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Categoría: Economía (página 68 de 100)

La Unión Europea claudica y pagará el gas ruso en rublos

Las empresas de la Unión Europea podrán cumplir con el sistema propuesto por Rusia para pagar las importaciones de gas en rublos sin violar las sanciones de la Unión Europea contra Moscú, dijo el viernes la Comisión Europea.

Los dirigentes de la Bruselas dicen que aún no está claro cómo funcionaría ese sistema. “El procedimiento para establecer excepciones a los requisitos del decreto aún no está claro”, dice el documento publicado por la Comisión.

En marzo, el gobierno ruso emitió un decreto por el que se exigía a las empresas energéticas europeas que abrieran cuentas en Gazprombank, donde los pagos en euros o dólares se convertirían en rublos.

La medida se produjo poco después de que Putin exigiera a los países hostiles, que han impuesto sanciones económicas a Moscú por la Guerra de Ucrania, que paguen el gas ruso en rublos.

La semana pasada, la Comisión Europea dijo que el pago del gas ruso en rublos por parte de los compradores de la Unión Europea, como exige Moscú, violaría el régimen de sanciones aprobado por la Unión Europea.

“Este mecanismo supondría una violación de las actuales medidas restrictivas de la Unión Europea adoptadas contra Rusia, su gobierno, el Banco Central de Rusia y sus apoderados”, según una nota interna publicada por Reuters.

El boicot al gas ruso provocaría una crisis económica en Alemania y en la Unión Europea, declaró el canciller alemán, Olaf Scholz, en una entrevista concedida ayer a Der Spiegel.

El jefe de Gobierno afirmó que la prohibición costaría millones de puestos de trabajo y hundiría la economía alemana, lo que por otra parte dificultaría a Berlín la financiación del esfuerzo bélico y la reconstrucción de Ucrania.

Scholz destacó que se debe evitar una “dramática crisis económica” con “graves consecuencias” para Alemania y Europa. “No podemos dejar que eso ocurra”, añadió.

El embargo a Rusia tendría “consecuencias mundiales”, una tesis que ya ha admitido el presidente francés, Emmanuel Macron, quien advirtió que el próximo invierno toda Europa tendría que enfrentar las consecuencias de imponer un embargo al gas ruso.

“No veremos las consecuencias de esto en la primavera y el verano de 2022. Hemos repuesto las existencias, pero el próximo invierno no se podrá hacer si no hay más gas ruso. Debemos ser muy tranquilizadores en esta etapa: no es el escenario en el que estamos hoy, pero eso podría suceder”, afirmó Macron en una entrevista con el diario Ouest-France.

En cuanto al gasoducto Nord Stream 2, Scholz dijo que esperaba que las sanciones de Estados Unidos fueran las que bloquearan su puesta en marcha, pero no fue así. Al final, fue Berlín quien impidió que el gasoducto entrara en funcionamiento en febrero, alegando como motivo la operación militar de Moscú en Ucrania.

El canciller considera que Alemania debió haber diversificado sus importaciones de energía hace años. En lo que respecta a la dependencia del gas, el petróleo y el carbón rusos, “se debería haber garantizado desde el principio que también se podría recurrir a otros proveedores en un plazo muy breve”.

El error más importante que cometió Alemania fue no haber financiado terminales de gas licuado e infraestructuras de importación para sus refinerías de petróleo, sin importar que su costo fuese elevado, agregó Scholz.

Israel se acerca al yuan chino y se aleja del dólar

El banco central de Israel ha realizado los mayores cambios en su asignación de reservas en más de una década. El yuan chino (renminbi) junto a otras monedas se suman a unas reservas que superaron los 200.000 millones de dólares el año pasado por primera vez.

A partir de este año, la combinación de divisas pasará del trío formado por el dólar estadounidense, el euro y la libra esterlina a incluir el dólar canadiense y el australiano, así como el yen y el yuan. Las incorporaciones marcan un cambio en las directrices generales de inversión del Banco de Israel, dijo el vicegobernador Andrew Abir.

El aumento de las reservas de divisas de Israel ha llevado al banco central a ampliar su horizonte de inversión, dice Abir. En otras palabras, Israel está reduciendo su inversión en el dólar y el euro para aumentar su inversión en yuanes.

Tras los debates del comité monetario del año pasado, la libra y el yen representarán el 5 por cien y las monedas de Canadá y Australia el 3,5 por cien cada una. Según el nuevo enfoque, la cuota del yuan se fija en el 2 por cien para este año, según el informe anual del banco central israelí publicado a finales del mes pasado.

Para reflejar los cambios, la cuota del euro bajará de algo más del 30 por cien al 20 por cien, su nivel más bajo en al menos una década, mientras que el dólar representará el 61 por cien, frente al 66,5 por cien. La ponderación de la libra, en cambio, casi se duplicará hasta el 5 por cien, volviendo a un nivel no visto desde 2011.

Los fundamentos del sistema financiero internacional siguen, pues, evolucionando rápidamente en una dirección bastante clara.

La OPEP advierte a la Unión Europea que es imposible sustituir el petróleo ruso

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) advirtió a la Unión Europea que las sanciones presentes y futuras impuestas a Rusia podrían generar una de las peores crisis de suministros energeticos de la historia.

Los miembros de la OPEP se reunieron en Viena con representantes de Bruselas para analizar el suministro de hidrocarburos ante las medidas tomadas contra Rusia por la guerra en Ucrania.

La Unión Europea propuso que la OPEP aumente su producción para compensar el embargo al petróleo ruso, pero el secretario general de la OPEP, Mohammed Barkindo, comentó que es imposible para la organización bombear semejantes cantidades de combustible.

Los países del bloque europeo dependen del gas y el petróleo rusos y, a pesar de ello, estudian imponer severas sanciones a las exportaciones energéticas procedentes de Rusia. No obstante, la medida podría ser contraproducente.

Barkindo adelantó que se esperan más de siete millones de barriles de pérdidas diarias de crudo ruso y otras exportaciones de combustible debido a las restricciones existentes y probablemente nuevas contra Moscú.

El secretario general de la OPEP puntualizó que el actual mercado altamente volátil no era el resultado de factores fundamentales, fuera del control de la OPEP, lo que fue interpretado como una señal de que el grupo no bombearía más.

Rusia exportó cinco millones de barriles diarios de petróleo en 2020, la mitad hacia países europeos, en especial Alemania, Países Bajos, Polonia.

Estados Unidos decidió imponer un embargo, pero Europa solo lo contempla de momento para el carbón, aunque estudia reducir sus compras de gas en dos tercios este año.

La OPEP rebajó en 500.000 barriles diarios su pronóstico del crecimiento de la demanda mundial de petróleo para este año debido a la situación de crisis internacional y los confinamientos en China.

“El crecimiento de la demanda petrolera en 2022 se ha revisado a la baja en 0,5 millones de barriles diarios hasta un promedio de 3,7 millones de barriles diarios, teniendo en cuenta el empeoramiento (de la proyección del crecimiento) del PIB mundial debido a los eventos geopolíticos y el impacto en la demanda global de una nueva ola de la variante ómicron en China”, dice un informe de la OPEP.

—https://telesurtv.net/news/opep-ue-rusia-suministro-petroleo-sanciones-20220412-0014.html

China se acerca al abismo de la recesión económica

El confinamiento de Shanghai no ha sido tan publicitado como la Guerra de Ucrania, pero sus consecuencias negativas para la economía mundial son más importantes. Cuando la economía china estornuda, los mercados mundiales se resfrían.

La absurda política china de “cero covid” es la mayor sacudida económica del año. El gobierno de Pekín ha fijado un objetivo de crecimiento del PIB del 5,5 por cien para este año, un objetivo de imposible cumplimiento, a pesar de que es el menor desde los años noventa.

En el primer trimestre la economía china sólo creció un 4,8 por cien, pero el dato es anterior a los últimos confinamientos, que afectaron a varios centros económicos de China, entre ellos Shenzhen y Shanghai.

El crecimiento del PIB puede ser mucho menor de lo que indican los datos oficiales del primer trimestre. Las cadenas de suministro se han vuelto a romper, obligando a las fábricas a cerrar al no poder ser abastecidas por sus proveedores y no poder suministrar a sus clientes.

La tasa de paro se acerca al 6 por cien y en marzo las ventas minoristas, principal indicador del gasto en consumo, cayeron un 3,5 por cien, su mayor descenso desde abril de 2020, cuando China empezaba a salir de la primera racha de confinamientos.

Las importaciones cayeron en marzo por primera vez en más de un año, las exportaciones se ralentizaron y la producción industrial se está frenando.

El sector inmobiliario, un pilar de la economía china, continúa su caída. Tras estabilizarse a principios de año, las ventas de viviendas nuevas cayeron el mes pasado a su nivel más bajo en dos años. La promoción de viviendas cayó un 20 por cien más en el primer trimestre.

Esta primavera hay que esperar una desaceleración de la economía china que, muy posiblemente, acabará en recesión en el segundo trimestre de este año, lo que será un acontecimiento histórico.

El gobierno empezará a poner en marcha una política económica expansiva cuyo impacto será limitado si no se acaban los confinamientos. El viernes el banco central anunció que reduciría el coeficiente de reservas obligatorias de los bancos en 25 puntos básicos por primera vez este año. La medida es decepcionante, una señal de que Pekín aún no está preparado para sacar la artillería pesada para rescatar su economía.

Alemania gastará 3.000 millones de euros para gasificar en alta mar

Cuando no hay tuberías para transportarlo, el gas se licúa para trasladarlo en buques cisterna porque ocupa menos espacio. Una vez llegado a su destino, debe volver a gasificarse, lo cual encarece el precio considerablemente.

Alemania siempre ha acarreado el gas directamente a través de conductos que tienen su origen en Rusia, por lo que carece de plantas de gasificación. Si se quiere liberar del gas ruso, debe construirlas.

A principios de marzo el gobierno de Berlín anunció la construcción de su primera terminal de gas licuado en tierra, que no estará terminada hasta dentro de varios años.

Pero Estados Unidos no permite esperar, por lo que una alternativa consiste en alquilar buques capaces de gasificar en alta mar. Es lo que va a hacer Alemania al precio de 3.000 millones de euros por tres o cuatro terminales flotantes. Una auténtica locura, sobre todo para un gobierno que quiere llevar a cabo una “transición ecológica”.

Los buques gasificadores se situarán en puertos del Mar del Norte o del Báltico, y algunas de estas instalaciones podrían entrar en funcionamiento el próximo invierno.

Pero hace falta que logren alquilarlos porque no abundan y hay muchos países presionados por Estados Unidos para hacer lo propio.

Los buques deberían permitir a Alemania aumentar su capacidad de importación de gas licuado y reducir su dependencia del gas ruso lo antes posible, a la espera de la construcción de su primera terminal en tierra.

Mientras tanto, el gobierno ha aprobado un presupuesto de casi 3.000 millones de euros para alquilar tres, o incluso cuatro, terminales flotantes para importar gas licuado. Los enormes buques desempeñarán el mismo papel que la terminal terrestre, procesando el gas licuado importado por barco. Sin ellas, Alemania tiene que depender actualmente de las terminales terrestres de otros países de la Unión Europea, lo que limita su capacidad de importación.

En total hay unos 20 países que exportan gas licuado, que se transporta por barco y cuyos tres mayores proveedores son Australia, Qatar y Estados Unidos.

En los últimos años, Alemania ha importado más de la mitad de su gas de Rusia a través de gasoductos terrestres. Esta cuota se ha reducido al 40 por cien a finales del primer trimestre de este año, en favor de mayores importaciones de Holanda y Noruega.

La carestía de la vida mitiga el entusiasmo de los británicos por ayudar a Ucrania

En marzo la inflación alcanzó el 7 por cien interanual en Reino Unido, el nivel más alto desde 1992 y la carestía de la vida aplaca la preocupación por la ofensiva militar de Rusia en Ucrania entre la población británica.

El número de británicos que apoyan las sanciones económicas contra Rusia en respuesta a su campaña militar en Ucrania ha descendido en el último mes, según un sondeo del Sunday Telegraph.

Esta semana sólo el 36 por cien de los encuestados está dispuesto a aceptar una subida de los precios del combustible para perjudicar más a Rusia, lo que supone un descenso de 14 puntos porcentuales respecto al 50 por cien de marzo.

Un tercio de los británicos encuestados dijo que no cuando se les preguntó si pagarían más por los alimentos para ayudar a Ucrania a resistir la ofensiva rusa. Otro tercio, sin embargo, dijo que era un sacrificio que valía la pena hacer.

Alrededor del 54 por cien de los encuestados declararon un deterioro de su situación financiera en el último año, frente al 42 por cien de hace dos meses, y el 62 por cien dijo que esperaba que el futuro fuera aún peor.

Más de dos tercios de los británicos dijeron que no habían recibido un aumento de sueldo a pesar del aumento del coste de la vida, y la mayoría de los que habían recibido un aumento dijeron que no era suficiente para compensar la inflación.

Con el inicio de la ofensiva militar rusa en Ucrania, el 24 de febrero, los precios del petróleo alcanzaron niveles no vistos desde 2008. Y aunque han bajado en las últimas semanas, sigue siendo mucho más caro que antes de que comenzara la guerra, ya que el barril cotiza a más de 111 dólares el jueves.

Los precios del gas también han seguido la tendencia al alza, lo que ha provocado un aumento de la factura energética y de los precios del gas para los consumidores y las empresas en Europa y América. El aumento de los costes de transporte ha repercutido en el aumento de los precios de los alimentos y otros productos.

Reino Unido, que anunció a principios de marzo que eliminaría todas las importaciones de petróleo ruso para finales de año, no es una excepción a la subida de los precios del combustible.

El portavoz de combustibles de la empresa británica de servicios de automoción RAC, Simon Williams, declaró a los medios de comunicación que “marzo de 2022 pasará a los libros de historia como uno de los peores meses registrados en cuanto a precios en los surtidores”. También dijo que “describir la situación actual de los automovilistas en la explanada como ‘sombría’ sería un eufemismo”.

Desde el comienzo de la Guerra de Ucrania los economistas británicos reconocieron que las sanciones contra Moscú tendrían repercusiones económicas y perjudicarían a Reino Unido. No obstante, Londres ha aplicado medidas punitivas, y la ministra de Asuntos Exteriores, Liz Truss, ha argumentado que los precios serían mucho más altos si Rusia consiguiera hacerse con el control de Ucrania.

El 27 de febrero Truss subrayó que “el dolor al que nos enfrentaremos en Reino Unido no se parece en nada al dolor al que se enfrentan ahora los ucranianos”.

Los países de Europa oriental dependen del uranio que sólo Rusia les puede suministrar

Aunque Austria nunca ha tenido una central nuclear en funcionamiento y Alemania tiene previsto cerrar sus tres últimas a finales de año, la electricidad procedente de centrales nucleares diseñadas por Rusia es una fuente de energía indispensable para 100 millones de personas en los países del este de Europa.

En los países del antiguo bloque oriental, pero también en Finlandia, los reactores nucleares de agua a presión de la serie VVER, desarrollados en la época soviética, proporcionan alrededor del 40 por cien de la electricidad necesaria en esos países. Pero también en otros lugares, como en China, Turquía, India, Irán y pronto en Bangladesh, los reactores VVER rusos son los que producen la energía eléctrica.

Pero a diferencia de una central de carbón convencional, a la que le da igual que el combustible llegue a la caldera desde Polonia, Rusia o Australia, los reactores nucleares requieren barras de combustible de uranio adaptadas con todo detalle a cada tipo de reactor. Estas barras de combustible son componentes mecánicos de precisión en los que se colocan pastillas cerámicas de uranio ligeramente enriquecido en conjuntos de barras de circonio, con tolerancias de una centésima de milímetro.

La producción debe cumplir normas reglamentarias muy estrictas, en particular para garantizar que el material fisionable no pueda reutilizarse posteriormente con fines militares. En general, el proceso de obtención de una licencia internacional para un fabricante de barras de combustible dura unos cinco años, y pocos países del mundo disponen de la infraestructura y la tecnología necesarias.

Los reactores VVER actualmente en funcionamiento, de entre 440 y 1.200 megavatios, sólo pueden funcionar con barras de combustible fabricadas por TVEL, filial de Rosatom, en sus plantas de Elektrostal, cerca de Moscú, y Novosibirsk. Es cierto que el grupo estadounidense Westinghouse fabrica ahora barras de combustible compatibles, que también se utilizan en algunas centrales VVER de Ucrania. Pero incluso dentro de una gama de modelos, las barras de combustible no pueden intercambiarse a voluntad, y las réplicas estadounidenses son mucho más caras que las originales de Rosatom.

Así que no hay alternativa para los operadores de las plantas de Europa oruental si no quieren quedarse a oscuras. Incluso los políticos responsables lo han reconocido y por eso no han incluido la tecnología nuclear rusa en la lista de prohibiciones y sanciones.

La subida generalizada del precio de las materias primas energéticas no ha eximido al mineral de uranio en bruto. El precio del mineral de uranio en la Bolsa de Chicago se ha triplicado en los dos últimos años hasta alcanzar los 63,5 dólares por libra estadounidense (unos 0,45 kg), después de haber fluctuado entre 20 y 25 dólares durante una década. La mitad de este aumento se ha producido en las pocas semanas transcurridas desde el inicio del conflicto ucraniano.

—https://zurzeit.at/index.php/uranbrennstaebe-russlands-verdecktes-energiemonopol/

Las gigantescas inversiones realizadas para llevar internet al espacio dependen de Rusia

Algunos capitales apostaron que el futuro de internet estaba en la conexión a través de satélites el espaciales. En lugar de tender millones de kilómetros de cable bajo tierra o en el fondo del océano, creían que el acceso a la red se conseguirá enviando cohetes al espacio cargados con docenas de satélites.

El objetivo era ofrecer mejores conexiones que el 5G o la fibra óptica, pero también rellenar las “zonas blancas”, esos lugares en los que el acceso no es posible. A pesar de que hay más de un millón de kilómetros de cables, sigue habiendo regiones en las que no hay ni habrá nunca fibra o 5G, incluso en España, donde la cobertura de fibra óptica hasta la vivienda está en porcentajes del 80 por cien y en las zonas rurales en el 46 por cien (*).

En el espacio no hay que desplegar cables a través de mares y territorios de difícil acceso. Se sustituyen por decenas de miles de pequeños satélites en órbita baja, a no más de 2.000 kilómetros de la superficie terrestre, para reducir la latencia, es decir, el tiempo que tarda la señal en viajar de la tierra al satélite y volver.

La competencia entre los monopolios tecnologicos había comenzado, cada uno de la mano de algún gigante de la industria aeroespacial. Actualmente sólo 43 millones de personas están conectados por satélite, es decir, el 1 por cien de la población conectada a internet. Las empresas calculaban que dentro de unos años el mercado crecería y habría miles de millones de conexiones y miles de millones de beneficios.

Ahora el sueño ya no es de color rosa y las gigantescas inversiones realizadas se pueden perder. Rusia ha anunciado que no venderá motores de cohetes a Estados Unidos y no habrá más experimentos con Alemania en la Estación Espacial Internacional.

Tras las sanciones contra Rusia, la mayor parte de los operadores no pueden poner más satélites en órbita, ya que dependen de Roscosmos y sus lanzamientos desde el centro de Baikonur, en Asia central.

La Unión Europea es dependiente de empresas anglosajonas y, para asegurar las conexiones, tenía previsto lanzar una constelación de satélites a partir de 2024, que las sanciones a Rusia han aplazado.

Borrel ha explicado que Bruselas necesita mantener una red propia para los casos de “colapso de las infraestructuras terrestres”, ya sea por ciberataques o cortes de los cables submarinos. La red espacial europea costaría unos 6.000 millones de euros, que ya no será necesario invertir, al menos de momento.

El primer operador de conexión a internet vía satélite, OneWeb, lanzaba sus satélites con los cohetes rusos Soyuz desde Baikonur y tenía un contrato firmado con Roscosmos para lanzar más, lo que ya no es posible. El mes pasado Roscosmos suspendió el lanzamiento de 36 satélites hasta que el gobierno británico abandone la empresa.

Otra empresa, Starlink, también lanza sus satélites gracias a Roscosmos y todos los planes para seguir lanzando más cohetes se han paralizado.

Una tercera, Kuiper, de la que es accionista mayoritario Jeff Bezos, no ha lanzado aún ningún satélite y ha contratado la puesta en órbita con empresas occidentales. El problema es que a su vez esas empresas también dependen de los rusos para fabricar motores de cohetes y otros componentes. Por ejemplo, los cohetes más utilizados en Estados Unidos, el Atlas V de ULA y el Antares de Northrop Grumman, utilizan motores de fabricación rusa.

Pero las empresas espaciales ULA, Northrop Grumman y Arianespace tienen prohibido importar componentes de Rusia…

(*) https://www.nperf.com/es/map/ES/-/-/signal/?ll=36.12860325109547&lg=-6.9200000000000115&zoom=5

Guerra económica y militarización de las finanzas internacionales

El jueves el Financial Times publicó el primero de una serie de reportajes titulados “La militarización de las finanzas”, que está en relación directa con la agresión desencadenada contra Rusia por occidente, según expresión literal del periódico (*). Como ven, el capital financiero internacional, a diferencia de los mequetrefes, no tiene inconveniente en hablar a sus lectores sin pelos en la lengua.

El plan económico de los imperialistas contra Rusia, asegura el periódico, ha sido diseñado por Janet Yellen, que presidió la Reserva Federal de Estados Unidos, y Mario Draghi, el antiguo director del Banco Central Europeo. Son ellos los que han embargado gran parte de los 643.000 millones de dólares de reservas de divisas de Moscú, lo cual es una declaración de guerra económica contra Rusia.

El objetivo es empujar a la divisa rusa “a una caída libre”. Se trata de un tipo de guerra totalmente nuevo: la militarización del dólar estadounidense y de otras monedas occidentales para castigar a sus adversarios.

No tiene nada que ver con la Guerra de Ucrania porque los planes se vienen discutiendo desde hace dos décadas. En Estados Unidos están hartos de las interminables agresiones militares a terceros países y la guerra económica pretende llenar en parte el vacío. Las sanciones económicas se han convertido en la nueva política de seguridad nacional, en sustitución de la diplomacia y la guerra.

La militarización de las finanzas tendrá profundas repercusiones para el futuro de la política y la economía internacionales. Muchos de los supuestos básicos de la era posterior a la Guerra Fría están siendo revocados. En su día la mundialización se vendió como una menera de evitar los conflictos. La red de dependencia acercaría cada vez más a los antiguos enemigos. En cambio, se ha convertido en un nuevo campo de batalla.

El poder de las sanciones financieras se debe a la ubicuidad del dólar estadounidense. Es la moneda más utilizada para las transacciones internacionales, en las que suele intervenir un banco estadounidense. Los mercados de capitales estadounidenses son los más grandes del mundo y los bonos del Tesoro de Estados Unidos actúan como red de seguridad para el sistema financiero mundial.

En consecuencia, es muy difícil que las instituciones financieras, los bancos centrales e incluso muchas empresas funcionen si están aisladas del dólar y del sistema financiero estadounidense. Si a esto le añadimos el euro, que es la segunda moneda con más reservas de los bancos centrales, así como la libra esterlina, el yen y el franco suizo, el impacto de estas sanciones es aún más aterrador.

Estados Unidos ya ha sancionado antes a ciertos bancos centrales (Corea del Norte, Irán y Venezuela), pero en gran medida estaban aislados del mercado mundial. Las sanciones contra el banco central de Rusia representan una primicia: el uso del arma contra una economía importante y la primera vez en una guerra en la que participa una de las principales potencias nucleares.

El plan conlleva grandes riesgos. Las sanciones del banco central podrían provocar una reacción contra el dominio del dólar en las finanzas mundiales. En las cinco semanas transcurridas desde la imposición del bloqueo, el rublo ruso ha recuperado gran parte del terreno perdido inicialmente y Moscú afirma que encontrarán formas para eludir las sanciones.

La congelación de las reservas de Rusia marcan un cambio histórico en la dirección de la política internacional. “Estas sanciones económicas son un nuevo tipo de gobierno económico con el poder de infligir un daño que rivaliza con el poder militar”, reconoció Biden en un discurso en Varsovia a finales de marzo. Estaban “socavando la fuerza de Rusia, su capacidad de reconstruir su ejército y su capacidad de proyectar su poder”.

Una policía económica mundial

La nueva etapa de la guerra económica comenzó el 11 de septiembre. Tras los atentados terroristas de 2001, Estados Unidos invadió Afganistán, se adentró en Irak para derrocar a Saddam Hussein y utilizó drones asesinos en tres continentes distintos. Pero con mucha menos fanfarria, también ha desarrollado mecanismos para actuar como una fuerza de policía económica mundial.

Unas semanas después de los atentados del 11-S, Bush se comprometió a “privar a los terroristas de financiación”. La controvertida ley patriótica en la que se basaron las detenciones indefinidas, también otorgó al Departamento del Tesoro el poder de excluir del sistema financiero estadounidense a cualquier institución financiera implicada en el blanqueo de capitales.

Casualmente, el primer país amenazado por esta ley fue Ucrania, a la que el Tesoro advirtió en 2002 que sus bancos corrían el riesgo de verse comprometidos por el crimen organizado. Poco después, Ucrania aprobó una nueva ley para prevenir el blanqueo de capitales.

El Tesoro de Estados Unidos también negoció el acceso a los datos de Swift sobre presuntos terroristas, el sistema de mensajería con sede en Bélgica que es el canon para las transacciones financieras internacionales, el primer paso de una red de control sobre el dinero que se mueve en el mundo.

Luego las herramientas financieras se aplicaron a Irán con el pretexto de su programa nuclear. Estados Unidos ha intentado restringir el acceso de Irán al sistema financiero internacional. Los funcionarios de la Hacienda estadounidense visitaban los bancos europeos y les informaban discretamente de las cuentas del gobierno iraní. A los gobiernos europeos no les gusta que el fisco estadounidense les diga a sus bancos cómo operar, pero tuvieron que tragar. Nadie se atreve a meterse con el Tesoro estadounidense.

Obama impuso sanciones económicas al banco central de Irán, el último paso de una campaña para estrangular su economía. Las sanciones no sólo presionaron a Irán para que negociara el acuerdo nuclear de 2015, sino que también allanaron el camino para hacer lo mismo con Rusia.

Ir a por el banco central de un país es lo máximo que se puede alcanzar hoy para sancionar a su sector financiero. Los bancos centrales no sólo imprimen dinero y supervisan el sistema bancario, sino que también proporcionan un amortiguador económico vital en una crisis, defendiendo una moneda o pagando importaciones esenciales.

Las reservas de Rusia aumentaron tras la anexión de Crimea en 2014 para asegurarse contra futuras sanciones de Estados Unidos. Las grandes reservas de China en bonos del Tesoro de Estados Unidos se consideraron en su día como una fuente potencial de influencia geopolítica.

Las sanciones occidentales contra el banco central ruso han socavado su capacidad para apoyar la economía. El ataque a un banco central es como tener ahorros para usarlos en caso de emergencia y cuando ésta llega, el banco no permite retirarlos. Probablemente los imperialistas hayan neutralizado unos dos tercios de las reservas rusas.

Los lacayos de Bruselas firman en blanco

La Unión Europea lleva las últimas cinco décadas criticando la excesiva influencia de la moneda estadounidense y ahora se está comiendo sus palabras. Bruselas está colaborando estrechamente con Estados Unidos contra Rusia. “Nunca en la historia de la Unión Europea hemos tenido un contacto tan estrecho con los estadounidenses en materia de seguridad como el que tenemos ahora; es algo realmente inédito”, dijo un alto funcionario de la Unión Europea.

La planificación de las sanciones comenzó en noviembre del año pasado. Biden pidió a Yellen que elaborara planes sobre las medidas que podrían tomarse para responder a una invasión. A partir de ese momento, Estados Unidos comenzó a coordinarse con la Unión Europea, Reino Unido y otros países vasallos. Desde entonces hasta la invasión del 24 de febrero, los funcionarios del gobierno de Biden pasaron una media de 10 a 15 horas a la semana en videoconferencias con Bruselas y los Estados miembros para coordinar las sanciones.

En Washington, la política de sanciones ha estado dirigida por Daleep Singh, un antiguo funcionario de la Reserva Federal de Nueva York que ahora es asesor de seguridad nacional para la economía internacional en la Casa Blanca, y Wally Adeyemo, un antiguo ejecutivo de BlackRock que fue subsecretario del Tesoro. En 2014 ambos trabajaron con el gobierno de Obama cuando Estados Unidos y Europa discrepaban sobre la manera de responder a la anexión de Crimea por parte de Rusia.

La Unión Europea estaba desesperada por evitar un precedente embarazoso más reciente en relación con las sanciones contra Bielorrusia, que resultaron ser mucho más débiles, ya que los distintos países buscaron exenciones para sus industrias. Esta vez el esfuerzo de la Unión Europea se coordinó directamente desde el despacho de Ursula von der Leyen a través de Bjoern Seibert, su jefe de gabinete.

La otra figura central es la ministra de Finanzas de Canadá, Chrystia Freeland, a la que ya hemos presentado en otra entrada. Estaba en estrecho contacto con los sicarios de Kiev. Unas horas después de que los tanques rusos empezaran a entrar en Ucrania, Freeland envió una propuesta escrita a Estados Unidos con un plan específico dirigido contra el banco central ruso. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, reiteró la propuesta en una cumbre de emergencia de los cabecillas del G7.

¿Se puede seguir confiando en Estados Unidos?

Hasta el 24 de febrero, el plan se centraba en que los bancos rusos quedaran aislados de Swift. Luego los imperalistas pusieron en primer plano las opciones más agresivas. En Europa fue Draghi quien impulsó la idea de sancionar a los bancos centrales en la cumbre de emergencia de la Unión Europea la misma noche de la invasión. Italia, uno de los principales importadores de gas ruso, había dudado en el pasado en imponer sanciones. Sin embargo, el dirigente italiano argumentó que las reservas de Rusia podrían utilizarse para amortiguar el golpe de nuevas sanciones.

Tenían que poderarse de la pasta rápidamente. Las conversaciones de última hora cogieron desprevenidos a los segundones, sujetos de la catadura de Pedro Sánchez, que se apresuraron a hacer lo mismo.

Sin embargo, la unidad occidental es aparente. Las grandes potencias occidentales no han definido lo que tendría que hacer Rusia para que se levanten las sanciones, por lo que el Financial Times plantea una buena pregunta: ¿el objetivo es infligir daño a corto plazo a Rusia para inhibir el esfuerzo bélico o se trata de una contención a largo plazo?

Incluso cuando funcionan, las sanciones tardan mucho tiempo en surtir efecto. Sin embargo, el daño económico se está sintiendo de forma desigual, y Europa está recibiendo un golpe mucho más duro que Estados Unidos.

Hasta ahora, Europa se ha mostrado reacia a imponer un embargo de petróleo y gas, dada la fuerte dependencia del bloque de las importaciones energéticas rusas.

El otro factor clave es si Occidente puede ganar la batalla del discurso sobre las sanciones, tanto en Rusia como en el resto del mundo. A China, India, Brasil y otros países que podrían ayudar a Rusia a escapar de las sanciones occidentales, se les plantea una pregunta clave sobre el papel del dólar en la economía mundial: ¿se puede seguir confiando en Estados Unidos?

La pregunta le da la vuelta por completo a la propaganda mediática de occidente. El problema no es Rusia sino Estados Unidos.

(*) https://www.ft.com/content/5b397d6b-bde4-4a8c-b9a4-080485d6c64a

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