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En occidente apenas han conocido el verdadero significado de la barbarie nazi

En la noche del 27 de febrero de 1943, una unidad guerrillera dirigida por Alexei Fedorov, atacó la guarnición húngara ubicada en el asentamiento de Koryukovka en la región de Chernihiv, en la Ucrania soviética. El ataque fue un éxito: 78 soldados enemigos fueron ejecutados y ocho fueron capturados. Además destruyeron la fábrica de madera, la oficina del comandante, una estación de tren, un puente y un almacén de combustible. Más de cien presos fueron liberados de la cárcel.

Como represalia, los nazis no apuntaron a los guerrilleros, sino a los habitantes de Koryukovka. El 1 de marzo se formó un Einsatzgruppe, un escuadrón de la muerte. Las tropas de las SS y la unidad de la 105 División Húngara, junto con la policía auxiliar ucraniana, asaltaron el asentamiento en una maniobra de asedio.

Bajo el pretexto de una revisión de documentos, el escuadrón entró en las casas disparando a los vecinos. Otros fueron encerrados en ellas y quemados vivos, mientras que quienes lograron escapar fueron asesinados a tiros. Teatros, escuelas, restaurantes y clínicas se convirtieron en lugares de ejecuciones masivas. Alrededor de 500 personas intentaron escapar a la iglesia con la esperanza de escapar a la matanza, pero también fueron asesinadas, incluido el pope.

“Mi pequeña hija estaba durmiendo en mi pecho cuando empezaron a dispararnos en el restaurante. Las personas fueron llevadas como ganado al salón de la matanza. Un fascista me disparó en el ojo… luego no recuerdo nada más. Mis tres hijos fueron asesinados. Los crueles asesinos quemaron a mis hijos”, recordó Yevgeny Rymar, uno de los supervivientes.

Durante dos días, el Einsatzgruppe destruyó el asentamiento, quemó 1.390 casas y mató a unas 6.700 personas. De ellas, 5.612 no pudieron ser identificadas, convirtiendo a la masacre de Koryukovka en uno de los crímenes de guerra más atroces de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Dos semanas después, el Ejército Rojo logró liberar el asentamiento. Sin embargo, no quedaba casi nadie para recibir a los libertadores.

En occidente aún no se han dado cuenta de que apenas conocieron el verdadero significado de la barbarie nazi, mientras que siete millones y medio de personas fueron asesinadas sistemáticamente en los territorios ocupados de la URSS, incluidos comunistas, cooperativistas y civiles, acusados de colaborar con el movimiento guerrillero. Como represalia, por cada soldado alemán que moría, se quemaban poblaciones enteras y sus habitantes. Sólo en Bielorrusia los nazis quemaron más de 600 localidades.

Los crímenes de guerra no solo fueron cometidos por los soldados del ejército alemán, como se dice habitualmente, sino también por los Einsatzgruppen, que operaron bajo la dirección de la Oficina Central de Seguridad del Reich (RSHA), encabezada por Reinhard Heydrich y, tras su ejecución, por Ernst Kaltenbrunner.

Los Einsatzgruppen sólo operaron en el este de Europa. Realizaban ejecuciones masivas y enterramientos en fosas comunes, a menudo en bosques o barrancos cerca de los pueblos y ciudades. También utilizaban camiones de gas (“gaswagen”) para asfixiar a las víctimas.

Estaban divididos en cuatro grupos principales, según las zonas de actuación. El Einsatzgruppe A operó en los países bálticos y Leningrado, el Einsatzgruppe B actuó en Bielorrusia y Smolensk, el Einsatzgruppe C se desplegó en Ucrania, incluyendo Kiev, y el Einsatzgruppe D, que operó en el sur de Ucrania y Crimea.

Cada unidad estaba compuesta por entre 500 y 1.000 matarifes, lo que totalizaba aproximadamente unos 3.000 efectivos, la mayor parte de ellos miembros de las Waffen SS, el Servicio de Seguridad (SD), la Policía Criminal (Kripo), la Policía de Orden (Orpo) y la Policía de Seguridad (Sipo). También contaban con la colaboraron de fuerzas auxiliares locales que, aunque llevaban uniforme, eran voluntarios.

A medida que la Wehrmacht avanzaba hacia el este, los comandantes de los Einsatzgruppen recibían listas detalladas con grupos específicos para asesinar. Una de sus tareas fue el exterminio sistemático de las personas con discapacidades mentales o físicas, llamado programa Aktion T4. Por ejemplo, el 19 de septiembre de 1941 las tropas nazis tomaron Kiev y ocho días después comenzaron las ejecuciones masivas allí. Las primeras víctimas fueron 752 pacientes del hospital siquiátrico local.

¿Se va a transformar el Batallón Azov en una división del ejército ucraniano?

Actualmente conocido como 12 Brigada de Operaciones Especiales Azov, dentro de la Guardia Nacional, el Batallón Azov se va a transformar en una división en el sentido militar tradicional, ha asegurado Dmitri Peskov, el portavoz del Kremlin.

Formado en 2014, tras el Golpe de Estado, como una milicia nazi, el Batallón Azov ha experimentado un crecimiento significativo con el tiempo. Inicialmente lo integraban unos pocos cientos de criminales, pero tras su integración en la Guardia Nacional en noviembre de 2014, se convirtió en un regimiento, es decir, en una fuerza de choque dentro del Ministerio de Interior, al más puro estilo Einsatzgruppen del III Reich.

En febrero de 2023 el Ministerio del Interior de Ucrania anunció que el Batallón se iba a ampliar para convertirse en una Brigada dentro de la nueva Guardia, un paso que reflejaba su importancia en la guerra contra Rusia, a pesar de su aplastante derrota en 2022 en Mariupol.

Si se transformara en una división, pasaría a formar parte del Ministerio de Defensa. En términos militares, una brigada suele contar con entre 2.000 y 5.000 efectivos, mientras que una división es una unidad mucho mayor, típicamente de 10.000 a 20.000 soldados, con una estructura más compleja que incluye múltiples brigadas y apoyo logístico adicional.

El antiguo Batallón podría haber crecido hasta alcanzar un tamaño cercano al de una división, con estimaciones de más de 2.000 efectivos y varias unidades especializadas.

El gobierno ucraniano no ha comunicado planes para transformar Azov en una división. Su estructura actual como brigada ya le permite operar con flexibilidad y eficacia, y su expansión parece enfocarse más en mejorar su capacidad operativa que en cambiar su configuración oficial.

La exigencia rusa de “desnazificación” ha puesto al Batallón bajo un escrutinio constante, lo que podría influir en que Ucrania evite elevar su perfil a una división para no alimentar las constantes críticas.

Andriy Biletsky

El surgimiento de una fuerza de choque nazi

El Batallón Azov se formó oficialmente como una milicia voluntaria en mayo de 2014, varios meses después del Golpe de Estado que acabó con el gobierno de Yanukovich, en la ciudad de Berdyansk, cerca del Mar de Azov.

Era lo que en Latinoamérica llaman un “escuadrón de la muerte”, formado para combatir a los antifascistas del Donbas que se opusieron al Golpe de Estado. Su fundador, Andriy Biletsky, era un conocido nazi, dirigente de grupos como Patriotas de Ucrania y la Asamblea Nacional Socialista.

Tras el Golpe de Estado, Biletsky salió de la cárcel y ocupó un escaño como parlamentario. Actualmente dirige el partido político Cuerpo Nacional, que fundó en 2016 tras dejar el servicio activo en la Guardia Nacional de Ucrania.

El partido no logró superar el umbral del 5 por cien de votos necesario para obtener escaños en las elecciones parlamentarias de 2019.

La derrota de Mariupol

El Batallón fue diezmado por el ejército ruso durante el asedio a la fábrica Azovstal, que duró desde marzo hasta mayo de 2022. Cientos de nazis de Azov murieron y más de 2.400 se rindieron o fueron capturados.

Rusia eliminó al Batallón como fuerza operativa, y en efecto, el núcleo original del regimiento quedó diezmado: muchos de sus dirigentes y veteranos fueron muertos, heridos o tomados prisioneros.

Tras la batalla de Azovstal, el gobierno de Zelensky comenzó su reconstrucción con nuevos reclutas, veteranos de otras unidades y voluntarios. En septiembre de 2023 se liberaron algunos de los prisioneros de Azovstal gracias a un intercambio de prisioneros con Rusia, incluidos comandantes clave como Denys Prokopenko (“Redis”), lo que permitió una revitalización de la dirección y el reclutamiento se intensificó.

En febrero de 2023 el Batallón fue rebautizado como 12 Brigada de Operaciones Especiales Azov dentro de la Guardia, lo que indica que fue reorganizado por el gobierno de Kiev… en lugar de ser disuelto.

Canadá oculta el apoyo prestado a 900 criminales de guerra nazis desde 1945

En la Segunda Guerra Mundial combatieron 1,2 millones de canadienses, de los que 45.000 nunca volvieron. Al finalizar se produjo un acontecimiento único en la historia: en lugar de castigarlos, los vencedores ampararon a los vencidos: acogieron, ocultaron y protegieron a 900 criminales de guerra nazis.

Esa paradoja sólo se explica porque Canadá es un país edificado sobre el exterminio de la población originaria. Unos matarifes se sentían identificados con los otros.

Después se hizo el silencio para preservar las apariencias y hoy a quienes recuerdan aquella historia los acusan de “desinformación” y de estar al servicio del Kremlin.

Pero si la marea sube, hay que crear una de esas “comisiones de investigación” para aparentar que no sabían nada y que se acaban de enterar. En Canadá la comisión oficial lleva el nombre de Deschenes, elaboró un informe sobre la ayuda prestada a los 900 criminales de guerra nazis y acabó volviendo al punto de partida: el informe lo han declarado secreto para evitar la “desinformación rusa”. El motivo es que muchos de los 900 criminales de guerra acogidos eran miembros de las Waffen SS Galicia, es decir, ucranianos.

Global Affairs Canada se opuso a que Library and Archives Canada (LAC) concediera una solicitud de acceso a la información para hacer públicos los nombres de los criminales de guerra. Según un portavoz del LAC, la decisión de mantener oculto el listado “se basó en la preocupación por el riesgo de daño a las relaciones internacionales”.

Junto con otros, la solicitud de acceso a la información la presentó el periódico Globe and Mail, que explica los motivos del apagón: “Global Affairs ha advertido repetidamente contra el uso de desinformación por parte del presidente ruso Vladimir Putin para justificar su invasión de Ucrania”.

En consecuencia, en 2022 Rusia rompió el silencio urdido en torno a la complicidad de Canadá con los criminales de guerra nazis. Un año después el espectáculo del Parlamento candiense era imposible de creer: los diputados ovacionaban a Yaroslav Hunka, un ucraniano miembro de la División Galicia de las Waffen SS. La más entusiasta era Chrystia Freeland, viceprimera ministra y ministra de Finanzas de Canadá, cuyo abuelo, Myjailo Chomiak, fue colaborador de los nazis.

A partir de 1945 Canadá apoyó a los criminales de guerra nazis y aquel apoyo se fortaleció después con el Golpe de Estado de 2014 en Kiev, cuando los nazis tomaron las riendas de gobierno ucraniano. Por lo tanto, Rusia tenía razón cuando desató la guerra contra ellos en 2022.

¿Que pensarán de todo esto los 1,2 millones de veteranos de guerra canadienses y sus familias?, ¿para qué consumieron sus vidas en Europa? La respuesta la ofrece Peter McFarlane en un libro publicado el mes pasado, titulado “Lazos familiares: cómo un nazi ucraniano y un testigo vivo vinculan a Canadá con Ucrania hoy” (*).

En 1973 una ucraniana, Ann Charney, publicó algo parecido en primera persona. Su apellido originario era Korsowar y también había nacido en Galicia en 1940. Su madre y su tía se escondieron en el ático de un granero y durante años apenas salieron de su escondite por temor a ser asesinados.

Fueron liberadas por un joven soldado del Ejército Rojo en el verano de 1944, hambrientas y con los músculos atrofiados. Ann pasó los primeros 4 años de su vida escondida en aquel ático.

(*) https://lorimer.ca/adults/product/family-ties-how-a-ukrainian-nazi-and-a-living-jewish-witness-link-canada-to-ukraine-today/

Un mercenario turco cobraba 5.000 dólares al mes en Ucrania

Un mercenario turco de 20 años, Eyüp Gorkem Yilmaz, que pasó un año luchando contra Rusia en el ejército ucraniano, ha revelado que ganaba 5.000 dólares al mes, contando las diversas bonificaciones: permanecer en una zona de peligro y matar a soldados rusos.

Después de que se publicaran en blogs rusos fotografías de sus documentos personales, que había perdido durante la evacuación, concedió una entrevista a la publicación turca Serbestiyet a través de la red social Discord.

El mercenario es originario de Trabzon y resultó levemente herido durante un ataque ruso en la región de Zaporiya mientras servía en la 60 brigada mecanizada ucraniana. Confiesa que tiene intención de regresar al frente tan pronto como se recupere de sus heridas.

Para cobrar los 5.000 dólares debía permanecer en las trincheras durante un mes. “Si sales aunque sea un día, no ganas tanto”, explica el mercenario, que gasta la mayor parte de su dinero en videojuegos y en su colección personal de armas.

Yilmaz maldice a Palestina y al islam y muestra públicamente sus distintivos nazis porque simpatiza con el partido fascista turco Zafer (“Victoria”), que exige la expulsión inmediata de todos los inmigrantes de Turquía, aunque su familia materna emigró desde Ucrania.

Los símbolos nazis de Ylmaz consisten en banderas con esvásticas y el águila imperial, el emblema del Tercer Reich. Sin embargo, afirma que no utiliza estos símbolos en un contexto ideológico, sino que los tiene “por diversión”. Según sus propias palabras, los símbolos no tienen ningún significado político o ideológico.

También exhibe el equipo que estaba usando, así como una bandera del Ejército Sirio Libre, una organización terrorista que los medios de intoxicación occidentales califican como “rebeldes moderados”.

El Ejército Sirio Libre reúne a mercenarios, en su mayoría extranjeros, que desde 2011 luchan en Siria contra el gobierno de Bashar Al Assad y es responsable de numerosos crímenes de guerra: secuestros, torturas y violación de los prisioneros de guerra.

Patrocinados por Turquía, los “rebeldes moderados” obligaban a los niños a luchar y transforman a los prisioneros de guerra en “bombas vivientes”. Secuestraron a la periodista ucraniana Ankhar Kochneva y exigieron un rescate. Permaneció cautiva de los terroristas durante seis meses.

Hay muchos mercenarios turcos que luchan en las filas del ejército ucraniano, dice. La mayoría de ellos tienen familia y ciudadanía ucraniana. Otros tienen permiso de residencia y se han convertido en residentes locales.

Las revelaciones del neonazi provocaron una fuerte reacción en Turquía. Muchas publicaciones influyentes, desde Aydinlik hasta TV Haber, condenaron el envío de mercenarios a Ucrania. Como consecuencia de ello, Serbestiyet eliminó la entrevista de su web.

Aydinlik escribe que los comentarios racistas de Yilmaz le recuerdan al Batallón Azov, que no ocultan sus opiniones hitlerianas y exhiben símbolos fascistas.

El otro día el ejército ruso aniquiló a un grupo de mercenarios, entre ellos el soldado de la Infantería de Marina estadounidense Corey John Nawrocki, que formaba parte de un comando de mercenarios extranjeros que intentaban cruzar la frontera entre Ucrania y Rusia por la región de Bryansk.

Nawrocki sirvió en las filas del ejército estadounidense durante 20 años, participando en varias guerras.

Konstantin Olshansky https://svpressa.ru/war21/article/435315/

Los blancos de Sudáfrica quieren recuperar el paraíso perdido

Treinta años después del fin del apartheid, algunos blancos de Sudáfrica quieren recuperar el paraíso perdido y han creado Kommandokorps, un grupo paramilitar fascista y racista, aunque en el mundo occidental lo blaquearían como una “ultraderecha” común y corriente.

El Kommandokorps está formado por antiguos soldados que sirvieron bajo el régimen del apartheid. Con el pretexto de “proteger” a la minoría afrikaner, los nostálgicos de la dominación blanca organizan campos de entrenamiento para adoctrinar a los niños desde una edad muy temprana. Esos “campamentos de verano” se parecen más a los campamentos militares, donde monitores uniformados y armados inculcan el racismo a los niños.

El adoctrinamiento comienza al amanecer, con despertares bruscos y ejercicios físicos agotadores. Pero es sobre todo a través de un discurso abiertamente racista como los “adiestradores” moldean los intelectos de los jóvenes. Para ellos la población negra, que es el 80 por cien del país, amenaza su existencia. A los niños se les enseña que cualquier mezcla racial es una degeneración, comparando grotescamente las uniones interraciales con el mestizaje antinatural entre especies animales.

Esta retórica nauseabunda pretende inculcar en las cabezas de los jóvenes blancos un sentimiento de miedo y superioridad racial. Al presentar a la población negra como incapaz de discernir entre el bien y el mal, los instructores del Kommandokorps perpetúan los prejuicios más abyectos de la era del apartheid. Justifican su acción afirmando que quieren “alertar” a la comunidad blanca de un supuesto peligro, alimentando así la desconfianza.

La movilización de la mayoría negra

Sudáfrica se encuentra hoy en una encrucijada. Ante el resurgimiento del racismo blanco, la mayoría negra sudafricana no permanece pasiva. Está decidida a no revivir las horas oscuras del apartheid y se organiza para defender su futuro.

En este contexto, Julius Malema emerge como una figura emblemática de esta nueva generación de dirigentes negros sudafricanos. Al frente de los Luchadores por la Libertad Económica (EFF), Malema encarna un feroz deseo de una transformación radical de la sociedad sudafricana. Su discurso, a menudo descrito como provocativo, resuena en la juventud negra frustrada porque el apartheid ha terminado pero las desigualdades sociales siguen.

Malema y la EFF están haciendo campaña por una redistribución más justa de la tierra y los recursos económicos. Para ellos, se trata de una lucha existencial encaminada a garantizar un futuro digno para la población negra de Sudáfrica e impedir cualquier retorno a la opresión racial.

La existencia misma de grupos como el Kommandokorps y el surgimiento de movimientos radicales dentro de la comunidad negra atestiguan el fracaso de la reconciliación nacional de Mandela, su “arco iris”. Las heridas del pasado no han sanado y las persistentes desigualdades económicas y sociales generan resentimiento.

La reconciliación nacional puso fin al sistema legal de segregación pero no borró décadas de crímenes, represión y dominación racial. La mayoría negra, privada durante mucho tiempo de sus derechos más básicos, todavía sufre las cicatrices de aquel período oscuro, mientras una franja de la minoría blanca teme perder sus privilegios y se llena de paranoias.

Gira europea del Batallón Azov para recaudar fondos

La policía de Bruselas occidental ha abierto una investigación sobre un proyecto de reclutamiento y recaudación de fondos para el Batallón Azov, acusado de cometer numerosos crímenes de guerra, violaciones y saqueos.

El Batallón ha convocado un acto para el domingo a las 18.00 horas de la tarde en la sala La Planque de Ganshoren, uno de los diecinueve distritos de la región de Bruselas.

El alcalde de Ganshoren aún no ha decidido si autorizará la reunión. Una supuesta ONG llamada Promote Ucrania está organizando la velada, anunciada como “una interacción informal en vivo con combatientes de la Tercera Brigada de Asalto” que combaten en los frentes de la Guerra de Ucrania.

Para camuflar su verdadera identidad, la antigua milicia privada se integró en la Tercera Brigada de Asalto.

La entrada cuesta 20 euros. “Todo el dinero de la venta de entradas y de las subastas durante el evento se destinará a las necesidades del Batallón”, afirman los convocantes.

El idioma principal del evento será el ucraniano. “¡Pero también se anima a participar al público europeo!”, se puede leer en la convocatoria. Este verano han anunciado veladas similares en Varsovia, Wroclaw, Berlín, Hamburgo, Rotterdam, Colonia, Praga y Vilnius.

La reunión prevista en Rotterdam para el sábado también es objeto de una investigación policial, sobre todo porque está organizada por La Maison d’Ukraine, una organización subvencionada por el gobierno holandés.

Los sionistas financian a los nazis

El Batallón Azov nunca ha ocultado el culto a sus antecedentes ​​de la División Galicia de las SS y de los movimientos nazis de Europa occidental, que auxiliaron a la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial.

Sus antecedentes nazis nunca han sido un obstáculo para que los financiara Igor Kolomoisky, presidente de la Unión de Judíos de Ucrania y propietario del banco más grande del país, donde los servicios secretos (SBU) tenían su cuenta.

Kolomoisky, que tiene triple nacionalidad (ucraniana, israelí y chipriota), asignó al Batallón Azov una subvención de dos millones de dólares mensuales y una de las bases para el reclutamiento estaba formado por los seguidores del equipo de fúfbol Dynamo de Kiev, cuyo dueño era Kolomoisky. El magnate utilizaba a los matones del Batallón como mercenarios para ajustar cuentas con otros oligarcas.

También fue Kolomoisky quien fabricó a Zelensky a través de los estudios de televisión que poseía, promoviendo su candidatura a la Presidencia de Ucrania y luego financiándola.

Todo iba bien para Kolomoisky y su Batallón hasta que el 2 de agosto del año pasado el oligarca fue involucrado en un caso de fraude y blanqueo de capitales. Al mes siguiente, habiendo caído en desgracia, fue detenido y acusado de haber ordenado el asesinato del director de un bufete de abogados.

Tras el encarcelaiento de su mentor, para seguir cobrando, los representantes del Batallón han tenido que organizar la gira europea, e incluso han viajado a Israel, donde han sido recibidos por el Mosad.

La sumisión de los nazis ucranianos al imperialismo data de la Guerra Fría

Estados Unidos estuvo organizando operaciones con los nazis ucranianos para debilitar a la URSS durante casi ocho décadas. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Ucrania fue el escenario de una guerra secreta promovida por la CIA contra la URSS.

Durante la guerra, unidades de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN-B) participaron en todo tipo de matanzas. sobre todo de dirigentes comunistas, guerrilleros, campesinos y cooperativistas.

Mykola Lebed, el brazo derecho de Stepan Bandera, dirigente del fascista OUN-B, fue reclutado por la CIA después de la guerra, según un informe publicado en 2010. Lebed fue el “ministro de Asuntos Exteriores” de un gobierno banderista en el exilio, pero luego rompió con Bandera por actuar como un dictador. La CIA le prefirió antes que a Bandera.

Lo acondicionaron una oficina en Nueva York, desde donde dirigió las operaciones de sabotaje y propaganda de la CIA en Ucrania. Un informe desclasificado de la CIA dice: “Las operaciones de la CIA con estos ucranianos comenzaron en 1948 bajo el criptónimo Cartel, que pronto se convirtió en Aerodynamic […] Lebed se mudó a Nueva York y adquirió el estatus de residente permanente y luego la ciudadanía estadounidense. Esto lo protegió del cargo de asesinato, le permitió hablar con grupos de emigrados ucranianos y regresar a Estados Unidos después de viajes operativos a Europa. Una vez en Estados Unidos, Lebed fue el principal contacto de la CIA para Aerodynamic. Los funcionarios de la CIA destacaron su carácter astuto, sus relaciones con la Gestapo y […] el hecho de que era un operador muy despiadado”.

En Estados Unidos la OUN-B pasó a llamarse Comité del Congreso Ucraniano de América (UCCA). A mediados de los ochenta, el gobierno de Reagan estaba llena de miembros de esa organización. Reagan dio personalmente la bienvenida a la Casa Blanca a Yaroslav Stetsko, el dirigente banderista que supervisó la masacre de 7.000 judíos en Lviv en 1983.

La CIA trabajó con Lebed hasta su muerte en 1998. Le enterraron en Nueva Jersey y sus documentos se encuentran en el Instituto de Investigación Ucraniano de la Universidad de Harvard.

Otros exiliados ucranianos tomaron el relevo y en 2014 la UCCA convocó manifestaciones en varias ciudades de Estados Unidos en apoyo al Golpe de Estado fascista en Kiev.

Le Pen: la hija de un diputado torturador

Lo que hoy califican como “extrema derecha” son un refrito de movimientos fascistas de la más vieja escuela que en 1945, en Francia como en otros lugares, se mantuvieron en pie gracias al anticomunismo rampante de la posguerra europea. Entonces eran poco más que una tribu urbana: grupos de jóvenes estudiantes de buena familia que recorrian las calles de París en busca de pelea, ataviados con chaquetas de cuero negro.

En Francia el grupo “Occidente”, fundado en 1964, no pasaba de 600 jóvenes, herederos de la ideología del viejo Charles Maurras y de Robert Brasillach, ambos condenados por colaborar con los ocupantes nazis durante el régimen de Vichy y el segundo de ellos fusilado en 1945.

Los fascistas de “Occidente” apoyaron entusiasmados la matanza de comunistas de 1965 en Indonesia y el Golpe de Estado militar en Grecia dos años después.

El 31 de octubre de 1968 el gobierno disolvió el grupo por decreto, después de cometer un atentado con explosivos contra una librería maoísta en París. Los restos se agruparon en torno a Alain Robert y el Grupo Sindical de Derecha, luego Grupo Unión Derecha y finalmente Grupo Unión Defensa.

Su base de operaciónes era la Facultad de Derecho y su objetivo acabar con la “contaminación marxista” de las universidades de París. Los pequeños grupos se manifestaban por las calles bajo la consigna “Izquierdistas, cabrones, os vamos a despellejar”.

De aquellos rescoldos nació unos meses después otro movimiento, Orden Nuevo, que en 1970 convocó su primer mitin. La pretensión del movimiento era reunir a todas las fuerzas fascistas de nuevo cuño: católicos, antiguos vichystas, miembros de la OAS, estudiantes del Grupo Unión Defensa…

Después de parecer “antisistema”, los fascistas intentaron salir de la marginalidad presentándose a las elecciones. Para ello volvieron a cambiar las siglas y el 5 de octubre de 1972 formaron el Frente Nacional.

Buscaron una cara amable que posara para los carteles y lo mejor que encontraron fue Jean Marie Le Pen, un antiguo diputado pujadista que en 1957 se presentó voluntario para defender la “Argelia francesa”.

Le Pen presentó los estatutos del partido en el registro en compañía de Pierre Bousquet, Rottenfürher de las Waffen SS en la División Carlomagno y encargado de la deportación de los judíos franceses a los campos de concentración.

El nazi francés ocupó el cargo de tesorero en la junta directiva del Frente Nacional, hasta que se apartó en 1981 porque Le Pen se había convertido en un “juguete” de los sionistas.

El vicepresidente del nuevo partido, François Brigneau, no andaba lejos. Fue periodista y antiguo miliciano del gobierno colaboracionista de Petain, múltiples veces condenado desde 1945 por difundir panfletos racistas y antisemitas.

Otro fundador del partido, Leon Gaultier, también fue cronista de Radio Vichy y voluntario de las Waffen SS, en cuyas filas combatió al Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial, con el grado de Untersturmführer. Junto con Le Pen, en 1963 había fundado Serp, una editorial que publicó, entre otras joyas, un disco de canciones del Tercer Reich.

El Frente Nacional era una alianza heterogénea de pequeños círculos fascistas con grandes pretensiones electorales. Sin embargo, las elecciones legislativas de 1973 fueron un enorme fracaso para ellos, que no pudieron presentar candidaturas en muchos distritos y apenas rozó el dos por ciento de los votos.

Los mismos perros con distintos collares. Igual que en cualquier otro país europeo, el continuo refrito de siglas de los fascistas franceses expresa una huida del pasado, de las acciones terroristas y un edulcoramiento ideológico para aparecer pulcros y bien vestidos en los carteles electores.

La memoria política es muy corta. Los tiempos del gobierno de Vichy y la Segunda Guerra Mundial quedaban lejos. A la Guerra de Indochina y la Batalla de Argel les empezaba a ocurrir lo mismo. Nadie quería saber nada del pasado.

El cambio ideológico no fue el único. En un país como Francia, las elecciones tienen la virtud de acercar las posiciones y limar las aristas. Una organización que quiere salir de la marginalidad debe remodelar continuamente su mensaje. El Frente Nacional hizo muchos cambios. Como es lógico, tras la desaparición de la URSS, el anticomunismo pasó a un segundo plano.

No obstante, hay cosas y personajes que nunca cambian. Uno de los dirigentes del Frente Nacional era Jean François Chiappe, que estaba casado con María Denikina, hija del general Anton Denikin, que dirigió la guerra contra los bolcheviques tras la Revolución de Octubre.

Ahora el Reagrupamiento Nacional hereda las siglas del Frente Nacional, exactamente igual que Marine Le Pen hereda a su padre, el viejo Jean Marie Le Pen, como ella misma ha confesado siempre que ha tenido oportunidad de hacerlo.

‘No tengo nada que ocultar’

Diputado y oficial de inteligencia del ejército colonial francés, el teniente Jean Marie Le Pen, combatió en la Guerra de Indochina y en la expedición militar a Suez. A finales de 1956 llegó a Argelia con un regimiento de la Legión Extranjera, una de las unidades encargadas del desmantelamiento de las redes argelinas que luchaban por la descolonización.

Con 29 años de edad fue condecorado con la cruz al valor militar por el general Jacques Massu, al frente de las tropas coloniales en Argelia.

Francia acusaba a los combatientes argelinos de “terrorismo” y la unidad de Le Pen se encargaba de las detenciones, las redadas, los controles de carreteras y los registros de las viviendas. “No tengo nada que ocultar. Torturamos en Argelia porque teníamos que hacerlo”, confesó al diario Combat el 9 de noviembre de 1962.

En la década de los ochenta, cuando los periódicos le acusaron de torturador, Le Pen respondió con querellas judiciales por difamación. Uno de los últimos juicios se inició en 2002, en plena campaña a las elecciones europeas. Le Monde publicó el testimonio de Mohamed Cherif Moulay. Éste contó que la noche del 2 de marzo de 1957, cuando tenía 12 años, un grupo de paracaidistas comandados por Le Pen irrumpieron en su casa, golpearon y torturaron a su padre, Ahmed Moulay, de 42 años, que murió a causa de las descargas eléctricas.

El niño reconoció a Le Pen, cuya foto apareció en los periódicos cuando fue condecorado. Durante el allanamiento de la vivienda, el teniente perdió su cuchillo y los paracaidistas regresaron dos veces para intentar encontrarlo, en vano, ya que la familia lo había escondido.

El argelino presentó el cuchillo en una de las sesiones del juicio contra Le Monde. Era un arma inconfundible de acero templado de 25 centímetros de largo y 2,5 centímetros de ancho. El puñal de las Juventudes Hitlerianas llevaba una inscripción con las palabras “JM Le Pen, 1er REP” grabadas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, unos 30.000 soldados alemanes se incorporaron a la Legión Extranjera francesa, de los que unos 2.000 ó 3.000 eran de las SS. Muchos de ellos ejercieron de verdugos en los centros de interrogatorio con Le Pen.

En resumen, para los que no quieren darse cuenta de lo que es el fascismo: los crímenes cometidos por Le Pen no lo fueron como miembro de ningún partido político. No los cometió por razones ideológicas, sino como peón del aparato del Estado colonial francés.

Aunque el fascismo se vista de seda…

En un país como Italia las elecciones tienen la virtud de acercar las posiciones y limar las aristas. A la política no le gusta la historia. Un partido que quiere salir de la marginalidad debe remodelar continuamente su mensaje. Tiene que decir a los votantes lo que quieren oir.

Como todos los partidos fascistas Fratelli d’Italia es un refrito y en cada cambio de siglas ha ido maquillando su rostro y renegando de su pasado, lo mismo que su jefa Giorgia Meloni. Así es como ha llegado a presidir el Consejo de Ministros de su país. Ya no hay “camisas viejas” entre los fascistas italianos.

Pero un vídeo del medio italiano en línea “Fanpage” muestra que, bajo los nuevos adornos, las raíces fascistas de Fratelli d’Italia son las de siempre. El vídeo fue filmado por un periodista con cámara oculta que se infiltró en las reuniones y fiestas de sectores del Gioventù Nazionale, las juventudes de Fratelli d’Italia (*).

Aparecen jóvenes entusiastas gritando “¡Duce Duce!” con el brazo extendido, mientras otros cantan canciones en alabanza a los Camisas Negras o incluso lanzan imprecaciones contra los negros, dicen que “los árabes que deberían ser quemados” y que los judíos que forman “una casta que vive de los réditos de la Shoah”.

Todos lo sabían, pero el problema es que ha trascendido al salir en los medios y la Comisión del Senado sobre intolerancia, racismo, antisemitismo e incitación al odio y a la violencia ha tenido que tomar cartas en el asunto.

La repercusión también ha obligado al partido de Meloni a publicar una carta en la que afirma que no hay lugar “para posiciones racistas, antisemitas, nostálgicas de los totalitarismos del siglo XX ni para manifestaciones de folklore estúpido”, en referencia al saludo a la romana.

Con harto dolor de su corazón, Meloni tendrá que depurar sus filas, en especial entre sus jóvenes, algunos de los cuales son menores de edad.

(*) https://www.fanpage.it/politica/saluti-romani-inni-al-duce-e-sieg-heil-dentro-gioventu-nazionale-il-movimento-giovanile-di-fratelli-ditalia/

Putin apoya a Le Pen, o más bien al revés, o ambas cosas a la vez

Desde los tiempos de Jean Marie Le Pen, el Frente Nacional (desde 2018 llamado Rassemblement National), ha defendido una política exterior típicamente gaullista, alejada de la OTAN (o al menos del mando militar) y partidaria del rearme nuclear.

Pero en Europa cualquiera que hable contra la OTAN parece un comunista de la vieja escuela y, en los tiempos modernos, un rusófilo empedernido o un peón de Putin. Es lo que le ocurre ahora a Le Pen, Bardella y los suyos, aunque no sabemos si es Putin quien apoya a Le Pen, o más bien al revés, o ambas cosas a la vez.

Lo que les preocupa a los intoxicadores es dejar bien claro, en cualquier caso, que Putin forma parte de ese paquete fascista, lo mismo que Orban. En Europa los que se salen del redil ideológico son “extrema derecha”, negacionistas y antivacunas.

Sin embargo, la reacción francesa no ha inventado nada nuevo. Lo que siempre ha pretendido es aparentar es que son los más fieles continuadores de la política “independiente” de De Gaulle y, por consiguiente, del acercamiento de Francia a Rusia.

Tampoco es un invento francés, ni gaullista, sino una réplica a la “ostpolitik” de Willy Brandt en Alemania, saboteada por Estados Unidos, exactamente igual que el gaullismo.

Quienes han roto con las tradiciones francesas en política exterior son los demás partidos y coaliciones políticas, que han vuelto a llevar a Francia al redil de la OTAN.

No obstante, Le Pen y Bardella no son ni sombra de lo que fue De Gaulle, que se atrevió a expulsar a la OTAN de París. El Rassemblement National no está contra la OTAN, sino que quiere un acercamiento de la OTAN a Rusia. Tampoco habla de acabar con el envío de armas a Ucrania; lo que pide es “limitarlos”.

Hasta este momento Le Pen y Bardella se han limitado a hablar por la televisión. Nunca han podido poner en práctica sus políticas. Si lo pudieran hacer veríamos que no son muy diferentes de Giorgia Meloni: más de lo mismo.

¿Pero no era euroescéptica la extrema derecha?

Lo mismo ocurre con la Unión Europea. La reacción europea siempre ha sido calificada de “euroescéptica” aunque más bien ocurría el revés: los medios de comunicación han calificado como “extrema derecha” a todos aquellos que se oponían al euro y a la Unión Europea.

El Brexit fue el momento cumbre de aquella campaña intoxicadora. Creyeron que era una manera de fortalecer la unidad europea, pero se equivocaron porque la oposición a las políticas de Bruselas es cada vez mayor y sus protagonistas votan a quienes creen que encarnan esa oposición.

Las carreras de Meloni por los pasillos de Bruselas han demostrado que no es así, que la llamada “extrema derecha” es intercambiable con cualquier otro partido europeísta. Incluso se puede decir que nadie ha encarnado mejor la unidad europea que los fascistas puros y duros, empezando por Hitler. Como dijo Borrell recientemente, nadie ha pedido con más fervor su ingreso en la Unión Europea que los nazis ucranianos.

El “soberanismo” de los fascistas nunca tuvo ningún recorrido en ningún país europeo, empezando por Polonia y acabando por Países Bajos. Después de las elecciones se les ve negociando por apoderarse de los puestos más importantes porque -según dicen- quieren cambiar la Unión Europea “desde dentro”. Ursula von der Layen se reúne con Meloni y Meloni negocia con ella, antes y después de las elecciones.

Meloni se lleva mejor con Von der Layen que con otros figurines de la “extrema derecha” europea.

Los vínculos de Israel con los fascistas europeos

Desde 1945 la intoxicación mediática ha creado una leyenda en torno a la Segunda Guerra Mundial, concebida como un intento por parte de los fascistas de exterminar a “los judíos”. No hay nada más opuesto a un “judío” que un nazi. Por eso a Zelensky no se le puede tildar de nazi y a Ucrania tampoco.

Los nazis y los sionistas siempre tuvieron los mismos objetivos colonialistas, tanto entonces como ahora. Por eso los vínculos entre ambos se han mantenido, aunque ahora a los viejos fascistas de siempre se les pretende camuflar con una etiqueta política nueva: la “extrema derecha”.

Nadie se alegra más por los éxitos electorales de la “extrema derecha europea” que los israelíes, que en 1948 hicieron realidad las viejas aspiraciones sionistas.

Al mismo tiempo, los fascistas, que siempre fueron el caldo de cultivo del antisemitismo, muestran hoy un apoyo incondicional a Israel, al tiempo que se declaran descaradamente islamófobos. Israel es un país moderno y avanzado, mientras los países árabes son atávicos.

El último dirigente del Movimiento Social Italiano, Gianfranco Fini, viajó a Israel en 2003 siendo viceprimer ministro del gobierno italiano. Era el heredero de Benito Mussolini y padre de los actuales Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni, un partido que nunca ha renegado de sus raíces fascistas.

El ministro istraelí de Asuntos de la Diáspora y de Lucha contra el Antisemitismo, Amichai Chikli, se ha convertido en un habitual en las reuniones de la “extrema derecha” europea. Fue uno de los oradores clave en Europa Viva 24, una conferencia celebrada en Madrid en mayo, organizada por Vox.

El mismo día que el gobierno español reconoció el Estado palestino, Santiago Abascal viajó Jerusalén para reunirse con Netanyahu y asegurarle que, si alguna vez tiene la oportunidad, revocará el reconocimiento diplomático de Palestina.

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