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España se hunde en el fango de la dependencia alimentaria y ganadera

La narrativa de la transición alimentaria forma parte ya de todas las administraciones públicas españolas bajo el logo de la llamada Agenda 2030. Los grandes agronegocios y las ONG’s subvencionadas se posicionan como salvadores de la humanidad debido a sus muy promocionados planes de agricultura inteligente y producción «sostenible».

En esta narrativa, no hay espacio para ninguna mención del tipo de relaciones de poder que han dado forma al sistema alimentario prevaleciente y muchos de los problemas actuales. Y es en ese contexto en el que se han tomado las decisiones más escandalosas de las últimas semanas, tanto en materia ganadera como agrícola.

Desde el ingreso de España en la Unión Europea, la matriz económica del Estado fue modificada drásticamente. Los monopolios estatales administrados por el antiguo Instituto Nacional de Industria (INI) fueron vendidos al mejor postor, y el Estado mismo apadrinó una transición económica que orientaba al país hacia el sector servicios y la producción de alimentos.

La transición alimentaria se enmarca siempre en el lenguaje de la emergencia climática, la sostenibilidad o la «seguridad de los consumidores», donde los eslabones más débiles no son, como habitualmente se cree, las explotaciones «ecológicas», ya que éstas tienen un mercado consumidor con un alto poder adquisitivo.

La parte perjudicada de esta transición son los productores que proveen a las grandes cadenas, consumidores a su vez de los pesticidas y los piensos que se agregan a la alimentación de la gran mayoría. Elementos que por supuesto están fuera del debate sobre la sostenibilidad.

Después de 1945, la agroindustria corporativa, en gran medida respaldada por Estados Unidos, la Fundación Rockefeller e instituciones financieras, ha estado promoviendo e instituyendo un sistema de agricultura y ganadería industrial dependiente de productos químicos. Las comunidades rurales, los sistemas ecológicos, el medio ambiente, la salud humana y los sistemas locales de cultivo de alimentos han sido devastados en el proceso.

Empresas como Bayer o Syngenta trabajan en España codo con codo con colegios de veterinarios, organismos públicos agroalimentarios y consejerías, donde son elevadas a auténticas «eminencias» en lo que a seguridad alimentaria se refiere. No hay actuación «preventiva» en materia ganadera o agroalimentaria donde no haya una de estas empresas detrás. Por ejemplo esto ocurre con la tuberculosis bovina, cuya vacunación está prohibida y donde existen varios grupos de intereses partidarios de la derogación de esta norma, ya que llevan años desarrollando vacunas para esta enfermedad.

El problema agrícola y ganadero en España está floreciendo por sus aspectos más visibles: sacrificio de reses, restricciones a la producción o limitaciones al uso de acuíferos, pero no más allá. No se discuten los pesticidas, los «venenos» para plantas o los piensos compuestos, ni mucho menos a los titiriteros que hay tras el escenario de la «transición alimentaria».

La «transición alimentaria» implica profundizar la dependencia de agricultores y ganaderos en una economía explotadora, controlada por corporaciones, que extrae riqueza y satisface las necesidades del mercado de corporaciones globales y fondos de capital riesgo, protegidas por el Estado. Si no hay una ruptura total y radical con estas corporaciones, los agricultores se verán reducidos a empleados de estas grandes empresas, y lo que es peor, asumirán todos los riesgos.

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La pesada carga de los refugiados ucranianos

La Guerra de Ucrania es tan extraña que la mayor parte de los refugiados han escapado para arrojarse en brazos del enemigo. Rusia ha acogido más refugiados ucranianos que cualquier otro de la Unión Europea, e incluso que todos ellos juntos.

Lo que ocurre con la mayor parte de los ucranianos, refugiados o no, es que nadie los considera como tales y los llaman de otra manera, como “prorrusos”, por ejemplo.

Pero en 2014 los “prorrusos” eran “proucranianos” y así lo demostraron firmando los Acuerdos de Minsk.

El éxodo de los ucranianos fuera de su país no es nuevo. Uno de los países más poblados de Europa ha ido perdiendo a una gran parte de sus habitantes en las últimas décadas.

La guerra ha sido la última plaga que ha sacado de Ucrania en masa a la población. Hace un año eran noticia de portada porque no hay nada más triste que esas familias en las paradas de los autobuses y las estaciones de tren, cargados de maletas, con los niños en brazos y los abuelos llorando.

La tristeza siempre busca un culpable, que en este caso era Rusia… siempre que ocultes al espectador que la mayor parte de los refugiados huían hacia el enemigo precisamente.

En la otra orilla, en occidente, los refugiados ucranianos fueron acogidos al principio con los brazos abiertos porque había cámaras de televisión para grabar tan triste momento.

Luego nadie volvió a acordarse de ellos. Ahora ya no hay más imágenes tristes de personas sollozando por la tierra perdida. Lo que hay son números fríos, presupuestos y gastos. Poco a poco los rubios ucranianos se van convirtiendo en los negros senegaleses. Son otra de esas pesadas cargas que tenemos que soportar los europeos para demostrar al mundo nuestro buen corazón.

Porque, además de soportar los gastos de mantenimiento de millones de ucranianos, tenemos que enviarles radares, cañones, obuses, blindados, municiones… un equipamiento que no teníamos y que, además, hemos tenido que reparar, limpiar y repintar.

Le está ocurriendo a toda Europa. Por ejemplo, Rumanía ya no entrega más fondos a los refugiados ucranianos para pagar la vivienda. Ya se han gastado 500 millones de euros y no les queda más dinero. Estamos en crisis.

El programa eslovaco de subsidios al alojamiento para refugiados ucranianos era de 24 euros al día para adultos y 12 euros por niño. Expira a finales de este mes y el Ministerio de Economía ya ha advertido que no hay dinero para más.

Tras haber acogido a 1,6 millones de refugiados en su territorio, Polonia ha eliminado gradualmente las ayudas a la vivienda de unos 10 dólares en moneda local, así como el transporte público gratuito.

La República Checa ha gastado unos 23.000 millones de coronas checas (1.100 millones de dólares) en los cerca de 500.000 refugiados ucranianos que ha acogido. El Estado ya no pagará a las almas caritativas que han acogido refugiados ucranianos en sus casas. Tendrán que buscarse una casa por su cuenta y si están en edad de trabajar, deberán ponerse a la faena o regresar a su país.

Las cámaras de televisión han apagado los focos porque los refugiados ucranianos ya no son noticia y la retirada de las ayudas tampoco. Nadie llora ni se compadece por los presupuestos públicos.

Lo mejor es que los ucranianos vuelvan a su país. Cuando llegaron sollozamos y cuando los expulsemos aplaudiremos. Estamos hartos de ellos. Una vez que vuelvan podrán tomar las armas y defender sus casas, incluso los niños, los ancianos y los inválidos.

La guerra los necesita.

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Por qué Rusia no es un país imperialista

En 1939 acusaron a la URSS de repartirse Polonia con el III Reich por la firma del Pacto Molotov-Von Ribbentrop. En 1945 la imputación subió de tono: la acusaron de repartirse Europa en el Tratado de Yalta. Luego se la calificó de país “socialimperialista”.

No es extraño que ahora, a pesar de su desmantelamiento, se mantenga ese calificativo u otros parecidos hacia Rusia, que fue el núcleo fundacional de la URSS. ¿Para qué se desmanteló la URSS?, ¿para convertir a un país imperialista en otro de la misma naturaleza?

Pero nadie es capaz de explicar cómo se producen esas transiciones y retrocesos, que deben tener un carácter histórico tan importante como las propias revoluciones, porque convierten a un país en su contrario.

En ciertos análisiss, como el que ha publicado Izar Gorri (*), ese tipo de fenómenos surgen por arte de magia, casí de la noche a la mañana. A falta de explicaciones, el autor del artículo sale al paso con frases y tópicos trotskistas. En 1939 los trotskistas decían que los soldados alemanes de la Wehrmacht eran proletarios de uniforme, reclutados a la fuerza. El autor dice exactamente lo mismo: los soldados ucranianos “son proletarios secuestrados por el Ejército ucraniano” (pg.10).

Los nazis no son los ucranianos, sino los rusos. “Rusia es el país del mundo donde hay más neonazis”. O quizá habría que matizar: tanto unos como otros son (igualmente) nazis, que no es más que la conclusión de toda una retahíla de tautologías: todos los países capitalistas son iguales (todos ellos son capitalistas) y, a su vez, todos los países capitalistas (o por lo menos, los más grandes) son imperialistas.

A continuación la letanía sigue encadenando una frase detrás de otra: no hay “imperialistas buenos”, una frase caraterística de los falsos internacionalistas, que se lavan las manos y se declaran neutrales entre “unos y otros”. Estamos contra todos, proclaman, porque todos son iguales. “El proletariado necesita la aniquilación total del imperialismo en todas sus formas” (pg.9). Al autor sólo le faltaba añadir que esa aniquilación se deberá lograr en todas partes y al mismo tiempo, o sea el viejo trotskismo de siempre.

Como todo es igual, las intervenciones rusas en el extranjero quedan equiparadas a las del Pentágono. Da lo mismo que entres en la casa de otro con o sin invitación. Si Rusia lleva al ejército ruso a Siria no es para apoyar a un gobierno legítimo de una agresión exterior, sino con segundas intenciones, que nadie ha explicado aún (pero tiene que haberlas).

El ejército ruso mata igual que el estadounidense. En África ha cometido masacres indiscriminadas como la de Moura (pg.6), matando a “200 civiles”, lo mismo que en Alepo también mataban a los civiles porque así se ganan las guerras, sin necesidad de acabar con las tropas enemigas. Es una auténtica vergüenza tener que leer este tipo de falsedades en un medio como Izar Gorri, que están sacadas de la propaganda imperialista francesa.

Los países imperialistas exportan capital, que es uno de sus rasgos económicos característicos, pero no todos los países que exportan capital son imperialistas. Los trotskistas ya lo dijeron también cuando la URSS construyó la presa de Asuán, la mayor obra de ingeniería del siglo pasado en África. Para ello la URSS no sólo tuvo que exportar capitales para pagar un tercio del importe de las obras, sino que envió maquinaria e ingenieros que estuvieron trabajando en el lugar durante once años.

No hay nada más alejado de un saqueo económico imperialista. La presa de Asuán no se construyó para evitar las inundaciones en Leningrado, ni los soviéticos se llevaron la electridad a la URSS. La gigantesca infraestructura se quedó en Egipto y cambió la historia del país para siempre. Nadie en África lo ha podido olvidar.

Cualquiera sabe, excepto el autor del artículo, según parece, que en los mercados financieros internacionales Rusia no tiene ningún peso, ni como inversor público, ni tampoco a través de sus bancos privados. Rusia no pinta nada en ninguna de las instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. El rublo nunca ha sido una divisa de reserva para ningún banco central de ningún país y, desde luego, no puede hacer sombra al dólar.

Rusia también vende grandes cantidades de armas a otros países. Es una de sus exportaciones más importantes porque son muchos los países que las demandan. Pero en la venta de armas no sólo importa el volumen o el precio, sino también a quién se entregan y por qué. Las armas entregadas a Vietnam a través de la famosa ruta Ho Chi Minh, se utilizaron para derrotar a los imperialistas estadounidenses. Las armas vendidas a Mali sirven para sacar a los yihadistas y al ejército francés del país.

No cabe duda de que al gobierno ruso se le pueden imputar muchos defectos, empezando por aquellas que tienen relación con su naturaleza capitalista, que es indiscutible. Pero para ese recorrido no hacen falta tantas alforjas, porque lo que se pretende debatir es si Rusia tiene razón al desencadenar una guerra contra la OTAN en Ucrania, y ahí sólo cabe una respuesta posible, no apta para diletantes: la guerra de Rusia es totalmente legítima.

Por consiguiente, no cabe dejarse engañar por las apariencias: con todos sus defectos, Rusia se defiende de una agresión de las potencias imperialistas y, en tal contexto, es absolutamente canallesco calificar a la víctima como país imperialista y equipararla a sus agresores.

El imperialismo es la sustitución de la libre competencia por los monopolios, que son capaces de dominar un mercado mundial. Para ello, a los monopolios no les bastan sus propias fuerzas. Necesitan un determinado tipo de Estado capaz de sostener esa dominación, no sólo frente a la competencia, sino a otros Estados. Es lo que habitualmente se denomina como “hegemonía”, que es tanto económica como política, militar e ideológica.

En 1945 Estados Unidos obtuvo su hegemonía en una parte del mundo, asociado a un reducido grupo de grandes potencias, y desde entonces pretende imponerla, no sólo a los países socialistas, sino al resto del mundo, cualquiera que sea su modo de producción, es decir, incluyendo a otros países capitalistas. Esos países tratan de sacudirse el sometimiento de Estados Unidos y sus socios, cuya forma más atroz es la guerra. Su lucha es absolutamente justa y merece el apoyo de los antimperialistas de verdad.

(*) http://izargorri.info/a-vueltas-con-el-imperialismo-ruso-una-critica-al-antiimperialismo-selectivo/

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Nacionalizar las empresas tecnológicas para defender la libertad de expresión

En sus reivindicaciones los defensores de las libertades políticas siguen masticando una cadena de argumentos notoriamente desfasados, especialmente en lo que a la libertad de expresión concierne.

La libertad de expresión nació para los panfletos y la prensa, mientras que actualmente las personas se comunican -sobre todo- a través de las nuevas tecnologías: webs, redes sociales, correo electrónico… Incluso los medios de comunicación tradicionales se difunden a través de internet, es decir, también dependen de las nuevas tecnologías.

Antiguamente, la censura era pública. Un gobernador provincial secuestraba un periódico y enviaba a la policia a que recogiera los ejemplares censurados de los kioskos. Hoy las empresas tecnológicas han privatizado la censura, sin que haya ninguna posibilidad de recurrir ante nadie.

A pesar de ello, hay quien cree que sólo hay libertad de expresión cuando la información está en manos de empresas privadas. Incluso aseguran que los medios de comunicación son un “cuarto poder” (privado) que contrarresta al poder político (público).

El reciente caso de Twitter demuestra hasta qué punto estas nociones son incorrectas porque la censura en la red social actuaba por instigación del FBI. Tras la apariencia de una Inquisición privada, era la policía quien dictaba lo que se podía publicar y lo que no.

Por lo tanto, en lo que a la información se refiere, tampoco hay una separación entre lo público y lo privado. La apariencia de que son las empresas las que censuran, crea impunidad, ya que no responden ante nadie. Cuando Facebook censura una cuenta, nadie protesta -salvo el afectado- porque nadie lo considera como una forma de represión política.

El derecho a la información tiene dos aspectos fundamentales: las personas tienen derecho a informar y tienen derecho a informarse. La libertad de expresión no es sólo la posibilidad de decir lo que uno opina, sino la de leer las opiniones de los demás. Cuando alguien censura una cuenta de una red social, los lectores también quedan perjudicados por la prohibición.

Los espectadores tienen derecho a ver la cadena de televisión RT, las informaciones de Sputnik, los despachos de la agencia Tass y demás medios de comunicación rusos, secuestrados desde hace meses en unos países que se llenan la boca con la palabra “democracia” a cada paso.

Es otro caso de censura descarada que no ha sido impuesto por las empresas tecnológicas, sino por la Unión Europea. Las empresas privadas sólo cumplen órdenes sin rechistar. Apenas ha habido protestas. Los periodistas tampoco lo han lamentado esta vez.

La responsabilidad de una empresa tecnologica no deriva de lo que sus usuarios publican sino de lo que impiden publicar. Cuando en las redes sociales sólo aparece una opinión uniforme es señal inequívoca de que la censura está surtiendo su efecto, transmitiendo una imagen falsa de la sociedad. Es la primera información engañosa.

Las nuevas tecnologías han roto el monopolio del periodismo, convirtiendo a millones de personas en suministradores de noticias e imágenes. Es uno de los mayores avances de los últimos años. Esos millones de “nuevos periodistas” son un espejo de la sociedad en la que vivimos y una de las mayores riquezas de la actualidad. Merecen la mayor de las protecciones, a pesar de que muchas de ellas sean deficientes e incluso grotescas.

La única manera de garantizar la libertad de expresión es nacionalizar las empresas tecnológicas y asegurar el secreto de las comunicaciones, que no pueden ser objeto de tráfico comercial. Desde 1997 el fútbol es, por ley, un asunto de “interés general”. Con más razón, las redes sociales deberían tener la misma condicion. Las empresas tecnológicas son los nuevos postes de la luz y las nuevas oficinas de correos, que están por todas partes.

Todos deberían tener la posibilidad de abrir una cuenta en una red social, un blog, un foro o un correo electrónico. Para ello es imprescindible que el Estado nacionalice las empresas tecnológicas y se responsabilice de mantener abiertos todos los canales de comunicación, así como la confidencialildad de los mensajes que circulan por ellos.

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Ucrania, la URSS, la guerra y la intoxicación: extractos de un discurso de Maria Sajarova

El 30 de diciembre será un día memorable en nuestra historia común. Hace exactamente 100 años, el 30 de diciembre de 1922, en el I Congreso de los Soviets, los representantes de la RSFSR, las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Ucrania y Bielorrusia y la Federación Transcaucásica firmaron la Declaración sobre la formación de la URSS y el Tratado de Unión.

Dentro del Estado soviético común, la RSS ucraniana se convirtió en una de las repúblicas más desarrolladas y prósperas. Tenía un gran potencial científico, industrial y energético, y una agricultura desarrollada. Sin embargo, después, Kiev, que trabajó duro por el colapso de la URSS y proclamó su independencia, no consiguió aumentar, ni siquiera preservar, el legado soviético.

¿Es ésta nuestra opinión? No, no es sólo nuestra opinión. En este caso cito a las “personalidades” que han dirigido Ucrania en los últimos años. El segundo presidente ucraniano Leonid Kuchma, hablando del precio de la soberanía ucraniana, señaló que “la mayor suma la paga la gente corriente porque se cree las promesas… Hasta cierto punto mentíamos a la gente cuando decíamos que Ucrania alimenta a toda Rusia… Porque antes recibíamos petróleo y gas a precios más bajos que el té y el agua”.

Hoy, Ucrania, bajo el régimen de Kiev, con sus fértiles territorios y riquezas naturales, gracias a los esfuerzos de las actuales autoridades, que siguen una política nacionalista y rusófoba, ha adquirido el dudoso estatus de uno de los países más pobres de Europa y se está convirtiendo en una nueva colonia del Occidente colectivo. ¿Quién es el principal beneficiario? Estados Unidos, por supuesto, que ve a Ucrania y a los ucranianos sólo como un “consumible” en la confrontación contra Rusia. Una herramienta. Pero creo que es más correcto hablar de “consumible”.

Recientemente, Kiev ha presentado una nueva “iniciativa” alejada de la realidad. En una alocada campaña organizaron fotos de portada, viajes por todo el mundo de varios emisarios de Vladimir Zelenski, discursos del presidente ucraniano en todo tipo de actos, desde acontecimientos deportivos hasta festivales de cine. Y una cosa más. Se habla de una reunión en la ONU el 24 de febrero de 2023, en el aniversario del inicio de la operación militar especial, una supuesta “cumbre de paz” que, según la idea de los “dirigentes” de Kiev, debería contribuir al cumplimiento de las extrañas fantasías de Vladimir Zelensky adornadas con una supuesta “fórmula de paz”. Desde su punto de vista, la participación de Rusia en la cumbre sólo se permite en caso de su “rendición total e incondicional”.

Esto indica, sobre todo, que están señalando que no les quedan fuerzas. No hay otra explicación. Ya han llegado a tal estado que están inventando ideas nuevas y disparatadas para intentar darles alguna forma de derecho internacional. Pero su significado es hacerlo para preservarse sin reconocer lo evidente.

Consideramos esta absurda idea como una nueva campaña de Washington, que últimamente intenta presentar a Kiev como un “pacificador” (antes era “mártir”, “democracia liberal”, luchador por la libertad de Europa, ahora “pacificador“). Este es el nombre del sitio web [Mirotvorets] que existió durante años y publicaba la información personal de los ciudadanos que el régimen de Kiev pretendía eliminar. Si en este sentido Washington quiere presentar al régimen de Kiev como un “pacificador”, entonces está claro lo que quieren decir con este término.

Esto tiene lugar en el contexto del incesante suministro de armamento occidental a Ucrania, de la inmensa ayuda militar y de otro tipo, incluida la participación de instructores de la OTAN en la planificación y dirección de las operaciones del ejército ucraniano, en el entrenamiento de sus militares; en el contexto de la pseudopacificación, de la matanza de civiles, de niños, de la destrucción de infraestructuras civiles; en el contexto de las acciones inapropiadas de personas inapropiadas de la calle Bankovaya.

En estas condiciones, no se puede hablar de “iniciativas de paz” serias o, al menos, de una proximidad de iniciativas por parte de Kiev y sus patrocinadores occidentales. Esto es imposible de hacer. Ni siquiera son “iniciativas de paz”, no hay nada serio en ellas. Un nuevo intento de cambiar el cansino formato de discursos interminables, de aportar algo de legitimidad a un nuevo debate sin sentido que no irá seguido de ningún paso concreto.

Los crímenes del ejército ucraniano

Hemos llamado la atención en repetidas ocasiones sobre las numerosas violaciones por parte del ejército ucraniano de las normas del derecho internacional humanitario y del derecho internacional de los derechos humanos.

La magnitud de estos crímenes ha alcanzado tal nivel que incluso las estructuras internacionales, que desde el comienzo de la operación militar especial han tratado de desacreditar a las fuerzas armadas rusas y a Rusia en su conjunto, se ven obligadas a mencionarlo en sus informes. El 14 de diciembre se publicó un segundo informe provisional de la OSCE/OIDDH sobre presuntas violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos en Ucrania. Es cierto que con reservas, como si prácticamente se disculparan todo el tiempo inclinándose, pero de todos modos los autores del informe indican las siguientes violaciones por parte del ejército ucraniano:

  • el uso de explosivos de gran alcance en zonas densamente pobladas de la DPR [Donetsk] y la LPR [Lugansk], lo que provocó numerosas víctimas civiles y la destrucción de emplazamientos civiles;

  • homicidios ilegítimos, detenciones arbitrarias, incluidos casos de desapariciones violentas, así como torturas, palizas, amenazas de violencia sexual o muerte y otros tratos violentos, incluso de personas que presuntamente cooperaron con las autoridades rusas “durante la ocupación”;

  • el trato violento de los prisioneros de guerra rusos, que sufrieron torturas y violencia física durante su captura y detención: fueron golpeados, apuñalados, electrocutados, asfixiados; también sufrieron malas y humillantes condiciones durante su evacuación a campos de tránsito y lugares de internamiento tras su captura; fueron introducidos en camiones, atados, golpeados, y todo ello fue grabado en vídeo y publicado en internet con comentarios humillantes y degradantes, especialmente para intimidar.

Sería útil que las estructuras internacionales prestaran más atención a la situación real cuando analizan lo que ocurre en Ucrania y se mantuvieran imparciales a la hora de elaborar sus informes. Y los informes no deben tener fecha de febrero de 2022, sino anterior. Anteriormente, las acciones del régimen de Kiev debían contener elementos de actividad delictiva. Una pesadilla absoluta duró ocho años en estos territorios, nadie se dio cuenta.

La creación de una nueva Iglesia Ortodoxa

Recientemente, el régimen de Zelenski, manteniendo la política de sus predecesores de Euromaidán, ha intensificado la lucha contra la ortodoxia canónica. Han encontrado un nuevo “enemigo”. Se decidió eliminar la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, apoderarse de sus santuarios, iglesias y monasterios, perseguir a jerarcas, sacerdotes y feligreses. Las autoridades han lanzado una campaña para prohibir la Iglesia Ortodoxa Ucraniana con el fin de obligar a los creyentes a unirse a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana cismática creada artificialmente. Varias regiones ya están adoptando decisiones contrarias a las normas jurídicas vigentes. Los registros y redadas del Servicio de Seguridad ucraniano en las iglesias de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana no cesan. Sus iglesias están siendo tomadas por partidarios de la Iglesia Ortodoxa Ucraniana, sus sacerdotes detenidos acusados de “alta traición” y “colaboracionismo”, en particular para aumentar el número de prisioneros que se intercambiarán por prisioneros de guerra ucranianos.

Recientemente se ha anunciado que las autoridades pretenden privar a la Iglesia Ortodoxa Ucraniana a partir del 1 de enero de 2023, es decir, justo antes de la Navidad ortodoxa, del acceso a dos iglesias situadas en el territorio del Museo-Reserva del Lavra de las Cuevas de Kiev, que han sido restauradas con su participación muy activa y le han sido alquiladas.

Todo esto lo hace la gente en el poder. No se trata de procesos eclesiásticos, no es un debate sobre dogmas, una “nueva visión” sobre cosas tradicionales. Se trata de una cuestión de influencia externa y ahora captada por personas que nada tienen que ver con la ortodoxia o la fe. Nunca han respetado ninguna norma moral o ética.

Todo lo que está ocurriendo está prohibido por las normas de derecho humanitario e internacional que rigen los derechos humanos y las libertades. Desde hace décadas, Occidente impone activamente a todo el mundo una regulación fundamental de las relaciones interestatales e intraestatales.

Esto viola gravemente las leyes de Ucrania y los documentos internacionales en el ámbito de la libertad de conciencia y religión, profundizando la división de la sociedad ucraniana y la ortodoxia. Tales acciones demuestran una vez más la indiferencia del régimen de Kiev ante los sentimientos de millones de creyentes.

Crimea sigue en el punto de mira

Las autoridades ucranianas siguen inventando planes terribles en relación con Crimea. Periódicamente se escuchan desde Kiev declaraciones más o menos absurdas y peligrosas. A veces se preparan para “liberar” la península por la fuerza militar y luego apoderarse de ella de alguna forma “híbrida” desconocida, a veces sueñan con caracoles del Mar Negro, a veces quieren venir a Crimea a pasar las vacaciones de verano. Se trata de un ataque psicológico masivo y asombroso contra las personas.

Todo esto tendría gracia si no se explotara cínicamente el tema de los tártaros de Crimea. Las autoridades ucranianas sólo se acuerdan de esto cuando tienen que pedir dinero a Occidente para actividades inútiles como la “plataforma de Crimea” o aprobar otra resolución antirrusa. Con el mismo fin, Ucrania adoptó en 2021 una ley sobre pueblos indígenas y un concepto para el desarrollo de la lengua tártara de Crimea.

Surge una pregunta. ¿Por qué el régimen de Kiev no adoptó antes estos documentos destinados a preservar la identidad de los pueblos indígenas y la lengua tártara de Crimea? Durante muchos años tras la independencia de Ucrania en 1991, los derechos del pueblo tártaro de Crimea no preocuparon a Kiev a pesar de las recomendaciones de las estructuras internacionales. Las autoridades ucranianas se preocupan por los problemas de los tártaros de Crimea sólo en el contexto de acciones efectivas de las autoridades rusas para mejorar realmente la situación de las nacionalidades que residen en Crimea, el desarrollo de sus lenguas y su cultura.

El comportamiento de Kiev y de los países occidentales, del que hablamos regularmente, atestigua la necesidad incondicional de cumplir los objetivos fijados para la desnazificación y la desmilitarización, como los dirigentes rusos han declarado en repetidas ocasiones.

La intoxicación ucraniana y occidental

La crisis ucraniana muestra no sólo la conducta inaceptable, sino también el carácter criminal de la propaganda ucraniana y occidental. Se basa en hechos brillantes pero poco fiables y en informes que no se apoyan en hechos reales lanzados al espacio mediático. Muchas denuncias de supuestos crímenes de guerra rusos o de bombardeos rusos de infraestructuras civiles causantes de una crisis humanitaria en Ucrania no van acompañadas de ninguna prueba fotográfica o de vídeo. Al mismo tiempo, se superponen informes de otros lugares y periodos históricos.

Se descubrió que las raras imágenes que mostraban las calles de Bucha e Izum, la estación de ferrocarril de Kramatorsk, el teatro de teatro destruido y el hospital de maternidad de Mariupol eran falsas o eran obra de personas asociadas con el régimen de Kiev. Tras su promoción en los medios de comunicación, estas provocaciones cayeron en el olvido. Las palabras permanecieron, pero los informes y las investigaciones cayeron en el olvido. Las investigaciones anunciadas se suspendieron porque los hechos señalaban precisamente al régimen de Kiev como promotor de estos crímenes. Y nuestras peticiones de presentar las listas de los muertos en Bucha siguen sin respuesta. Permítanme recordarles que hemos apelado al Secretario General de la ONU.

En este contexto, en los medios de comunicación y las redes sociales rusas están apareciendo un gran número de vídeos y fotos que confirman claramente las numerosas violaciones del derecho internacional humanitario y los crímenes de guerra cometidos por los neonazis ucranianos no solo desde el inicio de la operación militar especial, sino también a lo largo de los ocho años de conflicto en el Donbas.

No faltan informes de este tipo. Todo el mundo recuerda bien las imágenes del uso de bombas de fósforo prohibidas por las fuerzas armadas ucranianas en 2014, la ejecución y tortura de militares rusos, edificios residenciales y hospitales destruidos en el Donbas, civiles con piernas y brazos reventados por las minas terrestres ucranianas Lepestok. La prueba de los monstruosos crímenes de las fuerzas armadas ucranianas es el “Callejón del Ángel”, cerca de Donetsk, donde están enterrados niños, incluidos los muertos por armas occidentales.

En total, desde febrero de 2022, como consecuencia de los bombardeos ucranianos sobre el Donbas, han muerto más de 700 civiles, entre ellos 39 niños. Casi 4.500 personas, entre ellas 268 niños, han resultado heridas. Se han registrado unos 100 casos de civiles volados por las minas Lepestok. Los bombardeos de las fuerzas armadas ucranianas dañaron 12.000 edificios residenciales, 2.500 instalaciones civiles, incluidas unas 500 instituciones educativas y 120 instalaciones médicas, y más de 700 puntos de suministro de electricidad, agua, calefacción y gas. Durante los ocho años de conflicto en la RPD [Donetsk] y la RPL [Lugansk], al menos 50.000 instalaciones civiles fueron destruidas o dañadas.

Los órganos de investigación rusos están registrando cuidadosamente todos los hechos de los crímenes de las unidades armadas ucranianas. La información detallada sobre sus atrocidades se refleja en varias ediciones del Libro Blanco elaborado por el Comité de Investigación y el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. La recopilación de datos sobre los actos criminales del régimen de Kiev corre a cargo del Tribunal Público Internacional para Ucrania, cuyos miembros son personalidades públicas y activistas de derechos humanos de Rusia y decenas de países de todo el mundo.

Toda su información es de libre acceso. Esta información se transmite a la ONU y a otras estructuras internacionales. A lo largo de los ocho años de conflicto en el Donbas hemos recurrido a periodistas, corresponsales y equipos de televisión occidentales para visitar los territorios al este de la línea de contacto. Sin embargo, el régimen de Kiev y las autoridades de los países occidentales les han prohibido hacerlo, para que el público no conozca la verdad de lo que está ocurriendo.

Las declaraciones de Merkel

Si combinamos todo esto con las declaraciones de Angela Merkel de que los Acuerdos de Minsk sólo eran necesarios para “ganar tiempo”, surge una situación interesante. Los países occidentales no dejaron entrar a sus medios de comunicación en el territorio del Donbas. Al mismo tiempo, necesitaban tiempo para, como ellos dicen, “fortalecer” el régimen de Kiev. Esto es una prueba real de lo que hablaban los dirigentes rusos.

Todo esto confirma que las fuerzas armadas ucranianas y occidentales están utilizando métodos inaceptables no sólo durante las hostilidades en el campo de batalla, sino también en la guerra de información que han desatado contra Rusia. De este modo, el régimen de Kiev y sus supervisores occidentales intentan ocultar sus propios crímenes y la verdad sobre lo que está ocurriendo realmente en Ucrania.

Esto confirma la absoluta necesidad de cumplir las metas y objetivos fijados para la operación militar especial. En cuanto a las iniciativas pacíficas propuestas por el régimen de Kiev, veamos qué hacen realmente en la ONU. Permítanme recordarles que el otro día anunciaron que a finales de febrero de 2023 era necesario convocar una cumbre de la ONU sobre la paz y Ucrania.

Ucrania sabotea a la Organización de Cooperación Económica del Mar Negro

La Organización de Cooperación Económica del Mar Negro (BSEC) celebró este año su aniversario. Lamentablemente, no fue posible adoptar la tradicional resolución sobre la cooperación entre la Organización y la ONU. ¿Por qué? Fue bloqueada unilateralmente por el régimen de Kiev. Ucrania lo hizo por razones políticas, por lo que no hubo consenso en la aprobación del borrador del documento. Es escandaloso que la delegación ucraniana anunciara su maliciosa decisión sólo unos minutos antes de que se declarara aprobado el documento. Además, durante su debate, a lo largo de las rondas de negociación, la delegación permaneció en silencio.

Resulta revelador que la posición destructiva de Kiev no contara con el apoyo de ningún otro país, incluidos la Umión Europea y los miembros de la Asociación Oriental. He aquí la verdad del planteamiento. Por un lado, “afirmar” que es necesario reunirse en la ONU por el bien de la paz y, por otro, bloquear un documento plenamente acordado, que se estaba elaborando en los grupos de negociación. Guardaron silencio y luego sabotearon la adopción del documento por consenso entre la Organización de Cooperación Económica del Mar Negro y la ONU. Esta es la realidad.

Pedimos a Ucrania que deje de provocar enfrentamientos. Pedimos que se despolitice el diálogo sobre cuestiones que conciernen a todo el mundo: la economía, el ámbito humanitario y la alimentación. Esperamos que en un futuro próximo se adopte una resolución sobre la cooperación entre la BSEC y la ONU.

Maria Sajarova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, extractos de la conferencia de prensa de 29 décembre
https://mid.ru/fr/foreign_policy/news/1846048/

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Sobre la soberanía

Cuando la legalidad basta para salvar la sociedad, la legalidad; cuando no basta, la dictadura
(Juan Donoso Cortés. Discurso sobre la dictadura, 4 de enero de 1849)

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El rumor de la caída de Felipe VI para 2024 corre como la pólvora

La monarquía española está en problemas. Si bien el más grave es que Juan Carlos I no puede entrar en España sin despertar indignación, los temores de la Casa Real, cada vez más fundados, es que esa indignación se traslade al actual monarca, Felipe VI.

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La incorporación a Rusia de las cuatro regiones ucranianas es legítima

El Presidente Putin anunció la integración de cuatro regiones ucranianas en Rusia en una ceremonia celebrada el 30 de septiembre de 2022. Esto se produjo después de los referendos celebrados en cada territorio, incluida la región de Jerson, donde el 87 por cien de la población votó a favor de la adhesión, la región de Lugansk, donde las autoridades declararon que el 98,4 por cien de la población votó a favor de unirse a Rusia, Zaporiya, donde la cifra fue del 93,1 por cien a favor de la adhesión, y Donetsk, donde la cifra fue del 99,2 por cien.

Sin embargo, Occidente rechazó unánimemente estos referendos por considerarlos una farsa. La cuestión es si las recientes adhesiones de Rusia pueden justificarse o no. Según el derecho internacional (Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional), una “anexión” es un acto de agresión, y “anexión” es el término utilizado por Occidente para describir la adhesión de las cuatro regiones.

Sin embargo, se puede argumentar que la “anexión” prohibida por el derecho internacional implica el uso de la fuerza por parte de un Estado determinado que decide “anexionarse” un territorio. En el caso de las cuatro regiones de Ucrania, se celebraron referendos antes de que las regiones fueran “anexionadas”.

Aquí se plantea una cuestión: si la “anexión” se basa en los resultados de un referéndum, ¿puede seguir considerándose un acto de agresión?

Los referendos pueden considerarse una forma de democracia directa, ya que una cuestión se decide por votación pública y no por representantes (una forma indirecta de democracia). Por lo tanto, estos resultados pueden considerarse válidos y basados en la libre voluntad de los ciudadanos de estas regiones, que votaron abrumadoramente a favor de la adhesión, ya que el principio de igualdad de derechos y autodeterminación está consagrado en el Derecho internacional y, más concretamente, en el apartado 2 del artículo 1 de la Carta de la ONU.

También se puede argumentar que, según el derecho internacional, los ciudadanos de un territorio deben ser iguales ante la ley y tienen derecho a igual protección contra la violencia y la discriminación. Este principio está consagrado en el artículo 7 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En su discurso del 30 de septiembre de 2022, el presidente Putin afirmó que durante ocho largos años, desde el Golpe de Maidan en 2014, el pueblo de Donetsk ha sido objeto de genocidio, bombardeos regulares y bloqueos; mientras que en Jerson y Zaporiya se ha llevado a cabo una política criminal destinada a cultivar el odio a Rusia y a todo lo ruso.

Esta es una de las justificaciones dadas por Rusia para anexionarse estos territorios. De hecho, las dos zonas separatistas de Donetsk y Lugansk se han opuesto al nuevo gobierno instalado en Ucrania en 2014, lo que ha provocado tensiones entre el gobierno ucraniano y estas dos regiones.

Los Acuerdos de Minsk, firmados en 2014, debía resolver el conflicto entre estas dos zonas y el gobierno ucraniano. Los principales términos del acuerdo incluían: garantizar un alto el fuego inmediato, tomar medidas para mejorar la situación humanitaria en el Donbas, adoptar un programa de recuperación económica para el Donbas, etc.

Este acuerdo fue firmado y ratificado por Ucrania, pero Rusia acusó a este país de no respetarlo.

Si uno se toma la molestia de consultar el sitio web de la OSCE, los informes diarios enumeran las violaciones del acuerdo de Minsk registradas por la OSCE. Por ejemplo, si tomamos el 28 de enero de 2022, antes de que Rusia lanzara su operación militar especial en Ucrania, la OSCE registró 173 violaciones del alto el fuego, incluidas 6 explosiones.

Si nos remontamos al 30 de junio de 2015, la OSCE informó de combates en torno al aeropuerto de Donetsk. Al parecer, según los datos de la OSCE, se han producido violaciones casi diarias de los Acuerdos de Minsk.

Además, en 2019, Ucrania introdujo una legislación que imponía el ucraniano como lengua principal y prohibía el uso del ruso en tiendas, restaurantes y servicios. Los ciudadanos se enfrentaban a multas si no cumplían esta legislación.

Por lo tanto, está claro que si Occidente hubiera exigido la plena aplicación de la Acuerdo de Minsk en primer lugar, la serie de acontecimientos que condujeron a la adhesión de estos territorios ucranianos a Rusia no habría tenido lugar.

En las últimas décadas, Occidente ha dominado los asuntos internacionales y el orden mundial interviniendo en países como Irak, Siria y la antigua Yugoslavia, por citar sólo algunos. En su discurso del 30 de septiembre de 2022, el Presidente Putin criticó abiertamente la hegemonía occidental y afirmó que Occidente había utilizado métodos violentos contra Estados independientes, valores tradicionales y culturas ancestrales para socavar nuevas corrientes globales y procesos internacionales y colectivos que no podía controlar.

Continuó diciendo que es vital para Occidente someter a todos los países a la soberanía del dólar estadounidense. Es difícil rebatir las afirmaciones del Presidente Putin si se tienen en cuenta las operaciones occidentales contra Estados independientes para obligarlos a seguir la política occidental.

Si se negaban, Occidente provocaría un cambio de régimen y saquearía la mayor cantidad posible de sus recursos. Irak es un buen ejemplo: Sadam desafió el dominio del dólar y decidió vender su petróleo en euros. Como consecuencia, se impusieron al país toda una serie de sanciones y fue expulsado del poder.

En el caso de los conflictos de Irak, Libia y la antigua Yugoslavia, las operaciones de Occidente violaron el derecho internacional pero no fueron sancionadas por la ONU.

Occidente también ha tenido que lidiar con las consecuencias de sus cambios de régimen en países como Afganistán y Libia. También se ha visto obligada a retirarse de zonas que en un principio tenía como objetivo para el cambio de régimen. Estas intervenciones han tenido efectos desastrosos en la propia población de los países occidentales, con problemas como el aumento de la inmigración y el contrabando de inmigrantes, sobre todo a través del Canal de la Mancha.

Por el contrario, Rusia, al incorporar los cuatro territorios ucranianos y hacerlos parte de la Federación Rusa, muestra su compromiso a largo plazo y su apoyo a su desarrollo. Como declaró Putin en su discurso, Rusia reconstruirá las ciudades y pueblos destruidos, los edificios residenciales, las escuelas, los teatros, los museos, etc. Queda por ver si esto se llevará a cabo y sólo el tiempo dirá si Rusia es capaz de hacerlo.

El reciente conflicto con Ucrania demuestra claramente que Occidente, con su flagrante desprecio por el derecho internacional, difícilmente puede acusar a Rusia de no respetarlo. Como dice la Biblia en Juan 8:7 “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Los principios del derecho internacional deben ser respetados por todos, de lo contrario carecen de sentido.

Lo que está ocurriendo en Ucrania demuestra que Rusia está consiguiendo resistirse a la dominación occidental, a pesar de la guerra de desgaste económico que Occidente ha lanzado contra ella. La resistencia de Rusia a la dominación occidental y su capacidad para perseguir sus objetivos demuestran la aparición de nuevos centros de poder, como señaló Putin en su discurso.

Además, este rechazo a la dominación y hegemonía occidentales está ganando terreno y parece estar inspirando a otros países a perseguir libremente sus propias ambiciones políticas y económicas, lo que llevaría al colapso de la dominación occidental y a un cambio fundamental en el orden mundial y en el derecho y los principios internacionales que lo sustentan.

—Natasha Hawa https://english.almayadeen.net/articles/blog/is-russias-accession-of-four-regions-justified-how

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La ‘justicia independiente’ nació bajo el paraguas de la sublevación franquista y fue creada por la Falange

En Espana se ingresa en la carrera judicial mediante una oposicion a plazas de alumnos de la Escuela Judicial entre doctores, graduados o licenciados en derecho de nacionalidad española. Se trata de un mecanismo y una institución creada en plena posguerra (en 1944 se funda la actual Escuela) cuya premisa era “superar el trámite de oposición para pasar a una formación integral”.

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Progresismo reaccionario

El proyecto de las élites corporativas mundiales de una gobernanza global basada en lo que denominan simbiosis público-privado, precisa para su implementación, que los respectivos virreyes anclados en cada territorio denominado país o nación o estado, renuncien a su capacidad de decisión sobre todas y cada una de las cuestiones que atañen a la construcción, evolución, estructuración o modificación de sus estructuras políticas, económicas, culturales, militares, científicas, educativas y constitucionales.

Hace ya unos años que el Imperialismo S.A. optó por la financiación de las instituciones socialdemócratas para la consecución de estos objetivos, a sabiendas que los grandes cambios son mejores de digerir por una mayoría de la población subalterna si éstos son llevados a término por formaciones que se disfrazan de izquierda para destrozar a la “izquierda”.

Pero la “izquierda”, como bien analiza Ekai Center, “a partir de los años 90, la palabra izquierda, ha ido progresivamente asimilándose con los sucesivos movimientos corporativos de corte posmodernista (posmofeminismo, posmoecologismo, ecofascismo, multiculturalismo…) que no sólo nunca han defendido los intereses populares, sino que han sido evidentes estrategias corporativas destinadas a dividir y manipular a los ciudadanos al servicio de las élites oligárquicas que han inspirado, impulsado y financiado estos movimientos… Lo que había sido la izquierda terminó así poniéndose al servicio de las élites corporativas desde todos los puntos de vista: sometimiento al neoliberalismo en el ámbito socioeconómico e impulso de las estrategias corporativas en los ámbitos socio-culturales indicados” (1).

Inmensas sumas de dinero cuidadosamente repartido entre los partidos políticos, sindicatos, asociaciones, ongs, medios de comunicación escritos o visuales, redes sociales… han ido realizando un trabajo constante implantando todas y cada una de las propuestas emanadas desde uno de los vértices de dicha élite corporativa: las órdenes impartidas desde el Foro Económico Mundial y sus socios de Mont Pèlerin y Bildelberg en representación de las grandes corporaciones multinacionales.

No es que existan grandes diferencias entre las formaciones políticas “progresistas” y “conservadoras”, tan sólo cuestiones de matiz envueltas en una aparente polémica con perspectivas electorales. Lo podemos comprobar en nuestra casa si ponemos en paralelo las propuestas socialdemócratas y populares. La diferencia existente es entre los partidarios de la gobernanza global capitaneada por el complejo financiero-químicofarmacéutico-militar, a la cual “izquierdas y derechas” rinden pleitesía, y los capitales nacionales que se muestran remisos a dicha propuesta y defienden un concepto que se pretende borrar de los diccionarios: soberanía, equivalente a poder tomar algunas decisiones sin interferencia foránea.

Los furibundos ataques a Modi, Orban, Ebrahim Raisi, Assad, Ortega, Maduro… bajo calificativos diversos, en una simbiosis perfecta entre los grandes medios de comunicación y las teóricas organizaciones no gubernamentales, de derechos humanos, de ciertos movimientos feministas, de pseudoecologistas, etc., intentan desviar la atención sobre las políticas soberanistas en algunos países, enmascarándolas con las más burdas manipulaciones y financiando intentonas golpistas o creando plataformas ciudadanas ejecutoras de la “guerra híbrida” asimismo financiadas por las élites corporativas a través de sus fundaciones. El último ejemplo lo tenemos en Irán, como anteriormente lo realizaron en Nicaragua o Bolivia.

Podríamos decir, parafraseando a Andrea Zhok, que el Occidente colectivo “zombificado” está completamente subyugado a un Estado de Ley Marcial en todos los órdenes: políticos, económicos, culturales, científicos y sociales, pues lo único que importa a los inductores de la gobernanza global es ejercer un control total y absoluto en sus áreas de influencia directa y asediar militar y económicamente las zonas en las cuales no pueden interferir directamente.

Aunque Estados Unidos va perdiendo influencia global, tenemos que analizar con esmero su confrontación interna, aparentemente en una disputa electoral entre demócratas y republicanos, pero que la realidad es muy otra, se trata de una confrontación entre el capitalismo “nacional” y el subordinado a las grandes corporaciones, fundaciones y fondos de inversión a los cuales la pérdida de liderazgo industrial autóctono no les importa, puesto que extraen sus beneficios de cualquier lugar del mundo. Se trata de una pugna por la soberanía, aunque parezca una paradoja.

La Casa Blanca de los Estados Unidos dirige todo el hemisferio occidental no mediante la propiedad del trabajo y la producción, sino mediante la administración de toda la información, los gobiernos y los centros de decisión (2). Y como resultado, se vislumbra un amplio sentimiento de inseguridad y desconcierto de una punta a otra del planeta con lo cual se propicia un resurgir de discursos similares a los del nazismo alemán, del fascismo italiano o del tohokai japonés y una aceptación popular, sobre todo en Europa, de las propuestas que claman por la “seguridad” ante todo. Propuestas que en algunos aspectos entran en contradicción con los presupuestos de la gobernanza global, pues se trata de unas propuestas que incluyen una exigencia de limitar ciertas interferencias externas en las políticas nacionales. Es el renacer de los nacionalismos ante la pérdida de su autonomía y soberanía a manos de la Comisión Europea en el caso de nuestro continente, y de la Organización de Estados Americanos en el caso de Latinoamérica.

Andrea Zhok en su artículo “Preparación del nuevo orden” (3), al analizar las posibilidades de hacer frente a la ofensiva del Gran Reinicio anota: “Las posibilidades de detener el tren en su camino son mínimas. Lo que sí se puede hacer es prepararse para estar a la altura de las circunstancias, dirigir las piezas que caen libremente para que se asienten como cimientos de un futuro edificio… El sistema de dominación capitalista financiera mundial de base angloamericana es una potencia en crisis, sí, pero sigue siendo la mayor potencia del planeta y ha sobrevivido a otras grandes crisis. Es capaz de persuadir a casi cualquier persona, de casi cualquier cosa, a través del control capilar de los principales medios de comunicación. Es capaz de sobornar a cualquiera con un precio y de amenazar a cualquiera sin él… Tener una conciencia cultural de lo que es esencial y lo que es contingente aquí es crucial”.

Y hace referencia al llamamiento de Antonio Gramsci desde Ordine Nuovo hace más de un siglo, el 1 de mayo de 1919: “Agitatevi, perché avremo bisogno di tutto il vostro entusiasmo. Organizzatevi, perché avremo bisogno di tutta la vostra forza. Studiate, perché avremo bisogno di tutta la vostra intelligenza” (Anímate, porque necesitaremos de todo tu entusiasmo. Organízate, porque necesitaremos de todas tus fuerzas. Estudia, porque necesitaremos toda tu inteligencia) (4) .

El “anímate” de Gramsci, el “progresismo” lo ha convertido en una vorágine de drogas y alcohol que como ejemplo predica la progre ministra Montero “sola y borracha quiero llegar a casa”. El “organízate” se ha convertido en una mezcolanza de asociaciones de colorines cuyo objetivo es crear la confusión y enfrentamiento entre la clase obrera, “la trampa de la diversidad” como argumenta Daniel Bernabé (5), dependientes de subvenciones de la Open Society de Soros, Fundación Arcus y similares. Y el “estudia” se ha convertido en una memorización de las estupideces inimaginables impartidas desde la escuela primaria hasta la universidad.

Habrá que empezar a reinterpretar los nombres dados a las cosas para evitar la confusión. Izquierdismo, progresismo, democratismo, considerados antaño como una definición de avance social, se han transformado en entelequias destructoras de la cohesión proletaria, todo a más gloria de los intereses corporativos del Imperialismo S.A.

Debemos recomponer la animación, la organización y el estudio para poner estos tres elementos al servicio del proyecto emancipador y como elementos básicos de confrontación y resistencia ante los retos del moderno capitalismo. Ánimos para emprender dicha resistencia, organización para cohesionar el proletariado y estudio de nuestra historia clasista para devolver el orgullo de pertenencia a dicha clase social.

Sentirnos orgullosos de ser los Morlocks (6) que, aún viviendo una época de oscuridad, somos el futuro, a diferencia de los Elois que transhumanizados representan la degeneración humana con ropaje progresista.

(1) https://disk.yandex.com/i/loj8pLwp42UmOA
(2) Thorsten J. Pattberg, El colapso moral de Alemania en China
(3) https://www.geopolitika.ru/es/article/preparacion-del-nuevo-orden
(4) http://www.ilmoralista.it/2013/03/26/tempi-bui-ma-la-cultura-salvera-il-mondo/
(5) https://frh.cvg.utn.edu.ar/pluginfile.php/98988/mod_resource/content/0/La%20trampa%20de%20 la%20diversidad_%20c%C3%B3mo%20el%20neoliberalismo%20fragment%C3%B3%20la%20identidad%20de% 20la%20clase%20trabajadora%20%28%20PDFDrive.com%20%29.pdf
(6) H.G. Wells, La máquina del tiempo