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Autor: Juan Manuel Olarieta (página 53 de 59)

El mito de Normandía, el día D

Juan Manuel Olarieta
¿Qué país contribuyó más a la derrota del III Reich en la Segunda Guerra Mundial? En 1945 cualquier encuesta de opinión pública hubiera respondido a esa pregunta de una manera unánime: la URSS. Medio siglo después le han dado la vuelta a la historia: en un reciente sondeo realizado en Francia el 58 por ciento de los encuestados opinó que el artífice de la victoria fue Estados Unidos (1).

La propaganda logra resultados milagrosos. Es capaz de sacarnos hasta la evidencia de los ojos para poner otra cosa en su lugar y, a medida que pasa el tiempo, la historia deja de ser un asunto político para convertirse en cosa de los archivos, los bibliotecarios, los historiadores y las universidades. Pero para entonces la verdad importa una mierda porque necesitamos la verdad como presente, para la lucha de clases, no como fósil.

Suele ocurrir cuando alguien se ve acorralado y parece que te pregunta, cuando en realidad afirma: ¿te crees en posesión de la verdad? Pues si alguien era poseedor de la verdad, se la han robado, como ese sondeo demuestra. Puestos a robar, la burguesía te roba hasta la verdad. Pero si te roban la verdad es porque existe, lo cual contradice a los agnósticos, esos que van por ahí acusando a los demás de dogmáticos por decir que la verdad existe. Ellos creen que sólo hay opiniones subjetivas, que nada es verdad ni es mentira, que todo es del color del cristal con que se mira…

El robo de la verdad es igual que el de la cartera, es decir, no es una opinión, no es discutible. Lo que ocurre es que cuando la propaganda burguesa va logrando sus objetivos, te ponen contra las cuerdas, te convierten en un bicho raro. En historia a eso le llaman «revisionismo»: cuando hay un canon histórico impuesto por los investigadores, cualquier otro criterio se mira con malos ojos y entonces ocurre lo de siempre: al historiador lo tachan de autor «polémico», «discutido» y «controvertido». Le ocurre a Grover Furr, por ejemplo. A diferencia de los demás historiadores, no se apoya en hechos sino en teorías que no están bien demostradas; no tiene pruebas de lo que sostiene…

¿Os dáis cuenta? Ya podéis poneros a la faena ahora mismo y demostrarles a esa mafia de historiadores, periodistas y tertulianos que fue la URSS quien llevó a cabo el peso decisivo en la derrota del III Reich. ¿Tenéis pruebas o no? Da lo mismo. Una vez que tengáis las pruebas en la mano no cantéis victoria: vuestras pruebas os convencen a vosotros pero no a ellos. ¿Os habéis creído muy listos o qué?, ¿Acaso sabéis vosotros más que un catedrático de la Universidad de Princeton?

Normandía fue el origen de un mito contemporáneo que dura 70 años: el de Europa «occidental», el del mundo libre y Estados Unidos como su guardián. Si en España le debemos la libertad al rey, en Europa se la debemos a Estados Unidos. El primero nos libró del franquismo y el segundo del nazismo. A ver si os enteráis de una vez. Eso es lo que pone en los libros de historia y no hay más que hablar.

Las universidades no son diferentes a Hollywood, los comics o las tertulias de la tele. Los héroes de la libertad son los que todos conocemos: generales como Eisenhower, Patton, MacArthur y, en segundo plano, el inglés Montgomery. ¿La resistencia? ¿La guerrilla? ¿Las masas son las protagonistas de la historia? Ni hablar. Quien liberó a Francia de la ocupación nazi fue De Gaulle hablando por la radio desde Londres. Sin pegar un tiro. Fue la mejor demostración de que, por difíciles que se pongan, las cosas se pueden cambar pacíficamente, lanzando soflamas por los micrófonos de la BBC.

Stalin, la URSS y el Ejército soviético no salen en las películas. ¿Es posible convencernos de que es a alguien como Stalin al que Europa le debe lo que conquistó en la posguerra? ¿Stalin puede ser el artífice de la libertad? No nos entra en la cabeza. Lo que hizo Stalin fue repartirse el mundo en 1945 con Roosvelt y Churchill como si fuera un pastel de cumpleaños. Porque una vez que estéis a punto de convencer a vuestro interlocutor, se escapará de esa manera: son todos iguales. Cualquier cosa antes que reconocer la verdad.

Es así de curioso. Si en lugar de discutir sobre algo concreto, como Normandía, el debate es más general, no cabe duda de lo que te van a decir: la verdad siempre resplandece por sí misma, estoy dispuesto a dejarme convencer por tus argumentos… Es mentira. Como todo, la verdad es una guerra, una lucha o, por decirlo de otra manera, una contradicción. Ni siquiera es un acto de la inteligencia o del conocimiento, sino también de la voluntad, como decía Gramsci (2). Dejaros de bobadas: no sólo hay quien no quiere saber la verdad sino que no quiere saber nada de nada. Hay quien vive mejor con la mente en blanco. ¿Como os creéis que vais a convencer a alguien así, que no quiere saber nada? Ahora empezar a preguntaros por qué no quiere saber nada…

Ya habéis escuchado las noticias, ahora os contaré la verdad: si las cosas siguen como hasta ahora, los niños en el futuro creerán que la Segunda Guerra Mundial se desató porque la URSS atacó alevosamente al III Reich, que fue derrotado porque Estados Unidos se equivocó de bando, porque Roosvelt debió aliarse con Hitler. Lo leerán en un manual de historia contemporánea de la Universidad de Princeton que escribirá un prestigioso profesor de la misma. Los que no leen ese tipo de libros lo verán en un documental de la tele, o en una entrevista por la radio, o en el Facebook, o en un artículo de la revista Muy Interesante, o en… No se en dónde; de lo que estoy convencido es de que se lo harán leer por cojones.

(1) Frédéric Dabi: 1938-1944: Des accords de Munich à la libération de Paris ou l’aube des sondages d’opinion en France, febrero de 2012, http://www.revuepolitique.fr/1938-1944-laube-des-sondages-dopinion-en-france/

(2) Hay que poner a la voluntad en la base de la filosofía, escribió Gramsci (Antología, pg.435).

¿Nos hemos vuelto todos locos o qué?

Juan Manuel Olarieta
El 18 de mayo del año pasado la Asociación Americana de Psiquiatría presentó la última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), conocido como DSM-5, en el marco de su congreso anual, celebrado en San Francisco. Como todo lo que tiene su origen en Estados Unidos, han logrado convertirlo en una obra de referencia en la materia. Es la Biblia para los siquiatras del mundo.

La primera edición del Manual, publicada en 1952, tenía 120 páginas y la cuarta, publicada en 1994, casi alcaza las mil. Una edición especial del “Journal of Mental Health” planteaba en 2010 si queda alguien en el mundo al que podamos considerar mentalmente sano.

Lo mismo escribió Allen Frances, que estuvo a cargo de la edición anterior, el DSM-4, en un editorial del diario Los Angeles Times: “Aprendí a través de una dolorosa experiencia cómo pequeños cambios en la definición de los desórdenes mentales pueden crear enormes e indeseadas consecuencias”. Reconoce que con su obra habían contribuído a la creación de tres falsas epidemias que desde entonces se estaban diagnosticando más de la cuenta.

Pero hay algo que nos alivia del este agobio siquiátrico: la transexualidad ya no es un trastorno mental. Por fin se han curado. Antes eran enfermos; ahora ya no. Pero no me preguntéis que pócima mágica les ha curado de su enfermedad, porque el manual no habla de eso para nada.

Otra enfermedad que también desaparece es lo que antes llamaban “trastorno por hiperactividad sexual”, seguramente no porque los enfermos que la padecían se hubieran curado, sino porque no querían curarse por más pastillas de bromuro que les recetaran. En los tiempos de la Viagra era un trastorno demasiado estúpido.

En mi opinión, los transexuales y los hiperactivos sexuales no estaban locos ni antes ni ahora, pero no se si se puede decir lo mismo de los siquiatras, es decir, no se si los que no están bien de la cabeza son ellos que, como tantos otros científicos, se creen sus propias bobadas.

Resulta que en una sociedad capitalista saturada de publicidad, padecemos adicciones de todo tipo. Ahora a las aficiones se les llama adicciones. El que no es adicto a una cosa, es adicto a otra. Estamos trastornados por todo. Somos sicópatas y sociópatas. Somos adictos al juego pero la publicidad de la lotería, el cuponazo, los concursos, los bingos, las apuestas y el póker están por todas partes. Otros son adictos al porno, a las comilonas, a la cocaína, a los videojuegos, a las compras, a la tele…

Lo que está claro es que estas -y otras- enfermedades son inventadas, es decir, no existen en absoluto. Como bien solía decir el doctor Sydney Burwell, profesor de la Universidad de Harvard, “durante los próximos 10 años la mitad de lo que hoy se enseña a los estudiantes de medicina habrá demostrado ser falso, el problema es que ningún profesor sabe qué mitad”(*). ¿Sólo la mitad? Yo creo que bastante más.

Tampoco cabe descuidar otra posibilidad: que los trastornos mentales sean consecuencia del podrido capitalismo que padecemos, es decir, que en lugar de tomar tantas pastillas deberíamos curarnos de nuestros trastornos, delirios y adicciones saliendo a la calle a sujetar una pancarta.

Sobrevivimos gracias a las pastillas. Los especialistas que no las recetan, como los sicoanalistas por ejemplo, padecen todo tipo de ataques por parte de los lacayos de la industria farmacéutica, un negocio que funciona al revés que el resto del mundo: cuantos más enfermos, más saneada marcha su cuenta de resultados. Allen Frances lo ha calificado como “una catástrofe de salud pública”. Un antidepresivo como el Prozac se vende casi tanto como la Coca-Cola: 10 millones de consumidores diarios.

Lo curioso de este asunto es que no vamos al médico para que nos cure nada sino para que nos recete algo, lo que sea, y los médicos recetan lo que antiguamente se llamaba la purga de Benito: cualquier cosa para remediar cualquier enfermedad. Por ejemplo, el Prozac está oficialmente indicado para los deprimidos, para los obsesivo-compulsivos, para la bulimia, para la pérdida de la autoestima, la anhedonia (imposibilidad de sentir placer), el estrés, la ansiedad, la timidez, la tristeza y -sobre todo- para la distimia, que es una especie de depresión de segunda clase.

Una sociedad podrida todo lo pudre. Cualquiera que sea el diagnóstico, quien realmente está enferma es la medicina. Lo mismo te recetan pastillas para que te duermas, que pastillas para que te espabiles por la mañana. Padecemos sobredosis, sobrediagnóstico, sobrefármacos, especialmente con los niños, que no pueden defenderse, no solamente de los médicos sino tampoco de sus padres, que quieren “lo mejor para ellos”. ¿Cada vez hay más niños hiperactivos o cada vez hay más padres que no aguantan a sus hijos en casa?

(*) Cfr. Riding the waves of change together: are we all paying
attention?, Journal of the Medical Library Association, abril de 2008,
vol.96, núm, 2, pgs. 85-87,
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2268220/

Asesinados dos espías israelíes en Bruselas

Juan Manuel Olarieta
El sábado 24 de mayo alguien disparó una ráfaga con un Kalashnikov dentro del museo judío de Bruselas, matando a cuatro personas. El País tituló que se trataba de un «atentado antisemita». Naturalmente se trataba también de una acción indiscriminada, terrorista, en vísperas de unas elecciones europeas.

Sin embargo, el lunes un diario judío de Estados Unidos, The Forward, decía que se trataba de un «asesinato político» (*). The Forward ocultaba algunos detalles de cierto interés, como que dos de las víctimas pertenecían al espionaje israelí. Uno de ellos, Emanuel Riva, trabajaba para Nativ, una organización pública clandestina de Israel encargada de promover la deserción de judíos soviéticos.

Miriam Riva, la mujer de Emanual, también trabajaba para el Primer Ministro israelí, lo que sus vecinos han confirmado a preguntas de los periodistas. Ambos trabajaban camuflados como «contables».

Nativ fue creada en 1952, depende directamente del Primer Ministro del gobierno de Tel Aviv y mantiene relaciones muy tensas con los otros dos organismos de espionaje: Mossad y Shin Beth. Tras la caída de la URSS en 1990 Nativ fue considerada como una reliquia del pasado, algo en vías de extinción. En 2005 el diario Haaretez decía que Natv sobrevivía gracias al empeño del primer ministro Ariel Sharon, recientemente fallecido.

Pero Nativ no sólo no desapareció sino que su carácter clandestino se estrechó aún más, como lo prueba el goteo de información sobre el matrimonio asesinado en Bruselas. El 27 de mayo el diario Israel Hayom decía que en 2009 el matrimonio Riva fue destinado a Berlín por el Ministerio israelí de Asuntos Exteriores, donde vivieron dos años.

Aquel año el ministro de Asuntos Exteriores era Avigdor Lieberman, un ultranacionalista judío de origen soviético y dirigente de la extrema derecha israelí, que está enfrentada tanto al Mossad como al Shin Beth. De 2006 a 2008 Lieberman fue ministro de Asuntos Estratégicos. Al llegar a su cargo retomó la línea de Ariel Sharon, anunciando que pretendía seguir utilizando Nativ para favorecer la emigración de los 200.000 judíos rusos que actualmente viven en Alemania.

Desde hace siete años la directora de Nativ es Naomi Ben-Ami, antigua embajadora de Israel en Ucrania y antigua consejera política de Lieberman. En 2008 le acusaron de provocar una crisis política con Alemania por el empeño de su jefe de forzar la emigración judía hacia Israel.

En enero de 2008 un artículo del diario Jerusalem Post informaba de la dimisión de Lieberman del Ministerio de Asuntos Exteriores presionado por su plan de enviar a dos emisarios de Nativ a Berlín.

Pero un año después Liberman volvió al gobierno y a su puesto al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, y fue entonces cuando enviaron al matrimonio Riva a Berlín.

Con el golpe de Estado en Ucrania, en el que Nativ ha participado activamente, el asunto tomó una nueva dimensión. La organización es una cabeza de puente con los antiguos países que formaron parte de la Unión Soviética y sus choques internos con el Mossad son cada vez más evidentes, lo cual es muy pintoresco porque el servicio secreto isaraelí le acusa de «opacidad» y exige el cese de sus actividades.

En fin, que el tiroteo de Bruselas parece un ajuste cuentas interno dentro de la intrincada madeja de espías que Tel Aviv tiene repartidos por el mundo entero. Más que un atentado antisemita parece un atentado semita.

(*) Was Brussels Jewish Museum Attack a Hate Crime — or Professional Assassination?, 26 de mayo
http://forward.com/articles/198889/was-brussels-jewish-museum-attack-a-hate-crime-o/?

‘Podemos’ hasta en la sopa

Juan Manuel Olarieta

Lo malo de desayunar con las noticias es que ahora en los medios no hay otra noticia que «Podemos», y la tostada se me ha indigestado en el paladar. Desde antes de las elecciones europeas ya venía yo un poco saturado de tanto tostón…

La ley número uno de la «información», es decir, de la intoxicación propagandística burguesa, es el principio dialéctico de saturación: cuando hay un exceso de noticias sobre un asunto es porque no hay tal asunto, o sea, porque hay un vacío. Es lo mismo que correr en una bicicleta estática: sudas mucho para no ir a ninguna parte.

El principio número dos de la intoxicación dice así: si estás sudando a chorros y no avanzas nada es porque la bicicleta estática no es para desplazarse sino para ejercitar las piernas. La intoxicación sobre un asunto que no existe tapa el asunto que sí existe de verdad. Por lo tanto, «Podemos» es un señuelo; se están dejando utilizar. Son la salsa rosa de los telediarios, los Paquirrín de la politiquería. Les entusiasma haberse convertido en «vedettes» de algo que se había hundido estrepitosamente, porque antes no se hablaba de otra cosa que del desprestigio institucional, porque antes todo eran escraches, acoso e insultos generalizados, hasta el punto de que muchos actos electorales se habían tenido que suspender.

«Podemos» ha dignificado otra vez la politiquería. La democracia ha vuelto a este país porque se demuestra que nostros «podemos», es decir, que el sueño (el señuelo) es posible: las cosas se pueden cambiar desde dentro y además no es tan difícil ni doloroso, que tenemos «alternancia», o sea, alternativas. Cuando la gente pregunta si es posible una «segunda transición» aquí tiene la respuesta, que ya está en marcha. Por consiguiente, más bien lo que debería preguntar es si la segunda va a ser igual que la primera, es decir, si va a ser otra «traición».

La respuesta es que para que haya traición tiene que haber confianza: si alguien cree que «Podemos» va a hacer algo, quiere hacer o puede hacer algo, se sentirá traicionado lo mismo que hace 35 años. Si quiere ahorrarse una decepción tendrá que empezar desde ahora mismo a pensar en otra cosa. Tendrá que empezar a pensar en podemos en lugar de pensar en «Podemos».

Poniendo a «Podemos» en la primera plana los medios de intoxicación están lavándole la cara a estas podridas instituciones públicas. Se trata del enésimo montaje propagandístico para sacar a este Estado del descrédito, para ocultar que el verdadero y único protagonista de las elecciones europeas ha vuelto a ser el boicot masivo y activo, es decir, que la mayoría no sólo no acepta a unos o a otros sino que no acepta a nadie, que lo que no acepta es esta situación de explotación, miseria y saqueo.

En lo que me concierne, para huir de las noticias de estos días venía dedicándome a leer prensa científica, pero no he podido: también ahí me he topado con «Podemos» en forma de una entrevista al eurodiputado Pablo Echenique-Robba (*), que es doctor en física y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Centíficas. Me ha recordado al franquismo, cuando los rectores de las universidades, decanos y académicos eran «procuradores» de las Cortes. Así llamaban entonces a los diputados. Lo mismo pasa con los de «Podemos», que están tan laureados, por lo menos, como los políticos franquistas.

Como la mayor parte de los universitarios y políticos, las declaraciones de Echenique-Robba no van más allá de cuatro vulgaridades espantosas, tales como «las cosas no son buenas ni malas, depende de cómo las utilices». Por ejemplo, «como científico» él no está en contra de los transgénicos. Pero hay «gente desinformada» que no tenemos ni idea del asunto porque no somos científicos como él. «Ya me encargaré yo», dice, primero de informarnos y luego de convencernos.

Veamos: aunque Echenique-Robba no ha preguntado la opinión de sus camaradas, ni la mía, supone que estamos equivocados, y lo que es peor, que no estamos ni siquiera informados al respecto. No nos hemos preocupado de informarnos, luego necesariamente estamos equivocados. De ahí viene el título de la entrevista: “En la izquierda a veces la gente se vuelve anticientífica”. Uno no puede ser anticientífico y la ciencia es lo que los científicos dicen que es, lo mismo que la economía es lo que los economistas dicen que es. Los lectores que no tengan título lo que deben hacer es lo que digan los que sí lo tienen. No pueden opinar de otra manera diferente.

Pues bien: según Echenique-Robba «todos» los científicos están a favor de los transgéncos porque son gente «más instruida». Da gusto y tranquiliza dejar nuestros asuntos en manos de gente tan ilustrada como el eurodiputado Echenique-Robba.

¿Cuál es el verdadero problema de los transgénicos? Que están en manos de multinacionales, las cuales «imponen sus condiciones» a los pequeños campesinos. Mi conclusión es la siguiente: si el problema no son los transgénicos sino las multinacionales (o sea, los monopolios) el asunto pasa de la biotecnología a la economía y entonces el ilustrado Echenique-Robba deja de ser tan ilustre y el expediente lo debemos dejar en manos de los economistas. ¿Qué opinan ellos de los transgénicos? ¿Son rentables? ¿Crean puestos de trabajo? ¿Aumentan las exportaciones?

De la economía pasamos a la política porque la rentabilidad deriva de que los grandes «imponen sus condiciones» a los pequeños y entonces cambiamos de facultad y tenemos que irnos a Somosaguas, a preguntar a politólogos como Pablo Iglesias. Pero atención: no a los políticos, ya que «cualquiera» es político. Me refiero a los polítólogos, que son aquellos que tienen el certificado correspondiente expedido por el Ministerio de Educación.

Antes de ponernos a pensar por nuestra cuenta, los que no tenemos lustre debemos ser ilustrados por profesores y profesionales como Pablo Iglesias. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia… y todos ellos están en «Podemos».

(*) “En la izquierda a veces la gente se vuelve anticientífica”, http://esmateria.com/2014/05/30/yo-inclino-por-usar-ratoncitos-en-investigacion-para-acercar-una-medicina-humanos/

En Europa el fascismo está de moda

Juan Manuel Olarieta

Las cumbres europeas son como las bodas; todos visten sus mejores galas para la ocasión, para salir en los telediarios. Lo que ocurre de puertas adentro ya es otra cosa, como la luna de miel en la habitación del hostal. Nadie lo cuenta, pero nos lo imaginamos.

En época de crisis un personaje estelar de esas cumbres es el ministro alemán de finanzas Wolfgang Schäuble, el tipo mal encarado de la silla de ruedas. Schäuble es a Merkel lo que Montoro a Rajoy, pero con algunas diferencias importantes. Antes de las finanzas Schäuble fue ministro de Interior en dos tramos, el primero entre 1989 y 1991. Nueve días después de la unificación alemana, el 12 de octubre de 1990 fue víctima de un atentado. Desde entonces se desplaza en silla de ruedas.

Como entonces el «terrorismo individual» ya había desaparecido en Alemania, dijeron que el atentado lo había cometido un trastornado mental. Es la explicación idealista de siempre. Sólo cambian las atribuciones. Los perturbados de ahora son los terroristas de antes, o ambas cosas a la vez: los terroristas son unos perturbados y los perturbados son unos terroristas.

Tras la formación de la gran coalición entre democristianos y socialdemócratas, en 2005 Schäuble fue nombrado nuevamente ministro federal del Interior en el gobierno de Angela Merkel, hasta que en 2009 pasó al ministerio de Hacienda. Es un hombre de firmes convicciones cristianas (evangélicas). Si llevara turbante en la cabeza la prensa que le adula diría que es un talibán. Si además supieran que ha estado envuelto en tramas turbias de tráfico de armas, los insultos subirían de tono.

Schäuble defiende lo indefendible. Por ejemplo, ha defendido el uso de la información obtenida por espías extranjeros mediante la tortura de los detenidos y siempre se ha mostrado partidario de la liquidación de terroristas… pero de manera selectiva, es decir, eligiendo muy bien a quién eliminan. Estamos tan habituados a este descaro que ya ni siquiera nos escandaliza, de tal modo que cuando los asesinatos selectivos se conviertan en masivos no nos daremos ni cuenta.

En 2006 el ministro de Defensa Franz Josef Jung se mostró partidario de redefinir el estado de guerra a fin de incluir el terrorismo como un supuesto de hecho que permitiría declarar la ley marcial, es decir, que el ejército se hiciera con las riendas del Estado, que los consejos de guerra sustituyeran a los tribunales civiles, y así sucesivamente.

Un poco antes el gobierno alemán intentó aprobar una ley de seguridad aérea por la cual el ejército podía derribar un avión comercial si sospechaba que pudiera ser utilizado contra la seguridad de las personas en tierra. No hay nada que engendre más inseguridad (en las personas) que la paranoia de la seguridad (en los gobiernos) y por eso en España aprueban leyes tan seguras como las de seguridad ciudadana o de seguridad privada. Gracias a esa seguridad, lo que sólo es posible se transforma en absolutamente cierto; el riesgo de muerte causa muertes seguras.

Las excusas de la burguesía son así de tramposas. Unas veces dicen que lo importante son los derechos de las personas, los individuales, frente al totalitarismo de lo colectivo, de los derechos sociales. Pero otras lo vuelven del revés: lo importante son los derechos colectivos, la sociedad, frente a lo individual, a las personas.

Un Estado criminal como Alemania siempre encuentra un argumento, y el de Schäuble fue el siguiente: en casos de extrema urgencia la protección de la vida de las personas está limitada. Siempre queda en el aire de qué tipo de urgencia se trata, ya que a nosotros nos ponen en el lugar de quien está en el suelo, no del pasajero del avión al que asesinan con un misil junto a otros cientos que se sientan a su lado… pero no hay que preocuparse: eso sólo es posible en casos de urgencia.

Aunque Schäuble puso el argumento, la ley de seguridad aérea no procedía de la derecha sino de la socialdemocracia y Los Verdes, que saben muy bien de lo que están hablando. El antecesor de Schäuble en el Ministerio del Interior fue el verde Otto Schily, quien había sido abogado de la Fracción del Ejército Rojo en el proceso de Stammheim. Más en concreto: Schily fue el defensor de Gudrun Ensslin, una de las dirigentes de la organización armada que en 1977, dos años después del juicio, fue asesinada dentro de la cárcel «selectivamente», junto con otros dirigentes de la misma organización, un crimen colectivo cometido -no hay que olvidarlo- por la socialdemocracia, lo mismo que el de Rosa Luxemburgo 60 años antes.

El Libro Blanco sobre política de seguridad que aprobó el gobierno alemán en el otoño de 2006 dice que es necesario «ampliar el marco constitucional» para poder recurrir al empleo de medios militares con fines domésticos, es decir, en una guerra contra el enemigo interior. Schäuble lo llamó cuasi-defensa, o lo que es lo mismo, cuasi-guerra, y el portavoz del ministro socialdemócrata del Interior, Dieter Wiefelspütz, coincidió con él, exigiendo una nueva interpretación del concepto de «defensa» ya que no importa el origen (exterior o interior) del peligro sino el peligro en sí mismo. La defensa es la protección del territorio nacional cuando la actividad de la policía es insuficiente.

Hasta aquí lo expuesto no es más que un resumen muy apretado de los proyectos represivos en Alemania, que se deben complementar con otros en la misma línea, como el de reabrir los campos de concentración para internar a los sospechosos al estilo de Guantánamo, es decir, sin necesidad de ninguna clase de juicio. A diferencia de los asesinatos, Schäuble ya ni siquiera se tomó la molestia de precisar que se trataba de encarcelamientos «selectivos», por lo que es bastante evidente que se están planeando redadas masivas e indiscriminadas.

Estas medidas aparecen envueltas en una retórica presidida por términos tales como amenaza, peligro o riesgo, es decir, por el vacío. Se trata de medidas que no se pueden justificar con ningún hecho que haya ocurrido realmente sino por puras sospechas carentes de fundamento.

Esa es la Europa a la que llaman «democrática». A partir de aquí hay que imaginar lo que puede ocurrir cuando los fascistas que vienen por detrás se quiten la careta. ¿Qué otra cosa se les puede ocurrir a ellos que no hayan puesto en marcha los «demócratas»? Como en los tiempos del III Reich el papel de los «demócratas» (y socialdemócratas, y progres, y reformistas) es siempre el mismo: dejarlo todo bien preparado para que cuando lleguen los fascistas descarados no tengan ningún contratiempo, no haya nadie que levante la voz, ni escraches, ni pancartas, ni altavoces, ni nada de nada.

Se me ocurre que -como hicieron hace 100 años con Rosa Luxemburgo- los «demócratas» van a empezar asesinando a los revolucionarios para que nadie pueda oponer ninguna resistencia. No perderían votos porque ningún reformista va a levantar la voz. Pero eso no significa que no se esfuercen por hacer pasar a una cosa por su contraria, o que tiren balones fuera, como hacía Schäuble el mes pasado al comparar a Hitler con… Putin. En Europa el fascismo está de moda. En un país o en otro ya nadie deja de hablar de Hitler y de fascismo, es decir, de eso que algunos creían enterrado para siempre.

Es cierto que hay quien aún no sabe poner la trinchera, pero la burguesía sí lo sabe. En 2007 lo dejó bien claro el redactor jefe del diario Die Zeit, Theo Sommer: «Incluso en nuestra parte del mundo nadie puede asegurar de ninguna manera que en el futuro no vaya a haber una revolución». En efecto, en toda Europa no hay más que dos campos: la revolución y la contrarrevolución, los fascistas y los antifascistas. Pero hay algo aún más importante que eso: de aquí en adelante ningún antifascista puede esperar ni la más mínima concesión por parte del reformismo, del legalismo y del pacifismo, que están absolutamente agotados y desacreditados. Cualquier forma de oposición al fascismo está fuera de la legalidad y en contra de la legalidad, por algo que me parece evidente: porque la legislación ya es plenamente fascista.

Boko Haram es un submarino de la CIA

A quien los quiera leer, los documentos de Wikileaks le demuestran que la embajada de Estados Unidos en Lagos, la capital de Nigeria, es una fábrica de terrorismo, de grupos terroristas y seudoislamistas, del tipo de Boko Haram, la organización que ha secuestrado a decenas de niñas nigerianas con la excusa de canjearlas por presos de su organización que cumplen condena en las prisiones del país africano.

En torno al secuestro, la intoxicación mediática ha orquestado la consabida campaña, en la que si los islamistas son malos, los africanos son peores. Unos salvajes. Sólo en los dos primeros meses de este año Boko Haram ha asesinado a más de 1.300 personas.

Nigeria es el corazón de África, el centro económico y político del continente. Desde su origen, es uno de los países estratégicos, no sólo por sus yacimientos petrolíferos y su poder financiero, sino porque desde los años setenta del pasado siglo siempre apoyó a las guerras de liberación y ha estado en todas las fuerzas de ocupación que han enviado la ONU y la OUA a los países en guerra.

Desde hace años Estados Unidos está llevando a cabo un programa sistemático de desestabilización de Nigeria como potencia rival que obstaculiza su penetración en África. Los papeles de su embajada en Lagos no sólo refieren el espionaje a políticos, financieros y petroleros nigerianos, con los chantajes que se derivan de una información comprometedora, sino la creación, organización, sostenimiento y apoyo total a los grupos seudoislamistas cuyo objeto es contrarrestar la influencia del ECOMOG, creado en 1990 con ocasión de la primera guerra de Liberia y estrechamente sometido a la influencia de Nigeria. Aunque el ECOMOG significa Grupo Económico de Seguimiento de la Comunidad de Países de África Occidental, se trata de una fuerza militar africana de alcance estratégico.

Inicialmente a Estados Unidos le interéso ECOMOG porque marginaba a las potencias europeas, sobre todo a Francia, que tradicionalmente había dominado en la región. Pero, al mismo tiempo, la presencia de Nigeria crecía exponencialmente, hasta un punto que dejó de interesar a Estados Unidos, que pusieron en marcha el programa ACRI o Iniciativa de Respuesta a la Crisis Africana, que procede de las recomendaciones del Instituto de África-América y el Instituto Brookings, encargados por la CIA de proponer las líneas maestras del imperialismo estadounidense en África oriental, por lo demás bien conocidas. Se trata del divide y vencerás, en donde las divisiones son de naciones, de tribus, de religiones, de clanes, de sectas, en fin de todos los tipos de divisiones que se puedan imaginar; si no existen se inventan y si son pequeñas se agudizan.

Los informes elaborados para la CIA confirmaron el papel central que Nigeria estaba jugando en ECOMOG así como el éxito obtenido en la contención de la crisis de Liberia sin que las grandes potencias occidentales, incluyendo Estados Unidos, hubieran tenido tiempo siquiera de desempeñar ningún papel relevante. En fin, África se bastaba a sí misma y mientras las potencias imperialistas fomentaban la guerra, los países africanos buscaban la paz.

Un cable diplomático de fecha 29 de junio de 2009 muestra que a lo largo del país la CIA estaba reclutando jóvenes islámicos y entrenándolos en campamentos próximos a las fronteras de Níger, Chad y Camerún con instructores llevados desde Oriente Medio. Más en concreto: el cable decía que Arabia Saudita había formado a los “rebeldes” libios, que a su vez habían entrenado a los rebeldes malíes de los que deriva Boko Haram, y continuaba profetizando un atentado devastador de la secta que tuvo lugar dos meses después.

Con ocasión de una oleada de bombas, a finales de 2011 la prensa africana ya denunció que Boko Haram era el brazo de la CIA en Nigeria. La embajada volvió a profetizar que esperaba más explosiones en tres hoteles de Abuja, la capital económica de Nigeria.

Pero las predicciones de la embajada de Lagos van mucho más allá: los informes que manejan los imperialistas afirman que el año que viene -año de elecciones- Nigeria habrá dejado de ser un país, lo mismo que Yugoeslavia, lo mismo que Checoslovaquia, lo mismo que Libia, lo mismo que Ucrania… Pero si la profecía no se cumple, ya se encargarán ellos de que se cumpla. Seguramente se cumplirá siguiendo un guión previsto en tres fases sucesivas, tal y como tiene prevista la embajada de Lagos.

El primer ciudadano del Tercer Mundo

Henri Curiel nació en El Cairo en 1914, cuando las primeras balas de la Guerra Mundial empezaban a silbar. Su cuna fue la de una familia de usureros y banqueros judíos de origen español (sefardí) que llegaron al país en 1800 formando parte de la retaguardia del ejército napoleónico que invadió Egipto, en aquella época una colonia británica.Cuando los egipcios no iban al colegio, los hijos de los colonialistas, como Curiel, aprendían que Egipto se había acabado con los faraones dos mil años antes. Luego llegó el vacío y el silencio, como si las dunas se hubieran tragado al país entero. Si Egipto era un país, en él la familia Curiel eran extrajeros. ¿Egipcios? ¿Árabes? ¿Palestinos? ¿Nubios? ¿Judíos? ¿Que era todo eso? Fuera lo que fuera, era algo que no se aprendía ni en la familia, ni en la escuela, sino en otros lugares, hablando con otras personas, como las que forman parte del servicio doméstico: cocineros, nodrizas, jardineros, amas de llaves, mayordomos, guardeses… El proletariado es para la burguesía una fuente de información, de conocimientos, la que le pone en contacto con el mundo real.

Así le ocurrió al joven Curiel con Rosette Aladjem, la enfermera de la casa, una mujer árabe que le muestra las condiciones de vida de los campesinos del delta del Nilo, incluidos los que trabajan en condiciones miserables en las tierras de su padre. Fue el principio del matrimonio entre un judío y una árabe que se prolongó hasta la muerte de Curiel.

Desde muy joven Curiel supo el origen de su fortuna familiar y de un nivel de vida de lujo que le situaba fuera del mundo real, pero, ¿cómo sublevarse contra un padre ciego, por explotador que fuera? No era un problema personal sino de clase. En Egipto una mula era más costosa que un obrero de las fábricas de algodón que su familia poseía, apenas niños entre 7 y 13 años de edad cuyos pulmones se llenaban cada día con el polvo sofocante de los telares. Como máximo un niño obrero sólo duraba un año en su puesto de trabajo antes de contraer la tuberculosis, o la malaria, o cualquier otra enfermedad que le llevaría a la tumba fulminantemente.

Henri fue de esos comunistas que no pudo escoger su origen de clase, pero sí el destino que quiso para sí mismo y para los suyos, el de aquellos cuya causa había abrazado para siempre. Esa es la única libertad, la de verdad, la que se puede elegir. Por eso desde muy joven Curiel se incorporó a las filas del comunismo, convirtiéndose en uno de los más importantes faros del movimiento anticolonialista de Oriente Medio.

Cuando en setiembre de 1939 estalló la II Guerra Mundial, fundó la Unión Democrática para promover la lucha contra el fascismo. Junto con su hermano Raoul trató de incorporarse al ejército francés de De Gaulle. Entonces Rommel asediaba Egipto y mientras la comunidad judía huyó hacia Jerusalén, Curiel se quedó dentro del país para hacer frente a los tanques del Afrikakorps. Sin embargo, la policía le detuvo e ingresó en prisión por primera vez.

Frente al colonialismo británico muchos egipcios se habían arrojado en los brazos del III Reich, como otros tantos en los países de Oriente Medio. Los independentistas se alían hasta con el diablo. Es pura dialéctica, la negación de la negación. «El enemigo de mi enemigo se convierte en mi amigo». Pero el contraespionaje británico detuvo a la quinta columna egipcia y la envió a prisión, donde coincidieron con Curiel. Tras la previsible victoria nazi, los fascistas y los antifascistas, los judíos y los nazis, iban a servir de moneda de trueque del imperialismo británico. Como siempre.

En la cárcel Curiel se apercibe de la fuerza de la causa anticolonial y, una vez en libertad, al año siguiente funda el Movimiento Egipcio de Liberación Nacional, una organización comunista pionera en la descolonización de Oriente Medio y más allá, hacia las fuentes del Nilo, está las primeras semillas del Partido Comunista de Sudán, un país que entonces formaba parte de Egipto. El Movimiento desempeñó un papel capital en la posguera. Tradujo los textos de Marx, Engels, Lenin y Stalin, publicó folletos, creó escuelas de cuadros políticos y guerrilleros pero sobre todo, convocó las primeras huelgas y manifestaciones masivas que obligaron al colonialismo británico a evacuar las ciudades de Egipto en febrero de 1946.

La situación se complicó hasta el paroxismo con la proclamación del Estado de Israel y las primeras guerras con los palestinos, que dividieron profundamente a las masas según su origen religioso y nacional, a las que habría que sumar las propias querellas intestinas entre los comunistas egipcios. El imperialismo hizo el resto. Divide et impera. No había egipcios sino musulmanes, judíos, sudaneses, nubios, coptos… ¿No se habían convertido los judíos ahora en la nueva quinta columna del país? ¿Quién entendía eso de que el proletariado no tiene patria? ¿Qué es el internacionalismo? No había posibilidad de crear un partido de clase por encima de otras consideraciones (nacionales, religiosas) allá donde algunos sólo podían ser considerados como extranjeros, aunque permanecieran donde siempre habían estado.

En la posguerra a Curiel le encarcelaron varias veces en campos de concentración y finalmente en 1950 el rey Faruk demostró que Marx y Engels tenían razón: el proletariado no tiene patria y a Curiel le privaron de la suya, de su nacionalidad. Se convirtió en uno de esos parias de la Tierra, a los que se puede expulsar de cualquier sitio porque en cualquier sitio el apátrida siempre será un extranjero. No tener nacionalidad es como tenerlas todas. Los verdaderos internacionales son los sin papeles, los que no tienen un pasaporte que mostrar en la aduana, los que no pueden presentarse en ningún sitio. Como tituló el periódico «Le Monde Diplomatique», Curiel fue el primer ciudadano el Tercer Mundo.

De Egipto se tuvo que trasladar a Francia, donde dos años después le sorprendió la llegada de Nasser al poder. Algunos de los «oficiales libres» que encabezaron la revuelta eran el colmo de las paradojas políticas de Oriente Medio. Habían estado muy próximos a Curiel; formaban parte de aquella quinta columna nazi que había conocido en la cárcel en 1942, lo que provocó una nueva confusión, no sólo interna sino internacional. El movimiento comunista denunció el golpe de Estado de Nasser como «fascista».

Ese «fascismo» era un término viejo para una situación nueva, un comodín que servía para no decir nada y no tener que rectificar luego nada tampoco. Ya había sucedido antes con acontecimientos históricos indigestos, como los de Ataturk o Perón, que no venían en el manual de instrucciones que los comunistas siguen arrastrando de mala manera. Tan pronto son lacayos del imperalismo como antimperialistas, o nacionalistas, o populistas, en fin, un amplio surtido de adjetivos para todos los gustos y situaciones que requieran una etiqueta y no comprometan a nada.

Curiel lo tuvo claro, no sólo porque conocía bien a los «oficiales libres» que, como Annuar al Sadat, habían coincidido con él en la cárcel, sino porque otros habían formado parte de su organización. Una mezcla muy extraña, paradógica, llena de contrastes, signo de unos nuevos tiempos, característicos de unos movimientos también nuevos, como son los del Tercer Mundo. Curiel no sólo entendía esa ambigüedad sino que en Francia siempre formó parte integrante de ella porque el manual de instrucciones exige la clarificación de un proceso que está en plena fase de gestación. ¿Será un niño o una niña? Entonces no había ecografías…

En Francia Curiel ni lee un manual de instrucciones, ni habla de oídas sobre el Tercer Mundo: forma parte de él, de todos sus rasgos característicos. Es un precursor de un fenómeno nuevo que estaba a punto de estallar y que marcaría definitivamente la segunda mitad del sigo XX: el fin del colonialismo. Sólo los ambiguos entienden las situaciones ambiguas. Cuando en Francia los comunistas decían que los «oficiales libres» de Nasser eran fascistas, para Curiel se trataba de un movimiento progresista y antimperialista, cualquiera que fuera su pecado original. Acertó y fueron los demás los que tuvieron que rectificar, tarde y mal. Su posición política le costó enfrentarse a los comunistas franceses y a algunos egipcios. En París le tocó ser tan incómodo como en El Cairo. Él siempre supo, además, que el nasserismo suscitaría un amplio apoyo de las masas, no sólo en Egipto sino en el mundo entero. Es el tipo de situaciones que los comunistas nunca deberían descuidar.

A pesar de su nombre, los movimientos de liberación no eran nacionales sino internacionales, y también ese punto está presente en la biografía Curiel, que a partir de 1957 apoya al movimiento independentista argelino, mientras las posiciones de los revisionistas franceses degeneran a pasos agigantados, lo que le conduce a una ruptura abierta con ellos. Como vasos comunicantes, unos se hunden mientras los otros se desarrollan. Pero hay un matiz decisivo que diferencia a Egipto de Argelia y que empeora aún más las cosas para Curiel y para el Partido Comunista reconvertido en «francés»: Argelia forma parte integrante de Francia, de su propio imperio. Tomar parte por la liberación nacional supone convertirse en un traidor a la propia patria… pero sólo para quienes tienen patria.

Como no es el caso de Curiel, se incorpora a la red Jeanson de apoyo al FLN argelino en París, las tripas de la metrópoli. Cuando en 1960 el contraespionaje francés detiene a Francis Jeanson, asume la dirección de la red, al tiempo que organiza el Movimiento anticolonialista francés. Aquel mismo año le detienen, encarcelándole en Fresnes (París) y ordenando su expulsión de Francia, lo que la policía nunca logró ejecutar.

A su salida de la cárcel organiza el grupo clandestino Solidaridad que aglutinó a los refugiados políticos de los países del Tercer Mundo que vivían escondidos en Francia, y otros represaliados, como los antifranquistas españoles, latinoamericanos, portugueses, griegos y sudafricanos. Otro campo de actividades de la organización fue el apoyo a los desertores estadounidenses que se negaban a colaborar en la guerra de Vietnam.

La solidaridad seguía -sigue- siendo el gran proyecto pendiente. El plan de Curiel era parecido a otros de aquella época como la OSPAL (Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina) surgida en 1957 de la mano del marroquí Mehdi Ben Barka o la Tricontinental del Che Guevara, que se debía inaugurar en 1966 en La Habana. El imperialismo aún no había empezado a tapar sus vergüenzas con las ONG.

De aquella red solidaria formaron parte muchos comunistas habituados al trabajo clandestino desde la época de la Resistencia contra la ocupación nazi de Francia. La red no sólo proporcionaba apoyo sino formación teórica y práctica en organización política, agitación, tácticas de lucha clandestina, tránsito de fronteras, falsificación de documentos de identidad, impresión y transporte de propagada, de fondos…

Algunos de ellos se fueron desligando de las posiciones del Partido Comunista «francés». Otros eran viejos combatientes que procedían de las colonias, como la comunista egipcia Didar Fawzy-Rossano, fallecida en 2011. En su autobiografía, titulada Memorias de una militante comunista (1942-1990), Fawzy-Rossano cuenta que fue Curiel quien la incorporó al comunismo en 1942, junto con su entonces marido Osman, que era oficial del ejército egipcio y participó en el golpe militar nasserista. En 1954 Osman fue nombrado agregado militar de la embajada de Egipto en Moscú. Dos años después Fawzy-Rossano se separó de él y se trasladó a París para fundar el grupo Solidaridad. Fue detenida por la policía francesa pero escapó de prisión y en 1960 logró llegar clandestinamente hasta Argel, ciudad en la que creó un ramal del grupo.

El levantamiento de mayo de 1968 fue como si el movimiento anticolonial rebotara en forma de huelgas en la fábricas y barricadas en el mismo centro de París. Causó un empeoramiento de la situación de una organización clandestina como Solidaridad. La reacción francesa necesitaba contener un movimiento de masas que, lo mismo que en los países vecinos (Irlanda, Italia, Alemania, España) se encaminaba hacia la lucha armada a pasos agigantados, una tendencia que requería poner en marcha todos los resortes sucios del Estado burgués.

Empezando por la prensa. Desde 1976 la prensa francesa fue preparando el asesinato de Curiel con una repugnante campaña orquestada por el periodista Georges Suffert desde la revista «Le Point» bajo un titular sonoro: «El jefe de las redes de ayuda a los terroristas». En la prensa intoxicadora de entonces Curiel fue una especie Bin Laden con el agravante del KGB, es decir, con las peores recomendaciones del momento. Naturalmente la red terrorista internacional (Brigadas Rojas, IRA, Fracción del Ejército Rojo) que Curiel dirigía estaba orquestada desde Moscú.

Las campañas de intoxicación siempre van dialecticamente unidas a la guerra sucia y a las actividades paralelas y parapoliciales del Estado burgués. El contraespionaje francés salió de sus cloacas. El 4 de mayo de 1978 unos pistoleros penetraron en la casa de Curiel en Paris y le asesinaron junto al ascensor de tres disparos percutidos a quemarropa.

No fue un caso aislado. Su asesinato forma parte de otros muchos cometidos en la capital francesa siguiendo el mismo estilo provocador, en el que el contraespionaje francés actúa al unísono con matones de países en los que imperan brutales gobiernos fascistas, como es el caso de la España de la transición. Un año después de Curiel asesinaron en el mismo sitio a Martín Eizaguirre y Fernández Cario, militantes del PCE(r) siguiendo el mismo formato: previa campaña de intoxicación de la prensa franquista, en este caso, de Alfredo Semprún y el diario ABC.

A finales de los setenta del pasado siglo París se había convertido en una ratonera para los revolucionarios que se habían instalado allá huyendo de sus países respectivos, creyendo que Francia seguía siendo la cuna de los derechos humanos, un país de asilo y refugio. En un reciente libro René Gallissot lista la cadena de asesinatos políticos cometidos allá entre 1965 y 1996, que suman un total de 60. No me salen las cuentas; creo que son algunos más…

La investigación del asesinato de Curiel sigue siendo secreto de Estado a fecha de hoy. El Estado se tapa a sí mismo, pero no hay nada que tapar. ¿Como asesinar a alguien tan estrechamente vigilado por la policía francesa? La pregunta desvela la respuesta: quien asesinó a Curiel fue la propia policía francesa.

Tras la mentira, el secreto crea una segunda cortina de humo. A partir de él lo que se convierte en una tarea de investigación periodística es la muerte, no la vida. ¿Quién fue Curiel? ¿Qué fue Curiel? Lo explica Fawzy-Rossano en un documental grabado poco antes de su muerte, cuando le define como un «revolucionario profesional».

Esos perros que ni comen ni dejan comer

Insurgente enlaza un artículo de François Vercammen titulado “Lenin y la cuestión del partido” que remite a la publicación digital trotskista “Sin Permiso” la cual, a su vez, lo ha traducido de la LCR belga (1), un grupo trotskista. Por su parte, Vercammen fue un dirigente de la IV Internacional trotskista.

El artículo no es ninguna novedad, ya que se publicó hace 9 años y se puede complementar con otro aún más antiguo sobre el mismo asunto (2) que tiene el mismo origen trotskista en el dúo de publicaciones que forman Inprecor y Sin Permiso. Como bien reconoce Vercammen, el partido fue el “punto débil” de Trotski, que jamás fue capaz de crear ninguno, a lo que hubiera debido añadir que un siglo después sus seguidores padecen esa misma ineptitud, por lo que es conveniente analizar los motivos de ello, que se encuentran en los propios artículos de Vercammen, es decir, en que la concepción trotskista de eso que ellos llaman “el partido” es antipartido, como la experiencia ha demostrado siempre en todas partes.

Pero la cuestión no es esa; no se trata de que los trotskistas no sepan lo que es una vanguardia comunista y, por consiguiente no sean capaces de construir ninguna, sino que se oponen a aquellos que sí las han construido, por lo que en este punto el trotskismo no es otra cosa que antileninismo. Son como esos perros que ni comen ni dejan comer.

Al más puro estilo trotskista, Vercammen manipula el pensamiento y la obra de Lenin, del cual asegura que “nunca formuló una teoría del partido”. Esa es la mejor manera de introducir sus propias tesis de soslayo: se trata de colmar un vacío que Lenin dejó pendiente… para que los trotskistas la completaran.

Lo cierto es que, a diferencia del inútil de Trotski, Lenin sí fue capaz de crear un partido comunista, lo cual no es más que la primera parte del asunto, porque la segunda es aún más interesante: el partido que Lenin creó fue diferente del que había y que todas las demás organizaciones obreras del mundo, agrupadas en la II Internacional, ya conocían de antemano. Por fin, hay una tercera cuestión: nada de eso hubiera sido posible si Lenin no hubiera tenido en su cabeza una noción muy clara de lo que un partido comunista debía ser. Su obra “¿Qué hacer?” así lo demuestra.

Como Vercammen no acepta lo más evidente, tiene que enredar el texto y el contexto de la manera farragosa que acostumbran los trotskistas porque, a fin de cuentas, ellos son mencheviques, es decir, no admiten el partido leninista de nuevo tipo, que tratan de sustituir por el partido de viejo tipo de la socialdemocracia, el partido de masas, que es lo que Lenin critica en el “¿Qué hacer?”

A partir de ahí llegan los ataques -cubiertos y descubiertos- al partido leninista que tantas veces escuchamos en boca tanto del reformismo, como del trotskismo y del anarquismo: si un partido comunista no es de masas lo que hace es sustituir o suplantar a la clase obrera. La concepción leninista del partido de nuevo tipo es un “sistema de sustitución política” de la clase obrera, escribió Trotski hace más de un siglo (3), lo cual está en contradicción con lo que propugnaron Marx y Engels: que la liberación de clase obrera sería obra de la propia clase obrera.

Las consecuencias del leninismo son que la revolución de 1917 no fue tal revolución sino un golpe de Estado que llevaron a cabo los bolcheviques, una ínfima minoría. A eso Vercammen le llama como su maestro Trotski, “sustitucionismo” y sugiere que es una reminiscencia del populismo ruso. Conclusión: Lenin era otro populista ruso del montón. Por lo tanto, Lenin no desarrolla la obra de Marx y Engels sino que es un autor que sigue doctrinas genuinamente rusas, blanquistas dirían algunos.

A su vez, las taras del leninismo nos conducen a la otra genialidad de ciertas corrientes pequeño burguesas: la degeneración burocrática de la URSS tiene su origen en el partido de nuevo tipo, algo que también expresó Trotski muy gráficamente: el partido suplanta a la clase, la dirección suplanta al partido y al final Stalin suplanta al mundo entero. Algunos escriben la historia con este tipo de frases sonoras, tanto más sonoras en cuanto que están vacías de contenido real.

Esas concepciones absurdas aún se pueden enredar y empeorar todo lo que sea necesario: desde 1902 Trotski insultó a Lenin a causa de sus tesis sobre el partido de nuevo tipo: “Lenin quiere ser la traducción en lengua marxista” del jacobinismo, escribió Trotski (3). Eso significaba dos cosas al mismo tiempo: que Lenin era un burgués y que, además, era un burócrata. Sin solución de continuidad, esa imputación la heredó Stalin de Lenin y el Estado soviético la heredó del partido bolchevique, que es la tesis que Vercammen repite un siglo después en su artículo: la raíz de la degeneración burocrática de la URSS estuvo en la creación de un partido leninista jacobino y burocrático, “una organización centralizada y conspirativa, armada con dinamita”, escribió Trotski.

Siguiendo las tesis de Trotski, las corrientes izquierdistas de los años veinte del pasado siglo (consejistas, asamblearios, autogestionarios) concluyeron que, en realidad, la Revolución de 1917 no fue una revolución proletaria sino burguesa, ya que estaba dirigida por burgueses a la manera burguesa, es decir, jacobina, blanquista y populista. La Revolución de 1917 fue lo mismo que la revolución francesa un siglo antes: una minoría burguesa dirigiendo a la gran masa del proletariado, en nombre del proletariado y sustituyendo al proletariado. Si, como escribió Trotski, Lenin era “el dirigente del ala reaccionaria de nuestro partido”, ¿qué otra cosa se podía esperar de un reaccionario como Lenin?

Según la pequeña burguesía, hay otro aspecto del “¿Qué hacer?” que así lo demuestra: la tesis de que la conciencia de clase es exterior al proletariado, que le llega “desde fuera” procedente de intelectuales, o lo que es peor, de burgueses, o de ambas cosas a la vez. ¿No eran burgueses Marx y Engels? ¿No era Lenin otro burgués? No sólo la conciencia es externa al proletariado sino que el partido también lo es. Ahora bien, matiza Vercammen, tras la revolución de 1905 Lenin rectifica el “¿Qué hacer?” y “rehabilita el espontaneísmo”. Así es como los trotskistas se fabrican una historia a su medida, la que necesitan en cada momento.

Cuando en el “¿Qué hacer?” Lenin utiliza esa expresión (“desde fuera”) no hace más que transformar en consciente, en conciencia, es decir, en ciencia, lo que la historia del movimiento obrero de cualquier país del mundo muestra: la conciencia de clase ha penetrado “desde fuera” del propio movimiento obrero. Es más: ha penetrado desde fuera del propio país, desde el extranjero, porque siempre ha existido (existe y existirá en el futuro) una dirección del movimiento obrero que procede de las partes más avanzadas del mismo y se dirige hacia las más atrasadas, y no al revés. Por eso el partido de nuevo tipo ejerce el papel de vanguardia o avanzadilla: porque transmite una experiencia de vanguardia y sus formas de organización a las partes más rezagadas y a los países más rezagados.

Aunque los anarquistas -lo mismo que los trotkistas- rechazan las concepciones leninistas, lo cierto es que en España el movimiento obrero, como tal movimiento de clase, lo inician dos extranjeros como el italiano Giuseppe Fanelli, por los libertarios, y el franco-cubano Pablo Lafargue, por los marxistas. Así ha ocurrido siempre en todo el mundo y sigue ocurriendo en la actualidad: la conciencia de clase, las formas de organización, la ideología y todas las herramientas que el movimiento obrero necesita para alcanzar sus objetivos han procedido (siguen procediendo y seguirán en el futuro) de fuera. Por eso un partido leninista de nuevo tipo no sólo es necesario sino imprescindible para la revolución: porque le aporta al movimiento obrero algo que por sí mismo, por sus propias fuerzas, no puede alcanzar, algo tan importante como esa conciencia de clase que Marx llamó conciencia para sí.

Para aportar al movimiento algo que el movimiento por sí mismo no ofrece hay que ser exactamente una vanguardia, es decir, formar parte del movimiento sin confundirse con el propio movimiento, sin disolverse en él. Una vanguardia no es sólo una organización diferenciada, sino un trabajo diferenciado, una ideología diferenciada y un programa diferenciado. Eso es lo que Marx, Engels y Lenin explicaron de mil maneras diferentes, entre ellas lo que significa hacer algo “por sí mismo” y hacer algo “para sí mismo”. ¿Verdad que cuando hacemos algo para nosotros mismos, lo hacemos también nosotros mismos?

Traducido al lenguaje leninista: la conciencia de clase no procede “desde fuera” de la clase obrera, no procede de intelectuales, ni tampoco de burgueses, sino que se transmite (o se comunica) de los sectores más avanzados del movimiento obrero a los más atrasados. Obviamente para entender eso hay que tener en cuenta aspectos importantes del movimiento obrero: la clase obrera (y sus luchas, y sus experiencias) no tiene carácter local sino internacional. También hay que tener en cuenta que Marx, Engels y Lenin jamás fueron burgueses, sino los primeros espadas del proletariado, quienes crearon y desarrollaron la teoría para que la práctica fuese realmente científica. Para acabar: la vanguardia comunista no sólo no es nada distinto de la clase obrera sino que forma parte de la misma. ¿Qué parte? Exactamente esa: su conciencia.

(1) Lénine et la question du parti. Remarques autour de ‘Que faire’?, marzo de 2005, http://www.lcr-lagauche.be/cm/index.php?option=com_sectionnav&view=article&Itemid=53&id=244
(2) La cuestión del partido o el punto débil de Trotsky, Inprecor, setiembre de 2000, www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/4vercammen.pdf
(3) Trotski, Nuestra tareas políticas, http://www.marxists.org/espanol/trotsky/eis/1904-nuestras-tareas.pdf, pg.54.

Un equívoco histórico acerca de la práctica

Juan Manuel Olarieta
Hasta que Marx y Engels aparecieron en la historia, nada hubo más despreciado entre todos los pensadores anteriores que el trabajo, lo cual no era más que un desprecio clasista hacia los trabajadores, los esclavos y los siervos. Quienes viven de la explotación del trabajo ajeno, es decir, las clases dominantes y los intelectuales a su servicio lo que siempre han apreciado es el ocio y la vagancia. A través de sus intelectuales las clases dominantes siempre han rendido culto a las distintas formas de entretenimiento, de pasar el rato (la caza, el deporte, el arte), entre las que destaca una, la del pensamiento o, expresado en las generosas palabras de Marx y Engels, el «trabajo» intelectual que, dicho sea de paso, no sólo lo conciben como separado sino como enfrentado al manual.

La Biblia maldijo el trabajo como una consecuencia del pecado original («Os ganaréis el pan con el sudor de la frente») que es típica del mundo terrenal, mientras en el celestial nadie da un palo al agua. La Biblia condujo a Adam Smith a definir el trabajo como un sacrificio de la libertad, del descanso y la felicidad. Los trabajadores son despreciados por incultos, es decir, por tratarse de personas no cultivadas, en donde el «cultivo» es el cultivo del intelecto, considerado como la facultad distintiva y suprema del ser humano (animal racional, «Homo sapiens»), a lo que van aprejadas toda una serie de vicios que derivan de la falta de refinamiento, como la grosería y la mala educación.

El pensamiento siempre había girado sobre sí mismo, se trataba de teorías acerca de otras teorías, hasta que Marx y Engels lo sacaron de su ensimismamiento, poniendo a la práctica en el centro y al trabajo como el núcleo de la misma, un replanteamiento del asunto que ha sido la mayor conquista del pensamiento humano desde su mismo origen, una osadía de un alcance inimaginable aún hoy, todo un desafío a la historia que hasta entonces se había conocido y a quienes la habían escrito.

Una obra como «La situación de clase obrera en Inglaterra», escrita por Engels en 1845, es en sí misma revolucionaria no sólo por el asunto que trata, claramente expresado en el título, sino por lo que hoy calificaríamos como «posicionamiento». Marx y Engels toman partido, es decir, adoptan una perspectiva subjetiva y, por lo tanto, distinta que empieza y termina en la práctica, en el trabajo, en las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores. Al mismo tiempo, este punto de vista es el único que acerca a la comprensión de la realidad en sí misma, objetivamente. Sólo a través del punto de vista del trabajo y del trabajador, es posible adquirir una comprensión realmente científica de la historia y de la realidad.

Sólo por este tipo de escritos se puede afirmar que con Marx y Engels acaba una etapa de la humanidad y empieza otra en todas y cada de las múltiples disciplinas del conocimiento humano, empezando por la física y siguiendo por la filosofía, la medicina o la historia porque, como dice Marx en la Tesis número 8 sobre Feuerbach, «la vida social es, en esencia, práctica». No fue un nueva formulación o una formulación distinta de las relaciones entre la teoría y la práctica sino de todo; todo había que ponerlo patas arriba.

El desprecio hacia la práctica condujo a un equívoco histórico acerca de la misma que es necesario aclarar porque llega hasta nuestros días. Los seudomarxistas son quienes mejor han sabido aprovechar a la perfección esa confusión. De ahí el intento de reconvertir a la dialéctica materialista en una filosofía de la praxis y la proliferación actual de una palabra que si antes era desconocida, ahora ha llegado a incorporarse al idioma castellano.

La palabra praxis es griega y sólo se utilizaba en alemán por influencia del idealismo clásico. En los escritos marxistas siempre se tradujo al castellano como práctica, por lo que nunca apareció como tal hasta épocas muy recientes. Parece, pues, que la práctica es lo mismo que la praxis y al revés, que la praxis es lo mismo que la práctica. Pero si nos remontamos a los orígenes de la antigua filosofía griega comprobamos que no es exactamente así y empezamos a entender el significado exacto que la práctica tiene en la dialéctica materialista.

Desde el mismo inicio de su «Ética a Nicómaco» Aristóteles sostiene que el ser humano siempre actúa con el propósito de conseguir alguna finalidad, pero apunta que había «grandes diferencias» entre esas finalidades, separándolas entonces en dos grupos fundamentales. Por un lado están las que forman parte del acto mismo, es decir, que éste es una finalidad en sí mismo. A este tipo de actos Aristóteles los llama praxis. Por el otro están aquellas otras en las que, además del acto, se persiguen los resultados que nacen de él, que son más importantes que el acto mismo. A estas actividades Aristóteles las llama poiesis.

En Aristóteles, pues, la praxis es un fin en sí misma y se puede traducir como comportamiento, especialmente como el trato mutuo entre las personas. De ella forman parte la ética y la política.

La poiesis es algo bien diferente, ya que la actividad es un medio para obtener un resultado. Se puede traducir como creación o producción. De ella forma parte la economía y también la técnica. La mayor parte del uso actual de la palabra «práctica» tiene este sentido, como cuando decimos que algo es muy práctico o que una convocatoria ha sido un éxito: ha logrado cumplir los objetivos previstos.

El desprecio de las clases dominantes hacia la práctica no se ha manifestado históricamente de la misma manera en ambos casos, sino sólo hacia la poiesis hasta el punto de que mientras de la poiesis ha desaparecido hasta la palabra, no ha ocurrido lo mismo con la praxis. La palabra práctica procede de praxis, no de poiesis, por el secular desprecio clasista hacia el trabajo y las actividades manuales productivas.

El idealismo alemán, especialmente Fichte, amalgama los dos términos aristotélicos pero sólo utiliza uno de ellos, el de praxis porque, como buen exponente de la intelectualidad burguesa, sigue despreciando el trabajo manual, del que únicamente aprueba el arte, las profesiones que antes se llamaban «liberales», como la arquitectura o la escultura. Fichte construye la práctica en torno a la praxis, es decir, en torno a una concepción burguesa de la ética, la política y el arte, es decir, del arte por el arte, del arte como un fin en sí mismo.

El planteamiento de Marx y Engels está absolutamente enfrentado a ese tipo de concepciones. Ellos no construyen el concepto de práctica en torno a la praxis sino en torno a la poiesis, es decir, al trabajo. Refundiendo la praxis y la poiesis, en la práctica de Marx los fines adoptan un carácter central aún más trascendente que en Aristóteles: toda la actividad humana es teleológica, a diferencia de la actividad animal. En varias obras, entre ellas «El Capital», Marx diferencia el trabajo de un arquitecto del de una abeja porque el primero previamente diseña los planos. Se trata de un rechazo de la práctica por la práctica, del practicismo ciego. De esta manera es como Marx y Engels abren a la reflexión, entre otros, un universo concreto, terrenal, presidido por las necesidades y los intereses, a los que a veces se califica justamente como «materiales».

También aquí Marx y Engels introdujeron otra diferencia fundamental con el pensamiento de las clases dominantes, presidido por lo que Adam Smith calificó como «riqueza de las naciones» y Galbraith como «sociedad opulenta», es decir, por la abundancia y el derroche. Para el marxismo, el motor de la evolución y de la historia son las necesidades y los necesitados. La práctica no es ciega porque se encamina a satisfacer las necesidades de las personas.

La burguesía califica de reduccionista o economicista el planteamiento de Marx y Engels porque su posición de clase le impide comprenderlo. El intelectual burgués se refiere al trabajo ajeno desde fuera y por eso separa el trabajo de cualquier otra actividad humana. Cree que no todo es trabajo ni que todos sean trabajadores. El trabajador tiene la perspectiva opuesta porque todo lo ve desde dentro, todo lo observa desde el punto de vista del trabajo; toda actividad es trabajo o ausencia del mismo. Por ejemplo, para la burguesía el deporte es ocio porque adopta el punto de vista del espectador, no el del deportista. Entonces, en tanto que espectador, la burguesía se considera a sí misma como neutral y objetiva, mientras que el punto de vista del trabajador -que es el del marxismo- es el del deportista, o sea, el de quien juega el partido. Es un punto de vista a la vez activo, subjetivo y partidista. Por consiguiente el marxismo no lo reduce todo a trabajo sino que todo lo analiza desde el punto de vista del trabajo, incluido el desempleo y el ejercicio de labores intelectuales, que también califica como una forma de trabajo, como trabajo intelectual exactamente.

Toda práctica es trabajo y, por lo tanto, poiesis. La praxis también es poiesis. En el sentido marxista la política, es decir, la lucha de clases, es poiesis en todos los sentidos posibles del término. El «trabajo político» de los marxistas se dirige al logro de un fin determinado, que es la revolución socialista. De ahí que, a diferencia del activismo político burgués, la actividad revolucionaria de los comunistas se oriente con un programa, una estrategia y una línea política. De ahí también que Lenin concibiera al partido comunista como una vanguardia cuya tarea consiste exactamente en dirigir. De ahí que una organización de esas características sea un destacamento de cuadros profesionales, directamente enfrentado a quienes hacen de su activismo un pasatiempos, a los aficionados que se divierten con sus juegos políticos.

El arquitecto no improvisa. Antes de construir tiene el edificio en la cabeza, dice Marx, lo cual es un rasgo específico de la actividad humana, que está mediatizada por la teoría. Lo que une la teoría a la práctica son los planos y los planes. El materialismo de Marx y Engels no es, pues, una teoría, ni tampoco una filosofía de la praxis sino -en todo caso- de la unidad entre la teoría y la praxis. Pero eso no es todo. Además, el marxismo se diferencia por la manera precisa en que la unión entre la teoría y la práctica se articulan dialécticamente en torno a las necesidades y a los intereses. Aunque el marxismo pone a la práctica en un primer plano, no se trata de cualquier clase de práctica, ni de una práctica ciega, sino de la unión entre la teoría y la práctica que se articula justamente en torno a las necesidades y a los intereses.

No es una declaración intenciones; no se trata de que haya que unir la teoría y la práctica, sino de reconocerlo así, porque históricamente la teoría y la práctica han estado unidas y siguen estándolo. Donde no hay una práctica no hay una teoría en el sentido marxista, es decir, de ciencia. Donde no hay una teoría tampoco hay una práctica en el sentido marxista, es decir, revolucionaria. Donde no hay programa no hay teoría ni tampoco práctica. Y así sucesivamente.

Es lo que sucede en España con esos grupos que han huido de la práctica para inventar la teoría, y con esos otros que están en la práctica pero carecen de teoría, o que quieren algo pero no tienen un programa para llevarlo a cabo, o no saben lo que quieren… Todas ellas son ajenas por completo al marxismo.

Es la conocida expresión de Lenin: «Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario posible», que también expuso a la inversa: «Una acertada teoría revolucionaria […] sólo se forma de manera definitiva en estrecha conexión con la experiencia práctica de un movimiento verdaderamente de masas y verdaderamente revolucionario».

Los stalinistas que sacaban petróleo de las piedras

Casi cada párrafo de la última bufonada de Luis Felip López-Espinosa, publicado recientemente por Rebelión (1), me ha divertido, sobre todo cuando enuncia su pretensión de no redactar “el típico manual de marxismo”. Que no se preocupe: su manual no tiene nada que ver con el marxismo. Es una colección de tópicos revisionistas entre los que no podía faltar una alusión al “periodo stalinista” y al caso Lysenko “que entorpecieron el trabajo científico de numerosos intelectuales comunistas” (pg.55). Si en la URSS los intelectuales “comunistas” hubieran sido de la catadura de López-Espinosa no hubieran necesitado ni a Stalin ni a Lysenko: son tan torpes que se entorpecen ellos mismos.

No quiero ni imaginar lo que López-Espinosa entiende por “trabajo científico”, pero es posible que sea ese alpiste indigesto que nos sirven procedente de las universidades anglosajonas, lo mismo que si fuera comida rápida aderezada con tragos Pepsi-Cola light. Según él la ciencia se mantiene “como referente de toda la comunidad científica durante un periodo largo de tiempo” (pg.14). Por eso me siento aliviado cuando López-Espinosa asegura que “el marxismo no es una ciencia, afortunadamente”. Es más, si a eso le llaman ciencia, el marxismo no sólo no es una ciencia sino que está en contra de esa “ciencia” y de “toda la comunidad científica” que López-Espinosa utiliza como “referente”.

También es normal que afirmen que en la URSS no hubo tal chapuza de “ciencia” y que se lancen a largar, como López-Espinosa, lo primero que les viene a la cabeza sobre Lysenko, sin tener ni la más remota idea del asunto. Ni falta que les hace; parece ser que ellos llaman “ciencia” a ese estilo insustancial de escribir. Por eso no puede extrañar que en los países capitalistas la “ciencia” siga degenerando a pasos agigantados y a un desvarío le siga otro, como si se tratara de un concurso de alucinados.

Como cualquier otro movimiento, la ciencia avanza en forma de contradicciones, de polémicas y de debates. Por eso algunas de las obras científicas de Galileo llevan el título de “diálogo” precisamente. Se trata de discusiones que teatralizan un debate, preguntas que exigen respuestas y respuestas que suscitan nuevas preguntas. A lo largo de la historia del pensamiento humano nunca ha existido nada parecido a esa “comunidad científica” que López-Espinosa convierte en “referente” de no se sabe qué. Quizá de que a Giordano Bruno le quemaran en la hoguera, una buena muestra de que junto a esa “comunidad científica” que ejerce de tribunal de la inquisición, están los herejes y las brujas.

Donde no hay una pugna abierta de tesis contrapuestas no hay ciencia. A lo largo del siglo XX donde más progresó (y más rápidamente) la ciencia fue en la URSS, gracias -entre otras cosas- a los debates que se entablaron entre los científicos, algo a lo que no estamos acostumbrados en los países capitalistas, donde la ciencia es un trágala perro cuyo altavoz son esas revistas especializadas tan “prestigiosas” que se editan en Estados Unidos y Gran Bretaña y que sólo en raras ocasiones publicaron los artículos de los científicos soviéticos. En realidad, antes y ahora, no publican más que lo suyo.

Los debates científicos que se entablaron en la URSS fueron censurados porque el mensaje que tienen que inculcar acerca de aquella época es que nadie se atrevía a debatir porque era una dictadura en la que Stalin lo daba ya todo prefabricado. Pero hay algo aún peor que el silencio, la manipulación, y donde los imperialistas no pueden imponer el silencio, sus secuaces revisionistas imponen la manipulación. El ejemplo más evidente es lo que López-Espinosa califica como “caso Lysenko”, que él a su vez tergiversa sin pudor para ocultar lo más básico del “caso”: que el imperialismo orquestó toda una campaña mundial de descrédito en torno a un debate en el que participaron más de 700 científicos (2).

Lo mismo sucedió con la geología. Tres años después del congreso sobre biología se convocó otro sobre geología del petróleo en el que a Nikolai A. Kudriavtsev le tocó el papel de Lysenko para enunciar otra tesis a contrapelo del alpiste anglosajón: el origen abiótico y profundo del petróleo, que choca con las tesis dominantes acerca de su origen fósil. Buscar un artículo de Kudriavtsev que haya sido traducido y publicado por alguna de esas revistas “científicas” es como buscar una aguja en un pajar. No merece la pena esforzarse.

Las tesis de Kudriavtsev no eran tan novedosas. Ya fueron anticipadas a mediados del siglo XIX por el francés Berthelot y el ruso Mendeleiev. Resurgen en la URSS tras la II Guerra Mundial, como cualquier otro avance del pensamiento humano, por una necesidad acuciante: porque el petróleo es una materia prima que, como ya explicó Lenin, tiene un carácter estratégico. Los yacimientos de Bakú presentaban síntomas de agotamiento y los imperialistas pretendieron seguir asfixiando a la URSS, impidiéndole el acceso al petróleo de Oriente Medio.

Como era característico, la URSS movilizó a miles de científicos, no sólo para buscar nuevos pozos sino para replantear todas y cada una de las tesis admitidas en la ciencia acerca de la geología del petróleo. Todo se puso patas arriba: universidades, laboratorios, centros de investigación, expediciones científicas… Fue el proyecto científico más ambicioso de la URSS desde los tiempos del Goelro, el plan leninista de electrificación aprobado en 1920. En poco tiempo se publicaron unos 4.000 artículos, además de libros científicos sobre el petróleo, una campaña de expansión científica que no conoce ninguna clase de precedentes, la mayor y más rapida concentración bibliográfica sobre ciencia… a la que las caciquiles universidades occidentales siguen abolutamente ajenas. Naturalmente. Les basta el trágala perro.

Como en el caso Lysenko, si se examina -aunque sea superficialmente- toda esa gigantesca producción científica, por encima de la cantidad lo que destaca es la diversidad de tesis enfrentadas, las críticas y autocríticas y, en definitiva, la libertad de creación científica. A lo largo de un debate que se prolongó durante 20 años, algunos geólogos admitieron que nunca había habido ninguna revisión crítica similar de la hipótesis dominante sobre el origen fósil del petróleo.

El geólogo comunista I.M.Gubkin, precursor de la minería del petróleo en la URSS, había demostrado que la teoría lleva a la práctica y la práctica a la teoría (3). Las tesis de Kudriavtsev no sólo eran científicamente correctas sino que además dieron los frutos esperados. Hoy en Rusia las prospecciones aciertan en un 60 por ciento de los pozos que perforan, mientras que en Estados Unidos el porcentaje baja a sólo un 10 por ciento. La URSS puso a Rusia a la cabeza de la geología del petróleo. Aún sigue viviendo de los réditos científicos de la época soviética, que la han convertido en la mayor productora mundial de hidrocarburos.

Siguiendo las teorías de Kudriavtsev, en 1981 los soviéticos encontraron petróleo en los sitios más insospechados, a grandes profundidades, como el pozo del Tigre Blanco (Bach Ho), en las costas de Vietnam, a 5 kilómetros de profundidad, donde la Exxon se había quedado con las manos vacías. Aún hoy la empresa que explota el yacimiento utiliza una marca comercial, Vietsovpetro, que con la hoz y el martillo no deja lugar a dudas sobre su origen histórico. Como dice su página web, excavado en roca basal, el Tigre Blanco se ha convertido en un foco de atención para los científicos de todo el mundo (4).

Los mandarines actuales que manejan la “ciencia” y sus circuitos intelectuales van a tener que cambiar a marchas forzadas sus viejos y ridículos prejuicios. Les ha costado medio siglo mantener a la geología con la boca cerrada y ya se empiezan a tirar de los pelos. Por fin en 2003 la Asociación Americana de Geólogos del Petróleo convocó una Conferencia en Londres para discutir la teoría de Kudriavtsev. Lograron aplazar el debate para el año siguiente en Viena y luego lo trasladaron a Calgary (Australia)… En este asunto la “comunidad científica” de López-Espinosa sólo lleva 60 años de retraso respecto a la soviética. El investigador estadounidense F. William Engdahl los ha calificado como “intelectuales fósiles”, y se ha quedado muy corto.

Las tesis de Kudriavtsev no sólo cambiaron la fisonomía de la URSS sino que, teniendo en cuenta el peso del petróleo en las estrategias del imperialismo, pueden cambiar muchas otras cosas en el futuro. Si se mantienen en el silencio quizá sea porque no interesa que esas cosas cambien, que todo siga igual.

Mientras tanto la CNN califica de “disidentes” a los científicos que siguen las tesis de Kudriavtsev, al más puro estilo de la guerra fría en un artículo cuya lectura no tiene desperdicio (5). En fin, seguimos como en los más tenebrosos momentos de la Edad Media. A un lado está “toda la comunidad científica” y en el opuesto los herejes, los disidentes y todos los demás que -como Stalin, Lysenko y Kudriavtsev- dedican sus esfuerzos a entorpecer a los anteriores. Pero gracias a esta brujería petroquímica en Vietnam extraen 280.000 barriles diarios de petróleo, literalmente de las piedras. Un verdadero akelarre.

(1) Ser social y conciencia política, Rebelión, 25 de marzo de 2014, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=182448
(2) Lysenko. La teoría materialista de la evolución, http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/trip/lysenko.html
(3) S.I.Mironov: I.M.Gubkin. An example of the close association of the scientific creative with the practical, en Petroleum Geology: A digest of russian literature on Petroleum Geology, 1959, vol. 3, núm. 4A. pgs. 209 y stes.
(4) Vietsovpetro, http://www.vietsov.com.vn/Pages/introduction_en.aspx
(5) Oil Without End? Revisionists say oil isn’t a fossil fuel. That could mean there’s lots more of it, 17 de febrero de 2003, http://money.cnn.com/magazines/fortune/fortune_archive/2003/02/17/337289/

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