La web más censurada en internet

Día: 23 de octubre de 2022 (página 1 de 1)

Ucrania está ganando la guerra virtual: ‘si esto fuera una guerra de memes, estaríamos ganando’

“Esta es una nación de memes”, dice Olena, una empresaria de Kyiv que administra equipos de voluntarios de redes sociales. “Si esto fuera una guerra de memes, estaríamos ganando”.

Un reciente reportaje de la BBC entrevista a Olena, que no es su verdadero nombre, una responsable de esta particular «unidad». El Ministerio de Defensa de Ucrania, les otorga una falsa identidad por la naturaleza de la «batalla» que se libra en internet.

Sus equipos trabajan las 24 horas del día, reaccionando en cuestión de horas a las noticias de todo el país, produciendo videos impactantes, a menudo con música, para las audiencias del ministerio en el país y en el extranjero.

Así como el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, adapta los discursos a los parlamentos extranjeros para tener en cuenta la historia, la cultura y la sensibilidad locales, el equipo internacional de cinco miembros de Olena orienta sus mensajes.

En España, Zelensky hizo referencias al bombardeo de Gernika, y una de sus portavoces equiparó la guerra a la «guerra contra ETA» en un congreso del Partido Popular. Todo estaba pensado.

Un video de junio, agradeciendo a Gran Bretaña por su asistencia militar, contó con la música de Gustav Holst y The Clash, con destellos de Shakespeare, David Bowie, Lewis Hamilton y un montaje de armas antitanque suministradas por los británicos en acción. Y así sucesivamente por cada país.

Gracias a los esfuerzos del equipo, la cuenta de Twitter del Ministerio de Defensa ahora tiene 1,5 millones de seguidores en todo el mundo. Algunos de los videos han sido vistos más de un millón de veces.

Su video más exitoso, lanzado en agosto después de varios ataques ucranianos contra objetivos rusos en Crimea, acumuló 2,2 millones de visitas. Pero otro de los equipos de Olena lleva a cabo un trabajo más subversivo, diseñado para resaltar las pérdidas rusas, intentar desmoralizar a su ejército, y condicionar mediáticamente a los países «aliados». Se trata de crear una realidad virtual que convenza al mundo de que Ucrania está ganando la guerra, sea eso verdad o no.

El reciente atentado en el puente Kerch de Rusia, que une a Rusia con Crimea, desencadenó una oleada de videos, bromas y memes mientras el ejército de Internet de Ucrania celebraba el operativo.

Pero el país no se convirtió de la noche a la mañana en una nación de ninjas digitales. Ocho años de guerra en la región de Donbas han sido un ejercicio de entrenamiento para alimentar la crueldad cibernética o hacer humor con las acciones de las milicias fascistas, como ocurrió con la serie de vídeos que circularon por Telegram donde se veía a soldados ucranianos atando a personas desundas, de etnia gitana o simplemente acusados de «prorrusos», en postes en la vía pública.

Pero es la única guerra que Ucrania está ganando.

Estados Unidos quiere mantener su hegemonía tecnológica

Estados Unidos está empeñado en que China no se modernice tecnológicamente. a nueva ley sobre microprocesadores presentada por el gobierno de Biden va acompañada de un informe de 139 páginas publicado por la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio.

El informe se centra no sólo en la participación de las empresas estadounidenses en la venta de productos tecnológicos a China, sino también en las personas estadounidenses, es decir, cualquier persona con pasaporte o tarjeta de residencia en Estados Unidos.

Esto pone en una situación difícil a los fundadores de empresas tecnológicas chinas que se educaron en Estados Unidos y adquirieron un pasaporte estadounidense por el camino.

Asimismo, los laboratorios de I+D creados por algunas empresas chinas en Estados Unidos parecen ahora vulnerables.

A diferencia de los intentos anteriores de los gobiernos de Trump y Biden de apuntar a empresas chinas específicas para evitar que accedan a tecnologías de vanguardia, las nuevas normas cubren efectivamente todas las entidades chinas. Ellos, o sus proveedores estadounidenses o extranjeros, tendrán que solicitar un permiso para obtener o facilitar el acceso a tecnologías avanzadas de microprocesadores.

Todo lo anterior deja claro hasta qué punto se trata a China como un enemigo de Estados Unidos.

La situación está siendo abordada por los dirigentes chinos. El congreso del Partido Comunista ha destacado la respuesta de China. “Debemos adherirnos a la ciencia y la tecnología como la fuerza productiva número uno, al talento como el recurso número uno, [y] a la innovación como la fuerza motriz número uno”.

Pekín considera que la decisión de congelar la fabricación nacional china por encima de un nivel determinado de avance tecnológico es provocativa. Obligar a China a depender de la producción extranjera de los últimos y mejores microprocesadores está en consonancia con el análisis de Xi sobre el “vasallaje tecnológico”.

Por lo tanto, China avanzará hacia un modelo de crecimiento más autónomo.

Según un reciente informe de Goldman Sachs, la economía digital de China ya es grande, representa casi el 40 por cien del PIB y crece rápidamente, contribuyendo a más del 60 por cien del crecimiento del PIB en los últimos años.

China ha gastado más de 100.000 millones de dólares para acelerar el desarrollo de una industria nacional de fabricación de microprocesadores. Se trata de una parte clave de su programa “Made in China 2025”, que establece los planes de China para dominar la inteligencia artificial, los vehículos autónomos, la tecnología de la información de próxima generación, las telecomunicaciones, la robótica avanzada y el sector aeroespacial, entre otros sectores relacionados con la tecnología para 2049.

La decisión de Estados Unidos sobre los microprocesadores también tiene importantes implicaciones para TSMC y otras empresas taiwanesas, dada la cantidad de semiconductores que Taiwán exporta a China. Las exportaciones de microprocesadores de Taiwán a China ascendieron a 155.000 millones de dólares el año pasado y a 105.000 millones en los primeros ocho meses de este año, y representaron el 36 y el 38 por cien del total de las importaciones chinas de microprocesadores, respectivamente.

Una gigantesca máquina de movilizar dinero por el mundo: las ONG

De los miles de millones recaudados por las grandes organizaciones benéficas multinacionales, la trazabilidad suele verse comprometida por su condición de organizaciones filantrópicas. Las exenciones fiscales les protegen del escrutinio, aunque a veces recauden más dinero que la facturación de las grandes empresas multinacionales. En Estados Unidos, esta normativa fiscal se conoce como Ley 501. En la República Democrática del Congo (RDC), el estatus de ONG, y la exención fiscal que lo acompaña, es concedido por el Ministro de Finanzas y validado por el Ministro de Planificación. La ONG puede entonces actuar en el marco de un decreto ministerial que le otorga prerrogativas aún más amplias que las de un diplomático. Este modelo puede extrapolarse a casi cualquier nación con parámetros similares a los de la RDC. Una vez firmado el decreto ministerial, el derecho de supervisión nunca se ejercerá en la práctica.

Hay dos áreas en las que las organizaciones benéficas están trabajando duro: la comunicación y el marketing para crear nuevas estrategias de recogida de donaciones. No en vano, los directivos de estas grandes ONG proceden de las mejores escuelas de negocios y no de las ciencias duras o las humanidades. En términos de comunicación, su distribución es necesariamente la de los títulos más populares.

La Reserva Faunística de Okapi (RFO), en la provincia de Ituri, al noreste de la República Democrática del Congo (RDC), es una de las mayores del mundo: 13.000 kilómetros cuadrados. También es una de las regiones más ricas del mundo en recursos mineros. Sin embargo, la prensa de las grandes metrópolis llama a realizar donaciones, a pesar de no mencionan a los beneficiarios. RFO es un nombre genérico, no el de una entidad legal.

El llamamiento publicitario hace referencia a una misteriosa organización de representantes de la sociedad civil, “Alerta congoleña por el ambiente y los derechos del hombre” (ACEDH). La RFO laa dirige, desde hace treinta años, a la fundación estadounidense Wildlife Conservation Society (WCS), que nunca se mensiona en la publicidad, y que trabaja en estrecha asociación con Usaid.

Su recinto está en el pueblo de Epulu. Si la ACEDH está totalmente ausente sobre el terreno, lo que abunda son las graves violaciones de los derechos humanos, las vejaciones a las poblaciones indígenas, el hambre de los niños, la fiebre tifoidea y el paludismo endémicos, todas ellas consecuencias del empobrecimiento forzoso de las familias, bajo la gobernación de facto de la WCS. Son enfermedades prevenibles y tratables fácilmente, pero no se distribuyen antimaláricos ni antibióticos.

Las quejas se están organizando. A cambio de los sacrificios para proteger el “pulmón del mundo”, las poblaciones no reciben nada. La despigmentación del cabello de los niños es uno de los signos de desnutrición. Es imposible ignorarlo. Las poblaciones no disponen de generadores, y si los tienen, funcionan con muy poco tiempo. No hay ninguna práctica médica. En treinta años, la WCS no ha considerado oportuno crear un hospital permanente con las decenas de miles de millones de dólares recaudados cada año. Ni siquiera un campamento. No hay infraestructura de agua potable, ni posibilidad de desarrollo económico. El escaso intento de sobrevivir mediante el lavado artesanal de oro suele estar criminalizado y, de hecho, sometido a la compañía, a menudo mortal, de los grupos rebeldes que infestan la provincia.

Por si fuera poco, el comportamiento neocolonial de la WCS ha llevado a la prohibición de una ONG como Acción contra el Hambre (ACF) en el territorio que “gobierna”, cuyo representante en Mombasa, a 75 kilómetros de Epulu, es considerado persona non grata por los funcionarios de la WCS.

La consigna es no ayudar a las comunidades. Aunque en la página de la ACHDH se habla de la identidad de género y del medio ambiente, no son prioridades en el tejido social y económico de la provincia. Cualquiera que esté dispuesto a interactuar con las comunidades sobre temas reales (la situación de los niños, el trabajo, la salud) será castigado con una medida de confinamiento en el recinto. Es un mundo completamente cerrado, con normas extraterritoriales, en el que puede ocurrir cualquier cosa.

La sociedad civil de Epulu está atrapada entre, por un lado, una fundación estadounidense, con una agenda dictada por donantes muy politizados, el 80 por cien de los cuales son votantes del Partido Demócrata, y, por otro lado, la metástasis de las milicias paramilitares, esencialmente Mai Mai. Dos mundos en extremos opuestos del espectro, ambos igual de dañinos. En octubre de 2020, bajo la presidencia de Trump, la WCS vio cómo se le retiraba una donación de 12.000 millones de dólares, al igual que a la World Wild Fundation (WWF), debido a las acusaciones de violaciones de derechos humanos en Asia y África. La violencia ejercida contra los “cazadores furtivos”, personas que han vivido de la caza durante milenios. Los malos tratos y el trato degradante se han reanudado desde entonces, al menos según los testimonios que hemos podido recoger.

El fanatismo no se traduce en una inversión en lo que sería su razón de ser. No se ha invertido en conservación. De los miles de millones recaudados por la WCS, 13.000 millones este año, ni un laboratorio de registro de la biodiversidad, ni un especialista en deforestación, ni un botánico, ni un biólogo, ni un etólogo. Ni un médico, ni siquiera para el pequeño equipo de expatriados de menos de una docena de personas. No podría haber investigación científica, porque ni siquiera hay una base viva. Tampoco hay un generador, aunque sólo sea para garantizar las comunicaciones y la conservación de los alimentos.

La rotación de la repatriación médica también es totalmente anormal para el personal que está acostumbrado a las situaciones más extremas. Fiebre tifoidea, meningitis, lombrices de Cayor, la pequeña compañía de aviación, MAF, la única autorizada a entrar en el “territorio WCS” está acostumbrada a traer los restos del recinto. Hay que señalar que la fundación tiene cuidado de que no haya estadounidenses trabajando en ese entorno. Los europeos, franceses o asimilados y británicos, forman el grueso de los recursos humanos. Curiosamente, el contrato se redacta para todos desde Kigali, Ruanda, a pesar del clima de guerra latente entre ambas naciones.

Si MAF es una empresa por encima de toda sospecha, hay otra que intriga a una fuente de inteligencia en Goma por sus aterrizajes en pistas de monte, infestadas de grupos rebeldes. Es cierto que el artículo 39 de la Ley sobre las ONG en la RDC prevé “la exención de derechos sobre la importación de bienes y equipos relacionados con su misión [de las ONG]”, pero también “el derecho a utilizar equipos y frecuencias de radio y, sobre todo, la aplicación de procedimientos simplificados ante la Oficina de Control congoleña”. La reserva de Okapis tiene reservada otra sorpresa. Nadie ha visto nunca un okapi allí. Los únicos okapis que se ven son los que fueron puestos en cautiverio, para que no pudieran huir ante la incursión del dirigente de la milicia Mai Mai, alias “Morgan”, en 2012. En la actualidad, en aras de su comunicación, la dirección del sitio está estudiando la posibilidad de traer okapis tomados de zoológicos de todo el mundo, para volver a ponerlos en cautividad.

Lo que interesa a la WCS, su verdadera obsesión, está a menos de 200 kilómetros al este. La mina de oro Muchacha es propiedad de la empresa china Kimia Mining Investment SARL, bajo la concesión de un ciudadano chino, Lin Hao. Se dice que los chinos tienen conexiones con grupos rebeldes, pero también relaciones con miembros de las Fuerzas Armadas de la RDC que probablemente sean demasiado buenas para ser verdad. El uso de maquinaria de drenaje prohibida por el convenio internacional sobre la extracción de oro y, en última instancia, el vertido de mercurio en el río Epulu, visible a simple vista, forman una grave lista de agravios, aunque el nivel de trato al personal haya mejorado con el tiempo y sea ahora superior al de la WCS.

Pero esta no es la verdadera preocupación de la WCS. De hecho, la fundación nunca ha intentado evaluar la calidad del agua. Su problema es que es chino y no anglosajón. El comunicado de la misteriosa organización de representantes de la “sociedad civil”, que nadie ha visto nunca en Epulu, pide “al gobierno de la RD del Congo que revoque la concesión minera otorgada a una empresa china”.

¿Qué hacen con el dinero recaudado durante estas grandes misas en las que se chorrean cheques con ocho ceros? La otra cuestión, no menos importante, es si los donantes son conscientes de la situación sobre el terreno. No se trata necesariamente de un caso de malversación de fondos, sino quizás de blanqueo de dinero, o incluso de utilizar la fundación como vehículo para un proyecto que no está en su mandato oficial.

La cuestión de la opacidad de las ONG va más allá del ámbito de la conservación. Es un paradigma aplicable a muchas organizaciones benéficas multinacionales. Goma está surcada por jeeps blancos con los logotipos de las mayores ONG del mundo, las que llevan décadas recaudando los fondos más espectaculares sin que nadie se moleste en saber qué pasa con el dinero. Los habitantes de la capital de Kivu del Norte están acostumbrados al desfile de estos vehículos, que a menudo transportan expatriados. Goma es al negocio de la caridad lo que la Avenida Montaigne [París] es al lujo, el escaparate necesario para vender. La transacción consiste en vender una buena intención, como una indulgencia. Pero el regalo va y se queda con la entidad. Los que las ONG han conceptualizado como “beneficiarios”, rara vez ven el dinero.

La terraza del Serena, un hotel de cinco estrellas con una impresionante vista del lago Kivu, reúne cada mañana a los directores regionales de las grandes ramas profesionales de la caridad. Su aspecto es el de la pobreza y el veganismo, pero en la conversación, los temas giran en torno a las estrategias de concienciación para recaudar mejor los fondos, y no a las operaciones en línea con la misión declarada. Aquella para la que han sido autorizados a operar.

Los jeeps de la ONG “Save the Children” atraviesan Goma en medio de manadas de niños con múltiples dificultades. Ninguno de estos pequeños “beneficiarios” puede atestiguar ninguna acción concreta que haya cambiado su vida en lo más mínimo, aunque sólo sea un acto personal de generosidad de uno de estos profesionales de la caridad. Es cierto que estos cooperantes parecen temer la calle y rara vez se bajan de sus 4×4.

Las autoridades congoleñas han desarrollado una forma de insensibilidad debido a la costumbre de la representación excesiva de las ONG. Sin embargo, el uso de la marca país, unido a la pobreza estructural, empieza a generar cierto prurito. Viajar en estos jeeps suscita a veces una inquietante hostilidad. La falta de impacto sobre el terreno podría llevar a exigir un mayor control sobre el papel de estas entidades, las facilidades fiscales que se les conceden y el marco legal en el que operan.

Teresita Dussart https://www.francesoir.fr/monde/ong-gigantesque-machine-lever-des-fonds-cheval-de-troie-strategique-impact-invisible-le-cas

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies