La web más censurada en internet

Autor: Juan Manuel Olarieta (página 11 de 60)

Guerra, imperialismo, fascismo y capital monopolista: hoy como en 1933

Las guerras se han definido de muchas maneras porque, en efecto, tienen muchos rostros diferentes. En 1936 el general del Cuerpo de Marines Smedley J. Butler dio una que no es muy conocida en un libro titulado “La guerra es un pelotazo” (The War Is a Racket). Quizá si no hubiera negocios no habría tantas guerras y por ello los pacifistas deberían oponerse un poco más a los beneficios económicos que algunos obtienen con ellas.

Las armas y las guerras son hoy un sector económico con una parte pública, los presupuestos del Estado, y otra privada, las empresas armamentistas, es decir, que son un modelo de capitalismo monopolista de Estado, consolidado tras la Segunda Guerra Mundial en lo que Eisenhower llamó en 1960 “complejo militar industrial”.

La hegemonía mundial del imperialismo estadounidense se logró -entre otras cosas- gracias a dicho “complejo” y a la “ayuda” prestada para la reconstrucción de una Europa que en 1945 había quedado devastada por la guerra.

El formato legislativo de aquella “ayuda” fue el préstamo y arriendo, que permitía un doble negocio: alquilar mercancías a Estados Unidos con préstamos concedidos por Estados Unidos. Durante décadas fue un mecanismo de sumisión comercial y financiera que ahora se traslada a Ucrania. Por ejemplo, la URSS, que se acogió a los préstamos y arriendos de Estados Unidos, nunca pudo devolver el dinero prestado; Rusia heredó las deudas y no las acabó de pagar hasta 2006. Estados Unidos no perdonó ni un céntimo a nadie.

Si Ucrania, que es un Estado paria desde hace muchos años, sobrevive total o parcialmente a esta guerra, jamás podrá pagar sus deudas a Estados Unidos. Ni en otros 61 años que transcurran. Siempre dependerá de la “ayuda internacional”, de los préstamos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras sanguijuelas parecidas. Si no quiere que sus amos le cierren el grifo del dinero, siempre tendrá que hacer lo que le digan sus amos de Washington.

La ley de préstamo y arriendo no es, pues, otra cosa que un pelotazo a gran escala cuyos beneficios irán a parar a las grandes empresas armamentistas de Estados Unidos. El libro de Butler (1) se inspiró en un intento de Golpe de Estado que ensayaron esas grandes empresas y otras contra el Presidente Roosvelt en 1933. Los grandes capitalistas fracasaron entonces, pero su modelo de negocio se impuso definitivamente después de Pearl Harbour.

Es un modelo que Eisenhower calificó de “influencia total”, tanto económica, como política y espiritual que dejó su impronta con la Guerra Fría y el terror subyacente a la mera exhibición de armas nucleares, de fuerza y capacidad de destrucción. La estructura misma de nuestra sociedad, dijo Eisenhower, está configurada por el armamento, el militarismo y la amenaza de guerra.

El cuadro social y político del militarismo no quedaría completo sin tener en cuenta al fascismo, y no porque Ucrania lo haya puesto encima de la mesa ahora, sino porque en los años treinta el fascismo ya estaba en el candelero en Italia, en Alemania y… en Estados Unidos. El Golpe de Estado que intentó Wall Street contra Roosvelt trató de imponer un régimen fascista. En cualquier lugar del mundo, el imperialismo y la guerra no se pueden entender sin el fascismo.

Los grandes capitalistas nunca se ensucian las manos por sí mismos. En el golpe de 1933 (llamado “complot de los negocios” y también “de Wall Street”), la carne de cañón que utilizaron fue una organización fascista de veteranos que había combatido en la Primera Guerra Mundial, un modelo exactamente igual al de Italia y Alemania. Los golpistas ofrecieron al general Butler encabezar el derrocamiento de Roosvelt, a lo que él se opuso.

El Congreso creó una comisión de investigación, que tapó el asunto, y lo mismo hizo la prensa, encabezada por el New York Times, que se burló de Butler, calificando su denuncia como un “gigantesco engaño”. Nunca hubo nada de lo que denunció. Los nombres de los millonarios implicados en la intentona se borraron del informe final del Congreso. No puede haber fascismo, ni en Estados Unidos ni en Ucrania, porque sus cómplices siempre mantienen la boca cerrada. La versión oficial no puede digerir que los tiburones de Wall Street organizaran y financiaran un Golpe de Estado fascista en la Meca de la democracia.

“Los Camisas Grises de Nueva York se organizaron para eliminar a los ‘profesores universitarios comunistas’ del sistema educativo de la nación, y los Camisas Blancas, con sede en Tennessee, llevaban una cruz cruzada y agitaban la toma de Washington. JP Morgan Jr, uno de los hombres más ricos del país, había conseguido un préstamo de 100 millones de dólares para el gobierno de Mussolini. Se negó desafiantemente a pagar el impuesto sobre la renta e imploró a sus compañeros que se unieran a él para socavar a FDR”, o sea, a Roosvelt, recordaba recientemente The Guardian (2).

Las historietas con la que nos entretienen los farsantes que lloriquean con el fantoche de la “extrema derecha” tampoco pueden digerir el hilo conductor del Golpe de Estado de 1933 con la crisis capitalista de 1929. La guerra, el imperialismo, el fascismo y el capital monopolista son los términos de la misma ecuación, tanto si hablamos de Alemania en 1933, como de Ucrania en 2022.

(1) https://books.google.es/books?id=trl4DwAAQBAJ
(2) https://www.theguardian.com/commentisfree/2022/jan/11/trump-fdr-roosevelt-coup-attempt-1930s

La proliferación de los Estados macarras

Un Estado macarra es poco más que una base militar de Estados Unidos en cualquier enclave del mundo, aunque puede aparecer como un país independiente, e incluso pertenecer a la ONU. No debe su existencia a sí mismo sino al interés de Estados Unidos por disfrutar de una plataforma logística en ciertas regiones.

El prototipo de Estado macarra apareció en 1948 con la creación de Israel, una isla rodeada de poblaciones árabes y de pozos de petróleo que vigila y patrulla Oriente Medio. Es un fortín de altas murallas que, a su vez, ha levantado más murallas en torno a los palestinos, primero expulsados y luego vilipendiados de forma permanente.

Zelensky se refería a eso cuando dijo que Ucrania sería un nuevo Israel dentro de Europa, un dolor de cabeza permanente para Rusia, un comprador compulsivo de armas con un régimen de apartheid para los “prorrusos” y los “rusófonos”, es decir, para los ucranianos de segunda categoría.

Al año siguiente de Israel nació Taiwán, otro oasis de “democracia” enfrentado la “China roja” que sobrevive gracias a la presencia permanente en sus costas de la III Flota, los portaviones y los bombarderos estratégicos. Estados Unidos no podía haber encontrado un mejor pretexto que Taiwán para tener un polvorín a las puertas de la República Popular de China.

Afganistán estuvo a punto de ser un Estado macarra. Cuando Estados Unidos no tiene oasis ni fortines que defender, los fabrica a la medida, como Kosovo tras la agresión militar y el desmantelamiento de Yugoslavia, un enclave que posteriormente fue vendido, como Las Vegas, al crimen organizado y que necesitará siempre de la ayuda exterior, de financiación para poder comprar armas y de la presencia de “fuerzas de mantenimiento de la paz” por la hostilidad de sus vecinos.

Kurdistán es otro caso de Estado en proceso de fabricación a golpe de bayoneta. Para ello Estados Unidos tuvo que invadir Irak y luego Siria, pero es poco más que una base militar con cárcel incluida, aunque algunos la consideran como el modelo más perfecto de sociedad autogestionaria “made in USA”, rodeada de alambre de espino.

Dentro de poco habrá que localizar esos microestados con lupa en un mapa, como Liechtenstein, o Mónaco, o San Marino, o el Vaticano. Un recorrido turístico por un Estado macarra lo único que permitirá ver será un tanque, o un lanzallamas. Son los nuevos caballos de Troya, dedicados a incordiar a los países del Eje del Mal, demonizados por permanentes campañas de intoxicación mediática en las que se revuelcan como gorrinos los oportunistas, tanto si son bobos como si son bonobos.

Los países pobres destruyen las vacunas caducadas que les envían los ricos

En la imagen, una apisonadora destruye las vacunas caducadas que han enviado los países más “generosos” a los más “necesitados”. No es otra cosa que un reflejo de la absurda sociedad capitalista que padecemos.

Los países ricos han gastado tanto dinero en vacunas, que después de esforzarse por inyectar el mayor número de dosis posibles a sus ciudadanos, les siguen sobrando, las almacenan, se olvidan de ellas, caducan y se las regalan al primero que pasa para demostrar su buen corazón. Entra dentro de un capítulo de los presupuestos públicos que se llama “ayuda al desarrollo” o algo parecido.

Es una “ayuda” que te puede matar, o por lo menos intoxicar, salvo que la OMS o algún tertuliano decrete que también las vacunas caducadas son buenas para la salud. No es importante, porque en ciertos países olvidados un muerto más casi ni se nota. Lo realmente dramático es que se hubiera muerto alguien sin vacunar. Las ONG no perdonarían eso y retorcerían nuestra conciencia con carteles en las paradas del autobús.

Lo que no caduca nunca son los beneficios de las grandes farmacéuticas, que han hecho su agosto y les da lo mismo lo que hagas con los fármacos. Al principio de la campaña de inyecciones decían que las vacunas de Pfizer debían conservarse a 70 grados bajo cero, pero como nadie tiene neveras para eso, me temo que más de uno se ha metido en vena una dosis en muy mal estado, aunque se ha sentido muy aliviado porque algo debe entrar en el torrente sanguíneo para saciar el miedo.

La época que vivimos nos hace víctimas propiciatorias de un ridículo meticulosamente organizado y financiado. Enviamos sobras a otros países sólo porque satisface nuestra angustia por un breve instante. No importa que luego esos excedentes no se puedan almacenar, ni distribuir en el país de destino. El caso es enviarlo, sacarlo de nuestra vista.

Con los fármacos pasa como con cualquier otra mercancía. El fabricante fija una fecha de caducidad lo más corta posible porque es otra manera de ampliar el mercado de ventas. Si un producto caduca, hay que comprar otro… pero sólo si eres rubio de ojos azules.

Comienza la criminalización de los movimientos antifascistas en Europa

El 30 de marzo el gobierno francés aprobó un decreto prohibiendo el Grupo Antifascista de Lyon y Alrededores (GALE). En plena campaña electoral, se trata de un muy mal presagio, toda una señal de que corren malos tiempos para los restos de libertades públicas aún vigentes. El proceso de fascistización de los Estados europeos no puede ser más evidente: mientras apoyan a los nazis ucranianos, persiguen a los antifascistas en sus propios países.

Unas semanas antes de disolver el GALE, el ministro del Interior francés, Gérald Darmanin, inició un procedimiento de disolución contra un medio de comunicación alternativo, “Nantes Révoltée”, que tiene más de 300.000 seguidores en las redes sociales.

Por si eso no bastara, el gobierno ha disuelto el GALE en un contexto de violencia creciente de las hordas fascistas de Lyon. Históricamente esa ciudad ha sido el laboratorio de los fascistas franceses, un bastión de los movimientos más reaccionarios y racistas. Los repetidos ataques contra la librería autogestionaria “La Plume Noire” son un ejemplo.

Los fascistas tienen carta blanca. Han provocado 14 agresiones violentas en Lyon que no han dado lugar a ninguna persecución policial ni judicial, a pesar de las denuncias presentadas ante la fiscalía.

La disolución del GALE es una novedad en Francia. Es la primera vez en varias décadas que un gobierno decide disolver un colectivo antifascista. También es la primera vez  que la prohibición administrativa de una organización política y social se basa exclusivamente en la “ley contra el separatismo”, aprobada originalmente tras las manifestaciones fascistas de 1934 en Francia. Desde entonces ha sido modificada por la “ley contra el separatismo”, que amplía su ámbito de aplicación para incluir los actos violentos contra la propiedad privada y las personas.

En otras palabras, Francia prohíbe una organización antifascista con leyes aprobadas contra los fascistas.

En estas cinco páginas se enumeran los distintos hechos de los que se acusa al GALE y que, para el Gobierno, justifican la disolución. La presunta participación en acciones violentas durante las manifestaciones y los mensajes catalogados como “de odio” en las redes sociales contra las fuerzas del orden y la extrema derecha se enumeran así en orden cronológico. En general, no son más que consignas clásicas del movimiento antifascista, contra la institución policial, la extrema derecha y toda forma de discriminación.

El decreto del gobierno francés enumera unos fundamentos trucados y manipulados. Acusa al GALE de “convocar manifestaciones armadas en la calle o actos violentos contra personas o bienes”. Dice que los días 4 y 5 de febrero de 2017, el GALE organizó una cadena de protestas contra una conferencia del Frente Nacional, durante el cual se cometieron daños contra las inmobiliarias y los bancos.

Sin embargo, las movilizaciones antifascistas no fueron convocadas por el GALE, sino por diversos colectivos y sindicatos. El miembro designado por el gobierno como “jefe” del GALE no participó en ellas, ya que se encontraba fuera de Lyon.

El gobierno francés se siente más cercano a los nazis ucranianos que a sus propios antifascistas. Lo que se condena en Europa es la lucha contra el fascismo, la defensa de la clase obrera y de la cultura progresista. “Nunca dejaremos que esto ocurra. Para nosotros es una batalla más contra lo que denunciamos, la fascistización de la sociedad”, dicen los miembros del GALE.

La criminalización de los movimientos antifascistas en Europa es un aviso para navegantes. “Somos los primeros afectados por esta medida. Como activistas, también es nuestro deber llegar hasta el final por los próximos afectados, porque está claro que puede afectar a mucha gente”, apunta el GALE.

El colectivo se creó en 2013 tras el asesinato del antifascista francés Clément Méric y la instalación en Lyon de fascistas y racistas de la peor calaña.

Alemania está a las puertas de la recesión económica

El año pasado la economía alemana, antes la “locomotora de Europa”, quedó sacudida por las distorsiones en los mercados mundiales y las perturbaciones logísticas. Lo atribuyeron a la pandemia y dijeron, como en España, que este año el crecimiento económico sería espectacular.

Ahora la Guerra de Ucrania ha vuelto a mover el tablero y ya se admite a regañadientes que hay una recesión a las puertas. Todos los indicadores económicos han bajado. El Bundesbank calcula un descenso del 1,1 por cien trimestral en el primer trimestre de este año.

A causa de las presiones de Estados Unidos, los puntos fuertes de la economía alemana se están convirtiendo en desventajas. Los “prorrusos” empiezan a proliferar cada vez más en Alemania. Han caído en la cuenta de que la Guerra de Ucrania no va contra Rusia sino contra Alemania.

¿Qué precio está dispuesta a pagar Alemania por seguir los dictados de Estados Unidos?, ¿y por cuánto tiempo? Alemania podría enfrentarse a su peor crisis económica en casi 80 años si las importaciones rusas de petróleo y gas se detienen o se interrumpen a largo plazo, ha dicho Martin Brudermüller, director del monopolio alemán BASF, uno de los mayores consumidores de electricidad del país.

Un estudio ha calculado que el cese de las importaciones de gas ruso, compensado en parte por otros países, reduciría el PIB entre un 0,5 por cien y un 3 por cien. A la fuerza ahorcan. Alemania no puede y Rusia no quiere cortar el flujo del gas.

Desde el punto de vista económico, Europa oriental es el patio de trasero de Alemania y, en particular, el grupo de los llamados países CE4 (República Checa, Eslovaquia, Hungría y Polonia). Las importaciones procedentes de Europa oriental representan el 6,1 por cien del PIB alemán, frente al 2,5 por cien en Italia y menos del 2 por cien en Francia y España. Las inversiones alemanas en esos países ascienden a casi 100.000 millones de euros, frente a sólo unos 40.000 millones de euros en el caso de Francia. La producción industrial alemana depende del comercio con los países limítrofes a la zona de guerra. El caso del sector del automóvil es emblemático. Hasta ahora, algunos cables eran suministrados casi en su totalidad por empresas situadas en Ucrania. También en este caso, no hay sustitución posible.

La subida de los precios es en Alemania como en el resto de Europa. En un mes los precios de la energía de todo tipo han subido casi un 20 por cien, elevando la tasa de inflación anual a cerca del 7,5 por cien en un año. Los salarios pierden poder adquisitivo, empeorando las condiciones de vida de los trabajadores, lo que no puede durar mucho tiempo.

Como en España, el gobierno alemán quiere amortiguar la subida de los precios de la energía con una medidas fiscales que suponen el 0,8 por cien del PIB. Déficit a cambio de inflación. No sería un mal trueque de no ser por los gigantescos presupuestos militares que amenazan con acabar con 30 años de política económica y fiscal que siempre fue calificada de modélica.

Ya nadie se acuerda del Tratado de Maastricht, cuando la deuda no podía superar el 60 por cien del PIB y el déficit el 3 por del PIB.

La economía alemana depende de las exportaciones y, si los mercados mundiales no se estabilizan, lo van a pasar muy mal. Alemania puede aguantar una recesión, pero no por mucho tiempo.

Sanciones, dependencia y hegemonía: el laberinto de la guerra económica

Al mercenario Antonio García Ferreras, un conspicuo altavoz de la OTAN, se le ha ido de la boca su cínica sonrisa. Con las sanciones económicas a Rusia se las prometía muy felices sólo hace unos días, pero ahora su discurso se ha tornado sombrío: “Le estamos financiando la guerra a Rusia”, ha dicho. Entonces, ¿para qué han servido las sanciones?

Los embargos, bloqueos y sanciones son uno de los instrumentos de la hegemonía del imperialismo. No sanciona quien quiere sino quien puede. Sanciona quien tiene el poder para hacerlo, o sea, Estados Unidos. Los demás sancinadores, como los países europeos, son coadyuvantes que tratan de provocar el máximo daño posible. No puede sancionar quien no controla los resortes fundamentales de los mercados internacionales.

Se trata de medidas de guerra tanto más eficaces cuanto mayor es la dependencia del país sancionado, es decir, su sumisión económica y política a las potencias centrales. Los países que, como Rusia, vienen adoptando medidas para escapar de la dependencia externa de esas potencias, son difíciles de castigar. En estos casos, los sancionadores acaban disparándose en su propio pie, y eso no ocurre por gusto sino porque toma decisiones bajo presión.

La Unión Europea no puede imponer sanciones a Rusia porque Rusia es relativamente independiente de la Unión Europea desde el punto de vista económico y, sobre todo, estratégico. Más bien ocurre al revés: Bruselas depende de Rusia para el suministro de materias primas estratégicas, como los hidrocarburos. “Sin el gas ruso una parte de la economía europea se paralizaría”, ha reconocido el cabecilla de Total, Patrick Pouyanné, en una entrevista a la cadena de televisión RTL (*).

Al mismo tiempo, Bruselas tiene que acompañar a Estados Unidos en su campaña contra Rusia porque forman parte del núcleo fundamental de la OTAN. No obstante, esa “solidaridad atlántica” tiene mucho de retórica. En muy distintas cantidades, Rusia suministra gas a Alemania, Italia, Bulgaria, Serbia, Dinamarca, Finlandia y Polonia. En el caso de Austria la dependencia del gas ruso es del 100 por cien. Otros países, como España, están mucho menos expuestos.

Los planes europeos para desvincularse de Rusia son, pues, como el cuento de la lechera. La Comisión Europea ha creado un grupo de trabajo con Estados Unidos, que se ha comprometido a suministrar a Europa 15.000 millones de metros cúbicos adicionales de gas natural licuado este año. Lo que no han explicado son los precios a los que van a vender ese gas.

Por su parte, Alemania ha prometido que prescindirá del carbón ruso en otoño y de su petróleo a finales de año. Sin embargo, no puede hacer lo mismo con el gas, que representa el 55 por cien de sus importaciones de gas y el 13,2 por cien de su combinación energética antes de la guerra. Según Berlín, sólo será posible deshacerse del gas ruso “casi por completo” para mediados de 2024.

La viabilidad de tan buenas intenciones también las ha explicado el cabecilla de Total: “Sé cómo sustituir el petróleo y el gasóleo rusos, pero no sé cómo sustituir el gas. Si decido dejar de importar gas ruso, no sé cómo sustituirlo, no tengo nada disponible. Tengo contratos de 25 años y no sé cómo salir de esos contratos”. Tendría que pagar miles de millones de dólares en indemnizaciones por la cancelación de los contratos.

Si Bruselas está pensado en el gas licuado de Estados Unidos o Qatar, lo tiene crudo porque no hay suficientes cantidades en el mercado, ni terminales de almacenamiento, ni capacidad de licuefacción.

Rusia tiene un carácter estratégico para los monopolios europeos de la energía. Una empresa de moda, como Zara, puede marcharse de Rusia, pero una energética, como Total, no puede ni soñar con ello. “No voy a hacerlo, hemos invertido casi 13.000 millones de dólares en fábricas, no es una cuestión de dinero, esas fábricas van a seguir funcionando, tanto si me voy como si no. Retirarse supone entregar esos 13.000 millones a los rusos, a cambio de cero porque nadie puede comprarlos. ¿Quiere que renuncie a mis activos en Rusia para enriquecer a los rusos que han sido sancionados?”

¿Se puede hablar más claro?

(*) https://www.latribune.fr/entreprises-finance/industrie/energie-environnement/guerre-en-ukraine-totalenergies-ne-peut-se-passer-du-gaz-russe-l-europe-en-quete-de-sanctions-alternatives-906764.html

Rusia está más lejos de la quiebra que España

El jueves el capital financiero internacional contuvo el aliento y pasó la jornada pegado al móvil. ¿Pagaría Rusia el primer vencimiento de los intereses de la deuda externa después de las sanciones?

No es posible decir si los especuladores querían que Rusia pagara o que no pagara. Lo cierto es que las sanciones se impusieron para que no pudiera pagar y, sin embargo pagó, por lo que las sanciones han vuelto a fracasar, demostrando que son medidas impuestas de cara a la galería y a los medios de comunicación.

La preocupación era ridícula porque la cuantía del pago era de 120 millones de dólares, una cifra insignificante que no justifica la alarma. No se trataba, pues, de una cuestión económica sino de saber si Rusia quiere pagar sus deudas aunque se lo pongan difícil.

Las deudas de Rusia son como el gas: a pesar de las sanciones, el Kremlin sigue bombeando gas a Europa porque quien no puede prescindir de ello es Europa.

Como es costumbre, los medios presentan la cuestión al revés y los becarios de Ignacio Escolar aseguran que Rusia “va hacia el abismo” (*). Estas pandillas de descerebrados creen que las sanciones impiden pedir préstamos, pero en ningún caso devolver su importe. También creen que el impago, en caso de producirse, no afecta al acreedor, el capital financiero internacional, que lleva décadas en quiebra técnica.

La deuda externa rusa es una parte insignificante del PIB, del orden del 20 por cien, mientras que la española es del 220 por cien, una cifra nunca antes registrada: 2,4 billones de euros. Rusia debe menos de la cuarta parte de esa cantidad y, además, dispone de una gigantesca cantidad de reservas deoro y divisas acumuladas por el banco central en los últimos años.

Por lo tanto, Rusia no está en quiebra y ha aprobado drásticas medidas para impedir la fuga de capitales, que se suman a las que adoptaron en 2014 tras otro paquete de sanciones.

Si Rusia no pagara, no sería porque estuviera en quiebra sino por represalias, que pueden agudizar la crisis finaciera internacional. El 3 de marzo el banco central bloqueó el pago de intereses a los titulares de bonos rusos denominados en rublos para los inversores extranjeros.

Dos dias después el Kremlin aprobó un decreto para pagar en rublos los títulos de deuda rusos denominados en divisas a un tipo de cambio determinado por el banco central. Esta decisión, aplicable a los especuladores de los países calificados como “inamistosos”, reduce sus expectativas de beneficios considerablemente. Dado el desplome del rublo en los mercados internacionales, no podrán cambiar sus rublos por otras divisas sin sufrir grandes pérdidas.

Los bonos rusos emitidos desde 2018 prevén el reembolso en rublos en caso de que Rusia no pueda pagar en dólares por razones ajenas a su voluntad. Sin embargo, técnicamente devolver las deudas en rublos equivale a un impago, aunque eso es muy discutible.

El monto de la deuda pública rusa es sólo una parte, a la que hay que añadir la deuda privada. En total, ambas alcanzan 79.000 millones de dólares. Es posible que el gobierno ruso dificulte el pago de dichas deudas, contraídas por los grandes gigantes monopolistas, como Gazprom. Ante dicha evenualidad, las agencias de calificación han rebajado el etiquetado de los bonos de ambos, es decir, tanto del Estado como de las empresas privadas, a la altura de la basura.

Es más de lo mismo. Ante una deuda el moroso tiene un problema y el acreedor tiene otra. Sin embargo, las agencias de calificación no han rebajado la condición de los fondos buitre que han invertido en deuda rusa y no saben si van a recuperar su inversión. Tampoco dicen nada de los bancos extranjeros que tienen sucursales en Rusia, ni de las aseguradoras que garantizan a los especuladores frente al impago.

Estamos hablando de unos 120.000 millones de dólares en activos rusos, aunque la contabilidad oficial de los buitres es un chiste. Es posible que haya cantidades mucho más importantes en dinero negro. En 1998 el impago de Rusia provocó el colapso del fondo Long-Term Capital Management, lo que obligó a la Fed a intervenir para evitar un colapso generalizado.

Cualquiera que sea la cifra, las agencias no han rebajado la calificación de la banca internacional, aunque su cotización en las bolsas internacionales ha caído. Si Rusia aprieta, veremos más rescates de los bancos.

(*) https://www.eldiario.es/economia/rusia-abismo-impago-deuda-dolares-sanciones-internacionales_1_8835021.html

Ucrania: ¿por qué lo llaman ‘nacionalismo’ cuando quieren decir fascismo?

Cuando Putin emitió el mesaje previo al ataque por televisión, en el que negaba a Ucrania como nación y decía que era una creación de los bolcheviques, artificiosa se podría decir, el New York Times salió en defensa de… los bolcheviques: Ucrania es una nación.

Las guerras tienen estas cosas y en medio de los bombardeos mediáticos los conceptos se difuminan porque estamos ante “la continuación de la política por otros medios”. Pero ocurre que algunos tampoco saben de qué política están hablando cuando se refieren al “nacionalismo ucraniano” para referirse al fascismo. Lo mismo que España, Ucrania tampoco es un Estado fascista.

Para eludir cualquier compromiso con la verdad, las peroratas se llenan de esos adjetivos sacados de las facultades de ciencias políticas. En Ucrania no hay fascismo sino “extrema derecha”, o quizá “ultranacionalistas”, que son una minoría… Son los recursos típicos de los charlatanes, tan en boga ahora mismo.

En Ucrania las organizaciones que se califican a sí mismas como “nacionalistas” surgen en los años veinte de la misma manera que todos los demás grupos fascistas: como una tropa de choque contra el movimiento obrero y contra la URSS. La OUN (Organización de Nacionalistas Ucranianos) no se funda en el interior de Ucrania sino en Praga y basta leer sus estatutos para encontrar términos como “caudillo” (vozhd).

Lenin tenía plena razón cuando sostuvo que Ucrania era una nación y que, como tal, tenía derecho a la autodeterminación. Como tantos otros países de centroeuropa, Ucrania consiguió su independencia gracias a la Revolución de Octubre. Los campesinos ucranianos combatieron en las filas del Ejército Rojo en la guerra civil y tras la victoria de 1919 pusieron fin a la “carcel de pueblos” que había sido el zarismo.

Al formarse la URSS, Ucrania se incorporó. Entonces era un país agrario muy atrasado, el terreno propicio para la colectivización agraria, previa a los planes quinquenales. Contra ella se levantaron los “kulaks”, los campesinos más acomodados que se pasaron a las filas de la reacción y el sabotaje. Muchos de ellos huyeron fuera de la URSS, creando organizaciones claramente fascistas como la OUN.

En tiempos de la URSS, a pesar de que ciertos sectores políticos han acusado al partido bolchevique de “rusificación”, Ucrania fue tratada con la más exquisita de las deferencias. Los planes quinquenales invirtieron cuantiosas sumas de dinero para industrializar al país, cuyas fronteras no cesaron de extenderse hacia regiones, como Crimea o Besarabia, que jamás tuvieron nada que ver con Ucrania.

El proceso culminó en 1945 cuando Ucrania se sentó con voz propia entre los países fundadores de la ONU. Se lo merecía porque fue uno de los territorios en los que la guerra mundial causó más estragos.

Bajo el III Reich los “nacionalistas” ucranianos pusieron de manifiesto su verdadera naturaleza política al inventar un estado títere y reclutar tropas para combatir contra el Ejército Rojo y ejecutar operaciones de castigo contra la guerrilla antifascista. Aquellos “nacionalistas” tan condecorados hoy procedieron a una limpieza étnica, asesinando masivamente a numerosas poblaciones. Por ejemplo, las matanzas entre los polacos se calculan entre 40.000 y 60.00 personas, y si el gobierno de Varsovia ahora necesita olvidarse de ellas, aún están calientes en la conciencia de las masas.

Los vínculos entre los nazis alemanes y los “nacionalistas” ucranianos son anteriores a la guerra. En 1933 dos dirigentes de la OUN, Yevhen Konovalets y Richard Yari, iniciaron las negociaciones con la Gestapo. Ese mismo año Stepan Bandera fue nombrado jefe de la zona occidental de la OUN en Berlín y al año siguiente se convirtió en agente de la Gestapo. Casi todos los dirigentes “nacionalistas” ucranianos, como Yari y Bandera, eran miembros de la Abwehr, la inteligencia militar del III Reich.

A partir de 1933 la OGPU soviética inició una caza implacable por Europa para localizar y ejecutar a los dirigentes de la OUN. En 1938 voló por lo aires con explosivos a Konovalets en Rotterdam.

Mark PaslawskyEn 1941 los nazis entregaron 2,5 millones de marcos a sus colegas ucranianos de la OUN, que crearon la Legión Ucraniana, compuesta por los batallones Nachtigall y Roland, una fuerza de choque de la Wehrmacht que capturó Lvov el 29 de junio, proclamando la “independencia” de Ucrania al día siguiente. Con ella llegaron los pogromos y las matanzas. En abril de 1943 se inició la limpieza étnica de Galicia para exterminar a los polacos, entre otras poblaciones.

Algunos creen que el “nacionalismo” consiste en venderse al mejor postor, así que cuando en 1945 tras el III Reich llegó Estados Unidos, comenzaron las diversas operaciones de sabotaje contra la URSS que ya hemos referido aquí en entradas anteriores.

Pero el falso nacionalismo ucraniano no sólo se retrata en sus organizaciones, sino también en sus personajes, del cual el más conocido es Stepan Bandera. Otros como Mykola Lebed no lo son tanto, a pesar de haber sido condenado a muerte en Polonia en 1934 por el asesinato del ministro del Interior, Bronislaw Pieracki.

En 1945 la CIA refugió a Lebed en Estados Unidos, donde murió en 1998, aunque la fecha no se conoce con exactitud porque su expediente sigue siendo confidencial. Pero de Lebed hablaré en otra ocasión. Ahora me conformaré con decir que un sobrino de Lebed, Mark Paslawsky, alias “Franko”, que aparece en la foto anexa, murió en 2014 cerca de Donetsk combatiendo contra las milicias del Donbas.

¿Les suena eso de “Franko”? La historia dibuja estos círculos curiosos, como un rizo que empieza y acaba en el mismo sitio.

Rusia tiene razón

La guerra de Ucrania no comenzó la semana pasada y la historia tampoco. Cualquiera se puede remontar en el tiempo hasta donde sea preciso para comprender que desde hace un siglo las relaciones internacionales están marcadas por los imperialistas con un único objetivo: acabar con la URSS y luego con Rusia.

También puede echar un vistazo a lo que ocurrió con Yugoslavia en los años noventa para comprobar que los imperialistas, capitaneados por Estados Unidos y su brazo armado, la OTAN, quieren destruir la configuración misma de los Estados de Europa central y oriental, para crear otros en su lugar, al estilo de Kosovo, plenamente sometidos a sus dictados.

En tiempos de Clinton, la secretaria de Estado, Madelaine Allbright, dijo que Rusia era un país demasiando grande para que se lo quedaran los rusos. Resumía así los planes imperialistas hacia Rusia: crear otro reino de taifas, estados minifundistas empobrecidos, mafiosos y fácilmente manejables. Como Ucrania, sin ir más lejos, que ha sido certeramente calificado como una “colonia” del siglo XXI.

Rusia tiene razón, lucha por su superviviencia y ejerce su derecho a la legítima defensa frente a Estados Unidos y la OTAN. El artículo 51 de la Carta de la ONU reconoce ese derecho a todos los países, porque en el mundo real nadie pone la otra mejilla. “Si vis pacem, para bellum” (No hay mejor defensa que el ataque), reza un principio básico de la guerra, que va acompañado de otro, no menos bueno: “Quien da primero, da dos veces”.

A los imperialistas nunca les ha bastado la liquidación de la URSS, que siempre consideraron como un primer paso. La Guerra Fría no fue sólo una pugna ideológica, sino política y militar. No acabó en 1991. Tampoco acabó con el desmantelamiento del Pacto de Varsovia, ni con la creación de una red de estados clientelares que antes pertenecieron a la URSS, ni con la instalación en ellos de bases militares preparadas para destruir a Rusia.

No es ninguna casualidad que cuando la OTAN emprendió la guerra contra Yugoslavia, al frente estuviera un criminal de guerra, como Javier Solana, dirigente y antiguo ministro del PSOE, y que ahora al frente de las relaciones internacionales de la Unión Europea esté Josep Borrell, con el mismo historial que el el anterior.

Desde hace un siglo, en las guerras que el imperialismo ha desatado en Europa, la socialdemocracia siempre ha jugado el mismo papel, y a su sombra se mueven una retahíla de oportunistas de todos los colores, unidos por su fidelidad a las agresiones y las guerras.

Para justificar su complicidad con el imperialismo, los oportunistas crean cortinas de humo con las víctimas que van a llevar al cadalso: Slobodan Milosevic, Muamar El-Gadafi, Saddam Hussein, Bashar Al-Assad, Vladimir Putin… Con ellos agotan el repertorio de descalificaciones, que son siempre las mismas. La gama de jefes de Estado a eliminar va desde sicópatas hasta dictadores. Las víctimas forman un prototipo de mandatarios que no existe entre sus verdugos.

Pero la Guerra de los Balcanes no tuvo nada que ver con Milosevic, con que si era un burgués o un revolucionario, un demócrata o un autócrata. La de Libia no tuvo nada que ver con Gadafi, con que si había sido elegido en las urnas o no, con que si respetaba los derechos humanos o no. Lo mismo cabe decir de los demás. ¿Aún no se han enterado? Los imperialistas no atacan a ciertos países para mejorar la calidad de sus dirigentes políticos.

Otra cortina de humo: la de los falsos pacifistas y los equidistantes, que ponen a ambos bandos en la misma balanza, mezclan a los agresores con los agredidos para sembrar la confusión. Todos son malvados. Todos son igualmente malvados. Ninguno se guía por buenas intenciones, ni deseos piadosos.

Es un craso error. Cuando un país, como Rusia, está siendo agredido desde hace tres décadas en muy diversos escenarios y por fuerzas hegemónicas, a los gobiernos sólo les cabe exigir que hagan frente a esos ataques y los revolucionarios de verdad deberían ponerse al frente de esa batalla.

En una guerra no hay neutrales. Quien se mantiene al margen está con el más fuerte, con el agresor y con el imperialista. El orden internacional creado en 1945 por la Carta de la ONU se estableció para acabar con el fascismo y con los Estados fascistas como Ucrania, para impedir que se convirtieran en plataformas de guerra contra sus vecinos. Rusia no ha desatado una guerra sino que está tratando de impedirla. Lleva haciéndolo desde 1917 porque ha sido la víctima propiciatoria de toda clase de guerras, desde la guerra civil en los años veinte del siglo pasado, hasta la Segunda Guerra Mundial, que no fue otra cosa que un intento de acabar con la Unión Soviética.

En una guerra hay que tener la cara muy dura para hacer pasar a la víctima por el verdugo.

Los nazis viajaron de Ucrania a Canadá en 1945 con un billete de regreso

Actualmente Canadá tiene 900 soldados de tierra, mar y aire en apoyo de la provocación de la OTAN en Ucrania. Es una provocación sobre otra de una país que no es otra cosa que un triste comparsa de Estados Unidos.

900 soldados no aportan absolutamente nada, lo mismo que las declaraciones de los ministros del gobierno, como la encargada de Defensa, Anita Anand, que llegó a suelo ucraniano el 30 de enero y, tras reunirse con los mandos de la operación canadiense Unify, dijo en una rueda de prensa: “La información que utilizamos coincide con la de nuestros aliados de la OTAN en que -y es bien sabido- hay una agresión rusa en la frontera ucraniana en Bielorrusia”.

“Nuestras fuerzas armadas se han desplazado al oeste del río Dnieper, y seguiremos tomando todas las precauciones necesarias para garantizar su seguridad”. Es una declaración de guerra innecesaria y puramente retórica, destinada a la galería y a las primeras planas.

La agresividad verbal tiene, sin embargo, una pequeña explicación, que debe empezar por presentar al Primer Ministro, Justin Trudeau, que es uno de esos políticos posmodernos que sólo sirven de figurín para las cámaras de televisión y las listas electorales.

¿Quién corta el bacalao en el gobierno canadiense?

Quien corta el bacalao en el gobierno es la vicepresidenta, Chrystia Freeland, portavoz de un poderoso grupo de presión de petroleros y nazis ucranianos. Procede de una familia de ucranianos refugiados en Canadá al finalizar la Segunda Guerra Mundial por su complicidad con el III Reich (1).

En los años ochenta Freeland estudió en Ucrania, cayendo bajo el radar del KGB desde su llegada (2). Era algo más que una agitadora nazi. Organizaba manifestaciones y concentraciones para atraer el apoyo occidental. Entregó dinero en efectivo, equipos de grabación de vídeo y audio, e incluso un ordenador personal a sus contactos sobre el terreno.

También comenzó su carrera periodística en Kiev como corresponsal del Financial Times, el Washington Post y The Economist. De 1999 a 2001 fue subdirectora del Globe and Mail de Toronto. Pasó de ser una furibunda antisoviética a un furibunda antirrusa y así comenzó su carrera política.

De noviembre de 2015 a enero de 2017, ocupó el cargo de ministra de Comercio Internacional, supervisando las negociaciones del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Desde enero de 2017 hasta noviembre de 2019, fue ministra de Asuntos Exteriores y dirigió la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte entre Canadá, México y Estados Unidos.

En noviembre de 2019 fue nombrada viceprimera ministra de Canadá y ministra de Asuntos Intergubernamentales, encargándose durante la pandemia de dirigir las histéricas restricciones sanitarias. En 2018 gestionó el encarcelamiento de Meng Wanzhou, la subdirectora de la empresa china Huawei, a petición de Estados Unidos. Hizo todo lo que pudo para impedir cualquier acuerdo negociado con Huawei o con China.

El cabildo petrolero canadiense

Ahora Freeland está al mando de las operaciones militares de Canadá en Ucrania. Desde 2014 el gobierno de Ottawa ha entregado 700 millones de dólares canadienses en ayuda militar al gobierno de Kiev y acaba de aprobar otros 120 millones porque Ucrania es un pozo sin fondo.

Es posible que Canadá tenga la mayor comunidad ucraniana fuera de Ucrania, pero eso no lo explica todo. Detrás está el cabildo petrolero. Lo mismo que Estados Unidos, Canadá quiere abrir el mercado europeo al gas licuado. Ya existe un proyecto, la Iniciativa de los Tres Mares, para mejorar las infraestructuras para acoger el gas natural licuado estadounidense en doce países de Europa del este.

Para el cabildo petrolero canadiense, el gas ruso es la competencia. El proyecto Quebec LNG de exportación de gas natural de Alberta, licuado en Saguenay, a 200 kilómetros al norte de Quebec, tenía como mercado a Alemania. Se ha firmado un acuerdo no vinculante con la empresa belga Fluxys, un holding de infraestructuras de transporte de gas natural con sede en Bruselas, para construir una terminal en Hamburgo.

El proyecto se archivó por el bajo precio del gas natural, pero ahora está subiendo y el abandono del Nord Stream II podría crear las condiciones idóneas para su reactivación.

Además, Canadá ha firmado una asociación energética con Alemania para el transporte de gas a través de un nuevo gasoducto que pasará por Quebec hasta una planta de licuefacción en Nueva Escocia. El proyecto Goldboro LNG, de 13.000 millones de dólares canadienses, desarrollado por Pieridae Energy, es comparable al proyecto Saguenay LNG, ya que ambos transportan una cantidad similar de gas natural.

Ambos proyectos forman parte de un plan de transición ecológica para evitar que Alemania y otros países europeos recurran a la energía nuclear.

El abuelo nazi de Freeland

El abuelo materno de Freeland, Mijailo Chomiak, fue un colaborador de los nazis desde el principio de la invasión de la URSS en 1941. El ejército alemán le dio un cargo, dinero, vivienda y un vehículo en Cracovia, entonces capital de la administración alemana de la región de Galicia. Su principal trabajo era el de redactor jefe de “Krakivsti Visti”, el periódico más importante en lengua ucraniana bajo la ocupación. Su imprenta había sido robada a un editor judío, que fue asesinado en el campo de concentración de Belzec.

El periódico fue robado por la Wehrmacht y supervisado por la inteligencia militar. Chomiak fue contratado por un oficial alemán llamado Emil Gassner, responsable de prensa en la región. La publicación de Chomiak tenía carácter oficial en la administración alemana en Galicia.

Tras la contraofensiva del Ejército Rojo, Gassner se trasladó de Cracovia a Viena y se llevó a Chomiak con él para seguir difundiendo propaganda nazi, al tiempo que informaba a los alemanes sobre otros ucranianos, entre ellos Stepan Bandera.

Justo antes de que Viena cayera en manos del Ejército Rojo en marzo de 1945, Chomiak fue evacuado con el ejército alemán a Alemania, terminando cerca de Munich, en Bad Worishofen. El 2 de septiembre de 1946 nació la madre de Freeland en un balneario en el que se habían refugiado los últimos combatientes de la Wehrmacht. El ejército estadounidense controlaba entonces esa parte de Alemania.

La inteligencia militar creó una unidad de adiestramiento en Bad Worishofen, para reclutar a europeos del este, incluyendo lituanos, ucranianos, polacos y otros que habían estado luchando contra el Ejército Rojo en las filas nazis, entre ellos Chomiak, a cambio de permitirle la entrada en Canadá en 1948. Eran las primeras fases de la Operación Paperclip.

Si Ucrania celebra la presencia de Freeland en el gobierno de Canadá, no ocurre lo mismo con Polonia, que ha abierto una investigación sobre Chomiak, que no sólo apoyó las matanzas de los judíos gallegos, sino también las de los polacos de Cracovia. Para tener todos los datos sería necesario que Estados Unidos abriera los expedientes confidenciales sobre el reclutamiento de los nazis para la Guerra Fría.

En una ocasión a Trudeau le correspondió visitar Polonia en compañía de Freeland y, cumpliendo los deberes rituales de su cargo, tuvo que viajar al campo de concentración de Auschwitz. Las fotos le muestran emocionado y llorando. Pero estaba solo. No aparece Freeland. Quizá no se desplazó hasta allá, o no lloró. Su abuelo había trabajado apenas a 80 kilómetros del campo, aplaudiendo y jaleando a los asesinos.

Ucrania es un gobierno de nazis que a los nazis les gusta visitar. Así cierra la historia su circunferencia. Cuando algunos creían que aquello no volvería a suceder, los herederos de los nazis se pasean por sus viejos dominios con nuevos ropajes y nuevas palabras sobre democracia y derechos humanos… y vuelta a la guerra contra Rusia.

(1) http://johnhelmer.org/victim-or-aggressor-chrystia-freelands-family-record-for-nazi-war-profiteering-and-murder-of-the-cracow-jews/
(2) http://www.theglobeandmail.com/world/article-kgb-archives-show-how-chrystia-freeland-drew-the-ire-and-respect-of/

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies