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Categoría: Memoria Histórica (página 19 de 37)

Los revolucionarios siempre molestan

Este mes de abril se cumplen veintinueve años del asesinato de Chris Hani (10 de abril de 1993), secretario general del Partido Comunista Sudafricano y líder de la organización militar del CNA. Un asesinato nunca investigado a fondo y que se saldó con la detención y condena de un par de monigotes de extrema derecha sin querer ir más allá en las responsabilidades políticas, ya que éstas podrían poner al descubierto una inmensa trama tanto nacional como internacional involucrada en la “transición” sudafricana. Transición que dejó incólume el poder económico de los colonialistas blancos y así después de veintisiete años de teórica democracia, la vida de millones de proletarios negros no ha cambiado substancialmente.

¿En qué contexto mundial fue asesinado Hani?

La intervención de Chevardnadze, Ministro de Asuntos Exteriores de la URSS en 1988 en la Asamblea General de la ONU dejó claro que “los desacuerdos ideológicos deben ser excluidos de la política exterior y de la diplomacia” (1).

O en la entrevista concedida a Pravda por el académico Primakov, Presidente del Instituto de Relaciones Internacionales del PCUS con motivo del Encuentro Internacional “Asia-Pacífico: Diálogo, paz, cooperación” en relación a Kampuchea y Sudáfrica: “Somos partidarios de la reconciliación nacional y de la formación de gobiernos de coalición”.

A finales de octubre de 1988, M.Khatchatourov, vicepresidente de la agencia Novosti integrante de una delegación soviética en una gira por África austral, “rechazó la teoría “del todo o nada” en la lucha contra el apartheid y respaldó las negociaciones entre el Presidente Botha y los dirigentes africanos” (2). Obtuvo una respuesta de un editorialista del periódico zimbabuense The Herald: “Parece que la posición de la Unión Soviética ya no coincide con la posición de África sobre el aislamiento de Sudáfrica. Por el bien de la paz mundial, África debería capitular ante un apartheid reformado. Nuestro eminente colega parece olvidar que el régimen del apartheid se niega a abandonar el racismo” (3).

Andrei S. Pokrovski, responsable de los países de África austral en el Instituto de Estudios Africanos de Moscú afirmaba: “El gobierno de África del Sur y la ANC (Consejo Nacional Africano) aceptan que deben encontrar una solución al problema del apartheid. Las condiciones están a punto de florecer por la apertura de conversaciones aunque no haya unidad entre negros y blancos… El problema de la libertad de la población negra no puede resolverse de golpe, debe ser por etapas” (4).

La Unión Soviética en 1988 estableció relaciones diplomáticas de bajo nivel con Sudáfrica y firmó un acuerdo por cinco mil millones de dólares con la gigantesca empresa diamantífera De Beers, pese a la retórica de Moscú de adhesión a las sanciones y su apoyo al CNA.

En julio de 1991, EEUU decidió eliminar la Ley Anti-Apartheid. La OUA consideró en admitir a Sudáfrica, mientras que Kenia y Madagascar anunciaron que mejorarían los lazos comerciales y de transportes con Pretoria “como un gesto en apoyo a De Klerk”. La Comunidad Europea levantó su proscripción voluntaria sobre nuevas inversiones en Sudáfrica. Igualmente actuaron Dinamarca y Suecia.

En 1992, el gobierno sudafricano perpetró dos grandes masacres de población civil negra: La Masacre de Boipatong el 17 de junio y la Masacre de Bisho que tuvo lugar el 7 de septiembre con un resultado de centenares de asesinados (5)(6).

Este hecho llevó a que se suspendieran temporalmente las negociaciones entre gobierno y CNA, pero además en el interior del CNA se iban imponiendo las posiciones que reclamaban la vuelta e intensificación de la lucha armada contra el régimen del apartheid. Posiciones encabezadas por Chris Hani y Winfreda Madikizela “Winnie”. A pesar de ello Mandela y De Klerk suscribieron un “Registro de Entendimiento” el 26 de septiembre de 1992, según el cual ambas partes volverían a las negociaciones en marzo de 1993 para acordar un consenso en la participación de la transición y formular principios constitucionales.

Pero la oposición de una cada vez mayor de la militancia del CNA, de su brazo militar y del Partido comunista, ponían en tela de juicio la bondad de dichas negociaciones, tal como se constató posteriormente. Y es en este contexto que se produce el asesinato de Chris Hani cuyo papel político y líder en la lucha contra el apartheid ya estaba a punto de superar a Mandela.

Así, con el camino despejado, el 15 de octubre de 1993 se concedió el Premio Nobel de la Paz al presidente del CNA, Nelson Mandela y al presidente de Sudáfrica, Frederik De Klerk. Y el 18 de noviembre se firmó una constitución interina y un plan quinquenal para un gobierno de unidad nacional a elegir en 1994 (7).

Constitución que permitiría a los negros expulsados de sus hogares bajo el apartheid solicitar un pequeño pago gubernamental en concepto de reparación. Pero garantizaba a los propietarios de tierras y las empresas de los blancos que el gobierno no tomaría sus propiedades sin indemnizarles totalmente, y afectando solamente aquellas tierras o minas que estuvieran abandonadas, con lo cual daba protección constitucional a los que disponían la mejor y mayor parte de la riqueza del país. También, se garantizaba a los blancos que tendrían una cantidad mínima de escaños en los consejos municipales, sin importar cuán pequeño fuera su porcentaje de votos. Y acuerdos informales garantizaban que el ejército, la policía y la burocracia permanecerían en manos de la minoría blanca con el objetivo de impedir que los opositores de los acuerdos utilizaran la lucha armada.

Nabandle Nomzamo Winfreda Madikizela ‘Winnie’

También este mes de abril es el cuarto aniversario del fallecimiento de Nabandle Nomzamo Winfreda Madikizela “Winnie” (2 de abril de 2018) que como Hani criticó el acuerdo de Nelson Mandela con los dirigentes blancos para poner fin a la segregación en Sudáfrica: “Mandela nos abandonó, el acuerdo es malo para los negros”. Estas palabras de Winnie la convirtieron en un estorbo para el CNA. «Ella nos dio su vida y compromiso. Ella no traicionó nuestra lucha», dijo Jessie Duarte, vicesecretario general del Congreso Nacional Africano a raíz de su fallecimiento (8).

El veterano de la lucha Kingsley Makhubela considera a Madikizela una figura “que fue deshumanizada y tratada injustamente, pero estoy feliz de que la gente esté empezando a juzgarla muy justamente”. Lindiwe Hani, hija de Chris Hani, dijo que ayudó a empoderar a las mujeres de Sudáfrica. «Umama Winnie no necesita defensa. Sus acciones son la razón por la que puedo estar aquí como una mujer negra independiente, fuerte y sin complejos. No solo mantuvo el fuego del hogar encendido, recogió la leña y encendió el fuego. No tenía miedo» (9).

Frente a un Nelson que aceptó dejar las tierras y las minas sudafricanas en manos de la minoría blanca, se erigió una Winnie que mantuvo, alto y claro, que el apartheid no desaparecería mientras la riqueza del país siguiera concentrada en manos de la minoría. Exigía una nacionalización sin compensaciones de las tierras que los arrendadores blancos les habían expoliado.

A riesgo de granjearse la cólera de sus compañeros de partido, se convirtió en la portavoz de millones de sudafricanos que, desde sus chabolas, acusaban a los altos cargos del CNA de haberse aliado con la oligarquía blanca para poder explotarlos mejor. La voz de Winnie tenía más autoridad que ninguna para juzgar la acción de los dirigentes en las zonas más pobres. De ahí que gozara de tanta popularidad entre los más desfavorecidos, a pesar de las campañas de destrucción mediática y difamación no solamente en Sudáfrica, sino en todo el mundo occidental. Tan solo basta con leer los denigrantes panfletos escritos en todos los periódicos españoles, europeos y norteamericanos a raíz de su fallecimiento.

En una entrevista concedida al periodista francés François Soudan en septiembre de 2017, Winnie declaraba: “Mandela y yo hemos tenido numerosos desacuerdos. Desde el principio, él y sus allegados han cometido errores en las negociaciones sobre el poder de los blancos, errores cuyo precio estamos pagando ahora. Por ejemplo, el problema de las tierras. ¿En nombre de quién deberíamos pagar para volver a comprar lo que nos arrebataron a la fuerza? Y, ¿con qué dinero? El capital aún está en manos de la minoría blanca. No ha cambiado nada”.

Winnie tenía razón, puesto que más de un cuarto de siglo después de la abolición del apartheid, Sudáfrica seguía y sigue siendo propiedad de la minoría blanca: controla más del 73 % del territorio y casi la totalidad de las minas. El paro afecta al 35 % de la población, básicamente negra y a más de un 50 % de sus jóvenes.

Julius Malema, el exdirigente de la Liga Juvenil del CNA, que fue destituido por exigir la nacionalización de las tierras y de las minas concentradas en manos de la oligarquía, le rindió homenaje con estas palabras: «Ya que Mama Winnie, vivía con su pueblo y ya que nunca lo ha traicionado, le fue otorgado el título de Madre de la Nación. Alguien que jamás miró por encima del hombro a los negros y a las masas pobres” (10).

Dulcie Evonne September

Unos años antes, el 29 de marzo de 1988 fue asesinada en París la representante para Europa del Consejo Nacional Africano, Dulcie Evonne September. ¿Por qué fue asesinada? ¿Quién se benefició de su asesinato? ¿Por qué sus asesinos andan libres? ¿Por qué nunca el nuevo gobierno sudafricano ha abierto una investigación al respecto después de tantos años?

El impresionante trabajo de investigación periodística “Apartheid Guns and Money: A tale of profit“ (11), de Hennie van Vuuren revela que el asesinato de Dulcie intenta enmascarar una red de traficantes de armas, espías, políticos, corporaciones y banqueros.

Tras el asesinato de Dulcie September, el CNA se apresuró a instalar a un nuevo hombre en su antiguo puesto. Solly Smith, también conocido como Samuel Khanyile, que debía continuar el trabajo de Dulcie, pero posteriormente se averiguó que era un agente del Gobierno sudafricano. ¿Se colocó un agente doble en su oficina inmediatamente después de su asesinato para deshacer todo su trabajo de investigación del siniestro mundo de los políticos, espías, traficantes de armas y banqueros?

Según los documentos de archivo encontrados por Open Secrets aportan importantes pistas así como las notas personales de Dulcie September que no fueron confiscadas por las agencias de inteligencia y los agentes dobles. A través de ellas se confirma que investigaba las turbias redes de especuladores enriquecidos con el apartheid. Las pruebas actuales sugieren que Dulcie estaba investigando partes de esta siniestra trama poco antes de su asesinato. Si hubiera tenido éxito, las consecuencias habrían sido nefastas para empresarios, plutócratas, banqueros y políticos por igual, tanto de Sudáfrica como de Europa.

El papel de Dulcie September en la lucha ha sido borrado por muchos. No puede decirse lo mismo del empresario, banquero y político racista belga André Vlerick, profesor de economía en la Universidad de Lovaina y en la de Gante. Fundador de Protea (12), una organización belga de extrema derecha pro-apartheid que vendía armas al gobierno sudafricano y blanqueaba el dinero de dichas ventas a través del KredietBank (13). Además de Protea en Bélgica, creó “organizaciones hermanas” en Austria, Gran Bretaña, Dinamarca, Francia, Italia, Países Bajos, Suiza y Alemania Occidental. Y sin embargo su nombre figura actualmente entre los destacados prohombres belgas, sin el menor rubor, a imagen y semejanza de Leopoldo II, el gran genocida del Congo.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC) convocó en su momento una audiencia institucional especial de tres días sobre la colaboración del sector empresarial con el régimen del apartheid, incluido el suministro de armas, bienes y servicios utilizados con fines represivos. Aunque la CVR constató que «la mayoría de las empresas se beneficiaron de operar en un contexto racialmente estructurado» no se tomó ninguna medida al respecto, y con ello se enterraba definitivamente cualquier investigación sobre el asesinato de Dulcie Evonne September.

Como otros muchos revolucionarios en cualquier parte del mundo, o tan sólo personas que han intentado luchar sin descanso contra la explotación y el stato quo, sus nombres han sido denigrados o borrados de la memoria. Estas pequeñas líneas sirvan para denunciar la propaganda capitalista y rendir un pequeño homenaje a quienes no se han rendido y recuperar su memoria.

(1) Pravda 28 de septiembre de 1988
(2) Sunday Mail. Harare, 23 de octubre 1988
(3) The Herald, Zimbabwe, 27 de octubre 1988
(4) Alain Gresh. La diplomatie soviétique à l’épreuve. Le paix des grands, l’espoir des pauvres. La Découverte.1989. Pág. 165
(5) https://www.sahistory.org.za/article/boipatong-massacre-17-june-1992
(6) https://www.sahistory.org.za/article/bisho-massacre-1992
(7) El Fin Del Apartheid En Sudafrica. Augusto Hernández Campos. Profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lima.
(8) https://www.aa.com.tr/es/mundo/miles-de-sudafricanos-rinden-tributo-a-winnie-mandela/1115419
(9) https://www.voanoticias.com/noticias-internacional/madikizela-mandela-continua-su-lucha
(10) https://www.investigaction.net/fr/winnie-mandela-portrait-interdit/
(11) https://www.hurstpublishers.com/book/apartheid-guns-and-money/
(11) https://www.dailymaverick.co.za/article/2017-08-28-declassified-apartheid-profits-andr-vlerick-banker-and-bigot/
(12) https://derijkstebelgen.be/nieuws/kb-lux-en-verborgen-kant-andre-vlerick

 

 

Los nazis no pudieron descifrar los códigos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, los oficiales soviéticos de cifrado fueron uno de los activos humanos de combate más importantes y los nazis estaban desesperados por capturarlos. “Quien capture a un oficial de cifrado ruso o incaute equipo criptográfico ruso recibirá una Cruz de Hierro y vacaciones en casa, trabajo en Berlín, y después de la guerra una finca en Crimea”, podía leerse en una orden emitida por Adolf Hitler en agosto de 1942. Esa orden nunca llegó a buen puerto.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los rompecódigos enemigos fueron incapaces de leer un solo mensaje cifrado soviético de los que lograron interceptar. El sistema de cifrado podría ser vulnerable sólo en un caso: si los descifradores tuvieran acceso al equipo de cifrado o a las claves del cifrado. Sin embargo, los oficiales soviéticos de cifrado se comportaron como verdaderos héroes y los códigos no estuvieron en peligro en gran medida gracias a su coraje.

En su artículo “La protección de la información de los partisanos soviéticos durante la Gran Guerra Patria”, el especialista en criptografía ruso, Dmitri Larin, dice que “de acuerdo con las instrucciones recibidas, los oficiales soviéticos de cifrado recibían protección fiable, además, normalmente tenían un bote con gasolina cerca y una granada siempre a mano, para que si el enemigo se acercaba pudieran destruir los documentos, el equipo y a sí mismos”.

Se lanzó una verdadera cacería de oficiales soviéticos de cifrado para obtener sus equipos y códigos. Como resultado, muchos de ellos resultaron muertos. El historiador ruso, V. A. Anfilov, escribe que “los criptógrafos de la embajada de la URSS en Alemania fueron los primeros en ser atacados. El 22 de junio de 1941 lograron quemar con urgencia lo más importante que poseían: los códigos”.

“Aquel mismo día, las SS irrumpieron en el edificio de la Embajada soviética en Berlín. El oficial de cifrado de la misión comercial soviética, Nikolai Logachov, se las arregló para atrincherarse en una de las habitaciones y quemó todos los códigos, apenas logrando mantenerse consciente en mitad del denso humo creado. Los nazis consiguieron echar la puerta abajo, pero era demasiado tarde: todos los códigos habían sido destruidos. Logachov fue capturado, pero luego fue intercambiado por empleados de las misiones diplomáticas alemanas en Moscú”.

Los oficiales de cifrado mostraron un verdadero heroísmo protegiendo los códigos. La trágica historia de la muerte de la operadora de radio, Elena Stempkovskaia, fue publicada en el periódico del Ejército Rojo: “Los alemanes se dirigieron al puesto de mando del batallón. Se fijaron en la operadora de radio y corrieron hacia ella. Elena cogió una carabina… mató a dos alemanes. Pero los nazis se abalanzaron sobre Stempkovskaia y la capturaron. Los nazis torturaron a la joven durante toda una noche, pero Elena se mantuvo callada. La obligaron a caminar por las calles, mientras se burlaban de ella y entonces le cortaron las manos”.

Cada mensaje enviado en el frente tenía un código separado desarrollado exclusivamente para este que nunca se repetía. Como el enemigo no tenía acceso a ese sistema de cifrado, prácticamente nunca pudo descifrar las comunicaciones soviéticas de primera línea.

El cifrado se utilizó para transmitir todas las comunicaciones secretas durante la guerra: el cuartel general del Ejército recibía hasta 60 telegramas diarios, mientras que en el cuartel general del frente la media fue de hasta 400 telegramas diarios.

En el frente, se utilizaron máquinas de cifrado y telefonía secreta. La máquina de cifrado M-101 Izumrud (Esmeralda), creada en 1942, era considerada el dispositivo criptográfico más fiable, por lo que se utilizaba para cifrar mensajes de especial importancia.

Además de la Izumrud, los oficiales soviéticos de cifrado en el frente también usaban la máquina Sobol-P. Según el historiador Dmitri Larin, ese era el dispositivo más sofisticado para la transmisión segura de información, y no tenía equivalentes en el extranjero. Los primeros dispositivos se enviaron a Stalingrado. Las Sobol-P permitieron establecer comunicación a través de un canal de radio en lugar de las líneas telefónicas, que podían ser fácilmente destruidas o interceptadas por el enemigo. Descifrar un sistema de cifrado de voz para comunicaciones de radio cerradas era extremadamente difícil.

En sus memorias, famosos comandantes de la Segunda Guerra Mundial escribieron que sin los criptógrafos no habrían ganado las batallas. El comandante militar soviético, Gueorgui Zhukov, conocido como “el mariscal de la Victoria”, escribió que el excelente trabajo de los oficiales de cifrado le había ayudado a ganar más de una batalla, mientras que el mariscal Iván Konev, que liberó Ucrania, Moldavia, Rumanía, Polonia, Checoslovaquia y participó en las operaciones de Berlín y Praga, escribió en sus memorias: “Debemos rendir homenaje a nuestro equipo y a nuestros encargados de comunicaciones, que aseguraron estas y en cualquier situación acompañaron literalmente a cada paso a cualquiera que se suponía debía utilizarlas”.

https://es.rbth.com/historia/83771-nazis-no-pudieron-descifrar-codigos-sovieticos-segunda-guerra-mundial

Se cumplen 81 años del atentado contra el periódico del Partido Comunista de Suecia

El 3 de marzo de 1940 tuvo lugar el atentado en la ciudad de Lulea, 900 kilómetros al norte de Estocolmo, a orillas del mar Báltico. Los explosivos de trotyl estallaron a las 3 de la madrugada. Destruyeron totalmente las instalaciones de la imprenta del “Norrskensflamma” (La Luz de la Aurora Boreal).

De la gente que estaba en las instalaciones algunos se salvaron, pero 5 personas murieron en el incendio. Las víctimas mortales fueron el miembro del comité central Arthur Hellberg y su esposa Alice con su hija de 8 años Maj. También murió la cajera de la juventud comunista Svea Granberg y su hijo de 12 años Torgny.

El esposo de Svea, Valdemar Granberg estaba en Storsien donde había un campo de trabajo forzado para presos políticos donde en esa época tenían confinados a comunistas y sindicalistas considerados un peligro para las concesiones que Suecia le daba a la Alemania nazi.

Los que hicieron el atentado fueron 5 personas, un periodista del diario de derecha Norrbottenkuriren, 3 subtenientes y un soldado, todos nazis. Luego fueron condenados a 6 y 7 años. Uno de ellos murió en la cárcel en 1941 y los otros fueron indultados en 1944 y 1945. Sin embargo, los autores intelectuales y que organizaron el atentado como el fiscal y jefe de policía de Lulea Ebbe Hallberg no fueron juzgados.

El atentado fue parte del ataque a los comunistas en Suecia en esa época. Los comunistas tenían que ser silenciados a cualquier precio. Tenían lugar persecuciones, razias y confinamientos en campos de trabajo forzado entre otras cosas. Tanto la prensa de derecha como la socialdemócrata alentaban los ataques contra los comunistas.

Incluso después del atentado se burlaron de las víctimas y un diario de derecha lo califico de auto atentado. En ese momento Finlandia era aliada a la Alemania nazi y estaba en guerra con la Unión Soviética. Finlandia tenía como presidente a Kyosti Kallio, el primer ministro era Risto Ryty y estaba bajo el mando militar del mariscal Gustav Mannerheim quien durante la guerra civil en Finlandia en 1919 asesinó a infinidad de trabajadores, comunistas y socialistas.

El 30 de noviembre de 1939 la Unión Soviética había atacado Finlandia para asegurar el área que rodeaba a Leningrado y defender así la ciudad ante el seguro ataque de la Alemania nazi. Fue lo que se llamó la guerra de invierno, vinterkrig. Duró del 30 de noviembre de 1939 al 13 de marzo de 1940. En Suecia estaba la campaña para alistar voluntarios para lucha contra la Unión Soviética en dicha guerra de invierno a la que, por supuesto, los comunistas suecos se oponían. Los autores del atentado habían sido voluntarios a la guerra contra la Unión Soviética.

En el centro de Lulea se inauguró en 1998, casi 60 años después del atentado, un monumento a las victimas realizado por la artista Toivo Lundmark.

https://suramericapress.com/81-anos-del-atentado-al-periodico/

‘La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina’

Miami, Florida 21 de setiembre de 1979. A las 7:00 de la noche, una camioneta espera al agente cubano de la CIA Antonio Veciana, cerca de su casa. Aunque Veciana siempre cambia de camino cada día para evitar sorpresas, dos desconocidos encuentran el momento adecuado y le disparan varias veces. Una de las balas calibre 45 se aloja en el estómago y otra en la cabeza. Veciana logra recuperarse en un hospital. Sospecha de la CIA y de Fidel Castro. Su hija, periodista de The Miami News, solo puede sospechar de Fidel Castro, que es lo único que conoce y sobre lo único que ha escuchado toda su vida.

Cuando en 1971 el intento de asesinar a Fidel Castro en Chile fracasó, el agente David Atlee Phillips le ordenó a Veciana matar a sus colaboradores cubanos para evitar exponer al Departamento de Estado. Decepcionado, luego de tantos lujos con los cuales lo había rodeado la CIA en Bolivia, Veciana se negó y Phillips, visiblemente alterado por el fracaso, le contestó: “Los cubanos no tienen huevos. Son unos cobardes. ¿Crees que hubieras podido hacer otra cosa si el plan resultaba un éxito? No te lo dije antes, pero la eliminación de los asesinos de Castro ya estaba decidida de antemano”.

Por esta razón, y luego de muchos años de atentados contra gente que no encajaba en su surco ideológico, Antonio Veciana había intentado alejarse de la CIA. Alguien tomó nota. Veciana regresó a su casa de Miami ese mismo año, pensando que podía tomarse unas vacaciones, pero poco después fue acusado de narcotráfico por el FBI. Lo más probable, pensó Veciana, es que Phillips haya hecho con uno de sus empleados lo que se hacía siempre con cualquier otro luego de alguna misión importante. Silenciarlo.

Ahora el periodista Gaeton Fonzi, contratado por el Comité Church del senado (encargado de investigar las actividades de inteligencia del país), convence a Veciana de ir con un dibujante experto de la policía para hacer un retrato hablado de su jefe, Marcel Bishop, el cual no consta en los registros declarados de la Agencia. Fonzi lleva el retrato a Washington y el senador republicano de Pensilvania, Richard Schweiker, reconoce a David Atlee Phillips. Luego lleva a Veciana a una reunión de camaradería donde lo presenta a Phillips, pero Phillips, con su español chileno, finge no conocer a Veciana. Ese día, Veciana también se dirige a su antiguo jefe como si fuese un extraño, pero hablan de temas que ambos conocen bien. Fonzi sabe que los dos están mintiendo, lo que Veciana reconocerá en 2017 cuando Phillips y Fonzi, estén muertos.

Veciana nunca renunciará a la lealtad hacia su jefe, David Phillips, ni a su obsesión de matar a Fidel Castro. Cuando en 1995 Castro visite las Naciones Unidas y sea recibido como héroe en una iglesia de Harlem, Veciana planeará una vez más su asesinato, esta vez por su cuenta. Con todas las armas listas en su casa de Miami, el FBI le ordenará entregarlas. Por este incidente tampoco habrá cargos; solo el cómplice silencio de las mascotas descansando en el hombro del gigante.

El programa de asesinatos impunes de la CIA no se limitará a líderes latinoamericanos. En Vietnam, por ejemplo, la CIA tenía licencia para matar bajo el bonito nombre de Phoenix Program. Luego de las incómodas investigaciones del senado de Estados Unidos en los 70s, la licencia fue renovada con otras precauciones. En el siglo XXI, durante las administraciones de presidentes tan opuestos como Barak Obama y Donald Trump, la CIA continuará sus programas de asesinato selectivo usando diferentes medios, como los drones. La diferencia entre las ejecuciones llevadas a cabo por el Pentágono y la CIA radicará en que sólo los primeros deberán informar al gobierno de los muertos. Tal vez haya otra diferencia: las víctimas de la CIA casi nunca mueren en campos de batalla. Probablemente nunca se conocerá la larga lista de disidentes y líderes víctimas de muertes naturales, como muertes por cáncer, como sí se conocen sus pasados experimentos con drogas y todo tipo de químicos, sus manipulaciones mediáticas y sus sangrientos golpes de Estado.

Jorge Majfud, extracto del libro “La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina”, de próxima aparición

43 años sin Agustín Rueda

En la madrugada del 14 de marzo de 1978, en la cárcel de Carabanchel moría a causa de las torturas infligidas el joven obrero libertario Agustín Rueda Sierra.

Los ejecutores de esas torturas fueron los funcionarios actuando bajo la participación y supervisión directa del director de la prisión de Carabanchel Eduardo Cantos, el subdirector Antonio Rubio.

Tres días después, un juez dictaba orden de procesamiento por presunto delito de homicidio contra el director de la cárcel, Eduardo Cantos Rueda, el subdirector Antonio Rubio, el jefe de servicios Luis Lirón de Robles y nueve funcionarios más. Una muestra del contexto de conductas no infrecuentes en las prisiones.

Al parecer, según dice Manolo Revuelta en su libro “Sumario 22/79 Herrera de la Mancha, una historia ejemplar”, el entonces director general de instituciones penitenciarias rechazó la propuesta del director de la cárcel para “echar tierra al asunto”. Inmediatamente los funcionarios de prisiones se movilizaron creando “comisiones de apoyo” a los encausados y la apertura de una cuenta corriente en la cual a finales 1979 se habían ingresado más de siete millones de pesetas (Sumario 22/79 herrera de la Mancha. pág. 131).

Cinco días más tarde, el 22 de marzo de 1978 dicho director general de prisiones fallecía a raíz de unos disparos, una acción reivindicada posteriormente por los Grupos Revolucionarios Armados Primero de Octubre.

Al director general de instituciones penitenciarias le fueron otorgadas a título póstumo en 1978 la medalla de oro al mérito penitenciario; la gran cruz del mérito naval con distintivo blanco y la gran cruz de la real orden de reconocimiento civil a las víctimas del terrorismo. De este modo la Administración del Estado no tan solo negaba cualquier responsabilidad sobre las torturas y muerte en las cárceles, sino que se alentaba a futuros torturadores y homicidas a continuar con estas prácticas, lo cual ocurrió posteriormente en la cárcel de Herrera de la Mancha con varios presos y en especial contra un testigo en Carabanchel del asesinato de Agustín Rueda.

A raíz de las denuncias presentadas por varios presos, el Ministerio fiscal solicitó el procesamiento de seis funcionarios de la cárcel de Herrera de la Mancha, petición a la cual se opuso la Abogacía del Estado y como resultado, un AUTO dictado por el Juez de Instrucción de Manzanares el 28 de enero de 1980 en el cual “No ha lugar a decretar el procesamiento solicitado por el Ministerio Fiscal y la Acusación Particular, de los Funcionarios de la prisión de Régimen Cerrado de Herrera de la Mancha”.

¡Aquí no pasa nada!

El sumario de los procesados de la cárcel de Carabanchel fue cerrado en 1980 pero todos habían sido puestos en libertad condicional en 1979 por orden de Rodolfo Martín Villa, Ministro de Interior en aquel momento. Ministro bajo cuyo mandato se produjeron los asesinatos de Vitoria en 1976, Semana pro-amnistía en 1977, Sanfermines en 1978, Caso Scala en 1978,… y una larga lista cuyos datos pueden encontrarse en las distintas hemerotecas de estos años. Y tal como “liberó” a los torturadores y homicidas de Carabanchel y concedió la medalla de plata al mérito policial al torturador Antonio González Pacheco “Billy el niño”.

Al cabo de 10 años, en 1988, la Audiencia Provincial de Madrid consideró que la tortura y asesinato de Agustín Rueda era “un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte” y no un caso de homicidio.

Se condenó a 10 años de cárcel a Eduardo Cantos, director de Carabanchel cuando se produjeron los hechos, al subdirector Antonio Rubio y a cinco funcionarios más. Otros tres encausados fueron condenados a ocho, siete y seis años, respectivamente. Y a dos años de cárcel los médicos que ocultaron el grave estado de Agustín Rueda tras las torturas. De todos ellos, ninguno llegó a permanecer más de ocho meses en prisión.

Chicho Sánchez Ferlosio fue el primero que dedicó un poema en homenaje a Agustín Rueda:

Amigo Luís Llorente, que fuiste preso ayer;
escúchame Felipe; Santiago, entérate:
bajad de esos escaños forrados de papel,
que Agustín Rueda Sierra murió en Carabanchel.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Si cuatro de uniforme te empiezan a pegar.
¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Tendido está en el suelo y no contesta ya.

Bonita democracia de porra y de penal;
con leyes en la mano te pueden liquidar.
Y a aquél que no lo alcanza de muerte un tribunal,
lo cogen entre cuatro y a palos se la dan.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Lo sacan de la cárcel para ir al hospital.
¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Agustín por buscarla, miradlo como está.

En 1988, a los diez años del asesinato, el grupo de rock Barricada, dedicó un tema a la muerte de Agustín Rueda Sierra. El tema se llamó “El último vagón” en el disco llamado Rojo. Otro grupo de rock que le ha dedicado una canción es el grupo “Sin Dios”, que en 2002, en su CD “Odio al imperio”, cantan un tema llamado “Agustín Rueda”.

También, a los diez años del asesinato, en un momento en que algún periodista se atrevía a abrir la boca sobre algo que no fuera dictado, Rosa Montero escribía el 16 de Enero de 1988 en El País: “… Así, con la perspectiva pudridora del tiempo transcurrido, el tormento de Rueda se ha convertido en un espejo horripilante de este país, con directores que no dirigen, médicos que no medican y funcionarios que no funcionan. Y todos ellos aplicando su poco de muerte al cuerpo lacerado de Agustín.

… Eduardo Cantos, el ex director de la cárcel, declaró haber estado presente aquel día en el interrogatorio de dos de los reclusos. De dos de los apaleados como Rueda. Y explicó que no se entero de que les estuvieran pegando porque se encontraba de espaldas y hablando por teléfono. Eso dijo Eduardo Cantos con toda impavidez y sin que le temblara la grasienta papada. Qué apasionante llamada debía de estar realizando, qué espaldas tan impenetrables y graníticas, para que allí, en el morrillo de su corpachón, se estrellaran y perdieran los quejidos, los insultos, los alaridos, el redoble seco de los golpes. Así están todos, sordos y ciegos. Y a su paso van dejando un reguero de sangre.

… Durante una larguísima década todos nosotros nos hemos convertido en Eduardo Cantos. Magistrados que no magistran, políticos que no ejercen su labor política, ciudadanos que no exigimos lo que debemos exigir, toda una sociedad de sordomudos. A qué teléfonos habremos estado llamando mientras Agustín Rueda moría una y otra vez en el olvido”.

Los crímenes de Estado suficientemente demostrados anteriores a 1977 quedaron impunes mediante la “Ley de amnistía”, y los posteriores mediante unas lecturas interesadas del código penal por parte de los magistrados, y cuando el escándalo ha sido lo suficientemente grande como en el caso de Agustín Rueda, la mano salvadora del ministro de turno ha cubierto con un tupido velo les crímenes y sin pudor ha recurrido a los indultos o cualquier otro artilugio para acurrucar a sus pupilos. Pupilos de extrema derecha claro.

Los peligrosos y puestos en el punto de mira son aquellos que no se someten ni se arrodillan ante tanta desvergüenza.

Se cumplen 30 años de la gran huelga ferroviaria argentina

Cuando aquel 1 de febrero de 1991 nos reunimos unos pocos compañeros en la Seccional Kilómetro 1 del Roca, no sabíamos que comenzábamos a escribir una de las heroicas y memorables páginas de la historia del movimiento obrero ferroviario.

Allí estábamos el anfitrión Kilo 1 (Plaza Constitución), Remedios de Escalada, Temperley, en mi caso por Tolosa, todos del Roca; Haedo y Castelar del Sarmiento, San Martín Vapor del Mitre, y compañeros de algunas seccionales más, todos de La Fraternidad.

El clima era una rara mezcla de bronca y euforia. La bronca estaba motivada por los bajos salarios, las luchas malogradas y traicionadas por la Comisión Directiva del gremio.

Desde hacía catorce meses veníamos luchando por el salario con paros arrancados desde la base, pero dirigidos por los burócratas que los convertían en día de descanso y no les daban continuidad. Dilataban las negociaciones con el gobierno a pesar de la permanente movilización y presión de los compañeros. Siempre había una excusa para no profundizar las medidas, primero la inminente convocatoria a la Asamblea General de Delegados, luego mientras esta transcurría, la cuasi prohibición de realizar medidas de fuerza por la reciente puesta en vigencia del decreto del reglamento del derecho de huelga.

El 5 de febrero fue el primer peldaño de la escalera que tendría su cima tras 45 días de huelga, votada, convocada, sostenida y dirigida por los compañeros de base.

El Plan de Lucha comenzaba con un paro de 24 horas el 5 de febrero.

Las seccionales de La Fraternidad producto del recambio generacional tenían en su mayoría direcciones ejecutivas jóvenes. Nuestra experiencia era escasa en el tiempo, pero rica en lo que generamos en los últimos años. Muchos de nosotros teníamos militancia política y éramos la generación que la dictadura postergó, maniató nuestros ideales y desapareció. El comienzo del Plan de Lucha, aquel 5 de febrero, superó nuestras expectativas: 17 seccionales de La Fraternidad, 2 de Señaleros. El Roca y el Sarmiento se paralizaron y el paro fue parcial en el Mitre.

El 11 de febrero nos volvimos a reunir en Plenario, nuevamente en Kilo 1. Esta vez éramos muchos más dispuestos a la lucha. Contentos con el balance de la primera jornada y con mandatos de asambleas de profundizar las medidas. Se vota paro por 48 horas para el 13 y 14 de febrero, si hay despidos el paro será por tiempo indeterminado.

El miércoles 13 de febrero comienza el paro de 48 horas. Ahora son 27 seccionales de La Fraternidad, 4 de Señaleros y 2 de la Unión Ferroviaria incluyendo la poderosa Rosario. Se producen los primeros 32 despidos y proclamamos el paro por tiempo indeterminado hasta la reincorporación de los de los compañeros.

El jueves 14 ya éramos treinta y nueve las seccionales en lucha y se suman dos seccionales de la Unión Ferroviaria: Rosario y Victoria del Mitre.

Ante estas circunstancias había que organizarse, en todas las seccionales se constituyeron comisiones de fondo de huelga, alimentos, salud, prensa, fiestas, de mujeres, limpieza y mantenimiento del local, piquetes de convencimiento y visitas a compañeros, y de cada necesidad que surgía.

Todas estas actividades demandaban dedicación y sacrificios, el local se había convertido para muchos de nosotros literalmente en nuestra casa. Allí comíamos, dormíamos y prácticamente vivíamos.

Esta organización y la solidaridad que nos rodeó nos permitió sostenernos dignamente durante 45 días.

El gobierno con la complicidad de la directiva nacional de La Fraternidad nos quería quebrar a cualquier precio, no nos pagaron los sueldos, nos perseguían con patotas, apelaron a servicios y a la represión policial deteniendo a algunos compañeros cuando iban a hacer tareas para la huelga.

Nuestro ejemplo de lucha no podía cundir, todo era válido para acabarnos, nos llamaban rebeldes y llevamos con orgullo esta condición. Cuando vieron que no éramos fáciles de vencer, Menem decidió cerrar los ramales. Esto provocó sumar un nuevo punto a nuestro reclamo. La defensa inclaudicable de los ferrocarriles al servicio del pueblo.

El paro se fue extendiendo hasta alcanzar al 80 por ciento de los afiliados a La Fraternidad; a varias seccionales del gremio de señaleros y también algunas de la Unión Ferroviaria. Cuatro de las cinco líneas ferroviarias estaban paradas.

Necesitábamos darnos formas democráticas de funcionamiento. Todas las decisiones eran discutidas y votadas en asambleas seccionales de base, no había ninguna restricción, una persona un voto. De allí surgían los mandatos a los delegados a un plenario de seccionales, este organismo estaba compuesto por delegados de cada una de las secciónales en lucha, se discutía y votaba democráticamente las medidas que conducirían la huelga.

El plenario de seccionales estaba presidido por un órgano colegiado denominado Mesa de Enlace, que lo componían representantes de las distintas líneas ferroviarias y de los tres gremios en lucha, la mayoría pertenecía a La Fraternidad.

Estas herramientas de funcionamiento que nos dimos y las formas rigurosamente democráticas jugaron un papel fundamental, porque los compañeros sentían que la consigna que titulaba nuestros boletines de huelga era una realidad, “Esta vez no habrá traición, esta vez dirigen las bases”.

La fuerza de la lucha pudo con todo obstáculo, ni la ley fue un impedimento para llevarla adelante. El Ministerio de Trabajo decía que no podía negociar con nosotros porque no teníamos la representación legal, que debían hacerlo con la Directiva Nacional del gremio, obviamente que jamás aceptaríamos que los burócratas carneros y traidores, por todos repudiados asuman nuestra representación, así que ante la contundencia de la huelga al Gobierno no le quedó más remedio que sentarnos en la mesa de negociación.

Por esos días un grupo numeroso de compañeros realizaba una huelga de hambre en Plaza de Mayo y era rodeada de la solidaridad del pueblo, una de las primeras noches la policía federal intentó reprimir y desalojar, rápidamente se acercaron diputados y personalidades del campo popular y lo impidieron.

Un grupo de personalidades notables (Augusto Comte; Ernesto Sábato; Federico Storani; Simón Lázara; Carlos Raimundi y Ricardo Alfonsín que estuvo representado por Raúl Alconada Sempé), ofició de testigos garantes de la oferta gubernamental: reconocimiento de la mesa de enlace; reincorporación de todos los despedidos; aumento de sueldos de aproximadamente el 100 por ciento; y reapertura de los ramales. ¡Un triunfazo de los trabajadores!

Esa gran huelga fue invisibilizada por los grandes medios y principalmente por la burocracia sindical, que siempre la ha ocultado y callado porque los trabajadores en su conjunto nunca deben saber que son poseedores de un poder que arrasará con la anquilosada burocracia y sus negociados.

Los trabajadores ferroviarios escribimos estas páginas / días en la historia del movimiento obrero, para que otros no tengan que empezar de cero hoy es nuestro deber, dar a conocer esa gesta y sus enseñanzas, mantener viva la memoria de una lucha que conmovió los cimientos de un neoliberalismo que daba sus primeros pasos y que posteriormente, ya recompuesto, arrasaría con la Patria.

Comisión de prensa, ferroviarios 1991, ‘Una lucha por la dignidad de los trabajadores’
https://contrahegemoniaweb.com.ar/2021/02/14/a-30-anos-de-la-gran-huelga-ferroviaria-esta-vez-no-habra-traicion-esta-vez-dirigen-las-bases/

La segunda muerte de Stalin y la independencia de Lituania

A finales del mes pasado se cumplió al 30 aniversario de la contrarrevolución en Lituania, que tuvo una gran repercusión en el derrumbe de la URSS. Fue el primer país en declarar su independencia del gobierno de Moscú. La prensa imperialista lo calificó como “la segunda muerte de Stalin”.

En enero de 1991, las fuerzas armadas de la URSS y el Comité de Seguridad del Estado trataron de reprimir la contrarrevolución, que había tomado el poder en Lituania y estaba llevando a cabo un ataque a gran escala contra los trabajadores y los derechos de la población.

Había comenzado la era de Yeltsin después de otro Golpe de Estado en Moscú y la quinta columna que operaba dentro de la URSS protagonizó una serie de provocaciones tanto contra los contrarrevolucionarios lituanos, como contra los partidarios de la URSS.

El programa de Golpe de Estado siguió un guión que luego se hizo fue conocido. Lanzaron una poderosa campaña de intoxicación contra el PCUS, contra el poder soviético, contra el ejército y los órganos de seguridad del Estado soviético, pero también utilizó una maquinación que se repetiría más tarde en Moscú, en octubre de 1993, y en Kiev, a principios de 2014.

La OTAN, Estados Unidos y los países de la Unión Europea reclutaron a hordas de matones y provocadores, que se unieron a la contrarrevolución local, dispararon contra la población para acusar posteriormente al poder soviético.

Los “independentistas” lituanos, de ideología neonazi y sicarios del imperialismo, tomaron temporalmente el control. Sus políticas llevaron al país al colapso de las fuerzas productivas, al empobrecimiento y a la estratificación social. En toda Lituania (y en todas las repúblicas bálticas), después de 1991, comenzó una caza de brujas en la que fiscales, jueces, policías vendidos a los títeres locales enviaron a las mazmorras a quienes les hiceron frente, especialmente a los comunistas y a los trabajadores.

Ahora Lituania es poco más que una base militar de la OTAN en el cerco a Rusia. La integración en la Unión Europea no ha menguado ni un ápice el carácter nazi de sus dirigentes políticos.

 

En Crimea el zarismo quema sus últimos fuegos artificiales

En Crimea el recuerdo de la casa imperial está profundamente marcado por las cicatrices de la Guerra Civil. Fue el último baluarte del Ejército Blanco durante la Guerra Civil que entre 1917 y 1922 enfrentó a los bolcheviques con los últimos restos del zarismo.

El general Piotr Wrangel se refugió en Crimea con sus tropas para intentar resistir el avance del Ejército Rojo. Sin embargo, no logró unirse a las fuerzas del almirante Kolchak, sus tropas fueron diezmadas y se vieron obligadas a evacuar la península.

Tras el desmantelamiento de la URSS, aquellas hordas zaristas no fueron rehabilitadas por la historia, sino por un decreto del Kremlin.

Crimea fue uno de los destinos favoritos de los Romanov. A tres kilómetros de Yalta, el Palacio de Livadia recuerda a los habitantes de la península el esplendor de un Imperio que aún hoy alimenta sus fantasías. Fue en Alutsha, en Tataria, donde el 10 de octubre de 1894 Nicolás II conoció a su mujer, Alexandra Fiodorovna.

También fue allá, a orillas del Mar Negro, donde los últimos Romanov fueron evacuados por los británicos a Constantinopla junto a 150.000 contrarrevolucionarios.

El 31 de octubre del año pasado el gobierno local que preside Sergey Aksyonov decidió rendir un homenaje a los contrarrevolucionarios que cayeron en defensa del zarismo.

Invitó al Gran Duque Gregori Romanov a inaugurar un monumento erigido en honor de los miembros de la casa imperial que fueron justamente ejecutados en las Revoluciones de 1905 y 1917. En su discurso Romanov destacó la importancia del monumento para él mismo y para las generaciones futuras, antes de dar las gracias a los que financiaron la obra, expresando la esperanza de que este tipo de iniciativas encuentren apoyo en otras regiones de Rusia. “Te abrazo y te acaricio infinitamente, quiero mostrarte todo el poder de mi amor por tí. Siempre tuya hasta la muerte y más allá”, dijo en un discurso que quiso ser nostálgico, pero que acabó en caricatura.

El acto reunió a la escoria más reaccionaria de la península, que es muy poca. Acudió al homenaje una delegación de la Asamblea de la Nobleza Rusa, encabezada por Oleg Shcherbatchev, presidente del consejo central de la Sociedad de Descendientes de la Primera Guerra Mundial.

El dinero para levantar el monumento salió de los bolsillos del oligarca Konstantin Malofeiev, que sostiene la Fundación Basilio el Grande y el movimiento “Águila bicéfala”, últimas reliquias de un pasado atroz para los obreros y campesinos de la vieja Rusia zarista.

El monumento, que fue bendecido por el obispo Néstor de Yalta, se erigió en memoria de Nicolás II y su familia y se hizo un llamamiento a todos los escultores rusos para que inmortalizaran a la pareja imperial.

Los artistas contratados, Irina Makarova y Maxim Bataev, convencieron a un comité para supervisar el proyecto, que incluía al Gran Duque Gregori Romanov y a Elena Aksyonova, fundadora del canal de televisión Tsargrad y esposa de un dirigente del partido zarista de Crimea.

El monumento se compone de cuatro esculturas de bronce que representan al zar, la zarina el tío Serguei Alexandrovitch, ejecutado en la Revolución de 1905, y su esposa, la Gran Duquesa Elizabeth Fiodorovna. Tiene algo más de dos metros de altura y está coronado por una cruz ortodoxa.

El enano fascista de la Memoria Histórica.

Las asociaciones memorialistas se suman a la derecha reaccionaria: Puigdemont no es un exiliado.

Las declaraciones desafortunadas (o no) del vicepresidente Pablo Iglesias comparando el exilio de Puigdemont con el exilio republicano han levantado ampollas y teléfonos.

Emilio Silva presidente de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica), comenta en El Español: «Insiste en que el Estado democrático del que se fue Puigdemont y la España de la que huyeron los republicanos no tienen nada que ver: «Es desafortunado».»

El estado democrático al que se refiere Emilio Silva es el que respondió con 1000 antidisturbios y una acción de guerra en las capitales catalanas. Todo para impedir el ejercicio del voto en un referéndum sobre un derecho reconocido por la ONU: la autodeterminación de los pueblos.

La Asociación de Descendientes del Exilio Español ha ido más lejos y lo ha calificado de «autoexilio».  Machado se «autoexilió». 500.000 personas se «autoexiliaron» por la frontera francesa en febrero de 1939, etc. Si la presidenta de la asociación puede explicar la diferencia entre «exilio» y «autoexilio» sería de gran ayuda…

El absurdo ha generado un increíble juego de palabras para no definir a Puigdemont como exiliado. Lo que al final ha servido para echar un capote al estado español. Para decirle a su público: quitáos de la cabeza que son tan fascistas como Franco.

Las asociaciones memorialistas no entienden (o no quieren entender) que este estado emana del 18 de julio.

Asociaciones y personalidades que se manifiestan contra la comparación Puigdemont- exilio republicano tienen corta memoria. Por ejemplo, olvidan que los antidisturbios de la Guardia Civil y Policía Nacional cantaban el «Cara al Sol». Que rememoraban la entrada del general Yagüe en Barcelona en febrero del 39. Etc.

Olvidan que las operaciones de la Guardia Civil contra el independentismo catalán toman el nombre de operaciones de la División Azul, no por un chascarillo entre compañeros del cuerpo: sino porque son una institución fascista dentro de un estado fascista.

¿A quién beneficia que a Puigdemont no se le considere un exiliado?

El régimen franquista tampoco consideraba «exiliados» a los antifascistas. ¿Quién los consideraba prófugos, ladrones, etc.? Los abuelos de los que entraron a sangre y fuego el 1 de octubre.

En España hay exiliados por: rapear, actuar, militar en movimientos políticos y por organizar un referéndum. En muchos de los casos, los apellidos de sus jueces se repiten con los de sus abuelos generales.

¿Qué es lo que hace falta para que le llamen «exiliado»? ¿Que masacren a cientos de miles de catalanes?

Decir que Puigdemont no es un exiliado es echarle un capote al estado emanado del 18 de julio de 1936.

 

Relacionadas:

  •  https://www.elespanol.com/espana/politica/20210119/exilio-republicano-pablo-iglesias-igualar-padres-puigdemont/552196116_0.amp.html
  • https://elpais.com/espana/2021-01-18/pablo-iglesias-tiene-que-pedir-perdon-al-republicanismo-espanol.html
  • https://politica.e-noticies.es/puigdemont-no-es-un-exiliado-es-un-autoexiliado-134172.html
  • https://www.elnacional.cat/es/politica/volhov-guardia-civil-division-azul_551271_102.html

 

 

 

 

Uno de los dos dientes de Patrice Lumumba vuelve al lugar del crimen

Hace ahora 60 años Patrice Lumumba, que siempre ha encarnado las esperanzas de libertad de África, fue salvajemente asesinado por un escuadrón de policías belgas, junto con dos de sus compañeros, Joseph Okito y Maurice Mpolo, en medio de la savana de Katanga.

Los criminales trataron de borrar las huellas de su crimen y, de paso, también la memoria de un Continente que entonces aún andaba en pañales. Descuartizaron su cadáver y metieron los trozos en una cuba de ácido sulfúrico para hacerlo desaparecer.

Tenía 35 años cuando le asesinaron y sólo pudo ocupar seis meses su cargo de Primer Ministro de Congo. “Hemos conocido las ironías, los insultos y las palizas que hemos tenido que soportar mañana, tarde y noche porque éramos negros. Aprendimos que la ley nunca era la misma dependiendo de si eras blanco o negro”, dijo en uno de los discursos que ha pasado a la historia.

Del cuerpo del dirigente africano sólo se salvaron dos dientes, que fueron arrancados y robados por uno de los policías belgas que lo asesinó cobardemente después de secuestrarle.

En 1999 el asesino explicó que había arrojado los dos dientes al Mar del Norte, pero la familia de Lumumba reclamó las reliquias y en 2016 los tribunales belgas ordenaron el registro de la vivienda de su hija, donde encontraron uno de los dientes.

Ahora los jueces belgas acaban de ordenar su devolución a la familia de Lumumba, al Congo y a África, con el boato al que sólo los héroes de leyenda tienen derecho.

Lumumba nunca tuvo un funeral. “Es un muerto sin obituario”, dice Juliana, su hija, que ahora tiene 65 años. En las culturas centroafricanas, cuando no se entierra a los muertos, se les condena a vagar por los abismos. “Ya no lloro, estoy mal de la vista”, repite Juliana.

¿Podrá un pequeño diente llenar tan enorme vacío?

En 2001 Bélgica publicó las conclusiones de un informe de 800 páginas elaborado por una comisión de investigación parlamentaria. La comisión se creó para establecer “la posible participación de los dirigentes políticos belgas” en el atroz asesinato del dirigente africano. Al año siguiente el gobierno belga ofreció sus “profundas y sinceras disculpas” a la familia de Lumumba y al “pueblo congoleño”.

El informe no destapa las responsabilidades de la CIA y el MI6 británico en el crimen.

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