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Guerra psicológica

Intoxicación: la prensa sugiere que la movilización de los camioneros canadienses fue orquestada por… Rusia

La movilización de los camioneros de Canadá contra las restricciones sanitarias es la más importante en la historia del transporte de todo el mundo y aclara muchos aspectos de la batalla contra la pandemia, que los medios de comunicación internacionales se empeñan en minimizar y desfigurar.

Una movilización de miles de camioneros y camiones, a los que se añadieron los campesinos con sus tractores, es una proeza sindical gigantesca. Anunciaron de antemano que tenían intención de quedarse en Ottawa, la capital de Canadá, y a la policía no le quedó otro remedio que aceptarlo, aunque pidieron refuerzos a la policía de Toronto.

El Primer Ministro Justin Trudeau tuvo que ser evacuado de la capital por el miedo a que la situación se desbordara.

Un numeroso grupo de personas se instaló en las cabinas de los camiones con una cuidadosa preparación para satisfacer sus necesidades durante semanas o meses. Los camiones que han circulado por la autopistas canadienses no llevaban los remolques vacíos. Estaban cargados de suministros.

Los camioneros pusieron en marcha un protocolo bien coordinado. Por ejemplo, apareció el típico provocador encapuchado que estaban esperando las televisiones: portaba una bandera de la confederación de Estados Unidos y fue apartado discretamente. La intoxicación no pudo aprovechar el montaje.

Los organizadores también han mantenido una estricta disciplina de comunicación, no concediendo entrevistas a las grandes cadenas de comunicación, eligiendo cuidadosamente sus propios medios de difusión alternativos.

La movilización ya ha conseguido su primer triunfo con el anuncio de que la provincia de Quebec se dispone a eliminar un impuesto extraordinario sobre los no vacunados.

Nil Köksal, un presentador de la cadena CBC sugirió el viernes que quien había movilizado a los camioneros candienses era… Rusia, naturalmente (*). El farsante lo aseguró mientras entrevistaba al ministro canadiense de Seguridad Pública, Marco Mendicino, en el momento preciso en que los manifestantes llegaban a Ottawa.

“Teniendo en cuenta el apoyo de Canadá a Ucrania en la actual crisis con Rusia, no sé si es exagerado preguntarse si existe la preocupación de que los actores rusos sigan alimentando las cosas a medida que crece esta protesta, quizás incluso instigándola desde el exterior”, preguntó Köksal.

Sin rebatir la afirmación, Mendocino dijo que dejaría la respuesta a sus expertos en seguridad nacional. “Una vez más, lo dejaré en manos de nuestros socios de seguridad pública, los funcionarios capacitados y expertos en este campo”, dijo Mendicino.

Hasta la fecha, ni la policía ni el servicio de inteligencia de Canadá han emitido una advertencia al respecto.

Pero si Rusia y Ucrania fallan, los intoxicadores recurren a otras argucias. La tendencia de los principales medios de comunicación canadienses ha sido la de presentar la movilización como un movimiento “extremista” dispuesto a asaltar la capital, similar al asalto al Capitolio de Washington o la reciente irrupción de los ganaderos en el Ayuntamiento de Lorca.

Cuando no pudieron ocultar por más tiempo la protesta, la minimizaron aludiendo a “cientos” de camioneros. Había que multiplicar las cifras por 20.

(*) https://tnc.news/2022/01/29/cbc-anchor-invents-conspiracy-about-russia-orchestrating-freedom-convoy/

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Estrategia

Ucrania se pronuncia contra los Acuerdos de Minsk que pusieron fin a la Guerra del Donbas

En una entrevista con Associated Press, el secretario del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Alexei Danilov, vuelve a confirmar que Ucrania no tiene ninguna intención de cumplir los Acuerdos de Minsk, firmados en 2015 y convalidados por una resolución de la ONU (*).

Danilov confirma, pues, lo que las Repúblicas del Donbas llevan denunciando desde hace años: Ucrania está saboteando la aplicación de los Acuerdos de Paz.

Confirmando lo que dijo el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky en la primavera del año pasado, Danilov dice que los Acuerdos se deben reescribir porque “el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk significa la destrucción del país”, o sea, de Ucrania.

“Cuando se firmaron con la pistola rusa a la cabeza -y bajo la mirada de los alemanes y los franceses- ya estaba claro para todas las personas racionales que era imposible aplicar estos documentos”, dice Danilov.

Los Acuerdos de Minsk son dos y se negociaron tras una serie de derrotas militares ucranianas en el Donbas. El gobierno ucraniano las considera como una traición a los intereses nacionales, lo que ha llevado a Zelensky y a su gobierno a pedir repetidamente su modificación.

La declaración de Danilov echa por tierra la propaganda de Kiev que lleva años afirmando que el ejército ucraniano frena al ruso y protege así a Europa Occidental desde 2014. Si Ucrania firmó los Acuerdos con “la pistola rusa en la cabeza”, entonces el ejército ucraniano fue derrotado y no tendría nada que exigir. Cuando pierdes una guerra y firmas un acuerdo de paz para salvar lo que queda de tu ejército, años después no puedes exigir que se reescriban los acuerdos de una manera más favorable. O los aplicas o aceptas la reanudación de la guerra.

Danilov añade que Occidente no debe presionar a Ucrania para que cumpla los Acuerdos de paz, ya que esto haría que el país fuera inestable. “Si insisten en el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk tal y como están, será muy peligroso para nuestro país”, dijo. “Si la sociedad no acepta estos acuerdos, podría provocar una situación interna muy difícil y Rusia cuenta con ello”.

Si Ucrania aplica los Acuerdos, apunta Danilov, permitiría a Rusia pedir el levantamiento de las sanciones occidentales vinculadas a los avances en la aplicación de estos Acuerdos. Está claro que Ucrania quiere ante todo mantener las sanciones contra Rusia y, por lo tanto, hará todo lo posible para impedir cualquier avance en la aplicación de los Acuerdos, para que estas sanciones sigan vigentes.

Además, Danilov pide que se negocie un nuevo acuerdo que se pueda aplicar, que debería obligar “a Putin a retirar simplemente sus tropas y tanques”.

Sólo cabe recordar, por enésima vez, que Francia y Alemania fueron garantes de los Acuerdos de Minsk, lo mismo que Rusia y están obligados a exigir su cumplimiento a quien se niega a cumplirlos, o sea, al gobierno ucraniano.

(*) https://apnews.com/article/russia-ukraine-russia-france-germany-europe-d9a2ed365b58d35274bf0c3c18427e81

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Estrategia

Los mercenarios de Blackwater están en el Donbas con el Batallón Azov

La conversación telefónica entre el presidente Biden y el presidente ucraniano Zelensky “no fue bien”, titula la CNN. Mientras “Biden advirtió que una invasión rusa en febrero es casi segura, cuando el deshielo del terreno haga posible el paso de los tanques”, Zelensky “pidió a Biden que bajara el tono, argumentando que la amenaza rusa sigue siendo ambigua”.

Mientras que el presidente ucraniano está adoptando una postura más cautelosa, las fuerzas armadas ucranianas se están concentrando en el Donbas, en Donetsk y Lugansk, los límites de la zona habitada por los rusos. Según la información de la Misión Especial de Observación de la OSCE en Ucrania, oscurecida por la corriente principal, que sólo habla del despliegue ruso, hay unidades del Ejército y la Guardia Nacional de Ucrania allí que suman unos 150.000 soldados. Están armados y entrenados, y por lo tanto comandados de facto, por asesores e instructores militares de Estados Unidos y la OTAN.

De 1991 a 2014, según el Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, este país proporcionó a Ucrania 4.000 millones de dólares en asistencia militar, además de más de 2.500 millones después de 2014, y más de mil millones aportados por el Fondo Fiduciario de la OTAN en el que también participa Italia. Esto es sólo una parte de las inversiones militares realizadas por las principales potencias de la OTAN en Ucrania.

Gran Bretaña, por ejemplo, ha celebrado varios acuerdos militares con Kiev, entre ellos la inversión de 1.700 millones de libras en la mejora de las capacidades navales de Ucrania.

Este programa incluye el armamento de buques ucranianos con misiles británicos, la producción conjunta de ocho unidades de misiles rápidos, la construcción de bases navales en el Mar Negro y también en el Mar del Norte, y el desarrollo de una nueva base naval en el Mar de Azov, entre Ucrania, Crimea y Rusia. En este marco, el gasto militar ucraniano, que en 2014 equivalía al 3 por cien del PIB, aumentará al 6 por cien en 2022, lo que corresponde a más de 11.000 millones de dólares.

Además de las inversiones militares de Estados Unidos y la OTAN en Ucrania, existe un plan de inversión de 10.000 millones de dólares que está llevando a cabo Erik Prince, fundador de la empresa militar privada estadounidense Blackwater, ahora rebautizada como Academy, que ha proporcionado mercenarios a la CIA, el Pentágono y el Departamento de Estado para operaciones encubiertas (incluyendo torturas y asesinatos), ganando miles de millones de dólares.

El plan de Erik Prince, revelado por una investigación de la revista Time, es crear un ejército privado en Ucrania mediante una asociación entre Lancaster 6, a través de la cual Prince ha suministrado mercenarios a Oriente Medio y África, y la principal oficina de inteligencia ucraniana controlada por la CIA. No se sabe, por supuesto, cuáles serían las misiones del ejército privado creado en Ucrania por el fundador de Blackwater, seguramente con financiación de la CIA. En cualquier caso, podemos prever que, desde la base de Ucrania, realizaría operaciones secretas en Europa, Rusia y otras regiones.

En este contexto se sitúa la denuncia del ministro de Defensa ruso, Shoigu, de que en la región de Donetsk hay “empresas militares privadas estadounidenses que están preparando una provocación con el uso de sustancias químicas desconocidas”. Podría ser la chispa que desencadene una guerra en el corazón de Europa: un ataque químico contra civiles en el Donbas, atribuidos inmediatamente a los rusos en Donetsk y Lugansk, que serían atacados por las fuerzas ucranianas predominantes ya desplegadas en la región, para obligar a Rusia a intervenir militarmente en su defensa.

En primera línea, dispuesto a masacrar a los rusos en el Donbas, está el Batallón Azov, ascendido a regimiento de fuerzas especiales, entrenado y armado por Estados Unidos y la OTAN, que se ha distinguido por su ferocidad al atacar a la población rusa de Ucrania. El Azov, que recluta a neonazis de toda Europa bajo un estandarte calcado al de las SS Das Reich, está comandado por su fundador Andrey Biletsky, que aparecen en la foto de portada y ha sido ascendido a coronel.

No era sólo una unidad militar, sino un movimiento ideológico y político, del que Biletsky es el dirigente carismático, especialmente para la organización juvenil, que fue educada en el odio a los rusos con su libro “Las palabras del Führer blanco”.

Manlio Dinucci https://ilmanifesto.it/la-blackwater-e-nel-donbass-col-battaglione-azov/

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Memoria Histórica

La CIA inventó una pistola que mataba por ataque cardiaco

Tras la intervención de Estados Unidos en el Golpe de Estado contra Allende, negada entonces una y otra vez, el Senado de Estados Unidos creó una comisión de investigación que se dirió contra la CIA. Quien había orquestado el Golpe no era la Casa Blanca, sino uno de sus tentáculos, casi sin permiso de sus jefes.

No habían pasado 25 años desde su fundación y la CIA ya tenía muy mala imagen, en un mundo que cada vez depende más de la imagen. Había que lavar esa imagen hasta donde fuera posible, una tarea que dirigió magistralmente el senador Frank Church, presidente de la comisión de investigación. Aquello no se podía repetir, es decir, la CIA debía seguir haciendo lo mismo, pero en el futuro debería tener más cuidado para no dejar huellas.

Para lavar la imagen de la CIA había que airear sus trapos sucios, que eran muchos. Se conocieron planes para asesinar a dirigentes políticos de todo el mundo, así como el espionaje intensivo a los propios estadounidenses.

Entre las hazañas, apareció una pistola de infarto, un arma macabra capaz de causar la muerte en cuestión de minutos sin dejar rastro. Salvo los más conspiranoicos, nadie pdría decir que alguien había sido asesinado por la CIA, sino que murió de muerte natural.

En este tipo de asuntos los científicos siempre resultan imprescindibles. La investigadora responsable de encontrar un veneno imposible de rastrear para usos criminales, incluida la pistola de infarto, fue Mary Embree, que se incorporó a la CIA con 18 años.

Embree empezó su carrera científica en la CIA diseñando micrófonos ocultos y otros equipos de vigilancia de audio. Fue más tarde cuando le ordenaron encontrar un veneno indetectable. Su investigación la llevó a concluir que las toxinas de los mariscos eran la opción perfecta.

Se integró en el Proyecto Mknaomi dedicado al desarrollo de armas biológicas para el arsenal estadounidense de la Guerra Fría, diseñado para envenenar cultivos y ganado. El laboratorio estaba en Fort Detrick, una instalación del ejército dedicada a la investigación de la guerra biológica. Los investigadores, dirigidos por otro científico, Nathan Gordon, químico de la CIA, mezclaron la toxina del marisco con agua y congelaron la mezcla en una pequeña bolita o dardo. El proyectil terminado se disparó con una pistola Colt M1911 modificada y dotada de un mecanismo de disparo eléctrico. Tenía un alcance efectivo de 100 metros y era casi totalmente silencioso.

Cuando se dispara a un objetivo, el dardo congelado se funde inmediatamente y libera su carga tóxica en el torrente sanguíneo de la víctima. Las toxinas de los moluscos que, en dosis concentradas, son capaces de desactivar completamente el sistema cardiovascular, se extienden al corazón de la víctima, imitando un ataque cardíaco y causando la muerte en cuestión de minutos.

Lo único que quedó fue un pequeño punto rojo donde el dardo había entrado en el cuerpo, indetectable para quienes no supieran buscarlo.

Años después de dejar la CIA, Embree afirmó que el arma modificada, conocida como “microbionoculador no discernible”, había sido probada en animales y prisioneros con gran éxito.

Nixon clausuró el Programa Mknaomi en 1970, pero Gordon había entregado 5,9 gramos de toxina de crustáceo -casi un tercio de la toxina producida en la época- y viales de toxina derivada del veneno de cobra a un laboratorio de Washington.

En una audiencia de la comisión del Senado, el director de la CIA, William Colby, llevó consigo la pistola, permitiendo a los miembros del comité manejar el arma.

No se sabe si el arma fue utilizada alguna vez.