidos volvían a acercar sus posturas, Israel pulveriza las negociaciones.

Desde su fundación en 1948 Israel no negocia porque es un Estado terrorista. Esta semana Anna Ukolova, portavoz del ejército israelí, ha declarado que continuarán la guerra contra Irán “mientras sea necesario”. Netantayahu ha confesado que su objetivo es destruir Irán, como han destruido Gaza, Siria, Líbano, Irak y Libia.

A Irán no le han dejado ninguna salida, excepto la guerra con Israel. Debería retirarse del Tratado de No Proliferación, cesar de colaborar con la OIEA y abandonar las negociaciones con Estados Unidos.

El problema de Oriente Medio es Israel y no se solucionará excepto con la destrucción de ese Estado. Pero lo peor que le puede pasar no es eso sino que, además, sean Irán precisamente quien acabe con ellos.

Mientras, Estados Unidos carece de política para Oriente Medio. Va a remolque de los acontecimientos, que marca Israel.

En cualquier caso, si Estados Unidos no ha podido con los huthíes, ¿cómo pretende acabar con los iraníes?

Categorías
Oriente Medio

Israel posee unas 90 ojivas nucleares

Israel posee aproximadamente 90 ojivas nucleares, según el informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri) correspondiente a este año. Nunca ha reconocido la posesión de armas nucleares, lo que le ha permitido evadir las regulaciones internacionales, a diferencia de países como Irán, que se encuentran bajo vigilancia constante.

Las ojivas están destinadas principalmente al despliegue aéreo. Aproximadamente 30 bombas podrían transportarse en los F-16I, mientras que hasta 50 ojivas serían compatibles con misiles balísticos como el Jericho III, que tiene un alcance aproximado de 5.500 kilómetros. También se mencionan modificaciones en algunos F-15, pero no se confirman.

Los lugares de almacenamiento, posiblemente parcialmente desmantelados, permanecen sin localizar.

Estados Unidos y las demás potencias occidentales respaldan la falta de control interncional sobre las armas nucleares gracias a un acuerdo tácito alcanzado en 1969. Israel no es signatario del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y sus instalaciones no están sujetas a las inspecciones de la OIEA.

El año pasado su gasto nuclear aumentó un 2,4 por cien, hasta alcanzar los 1.100 millones de dólares. Israel incluso ha realizado pruebas de un nuevo sistema de propulsión de misiles y continúa modernizando el complejo nuclear de Dimona.

De las nueve potencias nucleares enumeradas en el informe del Sipri, Israel es la única en Oriente Medio. Esta singularidad, rara vez mencionada en las conversaciones diplomáticas, ilustra una importante quiebra del control internacional.

Mientras que Irán, por haber firmado el TNP, permanece bajo vigilancia constante, Israel opera al margen de la legalidad internacional. Esta diferencia de trato plantea dudas sobre la imparcialidad de la OIEA y el sistema nuclear internacional.

En noviembre de 2023 un ministro israelí hizo declaraciones brutales sobre el hipotético lanzamiento de un arma nuclear contra Gaza, posteriormente calificadas de “metafóricas”. Según EuroMed Human Rights Monitor, en 2023 los bombardeos israelíes sobre Gaza habrían totalizado 25.000 toneladas de explosivos, el equivalente a dos bombas nucleares como las de Hiroshima.

Si bien la atención sigue centrada en las intenciones de otros Estados, el informe del Sipri recuerda que la estabilidad regional también depende de un enfoque equilibrado y transparente respecto a los arsenales nucleares.

Categorías
Oriente Medio

Israel ha industrializado el terrorismo de Estado

Hubo una época, no hace mucho, en que Israel reivindicaba el monopolio de la violencia en Oriente Medio, exhibiendo su poderío tras su Cúpula de Hierro, sus armas estadounidenses y sus armas nucleares no declaradas, dictando su voluntad a los medios corruptos y subvencionados, con la silenciosa bendición de un Occidente cómplice. Impuso su ley desde el aire, bombardeó las calles de Damasco, Teherán y Beirut, eliminó a sus enemigos sin juicio previo y luego se atrevió a hablar sin vacilar del “derecho a la legítima defensa”, mientras atacaba a todos sus vecinos.

Pero esa etapa se desmorona visiblemente bajo los escombros humeantes de Haifa y las llamas que devoran Tel Aviv. La arrogancia militar israelí, alimentada por décadas de impunidad, acaba de toparse con una realidad inesperada: un adversario que ya no se rinde, atacando metódica, masiva y precisamente. Irán, durante mucho tiempo en una postura defensiva ante una campaña de sabotaje, asesinatos selectivos y provocaciones constantes, ha elegido el 15 de junio de 2025 como fecha para responder. Y esta respuesta es todo menos una fanfarronería retórica, ya que actualmente se mide en cientos de misiles, drones suicidas y ataques quirúrgicos contra numerosas infraestructuras estratégicas israelíes.

Tel Aviv, el arrogante escaparate de la modernidad israelí, está en llamas. Haifa, un bastión industrial y militar, está en ruinas. El puerto está plagado de cráteres, las fábricas de la empresa militar Rafael están destrozadas, e incluso el Instituto Weizmann se ha convertido en un cadáver humeante. La Cúpula de Hierro, durante mucho tiempo promocionada como un escudo implacable contra los cohetes palestinos, ha demostrado ser un tamiz tecnológico obsoleto. Los misiles balísticos, hipersónicos e inteligentes iraníes han atravesado las defensas israelíes como si no existieran. Lo que una vez fue una demostración de dominio tecnológico se ha convertido en un parque de atracciones al aire libre para los drones kamikaze de Teherán. Incluso las instalaciones más sensibles, como centrales eléctricas, bases militares y residencias de altos dirigentes, han sido atacadas con una precisión escalofriante. Israel, antaño un profesor de seguridad, ahora se esconde en refugios subterráneos, incapaz de garantizar su propia defensa contra una lluvia de proyectiles de alta tecnología que refleja sus propios métodos.

No es solo una respuesta militar de Irán; es una revelación flagrante. Una humillación estratégica y un brutal recordatorio de que el orden internacional no puede tolerar eternamente el unilateralismo armado. Lo que presenciamos hoy es el derrumbe del mito, arraigado desde hace tiempo, de la invulnerabilidad israelí. Irán ya no es víctima de las incursiones israelíes, sino que se ha convertido en el trágico e implacable espejo de su política exterior. Es una consecuencia lógica y directa de décadas de provocaciones no autorizadas. Israel quería esta guerra, pero ya no controla su propio escenario. Y la historia está cambiando.

Desde 2023 Israel ha incrementado sus ataques contra objetivos iraníes en el territorio de la República Islámica, sin declaración de guerra, sin mandato del Consejo de Seguridad de la ONU y, sobre todo, sin la más mínima justificación legal reconocida por el derecho internacional. Estas operaciones militares son simplemente lo que son. Constituyen claras violaciones de la Carta de la ONU (artículo 2.4), que prohíbe explícitamente el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de un Estado miembro.

Israel no estaba en guerra con Irán. No había sido atacado por Teherán. Ningún misil había cruzado la frontera israelí antes de 2025. Sin embargo, el ejército israelí se ha arrogado el derecho a llevar a cabo asesinatos selectivos en suelo iraní, sabotear infraestructuras civiles y nucleares, bombardear científicos en las calles de Teherán de forma mafiosa y volar convoyes humanitarios en Siria con el pretexto de que son “proiraníes”. Todo ello con la aprobación tácita, o incluso explícita, de Estados Unidos y sus satélites europeos. Una auténtica licencia para matar con geometría variable, cuyo objetivo es crear el “Gran Israel”, un desarrollo inmobiliario oculto bajo tintes mesiánicos.

Cuando Israel se enfrenta a la cuestión de la legalidad de sus acciones, huye. Sin embargo, Tel Aviv nunca ha llevado su paranoia sobre el programa nuclear iraní a la jurisdicción internacional. Nunca ha presentado una queja ante el Tribunal Internacional de Justicia. Se debe simplemente a que el escrutinio de organismos la OIEA ha demolido sistemáticamente sus acusaciones. Irán cumple, o al menos cumplía, hasta que sus instalaciones fueron bombardeadas, con las normas del Tratado de No Proliferación Nuclear. No hay pruebas tangibles de la fabricación de un arma nuclear. Incluso una “fatwa” religiosa suprema prohibió explícitamente a Irán construir una bomba nuclear. Un compromiso moral que pocos países con armas nucleares, incluido Israel, podrían igualar.

Pero Israel se sienta en el derecho internacional como un taburete viejo. Su objetivo no es la seguridad, sino la dominación. Al perpetuar el mito de un Irán nuclear amenazante, justifica su propio programa atómico ilegal, cuidadosamente ignorado, jamás inspeccionado y, sin embargo, el más peligroso de la región. Sobre todo utiliza esa ficción para justificar un estado de guerra permanente en el que puede hacerse la víctima eterna mientras actúa como el agresor principal.

No se trata de un conflicto aislado ni de un malentendido diplomático. Es un sistema de provocación deliberada, mantenido metódicamente durante décadas. Israel provoca, viola la ley, asesina en silencio y luego grita agresión en cuanto una respuesta amenaza su monopolio de la violencia. Es la política de fuego sin humo, de guerra sin guerra, de la impunidad como doctrina. Pero la historia podría estar cambiando. Esta vez, Irán no ha presentado una denuncia en La Haya. Ha respondido con fuego y Tel Aviv está experimentando por primera vez lo que significa, en términos concretos, vivir bajo la amenaza de cielos hostiles.

Israel es la única potencia nuclear en Oriente Medio. Es un hecho, aunque Israel se esfuerce por no confirmarlo públicamente. Esta “ambigüedad estratégica” no es más que hipocresía diplomática tolerada e incluso protegida por sus aliados occidentales. Mientras las centrifugadoras iraníes son vigiladas constantemente ante las cámaras, hacemos la vista gorda ante las ojivas israelíes almacenadas en Dimona, a la sombra del desierto del Neguev. Hasta la fecha, ningún inspector de la OIEA ha pisado el lugar, y con razón: Israel simplemente se niega a firmar el Tratado de No Proliferación Nuclear, que exige vehementemente que Irán respete al pie de la letra.

¿Ironía geopolítica? ¡Yo preferiría llamarlo cinismo nuclear! Durante años, Israel, con la flagrante complicidad de Estados Unidos y la silenciosa sumisión de la Unión Europea, ha acusado a Irán de querer construir un arma nuclear, sin que ninguna prueba, confesión, prueba ni declaración oficial haya respaldado jamás esta acusación. Por el contrario, decenas de informes públicos del OIEA han confirmado que Irán cumple con sus compromisos. Irán incluso ha llegado al extremo de proponer con insistencia la creación de una zona libre de armas nucleares en Oriente Medio, una idea que Israel rechazó de inmediato.

Porque aceptar esta iniciativa equivaldría a abrir la puerta a inspecciones internacionales de su propio arsenal, firmar el TNP y revelar lo que todos sospechan: que Israel posee armas nucleares y no tiene intención de renunciar a ellas. En otras palabras, Israel no quiere eliminar la amenaza nuclear en la región; quiere seguir siendo LA ÚNICA amenaza nuclear.

Así se construye el doble rasero: lo que Tel Aviv se permite en secreto, lo demoniza en otros; lo que sus ojivas representan en los silos, lo atribuye a las centrifugadoras de enriquecimiento civil del programa iraní. La propaganda ha hecho el resto: Irán se ha convertido en un “estado canalla” con ambiciones atómicas demoníacas, mientras que Israel, a pesar de poseer clandestinamente el arma definitiva, se pavonea como un autoproclamado guardián de la paz. Pero esta ficción se está derrumbando. La estrategia israelí, basada en el engaño, la intimidación y el silencio nuclear, ya no resiste la prueba de la realidad. Son los misiles iraníes los que ahora caen sobre sus centrales eléctricas, bases militares y centros de investigación. Son los objetivos israelíes, antes a salvo de represalias, los que arden en llamas uno tras otro.

Ya no se trata de disuasión; es una lección de reciprocidad. Y esta lección está empezando a resquebrajar el aura de invencibilidad de Israel, cuya arrogancia nuclear ahora queda expuesta, se le ataca y se vuelve en su contra. Durante décadas, Israel ha tenido la audacia, o el descaro, de presentarse como una víctima perpetua, un David asediado por bárbaros Goliats, justificando en nombre de su “supervivencia” una diplomacia basada en asesinatos, sabotajes, intimidación y chantaje militar. Pero ¿qué ocurre cuando los servicios secretos de este “pueblo autoelegido” se comportan exactamente como el enemigo al que dicen combatir? Lo que está sucediendo es que el mundo finalmente empieza a ver: Israel ha industrializado el terrorismo de Estado, con la sofisticación de un cirujano y la ferocidad de un escuadrón de la muerte.

En cuanto al Mosad, no es un servicio de inteligencia. Es una organización de eliminación sistemática. Un grupo de terroristas internacionales. Su modus operandi, con una firma única, utiliza coches bomba, agentes encubiertos, explosiones selectivas, ciberataques y la eliminación física de cualquiera que se considere una “amenaza” para la superioridad israelí. Si Daesh y Al-Qaeda (que, por cierto, están financiados por Estados Unidos) colocaran bombas, la gente gritaría yihad. Si Israel hace estallar a un científico nuclear iraní en las calles de Teherán, solo hay un silencio cortés, incluso una admiración silenciosa, mientras declaran en programas de televisión subvencionados y sionizados: “¡Qué efectiva es la inteligencia!”. El mismo método, la misma cobardía, pero una narrativa completamente diferente.

Desde abril de 2025 la fachada se ha agrietado. Explosiones sacuden Teherán, coches estallan en barrios civiles, niños iraníes mueren jugando en las calles. El culpable es extraoficialmente el Mosad. Pero oficialmente… nadie. Estas tácticas, antes camufladas en narrativas de defensa preventiva, ahora se reciclan en el horror descarado del terrorismo urbano, como si el ejército israelí finalmente hubiera decidido imitar a sus enemigos en lugar de combatirlos. Reconocemos los mismos métodos que los de los grupos terroristas, lo que bien podría llevarnos a creer que se trata de las mismas personas que actúan de esa manera. Ciertamente, no existe una guerra limpia, pero a Israel siempre le ha gustado ensuciarse las manos con guantes blancos. El “ejército más moral del mundo” no es, en última instancia, más que un conjunto de terroristas protegidos por los medios de comunicación y las armas del Tío Sam.

Solo que esta vez, la opinión pública internacional, saturada de imágenes, vídeos y pruebas, está empezando a establecer la conexión entre estos métodos, que son tan idénticos a los de las organizaciones terroristas que parecen huellas de sangre. El único elemento que cambia es la nacionalidad del asesino, según lo declarado por los medios. Este terrorismo de Estado alcanzó su punto álgido cuando fuentes iraníes afirmaron que el Mosad planeaba un falso ataque contra bases estadounidenses para desencadenar una guerra total contra Irán. Una manipulación tan vil como una falsa bandera, digna de un thriller paranoico… salvo que en el escenario de Oriente Medio, este tipo de complot es habitual. Es la política exterior israelí en acción la que persiste en encender la mecha y luego culpar a otros del incendio.

Cuando Irán responde metódicamente atacando centros de inteligencia ocultos en el corazón mismo de los asentamientos israelíes —lo que, no olvidemos, convierte de facto a los civiles israelíes en escudos humanos alrededor de las instalaciones militares— redescubrimos las grandes lágrimas de cocodrilo de Tel Aviv. El Mosad mata en la sombra, Israel ataca a la luz y luego llora su martirio en cuanto un misil cae sobre Haifa o Tel Aviv.

Pero esta vez la puesta en escena ya no funciona. El escenario está trillado. Los drones “shahed” graban sus objetivos antes de destruirlos. Los vídeos se difunden más rápido que los desmentidos oficiales. La propaganda israelí flaquea, el mito se desmorona. Incluso la santa alianza de los medios occidentales lucha por mantenerse al día porque hay demasiados cadáveres, demasiados incendios, demasiados misiles como para que aún se disfrace de una operación “defensiva”. Este estado ilegal que una vez infundió miedo en las calles de sus vecinos ahora está probando sus propias recetas. El Mosad, la orgullosa personificación de la “precisión quirúrgica”, acaba de descubrir que la guerra, la verdadera, no se limita a colocar bombas bajo los asientos de los coches de otros. Siempre termina volviendo a casa.

Ante esta lluvia de fuego, los dirigentes israelíes huyeron a búnkeres, los soldados desertaron y los jefes de inteligencia dimitieron. El Shin Bet flaqueó, el Mosad perdió el control, y Netanyahu, al salir de sus túneles para inspeccionar las ruinas, no tenía más que cenizas como horizonte político. Mientras Occidente cerraba los ojos a medias, Israel descubrió, atónito, lo que significaba soportar lo que durante tanto tiempo había infligido a otros. El impacto no fue meramente militar; fue un colapso moral. Un pueblo acostumbrado a golpear sin ser castigado ahora comprendía, con terror, que la guerra, la verdadera, ya no distinguía entre el verdugo y su propia fachada de víctima. Además, tras armar a Ucrania hasta los dientes como un gladiador sacrificado en el altar de la OTAN, Washington ahora mira hacia otro lado, harto de un conflicto que no ha dado más que reponer las reservas de munición y miles de millones evaporados en la nada. Zelensky, ahora una figura trágica, mendiga munición mientras los equipos de análisis de Washington ya preparan el próximo funeral geopolítico de Israel. Porque entre bastidores, Estados Unidos se desvincula cobarde pero metódicamente. El aliado leal se ha convertido en una bola de hierro estratégica, fácil de agitar en discursos, pero demasiado arriesgado de defender cuando llueven misiles. El mensaje de Mac Gregor es claro: “Si desatan un infierno regional, no cuenten con que vengamos a extinguirlo con nuestra sangre y nuestro dinero”. Israel, al igual que Ucrania, son ahora dos peones sacrificados en el tablero imperial. Dos aliados excesivamente jactanciosos se ven ahora abandonados a su suerte, mientras que Estados Unidos, ebrio de deudas y fentanilo, se refugia tras su lema “América Primero”. ¡Una traducción contemporánea de “sálvese quien pueda”!

Así, por primera vez en décadas, Israel, este coloso con pies de barro, se ve obligado a revisar su supuesta invencibilidad ahora que ya no cuenta con el apoyo de Estados Unidos. Irán, anteriormente percibido como un Estado “paria” sujeto a un embargo permanente y una guerra en la sombra, acaba de romper el monopolio de la fuerza unilateral en Oriente Medio. Con ataques masivos, precisos e implacables, Teherán está revirtiendo la narrativa occidental de un agresor perpetuo convertido en víctima legítima. Pero este cambio no solo afecta a Israel, sino que también sacude todas las alianzas y equilibrios, y obliga a las potencias mundiales a reevaluar sus cálculos estratégicos.

La arrogancia con la que Israel perpetró su genocidio en Gaza, masacrando civiles bajo el pretexto de la “legítima defensa”, resultó ser la tumba que el país cavó para sí mismo con su arrogancia, al atacar directamente a Irán. Una cosa es aniquilar a una población bajo embargo durante 40 años, hambrienta, sedienta y torturada, y otra muy distinta es atacar a un país como Irán.

Esta política de ultraagresión, basada en la impunidad y la brutalidad descarada, ha despertado un adversario decidido, dispuesto a redefinir definitivamente las reglas del juego militar y diplomático. Hoy es Israel quien está aprendiendo, a un alto precio, el terror que ha impuesto a sus vecinos, y en este sangriento juego de engaños, es la implacable lógica de la justicia histórica —dolorosa, lenta, pero inexorable— la que acaba de llamar a la puerta de Tel Aviv. Pero esta estrategia basada en la fuerza bruta y la injusticia estaba destinada a ser contraproducente. ¡Y ya era hora!

A partir de ahora, Irán ya no se conformará con ser la víctima silenciosa de provocaciones y ataques ilegales. Lo que el mundo presencia hoy ya no es simplemente una guerra regional, sino el brutal regreso de la justicia histórica. Le guste o no, Israel está siendo devuelto al lugar que le corresponde, no por la diplomacia ni los tribunales internacionales, sino por la fuerza implacable de un Estado que se niega a permitir que lo humillen y aniquilen aún más sin reaccionar. Irán está demostrando que la resistencia y la soberanía pueden prevalecer contra las potencias dominantes, enviando así un contundente mensaje a la comunidad internacional sobre la necesidad de respetar los derechos y las aspiraciones de los pueblos. La narrativa de las víctimas se está desmoronando, las máscaras están cayendo, y una nueva era bien podría comenzar para el mundo entero, cansado de vivir con horrores e injusticias a diario. Una era donde la arrogancia de ayer se convierte en la retribución de hoy.

Israel ha invocado tanto el infierno que arde en él.

Phil Broq https://jevousauraisprevenu.blogspot.com/2025/06/ambiance-Mosad-en-israel-ou-la-guerre.html