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Los virus no muerden (ni siquiera ómicron)

El estatuto alcanzado por una ciencia se puede evaluar de varias maneras y una de ellas es el repertorio de conceptos y definiciones con los que opera habitualmente. Aunque no se definan expresamente, los conceptos indican la madurez que una disciplina ha alcanzado en su desarrollo, de manera que en una ciencia reciente suelen ser ambiguos.

La biología sólo tiene 200 años de historia y la virología la mitad, así que no es capaz de digerir su propia historia y está muy lejos de haber consolidado un elenco definitivo de fundamentos básicos, sobre todo teniendo el cuenta las batallas ideológicas en las que está inmersa desde su surgimiento, por no hablar de batacazos vergonzantes, como la eugenesia, de la que en su momento dijeron que era el colmo de la modernidad científica.

Los libros de texto dejan claro que no saben lo que es un virus, por lo que se expresan de manera errónea cuando aluden a ellos y esos errores los comunican a otras disciplinas, como la medicina, la veterinaria o la farmacia. Cuando alguien pregunta a un médico por las causas de una enfermedad, le responden que es un virus para indicar que no lo saben. El galeno le está diciendo que no sabe la causa de la enfermedad y que no sabe lo que es un virus.

Una de las inferencias más absurdas de los biólogos en torno a los virus es que “se apoderan de la maquinaria celular”. Sin embargo, una célula no es una máquina y un virus no se puede “apoderar” de nada porque es una sustancia inerte.

En relación con la variante ómicron, un biólogo dice que forma parte del “árbol evolutivo” del coronavirus. Son las famosas mutaciones, que ponen de manifiesto dos errores capitales de la virología. El primero es que los virus no son seres vivos y, en consecuencia, no están sometidos a la ley primordial de la biología, que es la de la evolución. Al no evolucionar, los virus carecen de mutaciones.

Desde hace dos años los medios vienen exponiendo imágenes gráficas de los virus como si fueran bolitas de colores, es decir, como organismos autónomos. Sin embargo, los virus forman parte de la fisiología celular y de los seres unicelulares, como bacterias o protistos. Unos y otros no se pueden entender de manera separada, como no se entiende la manzana (virus) sin el árbol (célula). Una manzana sólo evoluciona (crece, se desarrolla, madura) como parte integrante del árbol y se descompone en cuanto se arranca del mismo.

La concepción errónea de los virus tiene varios motivaciones históricas y técnicas. Una de ellas es el descubrimiento del ADN, en donde los biólogos creyeron haber encontrado “el secreto de la vida”, que para ellos fue como la piedra filosofal. La vida era ADN y donde había ADN había vida. Como los virus tenían ADN, eran seres vivos y cuando descubrieron que había virus de ARN, como el coronavirus, no salieron de su error.

Los tropiezos se han ido acumulando. Entre un simio y un ser humano sólo hay un 1 por ciento de diferencia en las secuencias de ADN, mientras que en una misma familia de virus las diferencias llegan al 30 por ciento, a pesar de lo cual se consideran como la misma especie. Obviamente no se trata de mutaciones de un mismo virus, sino de una variabilidad gigantesca en su composición genómica.

Dicha variabilidad sólo se explica por su diferente origen celular, para lo cual es necesario comprender que los virus no son agentes extraños a las células sino parte integrante de las mismas. De una manera parecida, la Luna forma parte de la Tierra y no se puede entender una sin la otra. El fundador de la virología científica y de su primera revista “Archiv für die gesamte Virusforschung”, Robert Doerr, los calificó como “endógenos”. Forman parte de los seres vivos desde que éstos se encuentran en su fase más embrionaria. Por lo tanto, los virus están en el origen de la vida sobre este planeta desde el primer instante.

No obstante, desde la segunda mitad del siglo XIX las ciencias de la vida y la salud consideran a los virus como extraterrestres que colonizan a los seres vivos y los enferman, de donde han derivado la doctrina del contagio y la infección, es decir, de los virus como patógenos, e incluso letales.

Los virus ni son exógenos, ni son tampoco patógenos. Están en todas partes, dentro y fuera de los organismos vivos, en cantidades abrumadoras. Sin ellos no habría vida, ni evolución porque cumplen funciones fisiológicas esenciales. Los virus no entran en las células, sino que las células capturan virus para poder funcionar y para cambiar su metabolismo, al tiempo que los expulsan de su interior, creando nuevos virus, e incluso virus modificados genéticamente de manera natural. Al observar una célula sana se ven virus y al observar una célula enferma también.

En las doctrinas corrientes prevalece la concepción del ADN como una sustancia autorreplicante que se ha transmitido a los virus, incluidos los que sólo tienen ARN, como los coronavirus. Pero los virus no se reproducen a sí mismos, no se reproducen gracias a su ADN ni a su ARN sino gracias a las células. Los virus los crean las células, de manera que células alteradas crean virus igualmente alterados, es decir, las famosas variantes. La célula es el elemento activo y el virus es el pasivo. Los virus son vehículos sin motor (no tienen mitocondrias).

Las células y los virus forman un ecosistema, interno y externo a la vez, junto con otros componentes no menos importantes, como el sistema inmunitario, que es a su vez un complejo de células que mantiene el ecosistema relativamente estable y en marcha. Las heridas cicatrizan de manera natural. El cuerpo repara por sí mismo las alteraciones en su funcionamiento. Una fisiología tan intrincada es difícil de reproducir en un laboratorio, por no decir imposible. La naturaleza no se puede poner delante de un microscopio, por lo que los experimentos “in vitro” se deberían coger con pinzas, en lugar de lanzar las campanas al vuelo, como suele ocurrir con demasiada frecuencia.

Fuera del laboratorio, el ejemplo más característico de la inocuidad de los virus son los asintomáticos. Quienes están en un contacto directo y estrecho con “enfermos infecciosos” no se contagian, sin necesidad de mascarilla ni de protecciones de ninguna clase. Así lo demuestran cuantos experimentos se han llevado a cabo “in vivo”, por no hablar de que no necesitamos que ningún apestado nos “infecte”. Llevamos virus dentro desde que salimos del vientre de nuestra madre.

20 buques se quedan atrapados en el Ártico a causa del aumento del hielo marino

Hace dos años publicamos aquí un artículo informando de que el hielo del Ártico había atrapado a un buque “ecologista” que intentaba filmar el deshielo. Ahora ha vuelto a ocurrir lo mismo: dos rompehielos rusos están en camino para rescatar a los barcos atrapados en el hielo en la Ruta Marítima Septentrional. Una veintena de barcos están varados o tienen dificultades para navegar debido a que las aguas del Mar de Siberia Oriental se han congelado antes que en los últimos años.

Los rompehielos son el Yamal, de propulsión nuclear, y el Novorossiisk, de propulsión diesel. Los rusos también han enviado al buque de rescate Spasatel Zaborshchikov. Las duras condiciones del hielo marino han sorprendido a los 20 buques varados o luchando por atravesar las aguas heladas.

Entre ellos se encuentran el UHL Vision, que lleva unos días varado en aguas del norte de las Nuevas Islas Siberianas, y los graneleros Golden Suek, Golden Pearl, Nordic Quinngua y Nordic Nuluujaak, que se encuentran al este del mismo archipiélago. También se encuentran en la zona el petrolero Vladimir Rusanov, así como los cargueros Selenga y el buque finlandés Kumpula.

Mientras tanto, en el puerto de Pevek, hay seis barcos que probablemente también necesitarán ayuda para salir de la zona.

Rusia está construyendo en Zvezda un gigantesco buque nuclear de clase Lider y otros dos esperan su turno. Son 70.000 toneladas de potencia bruta, con energía nuclear. El empeño de Rusia en desarrollar la tecnología de los rompehielos y el número de buques que tiene en los astilleros para construir serían extraños si el Ártico se estuviera descongelando.

Desde hace décadas los científicos rusos conocen el Ártico mucho mejor que otros. El Servicio Federal de Hidrometeorología y Vigilancia Medioambiental es el principal instituto de investigación sobre el Ártico y el Antártico. Vigila el hielo las 24 horas al día por mar y por aire y publica cartas de hielo periódicamente.

Si se compara esas cartas un año con otro, se observa que la extensión del hielo ha crecido desde 2013. En el caso del “hielo antiguo”, el que tiene más de dos años, ha aumentado de forma espectacular, cuando se suponía que se estaba derritiendo.

Los incendios calcinaron la Antártida hace 75 millones de años

En ciencia las mayores torpezas se suelen cometer cuando se da por sentado que la materia es posible sin movimiento y automovimiento, es decir, que hay algo en el cosmos que no cambia y no evoluciona. Esa falsa impresión es mayor cuando los científicos se refieren a la materia inerte, como la física, por ejemplo, por influencia de las leyes de Newton.

Lo mismo ocurre con la geología. Hay muchos conservacionistas que creen que el planeta es una foto fija y que se debe (y se puede) mantener tal y como está ahora porque cualquier intervención humana sobre la naturaleza y el suelo es una agresión.

Pero en la tierra hay montañas donde antes había valles (y a la inversa), y desiertos que antes eran vergeles (y a la inversa). Las cosas se transforman en su contrario por efecto del tiempo, del desarrollo y de la transformación incesantes y, lógicamente, los fenómenos que son diferentes se rigen por leyes científicas diferentes, no homogéneas y cambiantes en el tiempo y en el espacio.

Recientemente la revista Polar Research lo ha vuelto a poner de manifesto: los incendios forestales arrasaron la Antártida hace 75 millones de años (1), cuando los dinosaurios vagaban por la Tierra y los seres humanos aún no habían hecho su aparición, es decir, que los incendios no tenían un origen humano.

A finales del Cretácico (hace entre 100 y 66 millones de años), uno de los periodos más cálidos de la Tierra (y no por efecto del CO2), la isla James Ross, en la Antártida, albergaba un bosque templado de coníferas, helechos y plantas con flores llamadas angiospermas, así como una gran cantidad de dinosaurios.

Antiguos incendios calcinaron partes de estos bosques hasta dejar restos de carbón vegetal que los científicos han podido recuperar y estudiar. “Este descubrimiento amplía el conocimiento sobre el inicio de incendios de vegetación durante el Cretácico, mostrando que estos episodios eran más frecuentes de lo que se pensaba”, dijo Flaviana Jorge de Lima, paleobióloga de la Universidad Federal de Pernambuco en Recife, Brasil.

Este descubrimiento es la primera evidencia de fuego en la isla James Ross, una parte de la Península Antártica que ahora se encuentra bajo América del Sur.

Los incendios espontáneos eran habituales en la Antártida durante el periodo Campaniano (hace entre 84 y 72 millones de años). En 2015 otro estudio descubrió la primera evidencia conocida de incendios de la era de los dinosaurios en la Antártida Occidental. Se publicó en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology (2).

En 2015-2016 una expedición científica analizó los fósiles recogidos en el noreste de la isla James Ross. Contenían fragmentos de plantas que se asemejaban a residuos de carbón vegetal, que se habían erosionado durante las últimas decenas de millones de años.

Los fragmentos de carbón vegetal eran pequeños: los más grandes eran delgados como el papel y sólo medían 19 por 38 milímetros. Pero las imágenes del microscopio electrónico de barrido revelaron su origen. Los fósiles son probablemente gimnospermas quemadas, pertenecientes a una familia botánica de coníferas llamada Araucariaceae.

Los intensos incendios forestales eran comunes y generalizados a finales del Cretácico, aunque la mayoría de las pruebas de estos incendios se encuentran en el hemisferio norte, con unos pocos casos documentados en el hemisferio sur, en lo que hoy es Tasmania, Nueva Zelanda y Argentina, dijeron los investigadores, que ahora buscan nuevos registros de paleoincendios en otros lugares de la Antártida.

(1) https://polarresearch.net/index.php/polar/article/view/5487
(2) https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0031018214005707

Un casco militar de última generación fabricado por Microsoft no funciona cuando llueve

En abril el Pentágono firmó con Microsoft un gigantesco contrato de 21.900 millones de dólares para suministrar 120.000 cascos de realidad aumentada (AR) basados en su sistema HoloLens (1).

La prótesis, llamada “Sistema Visual Integrado Aumentado” (IVAS), estaba especialmente adaptada a los soldados del ejército y debía utilizarse para el entrenamiento y el combate (2).

Equipado con opciones de visión nocturna y térmica, el IVAS integra un despliegue de elementos visuales superpuestos a la vista real, cartografía 3D, así como funciones avanzadas de comunicación e intercambio de información.

Algunos prototipos con inteligencia artificial y reconocimiento facial también son capaces de identificar las amenazas. En resumen, un equipo perfecto para el soldado 2.0.

Pero la prótesis de alta tecnología, como suele ocurrir, no está a la altura y falla en lo más elemental: adolece de “problemas de maduración” y no es lo suficientemente robusto para su uso sobre el terreno, según William Glaser, jefe del Equipo Synthetic Training Environment Cross-Functional del Pentágono (3).

Es inutilizable en tiempo de lluvia. Además, las baterías que lo alimentan no duran lo suficiente y no son lo suficientemente resistentes al fuego durante el combate.

Por lo tanto, el Pentágono dijo que había “aplazado las pruebas operativas del IVAS a una fecha posterior”, al tiempo que reafirmó que estaba “plenamente comprometido con su asociación con Microsoft para avanzar en tecnologías específicas para satisfacer las necesidades operativas de los combatientes”.

También ha publicado una lista de actualizaciones del programa IVAS ya realizadas desde octubre del año pasado -como las pruebas de clima frío o la integración con vehículos blindados-, aunque sin especificar si la suspensión del programa está relacionada con los fallos denunciados.

Es un despilfarro de miles de millones de dólares que pone de manifiesto el cretinismo de la posmodernidad, en la que participan los militares y los chalados de las últimas tecnologías a partes iguales.

El caza F-35, también de “quinta generación”, construido por la empresa estadounidense Lockheed Martin a golpe de talonario, es chatarra. Sólo le han encontrado 871 fallos de programas y equipamiento.

El nuevo helicóptero CH-53K de los Marines, otra joya, no puede atravesar una nube de polvo durante más de setenta segundos porque se atasca el rotor.

En junio, un informe interno del Ministerio de Defensa británico explicaba que las pruebas del Ajax, el futuro vehículo blindado del ejército británico, se suspendieron durante varias semanas como medida de seguridad debido a las vibraciones y el ruido excesivo, que suponen un riesgo para la salud de la tripulación.

En Afganistán, los talibanes, armados con kalashnikovs de segunda mano, derrotaron al ejército regular en cuestión de semanas, a pesar de que los estadounidenses les habían dotado de los equipos más modernos.

Cuanto más rápido quiere avanzar la posmodernidad, mayores son sus chapuzas. Por eso los tecnófobos proliferan cada vez más. La mejor mermelada es la que se cuece en una olla vieja.

(1) https://www.cnbc.com/2021/03/31/microsoft-wins-contract-to-make-modified-hololens-for-us-army.html
(2) https://news.microsoft.com/transform/u-s-army-to-use-hololens-technology-in-high-tech-headsets-for-soldiers/
(3) http://www.thedrive.com/the-war-zone/42739/army-halts-widely-hyped-multi-billion-dollar-advanced-augmented-reality-goggle-program

La cumbre climática de Glasgow marcha hacia un fracaso sonado

La cumbre climática que comienza en Glasgow el 31 de octubre, tiene muy mala pinta. Sólo once de los países del G20 han presentado planes de reducción del carbono a la COP26, a menos de 10 días de la fecha límite.

El 16 de octubre The Guardian publicó un artículo de Andrew Rawnsley señalando que Gran Bretaña se prepara para aumentar la producción de gas y abrir una mina de carbón en Gales.

De hecho, la aparición de una inflación masiva en los últimos meses, que ha hecho surgir la amenaza de una destructiva ola hiperinflacionaria, ha supuesto un golpe de realidad. Y el New Deal Verde se ve cada vez más como lo que es: una chapuza.

Tras una reunión de la Comisión Nacional de Energía sobre la crisis de la energía, el primer ministro chino, Li Keqiang, publicó una declaración bastante premonitoria: “Dado el lugar predominante que ocupa el carbón en la dotación energética y de recursos del país, es importante optimizar la combinación de la capacidad de generación de carbón, construir centrales eléctricas de carbón avanzadas en consonancia con las necesidades de desarrollo y continuar con la eliminación gradual de las centrales eléctricas de carbón obsoletas de forma ordenada. Se intensificará la exploración nacional de petróleo y gas”.

India, que genera el 70 por ciento de su energía a partir de centrales eléctricas de carbón, no va a reducir su consumo de carbón, sino todo lo contrario.

El Ministerio de Industria y Comercio de Vietnam acaba de anunciar un plan para duplicar la cantidad de electricidad generada a partir del carbón para 2030.

La política del “carbono cero” está en peligro, sobre todo porque después de los confinamientos, las necesidades energéticas y alimentarias, principalmente en los países emergentes, son mayores que nunca.

La Casa Windsor, anfitriones de la reunión, teme que el cónclave de Glasgow, orquestado para obligar a los países del mundo a abandonar los combustibles fósiles, que representan el 70 por ciento de toda la energía consumida, sea un fracaso.

El Príncipe Carlos, que ha sido uno de los principales impulsores de las conferencias sobre el cambio climático, se quejó amargamente en la BBC de que muchos países “sólo hablan, y el problema es conseguir que se actúe sobre el terreno, que es lo que he intentado hacer durante 40 años”.

Su hijo, el Príncipe Guillermo, deseó que dejáramos de perder tiempo y dinero en viajes espaciales: “Necesitamos algunos de los mejores cerebros y mentes del mundo para intentar arreglar este planeta, no para intentar encontrar el próximo lugar donde vivir”.

La propia reina Isabel II se pronunció: “Todavía no sé quién viene”, refunfuñó. “No tengo ni idea. Sólo conocemos a los que no vienen… Es muy irritante que hablen, pero no actúen”.

El presidente Xi Jinping ha indicado que no asistirá a Glasgow, y el presidente Putin también ha dicho que aún no ha decidido si asistirá personalmente “debido a la situación de la epidemia”, pero que “participará en los trabajos de la COP26”.

La última noticia es que el Primer Ministro australiano, Scott Morrison, que había anunciado inicialmente su ausencia, ha dicho que vendrá. La Commonwealth obliga.

El comunismo es una negación detrás de otra

“El comunismo es la posición como negación de la negación”, escribió Marx hace 180 años, en una de sus primeras obras (1). La primera posición de los comunistas es la de negar y la segunda es la de volver a negar.

La dialéctica, escribió Lenin, contiene la negación como “su elemento más importante” (2) y conforma una “actitud” diferente: cuando la clase dominante busca la aceptación del dominado, se encuentra con el rechazo del comunista, que no sólo tiene un aspecto intelectual, sino también práctico.

La aceptación es un acto de sumisión; la negación es el principio de la rebeldía. Conduce a la acción y a la práctica.

Las clases dominantes siempre han educado para la obediencia, mientras que la educación comunista se basa en la desobediencia. Asentir, decir que “sí”, es una postura simple, mientras que la negativa es mucho más compleja. Tiene unas consecuencias que son igualmente negativas (para quien niega).

La naturaleza gregaria de los seres humanos conduce inmediatamente al conformismo, mientras que la negación exige un tiempo de maduración. La aceptación es un acto pasivo que no requiere de un esfuerzo especial porque viene ya establecido por terceros. El alumno se limita a reproducir y repetir lo que aprende de su profesor. El buen cuidadano cumple con las normas que le vienen impuestas.

La negación, por el contrario, es un acto complejo. Sin duda, incluye la duda, el interrogante, pero va mucho más allá de lo que la dialéctica materialista califica como “negación pura y simple”, que conduce al vacío, al nihilismo. Sólo es un momento o una etapa en el desarrollo del conocimiento científico que debe llevar a la práctica, a tomar una “posición” o una “postura”.

Engels puso un ejemplo bien sencillo: en la aritmética un número negativo se convierte en positivo multiplicándolo por otro número negativo: -1. La negación se convierte así en algo “positivo” y “definido”, decía Lenin (3).

Lo que conduce a la práctica, pues, es una doble negación. La “hora final” de la propiedad privada llega cuando “los expropiadores son expropiados” (4). Para construir primero hay que destruir, pero no tiene sentido destruir si no es para construir algo diferente en su lugar.

Es algo que aparece en numerosos debates, donde siempre hay quien se opone y critica, pero no es capaz de plantear una propuesta distinta. Ha recorrido la primera etapa, pero le falta la segunda. Sin ella la negación no se puede transformar en “positivo” y, en definitiva, en una “posición”.

Numerosos movimientos populares se definen de una manera negativa, por el rechazo de lo que no son o no quieren. Por ejemplo, se definen como “anticapitalistas” o “antimperialistas”. Es una etapa positiva y también necesaria, pero insuficiente para llevar a cabo una actividad práctica que acabe con las lacras del capitalismo y el imperialismo.

Las organizaciones revolucionarias, además de disponer de un manifiesto, donde diagnostican las penosas consecuencias de la explotación, elaboran un programa con las medidas prácticas capaces de solucionarlas, así como las vías que se deben tomar para llegar a ellas. De esa manera se llena el continuo que va de la mera crítica del capitalismo a la alternativa socialista, pasando por los estadios intermedios del proceso.

Ningún proceso de cambio social ha sido posible en la historia sin la negación, que es el primer paso y el imprescindible. Si aceptamos que las cosas están bien, no hay por qué cambiarlas. Si no tenemos dudas, nunca haremos preguntas y no podremos avanzar en ningún sentido.

Son muchas las personas que no avanzan porque se reconfortan a sí mismas escuchando siempre el mismo discurso, como los beatos rezando el rosario de manera rutinaria y monótona. Hay quien sólo lee aquello que reproduce una opinión que ya tiene preconcebida. Quiere más de lo mismo porque sólo la repetición y la uniformidad apaciguan su inseguridad.

Por el contrario, la actitud dialéctica, decía Sócrates, es la de quienes indagan, preguntan y buscan. No les basta con una cara de la moneda. Para aprender materialismo estudian el idealismo y para entender el ateísmo leen la Biblia. Una clase social sólo se define por oposición a su contraria. El probletariado nunca podrá triunfar sobre la burguesía si no conoce al detalle su historia, sus características, su pensamiento y sus peculiares formas de organización social y política de su adversario.

La sociología estadounidense ha acuñado un repertorio de expresiones para describir este fenómeno. Las personas que no necesitan expresarse porque otros lo hacen por ellos  forman la “mayoría silenciosa”. Son receptores pasivos. No tienen una opinión propia, ni la necesitan porque son conformistas. Su criterio aparece reflejado en los medios de comunicación, las universidades y demás dispositivos ideológicos establecidos.

Los demás son los “activistas”. Acuden a las reuniones. Participan, escuchan, hablan y preguntan. Han dado el primer paso en un recorrido que, además de colectivo, es también personal y subjetivo. Esa evolución nunca se detendrá si siguen participando, preguntando, criticando y aportando.

(1) Marx, Manuscritos, economía y filosofía, Madrid, 1968, pgs.156 y 164
(2) Lenin, Cuadernos filosóficos, Obras Completas, tomo 29, pgs.204-205
(3) Lenin, idem, pg.86
(4) Marx, El Capital, tomo I, pg.649

Más de 40 años de predicciones erróneas sobre el cambio climático

Desde hace algún tiempo, el tema del calentamiento global influye de forma masiva y directa en la realidad de nuestras vidas, ya sea en forma de impuestos, regulaciones energéticas o incluso en nuestra alimentación. El objetivo de todas las medidas políticas es reducir masivamente las emisiones de CO2 para evitar el calentamiento global.

La ONU y otros organismos internacionales como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) piden de forma alarmante a los gobiernos que conviertan nuestra sociedad y nuestra economía en un sistema neutro en CO2 lo antes posible. La conversión mundial está en pleno desarrollo.

Las medidas no se están adoptando en todas partes. En Suiza un proyecto de ley federal sobre el CO2 fue rechazado por la población en junio de este año. El profesor Reto Knutti, experto en clima, advirtió entonces de forma casi amenazante que sólo se podría evitar una catástrofe mundial si se confiaba en expertos como él y se apoyaban medidas drásticas.

Detrás de esta afirmación está la suposición de que nuestras emisiones de CO2 son demasiado elevadas, lo que provocaría el calentamiento global. Pero casi nadie entiende qué conexión hay entre ambos. Por ello la revista Schweizer Standpunkt (Punto de Vista Suizo) ha entrevistado al respecto a Ueli Gubler, ingeniero de HTL y periodista independiente (*).

Schweizer Standpunkt: Usted lleva décadas trabajando en el tema de la predicción del clima. ¿Qué le llevó a implicarse más en la cuestión del clima?

Ueli Gubler: Fueron las previsiones contradictorias, que se han corregido varias veces. En particular, la declaración de Hans von Storch y Lennart Bengtsson, dos científicos climáticos alemanes, que admitieron resignadamente en 2013 y 2014 que había un error fundamental en los modelos. Bengtsson culpó a su gremio de “barrer bajo la alfombra” los resultados que contradicen el cambio climático antropogénico.

Una y otra vez me sorprendió la inexactitud de las predicciones sobre nuestro clima futuro. Así que empecé a investigar más intensamente el tema. Durante más de 40 años, los científicos del clima han hecho predicciones que han resultado ser casi todas erróneas. El Secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, por ejemplo, advirtió ante la ONU en Nueva York, en abril de 1974, que si la quema de combustibles fósiles sigue aumentando, la temperatura descendería a 0°C en 2015, lo que equivaldría a una edad de hielo (1). Desde 1980 nos encontramos con advertencias sobre el calentamiento, y sólo más recientemente sobre los fenómenos extremos.

Además, es sorprendente que muchos investigadores del clima, como Bengtsson, sólo empiecen a expresar sus críticas cuando se jubilan. Eso dice mucho.

Y hablemos de los informes sobre el CO2: todas las sustancias químicas tienen propiedades bien definidas. Se dice que sólo el CO2 tiene una abundancia de propiedades que pueden dar lugar a los más diversos acontecimientos extremos. Se trata de una afirmación infundada.

Y para nosotros, los humanos, los peores 100 años no fueron una fase de calentamiento, sino la fase de enfriamiento entre 1350 y 1450.

Los expertos oficiales en clima atribuyen el aumento de la temperatura de la Tierra a las emisiones de CO2 producidas por el hombre. ¿Por qué?

El actual calentamiento global comenzó después de 1850, tras la Pequeña Edad de Hielo [siglos XIV al XIX] en el hemisferio norte, un periodo muy frío marcado por numerosas pérdidas de cosechas y hambrunas. La cuestión es si el calentamiento actual sería más moderado sin la quema de combustibles fósiles. Esta es la cuestión central.

Objetivamente, la pregunta debería ser: “¿Qué porcentaje es atribuible al calentamiento natural y qué porcentaje es atribuible al calentamiento inducido por el hombre?” La investigación climática “politizada” insiste en que el ser humano es el único responsable. Si también se tuvieran en cuenta los factores naturales, probablemente retirarían la alfombra del “movimiento climático”.

¿Qué quiere decir con fuentes ‘naturales’ de emisiones de CO2?

Existe un intercambio anual de CO2 entre la atmósfera y las plantas de unas 100 gigatoneladas de carbono (no de CO2) (2). Las plantas absorben CO2 y lo vuelven a liberar cuando se descomponen o se queman. Un intercambio similar, de similar magnitud, tiene lugar entre la atmósfera y los océanos. El agua caliente libera CO2; el agua fría lo absorbe. Los volcanes activos también emiten grandes cantidades de CO2.

¿Qué aspecto tiene el CO2?

El CO2 es un gas invisible, inodoro, insípido y no tóxico. Los medios de comunicación lo describen como un gas tóxico. La cuestión es por qué lo hacen. La cantidad de CO2 en el aire es sólo de 0,0004 ó 400/millonésimas. En pocas palabras: si una botella de medio litro contuviera todo el gas de la atmósfera terrestre, una sola gota de ese gas sería CO2. O dicho de otro modo: una botella de medio litro contiene 10.000 gotas. Si cada gota representara una parte del aire, sólo 4 de ellas serían de CO2, y de éstas, sólo una sería de CO2 producido por el hombre.

¿Cómo se supone que el CO2 calienta nuestro clima?

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) lleva 30 años intentando responder a esta pregunta, ¡sin éxito! Dispone de 30 modelos climáticos que producen resultados diferentes según los supuestos que se hagan. Esto demuestra que no se ha probado nada. Se ha desarrollado la “teoría del invernadero” y se está intentando llegar a una respuesta con este modelo. En el mejor de los casos, 29 modelos son correctos y sólo uno está equivocado; en el caso más molesto, todos los modelos están equivocados.

¿Cómo funcionan los modelos?

La historia de la Tierra y del clima no proporciona ninguna prueba de una relación causal entre el contenido de CO2 y la temperatura de la Tierra. Este es el secreto de los distintos modelos.

La pregunta inicial central, aceptada tanto por los alarmistas como por los escépticos del clima, es: “¿Cuánto se calentará la Tierra si se duplica el CO2?” La respuesta es lo que se conoce como “sensibilidad climática”. Los supuestos van de 0,24°C a 6°C, ¡un factor de 25!

La cuestión de duplicar el CO2 es difícil. Supone un aumento exponencial del CO2 para lograr un calentamiento lineal. En otras palabras, cada partícula adicional de CO2 tiene un efecto menor que la anterior. Se trata de la misma ley logarítmica que para el ruido (3). Es demasiado largo entrar aquí en el funcionamiento del efecto invernadero. Sólo un apunte: quedan muchas cuestiones abiertas, desde la propia teoría hasta el número y la ponderación de los distintos factores.

¿Es posible determinar un aumento de la temperatura global y de qué magnitud?

En comparación con el final de la Pequeña Edad de Hielo, en torno a 1850, es poco más de un grado. Sin embargo, la tasa de aumento ha fluctuado en los últimos 150 años. Los alarmistas del clima están preocupados por la actual pausa en el calentamiento. Esto se llama “hiato” (4).

Según la teoría de los gases de efecto invernadero, la temperatura natural de la Tierra es de 14,88°C (2). Curiosamente, nunca se ha alcanzado en los últimos 150 años. A bombo y platillo, en 2016 se anunció la temperatura más alta jamás medida: 14,83°C. Hay muchas cosas que no cuadran. La temperatura objetivo global nunca se ha alcanzado durante la era industrial.

¿Hay otros factores además del CO2 que influyen en el clima?

El geocientífico Milutin Milankovic calculó un ciclo que lleva su nombre hace 80 años. Tuvo en cuenta el hecho de que el eje de la Tierra “se tambalea” (una vez cada 25.000 años). Además, la inclinación del eje de la Tierra fluctúa entre 22,5 y 24,5 grados en 40.000 años. En tercer lugar, la órbita de la Tierra alrededor del Sol no es constante.

Se conocen cuatro ciclos del propio Sol que afectan a la actividad solar. Influyen en las corrientes oceánicas, que siguen un ciclo de unos 60 años. Se denominan Oscilaciones de los Océanos Pacífico y Atlántico. Hay otros factores que se discuten y se añaden nuevos factores todo el tiempo. Estos son factores masivos que influyen en el equilibrio térmico de nuestro planeta. Los modelos climáticos apenas tienen en cuenta esto.

Una pregunta herética: ¿es posible que las fluctuaciones climáticas se produzcan independientemente de los niveles de CO2?

Sí, una mirada a la historia de la Tierra y del clima muestra que los niveles de CO2 y la temperatura de la Tierra han fluctuado masivamente. Sin embargo, no se puede discernir una correlación ni una relación de causa y efecto.

La historia de la Tierra y del clima no proporciona ninguna prueba de una relación causal entre el contenido de CO2 y la temperatura de la Tierra.

Las imágenes de los glaciares en retroceso en Suiza se muestran constantemente para ilustrar el cambio climático provocado por el hombre. Pero ahora también leemos que Suiza estuvo libre de glaciares…

La respuesta debe limitarse al actual periodo cálido entre la última, cuarta y próxima quinta edad de hielo. En octubre de 2020, el glaciar Morteratsch liberó un tronco de alerce de 10.000 años de antigüedad a 2.200 metros de altura. Esto demuestra que debía ser 2°C más cálido en ese momento. El Instituto de Investigación de Glaciares del Tirol y la Universidad de Berna han reconstruido las subidas y bajadas de los límites del bosque basándose en estos hallazgos. Hay unos cuatro períodos en los que Suiza estuvo completamente o casi completamente libre de glaciares. Es sorprendente que el flujo y reflujo de las culturas humanas tenga mucho que ver con el clima. En general, se puede establecer la siguiente conexión: cuando el tiempo era bueno y cálido, a la gente le iba bien. Visto así, no se entiende que algunos quieran que vuelvan los glaciares. Entonces ya no podríamos alimentar a la población.

Cuando se observan los numerosos resultados de la “investigación climática” oficial, algunos de los cuales son muy cuestionables, uno se pregunta quién decide sobre la investigación y sobre la consideración de los resultados de la investigación en el asesoramiento político.

Muchos investigadores del clima critican el hecho de que los fondos de investigación sólo se pagan si se prometen pruebas del cambio climático antropogénico (5) en la solicitud. De lo contrario, los investigadores perderían su trabajo.

Los resultados los presenta siempre el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). ¿Realiza el IPCC sus propias investigaciones?

No. Es un consejo político que no realiza investigaciones por sí mismo. Se fundó en 1988 con la tarea de demostrar el cambio climático antropogénico. Todavía no lo ha conseguido. Además, los investigadores de los campos de la energía solar y los océanos se quejan de que sus resultados no se tienen en cuenta en los recurrentes informes sobre el “estado de los conocimientos”. Sólo se admite lo que puede aportar pruebas.

¿Cuál es su crítica al actual debate sobre el clima?

Que no hay ningún debate sobre el clima. Cualquiera que se atreva a hacer preguntas críticas es inmediatamente tachado de “negacionista del clima”. Cualquier intento de discusión es cortado de raíz.

¿Cómo cree que podría ser una investigación climática realista?

Después de más de 40 años de predicciones extremadamente inexactas, la investigación sobre el clima debería detenerse. La política también debería hacerlo. Difícilmente tendrán éxito, porque se han desviado demasiado.

No hay ninguna razón para excluir persistentemente ningún factor, como la investigación sobre el sol, los océanos y los glaciares.

Además, antes de recetar “quimioterapia” a la economía y la sociedad, hay que asegurarse de que funciona. Incluso si tienen efecto, las medidas se desvanecerán, ya que Suiza sólo representa el 1 por mil de las emisiones mundiales de CO2. Los países líderes, China, Estados Unidos e India, no seguirán. Si África llegara a despertarse económicamente, sin duda no frenaría el impulso económico con energías “renovables” apenas asequibles.

Notas:

(1) El efecto invernadero natural hace que la temperatura media de la Tierra sea de unos +14°C. El “valor natural” lo determinan los modelos. Sus resultados varían entre 56°F y 58°F https://data.giss.nasa.gov/gistemp/faq/abs_temp.html https://de.wikipedia.org/wiki/Globale_Erw%C3%A4rmung#Der_wissenschaftliche_Konsens_zum_Klimawandel

(2) Hay que tener cuidado para saber si se habla de CO2 o del carbono (C) que contiene. En el ciclo del CO2, normalmente sólo se habla del carbono (C). Esto se debe a que los combustibles fósiles forman parte del ciclo del CO2. Sólo cuando se queman se convierten en CO2. Un kilogramo de carbono se convierte en 3,6 kg de CO2. El efecto invernadero natural hace que la temperatura media de la Tierra sea de unos +14°C. El “valor natural” lo determinan los modelos. Sus resultados varían entre 56°F y 58°F

(3) Para obtener un aumento lineal de la contaminación acústica, el ruido en su origen debe aumentar al cuadrado. Si 30.000 personas gritan “gol” en un estadio de fútbol, no es 30.000 veces más fuerte que si una persona grita “gol”. Para la primera duplicación se necesitan 2 personas, para la siguiente ya 4, para la siguiente ya 8, para la siguiente 16, para la siguiente 32 y así sucesivamente. Esto se llama exponencial, en este caso logaritmo (2ª potencia). La distancia de frenado de un vehículo aumenta con la misma regularidad (doble velocidad = cuatro veces la distancia de frenado; 3 triple velocidad = 9 veces la distancia de frenado).

(4) Hiato: desde el año 2000, la temperatura no ha aumentado en paralelo a las emisiones de CO2. Muchos expertos en clima están desconcertados por esto. Sus modelos no lo predijeron (véase von Storch y Bengtsson más arriba). El término se utiliza en este contexto.

(5) El cambio climático antropogénico se refiere al cambio climático inducido por el hombre debido a la quema de combustibles fósiles. Esto contrasta con el cambio climático natural, que los expertos en clima no pueden explicar, por ejemplo, las cuatro eras de hielo de los últimos 400.000 años.

(*) https://schweizer-standpunkt.ch/news-detailansicht-fr-gesellschaft/plus-de-40-ans-de-predictions-erronees.html

¿Quién debe imponer los límites a la investigación biomédica?

“Hay personas que tienen la responsabilidad de decidir cuestiones en las que el resto de los mortales sólo pensamos cuando vemos películas de horror. Si un aspecto de la ciencia, en su afán por protegernos, nos pone en grave peligro, ¿debe suspenderse? De ser así, ¿quién debe imponer los límites?” (1).

Estas dos preguntas son parte integrante de un artículo de la BBC de 13 de Marzo de 2016, sobre “la mutación de ganancia de función” (GoF, Gain of Function en inglés), una mutación que puede producir una nueva función con el potencial de desatar una pandemia, pues los experimentos más arriesgados convierten los virus inocuos en su hábitat natural, en versiones peligrosas o mortales.

Dichas preguntas, formuladas por una fuente periodística, no están alejadas de las realizadas por Langdon Winner en su ensayo de 1986 “La ballena y el reactor”: “Cuando se deposita la fe en una gama de técnicas que prometen resultados prácticos y beneficios rápidos mientras se descuida todo lo demás. Se sabe cómo preguntar, ¿Dónde está la línea inferior? Pero se descuida cada vez más una pregunta que cada generación abandona peligrosamente: ¿Dónde está el límite? ¿Qué es lo mejor de que es capaz nuestra sociedad?”

La ciencia, los científicos, tienen como meta la búsqueda de respuestas. Los tecnólogos, tienen como objetivo la de registrar patentes. Así hemos podido comprobar que las menciones honoríficas, como por ejemplo los Premio Nobel de Química de 2018 para George P. Smith y Gregory P. Winter. Su trabajo se centra en crear y evolucionar nuevas proteínas y anticuerpos por medio de aceleración de reacciones químicas en las bacterias. Esta técnica usa la reproducción de las bacterias infectadas con un virus para convertirlas en nuevas proteínas, con la idea de crear nuevos fármacos. Y para Frances Arnold, que en sus propias palabras sobre la evolución dirigida afirma: “En la evolución dirigida alentamos a las enzimas a catalizar reacciones comercialmente útiles”. Arnold dejó la academia y se hizo lugar en el mundo industrial a través de la empresa Arnold Provivi (2).

Lo mismo en el Premio Nobel de química de 2020 a Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna por el Crispr que es la sigla inglesa para “Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats” (repeticiones palindrómicas cortas, agrupadas y regularmente interespaciadas). Y que según el investigador José Miguel Mulet, “la tecnología Crispr nos permite un paso más adelante ya que nos permite editar el ADN del propio organismo” (3).

La terapia genética consiste en introducir un gen normal en las células, como si fuera un caballo de Troya, para que haga el trabajo del gen que no funciona, pero Crispr va más lejos: en lugar de añadir un gen, modifica el gen existente. Este “logro” se ve envuelto en disputas de patentes, concretamente con el investigador estadounidense de origen chino Feng Zhang, lo que hizo pensar a algunos que la recompensa no llegaría por ahora (4). Y Para William Kaelin, que ganó el Nobel de Medicina el año 2019, “este descubrimiento genético es uno de los más grandes de la década”. Y sobre todo comercializable con la perspectiva de modificar las legislaciones y permitir la “edición de fetos a demanda”.

Los Nobel, aparte de su contenido político, premian, no a los científicos, sino a los “técnicos” y el premio no es tan solo el galardón y la retribución económica aparejada, sino el respaldo a la comercialización de sus inventos.

Nos encontramos ante un discurso denominado científico, cuando en realidad es solamente una aplicación técnica patentable y comercializable, con su correspondiente cotización en las bolsas de valores.

Como plantea Luis Carlos Silva Ayçaguer, “la actividad científica parecería por definición inmune a la irracionalidad. Se trata justamente de una actividad, donde los planteamientos, los procedimientos y las conclusiones prosperan en la medida que transitan por caminos racionales. Siendo la racionalidad un presupuesto crucial de su propio desempeño, en la medida que sea abandonada, desdeñada o traicionada, la empresa estaría condenada al fracaso y la propia realidad se ocuparía de ponerlo de manifiesto. Es decir, el proceso científico estaría sometido al mecanismo corrector que su propia dinámica impone y no necesitaría, por ende, de enmiendas exógenas ni de cautelas que se le anticipen.

Sin embargo la realidad es otra, al menos por dos razones fundamentales. En primer lugar porque la evidencia de que algunos de sus hallazgos no funcionan o no sirven puede demorar, y mientras su inefectividad se torna incontestable se producen daños sociales. En segundo lugar, porque existen no pocos intereses espurios y personas que medran con la ignorancia y la credulidad de la gente; y la sociedad está muy lejos de estar preparada para defenderse de ellos” (5).

Las consideraciones que realizo a continuación, sin pretensión de responder a un cúmulo de preguntas, sí apuntar algunas hipótesis sobre una “enfermedad” que se ha cebado preferentemente en personas con patologías previas, algunas de ellas graves, personas ancianas polimedicalizadas y vacunadas año tras año, y pobres.

Un viaje por ciertos laberintos en los cuales se entrecruzan intereses económicos y políticos, y de la fusión de ambos con ciertas estructuras multinacionales, con el complejo químico-farmacéutico-militar. Con una calificación de científico y con un gran despliegue de cobertura mediática. Un discurso, una guerra de nueva generación con resultado de muerte, como en cualquier guerra convencional, una represión sin apenas límites, unas “soluciones” y un discurso sobre el futuro semejante al elaborado por los vencedores al final de las grandes contiendas bélicas. Quedando sumida la mayoría de la población en un espanto provocado por la destrucción y atónito ante la propuesta de un Gran Reinicio, hasta que, de nuevo, las necesidades de reorganización del capital, propicien otra contienda de alcance universal.

“Cuando se adapta una nueva técnica o instrumento sofisticado en medicina, se transforma no solo lo que los médicos hacen, sino también la manera de pensar de las personas acerca de la salud, la enfermedad y la atención médica” (6).

Mientras tanto, la propaganda educativa tiene como misión preparar nuevos soldados para venideras contiendas, y para ello es necesaria la disciplina, el orden y la sumisión, y el acatamiento de las órdenes sin poner objeción a ellas.

GOF (Gain of Function)

La definición más simple de la ganancia de función es la introducción tecnológica de una mutación que modifica la función o la propiedad de un gen,

Algunos resultados potenciales de la investigación de la ganancia de función pueden incluir la creación de organismos que son más transmisibles o más virulentos que el organismo original o aquellos que evaden los métodos de detección actuales y los tratamientos disponibles, o crecer en otra parte de un organismo, como la capacidad de cruzar la barrera hematoencefálica.

Algunos científicos ya tenían la mosca detrás de la oreja desde que en 2011 Ron Fouchier y Yoshihiro Kawaoka modificaron genéticamente el virus de la gripe aviar H5N1 y lo hicieron trasmisible en el hurón, el animal modelo para estudiar la gripe en mamíferos. Y el 17 de octubre de 2014 la Casa Blanca instauraró una moratoria con la que dejó de financiar aquellos proyectos que buscaban generar en el laboratorio virus más contagiosos y letales.

Tras haber interrumpido durante más de un año una serie de experimentos diseñados para generar peligrosos agentes patógenos, el gobierno de Estados Unidos decidió permitir reanudarlos. Los beneficios de estos estudios son discutibles y los riesgos que implican, incluyen la palabra “pandemia”.

“Se estaban haciendo experimentos muy, muy peligrosos y nadie se había parado a pensar si era una buena idea, ni si las instalaciones y protocolos eran los adecuados”, denunció Marc Lipsitch, líder del grupo de científicos que promovió la moratoria.

Los defensores de los experimentos de ganancia de función con patógenos potencialmente pandémicos (PPP) enfatizan que los beneficios de la investigación básica pueden tardar mucho tiempo en verse reflejados en la práctica médica. Pero su argumento se basa principalmente en que estos ensayos pueden mejorar la producción de vacunas (7).

Fue Yoshihiro Kawaoka defensor de los ensayos, quien afirmaba que el virus H1N1, conocido como “la gripe rusa” que causó una epidemia en el año 1977, no tenía origen natural.

Lo que se sabe con certeza es que este virus era absolutamente idéntico a una cepa que había circulado en los años cincuenta. A partir de aquí las explicaciones han ido oscilando a lo largo del tiempo entre un escape de laboratorio, su liberación intencionada como arma biológica o, la más popular ahora mismo, un error en un ensayo de desarrollo de vacunas. “Es difícil de saber “comenta Lipsitch”. A mí lo que me parece curioso es que lo denunciara Kawaoka y que ahora afirme que ya no opina lo mismo, y que en su momento lo escribió por razones políticas” (8).

Los NIH (Institutos nacionales de Salud), la FDA (Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos), los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la OMS (Organización Mundial de la Salud) se reunieron para identificar los puntos críticos y menos entendidos en la investigación de la gripe. Los NIH solicitaban investigadores y dos de ellos, Yoshihiro Kawaoka y Ron Fouchier, se incluyeron en la financiación del programa. Con su tecnología incorporaron los cambios genéticos que regulaban la transmisibilidad del H5N1 en mamíferos.

Después de eso, estos investigadores fueron etiquetados como científicos deshonestos y la ganancia de función pasó a definirse en términos negativos. Pero, de hecho, estaban trabajando para los intereses de la comunidad (corporación) sanitaria mundial (que no para las personas).

Según Ralph Steven Baric (William R. Kenan Jr.), profesor del Departamento de Microbiología e Inmunología de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, entre 2018 y 2019, “el Centro de Investigación de Vacunas de los NIH se puso en contacto con nosotros para empezar a probar una vacuna basada en ARN mensajero contra MERS-CoV. A principios de 2020 teníamos una enorme cantidad de datos que mostraban que en el modelo de ratón que habíamos desarrollado, estas vacunas de ARNm con espiga eran realmente eficaces para proteger contra la infección letal por MERS-CoV. Si se diseñaba contra la cepa original del SARS de 2003, también era muy eficaz. Así que creo que fue obvio para los NIH considerar las vacunas basadas en ARNm como una plataforma segura y sólida contra el SARS-CoV-2 y darles una gran prioridad para seguir adelante” (9).

Ralph Baric también fue pionero en las técnicas de genética inversa que han permitido a otros investigadores, incluidos los del Instituto de Virología de Wuhan, diseñar los virus con funciones alteradas.

El medio australiano “Fin de Semana” desenterró un artículo que Anthony Fauci escribió para la Sociedad Estadounidense de Microbiología en octubre de 2012 en el que defendía la investigación de la ganancia de función. Tal investigación implica hacer que los virus sean más infecciosos y /o mortales. Fauci denominó a los experimentos de ganancia de función “trabajo importante” en su escrito de 2012: “En un giro de los acontecimientos improbable pero concebible, ¿qué pasa si ese científico se infecta con el virus, lo que conduce a un brote y finalmente desencadena una pandemia? Muchos hacen preguntas razonables: dada la posibilidad de tal escenario, por muy remoto que sea, ¿deberían haberse realizado y/o publicado los experimentos iniciales en primer lugar, y cuáles fueron los procesos involucrados en esta decisión?

Los científicos que trabajan en este campo podrían decir, como de hecho he dicho, que los beneficios de tales experimentos y el conocimiento resultante superan los riesgos. Es más probable que ocurra una pandemia en la naturaleza, y la necesidad de adelantarse a tal amenaza es la razón principal para realizar un experimento que podría parecer arriesgado.

Dentro de la comunidad de investigadores, muchos han expresado su preocupación de que el progreso importante de la investigación pueda detenerse sólo por el temor de que alguien, en algún lugar, pueda intentar replicar estos experimentos de manera descuidada”.

El informe agrega que Fauci, el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, no alertó a los altos funcionarios de la Casa Blanca antes de levantar la prohibición de la investigación de ganancia de función en 2017 (10).

El NSABB (Junta Asesora Nacional Científica para la Bioseguridad) actuó como órgano consultivo federal oficial sobre la cuestión del GOF y, en mayo de 2016, formuló recomendaciones al gobierno de Estados Unidos sobre un enfoque conceptual para evaluar las investigaciones propuestas sobre el GOF.

El 9 de enero de 2017 los CDC norteamericanos cambiaron el nombre del documento “Framework for Guiding Department of Health and Human Services Funding Decisions about Research Proposals with the Potential for Generating Highly Pathogenic Avian Influenza H5N1 viruses that are Transmissible among Mammals by Respiratory Droplets” (Marco para guiar las decisiones de financiación del Departamento de Salud y Servicios Humanos sobre las propuestas de investigación con el potencial de generar virus de la gripe aviar H5N1 altamente patógenos que son transmisibles entre los mamíferos a través de las gotas respiratorias) por el de “Recommended Policy Guidance for Departmental Development of Review Mechanisms for Potential Pandemic Pathogen Care” (Guía política recomendada para el desarrollo departamental de mecanismos de revisión para la atención y supervisión de posibles patógenos pandémicos).

El cambio de nombre no es aleatorio ni casual, podríamos definirlo como diversionista, ya que elimina la definición de “potencial de generar virus de la gripe aviar H5N1 altamente patógenos que son transmisibles entre los mamíferos a través de las gotas respiratorias”, definición malsonante y premonitoria de futuros experimentos sobre la población, pero como dice el dicho: “Aunque la mona se vista de seda mona se queda”.

Sabemos que la producción de cualquiera de las vacunas anteriores precisaba años de elaboración, ahora en cuestión de semanas ya estaba circulando. No es que hayan ocurrido milagros, pues la tecno-ciencia ha desplazado la teología, tal como de forma clara lo exponen los CDC en el documento justificativo de la experimentación de los patógenos pandémicos potenciales: “El desarrollo actual de la vacuna contra la influenza requiere dejar transcurrir un lapso de tiempo considerable entre el momento en que se identifica el primer virus y el momento en que se fabrica la vacuna y se la distribuye al público. Los defensores de la investigación de GOF esperan superar estas restricciones de tiempo relacionadas con la producción de la vacuna mediante la preparación y la fabricación anticipada de vacunas para brindar protección contra los virus de la influenza antes de que emerjan” (11). Cabe interpretar que “emerjan” es un eufemismo, para entender en el contexto de que si fabrican un virus muy patógeno no es para tenerlo encerrado en un museo.

O sea que primero se fabrica el vector patógeno, al mismo tiempo un ingenio tecnológico denominado vacuna asociada al mismo, y con posterioridad, es plausible pensar en la diseminación de dicho patógeno al mismo tiempo que ofrecer una vacuna para el mismo. Parece una película de terror, pero es lo más cercano a lo vivido.

Una novela de Kafka

El 9 de marzo de 2020, BBC News entrevistaba a Peter Daszak, que lo denominaba como “ecólogo de enfermedades”, he aquí algunas de sus respuestas que nos pueden ayudar a la comprensión de lo incomprensible, como si fuera una novela de Kafka: “Tenemos que pensar en la vacuna universal, una vacuna que funcione contra todas las cepas de coronavirus, contra todos los virus ébola, todos los virus de la gripe. Actualmente se trabaja para desarrollar una vacuna universal contra la influenza. Ahora deberíamos hacer esto para los coronavirus”. Y también tiene que haber un mercado, porque cuesta algunos miles de millones de dólares desarrollar una vacuna; si nadie va a comprarla y usarla, la industria no va a apoyar el desarrollo. “Recién ahora tenemos realmente la tecnología para hacer este trabajo de modo rentable” (12).

La revista del Instituto Técnico de Massachusetts, en junio de 2020 insertaba un artículo con el nombre de “Inyectar ADN para que el cuerpo fabrique anticuerpos contra la covid-19”. Estas son algunos de los comentarios: “Por ahora, las inyecciones de material genético se han probado únicamente dos o tres veces en personas. El año pasado Inovio probó esa idea en voluntarios en un estudio de Zika usando inyecciones de ADN. Moderna lo ha intentado con ARN contra el virus chikungunya. Las descripciones científicas de los resultados de los estudios no se han publicado en ninguno de los casos”.

Ni Inovio ni Moderna han querido especificar a MIT Technology Review si están avanzando en la técnica de terapia génica contra la covid-19. Ambas compañías tienen vacunas en pruebas. Y desde que comenzó la pandemia, las empresas han aprendido que iniciar estudios en humanos para luchar contra la covid-19 suele aumentar el precio de las acciones de la compañía en cientos de millones de euros. Eso significa que dicha información está muy bien protegida.

El CEO de Sorrento, Ji, considera que los anticuerpos codificados por ADN serán un enfoque seguro para la próxima pandemia. Y concluye: “En el futuro, habremos pasado todas las pruebas. Simplemente nos inyectaremos un gen” (13).

Pero, aunque todo esto está escrito para quién esté interesado en ello, se ha asimilado mayormente el discurso que nos han transmitido sobre un “virus” criminal en búsqueda y captura, que si de murcielago, que si de pangolín, que si de pescado, que si de una casualidad, que si de una mutación, que si de China, que si de Estados Unidos, que si un mutante de la India, que si la variante alfa, beta, gamma, delta, épsilon, dseta, eta, zeta, iota,… y el resto de alfabeto griego hasta la variante omega. Y sigue.

EcoHealth Alliance y el Instituto de Virología de Wuhan

¿Quién es quién en EcoHealth Alliance? Encontramos, como socios corporativos, entre otros, la multinacional farmacéutica Johnson & Johnson; el bufete de abogados Tarter, Krinsky y Drogin; la multinacional química Reckitt Benckiser… como socios académicos, la Escuela de Salud Pública John Hopkins Bloomberg, la Universidad Normal del Este de China, como socios gubernamentales, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, Institutos Nacionales de Salud (NIH), el Consorcio Global Health Security Agenda (GHSA, Agencia de Seguridad Sanitaria Mundial), que fue fundada en febrero de 2014 y ha publicado el Marco de la Agenda de Seguridad Sanitaria Global 2024 (GHSA 2024).

Y como asesores de ciencia y política, el capitán Jason Thomas, Coordinador de biovigilancia de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el Dr. Scott Dowell Subdirector de Vigilancia y Epidemiología de la Fundación Bill y Melinda Gates; Steve Aldrich, Presidente y CEO de BIO-ERA (Bio Economic Research Associates es una firma privada de investigación y asesoría que agrupa la biología emergente y la economía); el Dr. David Franz, director de SBD Global (SBD Global Fund se creó en 2010, y es una sociedad de capital riesgo con sede en el paraíso fiscal de Gran Caimán); el Dr. Stuart Nichol, Jefe de la Sección de Biología Molecular, Rama de Patógenos Especiales, en los Centros para el Control de Enfermedades (14).

Podemos comprobar que en EcoHealth Alliance aparecen varios de los participantes del Event 201 que “propusieron” actuaciones de una pandemia antes de su aparición: Avril Haines, exdirectora adjunta de la CIA; Adria Thomas, vicepresidente de Johnson & Johnson; Stephen Redd, director adjunto del Centro de Control y Prevención de Enfermedades; George Gao, director del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de China, Fundación Bill y Melinda Gates, la Universidad John Hopkins, la China East China Normal University… al lado de militares, abogados, economistas, biólogos, fondos de inversión de paraísos fiscales, todo un entramado variopinto, en el cual predomina el baile de millones.

En 2014 los NIH Institutos Nacionales de Salud (NIH en inglés) le entregaron una subvención a EcoHealth Alliance, una organización con base en Estados Unidos, para estudiar el riesgo de la aparición de futuros coronavirus en murciélagos. En 2019 la beca se renovó por otros cinco años, pero fue cancelada en abril de 2020, tres meses después del primer caso de coronavirus confirmado en Estados Unidos.

EcoHealth recibió un total de 3,7 millones de dólares por parte de los NIH en seis años y entregó cerca de 600.000 dólares de ese total al Instituto de Virología de Wuhan en China, uno de los colaboradores del proyecto, que contaba con aprobación de los NIH.

Richard Ebright, profesor de química y biología química en la Universidad Rutgers en una entrevista al Washington Post afirmó que la investigación de EcoHealth y el laboratorio de Wuhan “era, inequívocamente, investigación de ganancia de función”. Esa definición, aplicaba a “proyectos que razonablemente se pueda esperar que confieran atributos a los virus de influenza, MERS o SARS, de tal manera que los virus obtengan mayor patogenicidad y/o transmisibilidad en mamíferos por medio de las vías respiratorias” (15).

Dos nombres han circulado y circulan en el entramado pandémico: Peter Daszak y Anthony Fauci, a cuál de los dos atribuir un papel más oscuro es algo difícil de discernir.

En febrero de 2020, 27 expertos en salud pública fueron coautores de una carta en The Lancet (“Declaración en apoyo de los científicos, los profesionales de la salud pública y los médicos de China que combaten el covid-19”), en apoyo de los profesionales de la salud y los médicos de China durante las primeras fases de la pandemia de covid-19. En esta carta, los autores declararon no tener intereses contrapuestos. Algunos lectores han cuestionado la validez de esta declaración, especialmente en lo que respecta a uno de los autores, Peter Daszak. The Lancet invitó a los 27 autores de la carta a reevaluar sus intereses contrapuestos. Peter Daszak ha ampliado sus declaraciones de divulgación en tres artículos relacionados con el covid-19 de los que es coautor o colaborador en The Lancet: la correspondencia de febrero de 2020 así como una Declaración de la Comisión y un comentario para la Comisión covid-19 de The Lancet. La declaración de divulgación actualizada de Peter Daszak es: «La remuneración de PD se paga únicamente en forma de salario de EcoHealth Alliance, una organización sin ánimo de lucro” (16).

El 4 de junio de 2021 salieron a la luz algunas de las maniobras de Daszak. Para organizar la declaración de Lancet envió un correo electrónico a dos científicos, entre ellos el Dr. Ralph Baric de la Universidad de Carolina del Norte, que había trabajado con el investigador principal del coronavirus en el Instituto de Virología de Wuhan, en China. Daszak dijo a los científicos que “no deberían firmar esta declaración, para que tenga cierta distancia con nosotros y, por lo tanto, no funcione de forma contraproducente. Entonces lo publicaremos de una manera que no lo vincule a nuestra colaboración para maximizar una voz independiente”, según los correos electrónicos obtenidos por el grupo US Right to Know.

Y aunque la declaración de Lancet incluía la afirmación de que sus firmantes no tenían “intereses contrapuestos”, al menos otros seis habían trabajado o habían sido financiados por EcoHealth Alliance.

Daszak recibió más de 410.000 dólares en compensación anual de EcoHealth y “organizaciones relacionadas” durante el año fiscal que terminó el 30 de junio de 2019, según una presentación del IRS publicada en línea por la organización de noticias ProPublica.

La organización sin fines de lucro, que dice estar “dedicada a proteger la vida silvestre y la salud pública de la emergencia de la enfermedad”, ha recibido hasta 15 millones de dólares al año en subvenciones de varias agencias federales. EcoHealth ha utilizado esas subvenciones para financiar la controvertida investigación de “ganancia de función” -que puede aumentar la infecciosidad y virulencia de los virus- en instalaciones que incluyen el Instituto de Virología de Wuhan.

El Instituto de Virología de Wuhan recibió unos 600.000 dólares de una subvención de cinco años y más de 3 millones de dólares que EcoHealth obtuvo del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, dirigido por el doctor Anthony Fauci.

Según los correos electrónicos oficiales de Fauci, que fueron publicados por BuzzFeed, Daszak le escribió el 18 de abril de 2020 para expresar su gratitud por las declaraciones públicas de Fauci que respaldan la teoría de que el coronavirus evolucionó de forma natural. “Sólo quería darle las gracias personalmente, en nombre de nuestro personal y colaboradores, por defender públicamente y afirmar que las pruebas científicas apoyan un origen natural del covid-19 a partir de un contagio entre murciélagos y no de una liberación en el laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan”, escribió Daszak. Fauci respondió al día siguiente: “Muchas gracias por su amable nota”.

A pesar de las evidencias, durante una reunión del subcomité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, Fauci negó que el dinero gubernamental que el Instituto de Virología de Wuhan obtuvo de EcoHealth se gastara en investigación de ganancia de función,

La investigadora principal del Instituto de Virología de Wuhan, Shi Zhengli, también ha reconocido haber recibido más de 1,2 millones de dólares en subvenciones estadounidenses, parte de las cuales se canalizaron a través de EcoHealth.

Durante un evento del 10 de marzo en Londres, Daszak admitió que el grupo no pidió inspeccionar la base de datos del Instituto de Virología de Wuhan de 22.000 muestras y secuencias de virus, una decisión que defendió diciendo que “gran parte de este trabajo se ha realizado con EcoHealth Alliance”. Daszak también dijo que la investigadora principal del Instituto de Wuhan, Shi Zhengli, retiró la base de datos de Internet debido a los intentos de hackeo durante la pandemia. En realidad fue retirada el 12 de septiembre de 2019, tres meses antes del inicio oficial del brote (17).

Según el periódico The Atlantic, de 25 de septiembre de 2021, han salido a la luz una serie de documentos relativos a una solicitud de subvención de investigación realizada por Peter Daszak que fue presentada a Darpa (Defense Advanced Research Projects Agency). Dicha Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, es una agencia del Departamento de Defensa de Estados Unidos responsable del desarrollo de nuevas tecnologías para uso militar a principios de 2018 (y posteriormente rechazada), para un proyecto de 14,2 millones de dólares destinado a “desactivar la amenaza de los coronavirus transmitidos por murciélagos”.

Dicha solicitud incluye un plan para estudiar patógenos potencialmente peligrosos generando coronavirus de murciélago infecciosos de longitud completa en un laboratorio e insertando características genéticas que podrían hacer que los coronavirus sean más capaces de infectar células humanas. Ni Daszak ni EcoHealth quisieron responder a las preguntas del medio The Atlantic.

En el debate sobre el origen de los coronavirus participaron figuras centrales. Entre los socios de Daszak que figuraban en la lista de la subvención estaban Ralph Baric, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, un virólogo estadounidense conocido por realizar estudios de ganancia de función del coronavirus en su laboratorio, y Shi Zhengli, del Instituto de Virología de Wuhan.

The Atlantic ha confirmado que una propuesta de subvención con el mismo número de identificación y co-investigadores fue presentada a Darpa en 2018. La propuesta que circuló en línea incluye un ambicioso plan para inocular a los murciélagos salvajes contra los coronavirus, llevado a cabo en concierto con el National Wildlife Health Center, un laboratorio de investigación en Wisconsin.

La noticia más importante de la propuesta filtrada se refiere al plan de los investigadores de “examinar un gran número de datos de secuencias genómicas extraídas de muestras de sangre, en busca (entre otras cosas) de nuevos tipos de “sitios de escisión de furina”. Cuando éstos se codifican en el lugar adecuado de la proteína de la espiga de un coronavirus, permiten que esa espiga sea abierta por una enzima que se encuentra en las células humanas. Según la propuesta, las versiones de “alto riesgo” de estos sitios, una vez identificados, se introducirían mediante ingeniería genética en los coronavirus similares al SARS.

El virólogo David Baltimore dijo que la estructura del sitio de escisión de la furina del SARS-CoV-2 era “la pistola humeante del origen del virus”.

En mayo de 2020, a los pocos meses de la pandemia, Peter Daszak, de EcoHealth, ridiculizó las discusiones sobre el sitio de escisión de la furina y sobre si podría ser objeto de bioingeniería como los desvaríos de los teóricos de la conspiración. Seis meses después, Daszak participó en dos importantes investigaciones internacionales sobre los orígenes de la pandemia, organizadas por la Organización Mundial de la Salud y la revista médica británica The Lancet. Pero resulta que, sólo dos años antes, había entregado una solicitud de subvención al gobierno de Estados Unidos, con él mismo como investigador principal, que describía la realización de exactamente ese trabajo de bioingeniería.

The Intercept publicó 528 páginas de documentos, obtenidos sólo después de una solicitud judicial de la FOIA (Freedom of Information Act, es una ley que da derecho a acceder a información del gobierno federal) a los Institutos Nacionales de Salud y un retraso de 12 meses, que describen experimentos sobre coronavirus híbridos que algunos expertos consideran arriesgados, realizados en Wuhan con el apoyo de EcoHealth y el gobierno de Estados Unidos. En junio, Bloom, el biólogo computacional de Seattle, descubrió que varios cientos de secuencias genéticas extraídas de los primeros pacientes de covid-19 habían sido misteriosamente borradas de una base de datos pública (18).

Global Health Security Agenda (GHSA)

La Agenda de Seguridad Sanitaria Mundial (GHSA) fue fundada en febrero de 2014 y ha publicado el Marco de la Agenda de Seguridad Sanitaria Global 2024 (GHSA 2024).

El 27 de marzo de 2020, Bonnie Jenkins, experta de la Subsecretaria de Estado para el Control de Armas y Asuntos de Seguridad Internacional del Departamento de Estado de  stados Unidos, escribía en su blog: “En 2013, los miembros del Consejo de Seguridad Nacional convocaron una reunión para reunir a los funcionarios que trabajan en la prevención y respuesta a las enfermedades infecciosas de los Departamentos de Estado, Defensa, Agricultura, Salud y Servicios Humanos, así como de la Administración Federal de Medicamentos, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Mi trabajo se centraba en la prevención de la propagación de armas de destrucción masiva, así como en cuestiones de terrorismo y bioseguridad. Ese debate fue seguido por una serie de reuniones adicionales que incluyeron estrechos compromisos con otros países, organizaciones internacionales y el sector no gubernamental. El resultado fue el lanzamiento en febrero de 2014 de la Agenda Global de Seguridad Sanitaria (GHSA) por parte de Estados Unidos y sus socios internacionales. Más de 30 países, junto con organizaciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), se unieron.

Un mes después de la puesta en marcha de la GHSA, el mundo se vio afectado por el ébola; desde entonces, nos hemos enfrentado al síndrome respiratorio de Oriente Medio de 2015 en Corea del Sur, al virus del Zika de 2016, a otro brote de Ébola en 2018 y, ahora, al covid-19.

En 2018 la administración estadounidense publicó una Estrategia de Biodefensa que ayudaría a ‘detectar y contener las amenazas biológicas en su origen’. Siguiendo un enfoque de todo el gobierno, el Congreso asignó mil millones de dólares para la GHSA hasta 2019.

Gracias a la colaboración a través del Comité Directivo de la GHSA de los países participantes, los países han mejorado sus sistemas de respuesta a las emergencias de laboratorio, han reforzado los programas de bioseguridad y bioprotección, y han mejorado la detección de las enfermedades prevenibles por vacunación” (19).

Durc y Nsabb

Dual use research of concern (Durc), “la investigación de doble uso preocupante” es la investigación que proporciona información, productos o tecnologías que podrían aplicarse directamente de forma incorrecta para plantear una amenaza significativa con amplias consecuencias potenciales para la salud y la seguridad públicas, los cultivos agrícolas y otras plantas, los animales, el medio ambiente, el material o la seguridad nacional.

Ciertos estudios de ganancia de función (GOF) con el potencial de aumentar la patogenicidad o transmisibilidad de potenciales patógenos pandémicos han planteado preocupaciones de bioseguridad y seguridad biológica, incluyendo los riesgos potenciales de doble uso asociados con el mal uso de la información o productos resultantes de dicha investigación (20).

National Science Advisory Board for Biosecurity (Nsabb) (Junta Consultiva Nacional de Ciencia para la Bioseguridad) es un comité consultivo federal que aborda cuestiones relacionadas con la bioseguridad y la investigación de doble uso preocupante a petición del Gobierno de los Estados Unidos. En mayo de 2016 formuló recomendaciones al gobierno de Estados Unidos sobre un enfoque conceptual para evaluar las investigaciones propuestas sobre el GOF.

El NSABB tiene hasta 25 miembros con derecho a voto entre ellos a John D. Grabenstein, ex director ejecutivo de Global Medical Affairs Merck Vaccine Division Merck & Co., Inc. (21).

Entre las áreas de especialización que deben estar representadas en el Nsabb figura la producción farmacéutica, programas de biodefensa militar y medicina militar, inteligencia, biodefensa y perspectivas industriales (22).

¿Qué dicen los rusos?

Según una detallada información aparecida en Sputnik, desde 2016 el gobierno estadounidense secretamente hizo acopio de equipos de emergencia, suministros médicos, productos de primera necesidad y millones de dosis de vacunas contra los agentes de bioterrorismo, llamado Strategic National Stockpile, en los Centros Secretos del Control y Prevención de Enfermedades para ayudar a la población a sobrevivir en el caso de una pandemia.

Un año antes, Bill Gates había afirmado que las futuras guerras serían biológicas y que podrían devastar grandes poblaciones por lo que los gobiernos tenían que apostar por inversión en este ámbito.

Dos meses antes que se reportara el primer caso de coronavirus en Wuhan, el 21 de diciembre de 2019, el 18 de octubre de 2019, el Centro de Biodefensa Civil de la Universidad Johns Hopkins, el Foro Económico Mundial de Davos, la Fundación Melinda y Bill Gates y 15 expertos mundiales en el ámbito de los negocios, gobiernos y salud pública, patrocinaron un simulacro de preparación ante una pandemia de coronavirus en New York, llamado Event 201. Entre ellos estaban: Avril Haines, exdirectora adjunta de la CIA; Adria Thomas, vicepresidente de Johnson y Johnson; Stephen Redd, director adjunto del Centro de Control y Prevención de Enfermedades; George Gao, director del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de China.

Ya se sabe ahora que muchos de los estudios en virología fueron financiados por la USAID y por el Pentágono vía la Universidad de Duke y la Universidad Johns Hopkins con la participación de Instituto Médico de Investigación de Enfermedades Infecciosas del Ejército de Estados Unidos (Usamrid, por sus siglas en inglés) que desde 1990 estaba investigando los coronavirus.

Estos centros de estudios activos en Wuhan tienen proyectos conjuntos sobre enfermedades contagiosas y armas biológicas con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (Darpa). Uno de los proyectos se conoce como Pandemic Prevent Platform P3. También otra sofisticada institución del Pentágono, la Agencia de Defensa para la Reducción de Amenaza (Dtra), ha estado activa en el estudio de coronavirus.

El antropólogo Samuel Veissiére de la Universidad McGill caracterizó la actual situación de pánico e histeria en que se ha sucumbido el planeta entero en la revista Psychology de la siguiente manera: “El coronavirus es simple y exclusivamente un pánico moral. Como resultado, explorando vulnerabilidades en la psicología humana, se ha hecho cerrar muchas de nuestras escuelas, se ha hecho caer la bolsa de valores, se ha incrementado el conflicto social y la xenofobia, se hicieron cambios patronales y migratorios y se está trabajando ahora para contenernos en espacios homogéneos” (23).

Salud y experimentos militares

Podemos apreciar una constante en las diferentes informaciones aquí apuntadas: la estrecha relación entre los experimentos militares para una guerra bacteriológica; los fondos de inversión, el complejo químico farmacéutico, las oscilaciones bursátiles, las organizaciones multinacionales privadas y el mundo universitario.

Es a partir de aquí que la respuesta a ¿Quién debe poner los límites? no es nada fácil de responder. Lo único certero es que dichos límites no los van a poner ni los gobiernos, ni los partidos gobernantes, ni los sindicatos subvencionados, ni los políticos que viven a costa del erario público, ni la inmensa mayoría de profesionales que anteponen su salario al bienestar general. Aunque también es cierto que existen colectivos diversos que realizan una labor de desintoxicación, desde miles de científicos y académicos firmantes de la Great Barrington Declaration, pedagogos, trabajadores de la salud, algún que otro político a título personal, asociaciones como las Ligas por la Libertad de Vacunación de diferentes países, grupos locales de resistencia. Pero también es cierto que cada uno de dichas personas o colectivos toma posición en función de una diversidad de criterios, pensamientos, vivencias, ideas, que en otros aspectos de la vida son totalmente dispares.

Es pues difícil que esta amalgama de personas y colectivos tengan la capacidad organizativa para imponer límites a la depredación humana caracterizada por la insaciable voracidad de la acumulación de capital y el obsesivo control sobre las personas. Tampoco tienen esta capacidad organizativa necesaria las formaciones políticas actuales que se autodenominan radicales, socialdemócratas de izquierda o comunistas, ya que su única obsesión es la de legitimarse y poder ocupar un lugar modesto en el actual sistema.

Estas circunstancias deben conducir a una seria reflexión sobre la necesidad de reorganizar el maltrecho proletariado en cada lugar, reapropiando el común, el comunismo, y con él estructurar un marco conceptual dialógico basado en la necesidad de avanzar en el binomio destrucción-construcción para una transformación social radical, libre de la enajenación y de la animalidad, como apuntaba Marx en los manuscritos filosóficos: “El animal es inmediatamente uno con su actividad vital. No se distingue de ella. Es ella. El hombre hace de su actividad vital misma objeto de su voluntad y de su conciencia. Tiene actividad vital consciente. No es una determinación con la que el hombre se funda inmediatamente. La actividad vital consciente distingue inmediatamente al hombre de la actividad vital animal” (24).

En el proceso que estamos inmersos, podemos apreciar que uno de los objetivos de los distintos centros de poder es eliminar nuestra actividad vital consciente, convertirnos en seres animales desprovistos de poder de pensamiento y de decisión. Negarnos a ello es el primer paso para responder a la pregunta ¿Quién debe imponer los límites?

Pueden ayudar a la reflexión algunos extractos del ensayo de Langdon Winner “The Whale and the Reactor”. The University of Chicago Press, Chicago, 1986 (La ballena y el reactor: una búsqueda de los límites en la era de la alta tecnología. Editorial Gedisa 2008, Barcelona).

“La construcción de un sistema técnico que involucra a seres humanos como partes de su funcionamiento requiere una reconstrucción de los roles y las relaciones sociales. A menudo esto es resultado de los requerimientos operativos propios de un nuevo sistema: simplemente no funciona a menos que se modifique la conducta humana para adaptarse a su forma y proceso (pág. 21).

Si examinamos los patrones sociales que caracterizan los entornos de los sistemas técnicos, descubrimos ciertos dispositivos y sistemas que casi de forma invariable se unen a formas específicas de organizar el poder y la autoridad. La cuestión importante es la siguiente: esta situación, ¿es este estado de cosas el resultado de una respuesta social inevitable a las propiedades ingobernables en las cosas mismas, o es en cambio un patrón impuesto de forma independiente por un ente gobernante, la clase en el poder o alguna otra institución social o cultural, para lograr sus propios propósitos? (pág. 41).

En los niveles más altos de la jerarquía, por supuesto, los profesionales reclaman autoridad especial y libertad relativa en virtud del dominio que poseen en el terreno científico y técnico. En el momento de la historia en que las formas de la jerarquía basadas en la religión y la tradición comenzaron a derrumbarse, la necesidad de construir y conservar los sistemas técnicos proporcionó una manera de restaurar las relaciones sociales piramidales. Fue algo caído del cielo para la desigualdad (pág. 56).

La condición a que nos enfrentamos es muy parecida a la descrita en la obra de teatro de Bertolt Brecht,La excepción y la regla. En el escenario de Brecht un grupo de personajes vaga en medio de un ámbito de acciones que demuestran un universo moral en completo caos. Lo que es bueno se hace aparecer como malo; la justicia y la injusticia cambian de lugar. Un peón intenta realizar una buena acción. Es asesinado por su patrón que ve en el gesto del peón una amenaza de un enemigo de clase. El asesino es enjuiciado pero absuelto mediante un fallo que considera su comportamiento perfectamente razonable bajo tales circunstancias (pág. 93).

Existen algunas aplicaciones de la ciencia y la tecnología modernas en las cuales la incertidumbre que rodea a ciertas prácticas sospechosas y sus posibles efectos es tan grande que ‘riesgo’ es un nombre muy adecuado para lo que conlleva problemas. En mi opinión las preocupaciones recientes acerca de posibles accidentes por el uso de las técnicas recombinantes de ADN en la investigación científica y en la aplicación industrial son un caso en el que el término se utilizó de forma apropiada (pág. 161).

Nuestro inmenso poder científico y técnico, ¿producirá un mundo genuinamente superior al que teníamos antes? ¿0 nos quedaremos estancados con una acumulación de renovaciones descuidadas y desordenadas que destruyen más de lo que mejoran? Las preguntas de este tipo son fundamentales para las críticas más penetrantes de nuestra cultura tecnopolita. Sin embargo, estos puntos por lo general son los últimos en penetrar en las mentes de los hombres de negocios, los profesionales técnicos, los políticos y otros directamente responsables de guiar el proceso de cambio. Cada vez más depositan su fe en una gama de técnicas que prometen resultados prácticos y beneficios rápidos mientras se descuida todo lo demás. Saben cómo preguntar: ¿Dónde está la línea inferior? Pero descuidan cada vez más una pregunta que cada generación abandona peligrosamente: ¿Dónde está el límite? ¿Qué es lo mejor de que es capaz nuestra sociedad? (pág. 180).

Nuestras instituciones se han involucrado en un proceso constante de adaptación inversa, en el cual las cosas se remodelan para adaptarse a los medios técnicos disponibles. Casi todos los signos importantes indican que este proceso todavía avanza inexorablemente y sin límites” (pág. 182).

(1) https://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160311_ciencia_peligrosa_finde_dv
(2) https://nmas1.org/material/2018/10/03/evolucion-dirigida-nobel)
(3) https://www.bayer.com/es/es/blog/espana-que-es-la-tecnologia-crispr
(4) https://www.dw.com/es/dos-mujeres-ganan-premio-nobel-de-qu%C3%ADmica-2020/a-55185263
(5) Luis Carlos Silva Ayçaguer. La investigación biomédica y sus laberintos. 2008
(6) Langdon Winner.The Whale and the Reactor. 1986
(7) https://www.infobioquimica.com/new/2016/04/19/virus-letales-y-supercontagiosos-queremos-crearlos-en-el-laboratorio/
(8) https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Virus-letales-y-supercontagiosos-queremos-crearlos-en-el-laboratorio
(9) https://www.technologyreview.es/s/13571/el-sars-cov-2-es-tan-complejo-que-es-ridiculo-creer-que-fue-disenado
(10) https://espanol.news/anthony-fauci-argumento-que-la-investigacion-sobre-la-ganancia-de-funcion-supero-el-riesgo-de-una-pandemia-en-2012/
(11) https://www.cdc.gov/flu/avianflu/avian-durc-qa.htm
(12) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51796442
(13) https://www.technologyreview.es//s/12376/inyectar-adn-para-que-el-cuerpo-fabrique-anticuerpos-contra-la-covid-19
(14) https://www.ecohealthalliance.org/partners
(15) https://www.factcheck.org/es/2021/05/scicheck-el-laboratorio-de-wuhan-y-el-desacuerdo-sobre-estudios-de-ganancia-de-funcion/
(16) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(21)01377-5/fulltext
(17) https://nypost.com/2021/06/04/who-is-peter-daszak-exec-who-sent-taxpayer-money-to-wuhan-lab/
(18) https://www.theatlantic.com/science/archive/2021/09/lab-leak-pandemic-origins-even-messier/620209/
(19) https://www.brookings.edu/blog/order-from-chaos/2020/03/27/now-is-the-time-to-revisit-the-global-health-security-agenda/
(20) https://osp.od.nih.gov/biotechnology/dual-use-research-of-concern/
(21) https://osp.od.nih.gov/biotechnology/national-science-advisory-board-for-biosecurity-nsabb/#members
(22) https://osp.od.nih.gov/biotechnology/national-science-advisory-board-for-biosecurity-nsabb/#charter
(23) https://mundo.sputniknews.com/20200316/coronavirus-una-guerra-sin-soldados-1090793054.html
(24) https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/manuscritos/man1.htm

‘La idea de que podemos detener el cambio climático es absurda’, dice el nuevo Premio Nóbel de Física

Una parte cada vez más importante de la ciencia moderna no se basa en la realidad sino en modelos simplificados de la misma, que son tanto mejores cuanto más cercanos están de la realidad.

Un modelo no es una prueba científica. No demuestra nada; es algo que hay que demostrar.

A Syukuro Manabe le han concedido el Premio Nóbel por diseñar en 1964 un modelo sobre el clima (1), que es el que utiliza el IPCC en sus informes. Como tantos otros, dicho modelo se fundamenta en el “efecto invernadero”, como si en la atmósfera hubiera muros transparentes capaces de aislar unas regiones de otras, en lugar de corrientes de aire.

Si la teoría de Manabe es correcta, el “efecto invernadero” es más intenso en las regiones de la bajas estratosfera, a unos diez kilómetros de altura, donde el calor quedaría “retenido”.

Décadas después de exponer su modelo, se pusieron en órbita satélites meteorológicos que suministraron mediciones de temperatura en las regiones de la bajas estratosfera donde Manabe esperaba que el calor se hubiera acumulado.

Pero no estaba ocurriendo nada de eso. Año tras año los resultados no dejaban lugar a dudas: desde 1993 no se ha observado ningún cambio significativo en la temperatura a dicha altura. El modelo de Manabe no había superado la prueba.

La constancia de la temperatura a dicha altura era tanto más significativa en cuanto que las emisiones de CO2 a la atmósfera habían aumentado sustancialmente desde 1993.

El tiempo ha seguido pasando inexorablemente. El modelo de Manabe ha cumplido más de medio siglo y, sin embargo, es ahora cuando le conceden el Premio Nóbel, que es como ganar las 500 millas de Indianápolis con un Simca 1000. No es posible sin un apaño importante de motor y carrocería. A Manabe le han concedido ahora el Premio Nóbel por razones que tienen más que ver con la política que con la ciencia: se acerca la cumbre climática de Glasgow.

En 2011 el propio Manabe tuvo que corregir su modelo para adaptarlo a esa evidencia. “Modelos frente a observaciones”, se titulaba el artículo publicado por la revista Geophysical Research Letters (2), que en 2016 desarrolló en una entrevista sorprendentemente lúcida (3).

No entendemos el clima, el clima es muy complicado y sólo estamos empezando a entender cuáles pueden ser los efectos del dióxido de carbono. Puede que sean buenos o puede que sean malos”, apuntaba Manabe. El CO2 no es un contaminante. Es bueno para nosotros, es bueno para las plantas y bueno para la comida. En realidad es un fertilizante, añadía.

“El dióxido de carbono permite directamente el crecimiento de todo tipo de plantas. Así que más dióxido de carbono significa que es bueno para la vida silvestre, es bueno para los bosques y es bueno para los alimentos, para la agricultura en todo el mundo. Salva a un gran número de personas de morir de hambre. Los efectos son más graves que los efectos del dióxido de carbono en el clima. Y eso es lo que nunca se dice en público”, decía también el geofísico.

Además de producir el crecimiento de las plantas directamente, el CO2 “las hace más resistentes a la sequía. Porque el dióxido de carbono es un sustituto del agua. Si usted mira la forma en que una planta realmente respira. Tiene pequeños agujeros en la superficie de la hoja que pueden abrirse y cerrarse. Y cada vez que la molécula de dióxido de carbono entra en la planta desde el aire, un centenar de moléculas de agua se escapan. Eso ocurre, no se puede evitar. Así que absorber dióxido de carbono siempre implica perder agua. Pero si el aire exterior es más pobre en dióxido de carbono, la planta perderá más agua para poder respirar. Así que, de hecho, estás haciendo que la planta sea más susceptible a la sequía. Y ese es el gran asesino de las plantas, por supuesto. De esta manera, se convierten las tierras verdes en desiertos”.

“En la mayor parte del tiempo durante la historia de la tierra, el CO2 era mucho más alto que ahora. El mundo en este momento está como medio muerto de hambre por no tener suficiente dióxido de carbono. A la vegetación le gustaría más si hubiera tres veces más” CO2 en la atmósfera.

“¿Por qué no lo vemos en los medios de comunicación? ¿Por qué sólo veo anuncios de apocalipsis? No sé muy bien la respuesta. Por alguna razón los medios de comunicación siempre aman los desastres. Las catástrofes venden periódicos. También venden la televisión y las buenas noticias no”.

La conclusión de Manabe no puede ser más contundente: “La idea de que podemos detener el cambio climático es absurda. No sabemos lo suficiente ni siquiera para imaginar cómo hacerlo”. Estamos de acuerdo con Manabe. Si alguien cree que reduciendo la concentración atmosférica de CO2 hará más fresco, se equivoca, y si cree que subirá el termómetro reduciéndola, también se equivoca.

(1) https://www.gfdl.noaa.gov/bibliography/related_files/sm6401.pdf https://journals.ametsoc.org/view/journals/atsc/24/3/1520-0469_1967_024_0241_teotaw_2_0_co_2.xml
(2) https://agupubs.onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1029/2011GL048101
(3) https://www.marijnpoels.com/single-post/2019/03/05/we-don-t-understand-climate-its-very-complicated-and-were-only-at-the-beginning-to-unders

La población mundial comenzará a reducirse en menos de 50 años

Las ideologías seudoecologistas tienen dos claves de bóveda y ambas son falsas. Una es la generalización “ley de los rendimientos decrecientes” que inventó el economista David Ricardo para la agricultura, y la segunda es la explosión demográfica del reverendo Malthus.

La extrapolación de la primera “ley” dice que todo va cada vez peor y una de las muestras de ello es el “crecimiento incontrolado”, que es la segunda “ley”.

Los medios están repletos de este tipo de previsiones apocalípticas. El aumento de la población mundial está provocando un agotamiento de los recursos fósiles y agrícolas, el empobrecimiento de los suelos, el aumento de la pobreza, las hambrunas, la escasez de agua y, por supuesto, aumento de la contaminación y de las emisiones de “gases de efecto invernadero” que, a su vez, provocarán catástrofes climáticas y meteorológicas de todos los colores.

No cabe duda de que el mundo está presenciando un importante cambio demográfico sin precedentes en la historia de la humanidad, que es justamente contrario a lo que afirman los alarmistas: un descenso de la población mundial.

La tasa de crecimiento anual de la población alcanzó un máximo del 2,1 por ciento en 1975, es decir, una duplicación cada 33 años, y luego comenzó a disminuir. En 2065 llegará al 1 por ciento. A partir de entonces la población mundial comenzará a disminuir, según el demógrafo austraco Wolf­gang Lutz.

Las tasas de fertilidad están disminuyendo en todos los países del mundo, incluida África. En 40 años Brasil ha pasado de 6,5 a 1,7 hijos por mujer. Los dos países más poblados, China e India, están experimentando un rápido descenso de la fertilidad. En India ya es de 2,3 hijos por mujer y en 23 de los 36 estados está por debajo de 2,1. En China el abandono de la política del hijo único en 2017 provocó un ligero aumento, que desde entonces ha remitido por completo.

Sin embargo, la reducción demográfica llega con retraso. China, por ejemplo, no experimentará un descenso de su población hasta 2032.

La población de Japón era de 128 millones en 2010 y se redujo a 126 millones el año pasado. Actualmente, la población de Japón disminuye en 300.000 habitantes al año y el declive se acelerará. En 1946 hubo 3,6 millones de nacimientos en Japón y este año se esperan 770.000, casi cinco veces menos.

Es verdaderamente inaudito leer exactamente lo contrario a cada paso, como si trataran de que comulgáramos con ruedas de molino.

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