A principios de mayo el ejército sueco preparó las maniobras militares “Aurauro 26” en Väddö, al norte de Estocolmo, que movilizó a 18.000 soldados de 13 países distintos. El objetivo era entrenarse en los funerales masivos que se celebrarán en la próxima guerra. Por eso a la cabeza estaban un centenar de acólitos de la Iglesia Evangélica Luterana con 500 bolsas de cadáveres que fueron transportadas por un convoy militar desde las costas del Mar Báltico, cada una pesada y emitiendo un olor a cadáver.
De la manera más realista posible, cada bolsa contenía los restos de un soldado caído en combate. Una pequeña etiqueta al final de una cadena indicaba la identidad del fallecido. En grandes carpas blancas, los acólitos de la iglesia registraban los nombres. Luego, contactaban con la Agencia Tributaria sueca, responsable del registro civil. También debían informar a las embajadas de los países aliados cuyos soldados se encontraban entre las víctimas, así como al Comité Internacional de la Cruz Roja en Ginebra, en el caso de que los muertos fueran combatientes enemigos.
Las funerarias suecas acatan las recomendaciones de la Iglesia luterana que, además de las ceremonias fúnebres, haya suficiente suelo para el entierro del 5 por cien de la población de cada parroquia. Necesitan ampliar los cementerios.
En Gotemburgo, la segunda ciudad más grande del país, las funerarias han comprado 40.000 metros cuadrados de terreno para albergar 30.000 entierros. La adquisición se sumaría a los 60.000 metros cuadrados ya requeridos para los entierros habituales.
En colaboración con el Ayuntamiento, las funerarias de Gotemburgo han identificado una gran parcela que podría albergar uno de los cementerios más grandes del país. Sin embargo, el tiempo necesario para las consultas previas al inicio del proyecto y la duración de las obras retrasarán su apertura al menos diez años. Por eso Suecia necesita que el inicio de la guerra se aplace hasta que tengan tumbas suficientes para enterrar a sus muertos.
Suecia no improvisa. En la Segunda Guerra Mundial se declararon neutrales, pero eso se acabó. En 2024 entraron en la OTAN para dejar claro su alineamiento. Tienen un ministerio de “defensa civil” que ha distribuido entre la población millones de manuales de instrucciones sobre la manera de sobrevivir a una guerra.
Cada año, Suecia organiza la “Beredskapsveckan”, una semana dedicada a que la población se prepare para “emergencias civiles”, aunque en esos casos, como es bien sabido, el principio fundamental es “sálvese quien pueda”.