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Categoría: Memoria Histórica (página 18 de 37)

70 años de la primera huelga general en Iruñea durante el franquismo

Que la subida del precio de los alimentos básicos dé lugar a una amplia movilización social de protesta es casi una norma histórica. Pero cuando se trata de recordar las condiciones en las que se vivía en la Iruñea de 1951, en plena dictadura franquista, el relato tiene especial interés.

Cuando aquel 7 de mayo las amas de casa llegaron al Mercado Nuevo, constataron que el precio de la docena de huevos había pasado de 12 a 17 pesetas. La indignación dio paso a una manifestación improvisada que encendió la huelga.

El paro se prolongó durante tres días, del 8 al 10 de mayo, y se extendió a Burlata y Atarrabia. Las fuerzas policiales franquistas utilizaron armas de fuego, dejando decenas de heridos.

Fueron detenidas alrededor de 300 personas, a las que concentraron en la Plaza de Toros. Después juzgaron a 24 y, siete años después, 14 fueron condenados antes de concederles el indulto.

Al malestar general de la gente, entre quienes impulsaron la huelga se identificaron a carlistas desencantados con el franquismo, sindicalistas cristianos, y dirigentes abertzales e izquierdistas represaliados.

El 7 de mayo de 1951 fue un día muy especial en la capital navarra, ya que, de forma imprevista, se inició la primera huelga general que vivió la ciudad durante la dictadura franquista.

Como recuerda en este 70º aniversario el historiador Imanol Satrustegi a través de un hilo en su cuenta de Twitter (@ImanolS3), el malestar social había crecido ante la subida de los precios de productos básicos.

Esto se sumaba a las pésimas condiciones en las que se desarrollaba la vida en la posguerra, con las evidentes carencias provocadas por la Guerra del 36 en el sur de Euskal Herria, que se prolongaron durante el denominado “periodo de autarquía”, que se extendió hasta finales de los años 50, con el Estado español aislado políticamente tras la derrota fascista en la Segunda Guerra Mundial.

En resumen, como señala Satrustegi, la depresión económica se caracterizaba por los problemas de suministro de alimentos y productos básicos.

Como consecuencia del racionamiento (cada familia tenía asignado un cupo de productos para un periodo determinado), en el mercado regulado había poca mercancía y eso favorecía que subieran los precios. Además, la gente tenía que recurrir con frecuencia al mercado negro para satisfacer las necesidades básicas.

El detonante: el precio de la docena de huevos

Siguiendo el mismo relato, las mujeres encendieron la chispa que puso en marcha la huelga: se rumoreaba que el 7 de mayo los huevos iban a venderse a 15 pesetas la docena –otras fuentes dicen que era a 12 pesetas–, pero cuando las amas de casa fueron a hacer la compra vieron que estaban a 17 pesetas.

Entonces, mostraron su indignación en el Mercado Nuevo, en el Segundo Ensanche, boicoteando la venta de huevos y formando una manifestación espontánea que llegó hasta el Gobierno Civil para pedir al gobernador que estableciera precios más bajos.

Los llamamientos a la solidaridad se propagaron rápidamente por la ciudad y comenzó a fraguarse la idea de ir a la huelga.

El 8 de mayo, desde primera hora de la mañana se notó el paro en las mayores empresas de la ciudad y los piquetes protagonizaron manifestaciones y protestas hasta que cerró la mayoría de los comercios y talleres.

Del ‘Alzamiento’ de 1936 a la insospechada revuelta

La huelga sorprendió a las autoridades franquistas, que en principio no pudieron controlarla, pero que pronto recibieron ayuda con la llegada de policías de fuera de Nafarroa para responder con una fuerte represión.

Llegaron a utilizar las armas de fuego, dejando decenas de heridos de bala en las calles. Los detenidos, más de 300, fueron concentrados en la Plaza de Toros.

No obstante, la preocupación de las autoridades franquistas era notable, puesto que no podían entender cómo podía darse un movimiento de este tipo en una ciudad que, en 1936, se había alineado con el “Alzamiento” contra el Gobierno de la II República.

Además del malestar generalizado por la carestía de la vida, entre quienes impulsaron la huelga se identificaron a sectores carlistas desencantados con el franquismo, sindicalistas de organizaciones cristianas autorizadas por la dictadura, dirigentes abertzales e izquierdistas, y sus familiares, represaliados durante y tras la Guerra.

La huelga se extendió tres días; la represión, durante meses

Recuerda Satrustegi que dos de las empresas más importantes de la época eran Imenasa –metalúrgica ubicada en la zona del actual parque Yamaguchi– y López Hermanos – dedicada al calzado, con talleres en la calle Arrieta y en Arrotxapea–, cuyos trabajadores estuvieron a la cabeza de la huelga.

El paro se prolongó durante tres días (8, 9 y 10 de mayo) y se extendió también a Burlata y Atarrabia. El 11 de mayo se dio por finalizado.

El azote de la represión se prolongó durante semanas, e incluso meses, mientras seguía el goteo de detenciones.

Para que hubiera un castigo público, el régimen fascista montó un proceso judicial contra 24 personas. Siete años después, en noviembre de 1958, 14 de ellos fueron condenados a entre 6 meses y 1 mes de prisión. Sin embargo, no fueron encarcelados porque se les concedió el indulto.

El citado historiador señala que, repasando el Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra, se pueden encontrar los nombres de algunos de ellos, como el trabajador de Imenasa Miguel Ángel Vital o el abogado abertzale Carlos Clavería.

Una fuente más directa para este episodio del que ahora se conmemora su 70º aniversario es la obra “La huelga de 1951 y otros conflictos en Navarra durante los años cincuenta” de José Luis Díaz Monreal, editado por Pamiela.

En este ensayo también se hace referencia a las huelgas que ese mismo año tuvieron lugar en Bizkaia y Gipuzkoa, así como en Barcelona.

Este tipo de protestas registradas en la década de 1950 eran de carácter aislado y, generalmente, estuvieron relacionadas con el aumento del precio de las mercancías básicas y la mejora de las condiciones de vida. De ahí que se conocieran como “huelgas del hambre”.

Otra huelga de relevancia se produciría en Iruñea en abril de 1955, esta vez en solidaridad con los trabajadores de Calzados López, y duró una semana.

El desarrollismo económico que caracterizó a los años 60 produciría grandes cambios en las estructuras socioeconómicas de la sociedad navarra, como resalta Satrústegi, por lo que a partir de finales de la década de 1960 se abriría un nuevo ciclo de movilizaciones.

—https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20210507/hace-70-anos-se-desarrollo-la-primera-huelga-general-en-irunea-durante-la-dictadura-franquista

Charles Chaplin apoyó abiertamente a la II República española

Charles Chaplin apoyó a la República española, se posicionó abiertamente por la democracia, la libertad, y contra el fascismo. Fue uno de los firmantes del manifiesto de adhesión de la industria cinematográfica americana a la causa republicana.

En 1937 escribió Ritmo (Rhythm), un relato ambientado en la Guerra española y publicado en la edición de enero de 1938 de la revista Script magazine. La versión castellana vio la luz en el libro “Crónicas bastante extrañas” (Jorge Alvarez, editor, Buenos Aires).

Sólo el alba se movía en la quietud de ese pequeño patio de prisión española –alba premonitoria. de muerte– mientras que el joven republicano se erguía frente a un pelotón de ejecución. Los preliminares habían concluido. El reducido grupo de autoridades se había ubicado a un costado para presenciar la ejecución en tanto la escena se inmovilizaba en un penoso silencio.

Todos los rebeldes, del primero al último, conservaban la esperanza que el Estado Mayor ordenara suspender la ejecución. El condenado era un adversario de la causa, pero querido y popular en España. Un brillante humorista que, en gran medida, había sabido alegrar a sus compatriotas.

El oficial que comandaba el pelotón de ejecución lo conocía personalmente. Fueron amigos antes de la guerra civil. Juntos habían obtenido sus diplomas en la Universidad de Madrid. Juntos habían luchado por derrocar la monarquía y el poder de la Iglesia. Juntos habían brindado, noche a noche, acodados en las mesas de los cafés, riendo, bromeando y dedicando veladas enteras a discusiones de orden metafísico. Cada tanto, habían discutido las distintas formas de gobierno. Sus divergencias, en aquel, entonces, eran amistosas, mas finalmente habían provocado la desgracia y la conmoción de España toda, llevando al amigo ante un pelotón de ejecución.

Pero ¿para qué evocar el pasado? ¿Para qué razonar? A partir de la guerra civil ¿para qué servía el razonamiento? En el silencio del patio de la prisión, todas esas preguntas se precipitaban, febriles, en la mente del oficial. No. Hay que hacer tabla rasa con el pasado. Sólo el porvenir cuenta. ¿El porvenir? Un mundo que le privaría de muchos viejos amigos.

Por primera vez desde la guerra se reencontraban esa mañana. No habían intercambiado una sola palabra. Sí, una sonrisa mientras se preparaban para entrar al patio.

El alba trágica dibujaba rayas plateadas y rojas sobre el muro de la cárcel. Todo respiraba quietud, un reposo cuyo ritmo se unía a la calma del patio, un ritmo con palpitaciones mudas como las de un corazón. En ese silencio, la voz del oficial al mando del pelotón resonó contra los muros de la prisión: “¡En guardia!”. Ante la orden, seis subordinados empuñaron sus fusiles y se inmovilizaron. La unidad de movimiento fue seguida por una pausa durante la cual una segunda orden tendría que haberse dado. Sin embargo, en esa espera, algo sucedió que trastocó la continuidad de los acontecimientos. El oficial se volvió hacia el prisionero. Esperaba oírlo hablar. No se escuchó palabra alguna. Volviéndose nuevamente hacia sus hombres, se aprestaba a dar la orden siguiente cuando una repentina revuelta se apoderó de su espíritu, una amnesia psíquica que hizo del cerebro un espacio vacío.

Perdido, permanecía mudo ante sus hombres. ¿Qué ocurría? La escena en el patio de la prisión no significaba nada. Sólo vio, objetivamente, un hombre, la espalda contra la pared, frente a otros seis hombres. Y aquéllos, a un costado, de aspecto idiota, semejantes a relojes cuyo tic-tac se hubiera detenido súbitamente. Nadie se movió… Nada tenía sentido. Algo había de anormal. Todo no era sino un sueño del cual el oficial debía evadirse.

Confusamente le volvió la memoria poco a poco Cuánto hacía que estaba ahí? ¿Qué había pasado? ¡Ah sí! Había dado una orden.

Después del “¡En guardia!”, venía “¡Apronten armas!”, luego ¿Cuál era la siguiente?

“¡Apunten!” y finalmente “¡Fuego!”. Conservaba una vaga idea en su inconsciente. Con todo, las palabras por pronunciar parecían lejanas, vagas y ajenas a él.

En la dificultad, gritó de manera incoherente, hizo una confusión de palabras sin sentido. Se sintió aliviado al ver a sus hombres presentar armas. El ritmo de ese movimiento reanimó el ritmo de su cerebro. Nuevamente gritó. Los hombres apuntaron.

Durante la pausa siguiente, se oyeron pasos apresurados en el patio de la prisión. El oficial lo sabía: era el perdón. Volvió en sí enseguida.

-¡Deténganse!, aulló frenéticamente al pelotón de ejecución.

Seis hombres empuñaban un fusil. Seis hombres entrenados por el ritmo. Seis hombres, oyendo el grito: “¡Deténganse!”, hicieron fuego.

Charles Chaplin, Ritmo, traducción: Emilio A. Stevanovitch
<p style=»font-size: x-small;»>—https://www.buscameenelciclodelavida.com/2014/04/charles-chaplin-in-memoriam.html</p>

Un corrido mexicano por la II República española

El 5 de abril de 1932, “Guty” Cárdenas, una de las más prometedoras voces mexicanas del momento, se encontraba en la mesa de una cantina llamada Salón Bach, en la Ciudad de México, cuando se inició una pelea con dos hermanos españoles que se encontraban en el lugar. Según el informe policíaco, “Guty” murió a la temprana edad de 27 años por un disparo del comerciante español Ángel Peláez Villa, natural de Posada de Llanes, Asturias, muy conocido en el ambiente de los monárquicos españoles que residían en la capital mexicana.

En su momento se especuló mucho sobre el motivo de esta riña. Según la policía, algunos testigos presentes afirmaron que fue el propio “Guty” quien inició la pelea por un asunto de faldas con uno de los dos españoles, y que fue el hermano de aquel el que respondió a la agresión de Cárdenas con unos certeros disparos que truncaron la vida del artista.

Sin embargo, a pesar de aquella primera versión reflejada en el atestado, pocos meses después se llegó a decir que el cantante no fue en realidad asesinado por una riña de cantina motivada por celos, sino a causa de un corrido que había grabado en Nueva York, días después de la proclamación de la república en España, y que había resultado toda una ofensa entre los elementos más radicales de los círculos monárquicos españoles que vivían en México. Esta segunda hipótesis con el tiempo fue cobrando más fuerza, hasta que 5 años después la filiación política del asesino acabó de confirmarla.

Aquél corrido, titulado “La República en España”, y editado por la discográfica Columbia Records, tuvo una gran difusión, tanto en América Latina como en España. Según el poeta Ricardo López Méndez, el asesino del cantante, después de cumplir una breve condena por su crimen, regresó a España donde participó en la guerra civil del lado de las fuerzas fascistas, adscrito a un batallón de “Renovación Española”.

La República en España

A contarles vengo la última noticia
que en el mundo entero la atención merece:
hoy la vieja España es republicana
y ya no es monarca don Alfonso XIII.

Después del gran triunfo de las elecciones
y por el camino de la acción civil,
los republicanos, que ya eran legiones,
tumbaron el trono el 14 de abril.

España, España, tu valentía
la monarquía ya destruyó;
España, España, tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Sin haber desorden, sin algarabía,
cuando en el destino se llegó la hora,
en la paz completa a la Monarquía
derrotó con votos Alcalá Zamora.

Cuando la derrota era irremediable
dicen que el Monarca dijo a Romanones
“La paz de la Patria es lo indispensable,
Me voy al destierro con mis tradiciones”.

España, España tu valentía
la monarquía ya destruyo
España, España tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Y gallardamente se fue don Alfonso
aceptando el fallo de la democracia
y por toda España se cantó un responso
como funerales de la aristocracia.

Al subir a bordo oyó en una barca,
a un grupo de obreros gritando con saña:
“¡Muera Alfonso XIII, abajo el monarca!”
Y el rey destronado dijo “¡Viva España!”

España resurge, otra vez despierta,
a las realidades que impone la historia.
España renace, España esta alerta,
y de nuevo marca en pos de la gloria.

España, España tu valentía
la monarquía ya destruyó
España, España tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Y al partir con rumbo hacia el extranjero
le dejó a su pueblo una alocución.
Fue una despedida un adiós postrero,
pero nada dijo de la abdicación.

En un tren expreso la reina Victoria,
salió con sus hijos para la frontera.
Por un accidente en la trayectoria,
llegaron a Francia viajando en tercera.

España, España, tu valentía
la monarquía ya destruyó.
España, España, tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Y Madrid vestido ya de primavera,
vio flotar airosa en la Castellana,
y sobre el palacio en España entera,
la nueva bandera la republicana.

Se instaló el gobierno y el primer decreto,
junto a toda España bajo ley marcial.
Luego en su programa dijo don Niceto,
que ¡habrá una asamblea constitucional!

América espera, que de nuevo brote
con la rebeldía, y dificultad,
la justicia hidalga del buen Don Quijote,
el perdón sereno y la libertad.

España, España, tu valentía
la monarquía ya destruyó;
España, España, tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

(Letra y música: “Guty” Cárdenas, 1931)

Bizkaiko Errepublikazaleen Ateneorantz
https://errepublikaplaza.wordpress.com/2016/10/08/la-republica-en-espana/

El edificio en el que se fundó el Partido Comunista de China sigue de obras

Con el regreso de la primavera, el recinto del Primer Congreso del Partido Comunista Chino en la avenida Xingye de Shanghai luce un sol radiante y da una nueva sensación de majestuosidad y esplendor. Los transeúntes se detienen a contemplar el centenario edificio. Hace cien años, el primer congreso del PCCh celebrado aquí cambió la cara de la revolución china.

El edificio es silencioso, pero las puertas de ébano lacado, los dinteles de ladrillo rojo tallado y las celosías de las ventanas de color bermellón que nunca se han cambiado dan a esta página de la historia comunista de China un carácter aún más auténtico.

Desde el 17 de noviembre de 2020 el edificio está cerrado temporalmente. Se ha sometido a un profesional y meticuloso trabajo de protección y renovación para entrar en el centenario de la fundación del Partido con una nueva cara, fiel al original.

“Queremos acercarnos lo más posible al aspecto original de este edificio patrimonial, para transmitir la herencia revolucionaria de la gloriosa historia del nacimiento del Partido Comunista Chino y así contar mejor la historia del comunismo chino con motivo del centenario de la fundación del Partido”, dijo Han Jing, subdirector del departamento de investigación de las exposiciones del Primer Congreso del Partido Comunista Chino.

El color rojo es la primera impresión que tiene mucha gente en el sitio. Detrás del rojo de las tablas de madera tallada hay más de una docena de meticulosas fases artesanales.

Este tipo de tapas de azulejos eran comunes en los años 20 y 30, pero hoy en día los materiales y la artesanía son escasos. El equipo del proyecto buscó durante mucho tiempo en Shanghai y sus alrededores, y finalmente encontró un lote de materiales antes de que los maestros artesanos los trabajaran a mano para dar los últimos toques a unas 400 puntas de azulejos.

Al entrar en la obra, los detalles reflejan la responsabilidad de proteger el hogar espiritual de los comunistas chinos. Se está haciendo todo lo posible para conservar el aspecto original y permitir al público entrar en la mayor implicación posible con este acontecimiento fundacional de hace un siglo.

“Ya han pasado cien años, pero cuando vi el lugar de la reunión, fue como si realmente pudiera imaginar la escena del primer congreso de ese año. Le dice a la gente cómo las aspiraciones originales de los comunistas chinos siguen siendo inquebrantables y se hacen más firmes con el tiempo”, comentó Zhong, una residente de Shanghai que vive cerca.

Para contar la historia del nacimiento del Partido de forma más completa, a unos 300 metros del lugar del Primer Congreso del Partido Comunista Chino, el número 127 de la avenida Taicang, que alberga el antiguo dormitorio del Primer Congreso del Partido Comunista Chino, ha sido renovado al mismo tiempo; será restaurado a su estado original y albergará una exposición.

La construcción del Monumento al Primer Congreso del Partido Nacional, adyacente al lugar histórico, está muy avanzada y se inaugurará antes del 1 de julio. La nueva sala de exposiciones principal tiene una superficie de unos 3.700 metros cuadrados y se centrará en la práctica revolucionaria del Partido Comunista Chino en Shanghai al principio de su fundación. Reunirá más de 1.000 artículos de todo tipo, incluyendo más de 600 objetos expuestos.

“Proteger el hogar espiritual de los comunistas chinos no es sólo hacer que la gente mire al pasado, sino también darles la fuerza necesaria para extraer de él la aspiración original y seguir adelante”, dijo Yang Yu, investigador asociado del Memorial del Primer Congreso del Partido Comunista Chino.

Un nuevo libro analiza las acciones de la guerrilla antifranquista en Betanzos

“La cuesta de la carretera que va de Mabegondo a San Pedro de Nos y la de Betanzos a Mesón do Vento, en el alto de Montouto, eran de los lugares preferidos para abandonar cadáveres de hombres pasados por la justicia vengativa de una sociedad que comenzaba a masticar unos duros y amargos años de la guerra civil”, asegura el libro “A loita guerrilleira contra o réxime de Franco en Abegondo e comarca de Betanzos”, del exalcalde abegondés Juan José Rocha Carro. El exregidor repasa el contexto sociopolítico y las acciones de la guerrilla antifranquista en la zona, entre las que destacan el asesinato del cura de Vións en noviembre de 1946 en su casa y el de dos guardias civiles en medio de una verbena en la fiestas de invierno de San Tirso, en diciembre de 1947, a manos de guerrilleiros.

Hay indicios, aunque nunca se llegaron a confirmar, de que el incendio provocado que sufrió la Casa do Concello la noche del 20 al 21 de julio de 1948 habría sido también una acción realizada en el marco de la lucha antifranquista, explica el libro, una reedición para su venta en Amazon de capítulos de un volumen que publicó en 1996 bajo el título Abegondo, un curruncho das Mariñas, tras ocho años de investigación en archivos, sobre todo el de la Diputación, y consultas a innumerables ejemplares del Boletín Oficial de la Provincia (BOP) “buscando la palabra Abegondo cuando aún no estaban digitalizados ni había buscador”, explica el autor.

El texto explica cómo, organizados en buena medida por el Partido Comunista, vecinos del entorno llegaron a realizar sonadas acciones en contra del régimen del dictador, pese a que el municipio estaba escasamente movilizado y politizado antes del golpe. “La organización política y sindical en Abegondo era prácticamente nula”, sostiene Rocha en al explicar la situación sociopolítica del municipio en 1936. Sí describe cómo Presedo fue una de las parroquias más activas en los primeros días del alzamiento militar, con acciones como intentar quemar la iglesia parroquial o realizar una importante requisa de armas.

Pequeños grupos de vecinos fueron los días 19 y 20 de julio a casas donde sabían que podían encontrar armas, como las de cazadores o “otras viviendas de vecinos considerados de derechas”, “Entre los visitados, invitándolos a que entregasen las armas, aparecen el marqués de Figueroa, Cupeiro de Abegondo y José Loureda, alcalde en la II República. Esta “improvisada resistencia” surgió en cuanto los vecinos confirmaron que se había producido el levantamiento, en un momento en que contadas casas tenían radio y prensa.

Pese a la escasa organización y sindicación previa, sí existían marcadas tendencias ideológicas. En Presedo había un grupo de “simpatizantes con tendencias de partidos de izquierdas, Partido Comunista especialmente, y algún sindicalista sin llegar a estar formalizados en ningún colectivo a nivel local”, detalla Rocha. También en Crendes había afines a la izquierda. En Mabegondo, había “dos bandos”: la sociedad de agricultores La Armonía y sus afines y los defensores de José Loureda Lago Concheiro, alcalde en la II República y el primero nombrado por el régimen, con enfrentamientos que llegaron a impedir algún pleno.

El Concello se situó provisionalmente en un edificio cedido por Pardo de Andrade en Villamarín. A propuesta de grupo de vecinos, se creó la Junta Local pro Reconstrucción de la Casa do Concello, que recaudó y entregó al Concello 33.091 pesetas y reconstruyó el depósito municipal.

La Casa del Concello quedó “totalmente destruida, resistiendo al fuego solo las cuatro paredes del edificio”, en la noche del 20 al 21 de julio de 1948, por un incendio provocado. Aunque existen indicios de que el fuego pudo ser una acción de la guerrilla, ya que aparecieron en la zona folletos de El Guerrillero y se oyeron consignas republicanas, junto con tiros y dos bombas de mano, la “voz popular” de los vecinos acusaba al que ejercía de oficial interino del Concello, encargado de la Hermandad de Labregos, por su “marcha precipitada a Argentina en la misma noche” del incendio.

—https://www.laopinioncoruna.es/gran-coruna/2021/04/18/abegondo-guerrilleiro-vista-exalcalde-48445525.html

El infierno de los republicanos españoles exiliados en el norte de África

Marzo de 1939. Hace más de un mes que Cataluña cayó en manos de las fuerzas franquistas. Cerca de medio millón de refugiados republicanos españoles huyen por el norte, en lo que aún hoy sigue siendo la migración más importante de la historia en una frontera francesa. Pero la retirada no es el último capítulo de la guerra civil española: en el sudeste de la península ibérica, los últimos bastiones republicanos caen uno tras otro. Las hostilidades culminan en el “cuelo de botella de Alicante”. Sin poder huir por Valencia ni por el sur de España, que ya estaba en manos de los franquistas, los milicianos y civiles republicanos se ven obligados a tomar el mar.

Desde Alicante, varios miles de personas embarcan de emergencia rumbo al puerto más cercano, Orán. La flota republicana proveniente de Cartagena llega a puerto en Argel, antes de ser desviada, con 4.000 personas a bordo, hacia Bizerta, en Túnez. En total, en pocos días probablemente hayan llegado a las costas de África del Norte entre 10.000 y 12.000 españoles, tal vez más, según algunos testimonios.

Si bien un puñado de republicanos son recibidos por sus allegados en Orán, que posee una fuerte comunidad hispánica, a partir del 10 de marzo de 1939 el gobierno de la Tercera República Francesa que administra África del Norte le pone un freno a su llegada. Desde hace un año, los decretos-leyes Daladier regulan la entrada de refugiados: clasifican entre “la parte sana y dedicada al trabajo, y los indeseables de la población extranjera”, imponen arrestos domiciliarios y reclusiones en centros de internamiento. El mismo esquema será retomado en Argelia, Marruecos y Túnez.

Mientras el alcalde de Orán celebra con gran pompa la victoria franquista, una parte de los republicanos son mantenidos por la fuerza en embarcaciones convertidas en barcos-prisiones. Quienes logran desembarcar permanecen en carpas, sobre todo en el muelle distante de Barranco Blanco. Eliane Ortega Bernabeu, cuyo abuelo estaba a bordo de uno de esos barcos, el Ronwyn, relata:

“Estaban totalmente aislados, apartados de los habitantes. Sin embargo, algunos oraneses venían a ayudarlos, les traían comida, que subían a bordo de los navíos utilizando cuerdas. En cambio, otra parte de la población no quería recibir a esos españoles, porque les preocupaba la enorme cantidad que eran. El alcalde de la ciudad, el padre Lambert, era amigo de Franco. Contribuyó enormemente a crear un clima de temor en la población”.

En el puerto de Orán, la situación se eterniza: miles de republicanos permanecerán allí más de un mes, en condiciones de insalubridad y subalimentación total.

En Túnez, los marinos y los civiles de la flota republicana también son apartados de la población. Rápidamente son enviados en tren hacia el centro del país y a campos de internamiento, sobre todo el de Meheri Zebbeus. En Argelia, luego de desembarcar, los refugiados también son llevados a campos de internamiento: “Había civiles, obreros, sindicalistas encerrados detrás de alambre de púa, y bajo la amenaza constante de las bayonetas”, señala Eliane Ortega Bernabeu.

En los numerosos campos, la mayoría de los cuales se encuentra en territorio argelino, se aplica la misma legislación que en la metrópoli. Peter Gaida, historiador alemán y autor de varias obras sobre los campos de trabajos forzados y los republicanos, explica:

“Los exiliados son considerados como peligrosos para la defensa nacional, están obligados a ofrecer prestaciones a cambio del asilo: una parte de ellos va a los campos de internamiento, la otra a las Compañías Trabajadores Extranjeros (o CTE)”.

Se trataba de prestaciones legales, ya que Francia estaba en guerra y los franceses también eran requisados.

En Argelia, las mujeres, los niños y también los inválidos fueron enviados a varios campos: Carnot (Orleansville) o Molière eran los más conocidos. Los combatientes iban a Boghar y Boghari, donde eran alistados para satisfacer las necesidades de mano de obra de la potencia ocupante. Su fuerza de trabajo fue utilizada principalmente para renovar caminos en la región de Constantina y para explotar las minas de carbón y de manganeso en el sur de Orán.

Los dirigentes de la Tercera República Francesa deciden entonces conectar las minas de Kenadsa, situadas al sur de Orán, con los ferrocarriles marroquíes. Dos mil republicanos españoles y miembros de las Brigadas Internacionales integran la Compañía General Transahariana para construir las vías en el desierto. En su libro “Camps de travail sous Vichy” (“Campos de trabajo bajo el gobierno de Vichy”, editorial Les Indes Savantes, que se publicará en francés en junio de 2021), Peter Gaida publica el testimonio de uno de ellos, internado en el campo de Colomb-Béchard, en Argelia:

“Nos enviaron a cuatro kilómetros del oasis para quitar la arena de una enorme duna petrificada de más de 2.000 metros de largo. La temperatura era asfixiante, más de 40º a la sombra, el agua era escasa y estaba caliente. Así comenzaron las disenterías, las crisis de paludismo, los vómitos y los fuertes dolores de cabeza”.

Luego del armisticio del 22 de junio de 1940, el gobierno de Vichy en el poder pone en marcha un viejo sueño colonial: la edificación de un ferrocarril estratégico, el transahariano, también llamado “Mediterráneo-Níger”. La idea es conectar las colonias de África del Norte con las de África occidental, o más bien, las capitales de ambos imperios coloniales, Argel y Dakar. Vichy emprende entonces la construcción de un enlace ferroviario de 3.000 kilómetros en pleno desierto. Pero los objetivos son múltiples: la cuestión también es transportar tropas militares, materiales y carbón explotado en Marruecos. Además, existe un proyecto en África Occidental para irrigar el río Níger y crear un cultivo de algodón gigantesco, para que Francia pudiera independizarse de los británicos. Para ello se necesitaba un ferrocarril que llegara hasta Argel.

Se trataba de una obra colosal, y estaba dividida en tres fases: la construcción de un eje Orán-Gao, bordeando el Níger; un segundo eje de Gao a Bamako, y un tercero que llevaría la línea ferroviaria hasta Dakar.

La mano de obra es ideal: las Agrupaciones de Trabajadores Extranjeros (Groupements de Travailleurs Étrangers, GTE, sucesores de los CTE) disponen de un marco legislativo represivo, una sutil alianza entre el colonialismo y el fascismo. En Marruecos, Túnez y Argelia se crean campos de internamiento. Pero los republicanos españoles no son los únicos que serán enviados a las diferentes construcciones: “Desde los campos franceses, como el de Vernet, serán deportados a los de África del Norte, en barco, anarquistas y comunistas franceses, miembros de las Brigadas Internacionales y personas con perfiles muy diversos. Para Vichy ‘se trata de bocas inútiles y de brazos necesarios’”, explica Peter Gaida.

Además, varios miles de judíos son excluidos del ejército francés y asignados a las Agrupaciones de Trabajadores Israelitas (Groupements de travailleurs israélites, GTI). “En los campos también hay norafricanos, principalmente líderes de movimientos nacionalistas en Túnez y en Argelia. Así que hay una población bastante mixta, e incluso hay rastros de judíos alemanes y de yugoslavos”, comenta Gaida.

En la región de Orán, los detenidos políticos considerados como peligrosos son internados en los campos de Djelfa, Djeniene Bourezg o Hadjerat M’Guil. “En total hay seis campos dedicados a la represión”, comenta Eliane Ortega Bernabeu. “Son campos de la muerte, como los llamaban los republicanos internados. Entre 1940 y 1942, en Berrouaghia, todos los indicadores que hemos podido registrar demuestran que fallecieron al menos 750 personas de hambre, de frío o de las sevicias”.

Los reclusos sufren castigos, vejámenes y torturas. “El campo de Meridja [en Argelia] cerró después de que los republicanos hicieran una huelga de hambre para protestar contra los actos de tortura. En realidad, fue reabierto por Vichy un poco más al norte, con el nombre de Ain el-Ourak”, continúa Eliane Ortega Bernabeu. La construcción del transahariano, por su parte, se interrumpe: solo se construirán 62 kilómetros de vías.

En Túnez, las condiciones en los campos parecen apenas más clementes que en Argelia o en Marruecos. La mitad de las 4.000 personas que llegaron en 1939 volvieron a España, luego de una promesa de amnistía formulada por Franco. Victoria Fernández, hija de un republicano español exiliado en Túnez, relata:

“Según mis investigaciones, luego de su vuelta a España, fusilaron por lo menos a 25, y los otros vivieron en condiciones extremadamente difíciles. De los 2.000 que permanecieron en Túnez, una parte importante fue enviada a campos en la región de Kasserine, donde trabajaron en plantaciones hortícolas y de árboles frutales, o para diversas empresas”.

En numerosas ocasiones se han reportado maltratos, sobre todo en la región de Gabès. “Además, enviaron a 300 marinos republicanos al desierto, al sur del país. Politizados y refractarios, eran aún más indeseables que los otros”, continúa Victoria Fernández. Paralelamente, unos 5.000 hombres tunecinos de confesión judía serán asignados a trabajos forzados, en distintos campos, cerca de las primeras líneas.

El desembarco de los aliados en África del Norte en noviembre de 1942, conocido con el nombre de “Operación Torch”, reconfigura la situación: la incertidumbre se instala en el gobierno francés, y los generales Henri Giraud y Charles de Gaulle se disputan el control de Argelia y de Marruecos. En Túnez ingresa la Wehrmacht, que permanecerá seis meses: “Durante ese período de ocupación alemana, una parte de los republicanos españoles huyeron hacia Argelia, los otros intentaron disimular su identidad. Los que fueron atrapados fueron enviados a los GTE, en la región de Kasserine”, explica Victoria Fernández.

Otros republicanos hacen el camino inverso desde Argelia y Marruecos. Peter Gaida escribe: “Les proponen firmar un contrato de trabajo, volver, o tomar las armas. Así que muchos se alistan en las fuerzas vinculadas a la Francia Libre, y atacan a las fuerzas alemanas en Túnez. Luego de la partida de la Wehrmacht del país, algunos desembarcan en Sicilia, y volvemos a encontrar rastros suyos en las fuerzas de la Francia Libre en Provenza. De modo que, luego de ser refugiados de la Guerra Civil Española, de haber sido internados por la Tercera República y de haber sido trabajadores forzados bajo el gobierno de Vichy, terminan combatiendo por la liberación de Francia. Un destino pocas veces valorado, del que son víctimas y a la vez héroes”.

En 1943, una parte de los republicanos españoles partió hacia Casablanca, antes de embarcar para México o América del Sur. “Otros se quedaron, como mi familia. En realidad, pensaban que Franco terminaría siendo depuesto, dormían con la valija debajo del colchón”, recuerda Eliane Ortega Bernabeu. Su nacimiento en Orán en 1954 coincide con el comienzo de la guerra de liberación nacional en Argelia:

“No soy una pied-noir, en primer lugar porque es un término colonial, pero también porque no soy francesa. Soy una española de Orán. Los republicanos llevaban consigo los valores democráticos, así que se oponían firmemente al colonialismo. Para ellos, la explotación de un pueblo por otro era un horror. Mucho más tarde, me di cuenta de que mi padre pagaba su cuota en el Frente Nacional de Liberación. Él y los otros veían la pobreza de los indígenas, la explotación, la tortura. Automáticamente se adhirieron a su combate”.

Los españoles que quedaron en Túnez terminaron yéndose, principalmente debido a problemas económicos. La última ola dejará el país tras la muerte de Franco, cuando España reconoció su servicio en la marina.

—Laurent Perpigna Iban, https://orientxxi.info/magazine/el-infierno-de-los-republicanos-espanoles-exiliados-en-africa-del-norte,4683

1 de mayo de 1946 en Argel. Los republicanos españoles desfilan junto a los obreros argelinos contra la explotación capitalista y por la liberación colonial

De quemar brujas a torturar en Intxaurrondo: la Guardia Civil es heredera de la Inquisición

Creada en dos decretos de marzo y mayo de 1844 como una fuerza reaccionaria contra los progresistas: así nace la Guardia Civil. Tan sólo 9 años después de la disolución de la Santa Hermandad de los Reyes Católicos.

 

«En la creación de la Guardia Civil se propuso S.M la Reina… la formación de un Cuerpo respetable, y esencialmente conservador, en el cual hallase la sociedad la protección que le es debida. Para llenar este objeto es indispensable que este Cuerpo sea un modelo de todas las virtudes políticas y militares.»1

La Guardia Civil nace con el firme propósito de ser un cuerpo militar que controle todo el territorio del país. Su creación, en teoría, se debe a los problemas de orden público que atraviesa el país.2 Desde la guerra de Independencia, la paz social está en grave peligro para las élites dinásticas que se mantienen en el poder. La guerra carlista acentúa la miseria y el putrefacción de la monarquía española.

El instituto armado es una apuesta personal de la monarquía con los sectores más reaccionarios de las élites por mantener el orden y el status quo. El gozar de una protección eficaz tanto personal como pública, el que la propiedad fuese respetada es un ideal siempre buscado por los “vecinos honrados y pacíficos”, de cuyo logro no pueden irrogarse perjuicios “para las clases acomodadas y laboriosas””3.

¿Su instructor? El duque de Ahumada, un todopoderoso de las familias nobiliarias españolas que habían ligado su futuro al de la corona4. El hombre fuerte de la monarquía, Narváez, había combatido a los carlistas junto al duque de Ahumada en Andalucía y Castilla5. Ahumada tenía el apoyo de los sectores más reaccionarios “y moderados” de la élite española para la creación de este cuerpo.

Con cierta influencia afrancesada, se había creado anteriormente la Milicia Nacional bajo el auge de las ideas liberales. Pero ello fue objetivo del ala “moderada6” de la monarquía que desmanteló el cuerpo.

Pero, ¿de dónde sale la Guardia Civil?

“[…] el exceso de militares, consecuencia lógica del incremento militar que supone la Primera Guerra Carlista, incremento que se mantiene después de terminada esta y que se agudiza aún más con la inclusión en los escalafones de los carlistas acogidos por el Convenio de Vergara.”7

Es decir, había una superpoblación de mandos y soldados en el Ejército y, por otro lado; hay un problema social de miseria y pobreza que genera inseguridad a las élites.

Además de existir unas élites temerosas, éstas no ceden un palmo de terreno a las clases populares8. ¿Solución? Crear un cuerpo militar represivo con la jurisdicción que habían tenido, tradicionalmente, las Santas Hermandades. Así nace la Guardia Civil.

«Tenían jurisdicción en todo el territorio salvo en el interior de las ciudades, que tenían su fuero propio y estuvo en funcionamiento, con diferentes cambios, hasta que fue disuelta por decreto de 7 de mayo de 1835. Unos diez años más tarde, en 1844; se crearía la Guardia Civil como sustituto.»9

«[…] como son la creación de una y otra como una de las primeras medidas tomadas por dos reinas del mismo nombre y, sobre todo, el realizar una eficaz, pronta y victoriosa lucha contra la anarquía y el desorden público, el poseer ambas una doble condición policial y militar, o al contrario, etc.»10

Nueve años antes, el 7 de mayo de 1835 se promueve la disolución de la S. Hermandad después de casi cuatro siglos de funcionamiento. Iniciada como una milicia rural con cometidos policiales, sirvió como fuerza auxiliar a la Inquisición y en su reglamento también incluía la persecución de la herejía y el paganismo.

Pero hay varias similitudes entre las Santas Hermandades de los Reyes Católicos y la Guardia Civil. Se trata de los primeros cuerpos militares con competencias policiales en todo el territorio nacional, de manera organizada y con un escalafón. Ambos contaban con su propio presupuesto. Ambos cuerpos son una iniciativa personal del monarca reinante.

Se sabe que la Santa Hermandad tenía su propia jurisdicción para la represión de la herejía y otros crímenes. Es decir, tenían su propio aparato que juzgaba y emitía veredictos. Ellos mismos detenían, juzgaban y mataban si así era la condena. Se convirtió en un aparato estatal represivo de primer orden.

En el caso de la Guardia Civil es diferente11. La Guardia Civil contó con otras herramientas (más «técnicas», si se puede llamar así)  como por ejemplo: la Ley de Fugas. Bajo este paragüas, el instituto armado tuvo vía libre para liquidar toda crítica social al sistema imperante desde su creación hasta bien entrado el franquismo. La Guardia Civil, además de nacer de un cuerpo medieval represor de la herejía, colaboró en el asesinato y la desaparición de personas hasta la década de los años 50 del siglo XX.

Y es que se parecían hasta en lo formal. ¿Adivinan cuál era el color de las camisas que vestía la Santa Hermandad de los Reyes Católicos? Efectivamente, el “verde Guardia Civil”.

Ambos cuerpos salvaron las instituciones de la corona. La Santa Hermandad en un momento de guerras civiles intestinas dentro del reino de Castilla, y la Guardia Civil a una monarquía podrida y tambaleante ante los vaivenes del liberalismo y el progresismo. Más tarde, se sabe que reprimieron salvajemente en favor del fascismo, que combatieron con la División Azul en el frente soviético o que protagonizaron las peores salvajadas en los sótanos del cuartel de Intxaurrondo.

No hay tanta diferencia entre los que rapaban la cabeza a las brujas en el siglo XVI y los que rapaban la cabeza a las republicanas después de la Guerra. La única diferencia es el contexto pero los actores siguen siendo los mismos.

En resumen, tenemos un instituto armado con atribuciones policiales y represivas que nacen como iniciativa de una monarquía casi feudal. Un cuerpo que se mantiene en la actualidad, anacrónico y que nace de la tradición de cuatro siglos de represión a herejes y no tan herejes. Un instituto armado heredero de la llamada Santa Hermandad que colaboró, durante toda su existencia, con la Santa Inquisición en la persecución de herejes, brujas y cualquier conato de pensamiento libre.

 

 

1 Recopilación de las Reales Órdenes y circulares de interés general para la Guardia Civil (1846), págs. 44-45. Extraído de Creación de la Guardia Civil, de Martínez Ruiz, Enrique. Pag. 33.

2 Ya en su artículo 2 del primer decreto de fundación emitido el 28 de marzo indica que, también, es un cuerpo dedicado a la “protección de las personas y las propiedades”.

3 Creación de la Guardia Civil, de Martínez Ruiz, Enrique. Pag. 33.

4 Su familia estuvo apegada durante siglos a la monarquía, desde la época de los Austrias (donde participan de la conquista y colonización de América, él mismo es descendiente de Moctezuma); hasta siglos después, donde él mismo participa junto a los Cien Mil Hijos de San Luís en el aplastamiento del gobierno liberal de Rafael De Riego.

5 Es conveniente recordar que Narváez, 20 años antes, había sido defensor del gobierno de Rafael De Riego e incluso fue prisionero de los Cien Mil Hijos de San Luís. El Narváez de 20 años después lo habría metido preso.

6 No hace falta decir que el nombre de “moderado” es un paragüas donde caben los absolutistas, los reaccionarios proclives a Isabel II, la nobleza chupóptera, etc.

7 Creación de la Guardia Civil, de Martínez Ruiz, Enrique. Pag. 34.

8 No olvidar que en España ya se empezaba a introducir el modelo fabril, las primeras asociaciones obreras, las cajas de resistencia, etc.

10 https://gcivil.tripod.com/nueva.html

11 En principio, existían jueces y juzgados en las capitales de provincia. La figura del Estado estaba más desarrollada que en el siglo XVI, pero éso no era obstáculo para la represión de manera rápida y eficaz.

12 Bajo esta ley, se asesinaron a campesinos, bandoleros, líderes sindicales, maestros, etc. Todo aquel que no se adaptaba o luchaba contra la miseria del sistema, al ser detenido y trasladado, podía recibir una bala por detrás.

 

 

 

Ana Belén Montes

No puede recibir visitas, salvo de un hermano. No le está permitido hablar por teléfono, ni recibir periódicos, revistas ni ver televisión. Nadie puede indagar por su salud ni conocer por qué está en un centro destinado a delincuentes con problemas síquicos, cuando ella no está loca. Tampoco le permiten relacionarse con otras personas en esa cárcel, donde ha pasado dos décadas en absoluta soledad. Leer más

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