El síndrome de Pinocho

La conferencia pronunciada por el filósofo Carlos París el 17 de octubre de 2013 en el Ateneo de Madrid (del cual fue presidente desde 1997 hasta 2014), tenía por nombre “En la época de la mentira”. Nada más acertado, siete años después de la citada conferencia, para nombrar el esperpento que desde el pasado mes de marzo se está representando en el mundo, y particularmente en España.

Definió, Carlos París, la mentira como “decir o hacer algo que se sabe falso, con intención de engañar a una persona, a varias, o a todo un colectivo. Incluso, como hoy hacen tantos gobiernos, a la totalidad de la ciudadanía. El mentiroso no es un ignorante, sino un sapiente y, por ello, llega a ser alabado”. Nada más cercano a lo que diariamente vomitan los medios de comunicación, los portavoces de los gobiernos central y autonómicos, los dirigentes de los partidos y sindicatos ya sean de derechas o de izquierdas, profesionales a sueldo de las corporaciones farmacéuticas que se la dan de “científicos”, en definitiva una pléyade de embusteros de aquí a la China.

Podemos escuchar las voces de las izquierdas extraparlamentarias, y alguna de parlamentaria, acusando al gobierno de incompetente, ignorante, etc., expresando de este modo no una crítica radical a su actuación, sino una disculpa por la actuación de un ente incapacitado, y por lo tanto podríamos decir que en sintonía con él a pesar de las falsas apariencias de “oposición”.

En la misma conferencia, Carlos París aludía a Marcuse: “Marcuse pensaba que en el siglo XXI los recursos tecnológicos y comunicativos del poder para controlar a las masas llegarían a un extremo de hacer innecesario el uso de la violencia. En realidad, lo que se ha producido es una nefasta simbiosis entre ambos procederes”. Palabras proféticas cuando podemos constatar en la actualidad que además de la gran manipulación mediática en torno al tema de la pandemia, se han puesto en funcionamiento los aparatos represivos, judiciales, policiales y militares para aterrorizar a quienes todavía se atrevan a dudar de las mentiras oficiales.

¿Qué significa la solicitud de que los trabajadores se queden en casa para evitar su contagio? Significa, ni más ni menos que la asunción del fondo de la cuestión y la controversia en torno a la forma de llevarla a cabo. Podríamos decir, sin miedo a equivocarnos que jamás se había conseguido tan alto grado de consenso alrededor del poder.

Avanzando un poco en el análisis del comportamiento de los voceros gubernamentales y sociales en el transcurso de la pandemia, tal vez podríamos otorgarles el calificativo de terrorismo, puesto que el terrorismo “explota radicalmente la lógica de lo sensacional y sólo funciona porqué el directo es el funcionamiento de los medios de comunicación” (1). Medios de comunicación o mejor dicho la industria mediática produce en masa objetos temporales “que tienen la característica de ser oídos o mirados simultáneamente por millones, a veces decenas, centenas e incluso miles de millones de “conciencias”, esta coincidencia temporal masiva domina la nueva estructura del acontecimiento a la que corresponden nuevas formas de conciencia y de inconsciencia colectivas” (2). Estaríamos pues ante una nueva dimensión del terrorismo, un terrorismo de Estado amparado por miles, millones de conciencias (o inconsciencias) coincidiendo en la extensión del terror.

¿Cómo ha sido posible la coordinación internacional en la que interviene en primer lugar la OMS, seguida del FMI, la OMC y distintos organismos de las Naciones Unidas? En una primera consideración decir que actualmente no existe una lucha de clases a nivel internacional caracterizada por unos adversarios que disponen de los aparatos de Estado. Lo que si existe es una feroz competencia a nivel mundial entre las economías más potentes y fuerzas militares más agresivas.

En esta contienda, para el control de los mercados, hace años se han disparado las producciones y con ellas una acumulación de todo tipo de productos que no disponían de la correlativa “demanda solvente”. Cientos de millones de personas precisan lo más elemental, como agua corriente y depurada, un mínimo de calorías y vitaminas alimentarias y unas condiciones higiénicas de sistemas de alcantarillado.

En todo el mundo, 3 de cada 10 personas, o 2100 millones de personas, no disponen de agua potable al hogar, y 6 de cada 10, o 4500 millones, no disponen de sistemas de saneamiento, según un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de la UNICEF (3).

La instalación de un suministro de agua básico y un váter operativo, así como el mantenimiento de los mismos por un lapso de 10 años, puede costar no más de £70 por persona. Cerca de 315.000 vidas infantiles podrían ser salvadas cada año (4).

Las soluciones a las crisis de agua del mundo cuestan mucho menos del que se podría pensar. Una nueva investigación descubrió que asegurar el agua para nuestras sociedades para 2030 podría costar unos 29 centavos por persona, por día de 2015 a 2030 (5).

Enfermedades comunes relacionadas con el agua y el saneamiento: de diarrea, 1,8 millones de personas mueren anualmente a causa de esa enfermedad, más del 90 por ciento (1,6 millones) son niños y niñas menores de cinco años. Se registran más de 120.000 casos anuales de cólera. Alrededor de 400 millones de menores en edad escolar están infectados por ascárides comunes, tricocéfalos y/o anquilostomas. Hay unos 200 millones de personas afectadas por la esquistosomiasis, 20 millones de las cuales sufren consecuencias graves. Cada año se registran unos 12 millones de casos de fiebre tifoidea. Cada año se registran entre 300 millones y 500 millones de casos de paludismo en todo el mundo y la enfermedad causa cerca de un millón de muertes infantiles (6).

Pero la filantrópica Fundación Bill Gates, a través de Moderna, ya están elaborando una vacuna contra el SARS-Cov a un precio por dosis entre 25 y 30 dólares. Ahí está el negocio y no en la construcción de redes de alcantarillado y potabilización de agua.

La inversión para dotar de agua potable y saneamiento a toda la población que carece de ello desde el 2015 al 2030 es el equivalente al gasto oneroso mundial de publicidad previsto para el año 2024. “El gasto mundial en publicidad mantiene una constante de crecimiento que va de los 503.150 millones de dólares en 2012 a los 646.710 millones en 2019 y unas previsiones de 865.120 millones para el 2024” (7).

Hasta aquí llega el cinismo, la mentira, la falsificación de datos y la censura de cualquier investigación científica sobre la cacareada pandemia del SARS-Cov, no subordinada a los intereses de las grandes corporaciones. Hasta aquí llega la mano criminal de los anunciantes y propagandistas de nuevas vacunas, mientras niegan el agua a más de dos mil millones de personas, las cuales son consideradas como “excedente mundial humano”.

En un artículo escrito en 2017 hacía referencia al “Síndrome de Pedrarias”, libro escrito por Óscar René Vargas, en alusión a Pedro Arias de Ávila también llamado ”Furor Domini” que fue gobernador español en Nicaragua des de 1527 y 1531 el cual se caracterizaba por la fusión entre el gobierno, iglesia y ejército, ligado al nepotismo administrativo y judicial. A Pedro Arias de Ávila se le apellidaba “el de las tres tiaras” o coronas de poder: religioso, civil y militar. Hoy podríamos añadir una cuarta y quinta tiara: los medios de comunicación y los científicos mercenarios. El poeta Julio Valle en la introducción del ensayo de Óscar René Vargas escribía: “El soñador fácilmente despierta y se reconoce gozando con el síndrome de pedrarias y se abandona sin vergüenza a realizarlo”.

En la actualidad, junto al “Síndrome de Pedrarias” tenemos una epidemia del “Síndrome de Pinocho”, conocido también como “mentira patológica” y “mitomanía”, es el que padecen quienes mienten consciente y compulsivamente para conseguir un beneficio, utilizando cualquier relato fuera de la racionalidad. Síndrome extensamente arraigado, como se está demostrando en el quehacer político diario. Evidentemente, ni el mitómano individual ni el político van a reconocer que mienten, es más, acaban creyendo sus propias mentiras. La única vacuna contra estos síndromes se llama lucha de clases, y está desaparecida de las estanterias de los supermercados poíticos.

Nietzsche dijo que el mentiroso es aquel que usa las palabras para hacer que lo irreal parezca real. La mentira no se derrota en teoría. Se derrota en la práctica.

“Mentir es un arte, y para ser creíble la mentira debe parecer aceptable y organizarse de una manera racional” (8).

(1) Bernard Stiegler. La técnica y el tiempo. Vol.2, pág. 210
(2) íb. Pág. 370
(3) https://www.who.int/es/news/item/12-07-2017-2-1-billion-people-lack-safe-drinking-water-at-home-more-than-twice-as-many-lack-safe-sanitation
(4) https://www.wateraid.org/us/sites/g/files/jkxoof291/files/Water%20At%20What%20Cost%20report%20Spanish.pdf
(5) https://www.wri.org/blog/2020/01/cost-to-solve-global-water-crisis
(6) https://www.unicef.org/spanish/wash/wes_related.html
(7) https://es.statista.com/estadisticas/600877/gasto-mundial-en-publicidad/
(8) https://www.isep.es/actualidad-psicologia-clinica/autoengano-mecanismo-doble-filo/

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