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Día: 31 de enero de 2025 (página 1 de 1)

Lo que sabemos de Gladio en España

El 20 de noviembre de 1990 se publicaba en El País una entrevista al ex-presidente Calvo Sotelo sobre la Red Gladio donde afirmaba que «No tengo noticia de que existiera aquí nada parecido y, sin duda, la hubiera tenido si existiera.» Ese día se cumplía un año del asesinato del diputado de Herri Batasuna Josu Muguruza por parte de un comando fascista. Entre los acusados estaban el falangista Ricardo Sáenz de Ynestrillas (que fue absuelto en el juicio, era hijo del comandante implicado en la Operación Galaxia) y el policía nacional Ángel Duce que fue condenado a 99 años y murió en un extraño accidente de tráfico durante un permiso penitenciario.

El caso Gladio estallaba en Europa en 1990 (con la URSS descomponiéndose) a raíz de unas polémicas declaraciones del entonces presidente italiano Giulio Andreotti donde aseguraba que, tras la Segunda Guerra Mundial, se habían entrenado a comandos fascistas para atacar al Ejército Rojo en caso de una invasión de Europa. El Ejército Rojo no invadió Europa (algo que ni siquiera estaba entre sus planes). En cambio, lo que sí es cierto es que Gladio no se enfrentó en ningún momento al Ejército Rojo, sino a los partidos comunistas europeos, líderes sindicalistas, estudiantiles, etc.

España, caso aparte

La investigación más seria la ha realizado el suizo Daniele Ganser en su libro Los ejércitos secretos de la OTAN. La exhaustividad con la que investiga los casos de Italia, Francia, Alemania, Bélgica y el resto de la órbita europea choca con la realidad española, donde el autor no ha podido dedicar el mismo énfasis que en el resto de países. ¿España no tuvo su Gladio? ¿Fuimos un caso aparte?

En noviembre de 1990, se publicaba en el diario del P. Comunista belga una entrevista al ex-agente belga de Gladio André Moyen donde muestra su sorpresa por la falta de investigación en España, porque sabía que los servicios secretos españoles habían jugado “un rol central en el reclutamiento de agentes de Gladio”. Se remontaba a 1948 cuando fue enviado a Las Palmas de Gran Canaria para investigar un fraude sobre combustible entre Bélgica y el Congo (entonces, colonia belga). Esta red “había enriquecido a ciertas autoridades españolas muy bien colocadas, y descubrimos además un gran tráfico de drogas.”. Franco, al enterarse de esta red de tráfico de drogas y fraude, envía a dos agentes del Segundo Bis (la sección de contrainformación del Alto Estado Mayor): “Ellos eran hombres muy informados que me ayudaron enormemente. […] Hablamos de muchas cosas, y me mostraron que estaban muy al tanto de Gladio”. El cuartel de Gladio en Maspalomas (Las Palmas de Gran Canaria) fue también confirmado por el coronel italiano Alberto Volo que relató sus visitas en los años sesenta y setenta. En la misma localidad se encontraba una estación de SIGINT.

En la misma entrevista a Calvo Sotelo, el ex-presidente afirma que “el mismo gobierno era Gladio”. Cuando le preguntaron al que era su ministro de Defensa- Alberto Oliart- respondió «la pregunta era pueril, pues en España, Gladio era el gobierno mismo”. Afirmaciones que ahondan en la idea de que la democracia española eliminó al Gladio. Nada más lejos de la realidad.

Tal vez, la mejor definición de lo que fue el Gladio en España la da el jefe de los Guerrilleros de Cristo Rey Mariano Sánchez Covisa a una periodista de RTVE: “A la muerte de Franco, la Policía y el Ejército no tenían fuerzas para hacerse con el control de la situación. Así que nosotros nos dedicábamos a hacer aquello que la Policía no podía hacer. Si nos enterábamos de que iba a haber una reunión en una iglesia, llamábamos diciendo que habíamos puesto una bomba y la reunión no se hacía. Si nos enterábamos de que iba a haber una manifestación y la Policía no se podía encargar, aparecíamos nosotros para ayudar…” Es decir, Gladio es consustancial a la democracia española y, junto con Italia, tal vez sea el caso más flagrante y a la vez, el menos investigado.

La inteligencia española y los nazis exiliados en España

Tras la derrota de los nazis por los soviéticos en Berlín, el único país de Europa en el que sobrevivió el fascismo fue España. El “asunto España” por el que los soviéticos pidieron llevar a los tribunales de Nüremberg a los criminales de guerra españoles fue echado por tierra por británicos y estadounidenses. El miedo de los nazis a caer frente a un tribunal era tal que llegaban a situaciones desesperadas como el del nazi belga León Degrelle: aterrizando de emergencia en un avión Heinkel en la playa de la Concha (Donosti) tras atravesar la frontera francesa. España se convertía en un santuario espiritual para todos los nazis que huían.

El caso más famoso fue el del piloto de Hitler Otto Skorzeny que se refugió en España y pudo hacer no sólo una vida cómoda, sino que se convirtió en un personaje de la farándula además de acumular un patrimonio económico increíble con la construcción en la Costa del Sol. Skorzeny fue asesor de seguridad del espionaje español. Gracias a su posición gozó de todo tipo de prebendas.

Tras el golpe de Valerio Borghese (que también se exilió en España) de 1970 en Italia, el diario español Pueblo entrevista a Skorzeny en su lujosa casa del distrito Aravaca-Moncloa en la que afirma que “cada vez que el gobierno italiano tiene problemas, se acuerdan de mí”. Según el investigador Daniel Ganser, el mercenario italiano Stefano Delle Chiaie llega a España de la mano de Skorzeny. Delle Chiaie fue protegido del SECED (el primer servicio de inteligencia español) creado por Carrero Blanco.

Todas las investigaciones al respecto parecen coincidir en un punto: las primeras acciones de “inteligencia” en España se dan a finales de los años 60 y comienzos de los 70. ¿Los objetivos? El movimiento armado vasco (ETA) y el naciente movimiento estudiantil en Madrid y Barcelona. De acuerdo con el investigador italiano de Gladio Pietro Cedomi, el SECED estableció contactos con el Gladio español para aplastar estas protestas estudiantes. Es decir, los pistoleros salían de las organizaciones fascistas que la inteligencia española protegía y alimentaba.

Aparecen los primeros aparatos “antisubversivos” como la Organización “CONDE” (llamada así por el apelativo que se le ponía al comandante José San Martín, quien organizó la infiltración en las organizaciones estudiantiles y de izquierdas y quien además fue uno de los organizadores del golpe del 23-F), después la Organización Contrasubersiva Nacional que derivó en el SECED, luego el CESID y, por último, el actual CNI.

De la mano de estas organizaciones nacerían los Guerrilleros de Cristo Rey del mercenario Sánchez-Covisa (con profundas relaciones con los mercenarios italianos afincados en Madrid), Fuerza Nueva de Blas Piñar (de donde salió otra gran camada de mercenarios), Defensa Universitaria, etc.

Los servicios de inteligencia españoles nacen de la represión a los antifascistas.

 

Fuente

Daniel Ganser. Los ejércitos secretos de la OTAN.

Alfredo Grimaldos. La CIA en España.

Mariano Sánchez-Soler. Los hijos del 20-N.

Juan María de Peñaranda. Los servicios secretos de Carrero.

El gobierno británico va a reforzar la ley antiterrorista

En julio del año pasado se produjo un apuñalamiento contra varias niñas en un estudio de danza en Southport, en Reino Unido. Tres de ellas murieron y otras 10 personas, ocho de las cuales también eran niñas, resultaron heridas. El gobierno laborista de Londres quiere aprovechar la conmoción para “reformar” la ley antiterrorista (1).

En un vídeo que publica el periódico The Sun, el primer ministro Keir Starmer afirma que “nos enfrentamos a una nueva y grave amenaza”, que requiere una “definición ampliada” de terrorismo (2). Hay que tomar nota porque Starmer procede de la fiscalía. Su tarea ha sido encarcelar. En Reino Unido, como en otros países, siempre ocurre lo mismo: a medida que el terrorismo va a menos, la represión va a más.

En el colmo del ridículo, con su nueva ley Starmer quiere dificultar la compra de cuchillos. “Sigue siendo sorprendentemente fácil para nuestros niños conseguir cuchillos letales. Las lecciones de este caso no podrían ser más claras […] La tecnología está ahí para establecer controles de verificación de edad, incluso para los cuchillos de cocina que se compran por internet”.

Acabarán por exigir permisos para tener destornilladores, navajas y cortauñas en casa, como si fueran armas de fuego.

La censura no podía faltar en estas campañas repesivas. “Con sólo unos pocos clics, las personas pueden ver un vídeo tras otro, vídeos que en algunos casos nunca se eliminan. No me pueden decir que el material que este individuo vio antes de cometer estos asesinatos debería ser accesible o estar en las principales plataformas de redes sociales”, dice el periódico The Guardian.

El primer ministro Starmer confiesa en su declaración que “demasiadas personas están cayendo en las grietas de nuestra sociedad”, lo cual significa más vigilancia y un control más estricto, que tiene que empezar con un lavado de cerebro a los niños.

“Eso significa preguntas difíciles sobre cómo proteger a nuestros niños de la oleada de vídeos violentos en línea”, dice Starmer, sumándose a lo que ha dicho Pedro Sánchez en el Foro de Davos: hay que acabar con el anonimato en internet. La Ley de Seguridad en Internet, que entra en vigor en marzo, silenciará cualquier información crítica al respecto con el pretexto de que nadie debería ver ciertos vídeos.

La ley antiterrorista buscará “ampliar la definición de terrorismo” para incluir las “nuevas amenazas”, que siempre son peores que las anteriores. “El terrorismo ha cambiado. En el pasado, la principal amenaza eran grupos altamente organizados, con una clara intención política. Grupos como Al Qaeda y el IRA […] Pero ahora, junto con eso, también tenemos que protegernos de la violencia extrema perpetrada por solitarios e inadaptados, una cohorte creciente de hombres jóvenes que pueden acceder a todo tipo de material enfermizo en línea”, dice Starmer.

El objetivo es hacer que el término “terrorismo” sea aún más difuso extrayéndolo de las ideologías políticas o religiosas. En una declaración al Parlamento, la ministra del Interior, Yvette Cooper, dijo que, dado el creciente número de casos en los que los perpetradores buscan aterrorizar, incluso sin una ideología clara, debemos asegurarnos de que las leyes sean lo suficientemente fuertes para hacerles frente.

En Reino Unido la ficción de un “terrorismo sin ideología” surgió durante la pandemia, con las primeras protestas contra el confinamiento y las vacunas. Los políticos y la prensa sensacionalista hablan de una ausencia de ideología para referirse a quienes protestan, pero no son capaces de definirse políticamente, ni tampoco pueden ser encasilladas dentro de ningún cliché policial característico, lo que en España llaman “tribus urbanas”.

Es un reflejo de la legislación europea del año pasado, que introdujo una definición imprecisa sobre supuestos “terroristas potenciales” (3). Hay que capturarlos preventivamente, antes de que sean realmente terroristas (4). Es un cajón de sastre en el cabe de todo. Cualquiera que tenga un motivo de queja es un “terrorista en potencia” precisamente porque no es capaz de analizar la raíz del problema con cierto detalle.

Luego los medios de comunicación, las redes sociales, los “expertos”, los tertulianos y los charlatanes de todos los pelajes multiplican la confusión. Como confiesa The Guardian, la consecuencia es que el “aumento de la violencia en línea hace que declarar un incidente terrorista sea más difícil que nunca” (5).

El terrorismo siempre fue un pretexto para endurecer la represión politica. Nadie ha sido capaz nunca de definir lo que están castigando. Nadie sabe a quién están enviando a la cárcel, que es lo más interesante porque, en efecto, cualquiera puede acabar en la cárcel condenado por terrorismo, como ya está ocurriendo en España.

(1) https://www.theguardian.com/uk-news/2025/jan/21/uk-ministers-pledge-overhaul-terror-laws-southport-murders
(2) https://www.thesun.co.uk/news/32933490/keir-starmer-southport-murders/
(3) https://www.statewatch.org/news/2024/october/eu-definition-of-potential-terrorists-opens-door-to-broad-information-sharing/
(4) https://mpr21.info/minority-report5-como-detener-los/
(5) https://www.theguardian.com/uk-news/2025/jan/21/the-surge-in-online-violence-makes-declaring-a-terrorist-incident-more-difficult-than-ever

Cuando el plato se vacía, las calles se llenan

En las bulliciosas callejuelas de Lagos, en el corazón de los coloridos mercados de Abiyán o en las congestionadas avenidas de Nairobi, la ira está latente. Una ira apagada, luego ruidosa, que ahora estalla abiertamente. Cada vez son más los ciudadanos que salen a las calles blandiendo carteles y planteando reivindicaciones contra unas élites que se consideran sordas a su angustia. En el fondo: una crisis económica implacable. A medida que el costo de la vida se dispara y el poder adquisitivo se desploma, se extiende un sentimiento compartido: el de sentirse abandonado.

Esta crisis, que algunos economistas ahora llaman “la economía del descontento”, refleja un profundo malestar. El Fondo Monetario Internacional (FMI) incluso ha intervenido, mencionando un “aumento del malestar social” en sus últimas previsiones para el África subsahariana. Detrás de estos términos susurrados, un continente lucha por mantener su equilibrio, atrapado en el vicio de las fuerzas económicas mundiales y las fallas internas.

Mercados paralizados por el aumento de los precios

El mercado de Makola en Accra es como una escena que se repite en todo el continente. Aquí los puestos están siempre llenos, pero los clientes son pocos. El precio del maíz, un alimento básico en muchas regiones, se ha duplicado en dos años. “Antes, podía comprar lo suficiente para alimentar a mi familia durante una semana. Hoy no aguanto ni tres días”, dice Ama, vendedora de verduras. Su situación no tiene nada de excepcional. En todas partes, la espiral inflacionaria ha puesto de rodillas a millones de hogares.

La causa es una serie de crisis que se han sucedido sin dar tiempo a las economías locales a respirar. Tras el impacto de la pandemia, la Guerra de Ucrania interrumpió las cadenas de suministro mundiales, haciendo subir los precios del combustible, los fertilizantes y los alimentos. Los países africanos, que importan masivamente estos productos, han visto sus facturas dispararse. “No es sólo una crisis económica, es una crisis existencial”, dice un economista de Nairobi.

La situación se agrava aún más por la depreciación de las monedas locales frente al dólar. El cedi ghanés, por ejemplo, perdió casi el 40 por cien de su valor en 2022, lo que aumentó el costo de las importaciones. Resultado: una población atrapada entre ingresos estancados y precios en aumento.

La calle como escenario de la ira popular

Cuando el plato está vacío, la calle se llena. Y los carteles hablan con franqueza: “Tenemos hambre”, “La vida es demasiado cara”, “¿Dónde está el Estado?” Lemas sencillos pero contundentes que resumen la frustración colectiva. En Nigeria, el fin de los subsidios a los combustibles en 2023 ha provocado una ola de protestas. Desde los sindicatos hasta las asociaciones de estudiantes, todos los componentes de la sociedad han unido sus fuerzas.

Kenia, por su parte, no se queda atrás. La promesa del presidente William Ruto de una “economía de abajo hacia arriba” para aliviar la carga de los más pobres, se ha topado con una realidad muy diferente: aumentos de impuestos, recortes presupuestarios e inflación galopante. Las protestas de julio de 2023, organizadas bajo la consigna de “Lunes de Maandamano” [Lunes de Protesta], paralizaron el país. En las redes sociales circulan en bucle vídeos de enfrentamientos entre manifestantes y policías, avivando la ira popular.

Pero en estos movimientos no sólo hay descontento económico. Detrás de la protesta surge una desconfianza generalizada hacia las élites. La corrupción, las desigualdades flagrantes y la falta de respuestas estructurales están alimentando una división entre quienes gobiernan y quienes son gobernados. “No somos pobres porque no hay dinero en este país. “Somos pobres porque nos roban”, dice un manifestante en Nairobi, entre dos ráfagas de gases lacrimógenos.

Entre la represión y los parches temporales

Ante esta marea creciente, los gobiernos están reaccionando, aunque a menudo de manera torpe. Las fuerzas del orden se despliegan periódicamente para sofocar las protestas. En Zimbabwe las protestas contra el aumento de los precios del combustible han sido reprimidas con una brutalidad escalofriante. Detenciones arbitrarias, cortes de internet y discursos incendiarios de dirigentes demuestran un temor palpable entre los gobiernos ante el auge de los movimientos sociales.

Otros prefieren medidas más simbólicas. En Costa de Marfil, el presidente Alassane Ouattara anunció una serie de medidas destinadas a aliviar las tensiones: aumento de los salarios de los funcionarios, limitación de los precios de los productos de primera necesidad y ayuda específica para los hogares más pobres. Pero estas políticas, a menudo improvisadas, difícilmente logran satisfacer la magnitud de las necesidades. “Son como vendajes en una herida abierta”, afirma un analista político basado en Dakar.

La verdadera respuesta, la que nos permitiría tranquilizar los ánimos a largo plazo, sigue estando fuera de nuestro alcance: una reforma estructural de las economías africanas. Una menor dependencia de las importaciones, un mayor apoyo a la agricultura local y una lucha seria contra la corrupción serían algunas de las vías a explorar. Pero eso requiere coraje político. Y tiempo. Mucho tiempo.

Un continente en un punto de inflexión

La “economía del descontento” no es sólo un síntoma de crisis. También es una señal de alarma. Las protestas actuales, aunque motivadas por causas económicas, reflejan una demanda más amplia: la de una sociedad más justa y más equitativa. “No se trata sólo de dinero. Es una cuestión de dignidad”, resume un joven militante ghanés.

Si se gestionan mal, estas crisis podrían provocar una inestabilidad crónica y frenar el desarrollo de un continente lleno de promesas. Pero, por el contrario, también podrían ser una oportunidad para repensar los modelos económicos y sociales. La ira, si se escucha, puede convertirse en una fuerza de cambio.

Por ahora, sin embargo, África se tambalea. Entre una juventud decidida a hacerse oír y unos dirigentes a menudo desbordados, la brecha parece ampliarse. La única certeza es que el status quo ya no es sostenible. El continente se encuentra en un punto de inflexión, y la forma en que se gestione esta crisis podría determinar su futuro en las próximas décadas.

—http://oeildafrique.com/lactualite/crise-economique-en-afrique-la-colere-face-a-la-chute-du-pouvoir-dachat/

Mueren 12 civiles en los bombardeos turcos del norte de Siria

La paz sigue estando muy lejos de Siria, ni mucho menos. Esta misma semana doce civiles han muerto en los bombardeos turcos sobre zonas controladas por las kurdos de las FDS en el norte del país.

Los bombardeos se producen en un momento en que desde finales de noviembre se producen combates entre las FDS y grupos proturcos en el norte de Siria, a pesar de los intentos estadounidenses de imponer una tregua.

Los drones turcos atacaron un mercado popular en la ciudad de Sarrine, en la provincia de Alepo, dejando seis muertos y 22 heridos entre los civiles el martes. Los bombardeos de artillería turca en otras dos zonas habían matado a tres personas el martes y a otras tres el lunes, también civiles.

Las facciones proturcas habían lanzado una ofensiva contra los kurdos al mismo tiempo que una coalición de grupos rebeldes encabezados por los yhadistas lanzó una ofensiva el 27 de noviembre contra las fuerzas de Bashar Al Assad, once días antes de ser derrocado.

Los combates entre los grupos proturcos y las FDS, así como los bombardeos turcos, han dejado 521 muertos desde diciembre, incluidos 56 civiles. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, 388 miembros de las fuerzas proturcas y 77 miembros de las FDS ha muerto en los combates.

Los kurdos de las FDS son marionetas de las potencias occidentales. Durante la guerra que comenzó en 2011, aprovecharon la retirada de las fuerzas del gobierno de Damasco para tomar el control de amplias franjas de territorio en el noreste de Siria.

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