Ayer el Ministerio de Defensa japonés solicitó un presupuesto récord de 55.000 millones de euros, haciendo hincapié en la inteligencia artificial para agilizar la toma de decisiones en un entorno de guerra y rearme en el Océano Pacífico. Sin embargo, el presupuesto final del ministerio, para el año fiscal que comienza en abril del año que viene, podría alcanzar los 62.000 millones de yenes.
Esto se produce mientras Tokio emprende un rearme gigantesco, como no se conocía desde el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el ejército japonés invadió Manchuria y buena parte de Asia oriental.
La solicitud presupuestaria se justifica para combatir las “nuevas formas de guerra”, como la inteligencia artificial, los drones y los misiles de largo alcance. El Ministerio de Defensa espera implementar un sistema de apoyo a la toma de decisiones basado en inteligencia artificial y también busca adquirir drones de bajo coste capaces de operar conjuntamente con misiles de largo alcance para atacar objetivos.
El Ministerio también planea desarrollar misiles hipersónicos lanzados desde plataformas submarinas y crear una nueva unidad dedicada a fortalecer la “guerra cognitiva”, una fuerza creciente que busca moldear la opinión pública mediante campañas de intoxicación y operaciones de influencia.
Con esta solicitud presupuestaria para el año fiscal que comienza en abril del año que viene, Japón continúa sus esfuerzos para amenazar a Rusia, a China y a Corea del norte. El país se está alejando gradualmente de su postura tradicional, que limitaba el ejército a la autodefensa.
La financiación solicitada por el Ministerio de Defensa de Japón supera ligeramente el récord anterior de 54.500 millones de euros presentado para el año fiscal actual, que finaliza en marzo del año que viene.
A mediados de agosto la visita de Putin a las islas Kuriles levantó una ola inusitada de indignación en Tokio, que las llama Territorios del Norte y considera como “parte inherente” de su territorio.
La disputa por las islas Kuriles se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Ejército Rojo soviético ocupó el archipiélago en 1945, en los últimos compases del conflicto en el Pacífico. Rusia y Japón nunca firmaron un tratado de paz que pusiera fin formalmente a las hostilidades, precisamente por este contencioso territorial, que dura ya ocho décadas.