Las provocaciones europeas contra Rusia no descansan. Noruega ha asaltado un crucero ruso en el archipiélago de Svalvard, en el Ártico. Ante los problemas de piratería en el Báltico y el Mar del Norte, Rusia intenta abrir una nueva vía de navegación en el Ártico y la OTAN intenta cerrarla para aislar al país del comercio internacional.
El archipiélago de Svalvard pertenece a Noruega, pero está sometido a un régimen especial en virtud del Tratado de Svalbard de 1920, firmado entre otros países, por Rusia. El Tratado concede derechos especiales a los países firmantes, que son decenas.
El asalto al Profesor Molchanov, un antiguo buque de investigación reconvertido para realizar cruceros, se produjo el miércoles de la semana pasada. Es una provocación con varios objetivos en el punto de mira. En primer lugar, demostrar que la OTAN es capaz abordar buques rusos en el Ártico; en segundo lugar, ampliar el alcance de las posibles incautaciones para incluir cualquier embarcación, con el pretexto de compensar a Ucrania; y en tercer lugar, alentar a Ucrania a formular nuevas demandas contra Rusia, que la OTAN está dispuesta a defender.
En este caso el pretexto de la incautación no ha sido la “flota fantasma” sino cumplir una sentencia del Tribunal Internacional de Justicia de 2023, que otorga más de 4.000 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios a la empresa ucraniana Naftogaz, es decir, que el botín obtenido con el buque pasará al gobierno ucraniano, para que pueda continuar la guerra.
A principios de agosto, el Tribunal Supremo de Suecia también autorizó la transferencia a Ucrania de un pequeño buque de carga, el Caffa, incautado durante varios meses. La Armada sueca lo había interceptado a principios de marzo de este año por pretextos ambientalistas y sospechas de que pudiera operar con pabellón falso. Ucrania presentó una solicitud de apoyo a Suecia, alegando que el buque había transportado grano cosechado en Crimea.
La continua incautación de buques rusos por países miembros de la OTAN en una zona donde Moscú goza legalmente de derechos especiales, busca sembrar dudas entre los socios de Moscú sobre la viabilidad de la nueva ruta del Ártico y disuadirles de transitar e invertir en ella.
La inevitable respuesta rusa va a servir, además, para mostrar el crecimiento de la tensión en la región, justificar un aumento del despliegue militar noruego y fomentar la coordinación entre los países escandinavos. El bloque conforma el flanco noroccidental del nuevo “cordón sanitario” establecido alrededor de Rusia durante el último año.
La formación del bloque dentro de la OTAN fue propuesta a mediados de agosto por el primer ministro polaco Donald Tusk. Su objetivo es crear una nueva alianza entre Polonia, Suecia, Noruega, Finlandia y los estados bálticos, “con la participación activa de Gran Bretaña, Dinamarca y Alemania”. Suecia, que aspira a dirigir este bloque, ya planea desplegar aeronaves y buques de guerra para ayudar a Finlandia a patrullar su frontera con Rusia. La propuesta se podría extender también a Noruega.
En coordinación con Suecia, Polonia ya se ha propuesto desplegar aviones de combate en la zona.