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Estados Unidos quiere saquear las reservas de divisas de Rusia

La rapiña del oro y las reservas de divisas de terceros países se ha convertido en una práctica habitual en las últimas guerras imperialistas. Las reservas de oro de Irak fueron saqueadas después de la invasión estadounidense de 2003. Venezuela ha visto que Londres robó sus reservas de divisas y parte de su oro. El oro y los fondos soberanos de Libia fueron expliados y transferidos a bancos occidentales después de 2011. A Afganistán, uno de los países más pobres del mundo, le han saqueado sus reservas financieras y las han convertido en criptomonedas después de que las tropas estadounidenses huyeron del país el año pasado.

El 8 de marzo un grupo de senadores estadounidenses propuso hacer lo mismo con Rusia: apoderarse de las reservas de oro y divisas. Los chorizos estadounidenses temen que Moscú utilice sus divisas para frenar la devaluación del rublo y que sus grandes reservas de oro le permitan adquirir divisas fuertes en los mercados internacionales. Estamos hablando de una fabulosa cantidad de dinero en torno a los 300.000 millones de dólares.

Los senadores han presentado un proyecto de ley titulado “Stop Russian Gold”, que en su preámbulo propone “impedir que el gobierno y los oligarcas rusos limiten la democracia” y autorizar al gobierno de Estados Unidos a sancionar a cualquier individuo, empresa o gobierno que compre o venda oro perteneciente al banco central de Rusia (1).

Según el último informe del Banco de Rusia, una cuarta parte de sus reservas internacionales se encuentra en Francia, Alemania y Austria. El total de los depósitos en euros se sitúa en torno al 32 por cien, la mayor proporción que en cualquier otra denominación. El 5 por cien está en manos de instituciones financieras internacionales, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco de Pagos Internacionales (2).

El expolio de las reservas rusas podría llegar, pues, casi al 40 por ciento, aunque los imperialistas presionan a China que, con un 14 por cien, es el mayor depositario de reservas en moneda extranjera del banco central ruso. Quieren que se sume al embargo, lo que es muy improbable.

Desde los tiempos de la URSS, la economía rusa está diseñada para la resistencia a las presiones externas. Lleva décadas venciendo embargos y adaptándose a ellos, especialmente desde 2014, cuando se produjo la anexión de Crimea. A Rusia le deben más dinero del que debe y las importaciones de capital han pasado de 69.200 millones de dólares en 2013 a la mitad en 2020, con un mínimo de 6.853 millones en 2015.

(1) https://www.elpais.cr/2022/03/08/congelar-reservas-de-oro-de-rusia-otra-sancion-que-proponen-en-eeuu/
(2) https://www.elobservador.com.uy/nota/donde-guarda-sus-reservas-el-banco-central-de-rusia–20223543032

Las tiendas de la multinacional española Zara en Rusia podrían ser expropiadas

Los capitalistas occidentales echan números del dinero que perderán en Rusia. Las empresas que se han sumado al bloqueo podrían ser nacionalizadas de manera encubierta con un “sistema de gestión externa temporal”. Eso permitiría a los rusos compensar la congelación de algunos de sus activos en occidente.

Aparte de la Guerra de Ucrania, ha estallado una guerra económica de la que Rusia también es la víctima. El Kremlin tiene que defenderse de los ataques occidentales con medios no convencionales. El primero es nacionalizar las empresas que se han sumado al bloqueo.

El Primer Ministro Mijail Mishustin ha aprobado la confiscación de los activos de las empresas occidentales que han huido de Rusia. Es cuestión de tiempo que se apruebe la ley de nacionalización que afectaría a activos por valor de decenas de miles de millones de dólares. Eso cubriría, al menos parcialmente, las pérdidas debidas a la congelación (e incluso confiscación) de las reservas de divisas de Rusia por parte de occidente.

No lo llame ‘nacionalización’ sino ‘gestión externa’

No encontrará la palabra “nacionalización” en ningún documento oficial ruso. Sólo lo utilizan políticos como el antiguo presidente Dmitri Medvedev o uno de los dirigentes de Rusia Unida, Andrei Turchak.

Se trata de la “gestión externa” de las empresas extranjeras que han salido de Rusia. La esencia de las propuestas es la siguiente. Si la dirección de una empresa, en la que más del 25 por cien de las acciones están en manos de extranjeros, decide cesar sus actividades en Rusia “injustificadamente”, debe ser puesta bajo la gestión de una administración provisional.

El significado de lo que constituye un cese “injustificado” también se incluye en el proyecto de ley. Se trata de cualquier anuncio público de una salida de Rusia que no ofrezca una justificación económica. En la práctica, eso significaría que los gestores nombrados por el Estado tendrían plenos poderes para gestionar las empresas.

Los gestores externos serán designados por la Agencia de Seguros de Depósitos (DIA) o la empresa estatal de desarrollo VEB.RF, según se trate de una entidad financiera o no. Los directivos tendrán acceso ilimitado a la empresa, incluidos los secretos comerciales.

Las empresas extranjeras pueden ser puestas bajo gestión externa durante un máximo de seis meses. Durante este periodo, se puede invertir el proceso de cese de sus actividades en Rusia. Para ello, los accionistas que posean más del 50 por cien de la empresa pueden solicitar a un tribunal la destitución de la dirección externa o la venta de su participación a “nuevos propietarios adecuados”.

¿Cuánto durará el ‘altruismo’ de las marcas occidentales?

Desde el 24 de febrero, varias decenas de grandes y medianas empresas ya han anunciado la suspensión de sus operaciones en Rusia. Entre ellos se encuentran gigantes de la tecnología como Apple, Oracle, Microsoft, IBM y el proveedor de servicios de Internet Cogent Communications, grandes fabricantes de bienes de consumo como Unilever, las cadenas de comida rápida Starbucks y McDonald’s, y las empresas de ropa H&M, Inditex y Uniqlo, el minorista español Industria de Diseno Textil SA (Inditex), que incluye las marcas de consumo Zara, Bershka, Pull & Bear, Oysho y Massimo Dutti.

Las empresas que abandonan Rusia ya están calculando la cantidad de activos que pueden perder. Por ejemplo, Mercedes-Benz estima que sus activos en Rusia ascienden a 2.200 millones de dólares, dijo el fabricante alemán de automóviles de alta gama.

Desde el punto de vista económico para las empresas occidentales ahora es más sencillo seguir operando en Rusia. De hecho, aunque quisieran vender su negocio ahora, es prácticamente imposible, dado el estado de crisis de la economía rusa.

La Fiscalía General de Rusia ha explicado que la “gestión externa” es necesaria para proteger a los trabajadores afectados por los cierres de empresas. Sólo la cadena de comida rápida estadounidense McDonald’s emplea a 62.000 personas en Rusia. Aunque las empresas siguen pagando indemnizaciones a los trabajadores rusos, no está claro cuánto tiempo durarán.

Goychmann: los rentistas occidentales serán sustituidos por turcos y chinos

La publicación empresarial IntelliNews explica el funcionamiento del nuevo instrumento económico. La rama rusa de una empresa existente se liquidaría en el marco de un procedimiento de quiebra y luego se crearía una nueva organización con sus activos. Las acciones de las nuevas empresas se subastarán, dando prioridad a los actores establecidos en el sector. Los nuevos propietarios deberán conservar al menos dos tercios de la plantilla.

“Sólo en San Petersburgo, los bienes inmuebles por valor de más de 10.000 millones de dólares podrían entrar en la ley de ‘gestión externa’. Para esas propiedades, los nuevos propietarios pueden ser incluso la salvación. Para el sector inmobiliario comercial, la situación económica actual supone un riesgo importante de reducción de la demanda y los ingresos. El sector hotelero está sufriendo el cierre casi total de los vuelos directos entre Rusia y los países occidentales y una fuerte caída del flujo de turistas. Y no sólo los turistas extranjeros, sino también los nacionales, que sentirán un descenso de los ingresos en medio del aumento de los precios, incluso de las vacaciones”, dijo Mark Goyjman, analista jefe de la empresa financiera TeleTrade.

Según Goyjman, los inmuebles comerciales (especialmente en las grandes ciudades) ya se enfrentan a la salida de muchos inquilinos, “y no sólo las empresas extranjeras han dejado de hacer negocios en Rusia, sino también las empresas rusas que dependen de ellas: comerciantes, importadores y transportistas”, añade.

Goyjman cree que algunos espacios comerciales serán sustituidos gradualmente por nuevas empresas que entrarán en esos nichos, y puede tratarse de empresas no sólo de Rusia, sino también de Turquía, China e India.

Konstantin Olshansky https://svpressa.ru/economy/article/328607/

El mercado de microprocesadores: un monopolio capitalista internacional

Los microprocesadores alimentan todo, desde los teléfonos inteligentes hasta los televisores. Pero los trastornos en la industria de los microprocesadores están haciendo subir la inflación y poniendo al descubierto el oligopolio industrial.

Las empresas que fabrican los microprocesadores en sus instalaciones de producción son increíblemente pocas, con una empresa que fabrica casi todos los microprocesadores más sofisticados: la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC).

Cuando Intel anunció el mes pasado sus planes de construir una nueva planta de semiconductores de 20.000 millones de dólares en Ohio, Biden saludó la medida como un paso hacia la reducción de la dependencia de Estados Unidos de las importaciones de los sofisticados microprocesadores que hacen funcionar los móviles, televisores y coches. Las interrupciones relacionadas con la pandemia en la fabricación de microprocesadores han alimentado la inflación: la escasez de microprocesadores, incluso de productos básicos relativamente sencillos utilizados en la producción de automóviles y camiones, ha obligado a cerrar fábricas, lo que ha provocado un aumento espectacular de los precios de los coches usados (37 por cien el año pasado).

La fábrica de Intel, sin embargo, no empezaría a producir hasta 2025. Mientras tanto, ¿por qué hay tanta escasez de microprocesadores de silicio? ¿Se trata simplemente de los cierres de plantas durante la pandemia o hay algo más?

La ventaja fabulosa del fabricante

Los fabricantes de microprocesadores estadounidenses, como Intel, Nvidia y Advanced Micro Devices (AMD), investigan y diseñan los microprocesadores que finalmente utilizan la mayoría de los consumidores estadounidenses. Pero la producción actual de microprocesadores informáticos se ha externalizado al extranjero, y Estados Unidos sólo produce el 12 por cien de los microprocesadores del mundo, frente al 37 por cien de 1990. Las empresas contratadas para fabricar microprocesadores en sus fábricas son increíblemente escasas, con una empresa que fabrica casi todos los microprocesadores más sofisticados: la TSMC.

TSMC es la undécima empresa más valiosa del planeta, con un valor de unos 550.000 millones de dólares. Y si la prensa económica da crédito, es poco probable que pierda pronto su título de rey de la fabricación de microprocesadores. La tecnología de TSMC es tan avanzada que fabrica alrededor del 92 por cien de los microprocesadores más sofisticados del mundo, con transistores de menos de una milésima parte de la anchura de un cabello humano. La mayoría de los aproximadamente 1.400 millones de procesadores para míviles del mundo los fabrica TSMC.

El dominio de la empresa es tan completo que el “escudo de silicio” de Taiwán disuade de cualquier acción militar de China para no interrumpir el suministro de microprocesadores.

La razón del monopolio de TSMC es que los semiconductores se han vuelto tan complejos y requieren tanto capital que una vez que un productor se queda atrás, es difícil ponerse al día”. Las empresas pueden gastar miles de millones de dólares y pasar años intentándolo, sólo para ver cómo se aleja el horizonte tecnológico. Las economías de escala han alcanzado proporciones realmente asombrosas en la industria de los microprocesadores: construir una planta moderna de semiconductores cuesta ahora hasta 20.000 millones de dólares. Este precio estratosférico excluye a todos los actores, excepto a los más grandes, a pesar de que los enormes volúmenes de microprocesadores producidos hacen que su coste unitario sea inferior al de los competidores.

El gobierno taiwanés, que practica el modelo de desarrollo dirigido por el Estado en Asia Oriental, ha subvencionado la industria durante décadas, pagando más de la mitad de su inversión inicial. El otro oligopolio de microprocesadores más sofisticado es Samsung, que también ha recibido un importante apoyo del Estado coreano.

Es probable que los esfuerzos de los diseñadores de microprocesadores, como Intel, para ponerse al día con sus propias fábricas se traduzcan en miles de millones de dólares a lo largo de varios años. Incluso las empresas que fabrican microprocesadores analógicos mucho menos sofisticados, que realizan tareas más sencillas como gestionar las pantallas de los teléfonos o los cargadores de baterías, tienen dificultades para hacer frente al aumento de la demanda. Texas Instruments, líder del mercado de estos procesadores mundanos, lleva un año de retraso y está construyendo tres nuevas fábricas en Texas. Apple, uno de los mayores consumidores de microprocesadores del mundo, grandes y pequeños, tampoco puede seguir el ritmo.

Apple ha utilizado su poder para invertir miles de millones de dólares en proveedores para garantizar espacio en sus líneas de montaje para que el iPhone tenga las piezas que necesita. Pero incluso con estas medidas, no hay mucho que hacer.

Las cartas marcadas

Productos técnicos como los modernos teléfonos inteligentes y los coches eléctricos no dependen únicamente de los semiconductores. Sin embargo, todo el sector de productos y las industrias relacionadas siguen estando condicionadas por el poder de los gigantes de los microprocesadores. Por ejemplo, la escasez de placas, los materiales relativamente sencillos de alambre de cobre comprimido en resina industrial, que son esenciales porque el cableado “ultrafino” que sale de los microprocesadores microscópicos no puede conectarse directamente al cableado soldado en las placas de circuitos que mantienen los microprocesadores en su lugar.

Al igual que los fabricantes de microprocesadores como TSMC y Samsung prosperan porque los diseñadores de microprocesadores como Intel han externalizado la fabricación, los fabricantes de microprocesadores han externalizado en gran medida la producción de placas para centrarse en mejorar el rendimiento de los microprocesadores en lugar de en artículos de bajo coste con rendimientos relativamente bajos. Además, los fabricantes de microprocesadores llevan mucho tiempo presionando a los proveedores de placas para que mantengan los precios bajos. Esta dinámica ha limitado la inversión para aumentar la capacidad de producción de placas.

Muchos fabricantes de placas también han salido escaldados por el paso a los teléfonos móviles en la última década, tras haber anticipado el crecimiento continuo del mercado de los ordenadores. Hoy en día, los fabricantes de microprocesadores hacen sus pedidos mucho antes y pagan por adelantado para que los fabricantes de placas tengan suficiente efectivo para construir más plantas. Algunos se comprometen a comprar todas las nuevas líneas de producción para dar a sus proveedores la confianza necesaria para invertir.

Aunque las placas son mucho más sencillas de fabricar que los microprocesadores que sostienen, la creación de fábricas de placas sigue costando entre uno y dos mil millones de dólares. El pequeño oligopolio de empresas de la cuenca del Pacífico que los produce se encuentra en una rara posición de fuerza, con precios al alza.

Incluso las industrias auxiliares relacionadas están experimentando una contracción similar, en parte debido a la pandemia, pero también a años de concentración industrial. Por ejemplo, los condensadores cerámicos multicapa (MLCC), que almacenan pequeñas cantidades de energía para que los microprocesadores y otros componentes la tengan exactamente en los lugares adecuados.

Algunos se refieren a los MLCC como los “granos de arroz” de la industria electrónica, por su papel básico como componentes pequeños y esenciales: los teléfonos 5G tienen más de mil de ellos. Aunque son mucho más fáciles de fabricar y, por tanto, no están sujetos a los vertiginosos niveles de concentración que se observan en los semiconductores, un número suficientemente reducido de empresas de Asia oriental domina el sector, mientras que los cierres de algunas grandes fábricas durante la pandemia también han contraído este sector.

Subvenciones a la fabricación autóctona en Estados Unidos

En Estados Unidos, un grupo de diputados de ambos partidos ha presentado un proyecto de ley para inyectar 250.000 millones de dólares en subvencionar la fabricación de microprocesadores, la investigación avanzada, la inteligencia artificial y la computación cuántica. El futuro de la medida no está claro, pero al igual que con el apoyo de Taiwán a su propia industria de microprocesadores, la aprobación por parte del Congreso de miles de millones de dólares de nueva financiación parece determinar si una inversión como la de Intel es un acontecimiento puntual o una tendencia. Esto en cuanto a la innovación del mercado privado.

Mientras tanto, Samsung y GlobalFoundries han anunciado nuevas fábricas en Estados Unidos aunque, al igual que con la planta de LCD de Foxconn en Wisconsin, fuertemente subvencionada, la retórica no garantiza la inversión.

El crecimiento de la fabricación autóctona podría ser una bendición para los trabajadores estadounidenses si pueden organizarse, especialmente en las fábricas de importancia logística, ya que los microprocesadores se han convertido en algo tan esencial para el movimiento de capitales como los puertos y los almacenes.

Pero abastecerse de microprocesadores en el país en lugar de hacerlo en Taiwán o Corea no cambiará la búsqueda de economías de escala y la eficacia del capitalismo, que deja a una o dos empresas privadas totalmente a cargo de una de las industrias más importantes del mundo. Es hora de que la clase obrera mundial monetice sus fichas.

Rob Larson https://jacobinmag.com/2022/02/silicon-chips-intel-taiwan-tsmc-supply-chains-prices

Rusia está más lejos de la quiebra que España

El jueves el capital financiero internacional contuvo el aliento y pasó la jornada pegado al móvil. ¿Pagaría Rusia el primer vencimiento de los intereses de la deuda externa después de las sanciones?

No es posible decir si los especuladores querían que Rusia pagara o que no pagara. Lo cierto es que las sanciones se impusieron para que no pudiera pagar y, sin embargo pagó, por lo que las sanciones han vuelto a fracasar, demostrando que son medidas impuestas de cara a la galería y a los medios de comunicación.

La preocupación era ridícula porque la cuantía del pago era de 120 millones de dólares, una cifra insignificante que no justifica la alarma. No se trataba, pues, de una cuestión económica sino de saber si Rusia quiere pagar sus deudas aunque se lo pongan difícil.

Las deudas de Rusia son como el gas: a pesar de las sanciones, el Kremlin sigue bombeando gas a Europa porque quien no puede prescindir de ello es Europa.

Como es costumbre, los medios presentan la cuestión al revés y los becarios de Ignacio Escolar aseguran que Rusia “va hacia el abismo” (*). Estas pandillas de descerebrados creen que las sanciones impiden pedir préstamos, pero en ningún caso devolver su importe. También creen que el impago, en caso de producirse, no afecta al acreedor, el capital financiero internacional, que lleva décadas en quiebra técnica.

La deuda externa rusa es una parte insignificante del PIB, del orden del 20 por cien, mientras que la española es del 220 por cien, una cifra nunca antes registrada: 2,4 billones de euros. Rusia debe menos de la cuarta parte de esa cantidad y, además, dispone de una gigantesca cantidad de reservas deoro y divisas acumuladas por el banco central en los últimos años.

Por lo tanto, Rusia no está en quiebra y ha aprobado drásticas medidas para impedir la fuga de capitales, que se suman a las que adoptaron en 2014 tras otro paquete de sanciones.

Si Rusia no pagara, no sería porque estuviera en quiebra sino por represalias, que pueden agudizar la crisis finaciera internacional. El 3 de marzo el banco central bloqueó el pago de intereses a los titulares de bonos rusos denominados en rublos para los inversores extranjeros.

Dos dias después el Kremlin aprobó un decreto para pagar en rublos los títulos de deuda rusos denominados en divisas a un tipo de cambio determinado por el banco central. Esta decisión, aplicable a los especuladores de los países calificados como “inamistosos”, reduce sus expectativas de beneficios considerablemente. Dado el desplome del rublo en los mercados internacionales, no podrán cambiar sus rublos por otras divisas sin sufrir grandes pérdidas.

Los bonos rusos emitidos desde 2018 prevén el reembolso en rublos en caso de que Rusia no pueda pagar en dólares por razones ajenas a su voluntad. Sin embargo, técnicamente devolver las deudas en rublos equivale a un impago, aunque eso es muy discutible.

El monto de la deuda pública rusa es sólo una parte, a la que hay que añadir la deuda privada. En total, ambas alcanzan 79.000 millones de dólares. Es posible que el gobierno ruso dificulte el pago de dichas deudas, contraídas por los grandes gigantes monopolistas, como Gazprom. Ante dicha evenualidad, las agencias de calificación han rebajado el etiquetado de los bonos de ambos, es decir, tanto del Estado como de las empresas privadas, a la altura de la basura.

Es más de lo mismo. Ante una deuda el moroso tiene un problema y el acreedor tiene otra. Sin embargo, las agencias de calificación no han rebajado la condición de los fondos buitre que han invertido en deuda rusa y no saben si van a recuperar su inversión. Tampoco dicen nada de los bancos extranjeros que tienen sucursales en Rusia, ni de las aseguradoras que garantizan a los especuladores frente al impago.

Estamos hablando de unos 120.000 millones de dólares en activos rusos, aunque la contabilidad oficial de los buitres es un chiste. Es posible que haya cantidades mucho más importantes en dinero negro. En 1998 el impago de Rusia provocó el colapso del fondo Long-Term Capital Management, lo que obligó a la Fed a intervenir para evitar un colapso generalizado.

Cualquiera que sea la cifra, las agencias no han rebajado la calificación de la banca internacional, aunque su cotización en las bolsas internacionales ha caído. Si Rusia aprieta, veremos más rescates de los bancos.

(*) https://www.eldiario.es/economia/rusia-abismo-impago-deuda-dolares-sanciones-internacionales_1_8835021.html

Todo por la pasta: Ucrania y el Fondo Monetario Internacional

El Fondo Monetario Internacional (FMI) abre las economías del mundo a la penetración de capitales de las potencias occidentales mediante unas medidas que son siempre las mismas: recortes presupuestarios para gastos sociales, como la educación, la sanidad, la vivienda… Sólo hay dinero cuando los países hacen lo que dice el FMI, es decir, cuanado se supeditan a Estados Unidos y demás grandes potencias.

El FMI financia los objetivos militares del gobierno estadounidense. Quien no vote en la ONU condenando la invasión rusa de Ucrania, no le conceden préstamos.

Ucrania es otro de tantos ejemplos de esta forma de colonialismo bancario. Antes del Golpe de Estado de 2014 Ucrania había padecido tres recesiones económicas desde 2008 (1). El gobierno mantenía negociaciones con el FMI como parte de su integración comercial con la Unión Europea. El FMI había pedido a Ucrania que emprendiera las típicas reformas económicas: reducción de salarios, recortes de sanidad y la educación, que eran los principales sectores generadores de empleo en Ucrania, y reducir la subvención del gas natural que el Estado proporcionaba a todos los ciudadanos ucranianos para garantizar una energía asequible.

Al no aplicar estas reformas, que habrían impuesto una pesada carga para la población, el Presidente Yanukovich puso fin a las negociaciones con el FMI e inició conversacioes paralelas con Rusia. Por eso los mequetrefes de los medios le califican de “prorruso”.

Romper amarras con el FMI significa escapar de la hegemonía del capital financiero internacional y, en consecuencia, de las potencias imperialistas occidentales y de la OTAN, que es su brazo armado.

Estados Unidos derrocó al Presidente ucraniano con la ayuda de elementos nazis ucranianos, que fueron su fuerza de choque e hicieron el trabajo sucio. Los matones nazis se incorporaron formalmente a la Guardia Nacional con su propias unidades.

Tras el golpe, el gobierno de Kiev reanudó las negociaciones con la Unión Europea, a cambio de las cuales obtuvo un compromiso de préstamo de 27.000 millones de dólares del FMI, cambio de las consabidas reformas (2). Las subvenciones al gas se redujeron a la mitad. En 2001 Ucrania había prohibido la venta de tierras agrícolas y en 2015 el FMI obligó al Parlamento cambiar la ley.

El préstamo del FMI tenía varias características. En primer lugar, su cuantía. Era más de seis veces mayor de lo que el FMI entrega normalmente en una situación comparable. En segundo lugar, se dio a un país en plena guerra civil, lo que va en contra de las prácticas habituales del FMI. En tercer lugar, se sabía desde el principio que Ucrania jamás podría devolver el dinero.

La única forma de recuperar la inversión, al menos en parte, era el control de la tierra y de los recursos naturales (el más importante de los cuales es el gas natural) por parte del capital occidental.

Tras la invasión rusa, Ucrania ha vuelto a pedir ayuda al FMI, y la actual cabecilla del organismo, Kristalina Georgieva, ha recomendado que se la proporcionen. El importe exacto de la ayuda y la finalidad para la que se solicita aún no están claros, pero una cosa es segura: una vez que la actual crisis en la región haya terminado, sea cual sea la forma que adopte esta resolución, Ucrania se convertirá en la segunda Grecia en Europa.

En el caso de Grecia, el préstamo del FMI fue mucho mayor que los que suele conceder esta organización. La mayor parte de aquel préstamo era para garantizar que los bancos europeos que habían prestado a Grecia pudieran recuperar su dinero. Hoy en día, Grecia está atrapada en una deuda perpetua y la población sumida en la miseria.

Cuando se creó en Bretton Woods en 1944, el FMI formaba parte de un sistema internacional basado en estrategias intervencionistas, para reforzar el control del Estado sobre la economía. Eso ha cambiado desde entonces. Ahora se trata de liquidar la presencia pública en los mercados, para favorecer una intervención distinta: la de los capitales internacionales y sus países respectivos, es decir, las potencias occidentales dominantes.

(1) http://resistir.info/ucrania/fmi_28mar14.html
(2) https://www.24horas.cl/internacional/fmi-acuerda-rescate-economico-para-ucrania-1150199

Los fondos buitre con presencia en España están salivando y frotándose las manos

Los fondos de inversión radicados en España han aconsejado a sus accionistas mantener la calma y aprovechar este momento para ir revisando sus carteras: la sucesión de quiebras, despidos y endeudamiento que esperan va a ser un chollo para adquirir bienes a precios de ganga. Leer más

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