Estados Unidos saquea el cobre congoleño a precios irrisorios

Los envíos de cátodos de cobre procedentes de la República Democrática del Congo a Estados Unidos alcanzaron la cifra récord de 53.290 toneladas métricas este año. Esta cifra sitúa al país en el 23,9 por cien del total de las importaciones de cobre de Estados Unidos, un máximo histórico para esta materia prima.

El contraste es abismal en comparación con la situación de hace dos años. En 2024 Estados Unidos importó menos de 32.000 toneladas de cobre congoleño durante todo el año. En julio las importaciones superaron con creces este total anual.

Al expolio del mineral se añaden los precios irrisorios. Actualmente, ninguna marca de cobre congoleño cotiza en COMEX, la principal bolsa de metales de Estados Unidos; solo dos marcas africanas, ambas zambianas, están cotizadas, en comparación con más de un tercio de las marcas chilenas y peruanas.

Esta ausencia indica que el cobre congoleño se está vendiendo directamente en el mercado físico estadounidense, a un precio significativamente inferior al de las marcas cotizadas. Comprar el mineral fuera de COMEX, al margen de los precios de la Bolsa de Metales de Londres, reduce considerablemente los precios. La prima pagada en COMEX con respecto a la Bolsa de Londres alcanzó los 600 dólares por tonelada este verano.

El cobre congoleño se vende con un descuento de entre 550 y 800 dólares por tonelada en comparación con la Bolsa de Metales de Londres. El saqueo va acompañado por una intensa actividad diplomática entre Kinshasa y Washington. El 27 de junio del año pasado, la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda firmaron un acuerdo bajo los auspicios de Trump, que contemplaba la retirada gradual de las tropas ruandesas del territorio congoleño y el desarme de los grupos armados, incluido el M23. A principios de agosto se estableció un marco de integración económica regional, antes de la ratificación, el 4 de diciembre, de una alianza estratégica entre Congo y Estados Unidos centrada en minerales estratégicos, energía e infraestructuras.

Este acuerdo prevé el procesamiento local de cobre, cobalto y litio, así como el apoyo a proyectos como el Corredor de Lobito. En marzo de este año Chemaf SA fue adquirida por la empresa estadounidense Virtus Minerals, y el proyecto del consorcio Orion Critical Minerals, respaldado por Washington, que aspira a obtener una participación en las minas de Mutanda y Kamoto.

Un acuerdo anunciado también involucra a la comercializadora Mercuria Energy Group, con el apoyo de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USIDFC), para los derechos de comercialización de hasta 500.000 toneladas de cobre al año.

El expolio se desarrolla al mismo tiempo que la guerra en el este de la República Democrática del Congo. El reciente Informe del Consejo de Seguridad de la ONU señala que la situación continúa deteriorándose, a pesar de los altos el fuego firmados en el marco de los esfuerzos de mediación regional. Los combates continuaron a finales de agosto entre las fuerzas armadas congoleñas, apoyadas por aproximadamente 29.000 soldados burundeses, y combatientes de las AFC/M23 y Twirwaneho en los territorios de Fizi, Uvira y Mwenga, en Kivu del Sur. Según informes, un avión de carga fue derribado el 27 de agosto cerca de Minembwe.

El acuerdo de Washington está diseñado principalmente para beneficiar a intereses comerciales y financieros que buscan acceder a la riqueza mineral del país. Por su parte, la portavoz presidencial congoleña, Tina Salama, refutó cualquier idea de un intercambio por paz y minerales, afirmando que Kinshasa pretende mantener su soberanía sobre sus recursos naturales.

La República Democrática del Congo ya creó una alianza minera con un socio extranjero, el contrato de Sicomines, firmado en 2008 con un consorcio de empresas chinas bajo el modelo de “infraestructuras a cambio de minerales”. Ahora Estados Unidos sustituye a China. En los primeros siete meses de este año, las importaciones chinas de cobre procedentes del Congo han disminuido un 4,3 por cien, mientras que el país aún representaba el 44,7 por cien de las importaciones chinas de este metal.

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