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La República no la traerá el movimiento republicano

La llegada de la II República fue una operación de las élites dirigentes de este país. La huída de Alfonso XIII no es más que un mito. ¿Repetirán las élites una operación similar con Felipe VI?

Cualquiera que eche un vistazo para atrás en la Historia de España podrá ver que, en siglos y siglos, desde que el reino de Granada fuera conquistado hay un elemento que se reitera: la Monarquía. No es que en España seamos devotos del monarca. No.

Es que la monarquía es una institución indisoluble si uno piensa en la configuración de este país. Es que España no se entiende sin la monarquía. Cierto. Pero, ¿acaso una persona, puede manejar sola, los designios de un país? Evidentemente no.

Por tanto, si partimos de este planteamiento como base: la monarquía no ha sido la que ha manejado, únicamente, los designios de este país. Es decir, el monarca se rodea de un círculo de notables que aconsejan (consejeros) sobre qué medidas políticas, militares, económicas, etc.; son las más apropiadas.

¿Parecido al sistema actual, verdad? Un presidente con su Consejo de Ministros.

Pero, ¿quién pagaba las medidas de la Monarquía? ¿Quién pagaba las expediciones militares, las obras públicas, la financiación de las levas? El pueblo llano. Y no, no es una generalización1. Es que durante la Edad Moderna, se desarrolló la patrimonialización de los cargos.

El pueblo llano pagaba los gastos generados por los cargos políticos de la monarquía. Es decir, el cargo forma parte del patrimonio personal y familiar y el pueblo lo paga.

Los hijos heredan de sus padres el patrimonio, la posición y su relevancia social.

Y este hecho se ha venido reproduciendo durante siglos. Un hecho que ha permitido a la monarquía poder reproducir sus clientelas durante quinientos años. De Carlos I a Felipe VI. Del Duque de Alba a su descendiente e íntimo de “El Preparado”, Cayetano Martínez de Irujo. Las familias, las estirpes… Se reproducen.

La monarquía ha desaparecido diez años, de los últimos quinientos, de nuestra historia.

Si se trata de una constante en la Historia de España: ¿Qué pasó para que llegase la II República? Y otra pregunta, ¿pudieron los Borbones sobrevivir sin ser reyes?

  • A la primera pregunta no se le puede contestar con una única causa. Sino que la marcha de Alfonso XIII obedece a una acumulación de varias: unas con mayor protagonismo que otras.
  • A la segunda pregunta, aunque parezca absurda, no debería parecerlo. Porque la monarquía no sólo sobrevivió, sino que reforzó sus estructuras caducas (se desarrolló y reforzó un conglomerado empresarial: el actual IBEX-35). Es decir, cuarenta años de franquismo supusieron la Restauración de la monarquía borbónica y todas sus clientelas.

Vuelva a la primera pregunta: ¿qué narices pasó para que la monarquía se marchara?

[…] se había firmado un pacto en San Sebastián entre republicanos, socialistas y monárquicos-católicos.

En las semanas siguientes nuestros camaradas nos iban informando que los firmantes de ese pacto basaban todos los cambios del régimen en una sublevación militar, y por eso hacían todo lo posible para evitar que hubiese huelgas o acciones de los estudiantes ni de ningún otro tipo.”2

Un pacto firmado entre varios sectores: desde todo tipo de opositores a la monarquía (socialistas, anarquistas, radicales, etc.) a miembros de la burguesía que no arriesgaron su emporio a la marcha del monarca.

[…] el Pacto de San Sebastián favoreció de manera principal a la burguesía y de ésta, singularmente, a la derecha republicana.

El hecho de que los jefes socialistas y anarcosindicalistas, directa o indirectamente, subordinaran las masas trabajadoras a la burguesía republicana fue un acto que podría calificarse de traición y engaño a la revolución española.”3

Primero, un pacto de una oposición, aparentemente, sólida.

Después, una sublevación militar republicana (la de Jaca de 1930).

Y, posteriormente, la marcha de Alfonso XIII ante “el resultado electoral”.

Todo muy preparado, ¿no?

El movimiento republicano no sacó a Alfonso XIII. Al monarca lo sacaron sus compañeros. Le buscaron una salida digna en barco y un exilio dorado en Roma. Su familia nunca pasó miseria. Y su descendencia volvería a reinar en España cuarenta años después por decisión de un militar fascista.

Si uno valora con el tiempo, realmente no perdieron nada. Mantuvieron todo el patrimonio, tuvieron un exilio dorado, se relacionaron con la jet-set y volvieron a gobernar bajo ecos de democracia. El abuelo se marchó con fama de ladrón y su nieto volvió con fama de salvador, en tan solo 40 años. Menudo cambio, ¿no?

Quienes idearon la salida pacífica de la monarquía pensaban en su retorno. Porque no son capaces de sobrevivir sin esa inmensa maquinaria de clientelas. Y es que, quiénes facilitaron su marcha, fueron los Calvo Sotelo (ministro de Hacienda con Primo de Rivera). Los Maura que fueron ministros de Primo de Rivera y anteriormente, tanto su padre como su hermano. La burguesía catalana que financió la Dictadura (los Aunòs, los Cambó…), etc.

Casualmente, Calvo Sotelo y Maura acabaron siendo ministros de la II República.

Noventa años más tarde, el movimiento republicano sigue ausente de la escena política. Ello no quita que tenga repercusión, que sea objeto de noticia. Pero no es la causa por la que el monarca se marcharía del país.

Igual que hace quinientos años: patrimonializan el cargo. Son dueños del Estado.

Los últimos descalabros de la Monarquía vienen por las averiguaciones de medios extranjeros: no por la acción de los republicanos. Los ecos de la salida de Felipe VI no vienen por el actuar del movimiento republicano. Sino por el desfalco, el robo y la impunidad con la que saquean las arcas públicas.

Si tuviera que marcharse lo haría con un nuevo Pacto de San Sebastián. Dignamente. Firmado por los partidos del “gobierno más progresista de la Historia” que blindasen su marcha: igual que han blindado la huída de su padre4.

Lamentablemente, la República no la traerá el movimiento republicano. Como hace 90 años: la III República vendrá desde arriba. Y para que éso llegue, para que se repita ese escenario: hace falta mucha más basura sobre la monarquía.

 

 

Maradona: ¿un Jano bifronte?

O, lo que es lo mismo, Maradona como un dios de dos caras: una, la del icono de masas, la del astro del planeta fútbol, deporte -al menos en los orígenes- popular por antonomasia, del pueblo, y, otra, la del ídolo con los pies de barro, maltratador y drogadicto. Habría, pues, una escisión, un desdoblamiento de la personalidad, una especie de Dr. Jekyll, lado bueno, y Mr. Hyde, lado malo, perverso, siniestro, dos caras ajenas una a otra.

Nosotros no somos partidarios de la división tajante de la personalidad de las personas, aunque sí podríamos inclinarnos a asegurar, poéticamente, que en una persona hay varias, pero todas están en una… y su circunstancia, que es como Ortega y Gasset llamaba -copiaba sin embozo- a las marxistas condiciones de vida y trabajo de los individuos.

Deploramos la conducta machista de Maradona así como admiramos su extraterrestre magia futbolística -sólo Romario y Ronaldinho se le aproximaron- y nos congratulamos de su amistad con Fidel Castro, Hugo Chávez -su tatuaje del Ché- y otros líderes populares latinoamericanos. También nos felicitamos de su no olvido de sus orígenes arrabaleros, orilleros, en Villa Florito, Lanús, en el distrito de Buenos Aires, de los que no renegó. Pero no viviseccionamos al personaje. No lo cuarteamos. No tratamos -como se está haciendo por quienes no soportan sus decantamientos populares y su renuncia al discurso dominante y políticamente correcto- de tapar y/o desprestigiar una faceta humana sobredimensionando otra. Tenemos en cuenta ambas.

El veredicto popular -véase el multitudinario sepelio y la repercusión mundial del óbito- se ha pronunciado por el aspecto deportivo y sus connotaciones políticas, sociales y psicológicas (goles a Inglaterra con la albiceleste, las gestas napolitanas) que antepone a su reprobable comportamiento que no llamaremos «privado», al menos nosotros, pues es personaje público, pero sí -llamaremos, decimos- humano. El pueblo viene a decir:criticamos su conducta personal, que lo convierte en humano, y a ver quién tira la primera piedra en estos rubros, pero ningún humano ha hecho lo que este hombre, esto es, hacernos felices, por eso le llamamos dios. Y si eso es opio, nos chutamos, remachan.

Decir de una persona que ha tenido luces y sombras es una tautología pues, nos ha jodido, ¡todo quisque las tiene! Ahora bien, tratar de que prevalezcan más las segundas puede obedecer a insanas intenciones. Mejor sería hablar de las contradicciones de una persona, de las personas, en una trayectoria vital dada. Maradona las tuvo, pero el duelo popular las consideró antagónicas, pero no fundamentales. En cualquier caso, seguimos apostando más por la ética que la estética, pero no las confundimos.

Si todos se empeñaran en pensar por sí mismos el mundo sería un caos

Al principio, los herejes (de todo tipo) fueron un coro de voces que bastaba con censurar, marginar y despreciar de vez en cuando. El motivo es que difunden noticias falsas, a diferencia de los guardianes del canon, que sólo propagan las genuinas.

La maniobra no fue bien porque los herejes siguieron largando y hubo que dar un paso más: había que silenciarlos. Pero, ¿cómo hacerlo?, y sobre todo, ¿cómo justificarlo?

La clave es que los herejes están locos y, como cualesquiera otros, deben ser internados antes de reincorporarse otra vez a la sociedad. Si se puede confinar a los mansos, ¿cómo no va a ser posible hacer lo mismo con los herejes?

Pero el encierro tampoco suele bastar por sí mismo para hacerles recapacitar. Los guardianes debían aprovechar el tiempo de encierro para someterles a tratamiento psiquiátrico.

¿Qué clase de tratamiento?, ¿tortura?, ¿lobotomía?, ¿fármacos?, ¿privación sensorial?, ¿hipnosis?

El año pasado una investigadora del Instituto Italiano de Tecnología propuso recurrir a las descargas eléctricas o magnéticas para sanar los prejuicios sociales. Lo llamaba “estimulación cerebral no invasiva” (*).

Es un alivio que dicha estimulación no sea invasiva porque puede superar cualquier declaración de derechos humanos, por exigente que sea. Basta el informe de un siquiatra que acredite la locura herética, para proceder a la estimulación cerebral del paciente.

Es por su bien. El loco necesita una cura y un siquiatra se la puede dar. Si vacunan a los sanos, que no necesitan nada, ¿por qué no se puede hacer algo por los locos? No sólo pueden: un Estado moderno está obligado a ello.

En el mundo actual las personas deberían olvidarse de pensar por sí mismas porque ya hay quien piensa por ellas y sabe mucho más. Son los expertos y los especialistas, con una dilatada experiencia en todos los terrenos del saber. ¿Quieres saber lo que es una zoonosis? No pierdas el tiempo pensando en ello. Limítate a preguntar a quien sabe del tema.

Si todos se empeñaran en pensar, el mundo sería un caos. Se llenaría de noticias falsas propagadas por quienes no saben y, por lo tanto, están equivocados necesariamente. Habría teorías de todo tipo conviviendo con las científicas y no sabríamos diferenciar a unas de otras.

El gobierno más progresista de la historia se ha puesto a ello. Para prevenir que las personas caigan en la tentación de pensar por sí mismas, es necesario crear otro Ministerio más, el de la Verdad, que funcionará en paralelo con el de Defensa.

(*) https://www.huffingtonpost.it/entry/la-stimolazione-cerebrale-non-invasiva-contro-pregiudizi-e-stereotipi-sociali_it_5d53c03fe4b0c63bcbef8e8d

Consenso, consentimiento y sumisión

El consenso, del latín “consentire» equivalente a “sentir con”, pensar, obrar, de acuerdo con otros.

Si para el proletariado este “sentir con” aludiera a un sentimiento de clase hacia sus iguales sería un acto positivo, un sentimiento de pertenencia, de ayuda mutua, de lucha colectiva hacia unos objetivos comunes. Pero desgraciadamente el consenso, hace ya muchos años, ha derivado en un “sentir con” la clase antagónica, con los responsables de la explotación de las personas autóctonas y del expolio de las foráneas.

Este concepto hace años se ha apoderado de las masas sobre todo en los países de capitalismo desarrollado, aceptando las interpelaciones con las que la clase dominante se ha dirigido a la población. En algunas interpretaciones se equipara a consentimiento, pero éste es permitir una cosa, con independencia de si esta permisión es por opción libre o mediante el uso de la fuerza. Tenemos otra definición: el asentimiento, el cual define más concretamente el mostrarse conforme con el pensar ajeno, algo más que consentir.

De todos modos asentimiento y consentimiento son piezas claves, en política, para alcanzar el consenso y éste es el paso obligado para que el sistema capitalista alcance la hegemonía. Hegemonía como dirección aceptada y sumisión en todos los ámbitos de la vida: en la economía, en la política, en la cultura, en la educación, en las ciencias, en el arte y en la moral. Hegemonía basada en la promesa de defender a la población de tres grandes peligros: la incultura, la inseguridad y la enfermedad, y por ello nos dicen educar, proteger y curar.

Es cierto que afloran resistencias pero la mayoría de la población acepta las órdenes, como también es cierto que se silencia a los disidentes. Pero hablamos hoy de la población mundial de una punta a otra del planeta, hablamos de miles de millones de personas, por lo cual debemos analizar cómo el mismo discurso se ha utilizado en todas partes. Discurso caracterizado por una nueva teología: la ciencia, en abstracto, y dentro de ella, cual misterio de la santísima trinidad, un conglomerado de materias que van desde la explotación salvaje de los recursos naturales del planeta, las producciones compulsivas y obsoletamente programadas, las ingenierías financieras, los experimentos biológicos y neurosensitivos sobre las poblaciones, la carrera armamentística y la perspectiva biogenética controlada.

A estos nuevos paradigmas de han unido, con más o menos matices, las organizaciones políticas y sindicales obreras en todo el mundo en un ejercicio amnésico de su pertenencia y de aceptación del concepto de “progreso” acuñado por la clase dominante que incluso dista mucho de las palabras del Papa Francisco en septiembre de 2019 en Akamasoa cuando se dirigió a los miles de congregados con las siguientes palabras: “El sueño de Dios no es solo el progreso personal sino principalmente el comunitario. Que no hay peor esclavitud, que la de vivir cada uno solo para sí mismo… Crear entre los trabajadores un espíritu de auténtica solidaridad. Que sepan estar atentos unos a otros, que se animen mutuamente, que apoyen a los que están agobiado y levanten a los que han caído” (1).

I

La “crisis” del 2008 puso en peligro dicho consenso, y los millones de personas afectadas empezaron a atribuir sus desgracias, ya sea de pérdida de sus ingresos por el trabajo, ya sea por ver evaporados sus fondos de pensiones, ya sea por verse desahuciados de sus viviendas, a los mecanismos del capitalismo, a pesar de una gran campaña que atribuía estas desgracias a “unos cuantos especuladores financieros”, en un intento de salvaguardar el sistema a los ojos de la mayoría de la población.

El capitalismo aprendió muy bien la lección. Su próxima “crisis” debería quedar a cubierto de cualquier atisbo de culpa que pudiera atribuirse al sistema en su conjunto. Prestos se pusieron a elaborar cuál podría ser el “modus operandi” necesario para la implantación del nuevo patrón tecnológico, el cual tendría unas repercusiones para el proletariado peores que las del 2008 y que para este nuevo patrón tecnológico sería necesario un fortalecimiento del consenso al mismo tiempo que un incremento de la disciplina, el individualismo y la destrucción de algunos de los pilares del consenso anterior: la negociación colectiva y el aniquilamiento de las formaciones sindicales no dependientes de los presupuestos estatales y patronales. De lo contrario sería algo más difícil imponer los futuros cambios tecnológicos, culturales y educativos.

Disciplina que, a semejanza de una nueva religión, interpelaba a la sociedad sobre la necesidad de adoración a unos nuevos ídolos creados “ad hoc”. Para ello no servía el discurso acuñado en el 2008 de culpabilizar a unos demonios especuladores, ya no sería creíble. Era preciso, por tanto la búsqueda de nuevos culpables y de unos nuevos teólogos que fueran capaces de modificar el discurso apocalíptico y emplazaran a la población a ser fieles seguidores de las órdenes emanadas desde el nuevo oráculo de los dioses. Ya no serían los economistas, sino los sociólogos, pedagogos, epidemiólogos y biólogos, modernos tecno-teólogos que ya tuvieron un papel destacado en la década de los ochenta del siglo pasado pero ahora con sus poderes ampliados.

Algunos de estos tecno-teólogos saben muy bien que no es tarea fácil sumir al conjunto de la población adulta en un consenso global y precisamente por ello hace años que su especial preocupación ha sido el sistema educativo, con un control ideológico extremo de los contenidos curriculares, en los cuales se ha diseñado una auténtica dictadura pedagógica, en la que no tiene lugar la duda ni la hipótesis, sino una única verdad acorde a la nueva teología. Verdad que se disfraza con hábitos de colores, con modernas técnicas, con aparente progresismo, pero que excluye cualquier atisbo de reflexión fuera de los marcos establecidos.

Podríamos calificar a partir de los años 80, una uniformidad por lo que respecta a la concepción del mundo, de la salud, de la sociedad y de la felicidad, entendida ésta como la capacidad de consumir, de tener. Pero en absoluto se plantea, desde la más tierna infancia, la necesidad de conocer el propio cuerpo, de educar para la salud y no para la enfermedad, de limitar las apetencias derivadas de un excesivo consumo de objetos y medicamentos.

II

Las necesidades son un producto cultural e histórico. Y la creación de necesidades es una característica propia del capitalismo y una necesidad de la producción tal como alertaba Marx en su tiempo: “La producción, en consecuencia, produce no sólo un objeto para el sujeto, sino también un sujeto para el objeto”. Aunque Marx no profundizó mucho acerca del tema, sí podemos encontrar preguntas sin respuesta acerca de las necesidades “Estas preguntas acerca del sistema de necesidades y el sistema de trabajos ¿En qué momento debemos abordarlas? ¿Cómo explicar, por cierto, lo que un particular grupo humano se complace en considerar satisfacción? Nada es tan variable, arbitrario por naturaleza como el sistema de necesidades” (2).

Impulsar las necesidades, aún a costa de la creación de una compulsión enfermiza por la posesión de objetos, es la función de la industria de la propaganda a la cual la sociedad se muestra sumisa de forma igual que a los dictados de la religión, de la política o de la ciencia. Consumir antes de nacer, a partir del nacimiento, durante la infancia, en la adolescencia y después de tantos años educando la satisfacción de tener, de poseer, como paradigma de ser, las personas ya están formadas para entrar de lleno en la sociedad programada del consumo.

Y el consumo ha sido una de las claves del consentimiento, y dicho consumo se ha relacionado con el ocio desde la más tierna infancia, de esta forma hemos podido comprobar que mientras los parques infantiles de los diferentes barrios eran transitados por los niños y niñas de los hogares inmigrantes, las criaturas de la clase obrera autóctona pasaban los fines de semana paseándose por los templos del consumo de los grandes centros comerciales, de la misma forma que en los años 50 del siglo XX llevaban las criaturas a la misa dominical después de haberlas puesto en manos del sacerdote de turno los sábados para que les impartieran el catecismo. El “cambio” consistió en trasladar la educación extraescolar de las parroquias a los supermercados y en algunos casos a las ludotecas o agrupaciones de Boy Scouts. Todo convertido en pura mercancía al arrebatar el suelo público para el juego y convertirlo en una prioridad para las plazas de aparcamiento con el subsiguiente pago.

Se fueron creando necesidades a medida que la producción lo demandaba y así el consumo se convirtió en una necesidad de la producción, no de las personas, como un espejismo que equipara consumo con felicidad y el capitalismo era capaz de ofrecer este milagro a costa de que la clase obrera se subsumiera a las órdenes del trabajo alienado. Y los niños son grandes observadores del comportamiento consumista de los adultos de su contexto social, sobre todo de sus padres. Ellos se convierten en el modelo a seguir y, progresivamente van asimilando sus comportamientos para imitarlos. Si los adultos del entorno tienen lo que se anuncia en televisión, el niño desea lo mismo para él. Los niños son los destinatarios preferidos del sector publicitario porque son fácilmente manipulables y, abusando del deseo de los padres de ofrecer “lo mejor” a sus hijos, mandan un continuo bombardeo de anuncios para estimular el deseo de poseer bienes materiales de los pequeños, anhelo que nunca se da por satisfecho y conduce a incrementar las exigencias de los niños.

Los padres también estimulan el afán consumista de los hijos cuando les ofrecen bienes materiales para compensar el poco tiempo que pasan con ellos. Es frecuente que el padre y la madre pasen demasiadas horas fuera del hogar trabajando para conseguir más dinero con el que consumir más objetos materiales para la familia y, sobre todo para los hijos. Una rueda inacabable a satisfacción del capital que reproduce una visión de la realidad que mantiene el actual poder económico y social de la clase dominante. Para conseguir esto, los publicistas actúan adaptando no sólo los productos sino los mensajes al desarrollo cognitivo, social y afectivo infantil. Junto a todo esto, el gran reto para las grandes multinacionales es crear lo que se denomina “la construcción empresarial de la infancia” que permita explotar cada vez más la inclinación consumista de los niños y niñas, impulsándose la imagen modelo a la que hay que seguir.

III

Se han ido homogeneizando los contenidos curriculares armonizando materias a despecho de las realidades culturales diversas y marcando las prioridades establecidas por la OCDE. Así el Programa internacional para la evaluación de estudiantes (PISA) ya estaba orientado en el año 2000 para la perspectiva 2013. Del mismo modo, el programa Estudio de tendencias en matemáticas y ciencias (TIMSS).

En las distintas evaluaciones, los contenidos están acordes a la Agenda 2030, los cuales forman parte de la formación ideológica que dice a las personas qué es lo que existe, cómo es el mundo y cómo es la relación con el mundo. También lo que es posible y a lo que se puede aspirar. No es de extrañar, pues, que dentro de las evaluaciones a los estudiantes ocupe un lugar destacado la llamada “emprendeduría”. Y también incorpora lo que debe entenderse por justo o injusto, lo bueno y lo malo y las formas de entender la cultura. La sarcásticamente denominada “educación financiera” ocupa un lugar destacado en las pruebas PISA según el informe 2015 del Ministerio de Educación español. No es aventurado afirmar que el proceso de consentimiento, consenso y sumisión tiene su origen en el mundo escolar (3).

“Emprendedores”, palabra mágica con la cual se cubre un discurso dirigido a las personas pertenecientes a los países de capitalismo rico en el cual lo fundamental es el individualismo a ultranza y el darwinismo social adecuado a las nuevas profesiones de la inteligencia artificial, la propaganda, los medios de comunicación o las intermediaciones financieras. La misma palabra de “emprendedores” es utilizada en los países de capitalismo pobre para orientar a la población de dichos países a profesiones distintas, tal como lo refleja el ejemplo de Sustentavel en Río Grande do Norte en Brasil a iniciativa del Banco Mundial, que dedicó menguados fondos para dotar de asistencia y “capacitación técnica” para otro tipo de emprendeduría: la de hurgar en los escombros, que según Fátima Amazonas, directora del proyecto en el Banco Mundial “las inversiones convertirán a estas personas en legítimos empresarios socio-ambientales” y que según ella este es el futuro para los más de 15 millones de personas que en los países de capitalismo pobre viven de escarbar en los basureros (4).

IV

Como he dicho anteriormente, hemos de mirar atrás para buscar un punto de inflexión a nivel mundial en el cual se relacionen economía, política, ciencia y educación. Y esto lo encontramos en la década de los 80 del siglo XX que, por un lado se produce un avance espectacular del consenso en torno a las propuestas denominadas neoliberales, consenso expresado a través de las urnas en varios países, pero por sus características y peso en el entramado mundial podemos citar el triunfo del programa neoliberal de Margaret Tatcher en Gran Bretaña y de Ronald Reagan en Estados Unidos. Al mismo tiempo el clímax de las propuestas de avance hacia la economía de mercado en China desde 1978 de la mano de Deng Xiaoping y Hu Yaobang, con unas secuelas de inflación y desempleo en las grandes ciudades, que culminó en las protestas de 1989 en Pequín y otras ciudades. A su lado en la Unión Soviética, tras la muerte de Chernenko, fue elegido Mijail Gorvachov como máximo dirigente el cual se rodeó de un grupo de asesores partidarios de la liberalización económica, la descentralización administrativa y la autonomía empresarial, en definitiva del abandono del socialismo que arrastró tras de sí a la totalidad de partidos comunistas del mundo.

Al mismo tiempo, de esta ofensiva del capital en todos los rincones del planeta, hace aparición una “terrible pandemia” que desde su aparición en Estados Unidos, de golpe y porrazo dicen que está extendida por todo el mundo: el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, vocablo inventado “a la page” al cual se atribuyen fallecimientos de todo tipo, alcanzando la cifra de 32 enfermedades conocidas sobradamente. Alrededor de esta gran campaña propagandística se movieron cientos de miles de millones de dólares, se concedieron premios Nobel y se creó una campaña de terror social la cual estaba caracterizada por unos “consejos científicos” de alejamiento social y culto al individualismo en un momento en que eran más necesarias que nunca las grandes movilizaciones para enfrentar la ola privatizadora del nuevo modelo económico que consistía en el cierre de las empresas estatalesy la venta o regalo de estas al capital privado. Tal vez lo más emblemático fuera el cierre de la minería del carbón en Gran Bretaña y la privatización de toda la estructura ferroviaria. O la militarización de los controladores aéreos en Estados Unidos donde el 7 de Agosto de 1981 el presidente de EE.UU., Ronald Reagan, ante una huelga de controladores, envió 11.000 cartas de despido y puso en marcha un plan de emergencia consistente en el empleo de personal militar en las salas de control. Así acabó la huelga.

Fue la década de las grandes privatizaciones en todo el mundo y el inicio del desmantelamiento del llamado estado del bienestar en los países capitalistas desarrollados. En el caso de España este proceso se inició con los Pactos de la Moncloa de 1977 en los que se sientan las bases para el paulatino desmembramiento del sistema de seguridad social y la puesta en práctica de las exigencias para la incorporación al entonces llamado Mercado Común Europeo, siendo éstas básicamente la privatización de toda la estructura industrial y de servicios nacionalizada que estaba organizada a través del Instituto Nacional de Industria (INI).

Todo este proceso se realizó en España con el consenso de la clase obrera mediatizada por las dos grandes centrales sindicales (Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores) y los dos partidos políticos que se decían representarla (Partido Socialista Obrero Español y Partido Comunista). La lucha de clases en este período se caracterizó tan sólo por protestas de índole salarial alrededor de las negociaciones colectivas y en cuanto al desmantelamiento industrial dicha lucha giró mayoritariamente en torno al monto de las indemnizaciones a percibir por despido. No hubo una estrategia dirigida a mantener el tejido industrial y de servicios. Sectores enteros como el textil, la gama blanca y gama marrón en cuanto a los electrodomésticos, la siderurgia, la construcción naval, la minería, la alimentación, la agricultura extensiva, la ganadería, la industria química, el transporte por carretera, la automoción, la maquinaria pesada, o fueron desmantelados o fueron privatizados. Emblemático fue el cierre de la empresa estatal Altos Hornos del Mediterráneo y el despido de más de cuatro mil personas.

Las interpelaciones a la clase obrera estaban revestidas con la aureola del “cambio” y mediante este vocablo equiparado a democracia, libertad, etc., junto a suculentas indemnizaciones, prestaciones por desempleo, jubilaciones anticipadas y promesa de nuevos puestos de trabajo, se estableció el consentimiento necesario para la integración en el Mercado Común y la OTAN.

V

Según la opinión de las estructuras corporativas multinacionales era preciso crear una “nueva disciplina” del trabajo en la cual no se estableciera diferencia entre la sumisión al trabajo enajenado en el seno de las empresas y la sumisión a unos patrones de consumo y comportamiento social fuera de ellas. Tarea a la cual se dedicaron los modernos tecno-teólogos en todos los campos del conocimiento a partir de los laboratorios de investigación de todas las universidades del mundo. Facultades de sociología, psicología, economía, pedagogía, biología, historia… dedicadas a construir desde contenidos curriculares falseados históricamente hasta modernas técnicas de comunicación.

De todos modos, no es fácil modificar, en el transcurso de una sola generación, unas pautas culturales adquiridas por la generación anterior, borrar la memoria colectiva anterior, anatematizar usos y costumbres para imponer otros nuevos. Se ha pasado de una cultura del aprovechamiento, del ahorro a una cultura de usar y tirar o de tirar sin usar mediante el consenso y el asentimiento de mantener la producción a toda costa ya que ello representa el mantenimiento de los puestos de trabajo sin importar que se produce, ni para qué ni como, en una simbiosis perfecta capital-trabajo como característica del consenso social alcanzado.

Así como en las negociaciones colectivas se han aceptado de forma constante los incrementos de los ritmos de producción, a nivel social la rapidez, la inmediatez han ido aparejadas a los ritmos productivos y esta rapidez constante en todos los ámbitos de la existencia tiene concreciones en el consumo patológico tanto de cosas como de sensaciones. Consumo para las clases dominantes de una cierta calidad y consumo para el proletariado “made in China” de baja calidad pero también de bajo precio, así cualquier obrero u obrera puede emular el consumo de la burguesía en apariencia. Cuando la mirada se dirige hacia la clase dominante y se intentan copiar sus hábitos, modas, maneras y lenguajes, algo contradictorio está ocurriendo en el seno de la clase obrera en cuanto a su percepción del mundo, de la vida, de las aspiraciones… En esta contradicción radica la sumisión a la clase dominante y no solamente en unas determinadas relaciones laborales.

Un 60% de españoles compran ropa cada mes, con un gasto medio mensual personal estimado en ropa y calzado de 90,50 euros, 8 de cada 10 desconocen cuánto vale su armario aunque si tuvieran que estimar la media estaría en 2.480,70 euros, y casi un 59% tiene más de 35 prendas en su armario. En 2017 en prendas de vestir se gastaron en España 23.364 millones de euros (5).

A partir de los análisis sobre los mecanismos de funcionamiento del capital monopolista se derrumba la teoría del consumo individual como acción únicamente personal en base a la utilidad de la compra y se advierte el consumo desmesurado para “acomodar su estatus con el de su grupo de referencia” y mediante el ejercicio hegemónico cultural del capitalismo y el consenso derivado de la claudicación ante la clase dominante, ese grupo de referencia no es otro que la burguesía. Según Víctor Martín Cerdeño de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, la idea principal queda resumida con las siguientes palabras: “el individuo forma parte del grupo porque consume un conjunto estandarizado de bienes y a la vez consume tales bienes porque forma parte del grupo” (6).

Según los datos recogidos en el panel de cuantificación del desperdicio alimentario en los hogares, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, los hogares españoles desperdiciaron entre enero y diciembre de 2018 un total de 1.339 millones de kg/l. de alimentos y bebidas, lo que supone un incremento del 8,9% con respecto al año anterior, destacando que “8 de cada 10 hogares reconocen tirar alimentos y bebidas a la basura. En este ámbito, el 81,5% de los hogares tira productos tal y como los compraron, sin haber sufrido ningún tipo de elaboración. Quienes desperdician productos sin utilizar son principalmente hogares familiares de hasta 49 años, con niños menores de 6 años o parejas sin hijos” (7). Mientras, largas colas aparecen en los bancos de alimentos y comedores sociales que en 2019 atendieron a 1.050.684 de beneficiarios directos y repartieron 21 millones de kilos en todo el país.

Bancos de Alimentos, un modelo caritativo que nació en Estados Unidos. El primero de estos bancos funcionó en Arizona, en 1967. Hoy los diferentes bancos reparten comida a 42 millones de personas que tienen problemas para alimentarse, uno de cada siete estadounidenses, de acuerdo con las estadísticas de Feeding America. No por casualidad se les denominó “bancos” como simbolismo del centro financiero del poder económico del capitalismo.

El trasfondo de los Bancos de Alimentos es perverso y de claro perfil ideológico ya que ayudan a ver el tema de la pobreza y el hambre como una situación ajena al sistema económico imperante. En el caso de España, toda donación que se haga al Banco de Alimentos, ya sea en dinero o bienes, desgrava fiscalmente un 35%. Las grandes empresas del sector alimenticio pueden deducir así millones de euros (8).

El Servicio de Estudios de BBVA afirma que un tercio de los hogares españoles se encuentra en una vulnerabilidad económica extrema. Es decir, no cuentan con una hucha suficiente para poder subsistir ni siquiera tres meses, y el 16% del total de núcleos familiares, es decir, 3,05 millones, no estaría en condiciones de afrontar todos los gastos ni siquiera un mes. Hasta finales de abril los bancos recibieron más de 525.000 solicitudes de moratorias, tanto hipotecarias como para otro tipo de créditos (9).

Y, una parte de la clase obrera, que mantiene un nivel de ingresos acorde a los perversos estándares sociales copiados de la burguesía, hacen como la parábola de los fariseos descritos en el Evangelio de Lucas que dan gracias a Dios por “no ser como los otros hombres” (Lucas 8, 9-14).

VI

¿Qué mejor medida de disciplina social que estas cifras? ¿Qué mejor medio de sumisión que realizar una cola de horas para recoger una bolsa de alimentos? ¿Qué mejor método de humillación que tener que recorrer las oficinas de los profesionales de la Asistencia Social para suplicar un certificado de “persona necesitada”? ¿Qué mejor medida para fomentar la individualización y la desconfianza que una campaña amparada en un peligro mortal derivado de una epidemia?

La pregunta clave debería ser: ¿cómo organizar a este proletariado difuso y contradictorio, carente de ingresos pero con la mirada puesta en la clase dominante? ¿Cómo modificar los hábitos culturales heredados de la burguesía? ¿Cómo exigir que la economía, la educación, la salud y la ciencia formen parte del debate democrático?

No son aplicables hoy en las sociedades del capitalismo avanzado las recetas organizativas de los inicios del industrialismo, ni tan solo para el 20% de la población depauperada, puesto que no forman un conjunto homogéneo como podían formarlo los hombres y mujeres del proletariado más pobre del siglo XIX.

El capitalismo en dichas sociedades hoy destina una parte de su inversión a la llamada asistencia social. Inversión que le garantiza una paz social, precaria, pero paz social y en torno a ella un consenso basado en el consentimiento, el asentimiento y el miedo.

Una estrategia para la lucha de clases en estos contextos debe basarse en la utilización de los medios disponibles para desenmascarar culturalmente el discurso hegemónico y la elaboración de propuestas que sirvan de alternativa a dicho discurso en todos los órdenes de la vida: trabajo, salud, educación, ciencia y tecnología, y alrededor de estas alternativas reorganizar socialmente una parte del proletariado alejado de las consignas reformistas de “queremos más de lo mismo” y estableciendo una nueva cultura obrera que reniegue de los paradigmas de la burguesía. Un tipo de organización que no tenga por principio el victimismo, sino que apunte a un nuevo tipo de sociedad en el camino del socialismo y el comunismo. No será fácil, pero la nueva organización comunista debe apuntar a estos presupuestos.

Existen diversos colectivos que apuestan por romper el orden establecido ya sea en forma de cooperativas de consumo, ya sea en forma vida colectiva, ya sea en forma de autogestión de la salud, ya sea en forma de escuelas libres, pero centrados únicamente en sus respectivos espacios sin una visión de totalidad y seguramente una organización comunista podría favorecer dicha visión en la perspectiva de organizar un gran frente que fuera más allá de la mera reivindicación del estado del bienestar de antaño.

(1) http://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2019/september/documents/papa-francesco_20190908_cittaamicizia-madagascar.html
(2) K. Marx. Grundisse. Traducción de Martin Nicolaus, 1973. pág. 528
(3) https://www.educacionyfp.gob.es/dctm/inee/pisa2015-competencia-financiera-inf-espanol.pdf?documentId=0901e72b825a92bd
(4) https://www.bancomundial.org/es/news/feature/2015/05/07/brasil-reciclaje-basura-vertederos
(5) https://es.statista.com/estadisticas/478816/gasto-de-los-hogares-en-prendas-de-vestir-en-espana/
(6) https://www.researchgate.net/publication/28063014_El_consumidor_espanol_factores_que_determinan_su_comportamiento/link/54fac4fc0cf2040df21cd5f3/download
(7) https://www.mapa.gob.es/es/prensa/ultimas-noticias/-el-desperdicio-alimentario-en-los-hogares-espa%C3%B1oles-aument%C3%B3-un-89-en-2018/tcm:30-510668
(8) https://laredpopular.org.ar/la-donacion-de-alimentos-un-gran-negocio-que-genera-mas-hambre/
(9) https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10541421/05/20/La-crisis-y-el-confinamiento-conducen-a-seis-millones-de-personas-al-borde-de-la-pobreza.html

Francia pasa de los disturbios esporádicos a una verdadera ‘guerrilla larvada’

En referencia a Estados Unidos es frecuente leer que se encuentra al borde de la guerra civil, y no lo dicen periodistas aficionados a los titulares gruesos. Pero allá tienen a Trump de chivo expiatorio: ha dejado al país dividido.

Quizá sorprenda más leerlo en referencia a Francia, pero el titular procede de la revista Atlántico, nada propensa tampoco a ese tipo de declaraciones: “Francia bascula de los disturbios esporádicos a una verdadera guerrilla larvada” (*).

El lunes se presentó en París el libro blanco sobre seguridad interna del país galo y el Ministro del Interior reconoció que los ataques a la policía están aumentando.

“¿Se encuentra el Estado desarmado ante la situación?”, pregunta la revista. El país está dividido en dos, sin saber cómo unirse, e incluso cómo entenderse.

En la cima, el poder y un cierto número de medios de comunicación, para los cuales hablar es suficiente para resolverlo todo. El prefecto de policía del Ródano asegura que en Francia “no hay zona sin ley”. Sin embargo, el día anterior el pobrecillo publicó un decreto de Halloween prohibiendo el alcohol y los morteros de fuegos artificiales. Efecto cero: a los alborotadores les importa un bledo.

Los alcaldes verdes, como el de Besançon, quiere construir “un lugar donde todos puedan vivir juntos pacíficamente”. El alcalde de Montbéliard, liberal, después de una revuelta, dice que quiere que “el barrio viva bien: juegos, espacios verdes, trabajos en los edificios, piscinas”.

Los medios de comunicación evocan los “distritos sensibles”, “puntuados” o “manchados” con “incidentes” o “choques”. Dupond-Taubira deplora el destino de esos “niños desgarrados por la vida”.

Así es la Francia platónica de las cumbres, aislada de la base, de los franceses comunes y de los que asolan el país. Lo que una vez fue extremadamente raro, los disturbios y las peleas de pandillas, ahora ocurren todos los días. Las peleas esporádicas se convierten en una guerrilla larvada, que prolifera en el país.

La violencia es cada vez más frecuente. Hay escenas de guerrilla, detonaciones casi a diario, ataques a una escala sin precedentes… La violencia contra la policía se está multiplicando y aumentando en intensidad.

Desde finales de octubre, graves disturbios o guerras entre pandillas utilizando armas de fuego, golpean las zonas no controladas en muchas ciudades. Coches y autobuses quemados, disparos de mortero y piedras lanzadas por la policía, barricadas de contenedores de basura quemados, paradas de autobús y mobiliario urbano destruidos, un autobús de los antidisturbios atravesado por un disparo, botellas de ácido tiradas por el suelo…

(*)https://www.atlantico.fr/decryptage/3593893/comment-la-france-bascule-d-une-phase-d-emeutes-sporadiques-a-une-veritable-guerilla-larvee-livre-blanc-sur-la-securite-interieure-etat-desarme-insecurite-violences-police-forces-de-l-ordre-xavier-raufer

Profetas, científicos y medios de comunicación

“Sí, pero ¿sabe usted una cosa…? ¡He fingido ser profeta!” (Henrik Ibsen. Peer Gynt. Acto V. 1867)

Y así andamos, de profetas en profetas como en la obra de Ibsen, profetas, los cuales anuncian grandes males si no cumplimos con los sagrados deberes que imponen “manu militari” desde los vértices políticos, económicos y mediáticos. Una troupe de científicos y periodistas que nos emiten permanentemente la máxima de “sé razonable”, apropiándose de la razón como si fueran sus amos absolutos.

Max Horkheimer, el autor de Crítica de la razón instrumental, en el prefacio de la segunda edición en alemán (1) anota: “Si bien la obediencia a Dios ha servido siempre como medio para conquistar sus favores, y por otra parte como racionalización de todo tipo de dominio, de expediciones conquistadoras y de terrorismo, los iluministas, tanto teístas como ateístas, interpretaron los Mandamientos, a partir de Hobbes, como principios morales socialmente útiles, destinados a fomentar una vida en lo posible libre de tensiones, un trato pacífico entre iguales, y el respeto del orden existente. Liberada de connotaciones teológicas, la sentencia “sé razonable” equivale a decir: observa las reglas… La razón se realiza a sí misma cuando niega su propia condición absoluta”. Y, en caso de no seguir las reglas, para esto están los aparatos coactivos del supuesto Estado de Derecho el cual, siguiendo las órdenes emanadas desde otras instancias se olvidan de sus cacareados Derechos Fundamentales.

Horkheimer, en su estudio titulado Observaciones sobre ciencia y crisis (1932), ya lo tenía claro: “La ciencia moderna tiene el papel de un medio de producción, y por este motivo, funciona para Estados y empresas burguesas” (2).

Volviendo a la obra antes citada (Crítica de la razón instrumental) nos anota: “Cuanto más pierde su fuerza el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de manejos ideológicos y de la difusión de las mentiras más descaradas” (3).

“El intelecto humano, que tiene orígenes biológicos y sociales, no es una entidad absoluta, aislada e independiente. Sólo fue declarado como tal a raíz de la división social del trabajo, a fin de justificar esta división sobre la base de la constitución natural del hombre. Las funciones directivas de la producción —dar órdenes, planificar, organizar— fueron colocadas como intelecto puro frente a las funciones manuales de la producción como forma más impura, más baja del trabajo, un trabajo de esclavos” (4).

Para analizar y poder hacer frente a este gran experimento de comportamiento y control social que estamos viviendo, es preciso no perder la memoria ni el hilo conductor de la constante lucha de clases, en la cual, el proletariado está cada vez más abatido y humillado. Y razonar, indispensable para disponer de las bases argumentales, teóricas, sobre las cuales construir la fuerza organizativa que se oponga a la ofensiva del capital, razonar para pensar, aunque como dice Gómez Pin: “Pero pensar es durísimo, supone vencer constantemente la inercia y la costumbre, supone vencerse constantemente a sí mismo” (5). Aunque sea una tarea ardua, conocer, estudiar, analizar, sacar las propias conclusiones es un antídoto eficaz contra las epidemias ideológicas que van paralelas a la destrucción de puestos de trabajo, a la precariedad, a la humillación, a la represión.

El actual ministro de sanidad de Gran Bretaña, Matt Hancock, cuando en 2017 era ministro británico de Digital, Cultura, Medios y Deporte, pronunció un discurso durante una reunión del Grupo Parlamentario Tory sobre la Cuarta Revolución Industrial. Unos fragmento de dicho discurso nos pueden dar ciertas claves de lo que se estaba preparando:

“Una de las funciones del Parlamento es adelantarse y abordar los grandes desafíos de nuestro tiempo… La naturaleza de las tecnologías es materialmente diferente a lo que ha sido antes. En el pasado, pensamos en el consumo como algo único y en la inversión de capital como aditivo.

… Estoy encantado de hablar junto a tantos colegas impresionantes que realmente entienden esto, y junto al profesor Klaus Schwab, quien literalmente ‘escribió el libro’ sobre la 4ª Revolución Industrial. Su trabajo, que reúne a las mejores mentes del planeta, ha informado lo que estamos haciendo… Nuestra estrategia digital, integrada en la estrategia industrial más amplia, establece los siete pilares sobre los que podemos construir nuestro éxito”.

¿Quién es Klaus Schwab? Ni más ni menos que el fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, quien, como lo mencionó Hancock en su discurso de 2017, escribió el libro sobre la Cuarta Revolución Industrial. Schwab anunció la “Iniciativa del Gran Reinicio” del Foro Económico Mundial en junio de 2020. Schwab en su libro “COVID-19: The Great Reset”, coescrito con Thierry Malleret publicado en español en septiembre de 2020, señala: “Si ninguna potencia puede imponer el orden, nuestro mundo sufrirá un ‘déficit de orden global’. A menos que las naciones individuales y las organizaciones internacionales logren encontrar soluciones para colaborar mejor a nivel global, corremos el riesgo de entrar en una ‘era de la entropía’ en la que la reducción, la fragmentación, la ira y el provincianismo definirán cada vez más nuestro panorama global, haciéndolo menos inteligible y más desordenado” (6).

La investigación del periodista James Corbett de 16 de octubre de 2020, analiza las propuestas de The Great Reset (el gran reinicio) llegando a la conclusión que el “gran reinicio” no tiene nada que ver con virus ni pandemias ni salud pública. Que es un proyecto de largo alcance construido desde hace años. Y que una vez amansados los movimientos sociales de protesta, crear una caricatura de democracia traspasando el poder real a nivel global y en muy pocas manos: “Es una toma de poder de magnitud sin precedentes, e involucra la reestructuración de clases sociales para desmantelar la democracia, borrar las fronteras nacionales y permitir el gobierno de las comunidades a distancia por parte de un grupo de líderes no electos… es una agenda tecnocrática que busca integrar a la humanidad en un aparato de vigilancia tecnológica supervisado por una poderosa inteligencia artificial”.

El 29 de octubre la web Bitcoin publicaba un artículo con el título de “Una mirada a la agenda fascista detrás del Gran Reajuste” en el cual desvela que “Hace menos de dos semanas el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió un ‘nuevo momento de Bretton Woods’. Mientras tanto, el FMI no es la única entidad que está presionando por un ‘gran reinicio’, ya que el Foro Económico Mundial (FEM) y otras entidades principales han estado promoviendo la propaganda del reinicio financiero. El status quo prepara el ‘gran reinicio’ a través de una intensa propaganda” (7).

Propaganda, es la palabra clave en todo este entramado, pues. “¿Y para quién no es placentero contemplar en la pequeña pantalla como los males se ceban en los otros, desde la seguridad que ofrecen las cuatro paredes del hogar, debidamente protegido por una puerta blindada?” (8).

“La incertidumbre del saber se compensa con un acentuado no-querer-saber. Esto permite posponer ad calendas graecas la cosa y emplear de otra manera el biotiempo ganado. Ver la cosa de un golpe, de una sola mirada… le ahorra biotiempo al receptor de un mensaje; pero el ahorro se hace a costa de la reflexión, y habría que preguntarse si el ahorro vale el precio que se paga por él” (9).

“El fascismo, y sobre todo la sociedad nazi, glorificaron la técnica, hasta el punto de plantearse el exterminio científico de 100 millones de europeos. Los defensores actuales de las tecnologías, viejos y jóvenes, debieran tener en cuenta estos hechos históricos” (10).

En esta epidemia de propaganda salvaje, falaz y emfermiza se arremete contra aquellos que ponen dudas e interrogantes a la multitud de incógnitas y los caracteriza con el apelativo de paranóicos o cosas por el estilo. Nada nuevo bajo el sol, el periodismo canalla está acostumbrado a estos quehaceres desde hace muchísimos años . Ya Horkheimer, en su Crítica a la razón instrumental aludía a ello con las siguientes palabras: “Como en los días de la magia, cada palabra es considerada una peligrosa potencia capaz de destruir la sociedad, hecho por el cual debe responsabilizarse a quien la pronuncia. Por consiguiente, bajo el control social se ve muy menguada la aspiración a la verdad” (11).

Propaganda que viene avalada por firmas de científicos eminentes o no eminentes, pero todos con estrechos lazos en el mundo corporativo, ya sea biotecnológico, químico, farmacéutico y en muchas ocasiones militar; defensores todos ellos de la “neutralidad de la ciencia”. Ante tales desmanes se alzan voces por parte de otros científicos, sin intereses económicos a defender y críticos con la subordinación al capital.

“Lo que aquí se cuestiona es si la ciencia no debe revisar supuestos de otro orden que están en la base de sus prácticas: su modo de apropiación del saber, su modo de cortarlo y aislarlo de la comunidad de la cual lo extrae para encerrarlo asépticamente en un laboratorio… ¿No es hora de que un aire de democracia barra esos ambientes viciados de elitismo?

Así, la neutralidad planteada como virtud por la ciencia clásica deviene intencionalmente falaz ya que desde esta posición puede realizarse cualquier tipo de aplicación —desde bombas guiadas por láser o armas bacteriológicas hasta satélites de comunicación— sin el riesgo de ser estigmatizado por la sospecha de alianza con el poder. Lo que hasta aquí se expuso puede sintetizarse de este modo:

a) En primer lugar, la neutralidad ética de la ciencia pertenece al orden del discurso y no así a sus prácticas que aparecen siempre vinculadas a intereses de grupos de poder.
b) Además, la proclamada neutralidad científica no se limita sólo al ámbito de la ciencia pura, sino que ‘avanza’ sobre áreas de aplicación tecnológica configurando el orden tecnocrático de los especialistas” (12).

La producción de conocimiento, la dirección de la investigación, los procesos de desarrollo científico están estrechamente ligados a procesos productivos. La reducción de los datos empíricos a meros hechos, sin conexión con lo social, lo político y lo económico, es un método que hay que romper para poder realmente hacer teoría. La crítica debe caer tanto sobre la teoría como sobre el conocimiento.

“Bajo una visión marxista, la Teoría crítica presenta a la ciencia como un momento histórico que depende de relaciones de trabajo, es decir, que depende de las actividades del hombre en la historia. La actividad científica es histórica y no puede dejar de serlo” (13).

La ciencia también funciona como creadora de valores y cuando está al servicio del capital cumple un rol ideológico de primera magnitud. Pero este tipo de ideología, desde el análisis marxista, podemos denominarla como la táctica de representar lo irreal mediante una negación de lo real y haciendo de lo irreal lo real.

Así, en los momentos actuales, la caracterización de fascismo a todo el entramado alrededor de la pandemia, prometiendo un mundo feliz una vez hayamos acatado todas las órdenes y nos hayamos sometido al dictado de la técnica, hayamos clamado por más medicamentos –en lugar de más salud-, no es tanto un apelativo despectivo sin base analítica, sino un modo determinado de funcionamiento técnico e ideológico en el cual podríamos parafrasear las palabras de Marinetti, uno de los fundadores del fascismo italiano en los años 20 del siglo pasado: “Después del reino animal, he aquí que da inicio el reino mecánico. Con el conocimiento y la amistad de la materia, de la cual los científicos no pueden conocer más que las reacciones físico-químicas, nosotros preparamos la creación del hombre mecánico de refacciones intercambiables. Nosotros lo liberaremos de la idea de la muerte, y por ende, de la muerte misma, suprema definición de la inteligencia lógica” (14). Palabras nada alejadas de las pronunciadas con motivo de la concesión del premio Nobel de Quimica relativas a la posibilidad de “editar” personas humanas según las necesidades de la reproducción del capital.

Enfrentarnos hoy a esta gran ofensiva coordinada por Profetas, Científicos y Periodistas, no es tarea fácil. Los que nos arriesgamos a ello seremos anatematizados, perseguidos, acosados y condenados al fuego eterno, mientras que los mansos, los elegidos para este gran experimento de control social nos miraran a semejanza de lo escrito por Santo Tomás de Aquino en Summa Theologiae en referencia a los condenados a sufrir torturas en el infierno y a los que se ven libres de ellas: “… ut de his electi gaudeant, cum in his Dei iustitiam contemplantur, et dum se evasisse eas cognoscunt” (“… a fin de que los elegidos se regocijen frente a ellos, al contemplar en ellos la justicia de Dios y al reconocer que ellos han escapado a semejante destino”).

De forma similar, los modernos científicos tomistas junto a la tropa política que los acompaña, nos augoran un trágico destino a quienes no deseamos ser elegidos para las aventuras biotecnológicas de los modernos dioses científicos. Estudiemos, pensemos, razonemos, actuemos, y así tal vez nos salvemos.

(1) Zur kritik der instrumentellen vernunft. Mai 1967 S. Fischer Verlag, Frankfurt am Main
(2) Max Horkheimer, Observaciones sobre ciencia y crisis, en Teoría crítica, p. 15.
(3) Max Horkheimer. Crítica de la razón instrumental. Editorial Sur, 1973. Pág. 26.
(4) Íb. Pág. 52
(5) Víctor Gómez Pin. Reducción y combate del animal humano
(6) https://www.amazon.es/COVID-19-Gran-Reinicio-Klaus-Schwab/dp/2940631158/ref=pd_lpo_14_img_0/262-3963456-4170850?_encoding=UTF8&pd_rd_i=2940631158&pd_rd_r=66eb25ae-645d-4a98-b95b-4f119b9697c1&pd_rd_w=DQpJQ&pd_rd_wg=kbrUd&pf_rd_p=4221015a-01c7-4a3d-a84d-985d938e9995&pf_rd_r=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A&psc=1&refRID=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A
(7) https://news.bitcoin.com/a-look-at-the-fascist-agenda-behind-the-great-reset-and-the-wefs-reboot-propaganda/
(8) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 298
(9) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 380
(10) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 425
(11) Crítica de la razón instrumental. pág. 25
(12) Angelina Uzín Olleros. Ciencia neutra versus ciencia crítica
(13) http://www.agoraphilosophica.com/Agora29-30/agora29-30.florito.pdf
(14) Filippo Tommaso. Marinetti (Manifiesto técnico de la literatura futurista. Milán, 11 de mayo de 1912

(*) La imagen de portada corresponde a Matt Hancock, ministro británico de Sanidad

En Gamonal la juventud proletaria ha salido a las calles sin el beneplácito de una izquierda inoperante

A quienes vivimos en el barrio [de Gamonal] no nos pilla por sorpresa el fuego de anoche. La sensación de hartazgo generalizada, la impotencia, el sentirse a la merced de las decisiones de un gobierno que, amparado en la ciencia, ha aniquilado todas las libertades civiles, excepto la obligatoriedad el trabajo y el consumo. No cuestionando en modo alguno la producción capitalista, pero sí cualquier tipo de organización social o política.

No nos pilla por sorpresa que se haya extendido durante toda la noche por diferentes calles de todos los barrios de la ciudad.

No nos pilla por sorpresa que haya sido, precisamente, organizado por jóvenes. Porque es la misma juventud proletaria que en Madrid las semanas pasadas ha protagonizado una serie de movilizaciones denunciando la segregación de clase de los barrios así como una denuncia de la militarización de las calles y de las condiciones de vida a las que están siendo sometidos.

Juventud hacinada en pisos, que pagan a duras penas, en muchos de los casos gracias a la renta de los padres. Juventud congelada en institutos sin calefacción a 13º (como en el IES Enrique Florez cuyos alumnos salieron ayer a la calle en protesta). Juventud que tiene prohibido ver a sus amigos desde las 22h pero que puede estar repartiendo en moto pizzas hasta la madrugada.

Rápido corrieron algunos a llamarles “negacionistas”. A criminalizarles. A decir que “no es el momento”. O, en el caso de Vox, a intentar apropiárselo, obviando que, muchos de ellos son migrantes de segunda generación y que poco, o nada, se parece el discurso al suyo.

La juventud proletaria ha salido a las calles sin el beneplácito de una izquierda completamente inoperante y lejana de la realidad de los barrios. En los que, los discursos abstractos de “sanidad pública” o “república” quedan lejos de las necesidades diarias de la juventud.

Rápido Mañueco, el presidente de la junta dice que estos jóvenes no ayudan a luchar “contra un enemigo común que es el Covid”. Y no nos podemos más que reír. El mismo enemigo lo dice quien no ve las colas para el reparto de alimentos de las Redes de Solidaridad de clase, el mismo enemigo lo dice quien no ve las ordenes de desahucio que generan ataques de ansiedad constantes a las madres de esos chavales que han quemado todo. El enemigo siempre fue de clase Mañueco. Porque, mientras ustedes pasarán este nuevo confinamiento que se augura en sus chalets de barrios residenciales, en Gamonal esos jóvenes seguramente lo hagan en casas en las que la calefacción se enciende una hora al día para no gastar, casas que nunca parecen seguras, que siempre están bajo la amenaza de un desalojo.

Y si, seguramente estas movilizaciones no sean la panacea de nada. Pero la criminalización de la juventud proletaria no hace más que mostrarnos bajo qué intereses responde cada cual. Y curiosamente los del PP y la izquierda socialdemócrata han demostrado ser los mismos.

https://elcorro.org/2020/10/31/gamonal-en-llamas/

El síndrome de Pinocho

La conferencia pronunciada por el filósofo Carlos París el 17 de octubre de 2013 en el Ateneo de Madrid (del cual fue presidente desde 1997 hasta 2014), tenía por nombre “En la época de la mentira”. Nada más acertado, siete años después de la citada conferencia, para nombrar el esperpento que desde el pasado mes de marzo se está representando en el mundo, y particularmente en España.

Definió, Carlos París, la mentira como “decir o hacer algo que se sabe falso, con intención de engañar a una persona, a varias, o a todo un colectivo. Incluso, como hoy hacen tantos gobiernos, a la totalidad de la ciudadanía. El mentiroso no es un ignorante, sino un sapiente y, por ello, llega a ser alabado”. Nada más cercano a lo que diariamente vomitan los medios de comunicación, los portavoces de los gobiernos central y autonómicos, los dirigentes de los partidos y sindicatos ya sean de derechas o de izquierdas, profesionales a sueldo de las corporaciones farmacéuticas que se la dan de “científicos”, en definitiva una pléyade de embusteros de aquí a la China.

Podemos escuchar las voces de las izquierdas extraparlamentarias, y alguna de parlamentaria, acusando al gobierno de incompetente, ignorante, etc., expresando de este modo no una crítica radical a su actuación, sino una disculpa por la actuación de un ente incapacitado, y por lo tanto podríamos decir que en sintonía con él a pesar de las falsas apariencias de “oposición”.

En la misma conferencia, Carlos París aludía a Marcuse: “Marcuse pensaba que en el siglo XXI los recursos tecnológicos y comunicativos del poder para controlar a las masas llegarían a un extremo de hacer innecesario el uso de la violencia. En realidad, lo que se ha producido es una nefasta simbiosis entre ambos procederes”. Palabras proféticas cuando podemos constatar en la actualidad que además de la gran manipulación mediática en torno al tema de la pandemia, se han puesto en funcionamiento los aparatos represivos, judiciales, policiales y militares para aterrorizar a quienes todavía se atrevan a dudar de las mentiras oficiales.

¿Qué significa la solicitud de que los trabajadores se queden en casa para evitar su contagio? Significa, ni más ni menos que la asunción del fondo de la cuestión y la controversia en torno a la forma de llevarla a cabo. Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos que jamás se había conseguido tan alto grado de consenso alrededor del poder.

Avanzando un poco en el análisis del comportamiento de los voceros gubernamentales y sociales en el transcurso de la pandemia, tal vez podríamos otorgarles el calificativo de terrorismo, puesto que el terrorismo “explota radicalmente la lógica de lo sensacional y sólo funciona porqué el directo es el funcionamiento de los medios de comunicación” (1). Medios de comunicación o mejor dicho la industria mediática produce en masa objetos temporales “que tienen la característica de ser oídos o mirados simultáneamente por millones, a veces decenas, centenas e incluso miles de millones de “conciencias”, esta coincidencia temporal masiva domina la nueva estructura del acontecimiento a la que corresponden nuevas formas de conciencia y de inconsciencia colectivas” (2). Estaríamos pues ante una nueva dimensión del terrorismo, un terrorismo de Estado amparado por miles, millones de conciencias (o inconsciencias) coincidiendo en la extensión del terror.

¿Cómo ha sido posible la coordinación internacional en la que interviene en primer lugar la OMS, seguida del FMI, la OMC y distintos organismos de las Naciones Unidas? En una primera consideración decir que actualmente no existe una lucha de clases a nivel internacional caracterizada por unos adversarios que disponen de los aparatos de Estado. Lo que si existe es una feroz competencia a nivel mundial entre las economías más potentes y fuerzas militares más agresivas.

En esta contienda, para el control de los mercados, hace años se han disparado las producciones y con ellas una acumulación de todo tipo de productos que no disponían de la correlativa “demanda solvente”. Cientos de millones de personas precisan lo más elemental, como agua corriente y depurada, un mínimo de calorías y vitaminas alimentarias y unas condiciones higiénicas de sistemas de alcantarillado.

En todo el mundo, 3 de cada 10 personas, o 2100 millones de personas, no disponen de agua potable al hogar, y 6 de cada 10, o 4500 millones, no disponen de sistemas de saneamiento, según un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la UNICEF (3).

La instalación de un suministro de agua básico y un váter operativo, así como el mantenimiento de los mismos por un lapso de 10 años, puede costar no más de £70 por persona. Cerca de 315.000 vidas infantiles podrían ser salvadas cada año (4).

Las soluciones a las crisis de agua del mundo cuestan mucho menos del que se podría pensar. Una nueva investigación descubrió que asegurar el agua para nuestras sociedades para 2030 podría costar unos 29 centavos por persona, por día de 2015 a 2030 (5).

Enfermedades comunes relacionadas con el agua y el saneamiento: de diarrea, 1,8 millones de personas mueren anualmente a causa de esa enfermedad, más del 90 por ciento (1,6 millones) son niños y niñas menores de cinco años. Se registran más de 120.000 casos anuales de cólera. Alrededor de 400 millones de menores en edad escolar están infectados por ascárides comunes, tricocéfalos y/o anquilostomas. Hay unos 200 millones de personas afectadas por la esquistosomiasis, 20 millones de las cuales sufren consecuencias graves. Cada año se registran unos 12 millones de casos de fiebre tifoidea. Cada año se registran entre 300 millones y 500 millones de casos de paludismo en todo el mundo y la enfermedad causa cerca de un millón de muertes infantiles (6).

Pero la filantrópica Fundación Bill Gates, a través de Moderna, ya están elaborando una vacuna contra el SARS-Cov a un precio por dosis entre 25 y 30 dólares. Ahí está el negocio y no en la construcción de redes de alcantarillado y potabilización de agua.

La inversión para dotar de agua potable y saneamiento a toda la población que carece de ello desde el 2015 al 2030 es el equivalente al gasto oneroso mundial de publicidad previsto para el año 2024. “El gasto mundial en publicidad mantiene una constante de crecimiento que va de los 503.150 millones de dólares en 2012 a los 646.710 millones en 2019 y unas previsiones de 865.120 millones para el 2024” (7).

Hasta aquí llega el cinismo, la mentira, la falsificación de datos y la censura de cualquier investigación científica sobre la cacareada pandemia del SARS-Cov, no subordinada a los intereses de las grandes corporaciones. Hasta aquí llega la mano criminal de los anunciantes y propagandistas de nuevas vacunas, mientras niegan el agua a más de dos mil millones de personas, las cuales son consideradas como “excedente mundial humano”.

En un artículo escrito en 2017 hacía referencia al “Síndrome de Pedrarias”, libro escrito por Óscar René Vargas, en alusión a Pedro Arias de Ávila también llamado ”Furor Domini” que fue gobernador español en Nicaragua des de 1527 y 1531 el cual se caracterizaba por la fusión entre el gobierno, iglesia y ejército, ligado al nepotismo administrativo y judicial. A Pedro Arias de Ávila se le apellidaba “el de las tres tiaras” o coronas de poder: religioso, civil y militar. Hoy podríamos añadir una cuarta y quinta tiara: los medios de comunicación y los científicos mercenarios. El poeta Julio Valle en la introducción del ensayo de Óscar René Vargas escribía: “El soñador fácilmente despierta y se reconoce gozando con el síndrome de pedrarias y se abandona sin vergüenza a realizarlo”.

En la actualidad, junto al “Síndrome de Pedrarias” tenemos una epidemia del “Síndrome de Pinocho”, conocido también como “mentira patológica” y “mitomanía”, es el que padecen quienes mienten consciente y compulsivamente para conseguir un beneficio, utilizando cualquier relato fuera de la racionalidad. Síndrome extensamente arraigado, como se está demostrando en el quehacer político diario. Evidentemente, ni el mitómano individual ni el político van a reconocer que mienten, es más, acaban creyendo sus propias mentiras. La única vacuna contra estos síndromes se llama lucha de clases, y está desaparecida de las estanterias de los supermercados poíticos.

Nietzsche dijo que el mentiroso es aquel que usa las palabras para hacer que lo irreal parezca real. La mentira no se derrota en teoría. Se derrota en la práctica.

“Mentir es un arte, y para ser creíble la mentira debe parecer aceptable y organizarse de una manera racional” (8).

(1) Bernard Stiegler. La técnica y el tiempo. Vol.2, pág. 210
(2) íb. Pág. 370
(3) https://www.who.int/es/news/item/12-07-2017-2-1-billion-people-lack-safe-drinking-water-at-home-more-than-twice-as-many-lack-safe-sanitation
(4) https://www.wateraid.org/us/sites/g/files/jkxoof291/files/Water%20At%20What%20Cost%20report%20Spanish.pdf
(5) https://www.wri.org/blog/2020/01/cost-to-solve-global-water-crisis
(6) https://www.unicef.org/spanish/wash/wes_related.html
(7) https://es.statista.com/estadisticas/600877/gasto-mundial-en-publicidad/
(8) https://www.isep.es/actualidad-psicologia-clinica/autoengano-mecanismo-doble-filo/

Lo bueno, si breve, Monterroso

Y es que la brevedad y la concisión, casi rozando el laconismo ágrafo, son los rasgos estilísticos fundamentales -gran lector de Gracián- del guatemalteco, aunque nacido en Tegucigalpa, Augusto Monterroso (1921-2003), por contraste con el torrente verbal que supone o se asocia con, como lo llamó Ángel Rama, mito del tropicalismo literario.

Autor de cuentos breves y una novela, es sin duda el género de la fábula en el que Monterroso se desenvuelve como pez en el agua. Si las fábulas de Esopo, Fedro, Samaniego, La Fontaine o Iriarte tienen una intención moral -con su moraleja-, de mejoramiento de las costumbres, Monterroso disuelve el género fingiendo su respeto disciplinado. El autor ni por asomo trata de renovar el género, sólo propone un juego de inteligencia y de non-sense (lo ilógico, lo absurdo que a veces le tienta y puede incluso que traicione su intención primera), y para ello no duda en reciclar antiguas fábulas como la de Aquiles y la tortuga o la de una coqueta Penélope con el cuento de tejer y destejer esperando a Ulises.

Monterroso, el fabuloso Monterroso, parte del axioma, hasta ahora no desmentido, según el cual en la sátira ningún lector se reconoce a sí mismo, sino al vecino. Sus fábulas, como dijera García Márquez, muerden.

Recogeremos estos días algunas de ellas de su obra.

Obras completas (y otros cuentos)
La Fe y las montañas

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe empezó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.

La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen por lo general en su sitio.

Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un ligerísimo atisbo de Fe.

La tela de Penélope, o quién engaña a quién

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas. Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.

De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

La tortuga y Aquiles

Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta.

En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones.

En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.

Monólogo del Mal

Un día el Mal se encontró frente a frente con el Bien y estuvo a punto de tragárselo para acabar de una buena vez con aquella disputa ridícula; pero al verlo tan chico el Mal pensó: “Esto no puede ser más que una emboscada; pues si yo ahora me trago al Bien, que se ve tan débil, la gente va a pensar que hice mal, y yo me encogeré tanto de vergüenza que el Bien no desperdiciará la oportunidad y me tragará a mí, con la diferencia de que entonces la gente pensará que él sí hizo bien, pues es difícil sacarla de sus moldes mentales consistentes en que lo que hace el Mal está mal y lo que hace el Bien está bien”.

Y así el Bien se salvó una vez más.

Monólogo del Bien

“Las cosas no son tan simples -pensaba aquella tarde el Bien- como creen algunos niños y la mayoría de los adultos”.

“Todos saben que en ciertas ocasiones yo me oculto detrás del Mal, como cuando te enfermas y no puedes tomar un avión y el avión se cae y no se salva ni dios; y que a veces, por lo contrario, el Mal se esconde detrás de mí, como aquel día en que el hipócrita Abel se hizo matar por su hermano Caín para que éste quedara mal con todo el mundo y no pudiera reponerse jamás.

Las cosas no son tan simples”.

(Continuará)

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